Categoría: Cartas

  • BB (1934 – 2025)

    El 28 de diciembre es el día de los Santos Inocentes, me encanta que BB haya elegido como Diosa suprema de la sensualidad y el deseo, esta fecha, para dejar el planeta.

    Creo que fue a finales de los 60 o tal vez recién comenzada la década del 70 que fui con amigos a Cabo Frío y Búzios cuando aún no habían sido descubiertos por los turistas. Llegamos a una pequeña bahía, al anochecer, donde ya había una carpa. Instalamos la nuestra lo más apartada de la anterior y haciendo el menor ruido posible. Nos acostamos, dormimos.

    A la mañana nos despertó una conversación entre un hombre y una mujer, hablaban en francés alegremente. Al salir de nuestra carpa, no podíamos creer quienes eran nuestros vecinos, bueno en realidad ella, al verla tan bella, tan espléndida, tan vecina, tan BB; no pudimos más que aplaudir y seguir aplaudiendo. A la noche cuando nos acostamos, las manos no las usamos para aplaudir.

    Creo que el afortunado arcángel que dormía con la Diosa, pudo haber sido Roger Vadim, o tal vez fuera Jacques Charrier; poco nos importaba. Ayer en Saint Tropez, también a orillas del mar, la Diosa de la sensualidad nos dijo adiós. Creo haberla visto en dos películas “Viva María” de Louis Mallé y “Le Mépris” (El Desprecio) de Jean Luc Godard con Michel Piccoli y Fritz Lang acompañando a Brigitte Bardot.En sueños la vi infinitas veces.

    REST IN PEACE MADAME et MERCI.

  • CONCEPTOS DE AXEL SELLARS

    Un libro es un trabajo (por lo general individual), que se hace social al publicarse; es un hecho político en tanto se mete en el mercado (las librerías y bibliotecas reales y virtuales). Es una provocación que apunta a un lector, a todos: a que lo lean, lo gocen, lo critiquen, lo recuerden o en su defecto lo olviden o lo regalen.

    Un escritor debe arrojar el libro al circuito, como un Turuwal arroja un boomerang al aire (no te olvides que mi origen está en Nueva Gales del Sur), opino que el escritor debe dejarlo ir y que se defienda por sus propios medios, un libro es como un hijo. Lo has concebido, lo has corregido, vuelto a corregir, (17 veces pasó a mano, la mujer de Tolstoi, su novela “La Guerra y la Paz”), bueno ya está, que vuele. Me preguntás ¿qué género es el que prefiero? Todos y ninguno, a cesta altura del partido, y tal vez en consonancia con el tiempo en que vivimos creo que sería una construcción donde el autor narre sus experiencias, exponga sus ideas, sus sueños, sus lecturas, que tenga algo de ensayo, algo de novela, algo de crónicas de viajes reales o fantásticos, algo de lo fragmentario de Walter Benjamin, como en “Libro de los Pasajes”; o tal vez, mejor aún, algo así como los “Excerpta” o “Extractos” o “Meditaciones” de Marco Aurelio, a los que él solía referirse como “Toxitanus”, es decir “cosas para mí mismo”.

    Me preguntás sobre cómo veo a la Argentina: vos sabes que después de los maravillosos años que pasé en tu país, “hasta de una mujer me supe aviar”, pero no sólo para una noche como dice el narrador de “Hombre de la esquina rosada”, ya que es la madre de mis dos hijos, pensé que la Argentina es algo así como ese extraño mamífero australiano: el Ornitorrinco (si mal no recuerdo Abelardo Castillo y Liliana Heker dirigieron una excelente revista dedicada mayormente al cuento, precisamente con ese nombre).

    El ornitorrinco es un mamífero semi acuático, mezcla de pato, castor, nutria, que además pone huevos. En el agua sus patas son como remos, pero en tierra contrae la membrana y aparecen uñas largas. La hembra no tiene pezones, con lo que la leche para alimentar a las crías le sale por los poros del abdomen . Es el único mamífero venenoso, los machos tienen un espolón que causa terrible dolor a los humanos. Su nombre en inglés es Platipus, es decir pie plano. Cuando fue enviado a Inglaterra se pensó que era un engendro hecho por alguien, supusieron algún bromista con mucho “sense of humor” que había juntado partes de varios animales como para atraer la atención o burlarse de los científicos.

    Tal vez un libro sobre la Argentina, debería ser el equivalente a lo que es el ornitorrinco entre los mamíferos: biografía, ensayo, novela, relato, cuento, oralidad escrita, confluencia, instalación, archipiélago, vagabundeo, cruce de caminos, laberinto. Me cabe “Ornitorrancia”. Si todo junto como en el ornitorrinco, la más rara conjunción entre las 4237 variedades de mamíferos.

