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  • SOLEDAD & SOLOIDAD

    Soledad es ESTAR solo, los que hablan de soledad lo dicen con tristeza, con amargura, se sienten abandonados, lo dicen con pesar y están enojados con el mundo, son los que padecen la condición humana; viven en un pasado idealizado o en un futuro esperanzador. Necesitan dioses. Líderes políticos. Un campeonato de cualquier cosa, obtenido por otros. Algo o alguien que los salve. Siguen tomados de la mano de mamá y papá. De ser argentinos, les gusta el tango cargado de nostalgias. La memoria, en ellos, siempre refiere a que todo tiempo pasado fue mejor y en materia de memoria sexual suelen alardear de los “logros” de cuando tenían entre 20 y 35 años, “de su rendimiento”. A los 65 años, como obedeciendo al mandato de la Seguridad Social, SON jubilados, engordan, ven televisión muchas horas, se ponen tristes y se sabe los seres humanos morimos de tristeza que adquiere las formas conocidas como ACV, depresión y un variado menú de cánceres que abarca desde el pelo a las uñas del pie. ESTAN solos y SON jubilados; si ahí se ubican, les deseo suerte pero no toquen el timbre de casa ni me sigan en Instagram.

    Soloidad es SER solo, los que hablamos de soloidad lo decimos con alegría, con entusiasmo, nos sentimos en relación con y estamos encantados de estar en el mundo, somos los que gozamos el “Carpe Diem”, habitamos el presente, gozamos el pasado que ya fue cuando fue presente y soy como soy por lo que fui e hice; el futuro será gozado en tanto se haga presente. Ni ayer, ni mañana: HOY. Si somos argentinos nos desagrada el tango cargado de nostalgias. No somos melancólicos.

    Soloidad, no existe como palabra (la inventé hace un tiempo) Aclaro, no vivo en una nube “flática” (a esta la acabo de inventar). Obviamente que lloro, y que me enojo, angustio y me duele la realidad y muchas veces tengo ganas de “matar” (dogmáticos, predicadores, hipócritas, políticos profesionales, burócratas; sí todos ellos); este tipo de sujetos son los que me hacen estar de acuerdo con Isidoro Ducasse, Conde de Lautremont (1846 – 1870) cuando maldice al ser humano y en especial a Dios por haber generado tal bestia; pero no hago de esa situación mi bagaje existencial; es una carga de la que me desprendo con trabajo intenso, rápido y creativo. Tampoco me ocupo en convencer a nadie, detesto el rebaño, tanto como pastor y más aun como obediente cordero. Mi memoria sexual, es experiencia; es obvio no soy el que fui a los 30 y cuando tenga 99 y medio, pues me faltará medio año para llegar al siglo, y si me equivoco, bueno ¡qué son 10 ó 20 años en la eternidad y en el infinito universo!

    Al concepto aristotélico que se lee en el Libro I de “La Política”:”El hombre es un zoon politikon, el que vive solo es una bestia, o un sabio”; le opongo el pensamiento de Jean de La Bruyere (1645 – 1696): “Todos nuestros males provienen de no poder estar solos” Aristóteles en su “Ética a Eudemo” (de aquí deriva eudemonología, que es el arte de llevar una vida agradable y feliz como sea posible) reconoce, sin embargo, que la felicidad pertenece a los que se bastan a sí mismos. Recordemos que lo que hace al hombre sociable es su pobreza interior. A Arthur Schopenhauer (1788 – 1860) tal vez le hubiera encantado mi neologismo (soloidad), él , gran soltero, nos recuerda que “Cada cual sólo puede ser el mismo plenamente mientras está solo; así pues quien no ama la soledad tampoco ama la libertad: pues únicamente cuando uno está solo es libre”.

    En lo que es su libro menos filosófico, de ahí el nombre “Parerga y Paralipómena” algo así como “apéndice” o “accesorio “(parerga) y “dejado” u “omitido” (paralipómena) donde hay cantidad de aforismos y fragmentos con respecto al desafío personal que implica la vida. Vaya como ejemplo, el epígrafe de Chamfort con que comienza el capítulo “Aforismos sobre la Sabiduría de la Vida”; “La felicidad no es cosa fácil, es muy difícil encontrarla en nosotros e imposible encontrarla en otra parte” (y sí brother, es un trabajo). Me gusta leer a Schopenhauer, también a Petrarca (1304 – 1374) “De la vida Solitaria” y me tienta Johan Georg Ritter von Zimmermann (1728 – 1795) “Consideraciones sobre la Soledad”. Pero sé también que “dejaremos este mundo tan tonto y tan malvado como lo encontramos al llegar” como bien dijo el querido Voltaire (1694 – 1778).

  • DE TAMAÑOS, DE CIFRAS Y OTROS DATOS

    El segundo estado más pequeño de los Estados Unidos de Norteamérica es Delaware de un poco más de 6400 km2, después de Rhode Island de tan sólo 4002 km2. La capital de Delaware es Dover (que me lleva a “The White Cliffs of Dover”).Para que tengan una idea más precisa, la provincia de Tucumán, la más pequeña del país, tiene 22.525 km2, casi como New Jersey de 22.588 km2.

    En Dover tiene su domicilio Dadax LLC (Limited Liability Co.), lo que en Tucumán sería SRL. Dadax es una empresa de software propietaria de Worldometer que proporciona estadísticas en tiempo real sobre los temas más variados como población mundial, nacimientos, muertes, accidentes de autos, cuántos cigarrillos están siendo fumados, qué cantidad de hectáreas se están deforestando, cuántos celulares se han vendido en el día, búsqueda de Google efectuadas hoy. Es vertiginoso, hay rubros que no paran: nacimientos y muertes es obvio, pero también petróleo bombeado hoy (barriles) 47.229.442 y sigue, e inversamente en el rubro petróleo restante (barriles) 1.380.846.019.653, 2, 1 y sigue bajando. Días hasta que se acabe el petróleo 14.400 es decir 39 años. En el rubro Población Mundial, hoy 9 de enero de 2024 a las 9.52 am, me informan que el número de personas es de 8.084.092.302; pero 3 minutos después ya había aumentado a 8.084.093.398 y ahora a las 15.02 ha llegado a 8.084.136.488 y vuela con vértigo imparable. Entre las mismas horas, en un mundo que promueve el antitabaquismo se han fumado 6.189.525.323 cigarrillos a las 9.52 y 7 minutos más tarde 6.316.901.908 y ahora a las 15.11, 9.599.878.989 y circula tan rápido que ya pasó a 9.600…y más y más. Abortos, cánceres, atropellados por autos, gastos de los estados en educación, en pertrechos de guerra, producción de motos y todo aquello que no se permite publicar, pero que estimo se cuantifica y que hace a las perversiones, secretos, vilezas y cuanta tropelía, fantasía, delirios se nos ocurran. Estas dimensiones de lo casi infinito me provocan sensación de insustancialidad. Hoy a la mañana consulté por la cantidad de humanos nacidos en el día y a las 9.52 am era de 149.327 y pasadas las 15 ya estaba en 236.530 y el reloj no para ni un segundo; en ese tiempo habían muerto 68.199 y a las pocas horas el número había llegado a 107.220 individuos. Es decir en sólo 5 horas más de 129.000 individuos se habían agregado a la población mundial.

