Categoría: Viajes

  • LAS PIRÁMIDES Y LE PYRAMIDE

    Si uno dice las Pirámides inmediatamente ve camellos, árabes envueltos en mantas y turbantes y piensa en Egipto. Aún no he visitado ese rincón del mundo, pero sí en cambio estuve comiendo en Le Pyramide, ese mítico y mágico restaurante de Vienne creado por Fernand Point, que fue el primero en el mundo en recibir tres estrellas de Michelin en 1933. Sí, el mismo año que sus vecinos dejaban de ser una democracia y pasaron a ser dirigidos por una dictadura bajo el mando de Adolfo Hitler y el control del partido Nazi. Un pueblo pleno de música, poesía y filosofía optó por la barbarie. El gas se usó en Le Pyramide para enaltecer la vida y el mismo gas unos kilómetros al este fue usado para degradarla.

    Conocí Le Pyramide en el verano francés de 1980, gracias a una invitación de una querida y muy rica amiga. Comimos en platos de Limoges, bebimos en copas de cristal de Baccarat, cubiertos de plata, impecable mantelería blanca sentados a una mesa al aire libre con el balido y el mujido de ovejas y vacas muy cercanas.

    Le Pyramide, que está, como entonces, en Vienne, pero la calle donde está, hoy lleva el nombre de Fernand Point el maestro cocinero que lo fundó en 1923 y que a partir de 1930 fue un hito gourmand ineludible para reyes, presidentes, escritores y todo lo que hoy se llama “celebrity”, aunque muchos no sean más que ordinarios llenos de plata. Varios ejemplares habitan nuestro país, demasiados son políticos profesionales: son los GRASAS.

    Comimos Foie Grass, probé mi primer poulet de Bresse y recordé que Bresse, había sido el lugar de nacimiento de “Magnum” en 1897, nombre con que lo conocían sus amigos ya que era un gigante de 1,92 m y 165 kilos, pero me enteré que no era por su volumen que así lo llamaban sino porque todos los días el buen hombre se tomaba litro y medio de champagne. Nosotros tomamos una copa, como aperitivo, pedimos un Chateau Lafite Rothschild y después de quesos y postre, nos invitaron con un champagne douce. Conversamos de la omnipresente manteca en la cocina de Magnum, de como Curnonsky lo llamaba “el Racine de los fogones”, de los orígenes gastrosóficos de Point, que le venían por herencia ya que su padre era el concesionario del buffet de la estación ferroviaria de Lohuans y de su aprendizaje en París en “Foyot’s”y bueno de cosas nuestras.

    Pedimos la cuenta y Pauline se levantó para hacer uso del toilette, llegó la cuenta, de un valor importante como la grandiosidad de lo gozado. No intenté ser un caballero antiguo, siempre he sido un adicto a la modernidad. Pauline no se inmutó por la cifra, pero se inquietó por no encontrar su cartera, que al rato la camarera trajo desde el baño donde Pauline la había olvidado. Me acompañó a la estación donde la invité a un café y nos despedimos con el cariño de siempre. El viaje Vienne – Avignon, si mal no recuerdo duraba algo así como dos horas, y entre el champagne y el Lafite dormí un buen rato y entre recuerdo y sueño me acordé del primer cuento que leí de Somerset Maugham (1874 – 1965) “The Luncheon” que me llevó a mis estudios de inglés en el Liceo Británico. En ese cuento, el narrador es un escritor que responde al gesto de una señora en el teatro, se acerca a ella en el intervalo y de pronto recuerda que se habían encontrado por primera y única vez hacía 20 años en París, cuando el alquilaba una habitación en el Barrio Latino y era un joven y novel escritor. Resultó que recibió una carta de ella diciéndole que le había gustado su libro, y ya que estaba de paso por París le encantaría charlar con él y si él la invitaría a “Foyot’s”. El joven escritor se asustó ya que ese restaurante estaba muy por encima de su presupuesto. Lo cierto es que se encuentran; ella era una mujer de 40, el andaba por los 20 y pico. La dama le decía que comía muy poco pero terminó engullendo caviar, salmón, espárragos gigantes, un tentador durazno, helado café y pidió media botella de champagne, el pobre escritor pidió una costilla de cordero, agua y café y pagó la cuenta; dejó una magra propina de 3 francos en una cuenta que llegó a 77 francos y le quedaba todo el mes por delante sin un franco. El cuento termina diciendo algo así como “no soy un hombre vengativo, pero me alegró verla pesando más de 100 kilos” (21 stones, decía el texto) que son 109,956 kilos).