  • KAREN

    Karen era suiza, de Brig, un cantón italiano.

    -Ahora entiendo, (como si entendiera algo), no parecés la típica suiza, sos más quilombera.

    -¿Qué es quilombera?

    -Así como sos vos, chillona, no sé más tana, casi como en casa, en Buenos Aires.

    -¿Cuantos suizos conocés?, una… una señora que me daba estampillas.

    -Contundente prueba científica, para juzgar a toda una cultura.

    -Sí perdón, tenés razón.

    Nos arrimamos, nos acariciamos y me besó y toscamente y con timidez me fui soltando. Karen era castaña, maciza, de enormes ojos oscuros, tenía 18 años y ya lo había hecho con su novio Gert. Nos abrazamos, me quitó la remera, le quité la suya. El calor de sus pechos fuertes, redondos, me contagiaron una energía y un deseo largamente imaginado.

    Nos levantamos desnudos y yo grité, fue un grito a las piedras, a los Andes, fue un alarido fuerte como llegado de un tiempo lejano, casi un aullido animal.

    -Quilombo hacés Alejo, y nos reímos y nos pusimos a gritar juntos y ahí anduvimos abrazados por las terrazas y lo queríamos hacer todo el tiempo, y cuando uno de los dos decía “quilombo”, nos desnudábamos y nos transformábamos en quilomberos seriales en Sacsayhuaman y en Kenco y en el albergue en Cuzco cerca de San Blas y nos despedimos con lágrimas y risas y prometimos amarnos toda la vida.

    No nos vimos nunca más, pero siempre la recuerdo y me digo: algún día en un avión a Chicago, o caminando por el Perito Moreno o en un bistró en Oslo. Nunca sucedió y tal vez no suceda, tal vez sea mejor, pero el agradecimiento, la ternura que me inspira su recuerdo no han dejado de acompañarme.

  • EL CARTERO

    El cartero era cordobés, se llamaba Ángel, llegaba a diario a nuestra casa. Yo tenía entonces diez años y había comenzado a coleccionar estampillas.

    El cartero fue para mí un descubrimiento: me fascinó que un adulto se ganase la vida andando en bicicleta, repartiendo sobres, y si bien entendía que una carta escrita en Madrid, se introducía en un buzón, del que alguien la recogía y llegaba en avión a un correo central y de ahí a correos locales y luego hombres como Ángel, las distribuían en un circuito, me resultaba mágico que todo eso funcionara.

    Empezaba a comprender lo que era un sistema. Pensé que yo podía organizar algo parecido, para conseguir estampillas sin tener que comprarlas. Un día le pregunté a Ángel si podía acompañarlo en su recorrida.

    Había buzones donde él dejaba las cartas, pero había casas, como la nuestra, que no tenían buzón, y entonces Ángel tocaba el timbre y salía una señora o un señor y se entablaba una conversación entre cartero y vecino, ahí yo preguntaba, si me podían dar las estampillas. Les debió haber parecido curioso, tal vez hasta graciosa mi manera de abordarlos, ya que ese primer día, volví con docenas de estampillas. Así de esa manera tan simple, todos los sábados a la mañana, fui consolidando una red de gente, que no sólo ya me conocían (el chico de las estampillas), sino que algunos me llamaban por mi nombre y hasta me guardaban los sobres que recibían durante la semana, mientras yo estaba en el colegio. Empecé a llevar una bolsa, porque a veces, eran cientos de sellos. Me daba cuenta que a Ángel también le gustaba, porque pedía que me las guardasen hasta el sábado. La gente comenzó a traérmelas a casa. Solía venir un señor italiano de nombre Gagliardi, una señora inglesa de apellido Moffat y otra suiza Ute, una pareja, ella de Luxemburgo de nombre Myriam, él un alemán muy cuidadoso de nombre Frank. Lo cierto es que a los diez años, yo andaba saludando y haciendo relaciones públicas con gente que tenía la edad de mis padres, y algunos la de mis abuelos.

    Cuando jugaba a la pelota en la calle, mis amigos se sorprendían por la cantidad de personas mayores con las que charlaba. Al mismo tiempo yo sabía quien era médico, quien fabricaba tractores, quien era diplomático, que autos tenían, quienes jugaban al golf, quienes eran extranjeros. Todo era una gran telaraña, y al igual que el sistema de las cartas, también me parecía mágico que todo funcionara. Había casas importantes, casas más simples, casas con muchos chicos, otras sin ninguno. También tenía enamoramientos. Ellas querían darme las estampillas y esperaban que yo llegase y yo aguardaba ansioso el sábado para verlas. Nicole y Bernadette eran dos hermanas francesas que corrían trayéndome los sobres, sonreíamos, nos mirábamos y una vez les llevé flores, y era todo.

