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  • GIRAR Y GIRAR

    Si como creo, es la naturaleza la que se repite, no sólo en volcanes que entran en erupción, mares que cse encrespan, ciclos de glaciación y fuegos devastadores, especies que desaparecen, transformación de dinosaurios en aves, ciclos estacionales, tiempos de bonanza y guerras, sino también tipologías humanas (meros EGOS) que se reiteran: nacerán Homeros y Alejandros, Jesuses y Constantinos, Montaignes y Richelieus. El mundo gira y nos hace girar. Los hechos suceden con independencia de nosotros. Me gusta pensar que es la naturaleza que pasa y nos encuentra en situación de ser por mero accidente Shakespeare o Boris Johnson.

    La cultura EGOlatra, mera proyección de nuestra insignificancia ha puesto el acento, precisamente en el EGO y así sostenemos que es Julio César quien ha llegado a Britannia, cuando en realidad es la naturaleza que requiere la evolución de Britannia para que devenga Inglaterra, para que se produzca la Guerra de los 100 Años, para que el Príncipe Negro combata en Poitiers, para que Shakespeare escriba Henry II, para que nazca Thomas Hobbes, para que Elizabeth I derrote a Felipe II, para que España catolice a América, para que Tupac Amaru sea descuartizado, para que haya guerras de independencia, para que surjan tiranos absolutos, para que yo sea un mero memorioso de acontecimientos insignificantes. La naturaleza requiere de la producción de nuestros EGOS, para cumplir sus fines, que no podemos vislumbrar con claridad cuáles sean pero que indefectiblemte no son los mezquinos intereses que nos hacen ser en el peor de los casos Heliogábalo, Hitler, Maduro y en el mejor Dante, Beethoven, Joyce, Borges. Y para que ello suceda, para generar esos EGOS es necesario que Hitler odie a Wittgenstein porque éste lo supera en inteligencia cuando compartían el mismo colegio; que Beethoven sea sordo, para no distraerlo de su tarea de seguir llenando de música el mundo; que Borges sea ciego para no ver a su patria envilecida; que Joyce tenga por padre a un alcoholico para querer huir de Irlanda, para que yo me cargue de una memoria enciclopédica que me impide pensar y me bata a duelo en el muelle de Pacheco en San Isidro y le aseste una herida mortal a Funes, el memorioso.

  • THE MERMAID INN (1420)

    Es mayo, es 1978, es East Sussex, es Rye, es The Mermaid Inn que exhibe orgullosa e impúdicamente su edad (rebuilt 1420), nos sentimos brutalmente agredidos por el dato (72 años antes de que Colón llegara a América y 400 años antes de la existencia de la Argentina como nación, ya había ingleses emborrachándose en esta taberna). Comemos cordero y acompañamos con hongos, zanahorias y espinacas, bebemos Guiness, ignorantes, fascinados.

    The Mermaid, guarida de contrabandistas, la banda de Hawkhurst que asolaba la región a mediados del siglo XVIII. Rye junto con Winchelsea, eran el respaldo de los cinco puertos: Hastings, New Romney, Hythe, Dover, Sandwich que protegían a Gran Bretaña de invasiones externas. Lugar de exilio de Henry James, que cuando pudo comprar Lamb House a metros de The Mermaid, se sintió por fin viviendo en su añorada Washington Sq. de su New York natal devorada por el progreso imparable, que tanto lo agredía y que tanto me fascina. He regresado a Rye incontables veces, en verano e invierno y nunca dejé de almorzar o comer en la taberna. Representa para mí el arquetipo platónico de lo que es un espacio público y recoleto, la esencia de un “public bar” británico que llega a la apoteosis si afuera llueve y la chimenea está encendida. Sitios como este son para el viajero el ámbito para la reflexión y si estoy comiendo con gente, son lugares de alegría fraterna. Si en cambio, estoy solo, veo llegar a Henry James (ese laberinto triste), se acerca luego William Henry Hudson (autor de uno de los pocos libros felices), ata su caballo criollo Don Roberto (uno de los tantos ingleses que supo percibir los matices criollos), asiste Joseph Conrad (quien corrigió el inglés a los británicos, como a nosotros el español, Paul Groussac) y se una a la mesa Jorge Luis Borges a quien pertenecen las observaciones entre paréntesis.

    Escribir, viajar, desterritorializarse: en el viaje estoy liberado de rutinas o si se quiere es la única rutina que no me fatiga. En el viaje estoy como en una película cuya escenografía está puesta por otros y el argumento se va consolidando a medida que el viaje transcurre. Me suele pasar que viajando en tren experimento la sensación de que es el exterior el que se mueve y va pasando como un caleidoscopio que va uniendo filigranas y figuras que a medida que lo giro aparece una cúpula de pizarra negra que vi en Brujas, que al estirarse se transforma en Huaino Picchju desde cuya cima diviso el glaciar Upsala en Santa Cruz, donde el vuelo de un cóndor, me remite a un halcón en Dubai que devora carne roja de mi mano enguantada y el repicar del ave deviene en el traqueteo de un tren de la New Jersey Transit en el momento que pasamos Orange y de pronto me siento en Holanda y pienso en Baruch Spinoza cuando la Mahamad decide castigarlo con la Herem y el rabino lo maldice y prohibe que se le hable y ni siquiera que se lo mire y me recuerda el rostro de la señora en Malvinas, que sabiendo que yo era argentino me dio vuelta la cara y en compensación se me aparece la sonrisa del lechero Smith y entro en Smithfield y súbitamente estoy en el Mercado de Hacienda de Liniers y entonces Niort, Francia donde el 25 de julio de 1753 nace quien va a ser con el tiempo Conde de Buenos Aires y ante quien se rendirá Beresford gobernador de Buenos Aires, derrotado por quien desembarcó en el Tigre y quien en 1810 después de la gloria será fusilado en Cabeza de Tigre, Córdoba y pienso en el tigre de Bengala y estoy en India y veo los dibujos que de niño hace Borges del tigre y estoy en el Tigre donde termina el delta del Paraná y me dejo arrastrar por las aguas abrazado a un tronco y paso flotando por el muelle de Pacheco en San Isidro cerca de donde está el Ombú, y es el cuento de Hudson y vuelvo a The Mermaid donde el improbable almuerzo de los escritores está llevándose a cabo porque la realidad no es sólo lo que vemos y decimos y sentimos, sino que es la invención más alucinante que el hombre ha creado como Mircea Cartarescu dice en “Solenoide” y llego entonces a una cama en cualquier hotel de cualquier ciudad de cualquier país, cansado y me duermo pensando que alguien se entretiene moviendo un caleidoscopio donde un personaje, un tal Alejo Santos cae desde la punta de un cristal color ciruela a un redondel amarillo y desaparece porque un conejo apura el tranco para que la tortuga de Aquiles no le gane la carrera que ganará porque el tiempo y el espacio y What the Hell are we all doing here?

  • WILLIAM CECIL, ISABEL TUDOR, JUAN PERÓN, MARY STUART, JORGE LUIS, BORGES, JAVIER MILEI ETC.

    William Cecil, Lord Burghley (1520-1598), jefe de ministros durante casi todo el reinado de Isabel Tudor y con mayor poder que la misma reina, responsable de la expropiación de vastos territorios de monasterios pertenecientes a la Iglesia de Roma, de quien era el mayor opositor, dueño de una habilidad política brillante, audaz, temeraria y como corresponde a la esencia del poder, plena de cinismo e hipocresía, al punto que la muy borgeana onceava edición de la Enciclopedia Británica dice “Desde 1558 y durante 40 años la biografía de Cecil es casi la biografía de Isabel I y la de la historia de Inglaterra”.

    La lucha entre la Corona Británica y el Papado, iniciada por Enrique VIII, padre de Isabel I, lo tuvo a Cecil como líder del partido protestante que entendía que la solución al problema escocés se dirimiría con la muerte de Mary Stuart. Cecil va a hacer uso de una ficción política que consistió en establecer el principio de que nadie sería perseguido por su religión, sino sólo por traición y a tal efecto bastaba identificar a un bando o partido (el protestante) con toda la nación y el apoyo a esa parcialidad con la lealtad a Inglaterra. La oposición, la resistencia, obviamente es la deslealtad, la traición, que se castigaba con tormentos y muerte. No me extenderé, esto es mero y puro Peronismo.