    Al levantarme llegando a Avignon no supe si el sueño me vino por “Foyot’s” donde trabajó Point, por los kilos de la mujer del cuento, del tipo de peso de Point, o porque si hubiera tenido que pagar yo la cuenta, no sé qué hubiera hecho porque tenía 320 francos en la billetera, vivía en el campo trabajando de campesino y albañil y en 1980 no usaba tarjeta de crédito. En fin, ces’t la vie.

  • CURIOSIDADES DE NATURA

    Estoy releyendo “El Deseo de Ser un Volcán”, que es el diario hedonista de Michel Onfray (1959). El último párrafo del Prefacio me trasladó a una mágica experiencia que me ocurrió en Sri Lanka, en ese párrafo, Onfray menciona a la palmera “buri”, también conocida como palmera de Ceilán. Caminaba yo por ese palacio de la naturaleza que es el Jardín Botánico de Kandy, pensando en Macedonio Fernández y en esa idea que él tenía de tirarse de espaldas sobre la tierra y contemplar el cielo y que eso para él era la felicidad y de pronto ante mi una gigantesca corona de flores blancas a una altura de más de 25 metros, ahí desplegada la mayor inflorescencia del mundo, entre 12 y 20.000.000 de minúsculas flores dándome la bienvenida a ese lugar de paz y de gente con una sonrisa envidiable. Ahí estaba la increíble palmera “buri”. Resulta que una vez florecida produce media tonelada de frutos esféricos y después de este esfuerzo sobrepálmico la “buri” queda tan extenuada, que se marchita y poco a poco muere después de haber vivido entre 60 y 80 años para estallar en esta única explosión florida. Contemplaba en silencio la belleza y de pronto una lluvia torrencial de no más de tres minutos me empapó y a los diez siguientes el sol me volvió a secar. Ver florecida a una “buri” es la idea platónica de la belleza, además haber vivido 80 años para ese instante de generosidad gratuita y morirse es el mayor ejemplo de abnegación y desprendimiento que vi. Me dijeron que sus hojas se secan y que las mismas se usan como papel donde se escribe con punzones, las hojas se anillan y se cubren a manera de tapas con maderas, como luego vi en el Museo. Esos sí eran libros de tapa dura. También las hojas se usan para hacer sombrillas o paraguas que en Sri Lanka son ambos necesarios cada 20 minutos, sirven también para techar chozas, hacer esteras, sombreros y abanicos. Pródiga, desinteresada, cumpliendo con el mandato de la naturaleza contemplaba la grandiosidad y la muerte. Me tiré en el pasto como sugería Macedonio, sentí el zumbido de varias abejas y pensé en el zángano que después del apareamiento fallece de inmediato y este hecho me llevó a pensar en el canibalismo sexual de la araña “viuda negra” que luego de recibir los espermatozoides gira y se devora al gestor de sus próximos hijos.

    El diario del hedonista de Onfray me llevó al cielo y al infierno en un istante, vida y muerte, sol brutal, y lluvia torrencial: Naturaleza en estado puro.

  • MES DE SEPTIEMBRE

    Sí, lo obvio llega la primavera, pero más allá de ello es el mes en donde la mayor cantidad de amigos cumplen sus años y van desde los más grandes, dos de ellos 75, otro 61, otra 59, otra 44 y otro 41. Es también el 25 aniversario del criminal ataque a las “Twin Towers” de New York con miles de muertos y lleno de crueldad y malicia y es el cuarto aniversario de la muerte de la Reina Elizabeth II. Los cumpleaños de mis amigos son hechos privados y por tanto los felicitaré privadamente.

    El otro día estuve viendo el re encuentro de algunos sobrevivientes del atentado del 11 de septiembre de 2001 (año en que comenzó el siglo XXI trágicamente), siglo que viene conflictivo, caótico, grosero, con líderes de estados nacionales que avergüenzan, con guerras y malestares sociales de envergadura. Me emocioné con esos encuentros después de tantos años donde el salvador y la víctima se abrazaban y lloraban, acompañado de los impactos de los aviones en las torres que al rato se desplomaron. Dos veces subí a las torres, la última, dos semanas antes del ataque. Vaya en estas líneas mi más sentido dolor por semejante acto.

    Haré también un homenaje a una Reina que marcó toda mi vida, desde mi colegio primario, como coleccionista de estampillas entre los 9 y 12 años, durante mis años dos años de residencia en Gran Bretaña y en imágenes, en diarios, revistas y pantallas: todo un símbolo que siempre respeté.

    Esta nota saldrá mañana en horario más tardío que de costumbre ya que viajo a Córdoba después de dos años y unos meses.