    Cuando uno consulta la historia de Dadax, se nos informa que fue creada originalmente por Andrey Alimetov, inmigrante ruso de 20 años que la vendió en 2006, el sitio web se lanzó el 29 de enero de 2008.

    Necesito parar.

    Estoy leyendo a Arthur Rimbaud y a Breece D’J Pancake, en verdad re-leyéndolos, que es verdaderamente cuando uno lee. ¿Qué los une? Además de la escritura y del lector, el hecho de que ambos murieron jóvenes, Rimbaud a los 37, Pancake a los 26. Leo poca poesía, pero a Rimbaud y a Whitman los releo. La secuencia fue más o menos la siguiente: leía a Quignard, al inagotable, al profundo Quignard, al final del capítulo XXXIV de “El Niño de Ingolstadt”, cuyo título es “El Rey de Vernet” y que trata la historia del juego que aquí llamamos El Gallo Ciego y que intervine con un dibujo donde un personaje con un sable y los ojos vendados decapita a un gallo enterrado hasta el cogote y escribí “Sangre y Espanto” con lápiz rojo y agregué “el juego que más nos ha gustado”. La narración transcurre en Vernet, en el cantón de Prades donde coseché duraznos y me acosté con una española virgen. Esa inscripción que hice “Sangre y Espanto”, me recordó a Rimbaud “Mala Sangre” de “Una Temporada en el Infierno”. Lo volví a leer y otra vez me impactó y abrí entonces el Dossier Rimbaud de una vieja revista Quimera de abril de 1984 y cobré conciencia que a los 19 años Rimbaud dijo ‘basta’ y se ‘suicidó’ de la literatura y volví entonces a quien se suicidó no de la literatura, sino de la vida a los 26 años.

    El mundo sigue andando y hoy 10 de enero la población mundial ha llegado al número de 8.084.356.330 a las 17.15, y todos los restantes tópicos han seguido creciendo tanto positiva como negativamente. Volví a leer “Una Temporada en el Infierno” y parte de “Iluminaciones”; pero es de Breece de quien les quiero hablar ahora. Hoy es un día caluroso, de los típicos de Buenos Aires, esos días de sol implacable, donde, al menos yo, trato de evitar el exterioor, es más hoy salí a andar en bicicleta bentre las 6 y las 7 am y tal vez vuelva a salir a la noche para tomar un helado. Después de almorzar, anoté en la bitácora de esta temporada, que extraño esos dos veranos en Londres, cuando solía ir al pub “The King’s Head and the Eight Bells” a tomar gin and tonic. Ese es el tipo de verano tolerable para mí, sin arena, sin mar, sin gritos; el verano civilizado y urbano de Londres en un rincón austero y elegante de la ciudad. Fue precisamente en ese pub, que para festejar mi cumpleaños número 31, al día siguiente, habíamos decidido mi amiga Nelly que aún vive en Londres, mi amigo Andrés que vive en Canarias y Dolores que no sé por dónde está, ir los cuatro de paseo a South Sussex a almorzar en The Mermaid, en Rye; y es entonces cuando me pongo a pensar en Breece, porque ese día que partimos en en el Mini Cooper verde, Breece D’J Pancake empuñaba una pistola, se la metía en la boca, como otros una mamadera,un profiterol de pistacho o una pija. Ninguno de nosotros sabíamos, entonces de su existencia, al igual que gran parte de la humanidad e inclusive gran parte del pequeño poblado de Milton, en el estado de West Virginia donde Breece había nacido el 23 de junio de 1952.

    El pub de South Ken ya no existe, al igual que la Reina. El Londres en el que tanto me gustó vivir, ya no está en el mundo, Milton dejo de ser para Breece. Worldometer, registra, documenta, contabiliza nuestras miles de millones de insignificancias.

  • APRIL 3rd 1043 – 6th MAY 2023

    Tal vez haya llovido en Winchester el 3 de abril de 1043, como llovió en Londres el 6 de mayo de 2023. En esos 980 años ha caido mucha lluvia sobre tierras británicas. Con lluvia o sin ella en esas fechas fueron respectivamente coronados reyes: San Eduardo el Confesor (1004 – 1066), quien un año antes de morir, inaugura la Abadía de Westminster, donde se acaba de entronizar a Carlos III(1948) con la Corona de San Eduardo. Todo igual y al mismo tiempo todo distinto. Eduardo el Confesor fue santificado, entre otras cosas, porque aun casado, no dejó de ser virgen, Carlos tiene como reina a su ex amante.

    Churchill decía “No hay historia, sólo biografía”.

    La enviada especial a Londres del diario La Nación, Luisa Corradini, concluye la nota sobre la coronación: “A Carlos III, el reinado no le será fácil. No sólo porque lo hace bajo la sombra omnipresente de su madre Isabel II que sigue siendo para sus súbditos un modelo irremplazable; sino porque a los 74 años, aun queriendo hacer ejercicio de modernidad, es, definitivamente el representante de una generación pasada de moda y de un mundo que está en vias de desaparición”.

    Lapidario final, sobre todo, para un lector como yo, que nací el mismo año que el monarca recién coronado. Es como si cada piedra de la imponente Abadía de Westminster, fundada por el Rey San Eduardo, el Confesor en 1065, cayeran una tras otra sobre mí, precisamente en el momento en que después de 14 horas de estar escribiendo, tengo la vista irritada, me duele la espalda y en el instante de levantarme de la silla, un punzante dolor en la pierna izquierda, me ha dejado paralizado. Después del primer estupor tomo mi I Phone, tecleo “nervio ciático”, que parece haber estado esperando por 74 años hacer notar su presencia en mi cuerpo como Carlos de Windsor, la suya en el trono.