    La historia de Inglaterra por momentos me parece un espejo en el que nos miramos. 2024 como la época de la Reforma: Javier Milei es Isabel I, Karina Milei es William Cecil, vamos rumbo a una nueva “religión de estado”, el viejo régimen peronista debe caer, Cristina Kirchner es Mary Stuart; todo el reiterativo staff dirigencial de los últimos 40 años, monjes de abadías a ser arrasadas y sus moradores desterrados sin piedad. Más allá de mi metáfora, más apropiada al siglo XVI, que para los tiempos que corren, creo que es hora de mandar al peronismo al geriátrico y entrar de una vez por todas en el siglo XXI, del que ya nos perdimos el primer cuarto. La Corona quedó como representación de la Nación inglesa, las tierras abadengas y la riqueza que generaban pasaron a engrosar la fortuna de la clase que aún hoy gobierna, es decir se secularizaron los bienes y en menos de diez años se privatizaron. Haga el lector su propia traducción al escenario argentino y ubíquese en el tablero.

    Siguiendo con el simil especular británico, cuando Isabel I muere en 1603, hubo que transitar hasta 1688 cuando la “Glorious Revolution” instaló definitivamente el sistema, que en apretadísima síntesis nos indica que pasaron los reinados de James VI de Escocia, coronado luego en Westminster como James I, le sucedioó Charles I quien reinó entre 1625 y 1649, 11 de esos años sin el Parlamento, lo cual condujo a la Guerra Civil entre el monarca y el Parlamento de la cual salió triunfante éste último y el rey fue ejecutado (ahí no había prisión domiciliaria), esto condujo al gobierno de Oliver Cromwell durante 11 años, se repuso la monarquía con el ascenso de Charles II, su reinado fue corto y fue depuesto por católico y por el típico autoritarismo de los Stuart, culminando el largo proceso con la entronización de Guillermo de Orange (William III) y su esposa la reina Mary, hija de Charles I y consolidando el modelo de monarquía parlamentaria que es la forma que ha gobernado a Gran Bretaña con éxito por los últimos 337 años y con notable eficiencia a España que ayer 22 de noviembre celebró los 50 años de su monarquía parlamentaria con un excelente discurso de agradecimiento de Felipe González que recibió el Toison de Oro por parte del Rey Felipe VI.

    Estimo que con la velocidad de los tiempos actuales no habrá que esperar 50 años para consolidar el sistema de modernización y progreso, en el que estamos, pero sí creo que llevará su tiempo, supongo un segundo mandato de La Libertad Avanza (2027-2031), un siguiente mandato de otra fuerza que robustezca el sistema (2031-2035) y otro (2035-2039), con lo cual nos esperan según mi entender (que no pretende ser profecía ni verdad, tan sólo opinión) 15 años de esfuerzo, trabajo, constancia, debates democráticos de ideas, pero no ideología de uno u otro signo, ideas, pragmatismo y no dogmatismo.

    Para terminar, la palabra “PERSONA”, significa máscara, es la careta con que nos presentamos: ser inglés, ser ministro poderoso, ser rey o reina, argentino, peronista, liberal o estar muerto como William Cecil, Isabel Tudor, Mary Stuart, Juan Perón, Jorge Luis Borges, todos algún día y para siempre, desenmascarados. Así es la vida; las quejas al Altísimo.

    (Recomiendo para conocer bien el proceso de consolidación de la monarquía parlamentaria británica el excelente libro “EL SIGLO DE LA REVOLUCIÓN 1603-1714” de Christopher Hill, Edit. AYUSO,Madrid 1972)

  • SÍMBOLOS

    El 14 de marzo de 1989 muere una señora en Viena a punto de cumplir 97 años, se la entierra con honores en la cripta de los Capuchinos. La señora era Zita María delle Grazie Andelgonda Micaela Raffaela Gabriella Giuseppina Antonia Luisa Agnese de Borbon Parma de Habsburgo, viuda del último Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Carlos de Habsburgo, y también Rey de Hungría como Carlos IV fallecido en el exilio en Madeira de neumonía a los 35 años, sin asistencia médica y con escasos recursos económicos. Cuando esto ocurre Zita estaba embarazada de su hijo número 9.

    En enero del 2000 muere en Lomas de Zamora el Sargento Ayudante (R) de caballería Juan Bó.

    Me agradan los nombres largos, como el de aquella película de la que poco recuerdo más allá del título:”La Casa de Té de la Luna de Agosto” de Daniel Mann de 1956, también me agradan los nombres cortos como por ejemplo el de la película “If” de Lindsay Anderson de 1968, o “What?” de Roman Polansky de 1972, o el de la película “It” de Andy Muschietti de 2019. El misterio insondable que cada uno de nosotros somos me parece que se acrecienta ante un nombre mínimo “Bó” y ante un nombre casi infinito, como el de la Emperatriz.

    Zita, como su marido, el Emperador Carlos I sólo reinaron dos años. Con su renuncia se termina un mundo y el poder de una familia ejercido por casi 700 años. Se terminó un mundo.

    Cuando el tucumano Juan Bó muere, no se acabó ningun mundo. Un universo cultural concluye cuando desaparece la representación de ese mundo. Es obvio a Zita no la conocí, soy un plebeyo insignificante de un complicado país al final del continente americano y además, si el nombre es arquetipo de la cosa, el mío es Alejo Santos, y en el improbable encuentro entre Zita y yo, ella no hubiera podido eludir lo significativo de mi nombre, ya que además de Archiduquesa, era archicatólica. A Juan Bó, sí lo conocí cuando yo hacía el servicio militar obligatorio. El hombre era el arquetipo de las virtudes militares: austero, enérgico, severo: de porte, voz y vestimenta impecables. Excelente jinete, bravo, humilde, (no era altanero, fanfarrón, no hacía alarde de nada, cuidaba a su tropa como un riguroso padre antiguo, nunca le escuché una queja, ni una burla sobre un soldado; le parecía un espanto lo que sucedía con el militarismo en la Argentina).

    Juan Bó debería haber sido General, le tocó ser Sargento Ayudante, porque Tucumán era pobre, porque no pudo estudiar, porque encontró en la Escuela de Suboficiales el lugar en el que podía estar, y supo de entrada que nunca, nunca, Nunca sería General.

    Ni Zita eligió ser Zita, ni Bó ser Bó y yo tampoco Santos. Creo haberlo dicho: reconozco que el sweater azul que me abriga lo elegí en un shopping en Edimburgo.

    Leo en “Tlön, Uqbahr, Orbis Tertius”: “Todos los hombres en el vertiginoso instante del coito, son el mismo hombre. Todos los hombres que repiten una línea de Shakespeare, son William Shakespeare”. Pienso que el mundo es una lotería, es conveniente gozar lo que a cada uno nos toca.

    Miro un mapa, no es el territorio: lo representa. Miro con silencioso respeto cualquier bandera nacional, no es el país en donde me halle: lo representa. El mundo es mi representación, escribió alguna vez Arthur Schopenhauer.

    Es diciembre de 1980, estoy en Atenas, frente a mí, el Partenón. Pienso en Aristóteles, recuerdo las palabras que escribió en La Política:”El hombre es un zoon politikon (un animal de la polis), un ser político, un ser social. Quien vive solo es una bestia, o un sabio”. Pienso en Roma: las legiones marchan a la guerra portando el estandarte SPQR, el Senado y el Pueblo de Roma. Pienso en la religión cristiana: la secta triunfante, elevada a religión de Estado en el siglo III. La cruz, poco tiempo antes símbolo de la subversión, enemiga de la Pax Romana, invade los antiguos templos, que desde ese momento pasan a ser paganos y en consecuencia: subersivos. Pienso en la Alemania nazi y la omnipresencia de la esvástica. Pienso en la bandera nacional argentina. Pienso en la lengua de los Stones. Veo por el mundo chicos de Chicago, Marrakesh, Lyon, La Boca con la camiseta de la selección argentina, con el nombre de Messi y el 10 en la espalda. Todos quieren pertenecer; pareciera que da miedo querer ser un individuo: nadie quiere ser una bestia o un sabio.