    Es más tarde que de costumbre. Ya estoy en Villa Allende, a unos 18 Km de la capital cordobesa. Por razones económicas por todos conocidas, hacía dos años que no tomaba un avión, habiendo habido años en los que llegué a tomar 17 vuelos. Espero que este septiembre indique un cambio. Me encantó lo que vi de modernización en el Aeroparque de Buenos Aires, el vuelo en un flamante 737 fue placentero, tan sólo 65 minutos, me llamó la atención que sólo estuvo ocupado en un 50 % de su capacidad. Espero que haya sido por el horario de partida 5.30 de la mañana y no por empobrecimiento generalizado de mis compatriotas. Los dejo por hoy.

  • VIAJAR ES INDISPENSABLE, VIVIR NO LO ES

    Los griegos son los que generaron esta idea: es el viaje de Odiseo, es el camino del peregrino, son las caravanas de camellos por cualquier desierto, es la ruta de las especias, es la ruta de la seda, son los vikingos, son los viajes de Colón, de Magallanes y El Cano, de Vasco de Gama, del Capitán Cook es el viaje de los peregrinos a la Meca, a Santiago de Compostela es el periplo de los personajes de Joyce por Dublin y el viaje del propio James Joyce para hacerle decir a la lengua inglesa lo que el quiere hacerle decir hasta que lo consigue en el Finnegans Wake (el final del otra vez del despertar y del morir) razón por la que su novela (si es que es válido el término) comienza en la última página y continúa en la primera, en el más excelente ejemplo de lo que es la dialéctica.

    ¿Qué es el viaje? Por favor no confundir con vacaciones o turismo: todo muy bien, pero eso no es el viaje.

    El viaje es dejar la seguridad de la casa, de lo conocido, de la familia, del barrio, de la cultura, es despojarse de todo, es irse, es el viaje al interior de uno mismo, es el riesgo, la aventura, es meditar más, es amar más, es tal vez padecer más: es crecer. Haberse despojado de todo, abandonar lo no necesario, lo que ya no significa, para abrazar lo que importe y tal vez si uno es capaz de trasmitirlo, de contagiarlo, tal vez comprenda que MENOS ES MÁS, que es lo que hace a la diferencia entre el político y el artista.

  • CARA Y CECA

    En estos casi cuatro años (se cumplen en octubre) que no viajo al exterior debido a cierta anemia en mis ingresos y a un proyecto que no termina de consolidarse económicamente, cuya responsabilidad asumo. Compenso esa parte fundamental de mi vida que suelo sintetizar en “Viajar es indispensable, vivir no lo es”; explorando varios programas en You Tube que me llevan desde los 25 lugares de la Argentina que desafían a la geografía, a la naturaleza de Nueva Zelanda, a los castillos de Gran Bretaña e Irlanda, a los misterios del Caúcaso, a los caminos más peligrosos del mundo, a las casas construidas en los lugares más increíbles, al impenetrable Darién con sus 300 kilómetros de selvas, pantanos, serpientes venenosas, arañas y ranas de mil colores. Todo una maravilla que compone este minúsculo planeta en un infinito universo donde 8.300.000.000 de personas entre quienes estamos vos que estás leyendo y yo que escribo y ambos somos conscientes de nuestra insignificancia, que intentamos compensar haciendo lo que cada uno hace.

    Veo en pantalla muchos de los lugares en los que he vivido o por los que he tenido experiencias inolvidables. No soy hombre de pasado, no tengo nada de melancólico, una de las razones por las que no me gusta el tango, soy de presente y de futuro, soy adicto al “carpe diem” y llevo una mochila que no pesa porque está plena de memoria y vivencias y vacía de postergaciones porque hice siempre lo que quise hacer, a pesar de mis equivocaciones y errores sin preocuparme por la previsión, el seguro de vida y todos esos anclajes que súbitamente una bala perdida, un reguetón de las capas tectónicas que hizo bailar a Venezuela, una erección no lograda de Putin que intenta compensar invadiendo Ucrania, un complejo de inferioridad de Trump que suple llenando de dorado el Salón Oval convencido de que todo lo que brilla es oro, un imperceptible virus que se le escapó al mono que fue mordido por un loro al que un mosquito le clavó el aguijón en su lengua parlanchina, destruyen en unos segundos. Es decir mis materias pendientes son mis proyectos, no guardo ensoñaciones que jamás alcanzan el plano de lo “real”.

    Si embargo tengo un viaje suspendido provocado por no sé que ineficiencias de no sé que asunto en la ciudad de Wuhan en la República Popular de China que me canceló en mayo de 2020 el viaje Buenos Aires, Roma, Nápoles, Isla de Malta, San Petersburgo, tren Transiberiano, Moscú, Vladivostok, Japón, Hong Kong, Roma, Buenos Aires.