    El nervio ciático abarca desde la parte baja de la espalda, pasando por las caderas y los glúteos, hasta llegar a cada pierna. La ciática generalmente ocurre cuando una hernia de disco o el crecimiento excesivo de un hueso ejerce presión sobre una parte del nervio… y así continúa una descripción excata de lo que me sucede y no estando acostumbrado al dolor, protesto,me enfado y me insulto y no termino nunca de aceptar lo que me han dicho todas las mujeres que he conocido que son seres más realistas que los nosotros: “la vida es así”, “hay que aceptar las cosas como son”. Soy de los que creen que nada “es así”, sino que “hasta ahora han sido así y que todo es movimiento”. Pero debo reconocer que a pesar de mis lecturas, viajes y opiniones, mi alegría al caminar por Himalaya, viajar en el techo del tren en Siligury, remar doce días por el Amazonas con el remo corazón, caminar la Pampa de Achala, volar en planeador, helicóptero, aviones cargueros y globos aerostáticos. Bien todo esto y lo que tengo planeado hacer ha sufrido un cachetazo, una trompada contundente y me doy cuenta que no sé aceptar que “la vida es así” y entonces al leer eso de “pasado de moda y a punto de desaparecer”, me provoca tanta indignación como cuando veo a Donald Trump regocijarse mirando a sus partidarios tomar por asalto el Capitolio de la democracia fundadora de la modernidad, o cuando Cristina Kirchner o Jair Bolsonaro no asisten al traspaso de mando a sus respectivos sucesores, o el Papa Bergoglio afirma que “la propiedad es un derecho secundario” por más que el Estado Vaticano que él preside afirma poseer 5250 edificios y ninguno de ellos está situado en el Bronx, La Matanza o Bethnal Greene y entonces el salvaje apasionado (más no violento) que me habita, me transforma en la antítesis del filósofo estoico que pretendo ser sin conseguirlo y en vez de aceptar “que esto también va a pasar” como le dice el botones del hotel a Julia Roberts en “La Boda de mi Mejor Amigo” que la ha dejado desolada, despojada y vacía; me pongo de pie -a pesar del dolor- me calzo los guantes de box, me enfrento a la bolsa de arena y con bronca, rabioso, iracundo, le pego, le pego, le pego y no dejo de pensar, sin embargo, que hace 2500 años un griego muy sabio y muy pobre anotaba en la tablet de su tiempo: “Byos (arco) tiene nombre de vida y efecto de muerte”, y exhausto solicito un turno para una resonancia magnética que parece que es lo que hay que hacer y ya más calmo me siento y me repito que a pesar de los años, aun no sé que estoy haciendo aquí, ni por qué soy argentino, nacido a mitad del siglo XX, por qué nací varón, ni por qué respondo a mi nombre y mucho menos por qué me ha costado siempre tanto aceptar la realidad tal cual es y no como yo quisiera que fuera. Seguiré viajando, leyendo, balbuceando mis opiniones, por más que en mi equipaje, además de pocas prendas, las bitácoras y algún libro, tenga que agregar algún paliativo para la ciática porque me faltan muchos kilómetros y porque la libertad individual no estará en mí pasada de moda y mucho menos en vías de extinción, a pesar de mi conciencia: “Memento Mori”.

    Estamos viviendo otro mundo donde los valores de la democracia liberal se encuentran entre paréntesis, donde autócratas de todo tipo parecen querer imponer su voluntad a sus pueblos, el mundo es más virtual que real, el planeta ha sufrido la plaga global del Covid, Rusia ha entrado en Ucrania con igual salvajismo a como Hitler lo hiciera en el centro de Europa en el siglo XX o como Hernán Cortés en México en el siglo XVI, o como los bárbaros en Roma en el siglo V. Los narcotraficantes se han apoderado de ciudades importantes de América, la omnipresencia de los celulares es equivalente a la del ombligo, las redes invaden todo, el Chat GPT es materia de consulta como lo fuera el oráculo de Delfos en el siglo VIII antes de la cristiandad, la IA es materia de estudio y preocupacióin ya que está modificando el concepto de trabajo, ocio y hasta de humanidad, casi sin saberlo, como sí , en cambio “Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras, la mano que esto escribe renacerá del mismo vientre”, como reiteró Homero que después fue Shakespeare, antes de ser Borges.

  • EL OMBÚ: EL NO CLUB

    Escribir sobre “EL OMBÚ”, es escribir sobre la niñez y la adolescencia y en alguna medida sobre la historia argentina. “EL OMBÚ”, era desde el punto de vista físico, un amplio terreno baldío, remanente de un loteo, poblado por añosos ombúes. Desde el punto de vista institucional, era la anomia total. Era el club de barrio pero sin socios adherentes, sin Presidente, ni comisión directiva, sin estatutos, ni propósito, ni misión alguna. Sin “club house”, sin vestuarios, sin cuota de ingreso, ni mensualidad. Sin instalaciones de ningún tipo.

    Era el NO CLUB.

    Ni nuestras hermanas, ni nuestras madres, ni después nuestras novias pisaron jamás EL OMBÚ, como si hubiera sido un ultraconservador club inglés. Tampoco los mayores, que sólo se atrevían a mirarnos desde el borde del terreno cuando jugábamos al futbol. EL OMBÚ cumplió la función que cumplen las plazas en los pueblos de provincia o en ciertos barrios de la Capital Federal, la espontánea reunión de los chicos vecinos.

    En la niñez (digamos entre los 7 y 11 años), fue trepar a los ombúes, hacer chozas con ramas, hojas, tablas, lonas que podrían haber sido de los tehuelches, eran, sin embargo siempre de los cheyenes, los sioux o los pieles rojas que atacaban el fuerte donde con revólveres y rifles nos defendíamos; era hacer fogatas, ensuciarnos, rasparnos rodillas y codos, volver a casa traspirados, con picaduras de lo que llamábamos bichos colorados, llegar con el cuerpo ampollado por las ortigas, las gatas peludas (orugas verdes), traíamos adheridos a las ropas hormigas, bichos bolitas y tatadioses. Había zonas que eran la ‘tierra incógnita’:eran casas linderas a las que solíamos entrar o porque eran escondites inexpugnables para los indios o porque de pronto habíamos decidido dejar la guerra y jugar a las escondidas. Cuando llegaba diciembre y comenzaba el Gran Premio de Turismo de Carrtera, trazábamos unas inmensas autopistas con puentes y montículos que simulaban sierras, montañas, precipicios peligrosos donde hacíamos correr unos autos de plástico a los que preparábamos con plomo, masilla, ruedas delanteras más grandes que las traseras que sujetábamos con tapitas de frascos de penicilina que íbamos a pedirle al farmaceútico, padre de uno de los chicos habitués del no club EL OMBÚ.

    Cada tanto armábamos una cancha de bolitas y hacíamos un hoyo y nos quedábamos horas revolcados en la tierra donde minutos antes corrían veloces nuestros autos.

    A partir de nuestros doce años y durante todo el colegio secundario, EL OMBÚ fue futbol, sólo futbol y nada más que futbol. Ahí había algunas reglas. Por lo general, durante la mañana, era el turno de los más chicos, pero después del almuerzo y durante toda la tarde jugaban los de 18 ó 20 años, que eran hermanos mayores y algunos personajes cuyos apodos eran Lenteja, Tito y unos hermanos, Pedro y Matosas, que eran unos correntinos borrachos que aparecieron un día vaya uno a saber de dónde, y cómo, que se quedaron varios años durmiendo a la intemperie, acurrucados en los huecos de los enormes ombúes que a la mañana seguían siendo las chozas de los indios y cowboys que nos continuaron.

    Alguna vez un circo con león jubilado y payaso de geriátrico se instaló en EL OMBÚ por corto tiempo, cosa que por un lado nos fascinaba, pero que también vivimos como una expropiación; hecho corregido rápidamente por algún inspector municipal, que puso las cosas en orden. EL OMBÚ, éramos nosotros.

    Era tal la confianza que se le tenía, que si faltábamos de casa, sabían donde estábamos, era el ámbito que nos contenía, nuestro refugio, nuestra casa en común.

    EL OMBÚ quedaba en La Lucila, la más pequeña localidad del partido de Vicente López, en ese elegante y plácido sector que va desde las vías del Ferrocarril Mitre a la Avenida del Libertador, luego venía el sitio vacío del palacio, la barranca, el río al que le falta una orilla; el Mar Dulce, según Juan Díaz de Solís, Almirante de la flota española quien lo navega por primera y última vez en 1516, ya que fue apaleado y comido crudo por los aborígenes (“en que ayunó Juan Díaz, y los indios comieron”), nos narró Borges.