    Como nación, nosotros, los argentinos, hemos generado símbolos. Por supuesto la bandera creada por Manuel Belgrano el 27 de febrero de 1812, cuyos colores vienen del hábito y del manto de la Inmaculada Concepción, cuya versión vernácula es la Virgen de Luján. Facundo Quiroga, marchaba con sus tropas con una bandera negra con la inscripción “Religión o Muerte”, en alusión a la política liberal de Rivadavia. Vino luego la divisa punzó y las invasivas consignas del señor de Palermo: “Rosas o Muerte”, “Federación o Muerte”, “Mueran los Salvajes Unitarios”;”Viva la Santa Federación”. Terminadas las guerras civiles, el rosado representó la unión de la bandra blanca de los unitarios y la roja de los federales, todavía no sé si como síntesis de pacificación o como amalgama de dos facciones en pugna y a muerte. Durante el segundo gobierno de Perón, aviones argentinos bombardearon plaza de Mayo matando a civiles transeúntes -da cuenta de ello, Miguel Briante en “Hamacas Voladoras”. Se escuchó desde los balcones de la Casa Rosada “Cinco por uno no va a quedar ninguno” y después vino la consigna Perón o Muerte y después los fusilamientos de José León Suárez. Después vino la muerte.

    Los radicales se presentaron en una de sus parcialidades como Unión Cívica RADICAL INTRANSIGENTE. Tuvimos Montoneros y Militares que hicieron impúdica ostentación de la muerte. Después la AAA(Alianza Anticomunista Argentina)dirigida por el sargento de policía, elevado a Comisario General, un tal López Rega, con el objetivo de “exterminar”, después: Frente para la Victoria, Todos por el Cambio, Frente por Todos, se juntan en sus sedes partidarias que todos aceptamos llamar acríticamente como bunkers (construcción hecha de hierro y hormigón que se utiliza en las guerras para protegerse de los bombarderos) Daría la impresión que más que ciudadanos fuéramos cruzados, más que una sociedad civil, un cuerpo de ejército o una provincia jesuítica.

    Ya saben soy un solitario, soy un liberal, soy una bestia.

  • MUSIC & SEX

    No sé hablar sobre música; no porque no me guste; me encanta, pero no se nada de ella. Mi argumentación se reduce a decir ‘me gusta / no me gusta’. No puedo hablar como otros hablan de ópera o de tango o de jazz. No sé mucho de bandas, nunca he sabido.

    Estoy en Maidstone, Kent, en el Castillo de Leeds, uno de los más lindos del Reino Unido: paredes de piedra color ocre, foso pleno de agua y de cisnes, lo separan de un inmenso parque ondulado, rodeado de un espeso bosque. He venido a pasar el día y a gozar la Obertura 1812 de Tchaicovsky, lugar perfecto para escuchar y ver los cañones que festejan la detención del ejército de Napoleón en su avance sobre Moscú. Es verano, es 1978. Invité a Ana, una chica polaca, profesora de francés a punto de terminar la carrera de psicolingüistica. No me gusta físicamente, me atrae su inteligencia, me molesta lo mal que habla inglés, cada rato tengo que repetir lo que dije, su manera de reirse es casi la de una hiena, sus dientes están amarillos de nicotina, es rubia y está excedida de peso. ¿Qué hago aquí?, pero no mi clásico what am I doing here?, sino ¿qué hago en esta situación con alguien que no me gusta y no sé por qué invité?

    Estoy en Wembley, es 1978, es un concierto de “The Who”, primer concierto de rock al que asisto en Inglaterra. Gran cantidad de gente en los alrededores del estadio, mucha policía. En el interior banderas, impresiona la cantidad, son sábanas blancas con pinturas caseras: todos son penes, grandes pijas flameando. Nunca entendí por qué, tampoco hice mucho esfuerzo en averiguarlo. Mucho alcohol, mucha marihuana, varios desagradables masturbándose. Musicalmente, me encantó. Ya regresando en el tren, sin embargo más que la música me impactaron las banderas; vino a mí “Alta en el cielo un águila guerrera” y me acordé de una maestra de la primaria; la señorita Ofelia, una suerte de sargento de caballería con guardapolvo blanco; vigilaba que tomáramos distancia y estuviéramos firmes. También se cantaba “Marcha a la Bandera”, el estribillo dice “Es la bandera de la patria mía, del sol nacida que me ha dado Dios”. Mientras miraba por la ventanilla del tren cómo se iban encendiendo las luces de los distintos barrios de las afueras de Londres iba recordando:Bandera,Sol, Patria, Dios. Era el Mundial 78 en Argentina y me imaginaba que todo estaría pleno de banderas, nacionalismo y Dios.

    Manuel Belgrano, el 27 de febrero de 1812, frente al Paraná, en Rosario, tomó los colores, no del cielo como había dicho la señorita Ofelia, sino de la escarapela (¿nacional?) que fue el distintivo que Pueyrredón le había hecho colocar a los soldados y gauchos en Luján, donde había agrupado a su gente para marchar en defensa de Buenos Aires en 1806. La razón por haber elegido los colores, es porque en ellos se representa la imagen de la Virgen de Luján, patrona de la Argentina, que no es otra que la Inmaculada Concepción de España. Los colores celeste y blanco son además los colores con que la realeza española engalana sus uniformes con una banda, en ceremonias oficiales. El color blanco es el color de los Borbones al que agragaron el celeste de la Real Orden de Carlos III. Cuando Belgrano se gradúa de abogado en Valladolid, jura defender el dogma de la Inmaculada Concepción, cuya vestimenta es túnica blanca y hábito celeste, colores que a su vez decoran el escudo del Consulado, creado por él en Buenos Aires.

    Por aquí mucho pene idolatrado y allá Concepción pura y limpia. El mismo Pueyrredón se dió cuenta que la bandera nacional se parecía demasiado a la imperial y le hizo agregar el sol, que es el Inti de los Incas y que diseñó el peruano Juan de Dios Vera Tupac Amaru. Pero hagamos un eclipse de sol y volvamos a la música y los penes.

    Estoy ahora en París, entrando en el cementerio de Pere Lachaise (1804), recorro parte de las 43 hectáreas y me detengo en los mausoleos de Chopin, Delacroix, Proust, Colette; me sorprendió que Madame Lynch, la mujer de Francisco Solano López estuviera allí y de que Juan Bautista Alberdi (1810-1884) hubiera comprado una parcela, pero luego fue repatriado.

    Llego a la tumba de Jim Morrison, el lider de The Doors. Morrison está en una tumba de bronce que reproduce su imagen acostada de cúbito dorsal. El material oscurecido por la exposición a la intemperie, tiene sin embargo el protuberante pene lustroso de tantas masturbaciones que se hacen sobre el mismo, de acuerdo a lo que se publica en los avisos clasificados de Le Canard Enchané que promueve ese homenaje participativo.

    Trincomalee, Sri Lanka, 1980, concierto de Ravi Shankar, la cítara y el ron nos embriagan, estoy con Maggie, una chica australiana y con otra pareja, Mónica de Roma y el francés Charlie, con quienes vengo viajando hace una semana. Arena, música, calor, los cuatro nadando desnudos y totalmente maculados, nos quedamos dormidos en la playa. Al amanecer nos despiertan dos policías con bastones largos (idénticos a aquellos con los que me sacaron de la Facultad de Derecho en 1966), era entonces el golpe de estado del inmaculado Onganía.

    Delito contra la moralidad, desnudos en la playa “Horror!, Horror!, Horror!”

    ¿Cárcel o rupee?, ustedes eligen.

    Rupee.

    Poca rupee, “we want more rupee”.

    “No more rupee”.

    “We accept dollar”.

    “Rupee and dollar, terrible crime and Never more, never more, never more”, nos fuimos cantando los versos de “The Raven” de Edgar Allan Poe.

    Hay más penes aún, es febrero, es 1981, voy a caminar los verdes senderos de Galicia, el camino de las estrellas, la ruta Jacobea, el Camino de Santiago.

    Dejo el Midi, pleno de rocas y garrigue, necesito música líquida, la misma que hoy golpea las ventanas de mi casa en San Isidro. Leo en mi bitácora de entonces “Voy a hacer el trabajo en el que me siento más responsable: viajar”. Leo, que tomé el tren en Avignon y fueron pasando Montpellier, Bezieres, Narbonne, Carcassone, Toulouse, Lourdes, Saint Jean de Luz, Hendaye, San Sebastián, Bilbao, entro en Cantabria, Santillana del Mar, Burgos. No ha parado de llover en el país vasco, veo campos y vacas lecheras por todas partes y en Burgos llueve torrencialmente. Salgo de la monumetal Catedral y busco refugio en un taller mecánico. Entre los carteles que anuncian Electricidad, Carburación, hay un pizarrón que dice: “Hoy bacalao al pil pil”. Mesa con mantel de hule, varios parroquianos, obreros de la construcción, tamberos, mecánicos, Bernadette. Comemos, charlamos, bebemos vino de la Rioja. Bernadette que es del Jura, en la frontera con Suiza, va en la misma dirección. Miramos el mapa y decidimos ir hasta León y de allí a Sarría y ahi haremos caminando algo más de 100 Kilóimetros hasta Santiago. Pensamos en 5 días de caminata; Sarría Portmarín 22 Km, de ésta a Palos del Rey 24 Km, de ahí a Arzúa 20 Km, a Rua 19 y de ésta a Santiago, los últimos 21 Km.