    Después está en carpeta el Golden Eagle desde Almaty en Kazajistán, pasando por Jiva, Bujará y Samarcanda en Uzbekistán, Nukus que es la capital de la República Autónoma de Karakalpakistán donde está el Museo Savitsky conocido como el Louvre del Desiereto. Este ferrocarril recorre los viejos caminos de Alejandro Magno, Marco Polo y Genghis Kan, el camino de la memoria, la recuperación del tiempo perdido.

    Claro también está la ceca, ya sabemos, lo de siempre, la pobreza, la ignorancia, el miedo, la superstición, las mezquindades políticas. Lo que acontece desde que inventamos el mundo que tenemos.

    En estos cuatro años de falta de kilómetros, hubo millas de lecturas, ya es hora de volver al sistema métrico decimal y que la moneda que está en el aire caiga otra vez en “cara”.

  • CIUDADES Y LIBROS

    Las ciudades son como los buenos libros, hay que dejarse llevar, seguir su ritmo vital. Sucede lo mismo con las personas, las mejores son aquellas que nos dejan ser. Es por esto que detesto a sumos pontífices, políticos, al estado en general.

    El poder dirige,conduce, condena, destruye.

    El placer deja ser a cada uno lo que es, y lo que es, lo que aparece, es la verdad, solían decir los griegos cuando pusiereon los cimientos de lo que llamamos Occidente.

    El lenguaje -para que no sea fascista- también debe fluir como un río. Cuando Heráclito pensó aquello de “No te bañarás dos veces en el mismo río”, pensó en el logos. Hay escritores que siempre nos hacen entrar en el mismo río, que además trae aguas contaminadas. Hay que escribir un sólo libro que permita que el lector entre en él, como en el río de Heráclito.

    Escribir ha sido para mi, un imperativo categórico, al mejor estilo Kant. No ha sido hasta ahora una realidad; esto para algunos es una frustración; para mi ha sido tan sólo esperar el momento adecuado. Para escribir hay que sentir el río (el logos); con sus formas: turbulencia, meandros, profundidad, tormentas y quietud de las aguas.

    Para escribir hay que decir, no acumular oraciones, por más bien construidas que estén.

    Este apunte comenzó en New York, en uno de los tantos viajes a Gotham. Para mi New York es un río, es un logos.

    En estos próximos días les presentaré un paseo comparativo entre BA, nuestra capital y BA, la gran manzana, que aparece en mi bitácora del año 2008.

  • JOYCELAND

    Para mi viajar es una aventura personal. Amo viajar solo.

    He viajado con amigos y ha sido muy bueno y muchas veces excelente; pero viajar solo es otra cosa, es como volar, pero no en avión de línea, sino en planeador: es uno siendo lo más parecido a ser un pájaro. Los seis meses entre Sri Lanka, India, Nepal, culturas que tienen diferencias con la nuestra, fueron una aventura, cuyas imágenes se reiteran sobre todo en sueños muchas veces incomprensibles. Viajar solo es una metáfora de la vida y la muerte; a cada instante se suceden personas con quienes se comparten caminatas, comidas, conversaciones, acontecimientos y, a veces, la cama y luego cada uno sube a su propio planeador y desaparece entre nubes, que suelen regresar mirando el fuego o en los crípticos sueños mencionados.

    El viaje a Mongolia y a China fue en compañía de un querido matrimonio con quienes, entre otras muchas aventuras cabalgamos hacia Tsagaannuur, por la infinita estepa de Gengis Kan hasta un campamento de criadores de reno y fue muy bueno haberlo hecho acompañado.

    En cambio el viaje a Joyceland en 2006, era imperioso para mi, hacerlo solo: fue una suerte de conversación silenciosa con James Joyce que hizo de Irlanda su espejo y de Dublin un personaje que me permitió jugar con Joyceness, Beckettness, Dubliness, Burgessness , Borgesness y un saciar la sed con Guiness, que hizo un fabuloso y mágico contrato con la ciudad de 9.000 años de duración por el uso de la tierra y el agua y que produce 3 millones de pintas por día, cosa que se ve en las calles a la salida de muchos bares y pubs donde a las dos horas de andar me topé con tres parejas a los gritos entre sí y una de ellas con pelirroja dama munida de bate de beisbol corriendo a “su” hombre. (Supongo que para firmar el contrato por 9.000 años lo deben haber puesto en pedo al intendente, o pidieron ayuda a las hadas).