    La Lucila tiene nombre de estancia, de chacra o de quinta, y fue las tres cosas. ‘Suerte de Estancia’, otorgada en gracia por Juan de Garay, luego chacra en el paraje de Los Olivos, y por último quinta, donde se inaugura el Palacio encargado a Pablo Pater, oriundo de Dijon, llegado al país en 1907, quien trabaja en él entre 1911 y su inauguración oficial en 1916, hasta que desaparece bajo la picota en 1945. En 29 años, se hace escombros, polvo, nace un fantasma. Se sabe, nada tiene mayor presencia que lo que no se ve.

    Sin saberlo, entonces, ese predio de EL OMBÚ, era lo que restaba aún sin edificar de un propiedad, que sintetizaba en gran medida la historia de nuestro país, ya que las tierras habían pertenecido a Lucila Marcelina Anchorena de Urquiza, quien las había recibido como regalo de su hermano Nicolás Paulino Anchorena, fallecido sin herederos; una fracción de 13 hectáreas y 49 centiáreas, lindera con la parcela de Juan Nepomuceno Anchorena y Josefa Aguirre, padres de Lucila Marcelina. Esta parcela había sido herencia de Nicolás Anchorena casado con Estanislada Arana, la abuela que crió a Fabián Gómez y Anchorena Conde de El Castaño, (pero esa es una historia muy larga, los remito a “Cinco Dandys Porteños” de Pilar de Luzarreta, que les va a encantar). Lucila Marcelina se casa con el Coronel Alfredo Froilán de Urquiza, algo así como si una Lancaster se casara con un York; pero claro no siendo nuestra sociedad una monarquía, no dio origen a ningún Tudor; lo que nos privó de un Henry VIII.

    Lancaster, rosa roja; York, rosa blanca. Federales y Unitarios, para nosotros Rosas y Urquiza.

    El Palacio Paz. El Palacio Anchorena. El Palacio Ortiz Basualdo. El Palacio Álzaga Unzué. El Palacio Pereda. El Palacio Errázuriz Alvear. El Palacio Bosch Alvear. El Palacio Alvear Ortiz Basualdo. El Palacio Armstrong Alvear. El Palacio Madero Unzué. El Palacio Peña Unzué. El Palacio Fernández Anchorena. El Palacio Duhau.

    Mucho palacio no hace riqueza. Mucha agua no hace un mar. Mucho tronco rugoso no hace un árbol. Mucho territorio no hace grandeza. Mucha verborragia no hace literatura.

    Vida y muerte ocurren en espacios ínfimos o son provocados por agentes de difícil visualización cuando no invisibles al ojo humano. Vayan como ilustración los siguientes ejemplos:

    En arácnidos, la viuda negra mide 3,8 cm y tiene un diámetro de 0,64 cm. Al terminar el apareamiento, no besa agradecida al macho, sino que lo pica y lo mata. El Corona Virus, que es sólo visible con el microscopio electrónico tiene un tamaño de entre 0,06 a 0,14 micras. El estado soberano más pequeño del mundo es el Vaticano. Su superficie es de 0,44 Km 2, es decir 44 hectáreas. Una gota de agua en el interior de una nube, mide 20 micras, es decir 0,02 mm. Al caer en forma de lluvia ya aumenta su tamaño a 2000 micras, es decir 2 mm. Un espermatozoide mide 0,05 mm y sólo se ve a través del microscopio; en cambio, el óvulo mide 0,14 mm y es visible al ojo humano. La bodega Romanee-Conti, productora entre otros del Romanee Conti Gran Cru, Cotes de Nuit; sin duda el vino más caro del mundo (unos 14.000 dólares), aunque ciertas añadas han alcanzado los 90.000 dólares por botella, genera esa calidad insuperable en la mínima superficie 1 Ha, 80 a, 50 ca.

  • GIRAR Y GIRAR

    Si como creo, es la naturaleza la que se repite, no sólo en volcanes que entran en erupción, mares que cse encrespan, ciclos de glaciación y fuegos devastadores, especies que desaparecen, transformación de dinosaurios en aves, ciclos estacionales, tiempos de bonanza y guerras, sino también tipologías humanas (meros EGOS) que se reiteran: nacerán Homeros y Alejandros, Jesuses y Constantinos, Montaignes y Richelieus. El mundo gira y nos hace girar. Los hechos suceden con independencia de nosotros. Me gusta pensar que es la naturaleza que pasa y nos encuentra en situación de ser por mero accidente Shakespeare o Boris Johnson.

    La cultura EGOlatra, mera proyección de nuestra insignificancia ha puesto el acento, precisamente en el EGO y así sostenemos que es Julio César quien ha llegado a Britannia, cuando en realidad es la naturaleza que requiere la evolución de Britannia para que devenga Inglaterra, para que se produzca la Guerra de los 100 Años, para que el Príncipe Negro combata en Poitiers, para que Shakespeare escriba Henry II, para que nazca Thomas Hobbes, para que Elizabeth I derrote a Felipe II, para que España catolice a América, para que Tupac Amaru sea descuartizado, para que haya guerras de independencia, para que surjan tiranos absolutos, para que yo sea un mero memorioso de acontecimientos insignificantes. La naturaleza requiere de la producción de nuestros EGOS, para cumplir sus fines, que no podemos vislumbrar con claridad cuáles sean pero que indefectiblemte no son los mezquinos intereses que nos hacen ser en el peor de los casos Heliogábalo, Hitler, Maduro y en el mejor Dante, Beethoven, Joyce, Borges. Y para que ello suceda, para generar esos EGOS es necesario que Hitler odie a Wittgenstein porque éste lo supera en inteligencia cuando compartían el mismo colegio; que Beethoven sea sordo, para no distraerlo de su tarea de seguir llenando de música el mundo; que Borges sea ciego para no ver a su patria envilecida; que Joyce tenga por padre a un alcoholico para querer huir de Irlanda, para que yo me cargue de una memoria enciclopédica que me impide pensar y me bata a duelo en el muelle de Pacheco en San Isidro y le aseste una herida mortal a Funes, el memorioso.

  • THE MERMAID INN (1420)

    Es mayo, es 1978, es East Sussex, es Rye, es The Mermaid Inn que exhibe orgullosa e impúdicamente su edad (rebuilt 1420), nos sentimos brutalmente agredidos por el dato (72 años antes de que Colón llegara a América y 400 años antes de la existencia de la Argentina como nación, ya había ingleses emborrachándose en esta taberna). Comemos cordero y acompañamos con hongos, zanahorias y espinacas, bebemos Guiness, ignorantes, fascinados.