    Pienso que si hubiera vivido en los siglos IX a XII, no habría sido un penitente peregrino, sino más bien uno de los pícaros, aventureros, trovadores o goliardos que tan bien ha descripto el Arcipreste de Hita, Juan Ruiz en el Libro del Buen Amor. Tal vez me habría dedicado entonces a leer el destino de los peregrinos haciendo trucos con las barajas españolas de uso abusivo en la época, ya que en el Estatuto de Juan I de 1387 se prohiben con severas penas.

    -Mira Alejo, me instruyó Bernadette, las copas, representan la sensualidad, el amor, la diosa Venus; las espadas, son la ley, la justicia, el derecho; los bastos simbolizan el poder y la voluntad y los oros, la fortuna, el dinero, la estrella de David y la energía.

    Bernadette me informa que cuando lleguemos a la plaza del Obradorio, tenemos que visitar la iglesia de San Fructuoso, donde hay cuatro estatuas que serían representación de las cuatro virtudes cardinales: Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza, pero que mirando con atención -me dice- cada una representa a los respectivops palos de las barajas españolas. Le enseño a jugar al truco y pronto me empezó a engañar y a ganar. Así que convencidos que ‘con pan y vino se hace el camino’, nos ponemos en marcha. Compramos para nuestras mochilas dos conchas de Santiago, que es lo que sirve de divisa al caminante. Pero dije penes, no conchas y aquí vienen.

    Desde León nos fuimos a la Colegiata de San Isidoro, la cumbre del románico español. ¡Qué poder, el de la Iglesia! ¡Qué manera de hacer marketing, qué sistema! ¡Cómo marcó el compás! Después de las tropelías, asaltos, robos, violaciones y muertes que ocurrían en el Camino de Santiago, el Papa Calixto II en el siglo XII, establece la obligación de dar protección, pan, vino, albergue a los peregrinos en los conventos, iglesias y hospitales que abundan. Ese fue el Liber Sancti Jacobi o Codex Calistinus, considerado la primera guía turística de Europa y origen del pasaporte del caminante que aún hoy se entrega a los peregrinos.

    A unos 10 Km de Santiago, nos desviamos para pasar la noche en Labacolla, pequeña población que entonces no tendría más de 60 habitantes y que hoy Wikipedia me informa tiene 168, 95 son mujeres y 73 varones (año 2012) El código establecía que en ese poblado se erigiría el lavaméntula o lavapene, para llegar en estado de pureza corporal al santuario: “Habrán de lavarse todo el cuerpo, pero en especial los testículos y las partes pudendas”, y sí claro, dormimos, comimos lacón con grelos y nos dimos una ducha con especial atención a mi méntula y a su coquille.

    Seguí después para el sur y Bernadette para el norte y nunca más supimos el uno del otro. Modos de vida, maneras de responder a What the hell are we all doing here?

  • AMBOISE (1979) FLORENCIA (1981) BUENOS AIRES (1982)

    Es 1979, recorro la ruta de los castillos del Loire, van pasando Blois, Brissac, Chambord, Chennonseaux. Llego a Amboise, camino el castillo, bajo por la famosa escalera de Francisco I. No sé si la palabra es ‘maravilloso’, creo que me inclino por ‘encantada’. Sí, la zona, los bosques, los castillos me producen encantamientoi, que creo que expresa mejor la sensación de cuentos de hadas, que los castillos me provocan. Sí, claro, las guerras de religión, las luchas por el poder, el campesinado, los soldados, los calabozos, lo de siempre: ¿quién la tiene más larga, ancha y rugosa?

    Entro en Clos Luce a rendir homenaje silencioso y solitario a Leonardo (1452-1519), invitado por Francisco I en 1516. Leonardo cruza los Alpes, supongo que a lomo de mula, con algún ayudante y cargado con sus pliegos, sus proyectos, pinturas, ideas, mecanismos donde hay desde tanques a dirigibles, helicópteros, aviones, y alguno ha imaginado hasta molinillos de pimienta.

    Es diciembre de 1981, regreso por tierra desde Turquía y antes de llegar a Génova, donde me embarcaré después de cuatro años de viajes rumbo al Río de la Plata; esa inmensa alfombra líquida que baña a Buenos Aires. Paramos en Florencia, un magnífico espacio urbano para despedirme de Europa. Estamos en la Plaza de la Señoría después de haber comido en Enoteca Pinchiorri inolvidables langostinos, el famoso estofado toscano que responde al musical nombre de Scottiglia que es un increíble plato campesino y unas tarteletas con mousse de banano de postre. Bebimos acorde al lugar y al acontecimiento.

    Es una noche fría, estrellada. Nos rodean los Medicis, Miguel Ángel, Galileo, Cellini, Donatello, Bandinelli, Maquiavelo, el espíritu del Renacimiento y el recordatorio próximo a la fuente de Neptuno de Bartolomeo Ammannati de que ahí el 23 de mayo de 1498 fue colgado y luego quemado por herejía Savonarola (1452-1498), para que nos sigamos dando cuenta. De pronto miro hacia el cielo y un enorme dirigible plateado, con logo de Air France, avanza con lentitud por sobre el Palazzo Vecchio, por sobre el David, por sobre los tiempos e imagino en su interior a Leonardo guiñándonos un ojo.

    Después sí, el Federico C, el mar eterno, infinito, el olor a Río de la Plata.Encuentros, asados, amigos, jardín, narraciones, aquí estaba nuevamente en la patria, con los escasos cuatro dólares con que llegué que espantaron tanto a mi padre, que murió de un infarto (no por mi exiguo capital, quiero creer) sino el día de la rendición en la guerra por Falkinas.

  • ISLAS FALKINAS

    Ros Road, Port Stanley, invierno 2017. Camino en el octavo día de mi estadía en las islas por la costanera, despidiéndome de este fin del mundo. La tormenta ha hecho que tengamos que despegar con 24 horas de retraso. Paso frente a la Falkland Island Co., vuelvo a la costanera y entro en el cementerio, leo nombres y años en las lápidas: 1849, 1852, 1866, 1887 y así hasta uno fallecido en enero de este año. Regreso por el mismo camino, miro hacia el Waterfront Hotel, donde me alojo, vecino al Penguin Shop, la Catedral Anglicana, que por supuesto es la más austral del mundo, entro luego en St. Mary que es Protocatedral Católica y cuyo nombre oficial en latín es “Apostolica Praefectura de Insulis Falkland seu Malvinis”, lo cual me parece una obra maestra de equilibrio diplomático, es decir es la Prefectura Apostólica de las islas Falkland o Malvinas; aunque desde el punto de vista filosófico es una traición a la tan cacareada teoría aristotélico-tomista de que es necesario que toda cosa ‘sea o no sea’ y una adscripción a la teoría de Leibniz que en “Elementos del Derecho Natural” distingue las formas de la modalidad como: a) lo posible, b) lo imposible, c) lo necesario y d) lo CONTINGENTE es decir ‘que puede ser o no ser’, casi Poncio Pilatos, y que decida el pueblo.

    En mi caminata paso la casa del Gobernador: entro en Pioneer Row, visito por tercera vez el museo. Almuerzo, leo; tomo el té, leo; como a la noche, leo; duermo, sueño que leo. El domingo parto.

    Aterricé en Malvinas, recorrí las Falklands, despegué de Falkinas.