    El Temple Bar, en Temple Street, la David Byrne’s Tavern en Duke Street donde al igual que Leopold Bloom pedí un sandwich de Gorgonzola y tomé un vino de Borgoña, aunque no pude con mi tradición y pedí luego otro de chorizo y una copa de malbec mendocino. The Bailley, Mulligans, el Oval Bar, el 7 de Eccless Street donde hoy hay un sanatorio, pero donde tendría que haber un gigantesco “Ulises” como monumental homenaje a J J, Trinity College, al que no concurrió James porque era un centro protestante, pero en cuyo campus, creo recordar, transcurren episodios de la novela. Joyce asistió, en cambio a University College, Dublin. En mi bitácora de entonces anoté “Trinity College Notes”: a) en el 527 aparece la denominación Anno Domine (AD) introducida por Dionisio el Exiguo; b)En el 800 Book of Kells, el que tiene los cuatro Evangelios,(alfabeto Ongham). c) Año 1155, el Papa Adriano IV, el único inglés en la historia del papado, Nicholas Breakspeare , quien le garantiza al rey Henry II de Inglaterra la posesión de Irlanda. Juego con Shake – spear (sacude la lanza) Break – Spear (rompe la lanza) Arse – Spear (sí metetela ahi). Es que Joyce te contagia, ya lo dije en otros artículos para mi la literatura es AJJ y DJJ.

    Luego en Sandycove la visita a la Martello Tower, una serie de torres defensivas construídas por los británicos en 1804 como protección a la posible invasión napoleónica donde vivió James Joyce en 1904 junto a sus amigos Samuel Chenevix Trench y Oliver St. John Gogarty donde Trench tiene una pesadilla con una pantera, saca un revolver y le tira a su ensoñación y vuelve a dormirse; al rato Trench vuelve a gritar por el ataque de la pantera y entonces Oliver toma la pistola y tira contra los objetos cerca de la cama de Joyce, que despierta, se viste apurado y sale en dirección a Dublin bajo una intensa lluvia. Esto fue lo que le sirvió a Joyce para el primer capítulo del “Ulises”, Trench será en la ficción Haines, el inglés (que con el tiempo se pegará un tiro, ya no en la ficción), Oliver St. John Gogarty será Buck Mulligan y JJ será Stephen Dedalus”, bueno lean el “Ulises” carajo, ya que no me leen a mi. Viajé unos 50 km al Meath County en el valle del Boyne, casi al corazón de las hadas hasta ese cúmulo verde de más de 5000 años, enorme con paredes de piedra donde hay espirales labradas y ese agujero en el techo por donde en el solsticio de invierno, el 21 de diciembre, el día más corto del año penetra preciso un rayo de sol como si fuera una flecha que da en el centro del edificio y mágicamente eso me llevó a la Pirámide del Adivino en Uxmal, Yucatán donde los mayas han hecho lo mismo, que no sé que significa, pero a los expertos les parece importante resaltar y que a mí me recuerda a esas pinturas donde entra un rayo de sol por una grieta y adentro de la caverna hay un monje rezando y es Dios quien se le aparece y que si uno entra en Google en Misterios del Mundo Antiguo Relacionados con la Astronomía uno sospecha, que es verdad que hay uno o más universos paralelos y es el Finnegans Wake, el fin del nuevamente del despertar y del morir, que no sólo recorre la mágica historia de la isla donde casi todos aceptan esta idea y entre las fortalezas laberínticas, los más de 30.000 castillos, los bosques, las cuevas, los acantilados de éste país de ensueño donde la cultura celta vive gracias a que Roma nunca cruzó el mar desde Bretaña y el cristianismo llegó recién en el siglo V con el obispo Patricio, devenido santo creador del símbolo que identifica a Irlanda con el trébol de tres hojas que utilizó para explicar la Trinidad.

    Se me acaba de ocurrir el famoso y poco usual trébol de 4 hojas ¿será el demonio, sin el cual Dios parece no poder vivir?

  • EN LA GRATA COMPAÑÍA DE ANIMALES

    Soy un hombre urbano, y de urbes grandes. He vivido toda mi vida en la bella Buenos Aires y dos años en la bella Londres, pero dos años en el campo en una población donde yo fui el noveno habitante. Ni en Buenos Aires ni en Londres viví en el centro de las respectivas capitales, en la nuestra en La Lucila y en San Isidro a 25 kilómetros del centro, en Londres, en South Kensington, digamos Belgrano con respecto al centro porteño.

