“En torno a la Messi no se habla ni de política, ni de religión, ni de sexo, sólo se habla de futbol”. Me despierto pensando en el Mundial de futbol. El viernes a la noche me puse de muy mal humor, realmente estaba furioso por como iba el el encuentro entre Cabo Verde y “nosotros” (así fue como lo pensé) y creo que esto último fue parte de mi enojo, de mi malestar. ¿Por qué dije nosotros? Cuando el tiempo reglamentario se agotó y el partido iba 1 a 1, salí de la casa de mi hermana, donde lo había visto. No quise mirar el suplementario, porque suponía que iríamos a penales. Estaba seriamente embroncado, con una bronca desconocida en mí: suelo enojarme por la injusticia, la ignorancia, la impunidad reinante en nuestro país, el desparpajo imperial de Trump, en una sociedad que siempre admiré y que lo sigue votando; también me da entre bronca y vergüenza lo mal hablado que es el Presidente Milei, tanto en su contenido “pedo de buzo”, “ensobrados corruptos hijos de puta” como en sus muletillas “O sea digamos” al inicio de cada nuevo párrafo y peor aún me enfadan sus gestos: su abrazo al hipócrita Adorni en el Salón Blanco de la casa de Gobierno, en momentos de la jura de su sustituto. Me da bronca tener que dar cuatro veces la vuelta a la manzana para poder estacionar cerca de casa en San Isidro y me dan bronca mis equivocaciones, mis errores que a pesar de los años sigo repitiendo. Voté por Milei las tres veces porque soy un liberal de formación y por convicción, creo que el liberalismo es lo que más se aproxima a lo soportable en cualquier gobierno y quise creer que él lo encarnaba; ahora sé que lo es solamente en cuanto al “mercado”; y los ciudadanos, la gente “nosotros” somos mucho más que mercado: eso ha sido lo grandioso del liberalismo donde cada individuo es Rey: la libertad individual frente a la máquina de impedir y controlar que es todo Estado.
Cuando ayer desperté, leo en el diario “La Nación”, en el suplemento “Sábado” “La Gastronomía entró en modo Mundial”; la nota está ilustrada con cuatro fotos de Messi: Messi chocolate, Messi pan, Mess café y Messi en forma de milanesa sobre colchón de papas fritas. Scaloni, Messi y la selección nacional me parecen el mejor ejemplo de lo que nosotros deberíamos ser; y el viernes sentí que perdíamos y no lo pude soportar. Sentí; erroneamente; que perdía una manera de ser y no un partido de futbol. Ese es el malestar. El viernes podría haber manejado las pocas cuadras desde la casa de mi hermana a la mía con los ojos cerrados; ni los perros merodeaban el barrio. El futbol nunca fue pasión en mi; jugué de chico porque me encantaba estar con mis amigos, pero me aburría ver futbol por la tele y no debo haber ido a la cancha más de 20 ó 25 veces en toda mi vida y hoy veo que mujeres, chicos, en fin todos y en todos los países se pintan la cara, se visten con la camiseta, sacan banderas, se disfrazan, todo Pan y Circo como en la Roma Imperial. Por un lado cortina de humo,por el otro sana alegría que estalla y une: suerte de recreo mundial, cada cuatro años.
Ya pasó, creo que la selección argentina me encantaría que nos reflejara totalmente, lamentablemente, creo que como sociedad somos más “O sea digamos”, “no tengo pruebas, no tengo dudas”, “no están muertos, no están vivos, están desaparecidos”, “hay que pasar el invierno”, “cinco por uno no va a quedar ninguno”, “si no se sabe se inventa”, “Chiqui Tapia, Toviggino varios jueces encumbrados”. Todo muy “Grasa”. Hecha mi catarsis me voy hasta el muelle de Pacheco a ver la salida del sol.
