Categoría: Viajes

  • VIAJAR ES INDISPENSABLE, VIVIR NO LO ES

    Los griegos son los que generaron esta idea: es el viaje de Odiseo, es el camino del peregrino, son las caravanas de camellos por cualquier desierto, es la ruta de las especias, es la ruta de la seda, son los vikingos, son los viajes de Colón, de Magallanes y El Cano, de Vasco de Gama, del Capitán Cook es el viaje de los peregrinos a la Meca, a Santiago de Compostela es el periplo de los personajes de Joyce por Dublin y el viaje del propio James Joyce para hacerle decir a la lengua inglesa lo que el quiere hacerle decir hasta que lo consigue en el Finnegans Wake (el final del otra vez del despertar y del morir) razón por la que su novela (si es que es válido el término) comienza en la última página y continúa en la primera, en el más excelente ejemplo de lo que es la dialéctica.

    ¿Qué es el viaje? Por favor no confundir con vacaciones o turismo: todo muy bien, pero eso no es el viaje.

    El viaje es dejar la seguridad de la casa, de lo conocido, de la familia, del barrio, de la cultura, es despojarse de todo, es irse, es el viaje al interior de uno mismo, es el riesgo, la aventura, es meditar más, es amar más, es tal vez padecer más: es crecer. Haberse despojado de todo, abandonar lo no necesario, lo que ya no significa, para abrazar lo que importe y tal vez si uno es capaz de trasmitirlo, de contagiarlo, tal vez comprenda que MENOS ES MÁS, que es lo que hace a la diferencia entre el político y el artista.

  • CARA Y CECA

    En estos casi cuatro años (se cumplen en octubre) que no viajo al exterior debido a cierta anemia en mis ingresos y a un proyecto que no termina de consolidarse económicamente, cuya responsabilidad asumo. Compenso esa parte fundamental de mi vida que suelo sintetizar en “Viajar es indispensable, vivir no lo es”; explorando varios programas en You Tube que me llevan desde los 25 lugares de la Argentina que desafían a la geografía, a la naturaleza de Nueva Zelanda, a los castillos de Gran Bretaña e Irlanda, a los misterios del Caúcaso, a los caminos más peligrosos del mundo, a las casas construidas en los lugares más increíbles, al impenetrable Darién con sus 300 kilómetros de selvas, pantanos, serpientes venenosas, arañas y ranas de mil colores. Todo una maravilla que compone este minúsculo planeta en un infinito universo donde 8.300.000.000 de personas entre quienes estamos vos que estás leyendo y yo que escribo y ambos somos conscientes de nuestra insignificancia, que intentamos compensar haciendo lo que cada uno hace.

    Veo en pantalla muchos de los lugares en los que he vivido o por los que he tenido experiencias inolvidables. No soy hombre de pasado, no tengo nada de melancólico, una de las razones por las que no me gusta el tango, soy de presente y de futuro, soy adicto al “carpe diem” y llevo una mochila que no pesa porque está plena de memoria y vivencias y vacía de postergaciones porque hice siempre lo que quise hacer, a pesar de mis equivocaciones y errores sin preocuparme por la previsión, el seguro de vida y todos esos anclajes que súbitamente una bala perdida, un reguetón de las capas tectónicas que hizo bailar a Venezuela, una erección no lograda de Putin que intenta compensar invadiendo Ucrania, un complejo de inferioridad de Trump que suple llenando de dorado el Salón Oval convencido de que todo lo que brilla es oro, un imperceptible virus que se le escapó al mono que fue mordido por un loro al que un mosquito le clavó el aguijón en su lengua parlanchina, destruyen en unos segundos. Es decir mis materias pendientes son mis proyectos, no guardo ensoñaciones que jamás alcanzan el plano de lo “real”.

    Si embargo tengo un viaje suspendido provocado por no sé que ineficiencias de no sé que asunto en la ciudad de Wuhan en la República Popular de China que me canceló en mayo de 2020 el viaje Buenos Aires, Roma, Nápoles, Isla de Malta, San Petersburgo, tren Transiberiano, Moscú, Vladivostok, Japón, Hong Kong, Roma, Buenos Aires.