    La compañía animal fue precisamente en el sur de Francia, en Provence, departamento del Gard, municipio de Lussan, aldea Saussine, al pie del Mont Bouquet a 15 kilómetros de Uzes; primer ducado de Francia; a 30 kilómetros de Nimes; a 60 de Avignon, en una casa de 1826 donde en un tiempo se cultivaron gusanos de seda para proveer a las hilanderías de Lyon. En esa escasez humana hubo muchos compañeros animales “Moustache” un gato macho blanco y negro, muy bien plantado, su señora “La Negra” a los que incorporé un pequeñito que rescatamos al que llamamos “Enano Blanco” por su tamaño y color. Había también un perro lanudo del vecino, un pastor belga, buen custodio y ladrador y otro perro inexistente que dejo para el final. La casa era de piedra, con grandes galpones, enorme chimenea, terraza y una gran parte que estábamos reconstruyendo, la propiedad tenía un terreno de 1 ha, un pequeño camposanto con tres tumbas y dos enormes cipreses como marcando el límite entre los vivos y los muertos. Teníamos gallinas ponedoras de grandes y sustanciosos huevos, que un día fueron atacadas por un zorro ladino que cometió un genocidio, dejando un gallo herido y una gallina renga, de un lote de 40.

    Mi habitación daba a un recodo del camino de tierra que llevaba al Puech, un pueblo abandonado a menos de un kilómetro, sobre una loma. Por ese camino todos los días a las 6 de la mañana, pasaba el pastor con sus ovejas, una de las cuales, la oveja madrina hacía sonar su campana, que obviamente me despertaba.

    Golondrinas y Jabalíes eran visitantes ocasionales, las golondrinas anidaban en los gruesos listones que soportaban uno de los galpones y anunciaban la llegada de la primavera. Los jabalíes venían desde Alemania, cruzaban toda Francia y los que eludían a los ávidos cazadores, terminaban cazados en España. Una vez encontré a una cría caminando a sus anchas por la pequeña terraza donde comíamos en verano.

    Una familia encantadora, huyendo de París con sus dos hijos pequeños, se instaló fuera de nuestra aldea en la base del Mont Bouquet, donde compraron un antiguo establo que remodelaron con gusto exquisito y un día nos invitaron a almorzar y fue donde me encontré en un estante de su cocina con la primera jarra de pingüino, fuera de la Argentina, blanca, panzona, bella y gratamente sorprendido exclamé “Un Penguin Argentin!” y fui rápidamente corregido por el burgués campesino, que dijo conocer nuestra afición nacional de llenarlo de vino común para servirlo en cantinas, bodegones y parrillas, pero que debía informarme que eran de orígen francés y su uso se remontaba a 1860, por una cuestión de salubridad e higiene, que no voy a detallar en esta nota ya que le hemos dedicado un libro bellamente ilustrado con fotografías de Joaquín Martínez Herrera y texto de quien esto escribe, y al libro los remito. Sí en cambio voy a contar la historia del perro inexistente.

    No bien llegado a Saussine, me invitaron a comer los Chiesa, padre e hijo argentinos y me quedé con ellos dos años. Resultó que un día Don Nerón (el padre) y Norberto (el hijo) partieron a Londres por 15 días y quedé yo sólo en la inmensidad del campo, en el sonoro silencio de una inmensa casa de 1826 que albergaba fantasmas, chisporroteos del enorme hogar donde asabamos, pollos, cerdos, jabalíes y asados argentinos y que además era la calefacción en los crudos inviernos. Yo había llevado a arreglar la furgoneta Renault 4 al mecánico en Alés distante unos 25 kilómetros de casa y habíamos quedado que me la traería alrededor de las 7 de la tarde que en pleno invierno es noche cerrada, y que luego yo lo llevaría nuevamente a Alés. Llegó a las 9 de la noche mientras yo estaba comiendo, lo invité con vino, que aceptó con gusto y charlamos, yo, entonces con mi paupérrimo francés de tan sólo un mes de estar allí. Charla de “bueyes perdidos”, hasta que me hace la pregunta por cómo estaba el padre “Et le per de Chiesa, il va bien ?” Tan malo era mi francés entonces que yo traduje “per” por “perro”, que obviamente se dice “chien” y mi respuesta fue contundente y de terror. Le conté lo que había sucedido con el perro inexistente. Le dije “No, no va nada bien, atacaba a las gallinas y entonces para curarlo lo metimos en una bolsa de arpillera con un a gallina adentro, lo revoleamos varias veces por el aire que es la manera de curar a los “per” y quedó el pobre tan traumado que huyó y no lo vimos nunca más”.

    La cara de terror del mecánico y el silencio sepulcral que siguió a mi confusión, hizo que yo apurara la partida ya que no entendía el drástico cambio de conducta. Para colmo empezó a llover con una fuerza como no había visto antes en el Midi francés. A mitad camino, de pronto me dí cuenta y le pedí mil disculpas, le expliqué mi situacioón con el idioma y le dije que el “per” estaba en Londres paseando y que volvería pronto. Se puso muy contento, me dio un abrazo al despedirnos y me dijo, que por un momento pensó que los argentinos éramos un pueblo de salvajes que no nos bastaba hacer desaparecer gente en nuestro país sino que también lo hacíamos en Francia. El golpeteo de la lluvia sobre la chapa de la furgoneta me pareció un aplauso de la naturaleza a esta curiosa historia. Una recomendación final; no es conveniente invitarme a comer, suelo quedarme dos años.