    Llegué a las islas desde una cultura, partí de las mismas con una experiencia. Vi un aburrido, primitivo y no muy lindo village inglés del siglo XIX con muchos Land Rovers que van y vienen. Curiosamente, cada vez que cuento mis viajes, ellos suelen despertar entusiasmo, ganas de viajar, interés y hasta cierta admiración, lo que muchos llaman “sana envidia”, algo así como “amoroso odio visceral”; la verdad es que la creatividad nacional no tiene límites y de ser nacional y popular es imbatible: ya lo dije, nunca nadie me interrumpió con un grito de “vive de Gaulle, merde”. Lo cierto es que gente entre 20 y 80 años, estudiantes de gastronomía y de derecho, abogados conservadores, arquitectos del PC, anglo-argentinos, amas de casa católicas, cajeros de supermercados, empleados de estaciones de servicio, canillitas, jueces, ex fiscales, un rabino, ingenieros, libreros, kiosqueros, un ex combatiente, almacenero musulmán, parrillero, panadero, bar tender, estudiantes de la carrera de Relaciones Públicas de quienes yo era el profesor, escribano, mi dentista, portero de edificio, radicales, peronistas, un diplomático retirado, vecinos, parientes, amigos; todos expresaron: “¡Qué ganas!, vos sos raro, ni loco voy, con lo que nos costó, guita tirada al fuego, ¿te querías suicidar?, no sé cómo pudiste, qué raye tendrías, no voy ni con todos los gastos pagos, ¿pudiste caminar sin problemas? Yo no llevo pasaporte a un lugar que es la Argentina, no te molestaba, me irrita, me da bronca ¿Qué? ¿Por qué? Con excepción de tres personas que preguntaron de la misma manera que preguntan cuando uno en una comida dice “acabo de venir de Alaska”, con esa mezcla de curiosidad y ganas, todos los demás tenían una idea, un concepto, un slogan, cuando no la eterna ideología nacional, popular, apodíctica, intransigente, frentista, dogmática. Los hechos, la experiencia, la inquietud de alguien que estuvo en el lugar, que se dedica a viajar desde los 15 años, que tiene una profesión relacionada con el turismo, que no tiene ganas de convencer a nadie, ni interés económico alguno, que se aburrió, que no le gustaron y que está convencido que las Falkinas no son el problema, sino que lo que está en juego es la Antártida, todo eso les importó un soberano carajo. Ellos, los que no fueron ni irán saben, uno, que para intentar comprender, para empezar a saber, fue, es un pelotudo. De la misma manera apodíctica y universal San Martín es el Padre de la Patria y además Santo de la Espada, la línea Rosas, Perón, Kirchner encarna el sentir popular. Sarmiento, miembro de la masonería, promotor de la corriente liberal, atea, sionista, entreguista y apátrida. No se metan con Perón. Si hacés lo que hay que hacer te incendian el país. Estamos condenados al éxito. Somos un país riquísimo. La carne argentina es la mejor del mundo. Maradona, Messi, la Reina de Holanda y el Papa son argentinos, ¿se dieron cuenta chilotes, paraguas, bolitas, charrúas, se dieron cuenta quién es Gardel?

    Pasó que no ganamos.

    Pasó que perdimos.

    No nos gusta mirarnos en ese espejo.

    En la imposible hipotética situación de haber triunfado, la figura de Galtieri se hubiera instalado en la línea Rosas, Perón, Galtieri. Le habríamos disculpado haber sido un gobernante de facto, hubiéramos afirmado que él nunca persiguió, torturó, ni hizo desaparecer como los otros, lo habríamos elegido Presidente de la Nación, y atención que en cualquier momento recuperamos el Alto Perú, Paraguay y Uruguay, le habríamos enseñado a España cómo recuperar Gibraltar y si se ponen pesados, mandamos la flota a Hastings, desembarcamos como Guillermo el Conquistador en 1066 y en Buckingham Palace izamos la bandera argentina como para que el mundo se dé cuenta, se dé cuenta, se dé cuenta. Pero perdimos y si hay algo que no toleramos es perder y entonces como el avestruz, escondemos la cabeza dentro de la tierra y no entregamos el bastón y la banda presidencial a quien nos derrotó en elecciones libres. Borges lo dice con claridad “no hay peor insulto para un argentino que ser escarnecido en público”.

    Ser impuntual, improvisado, superficial, autoritario, machista, chanta, despilfarrar dineros públicos, ser corrupto; todo eso se olvida, pero que se rían de uno y lo sepan los vecinos, eso jamás. Hemos cambiado “la verdad os hará libres”, por “la verdad me da vergüenza”: nadie en las clases media y alta soporta la verdad de una biografía, por eso es que tenemos el mayor número de psicólogos por habitante. El resto, la Sociedad Anónima ante el brutal y vejatorio abandono no hace más, no puede hacer más que cantar la Marcha Peronista, que es el jingle narcotizante y catártico que mueve la calesita.

  • FOOTNOTES

    Tal vez sea cierto que todo lo que escribimos no es más que una nota a pie de página a lo ya escrito, y todo lo que caminamos no es otra cosa que recorrer senderos descubiertos y transitados por otros; es el tiempo que nos tocó y está ahí para gozarlo de acuerdo a las apetencias de cada uno. En mi caso, ese goce está compuesto por los libros leídos, por los kilómetros recorridos y algunos buenos amigos, que es lo que me permite sostenerme por sobre la conciencia que tengo en relación al caos que es mi biografía y a la tragedia que es la historia.

    Unos 800 años antes de la cristiandad, Hesíodo escribía que lo mejor que le podría pasar al ser humano después de haber nacido es descansar varios metros bajo tierra; 2600 años después, Isidoro Ducasse, Conde de Lautremont (1846-1870) dejó asentado que “mi poesía consistirá sólo en atacar por todos los medios al hombre: esa bestia salvaje y al creador que no hubiera debido engendrar semejante basura” y como sabemos, nuestro Shakespeare aseveró que “el mundo lamentablemente es real, yo lamentablemente soy Borges”; y nos recuerda que los espejos y la paternidad son abominables porque multiplican este mundo espantoso. Nos comenta, además, que nadie ha sentido como Carlyle, que este mundo es irreal, como las pesadillas, “Irreal y atroz”, remarca.

    Footnotes, bella palabra que sintetiza lo que más placer me ha dado en la vida: recorrer y leer. Creo que fue Samuel Taylor Coleridge (1772-1834) uno de los primeros en escribir notas al pie, detallando las fuentes de sus obras; algo que era común en trabajos académicos, pero no en poesía. Muchos sostienen que Borges fue el primer autor de la literatura en español en hacer un uso artístico de las footnotes, habiendo él mismo admitido que la idea le vino de la novela filosófica Sartor Resartus de Thomas Carlyle (1795-1885). A pesar de que quien más abundó en ellas fue su admirado Thomas De Quincey (1785-1859) de quien “La Monja Alferez” (The Spanish Military Nun) tiene 82 notas al pie, “Los Oráculos Paganos” sólo 33, pero algunas de ellas ocupan 6 páginas, “Las Sociedades Secretas”, 51 notas, “Los Ültimos Días de Immanuel Kant”, escazas 29, pero la entrometida participación del autor como uno de los personajes del escrito. “Las Confesiones de un Comedor Inglés de Opio”, al menos la edición de 1856, que es la que leo cuenta con 261 notas.

    Jorge Luis Borges, entre nosotros, ha gustado también de las mismas, y sus prólogos y sus epílogos son per se, piezas de literatura y no sólo indicadores, señales o guiños al lector, al punto que Torres Agüero publico en 1975 “Prólogos” con un prólogo de prólogos, que cree (Borges) “innecesario aclarar que no es una locución hebrea superlativa, a la manera de Cantar de los Cantares, Noche de las Noches o Rey de Reyes”. Creo que quien ha seguido la tradición de quien me parece fue el mayor cultor del género -Thomas De Quincey- es David Foster Wallace (1962-2008) cuyas novelas y relatos abundan en footnotes e intervenciones, aclaraciones y digresiones. En “Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer” que tiene 154 páginas hay 137 notas al pie; los relatos de “Hablemos de Langostas” están atiborrados de intervenciones, baste ver los recuadros y diagramas de “Presentador”, y en sus “Entrevistas Breves con Hombres Repulsivos” hay cantidad de comentarios, giros y footnotes.