    Después está en carpeta el Golden Eagle desde Almaty en Kazajistán, pasando por Jiva, Bujará y Samarcanda en Uzbekistán, Nukus que es la capital de la República Autónoma de Karakalpakistán donde está el Museo Savitsky conocido como el Louvre del Desiereto. Este ferrocarril recorre los viejos caminos de Alejandro Magno, Marco Polo y Genghis Kan, el camino de la memoria, la recuperación del tiempo perdido.

    Claro también está la ceca, ya sabemos, lo de siempre, la pobreza, la ignorancia, el miedo, la superstición, las mezquindades políticas. Lo que acontece desde que inventamos el mundo que tenemos.

    En estos cuatro años de falta de kilómetros, hubo millas de lecturas, ya es hora de volver al sistema métrico decimal y que la moneda que está en el aire caiga otra vez en “cara”.

  • CIUDADES Y LIBROS

    Las ciudades son como los buenos libros, hay que dejarse llevar, seguir su ritmo vital. Sucede lo mismo con las personas, las mejores son aquellas que nos dejan ser. Es por esto que detesto a sumos pontífices, políticos, al estado en general.

    El poder dirige,conduce, condena, destruye.

    El placer deja ser a cada uno lo que es, y lo que es, lo que aparece, es la verdad, solían decir los griegos cuando pusiereon los cimientos de lo que llamamos Occidente.

    El lenguaje -para que no sea fascista- también debe fluir como un río. Cuando Heráclito pensó aquello de “No te bañarás dos veces en el mismo río”, pensó en el logos. Hay escritores que siempre nos hacen entrar en el mismo río, que además trae aguas contaminadas. Hay que escribir un sólo libro que permita que el lector entre en él, como en el río de Heráclito.

    Escribir ha sido para mi, un imperativo categórico, al mejor estilo Kant. No ha sido hasta ahora una realidad; esto para algunos es una frustración; para mi ha sido tan sólo esperar el momento adecuado. Para escribir hay que sentir el río (el logos); con sus formas: turbulencia, meandros, profundidad, tormentas y quietud de las aguas.

    Para escribir hay que decir, no acumular oraciones, por más bien construidas que estén.

    Este apunte comenzó en New York, en uno de los tantos viajes a Gotham. Para mi New York es un río, es un logos.

    En estos próximos días les presentaré un paseo comparativo entre BA, nuestra capital y BA, la gran manzana, que aparece en mi bitácora del año 2008.

  • JOYCELAND

    Para mi viajar es una aventura personal. Amo viajar solo.

    He viajado con amigos y ha sido muy bueno y muchas veces excelente; pero viajar solo es otra cosa, es como volar, pero no en avión de línea, sino en planeador: es uno siendo lo más parecido a ser un pájaro. Los seis meses entre Sri Lanka, India, Nepal, culturas que tienen diferencias con la nuestra, fueron una aventura, cuyas imágenes se reiteran sobre todo en sueños muchas veces incomprensibles. Viajar solo es una metáfora de la vida y la muerte; a cada instante se suceden personas con quienes se comparten caminatas, comidas, conversaciones, acontecimientos y, a veces, la cama y luego cada uno sube a su propio planeador y desaparece entre nubes, que suelen regresar mirando el fuego o en los crípticos sueños mencionados.

    El viaje a Mongolia y a China fue en compañía de un querido matrimonio con quienes, entre otras muchas aventuras cabalgamos hacia Tsagaannuur, por la infinita estepa de Gengis Kan hasta un campamento de criadores de reno y fue muy bueno haberlo hecho acompañado.

    En cambio el viaje a Joyceland en 2006, era imperioso para mi, hacerlo solo: fue una suerte de conversación silenciosa con James Joyce que hizo de Irlanda su espejo y de Dublin un personaje que me permitió jugar con Joyceness, Beckettness, Dubliness, Burgessness , Borgesness y un saciar la sed con Guiness, que hizo un fabuloso y mágico contrato con la ciudad de 9.000 años de duración por el uso de la tierra y el agua y que produce 3 millones de pintas por día, cosa que se ve en las calles a la salida de muchos bares y pubs donde a las dos horas de andar me topé con tres parejas a los gritos entre sí y una de ellas con pelirroja dama munida de bate de beisbol corriendo a “su” hombre. (Supongo que para firmar el contrato por 9.000 años lo deben haber puesto en pedo al intendente, o pidieron ayuda a las hadas).