  • VIAJAMOS PARA CONOCER (NOS)

    Me gustan las ideas que amplían el horizonte, las que nos permiten ver más, que dignifican la condición humana. Desde que lo leí por primera vez me encantó ese concepto de los griegos, tal vez dicho por Virgilio, pero en última instancia representativo del espíritu de ese pueblo de navegantes, que dice “Viajar es indispensable, vivir no lo es”. No hay monos en la Antártida, no hay pingüinos en el desierto de Gobi. Nuestro territorio, en cambio, es toda la tierra, ya hemos caminado la luna y estamos recorriendo el espacio.

    Viajar es de-construirnos para construirnos; cuando dejamos el hogar, cuando nos vamos, cuando nos permitimos ser extranjeros, nos vamos construyendo, crecemos. Es cuando hacemos carne aquello de Parménides (también griego):”El centro está en todas partes, la circunferencia en ninguna”, que luego repetirá Pascal y que leí por primera vez en Borges. Viajar es irnos al exterior, para consolidar nuestro interior, para conocernos desde otro punto de vista, para reflejarnos en otro espejo; para ver cada día más. En el siglo III antes de la era cristiana, Aristóteles (384 – 322) educaba a Alejandro de Macedonia (353 – 323) (obvio, griegos también) y le comenta que paseando por Atenas huele en los puestos de venta de comidas, aromas desconocidos y escucha idiomas que no comprende y al ascender al Acrópolis, observa que el centenario Partenón ordenado por Pericles y diseñado por Ictio, Calícrates y Fidias para honrar a Palas Atenea era usado por foráneos para pernoctar y poner a secar sus ropas. Alejandro entiende que si todo el mundo quiere estar en Atenas, él hará del mundo una Gran Grecia y sale a conquistarlo; esta expansión del universo griego se conoce como Helenismo y surgen , en consecuencia Pérgamo, Rodas, Alejandría como centros culturales que luego competirán con Atenas, docenas de ciudades serán llamadas Alejandría para honrar al civilizador (primer intento de globalización). Siempre es bueno releer al Pseudo Calístenes, quien unos 500 años después de la muerte de Alejandro escribe “Vida y Hazañas de Alejandro de Macedonia”. No sabemos muy bien quien fue Calístenes ¿pariente lejano de Aristóteles, tal vez, filósofo menor por eso lo de pseudo -el que pudo ser, el que tal vez haya sido-; creo que todos deberíamos ser el “pseudo” hasta conocernos, hasta decidir quien queremos ser y una manera riesgosa, curiosa, aventurera, maravillosa de saberlo es viajar, por eso es indispensable.

    Odiseo (Ulises) regresa de su viaje. El que se fue necesita narrar, necesita reflejarse en su anterior espejo y contar lo que vio del otro lado del mar: por eso es necesario viajar, porque vivir es también habitar el lenguaje, encontrar nuestra palabra, construirnos, hacernos. Poeta es palabra de origen griego y se tradujo como Hacedor, poeta deriva de poieo (hacer, en griego) por eso Borges en 1960 escribe “El Hacedor” que se tradujo perfectamente al inglés como “The Maker”: Make yourself greater: travel.

  • EL CAPÍTULO QUE FALTÓ

    Alguna vez lo escuché decir a Axel Sellars algo así como que “la biografía es la verdad de una mentira”; no recuerdo en qué circunstancias; ya ven los memoriosos tenemos olvidos. Pues me falta un capítulo para esta suerte de biografía de viajador. Me faltan varios más por cumplir en los próximos 10 años por viajar.

    Ocurrió en Goa, tierra de mi abuelo paterno, la ex colonia portuguesa, donde me fascinaba encontrar comercios cuyas firmas eran, Ananda da Fonseca, Jalil Gonsalvez da Cunha, Mohamed Frango y otras lindezas por el estilo del sincretismo de ese mundo colonial; un peronista diría “contundente ejemplo del contubernio oligárquico imperialista”. Me había encontrado con Guy, un canadiense muy atlético de 25 años, campeón de basquet de la Universidad de Ottawa, rubio de pelo largo, que se había hecho hacer unas rastas, fanático de Bob Marley y Peter Tosh, muy buen músico y excelente bailarín, bisexual que un día, muy civilizadamente me propuso acostarnos, propuesta que con amabilidad rechacé, pero que como tantas cosas novedosas, quedó ahí picando en algún pliegue de mi memoria y esa cosa mezcla de curiosidad, vergüenza, temor y deseo.