    Hay algo que me ha llamado mucho la atención, en mi admirado Borges; no he encontrado en sus “Obras Completas”, tanto en prosa como en verso, ni en el mencionado “Prólogos”, ni en los tomos de “Textos Recobrados”, ni en “Borges en Sur” ambos de Ediotorial Emecé, ni en sus columnas de la Revista “El Hogar” entre los años 1936-1939, que a pesar de ser una revista fundada por Alberto M. Haynes, en 1904 con mayoría de artículos sobre autores y literatura anglo norteamericana, no hay una sola mención, ensayo, biografía, reseña, notas de la vida literaria sobre Thomas De Quincey, por más que “durante muchos años, yo creí que la casi infinita literatura estaba en un hombre. Ese hombre fue Carlyle, fue Johannes Becher, fue Whitman, fue Rafael Cansinos Assens, fue De Quincey”, como dejó escrito en “La Flor de Coleridge”, por más que nos ha dicho “De Quincey fue de hecho un gran escritor, que sus pesadillas deben su fama a la espléndida prosa en que las evocó o inventó, y que la obra literaria, crítica, histórica, autobigráfica, humorística, estética y económica de ese “aniquilado”, abarca unos catorce volúmenes y no ha sido leída del todo en vano por Baudelaire, por Chesterton y por Joyce”, por más que su ensayo “Evaristo Carriego” lleve el contundente epígrafe “…a mode of truth, not of truth coherent and central, but angular and splintered”, que define a la vez, por un lado, el lugar desde donde Borges ve el mundo: el porteño barrio de Palermo y por el otro ubica a la literatura argentina en las orillas de la literatura universal (una nota a pie de página de la misma), desde esa ubicación angular y fragmentada Borges pintó el mundo. Esa cita se repite en L’Herne, ese cuaderno francés de 1964 dedicado exclusivamente a la escritura de Borges: “A nadie debo tantas horas de felicidad personal”, y en su lecho de muerte le pide a Jean Pierre Bernés, su editor en la Pléyade que le lea “Los Ültimos Días de Immanuel Kant”, en la traducción francesa de Marcel Schwob de 1899, año de su nacimiento en Buenos Aires. A pesar de que “a De Quincey con quien tan vasta es mi deuda”. A pesar de lo que tantos tratadistas han dicho de ser De Quincey el prototipo del hombre de letras para Borges y por más que en “Introducción a la Literatura Inglesa” escrito con María Esther Vázquez anota esta miserable idea “… fuera de Klosterheim y una traducción o paráfrasis de Lacoonte de Lessing, su obra entera que abarca 14 volúmenes, está hecha de artículos… el opio le permitirá entender, o creer que entendía, las páginas más abstrusas de Kant… pequeño, frágil y singularmente cortés, su imagen perdura en la memoria de los hombres como la de un personaje de ficción, no de la realidad. A pesar de la opinión de De Quincey sobre las obras de Shakespeare, que de alguna manera Borges repetirá en su “Sobre los Clásicos”: “Clásico es aquel libro que una nación o un grupo de naciones o el largo tiempo han decidido leer como si en sus páginas todo fuera deliberado, fatal, profundo como el cosmos y capaz de interpretaciones sin término”. Y que hace exclamar a Emir Rodriguez Monegal (1921-1985) en “Borges, una biografía literaria” “La omisión (deliberada desde luego) ya que es inútil buscar entre sus artículos alguno dedicado explícitamente al ensayista inglés”.

    La pregunta que se impone es ¿por qué? Más allá de las respuesta que pueda dar la psicología, más allá de las posibles claves que puedan encontrarse en el estupendo libro de John T .Irwin “The Mystery to a Solution” (Poe, Borges and the Analytic Detective Story) que invito a leer; donde Irwin comenta una conversación con Borges momentos antes de abandonar la casa de Edgar Alan Poe en Baltimore, después de haberle preguntado por la influencia del autor de “El Cuervo” en su obra. “Borges permaneció un rato en silencio y luego en voz muy baja dijo”, dice Irwin: “Siempre he tenido el temor que algún día alguien descubra que todo en mi obra es prestado por otro, por Poe, o por Kafka, por Chesterton, Stevenson o Wells” (tengo para mí, que quiso olvidarse de Carlyle, pero ocultó a De Quincey) esto fue en abril de 1983. Mucho antes (1974), en el Epílogo a sus “incompletas” Obras Completas escribió en tercera persona: “El renombre de que Borges gozó durante su vida, documentado por un cúmulo de monografías y de polémicas, no deja de asombrarnos ahora. Nos consta que el primer asombrado fue él y que siempre temió que lo declararan un impostor o un chapucero o una singular mezcla de ambos” . La respuesta a semejante misterio debería surgir del mismo Borges, no de un sujeto ajeno, no de un observador, sino del interior de su obra. Si todo es irreal según el idealismo, es más si todo es una farsa según Carlyle donde la historia es una suerte de Escritura Sagrada que desciframos y escribimos continuamente y en la que también nos escriben, si quien lee una línea de Shakespeare, es William Shakespeare, más aún, “si nuestras nadas poco difieren, es trivial y fortuita la circunstancia de que seas tú”(Thomas De Quincey el redactor de tus ejercicioa y yo Jorge Luis Borges su lector). También es cierto, que Borges deja siempre claves para que resolvamos el misterio, así como Kafka crea a sus precursores, Borges ha hecho lo mismo con De Quincey, Carlyle, Chesterton y con ello modifica nuestra percepción del pasado, como ha de modificar el futuro, y entonces esta vez Juan Dahlmann empuña con firmeza el cuchillo, sale a la llanura, se enfrenta a Padre, a Madre, a todos sus ilustres ancestros, a Lugones, a Victoria Ocampo, a Thomas De Quincey y emulando a Benjamín Otálora prefiere deberse el éxito a sí mismo y no a otro.

  • GEA: DE DESIERTOS, DE MARES, DE RÍOS Y DE CICLOS

    Gea es la tierra. Ha sido concebida como elemento primordial. En la “Teogonía” de Hesíodo (800 AC), su importancia es fundamental, pero casi nula en los poemas homéricos donde impera el Océano, personificado como el agua que rodea al mundo. Maravilla, al océano se lo representa como un río que corre alrededor del disco que es Gea. En la “Teogonía” se nombra a los hijos engendrados por Océano y Tetis, suman más de 3000.

    Desierto de Chorriaca, Provincia del Neuquén, dos geólogos nos traen por la ruta 40, asfaltada sólo en parte, hacia Buenos Aires. Venimos de Ushuaia, es 1975. Habíamos llegado por primera vez a la isla en febrero. Nevaba finito.

    -Este desierto, era un mar, nos dice uno de los geólogos y remueve la tierra con una rama y surgen amonites. Hay tal cantidad que parecen el infinito número de escarabajos que intentó salvar, en vano, Witold Gombrowicz en aquella desolada playa del sur de la provincia de Buenos Aires, tratando de darlos vuelta y colocarlos sobre sus patas antes de que murieran calcinados por el sol.

    Armamos una fogata y lentamente asamos medio cordero sobre improvisada parrilla, en el fondo del mar. Vino tinto. Duraznos, tiramos los carozos a las brasas y despiden una leve llama azulada.

    -Aquí abajo hay restos orgánicos, hay petroleo, nos comentan. Hay gas, estamos hablando de 100 millones de años. Es tierra de volcanes. Otra imagen de la felicidad.

    Estoy en Islandia, es 2013, también es verano, también está helado, también hay volcanes, también nieva finito. También acabo de comer cordero en “Lakjarbrekka”, un restaurante elegante que según se detalla en la carta, significa “el arroyo que se desliza por la loma”. Cabernet Sauvignon de Bordeaux. Salgo a caminar, está frío. Camina a mi lado un hedor nauseabundo a alcohol, después veo al hombre. Me aparto, es hediondo: caminamos al mismo ritmo, quiero perderlo: me detengo, él se detiene, apuro la marcha, me alcanza, me pasa, cae muerto, rueda por la loma donde se desliza el arroyo. Fue tan sólo u n instante. Me vino la idea de los 100 millones de años y la muerte súbita, tal vez por las comparaciones entre Tierra del Fuego e Islandia, que había anotado en la bitácora, antes de partir, tal vez porque compré la Volsunga Saga y leí el nombre de Snorri Sturlson, imposible no asociarlo con Borges. Me acordé de cuando narró su experiencia en un almacén de Santa Ana do Livramento donde vio a su primer muerto, resultado de un parroquiano que al ver una calva redonda de otro que apoyado en el estaño se demoraba frente a una ginebra, pensó, que nunca se le presentaría un blanco tan prístino, sacó entonces la pistola y le reventó el craneo por la nimia (Borges debe haber escrito baladí) razón de la oportunidad gratuita, para incrementar su prestigio ante la pasividad de la clientela, que tras un tenso silencio siguió bebiendo y cantando “retruco”.