    El Temple Bar, en Temple Street, la David Byrne’s Tavern en Duke Street donde al igual que Leopold Bloom pedí un sandwich de Gorgonzola y tomé un vino de Borgoña, aunque no pude con mi tradición y pedí luego otro de chorizo y una copa de malbec mendocino. The Bailley, Mulligans, el Oval Bar, el 7 de Eccless Street donde hoy hay un sanatorio, pero donde tendría que haber un gigantesco “Ulises” como monumental homenaje a J J, Trinity College, al que no concurrió James porque era un centro protestante, pero en cuyo campus, creo recordar, transcurren episodios de la novela. Joyce asistió, en cambio a University College, Dublin. En mi bitácora de entonces anoté “Trinity College Notes”: a) en el 527 aparece la denominación Anno Domine (AD) introducida por Dionisio el Exiguo; b)En el 800 Book of Kells, el que tiene los cuatro Evangelios,(alfabeto Ongham). c) Año 1155, el Papa Adriano IV, el único inglés en la historia del papado, Nicholas Breakspeare , quien le garantiza al rey Henry II de Inglaterra la posesión de Irlanda. Juego con Shake – spear (sacude la lanza) Break – Spear (rompe la lanza) Arse – Spear (sí metetela ahi). Es que Joyce te contagia, ya lo dije en otros artículos para mi la literatura es AJJ y DJJ.

    Luego en Sandycove la visita a la Martello Tower, una serie de torres defensivas construídas por los británicos en 1804 como protección a la posible invasión napoleónica donde vivió James Joyce en 1904 junto a sus amigos Samuel Chenevix Trench y Oliver St. John Gogarty donde Trench tiene una pesadilla con una pantera, saca un revolver y le tira a su ensoñación y vuelve a dormirse; al rato Trench vuelve a gritar por el ataque de la pantera y entonces Oliver toma la pistola y tira contra los objetos cerca de la cama de Joyce, que despierta, se viste apurado y sale en dirección a Dublin bajo una intensa lluvia. Esto fue lo que le sirvió a Joyce para el primer capítulo del “Ulises”, Trench será en la ficción Haines, el inglés (que con el tiempo se pegará un tiro, ya no en la ficción), Oliver St. John Gogarty será Buck Mulligan y JJ será Stephen Dedalus”, bueno lean el “Ulises” carajo, ya que no me leen a mi. Viajé unos 50 km al Meath County en el valle del Boyne, casi al corazón de las hadas hasta ese cúmulo verde de más de 5000 años, enorme con paredes de piedra donde hay espirales labradas y ese agujero en el techo por donde en el solsticio de invierno, el 21 de diciembre, el día más corto del año penetra preciso un rayo de sol como si fuera una flecha que da en el centro del edificio y mágicamente eso me llevó a la Pirámide del Adivino en Uxmal, Yucatán donde los mayas han hecho lo mismo, que no sé que significa, pero a los expertos les parece importante resaltar y que a mí me recuerda a esas pinturas donde entra un rayo de sol por una grieta y adentro de la caverna hay un monje rezando y es Dios quien se le aparece y que si uno entra en Google en Misterios del Mundo Antiguo Relacionados con la Astronomía uno sospecha, que es verdad que hay uno o más universos paralelos y es el Finnegans Wake, el fin del nuevamente del despertar y del morir, que no sólo recorre la mágica historia de la isla donde casi todos aceptan esta idea y entre las fortalezas laberínticas, los más de 30.000 castillos, los bosques, las cuevas, los acantilados de éste país de ensueño donde la cultura celta vive gracias a que Roma nunca cruzó el mar desde Bretaña y el cristianismo llegó recién en el siglo V con el obispo Patricio, devenido santo creador del símbolo que identifica a Irlanda con el trébol de tres hojas que utilizó para explicar la Trinidad.

    Se me acaba de ocurrir el famoso y poco usual trébol de 4 hojas ¿será el demonio, sin el cual Dios parece no poder vivir?