    The Mermaid, guarida de contrabandistas, la banda de Hawkhurst que asolaba la región a mediados del siglo XVIII. Rye junto con Winchelsea, eran el respaldo de los cinco puertos: Hastings, New Romney, Hythe, Dover, Sandwich que protegían a Gran Bretaña de invasiones externas. Lugar de exilio de Henry James, que cuando pudo comprar Lamb House a metros de The Mermaid, se sintió por fin viviendo en su añorada Washington Sq. de su New York natal devorada por el progreso imparable, que tanto lo agredía y que tanto me fascina. He regresado a Rye incontables veces, en verano e invierno y nunca dejé de almorzar o comer en la taberna. Representa para mí el arquetipo platónico de lo que es un espacio público y recoleto, la esencia de un “public bar” británico que llega a la apoteosis si afuera llueve y la chimenea está encendida. Sitios como este son para el viajero el ámbito para la reflexión y si estoy comiendo con gente, son lugares de alegría fraterna. Si en cambio, estoy solo, veo llegar a Henry James (ese laberinto triste), se acerca luego William Henry Hudson (autor de uno de los pocos libros felices), ata su caballo criollo Don Roberto (uno de los tantos ingleses que supo percibir los matices criollos), asiste Joseph Conrad (quien corrigió el inglés a los británicos, como a nosotros el español, Paul Groussac) y se una a la mesa Jorge Luis Borges a quien pertenecen las observaciones entre paréntesis.

    Escribir, viajar, desterritorializarse: en el viaje estoy liberado de rutinas o si se quiere es la única rutina que no me fatiga. En el viaje estoy como en una película cuya escenografía está puesta por otros y el argumento se va consolidando a medida que el viaje transcurre. Me suele pasar que viajando en tren experimento la sensación de que es el exterior el que se mueve y va pasando como un caleidoscopio que va uniendo filigranas y figuras que a medida que lo giro aparece una cúpula de pizarra negra que vi en Brujas, que al estirarse se transforma en Huaino Picchju desde cuya cima diviso el glaciar Upsala en Santa Cruz, donde el vuelo de un cóndor, me remite a un halcón en Dubai que devora carne roja de mi mano enguantada y el repicar del ave deviene en el traqueteo de un tren de la New Jersey Transit en el momento que pasamos Orange y de pronto me siento en Holanda y pienso en Baruch Spinoza cuando la Mahamad decide castigarlo con la Herem y el rabino lo maldice y prohibe que se le hable y ni siquiera que se lo mire y me recuerda el rostro de la señora en Malvinas, que sabiendo que yo era argentino me dio vuelta la cara y en compensación se me aparece la sonrisa del lechero Smith y entro en Smithfield y súbitamente estoy en el Mercado de Hacienda de Liniers y entonces Niort, Francia donde el 25 de julio de 1753 nace quien va a ser con el tiempo Conde de Buenos Aires y ante quien se rendirá Beresford gobernador de Buenos Aires, derrotado por quien desembarcó en el Tigre y quien en 1810 después de la gloria será fusilado en Cabeza de Tigre, Córdoba y pienso en el tigre de Bengala y estoy en India y veo los dibujos que de niño hace Borges del tigre y estoy en el Tigre donde termina el delta del Paraná y me dejo arrastrar por las aguas abrazado a un tronco y paso flotando por el muelle de Pacheco en San Isidro cerca de donde está el Ombú, y es el cuento de Hudson y vuelvo a The Mermaid donde el improbable almuerzo de los escritores está llevándose a cabo porque la realidad no es sólo lo que vemos y decimos y sentimos, sino que es la invención más alucinante que el hombre ha creado como Mircea Cartarescu dice en “Solenoide” y llego entonces a una cama en cualquier hotel de cualquier ciudad de cualquier país, cansado y me duermo pensando que alguien se entretiene moviendo un caleidoscopio donde un personaje, un tal Alejo Santos cae desde la punta de un cristal color ciruela a un redondel amarillo y desaparece porque un conejo apura el tranco para que la tortuga de Aquiles no le gane la carrera que ganará porque el tiempo y el espacio y What the Hell are we all doing here?

  • WILLIAM CECIL, ISABEL TUDOR, JUAN PERÓN, MARY STUART, JORGE LUIS, BORGES, JAVIER MILEI ETC.

    William Cecil, Lord Burghley (1520-1598), jefe de ministros durante casi todo el reinado de Isabel Tudor y con mayor poder que la misma reina, responsable de la expropiación de vastos territorios de monasterios pertenecientes a la Iglesia de Roma, de quien era el mayor opositor, dueño de una habilidad política brillante, audaz, temeraria y como corresponde a la esencia del poder, plena de cinismo e hipocresía, al punto que la muy borgeana onceava edición de la Enciclopedia Británica dice “Desde 1558 y durante 40 años la biografía de Cecil es casi la biografía de Isabel I y la de la historia de Inglaterra”.

    La lucha entre la Corona Británica y el Papado, iniciada por Enrique VIII, padre de Isabel I, lo tuvo a Cecil como líder del partido protestante que entendía que la solución al problema escocés se dirimiría con la muerte de Mary Stuart. Cecil va a hacer uso de una ficción política que consistió en establecer el principio de que nadie sería perseguido por su religión, sino sólo por traición y a tal efecto bastaba identificar a un bando o partido (el protestante) con toda la nación y el apoyo a esa parcialidad con la lealtad a Inglaterra. La oposición, la resistencia, obviamente es la deslealtad, la traición, que se castigaba con tormentos y muerte. No me extenderé, esto es mero y puro Peronismo.

    La historia de Inglaterra por momentos me parece un espejo en el que nos miramos. 2024 como la época de la Reforma: Javier Milei es Isabel I, Karina Milei es William Cecil, vamos rumbo a una nueva “religión de estado”, el viejo régimen peronista debe caer, Cristina Kirchner es Mary Stuart; todo el reiterativo staff dirigencial de los últimos 40 años, monjes de abadías a ser arrasadas y sus moradores desterrados sin piedad. Más allá de mi metáfora, más apropiada al siglo XVI, que para los tiempos que corren, creo que es hora de mandar al peronismo al geriátrico y entrar de una vez por todas en el siglo XXI, del que ya nos perdimos el primer cuarto. La Corona quedó como representación de la Nación inglesa, las tierras abadengas y la riqueza que generaban pasaron a engrosar la fortuna de la clase que aún hoy gobierna, es decir se secularizaron los bienes y en menos de diez años se privatizaron. Haga el lector su propia traducción al escenario argentino y ubíquese en el tablero.

    Siguiendo con el simil especular británico, cuando Isabel I muere en 1603, hubo que transitar hasta 1688 cuando la “Glorious Revolution” instaló definitivamente el sistema, que en apretadísima síntesis nos indica que pasaron los reinados de James VI de Escocia, coronado luego en Westminster como James I, le sucedioó Charles I quien reinó entre 1625 y 1649, 11 de esos años sin el Parlamento, lo cual condujo a la Guerra Civil entre el monarca y el Parlamento de la cual salió triunfante éste último y el rey fue ejecutado (ahí no había prisión domiciliaria), esto condujo al gobierno de Oliver Cromwell durante 11 años, se repuso la monarquía con el ascenso de Charles II, su reinado fue corto y fue depuesto por católico y por el típico autoritarismo de los Stuart, culminando el largo proceso con la entronización de Guillermo de Orange (William III) y su esposa la reina Mary, hija de Charles I y consolidando el modelo de monarquía parlamentaria que es la forma que ha gobernado a Gran Bretaña con éxito por los últimos 337 años y con notable eficiencia a España que ayer 22 de noviembre celebró los 50 años de su monarquía parlamentaria con un excelente discurso de agradecimiento de Felipe González que recibió el Toison de Oro por parte del Rey Felipe VI.