    Este hito, fue de una manera muy sutil, el mojón cero de mis recorridos por el mundo y al mismo tiempo, el mapa del lugar donde vivía. La vez que mi madre me dijo que Ángel quería decir mensajero, tuve la impresión de cierto orden.

    Creo que esa relación con Ángel, es lo que me hizo tener un profundo respeto por todos los que formamos parte de la Sociedad Anónima.

  • PARA QUE TU PASADO NO NOS CONDENE

    CARTA ABIERTA AL SEÑOR PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA

    Doctor Javier Milei,
    Si me hubiera tocado ser tu padre te habría abrazado y acompañado, y de haber sido tu madre, te habría defendido de las iras de tu padre. La que cumplió esas funciones fue Karina.
    Siempre te protegió, te alentó y dignificó, por eso es “el Jefe” (así en masculino, como para que lo sepamos). Ninguno de los más de 8000 millones de habitantes de este planeta ha elegido a sus padres -a menos que aceptemos el mito de Er, que está en el libro X del Diálogo “La República” de Platón -aunque no creo que hoy haya muchos que busquen dialogar en La República Argentina-.
    Te tocaron los progenitores que te tocaron; “o sea, digamos” son las leyes del Mercado Terrenal desde Adán y Eva, como a ellos, a los hermanos Milei los echaron del paraíso familiar, que de acuerdo a tus comentarios fue un infierno. Cuando escuché eso sobre los maltratos paternos en un reportaje que te hicieron me conmovió.
    Te voté, (el 56 por ciento te votamos), “o sea digamos” no somos tu papá, ni ratas, ni miembros de ninguna casta, ni mandriles, ni ensobrados, somos ciudadanos que te otorgamos el honor de ser el primer servidor público por cuatro años y, de saber honrar la compleja tarea te votaremos por otros cuatro, “o sea digamos” ejercitá el arte de la política, administrá con eficiencia, goberná con templanza, dignificá a los desplazados, “o sea digamos” recordá lo que seguramente con caballerosidad te enseñó Alberto Benegas Lynch (h): “El liberalismo es el RESPETO IRRESTRICTO del PROYECTO DE VIDA del PROJIMO…”, “o sea digamos”, nosotros, los ciudadanos argentinos los que te votamos y los que no lo hicieron, “…fundamentado en el principio de NO AGRESIÓN…”, “O sea digamos” no más “ratas miserables”, ni “ñoños meados”; “…y la defensa de los DERECHOS: A LA VIDA…”, “o sea digamos” miles de niños fueron curados en el HOSPITAL GARRAHAN); “…a la LIBERTAD…”, “o sea digamos”, eligieron la Universidad Pública o la Privada; ” …y la PROPIEDAD,” “o sea digamos” no quiero tener que rematar mi centenario, digno y humilde loft de San Isidro pleno de libros y de proyectos y emigrar a San Marino o Islandia. Con toda seguridad Alberto Benegas Lynch (h) habrá subrayado que “las instituciones claves del liberalismo incluyen la PROPIEDAD PRIVADA, “o sea digamos” no quiero abandonar el Museo Virtual de la Jarra de Pingüino cuya dirección ejerzo, “…los MERCADOS LIBRES DE INTERVENCIÓN ESTATAL, “o sea digamos” algo habrá que hacer en Tierra del Fuego y algo habrá que dejar de hacer en el mercado cambiario, …la COMPETENCIA “o sea digamos” no es gritando Kirchnerismo NUNCA MÁS con un coro de serviles aduladores vestidos con buzos violetas -que serán los primeros en abandonarte-, que se triunfa en elecciones, sino con ideas claras y bien explicadas, “..la división del TRABAJO, “O sea digamos”, votamos inversion y más empleo, “…y la COOPERACION SOCIAL”, “o sea digamos” asistir a los individuos con dolencias como Karina lo hizo con vos, “…donde el ÉXITO INDIVIDUAL SE LOGRA SIRVIENDO AL PROJIMO CON BIENES Y SERVICIOS DE CALIDAD A UN PRECIO COMPETITIVO”, “o sea digamos”, no podemos, ni queremos, ni votamos los precios de Luxemburgo con salarios nacionales y populares, “o sea digamos” para que Cristina Elisabet pase definitivamente a la historia (y sucede que no absuelta) habrá, -me parece- que abrazar con ternura a Karina Elisabeth y volver a tenerla como querida hermana protectora y liberarla de la función pública; “o sea digamos” te quiero seguir votando pero danos motivos liberales, racionales y educados y no imperativos, impulsivos y kirchneristas.


    Alejandro Frango
    DNI 4702973
    11 4 199 1456