  • EN LA GRATA COMPAÑÍA DE ANIMALES

    Soy un hombre urbano, y de urbes grandes. He vivido toda mi vida en la bella Buenos Aires y dos años en la bella Londres, pero dos años en el campo en una población donde yo fui el noveno habitante. Ni en Buenos Aires ni en Londres viví en el centro de las respectivas capitales, en la nuestra en La Lucila y en San Isidro a 25 kilómetros del centro, en Londres, en South Kensington, digamos Belgrano con respecto al centro porteño.

    La compañía animal fue precisamente en el sur de Francia, en Provence, departamento del Gard, municipio de Lussan, aldea Saussine, al pie del Mont Bouquet a 15 kilómetros de Uzes; primer ducado de Francia; a 30 kilómetros de Nimes; a 60 de Avignon, en una casa de 1826 donde en un tiempo se cultivaron gusanos de seda para proveer a las hilanderías de Lyon. En esa escasez humana hubo muchos compañeros animales “Moustache” un gato macho blanco y negro, muy bien plantado, su señora “La Negra” a los que incorporé un pequeñito que rescatamos al que llamamos “Enano Blanco” por su tamaño y color. Había también un perro lanudo del vecino, un pastor belga, buen custodio y ladrador y otro perro inexistente que dejo para el final. La casa era de piedra, con grandes galpones, enorme chimenea, terraza y una gran parte que estábamos reconstruyendo, la propiedad tenía un terreno de 1 ha, un pequeño camposanto con tres tumbas y dos enormes cipreses como marcando el límite entre los vivos y los muertos. Teníamos gallinas ponedoras de grandes y sustanciosos huevos, que un día fueron atacadas por un zorro ladino que cometió un genocidio, dejando un gallo herido y una gallina renga, de un lote de 40.

    Mi habitación daba a un recodo del camino de tierra que llevaba al Puech, un pueblo abandonado a menos de un kilómetro, sobre una loma. Por ese camino todos los días a las 6 de la mañana, pasaba el pastor con sus ovejas, una de las cuales, la oveja madrina hacía sonar su campana, que obviamente me despertaba.

    Golondrinas y Jabalíes eran visitantes ocasionales, las golondrinas anidaban en los gruesos listones que soportaban uno de los galpones y anunciaban la llegada de la primavera. Los jabalíes venían desde Alemania, cruzaban toda Francia y los que eludían a los ávidos cazadores, terminaban cazados en España. Una vez encontré a una cría caminando a sus anchas por la pequeña terraza donde comíamos en verano.

    Una familia encantadora, huyendo de París con sus dos hijos pequeños, se instaló fuera de nuestra aldea en la base del Mont Bouquet, donde compraron un antiguo establo que remodelaron con gusto exquisito y un día nos invitaron a almorzar y fue donde me encontré en un estante de su cocina con la primera jarra de pingüino, fuera de la Argentina, blanca, panzona, bella y gratamente sorprendido exclamé “Un Penguin Argentin!” y fui rápidamente corregido por el burgués campesino, que dijo conocer nuestra afición nacional de llenarlo de vino común para servirlo en cantinas, bodegones y parrillas, pero que debía informarme que eran de orígen francés y su uso se remontaba a 1860, por una cuestión de salubridad e higiene, que no voy a detallar en esta nota ya que le hemos dedicado un libro bellamente ilustrado con fotografías de Joaquín Martínez Herrera y texto de quien esto escribe, y al libro los remito. Sí en cambio voy a contar la historia del perro inexistente.

    No bien llegado a Saussine, me invitaron a comer los Chiesa, padre e hijo argentinos y me quedé con ellos dos años. Resultó que un día Don Nerón (el padre) y Norberto (el hijo) partieron a Londres por 15 días y quedé yo sólo en la inmensidad del campo, en el sonoro silencio de una inmensa casa de 1826 que albergaba fantasmas, chisporroteos del enorme hogar donde asabamos, pollos, cerdos, jabalíes y asados argentinos y que además era la calefacción en los crudos inviernos. Yo había llevado a arreglar la furgoneta Renault 4 al mecánico en Alés distante unos 25 kilómetros de casa y habíamos quedado que me la traería alrededor de las 7 de la tarde que en pleno invierno es noche cerrada, y que luego yo lo llevaría nuevamente a Alés. Llegó a las 9 de la noche mientras yo estaba comiendo, lo invité con vino, que aceptó con gusto y charlamos, yo, entonces con mi paupérrimo francés de tan sólo un mes de estar allí. Charla de “bueyes perdidos”, hasta que me hace la pregunta por cómo estaba el padre “Et le per de Chiesa, il va bien ?” Tan malo era mi francés entonces que yo traduje “per” por “perro”, que obviamente se dice “chien” y mi respuesta fue contundente y de terror. Le conté lo que había sucedido con el perro inexistente. Le dije “No, no va nada bien, atacaba a las gallinas y entonces para curarlo lo metimos en una bolsa de arpillera con un a gallina adentro, lo revoleamos varias veces por el aire que es la manera de curar a los “per” y quedó el pobre tan traumado que huyó y no lo vimos nunca más”.