    Estimo que con la velocidad de los tiempos actuales no habrá que esperar 50 años para consolidar el sistema de modernización y progreso, en el que estamos, pero sí creo que llevará su tiempo, supongo un segundo mandato de La Libertad Avanza (2027-2031), un siguiente mandato de otra fuerza que robustezca el sistema (2031-2035) y otro (2035-2039), con lo cual nos esperan según mi entender (que no pretende ser profecía ni verdad, tan sólo opinión) 15 años de esfuerzo, trabajo, constancia, debates democráticos de ideas, pero no ideología de uno u otro signo, ideas, pragmatismo y no dogmatismo.

    Para terminar, la palabra “PERSONA”, significa máscara, es la careta con que nos presentamos: ser inglés, ser ministro poderoso, ser rey o reina, argentino, peronista, liberal o estar muerto como William Cecil, Isabel Tudor, Mary Stuart, Juan Perón, Jorge Luis Borges, todos algún día y para siempre, desenmascarados. Así es la vida; las quejas al Altísimo.

    (Recomiendo para conocer bien el proceso de consolidación de la monarquía parlamentaria británica el excelente libro “EL SIGLO DE LA REVOLUCIÓN 1603-1714” de Christopher Hill, Edit. AYUSO,Madrid 1972)

  • SÍMBOLOS

    El 14 de marzo de 1989 muere una señora en Viena a punto de cumplir 97 años, se la entierra con honores en la cripta de los Capuchinos. La señora era Zita María delle Grazie Andelgonda Micaela Raffaela Gabriella Giuseppina Antonia Luisa Agnese de Borbon Parma de Habsburgo, viuda del último Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Carlos de Habsburgo, y también Rey de Hungría como Carlos IV fallecido en el exilio en Madeira de neumonía a los 35 años, sin asistencia médica y con escasos recursos económicos. Cuando esto ocurre Zita estaba embarazada de su hijo número 9.

    En enero del 2000 muere en Lomas de Zamora el Sargento Ayudante (R) de caballería Juan Bó.

    Me agradan los nombres largos, como el de aquella película de la que poco recuerdo más allá del título:”La Casa de Té de la Luna de Agosto” de Daniel Mann de 1956, también me agradan los nombres cortos como por ejemplo el de la película “If” de Lindsay Anderson de 1968, o “What?” de Roman Polansky de 1972, o el de la película “It” de Andy Muschietti de 2019. El misterio insondable que cada uno de nosotros somos me parece que se acrecienta ante un nombre mínimo “Bó” y ante un nombre casi infinito, como el de la Emperatriz.

    Zita, como su marido, el Emperador Carlos I sólo reinaron dos años. Con su renuncia se termina un mundo y el poder de una familia ejercido por casi 700 años. Se terminó un mundo.

    Cuando el tucumano Juan Bó muere, no se acabó ningun mundo. Un universo cultural concluye cuando desaparece la representación de ese mundo. Es obvio a Zita no la conocí, soy un plebeyo insignificante de un complicado país al final del continente americano y además, si el nombre es arquetipo de la cosa, el mío es Alejo Santos, y en el improbable encuentro entre Zita y yo, ella no hubiera podido eludir lo significativo de mi nombre, ya que además de Archiduquesa, era archicatólica. A Juan Bó, sí lo conocí cuando yo hacía el servicio militar obligatorio. El hombre era el arquetipo de las virtudes militares: austero, enérgico, severo: de porte, voz y vestimenta impecables. Excelente jinete, bravo, humilde, (no era altanero, fanfarrón, no hacía alarde de nada, cuidaba a su tropa como un riguroso padre antiguo, nunca le escuché una queja, ni una burla sobre un soldado; le parecía un espanto lo que sucedía con el militarismo en la Argentina).

    Juan Bó debería haber sido General, le tocó ser Sargento Ayudante, porque Tucumán era pobre, porque no pudo estudiar, porque encontró en la Escuela de Suboficiales el lugar en el que podía estar, y supo de entrada que nunca, nunca, Nunca sería General.

    Ni Zita eligió ser Zita, ni Bó ser Bó y yo tampoco Santos. Creo haberlo dicho: reconozco que el sweater azul que me abriga lo elegí en un shopping en Edimburgo.

    Leo en “Tlön, Uqbahr, Orbis Tertius”: “Todos los hombres en el vertiginoso instante del coito, son el mismo hombre. Todos los hombres que repiten una línea de Shakespeare, son William Shakespeare”. Pienso que el mundo es una lotería, es conveniente gozar lo que a cada uno nos toca.

    Miro un mapa, no es el territorio: lo representa. Miro con silencioso respeto cualquier bandera nacional, no es el país en donde me halle: lo representa. El mundo es mi representación, escribió alguna vez Arthur Schopenhauer.

    Es diciembre de 1980, estoy en Atenas, frente a mí, el Partenón. Pienso en Aristóteles, recuerdo las palabras que escribió en La Política:”El hombre es un zoon politikon (un animal de la polis), un ser político, un ser social. Quien vive solo es una bestia, o un sabio”. Pienso en Roma: las legiones marchan a la guerra portando el estandarte SPQR, el Senado y el Pueblo de Roma. Pienso en la religión cristiana: la secta triunfante, elevada a religión de Estado en el siglo III. La cruz, poco tiempo antes símbolo de la subversión, enemiga de la Pax Romana, invade los antiguos templos, que desde ese momento pasan a ser paganos y en consecuencia: subersivos. Pienso en la Alemania nazi y la omnipresencia de la esvástica. Pienso en la bandera nacional argentina. Pienso en la lengua de los Stones. Veo por el mundo chicos de Chicago, Marrakesh, Lyon, La Boca con la camiseta de la selección argentina, con el nombre de Messi y el 10 en la espalda. Todos quieren pertenecer; pareciera que da miedo querer ser un individuo: nadie quiere ser una bestia o un sabio.

    Como nación, nosotros, los argentinos, hemos generado símbolos. Por supuesto la bandera creada por Manuel Belgrano el 27 de febrero de 1812, cuyos colores vienen del hábito y del manto de la Inmaculada Concepción, cuya versión vernácula es la Virgen de Luján. Facundo Quiroga, marchaba con sus tropas con una bandera negra con la inscripción “Religión o Muerte”, en alusión a la política liberal de Rivadavia. Vino luego la divisa punzó y las invasivas consignas del señor de Palermo: “Rosas o Muerte”, “Federación o Muerte”, “Mueran los Salvajes Unitarios”;”Viva la Santa Federación”. Terminadas las guerras civiles, el rosado representó la unión de la bandra blanca de los unitarios y la roja de los federales, todavía no sé si como síntesis de pacificación o como amalgama de dos facciones en pugna y a muerte. Durante el segundo gobierno de Perón, aviones argentinos bombardearon plaza de Mayo matando a civiles transeúntes -da cuenta de ello, Miguel Briante en “Hamacas Voladoras”. Se escuchó desde los balcones de la Casa Rosada “Cinco por uno no va a quedar ninguno” y después vino la consigna Perón o Muerte y después los fusilamientos de José León Suárez. Después vino la muerte.