    La noche, como todas las de Goa, era intensa por el calor y por una variedad de sonidos de aves, monos, insectos, gente que deambula, fuegos en las playas. Habíamos acompañado a los hijos del dueño de la posada donde nos alojábamos, a una pesca, para mi novedosa, que se hace internándose en el mar en un bote con casco de vidrio al que se le acerca un reflector alimentado por una batería casera y se ve el fondo del mar y la vastedad de peces que deambulan por el Índico, en una suerte de peregrinación submarina multicolor que nos atraía y nos asustaba al mismo tiempo. La noche no tenía luna y era de una oscuridad sólo interrumpida por los rayos del reflector y alguna fogata que veíamos en la costa y nos dejaba ver el perfil de un monte de palmeras danzarinas.

    En un instante algo muy extraño sucedió, que aún no termino de entender. Nuestro bote golpeó o fue embestido por un pez voluminoso cuya cola inmensa fugazmente iluminada por el reflector, desapareció una vez que el bote se inclinara y arrojara batería, reflector y a nosotros cuatro a las templadas aguas del Océano Índico.

    Si hay algo a lo que le temo es al mar de noche. Esa masa negra que tantas líneas poéticas ha inspirado a lo largo del tiempo, es para mí incomprensible. La inmensidad sin límite y lo que esconden sus aguas me provoca una especie de vacío existencial, me inmoviliza, me turba, me incomoda, me hace sentir la nada, la muerte, el silencio, la insignificancia de todo. Estar chapoteando a ciegas, pero sabiendo que una bestia desconocida estaba agazapada en la oscuridad, tal vez herida por el golpe, quizás sedienta por vengarse de aquellos que habíamos vulnerado su habitat, me enfrentaba a una situación cercana a la muerte que me era desconocida hasta entonces. Gritos de los muchachos indios me guiaron a lo que al rato fueron los brazos que me ayudaron a trepar al bote. Fuí el último en subir y ahí estaba Guy, acostado boca arriba y temblando. Con el endeble haz de una linterna a punto de quedarse sin pilas, vi el bello rostro de Guy con un tono violáceo preocupante e intenté reavivarlo ya que no respondía a las palabras y palmadas que le dimos en el rostro, me monté sobre él, presioné su pecho de atleta y largó agua y espuma salada por la boca a la que me acerqué para darle aire, como me habían enseñado en la Cruz Roja.

    Guy no respondía, se estaba muriendo ahí en un escenario que media hora antes era una aventura a ser narrada en la bitácora del viaje a la India. Hice un esfuerzo enorme, golpéndole el pecho y llorando, le gritaba a Guy para que me escuchara, pero también le gritaba al universo, “No te podés morir hijo de puta”, y le pegaba y presionaba contra su pecho desnudo y volvía a su boca salada una y otra vez intentando reanimarlo hasta que al fín un borbotón interminable de agua salió de su interior y supimos que Guy seguía vivo.

    Al llegar a la playa, lo llevamos entre los tres y nos abrazamos, cuando el médico que lo asistió, nos dijo que estaba fuera de peligro y que podría seguir jugando al basquet hasta cuando quisiera. Unos días después los indios siguieron haciendo lo suyo, Guy y yo nos despedimos y seguimos en contacto epistolar durante años, hasta que un día me llegó la noticia que Guy había muerto en un accidente de auto en Alaska. Lloré tanto ese día, como había llorado en aquel bote de vidrio. Siempre me pregunté, si aquella noche tan extraña, mientras trataba de darle aire montado sobre su pecho, no lo estaba besando en la boca intensamente, si no sentí, o si no me permití sentir, algo más que estaba sucediendo en mí. Eran tiempos en que no se podía “ser” homosexual y yo no pude transgredir ese tabú. Muchas veces he retornado a esa escena, y en los tiempos que corren de plena libertad, admiro el amplio horizonte que hoy tiene la nueva generación. En charlas con Exequiel, un amigo que vive con intensidad una sexualidad universal, he sentido envidia (y la envidia nunca es sana). De tener hoy, la edad que tenía entonces en Goa, me sumergiría en todas las aguas. El tren hay que tomarlo cuando pasa, de eso sé bastante, a ese lo perdí. Sería infame de mi parte negarlo, sería aún peor pues respondería a la perfección a la segunda acepción del vocablo “jesuita” del Diccionario de la Real Academia Española,2. Jesuita: hipócrita, taimado , simulador.

    Este capítulo que faltó, no es una falta en mis escritos, faltó en la bitácora de India, faltó en mi vida.