    Fue en ese año de 1975, cuando después de varios intentos fallidos a lo largo de por lo menos diez años, entendí y me sentí miembro de una cofradía secreta, ya que comprendía el “Ulises” de Joyce; a partir de entonces la literatura fue para mí AJJ/DJJ. Fue ese mágico encuentro que se produce cuando uno en Chapadmalal recoge una botella que alguien arrojó al mar desde el fiordo de Sogne, en Noruega y dentro de la misma hay una nota que dice:Die Welt ist alles, was der Fall ist. Sogne, Fjord. Y esta es aún, una más bella imagen de la felicidad.

    En el capítulo de los “Comedores de Langostas”, cuando Bloom que también camina al ritmo de un paso, una letra, otro paso, una palabra… fue que por fin entendí que es posible caminar por Dublin abrigado por un Macintosh, y ahí, en la nublada jornada cerca del río Liffey, ahí en la Westland Row (por la que caminaré en 2006) Bloom parado frente a la vidriera de la Belfast and Oriental Tea Co., lee la información estampada en los envoltorios plateados: mezcla elegida, más fina selección, té familiar, bien caliente y de súbito surgen las lianas y orquídeas de los jardines de Ceylon (que disfrutaré en 1980), donde la gente en ropas livianas se tira al pasto y se deja arrobar por el calor del sol en un “dolce far niente”… y no paré de leerlo y lo llené de notas, porque así han de leerse los libros, escribiéndolos, invadiéndolos y dejándose invadir por ellos y eso me introdujo en ese tren de gran velocidad del Finnegans Wake que termina-comienza en la página 628 “…a long the…” y se inicia-termina en la primera página y es entonces el río que corre…”riverrun past Eve and Adam’s by a commodious viccus of recirculation y es entonces Gian Batista Vicco (1668-1744) y su Sciencia Nuova, corsi e ricorsi de l’historia, el glorioso siglo XVII y fue el fin del otra vez del velorio y del despertar y entendí por fin y para siempre, que es el lector que hace tren la calesita.

    (NO ES LA HISTORIA LA QUE SE REPITE, SINO LA NATURALEZA. PENSAR LA REPETICIÓN EN FUNCIÓN DE NOSOTROS, ES FANTASÍA DE NIÑO CAPRICHOSO QUE QUIERE SIEMPRE SER EL CENTRO. LO QUE SE REPITE EN MILLONES DE AÑOS SON LOS CATACLISMOS, DE LOS QUE SOBREVIVEN UNOS POCOS QUE COMIENZAN OTRA VEZ, AHORA SÍ LA HISTORIA. VUELVE EL HOMBRE A HABITAR CAVERNAS, SOBREVIVEN BESTIAS DEFORMADAS, QUEDA EL TERROR A LA EXPLOSIÓN O AL AGUA INSCRIPTO EN ESOS POCOS: SE INVENTAN DIOSES PROTECTORES. NOSOTROS NO SEREMOS MÁS QUE RESTOS ORGÁNICOS EN ALGÚN DESIERTO COMO CHORRIACA, CON SUERTE GOTA DE COMBUSTIBLE).

    Calesita, que hasta en la corta literatura argentina, vuelve a transformarse en tren después de la travesía de “El Vestido Rosa” en eso que magistralmente César Aira (una literatura en sí mismo) hace en el cuádruple homenaje a Borges; primero y explícitamente con “Las Ovejas” (1970) a la que llama “novela” y luego con “Moreira” (1972), “Ema , la cautiva” (1978), “El vestido Rosa”(1982) al que denomina “cuento”, homenaje provocativo, irónico. Quintuple si incluímos “La Liebre”(1987) poblado de viajeros ingleses recorriendo la pampa. La “novela”, es un cuento sobre la supervivencia de las ovejas Kitty, Moussy, Rosie, Tabby, Biqui, Peti, Cathy, Reti, Poppy, Dorothy (“rubias de New York”), en la infinitud de la Patagonia que vibra al ritmo de lo que Jaspers Johns (1930) llama arte y que consiste en hacer una cosa, después otra cosa, después otra cosa, después otra cosa, lo que lo iguala al viaje y su corolario: el relato. El homenaje al maestro finaliza con la argumentación a toda orquesta por la re-escritura (Pierre Menard style) de significativos pasajes de “Nueva Refutación del Tiempo”. En la “novela” “Las Ovejas”; esa balada lanuda patagónica; donde Moussy, anciana es George Berkeley (1685-1753), Cathy de lana graciosa y gruesa es el idealista Arthur Schopenhauer (1788-1860), la pequeña Kitty es el inmenso David Hume (1711-1776) y Dorothy plena de níveos vellones es Gustav Spiller (1864-1940). Con agudo criterio Ada Korn editora allá por 1984 publica un volumen con “El Vestido Rosa” “cuento”, eterna y vueltera calesita argentina que fue escrito en 1982 y a continuación “Las Ovejas” “novela” de 1970 en una inquietante inversión no sólo temporal.

    Me comprenden ahora por qué cuando paseo gente por el Mercado de Hacienda de Liniers: mujidos, reseros, campanas, galopes, tranqueras, martillos y voces son “la más maravillosa música que llevo en mis oídos”, LIBERTAD, LIBERTAD, LIBERTAD.

    “.. a long the…riverrun, past Eve and Adam’s” y así con el Liffey, río de vida, uno se mete en ese mar de palabras que es el Finnegans Wake ¿dije mar?, río, río, si hay una novela río, es esta, la última de Joyce, última, primera o única, río que es lenguaje, que es el río por el que el lector navega. La primera parte del Finnegans Wake, “El Libro de los Padres”, comienza queriendo saber todo sobre Anna Livia Plurabelle, que es el río Liffey, que es la vida. Las blondas mechas de la cabellera de ALP, son los ríos y meandros que forman un gigantesco laberíntico delta. En ese capítulo se mencionan docenas de ríos: Pilcomayo, Negro y de la Plata son los que a los lectores de estas tierras, nos llaman la atención. Y, es aquí, en el río que no nombra Hesíodo y que sospechó Heráclito, en el río de la Plata, donde vengo a diario a escribir estas islas, que construyen una oración, un párrafo, un capítulo, un texto, un libro y un libro es un río en el que tampoco nos bañamos dos veces. Leer el capítulo de ALP a orillas del río de la Plata, en el muelle de Pacheco, en San Isidro, en el último mechón del delta del Paraná, es ver reflejado en un espejo de agua, la novela de James Joyce.

    Leer este libro, en este lugar, es volver a unir el andrógino. El río de la Plata es un río de ríos, un río que forman el Uruguay y el Paraná que en el momento de diluirse y conformar el estuario, parece querer despedirse de las orillas que lo vienen custodiando en su cauce; dejando como flecos de tierra que enmarañados, arman este laberinto de más de 20.000 kilómetros cuadrados que es el delta del Paraná. Anna Livia Plurabelle transformada por las letras-islas en telaraña líquida. Es en el ensayo de Juan José Saer, “El Río sin Orillas” donde leí que el delta en su configuración geográfica tiene forma de sexo de mujer, es el sexo de Anna Livia y tal vez, esta espesura en sus meandro, arroyos y Bajos del Temor ¡socorro Sigmund!, sea la representación del pelo púbico rodeando al delta. Es curioso que viniendo de un hombre del interior, de Serodino, provincia de Santa Fé, su visión del río de la Plata coincida con la del europeo llegando al estuario. Mi vida poco tiene que ver con el mar, mi vida es ribereña. El río ha sido mi centro. Somos varios millones asentados en el estuario, donde cabrían los Países Bajos con holgura. La desembocadura es un. final, el problema es que ese final lo han relatado como final del viaje y no como terminación del curso del río. Hay en ello dos visiones de la realidad. El final puede ser presentado como culminación del periplo marino, como un “fait accompli”, “que vinieron las proas a fundarme la patria”. La narración sobre el río es siempre desde el puesto de vigía, desde la escotilla de un barco español, desde el catalejo de algún corsario, desde algún sabio clasificador de especies, desde el ojo de buey de una bodega de tercera clase pringosa de ajo, sudor, ave marías. La narración del río es siempre ultramarina. Volviendo al simil saeriano, el relato siempre se estructura desde el pene y no desde los labios vaginales. Desde el interior, es otra la visión, desde el corazóin de la tierra del cual parte un sistema de venas que irriga la llanura. La visión no desde el Mare Nostrum, sino desde la Mesopotamia.