    Los radicales se presentaron en una de sus parcialidades como Unión Cívica RADICAL INTRANSIGENTE. Tuvimos Montoneros y Militares que hicieron impúdica ostentación de la muerte. Después la AAA(Alianza Anticomunista Argentina)dirigida por el sargento de policía, elevado a Comisario General, un tal López Rega, con el objetivo de “exterminar”, después: Frente para la Victoria, Todos por el Cambio, Frente por Todos, se juntan en sus sedes partidarias que todos aceptamos llamar acríticamente como bunkers (construcción hecha de hierro y hormigón que se utiliza en las guerras para protegerse de los bombarderos) Daría la impresión que más que ciudadanos fuéramos cruzados, más que una sociedad civil, un cuerpo de ejército o una provincia jesuítica.

    Ya saben soy un solitario, soy un liberal, soy una bestia.

  • MUSIC & SEX

    No sé hablar sobre música; no porque no me guste; me encanta, pero no se nada de ella. Mi argumentación se reduce a decir ‘me gusta / no me gusta’. No puedo hablar como otros hablan de ópera o de tango o de jazz. No sé mucho de bandas, nunca he sabido.

    Estoy en Maidstone, Kent, en el Castillo de Leeds, uno de los más lindos del Reino Unido: paredes de piedra color ocre, foso pleno de agua y de cisnes, lo separan de un inmenso parque ondulado, rodeado de un espeso bosque. He venido a pasar el día y a gozar la Obertura 1812 de Tchaicovsky, lugar perfecto para escuchar y ver los cañones que festejan la detención del ejército de Napoleón en su avance sobre Moscú. Es verano, es 1978. Invité a Ana, una chica polaca, profesora de francés a punto de terminar la carrera de psicolingüistica. No me gusta físicamente, me atrae su inteligencia, me molesta lo mal que habla inglés, cada rato tengo que repetir lo que dije, su manera de reirse es casi la de una hiena, sus dientes están amarillos de nicotina, es rubia y está excedida de peso. ¿Qué hago aquí?, pero no mi clásico what am I doing here?, sino ¿qué hago en esta situación con alguien que no me gusta y no sé por qué invité?

    Estoy en Wembley, es 1978, es un concierto de “The Who”, primer concierto de rock al que asisto en Inglaterra. Gran cantidad de gente en los alrededores del estadio, mucha policía. En el interior banderas, impresiona la cantidad, son sábanas blancas con pinturas caseras: todos son penes, grandes pijas flameando. Nunca entendí por qué, tampoco hice mucho esfuerzo en averiguarlo. Mucho alcohol, mucha marihuana, varios desagradables masturbándose. Musicalmente, me encantó. Ya regresando en el tren, sin embargo más que la música me impactaron las banderas; vino a mí “Alta en el cielo un águila guerrera” y me acordé de una maestra de la primaria; la señorita Ofelia, una suerte de sargento de caballería con guardapolvo blanco; vigilaba que tomáramos distancia y estuviéramos firmes. También se cantaba “Marcha a la Bandera”, el estribillo dice “Es la bandera de la patria mía, del sol nacida que me ha dado Dios”. Mientras miraba por la ventanilla del tren cómo se iban encendiendo las luces de los distintos barrios de las afueras de Londres iba recordando:Bandera,Sol, Patria, Dios. Era el Mundial 78 en Argentina y me imaginaba que todo estaría pleno de banderas, nacionalismo y Dios.

    Manuel Belgrano, el 27 de febrero de 1812, frente al Paraná, en Rosario, tomó los colores, no del cielo como había dicho la señorita Ofelia, sino de la escarapela (¿nacional?) que fue el distintivo que Pueyrredón le había hecho colocar a los soldados y gauchos en Luján, donde había agrupado a su gente para marchar en defensa de Buenos Aires en 1806. La razón por haber elegido los colores, es porque en ellos se representa la imagen de la Virgen de Luján, patrona de la Argentina, que no es otra que la Inmaculada Concepción de España. Los colores celeste y blanco son además los colores con que la realeza española engalana sus uniformes con una banda, en ceremonias oficiales. El color blanco es el color de los Borbones al que agragaron el celeste de la Real Orden de Carlos III. Cuando Belgrano se gradúa de abogado en Valladolid, jura defender el dogma de la Inmaculada Concepción, cuya vestimenta es túnica blanca y hábito celeste, colores que a su vez decoran el escudo del Consulado, creado por él en Buenos Aires.

    Por aquí mucho pene idolatrado y allá Concepción pura y limpia. El mismo Pueyrredón se dió cuenta que la bandera nacional se parecía demasiado a la imperial y le hizo agregar el sol, que es el Inti de los Incas y que diseñó el peruano Juan de Dios Vera Tupac Amaru. Pero hagamos un eclipse de sol y volvamos a la música y los penes.

    Estoy ahora en París, entrando en el cementerio de Pere Lachaise (1804), recorro parte de las 43 hectáreas y me detengo en los mausoleos de Chopin, Delacroix, Proust, Colette; me sorprendió que Madame Lynch, la mujer de Francisco Solano López estuviera allí y de que Juan Bautista Alberdi (1810-1884) hubiera comprado una parcela, pero luego fue repatriado.

    Llego a la tumba de Jim Morrison, el lider de The Doors. Morrison está en una tumba de bronce que reproduce su imagen acostada de cúbito dorsal. El material oscurecido por la exposición a la intemperie, tiene sin embargo el protuberante pene lustroso de tantas masturbaciones que se hacen sobre el mismo, de acuerdo a lo que se publica en los avisos clasificados de Le Canard Enchané que promueve ese homenaje participativo.

    Trincomalee, Sri Lanka, 1980, concierto de Ravi Shankar, la cítara y el ron nos embriagan, estoy con Maggie, una chica australiana y con otra pareja, Mónica de Roma y el francés Charlie, con quienes vengo viajando hace una semana. Arena, música, calor, los cuatro nadando desnudos y totalmente maculados, nos quedamos dormidos en la playa. Al amanecer nos despiertan dos policías con bastones largos (idénticos a aquellos con los que me sacaron de la Facultad de Derecho en 1966), era entonces el golpe de estado del inmaculado Onganía.

    Delito contra la moralidad, desnudos en la playa “Horror!, Horror!, Horror!”

    ¿Cárcel o rupee?, ustedes eligen.

    Rupee.

    Poca rupee, “we want more rupee”.

    “No more rupee”.

    “We accept dollar”.

    “Rupee and dollar, terrible crime and Never more, never more, never more”, nos fuimos cantando los versos de “The Raven” de Edgar Allan Poe.

    Hay más penes aún, es febrero, es 1981, voy a caminar los verdes senderos de Galicia, el camino de las estrellas, la ruta Jacobea, el Camino de Santiago.

    Dejo el Midi, pleno de rocas y garrigue, necesito música líquida, la misma que hoy golpea las ventanas de mi casa en San Isidro. Leo en mi bitácora de entonces “Voy a hacer el trabajo en el que me siento más responsable: viajar”. Leo, que tomé el tren en Avignon y fueron pasando Montpellier, Bezieres, Narbonne, Carcassone, Toulouse, Lourdes, Saint Jean de Luz, Hendaye, San Sebastián, Bilbao, entro en Cantabria, Santillana del Mar, Burgos. No ha parado de llover en el país vasco, veo campos y vacas lecheras por todas partes y en Burgos llueve torrencialmente. Salgo de la monumetal Catedral y busco refugio en un taller mecánico. Entre los carteles que anuncian Electricidad, Carburación, hay un pizarrón que dice: “Hoy bacalao al pil pil”. Mesa con mantel de hule, varios parroquianos, obreros de la construcción, tamberos, mecánicos, Bernadette. Comemos, charlamos, bebemos vino de la Rioja. Bernadette que es del Jura, en la frontera con Suiza, va en la misma dirección. Miramos el mapa y decidimos ir hasta León y de allí a Sarría y ahi haremos caminando algo más de 100 Kilóimetros hasta Santiago. Pensamos en 5 días de caminata; Sarría Portmarín 22 Km, de ésta a Palos del Rey 24 Km, de ahí a Arzúa 20 Km, a Rua 19 y de ésta a Santiago, los últimos 21 Km.

    Pienso que si hubiera vivido en los siglos IX a XII, no habría sido un penitente peregrino, sino más bien uno de los pícaros, aventureros, trovadores o goliardos que tan bien ha descripto el Arcipreste de Hita, Juan Ruiz en el Libro del Buen Amor. Tal vez me habría dedicado entonces a leer el destino de los peregrinos haciendo trucos con las barajas españolas de uso abusivo en la época, ya que en el Estatuto de Juan I de 1387 se prohiben con severas penas.

    -Mira Alejo, me instruyó Bernadette, las copas, representan la sensualidad, el amor, la diosa Venus; las espadas, son la ley, la justicia, el derecho; los bastos simbolizan el poder y la voluntad y los oros, la fortuna, el dinero, la estrella de David y la energía.

    Bernadette me informa que cuando lleguemos a la plaza del Obradorio, tenemos que visitar la iglesia de San Fructuoso, donde hay cuatro estatuas que serían representación de las cuatro virtudes cardinales: Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza, pero que mirando con atención -me dice- cada una representa a los respectivops palos de las barajas españolas. Le enseño a jugar al truco y pronto me empezó a engañar y a ganar. Así que convencidos que ‘con pan y vino se hace el camino’, nos ponemos en marcha. Compramos para nuestras mochilas dos conchas de Santiago, que es lo que sirve de divisa al caminante. Pero dije penes, no conchas y aquí vienen.

    Desde León nos fuimos a la Colegiata de San Isidoro, la cumbre del románico español. ¡Qué poder, el de la Iglesia! ¡Qué manera de hacer marketing, qué sistema! ¡Cómo marcó el compás! Después de las tropelías, asaltos, robos, violaciones y muertes que ocurrían en el Camino de Santiago, el Papa Calixto II en el siglo XII, establece la obligación de dar protección, pan, vino, albergue a los peregrinos en los conventos, iglesias y hospitales que abundan. Ese fue el Liber Sancti Jacobi o Codex Calistinus, considerado la primera guía turística de Europa y origen del pasaporte del caminante que aún hoy se entrega a los peregrinos.

    A unos 10 Km de Santiago, nos desviamos para pasar la noche en Labacolla, pequeña población que entonces no tendría más de 60 habitantes y que hoy Wikipedia me informa tiene 168, 95 son mujeres y 73 varones (año 2012) El código establecía que en ese poblado se erigiría el lavaméntula o lavapene, para llegar en estado de pureza corporal al santuario: “Habrán de lavarse todo el cuerpo, pero en especial los testículos y las partes pudendas”, y sí claro, dormimos, comimos lacón con grelos y nos dimos una ducha con especial atención a mi méntula y a su coquille.

    Seguí después para el sur y Bernadette para el norte y nunca más supimos el uno del otro. Modos de vida, maneras de responder a What the hell are we all doing here?

  • AMBOISE (1979) FLORENCIA (1981) BUENOS AIRES (1982)

    Es 1979, recorro la ruta de los castillos del Loire, van pasando Blois, Brissac, Chambord, Chennonseaux. Llego a Amboise, camino el castillo, bajo por la famosa escalera de Francisco I. No sé si la palabra es ‘maravilloso’, creo que me inclino por ‘encantada’. Sí, la zona, los bosques, los castillos me producen encantamientoi, que creo que expresa mejor la sensación de cuentos de hadas, que los castillos me provocan. Sí, claro, las guerras de religión, las luchas por el poder, el campesinado, los soldados, los calabozos, lo de siempre: ¿quién la tiene más larga, ancha y rugosa?

    Entro en Clos Luce a rendir homenaje silencioso y solitario a Leonardo (1452-1519), invitado por Francisco I en 1516. Leonardo cruza los Alpes, supongo que a lomo de mula, con algún ayudante y cargado con sus pliegos, sus proyectos, pinturas, ideas, mecanismos donde hay desde tanques a dirigibles, helicópteros, aviones, y alguno ha imaginado hasta molinillos de pimienta.

    Es diciembre de 1981, regreso por tierra desde Turquía y antes de llegar a Génova, donde me embarcaré después de cuatro años de viajes rumbo al Río de la Plata; esa inmensa alfombra líquida que baña a Buenos Aires. Paramos en Florencia, un magnífico espacio urbano para despedirme de Europa. Estamos en la Plaza de la Señoría después de haber comido en Enoteca Pinchiorri inolvidables langostinos, el famoso estofado toscano que responde al musical nombre de Scottiglia que es un increíble plato campesino y unas tarteletas con mousse de banano de postre. Bebimos acorde al lugar y al acontecimiento.

    Es una noche fría, estrellada. Nos rodean los Medicis, Miguel Ángel, Galileo, Cellini, Donatello, Bandinelli, Maquiavelo, el espíritu del Renacimiento y el recordatorio próximo a la fuente de Neptuno de Bartolomeo Ammannati de que ahí el 23 de mayo de 1498 fue colgado y luego quemado por herejía Savonarola (1452-1498), para que nos sigamos dando cuenta. De pronto miro hacia el cielo y un enorme dirigible plateado, con logo de Air France, avanza con lentitud por sobre el Palazzo Vecchio, por sobre el David, por sobre los tiempos e imagino en su interior a Leonardo guiñándonos un ojo.

    Después sí, el Federico C, el mar eterno, infinito, el olor a Río de la Plata.Encuentros, asados, amigos, jardín, narraciones, aquí estaba nuevamente en la patria, con los escasos cuatro dólares con que llegué que espantaron tanto a mi padre, que murió de un infarto (no por mi exiguo capital, quiero creer) sino el día de la rendición en la guerra por Falkinas.