    Dibujo mapas de los territorios viajados, diseño croquius de territorios literarios. Mi mapamundi es fragmentario, 68 países visitados, no son el planisferio, mis lecturas son incompletas; en mi poblada biblioteca hay algún libro que jamás leeré. Mi mapa ribereño comienza en el puerto de Olivos. De chicos jugábamos en la arena y en la montaña de cantos rodados que las chatas areneras descargaban en el playón del pequeño puerto. Muy cerca de la Martello Tower, en Sandycove, tuve una vivencia similar en la playa de aguas plácidas, de pronto estuve en Olivos. Hasta los toboganes y hamacas con hierros pintados de colores brillantes se les parecían a los de la niñez. Con los amigos del barrio, ir al río era siempre una aventura. Cruzar Libertador y bajar corriendo la barranca de la calle Paraná hasta el andén de la estación Anchorena, era ya estar en territorio propio, sin autos, con personajes que pasaban y se perdían en la espesura de cañas y sauces, en casas de madera precarias; era un mundo sin padres. Saltábamos de tosca en tosca cuando había bajante y en la playa se veían las ondulaciones que había dejado el agua. Buscábamos algún bagre o mojarrita que hubiera quedado atrapado en un charco y jugábamos con él y había una discusión entre salvarlo llevándolo al agua o dejarlo luchar por mantenerse vivo en ese estrecho lago a la espera de la creciente. Apenas terminadas las clases en noviembre, nos metíamos en el río en calzoncillos y nos tirábamos pelotas de barro y nos peleábamos y reíamos y cuando comenzaba a atardecer, volvíamos agotados y colorados a trepar la barranca, al cruzar Libertador ya éramos otra vez los chicos de ciudad, pero sabiendo que nuestro lugar era aquel, el de la orilla, el del horizonte lejano.

    Como en el inicio de los tiempos. Como cuando Heráclito escribía en sus tablillas, ¿es que hay algo más similar a una Tablet? ¿es que un código QR no es un laberinto? Hoy en 48 caracteres podemos escribir los fragmentos, tal vez superficiales, que podrían ser descubiertos por arqueólogos del futuro que intentarían reconstruir una cultura (la nuestra) en base a insignificancias de la vida cotidiana, donde podrían convivir versos de “Muchacha Ojos de Papel”, con la incompleta receta de un a chocotorta que una señora envía a otra para Navidad, combinados con versos de Philip Larkin dejados en un cuaderno junto a otros de Hölderlin. Imagino la reconstrucción de nuestro mundo, en base a estudios de futuros científicos de aquí a 20 ó 30 mil años y así:”La cultura sanisidrense, en tiempos conocidos como “Feliz Navidad” (#) -se sospecha que para conmemorar el nacimiento de su dios “Puy Reden”, que tenía su templo en la barranca, frente al inmenso estuario (hoy desierto del Plata), llamado así por los utensilios hallados en el santuario, donde se encontró un fragmento de la receta de la chocotorta, que sería acorde con la últimas investigaciones de la prestigiosa Universidad de La Garche, una especie de sopa de pescados o mariscos, según el recetario, hallado in situ, firmado por Philip Larkin, renombrado jefe de banquetes, en colaboración con su ayudante, se cree que mujer, Hölderlin a quien por la blancura de su piel se le dedicó el himno popular “Muchacha ojos de Papel”; quien dejó anotada , en un dialecto hoy desaparecido (se cree que de la cercana Colonia, al otro lado del estuario, conocida también como Köln) la siguiente recomendación: Leif Sind, in Feuer getaucht, gecochet die Frücht und aun Der Erde geprüfet und sin Gesetz ist, cuya traducción aproximada sería ” Maduros están, hundidos en fuego cocidos y en la tierra probados los frutos”, lo cual ha hecho pensar a los académicos que para la chocotorta, los pescados y mariscos debían ser asados y no crudos como han sostenido los tratadistas de otras escuelas”

    (#)No se debe confundir con Xmas, que era una gran venta de productos para celebrar al dios NASDAQ, ni con Natividad de Iesu, un rito ancestral de una esotérica secta conocida como Katolikós.

  • UNDERGROUND

    From the very first moment they open an eye,

    They have to know they belong downstairs.

    Algunos atribuyen esta sentencia a quien en Londres concibió el subterráneo como medio de transporte público. Otros, ateos y mal intencionados a Dios.

    Hay en lo lejano visible un camión rojo enorme, en lo profundo un gesto de dolor y un ¿por qué? no pronunciado porque hay un tiempo en que uno carece de lengua y todo lo que siente lo expresa con el cuerpo. Luego las palabras de los otros nos cuentan esa historia que aparece en sueños y que hoy forma parte de la prehistoria personal.

    En los tweets suena el grito del cavernícola herido por el colmillo del mamut que acaba de matar.

    En lo profundo invisible, más no velado, hay lombrices, hay una caravana de hormigas, hay una carcajada, hay ternura, hay calles, hay trenes, hay camellos y jirafas y palabras que circulan, que te dicen, que te explican, que te envuelven, que te abrigan, que te duelen, hay memoria y memoria de memorias.

    Más abajo el misterio que nos hace tolerarnos y a veces, muy pocas amarnos, otras querer matarnos. En la superficie, hay espacio, camino, sol, un río tan vasto como el deseo insaciable por saber. Pero hay también en la orilla del mar, ahí en la arena de la infancia una lengua que no habla porque alguien la cortó de un cuerpo: una lengua que no habla pero dice.

    A un tiempo somos Goya pintando “Saturno devorando a su hijo”, Saturno, el hijo y Goya comiendo, mirando a “Saturno devorando a su hijo”.

    La familia acaba de llegar a su casa recién construida en los suburbios del norte de Buenos Aires. Pisos de roble, canteros esperando poblarse de colores, chimenea de ladrillos, los dos niños, matrimonio y barrio, todo con olor a nuevo, todo augura un futuro de esperanza.

    Esas dos largas cuadras que separaban la casa del jardín de infantes “The Doll’s House” eran un cuadro descriptivo del país que comenzaba a padecer. El mapa no es el territorio, pero el barrio era un croquis elemental con líneas señalando al progreso sin límites, pero con un pasado laberíntico, quebrado, no del todo comprendido, pleno de misterios. El barrio era un iceberg, bello en la superficie, amenazador en lo invisible. El barrio era un barco navegando por un mar infinito. Ahí estaba el desafío. Y el barrio fue el Titanic que en 1912 se había hundido en las gélidas aguas del mar del Norte. De 1912 data la Ley Saénz Peña, un baño de realismo ante un mapa que se había poblado rápida y desordenadamente, sobre un territorio pleno de icebergs.

    En esas dos cuadras que eran el mundo, ambas orillas de las calles hacían referencia a barcos que de alguna manera decían que en un tiempo todos habían venido del agua: Alferez Hipolito Bouchard, Comandante Rosales, eran el núcleo central, pero ahí pegadas estaban Moreno (se necesitó tanta agua para apagar tanto fuego) y un poco más allá Paraná, gran divisoria de aguas, límite sobreentendido de la geografía de la niñez. También había otros nombres que mentaban geografías lejanas: españoles, italianos, franceses, alemanes, portugueses,ingleses, árabes, judíos, húngaros, polacos, criollos.

    En lo profundo invisible, en los terrenos baldíos, la orilla del río, el fondo de los cajones, en los placares, en el altillo, en los silencios, en la historia que nos han contado, hay siempre un misterio.

    Al tiempo se hizo un largo silencio, acompañado luego por un murmullo al que siguió la voz grave del locutor con música fúnebre:”A las 20,25 la señora Eva Perón, jefa espiritual del movimiento ha entrado en la inmortalidad”. Un tiempo después- la cronología tiene otro ritmo en la niñez; se pudo ver en la novísima pantalla del televisor: aviones, humo, gritos, corridas, heridos, muertos, el murmullo ensordecía y Perón dejó de ser Presidente y hubo una cañonera paraguaya en que Mario Amadeo depositó a Perón y en el negocio de café donde yo iba a comprar caramelos, que se llamaba Morocco atendido por un atildado alemán al que arrestaron que se llamaba Joseph Mengele según algunos y según otros era Martin Bormann y se prohibió nombrarlo, (a Perón) el periodismo se dejó cortar la lengua y apeló a eufemismos: ex dictador, tirano prófugo; esa lengua fue anticipo de la que encontraría en la playa de la infancia, ya de adulto en una fría y soleada mañana de octubre de 1977, poco antes de partir para Londres para proseguir los estudios y ponerme a viajar y viajar y viajar para intentar entender.