    La cara de terror del mecánico y el silencio sepulcral que siguió a mi confusión, hizo que yo apurara la partida ya que no entendía el drástico cambio de conducta. Para colmo empezó a llover con una fuerza como no había visto antes en el Midi francés. A mitad camino, de pronto me dí cuenta y le pedí mil disculpas, le expliqué mi situacioón con el idioma y le dije que el “per” estaba en Londres paseando y que volvería pronto. Se puso muy contento, me dio un abrazo al despedirnos y me dijo, que por un momento pensó que los argentinos éramos un pueblo de salvajes que no nos bastaba hacer desaparecer gente en nuestro país sino que también lo hacíamos en Francia. El golpeteo de la lluvia sobre la chapa de la furgoneta me pareció un aplauso de la naturaleza a esta curiosa historia. Una recomendación final; no es conveniente invitarme a comer, suelo quedarme dos años.

  • VIAJAMOS PARA CONOCER (NOS)

    Me gustan las ideas que amplían el horizonte, las que nos permiten ver más, que dignifican la condición humana. Desde que lo leí por primera vez me encantó ese concepto de los griegos, tal vez dicho por Virgilio, pero en última instancia representativo del espíritu de ese pueblo de navegantes, que dice “Viajar es indispensable, vivir no lo es”. No hay monos en la Antártida, no hay pingüinos en el desierto de Gobi. Nuestro territorio, en cambio, es toda la tierra, ya hemos caminado la luna y estamos recorriendo el espacio.

    Viajar es de-construirnos para construirnos; cuando dejamos el hogar, cuando nos vamos, cuando nos permitimos ser extranjeros, nos vamos construyendo, crecemos. Es cuando hacemos carne aquello de Parménides (también griego):”El centro está en todas partes, la circunferencia en ninguna”, que luego repetirá Pascal y que leí por primera vez en Borges. Viajar es irnos al exterior, para consolidar nuestro interior, para conocernos desde otro punto de vista, para reflejarnos en otro espejo; para ver cada día más. En el siglo III antes de la era cristiana, Aristóteles (384 – 322) educaba a Alejandro de Macedonia (353 – 323) (obvio, griegos también) y le comenta que paseando por Atenas huele en los puestos de venta de comidas, aromas desconocidos y escucha idiomas que no comprende y al ascender al Acrópolis, observa que el centenario Partenón ordenado por Pericles y diseñado por Ictio, Calícrates y Fidias para honrar a Palas Atenea era usado por foráneos para pernoctar y poner a secar sus ropas. Alejandro entiende que si todo el mundo quiere estar en Atenas, él hará del mundo una Gran Grecia y sale a conquistarlo; esta expansión del universo griego se conoce como Helenismo y surgen , en consecuencia Pérgamo, Rodas, Alejandría como centros culturales que luego competirán con Atenas, docenas de ciudades serán llamadas Alejandría para honrar al civilizador (primer intento de globalización). Siempre es bueno releer al Pseudo Calístenes, quien unos 500 años después de la muerte de Alejandro escribe “Vida y Hazañas de Alejandro de Macedonia”. No sabemos muy bien quien fue Calístenes ¿pariente lejano de Aristóteles, tal vez, filósofo menor por eso lo de pseudo -el que pudo ser, el que tal vez haya sido-; creo que todos deberíamos ser el “pseudo” hasta conocernos, hasta decidir quien queremos ser y una manera riesgosa, curiosa, aventurera, maravillosa de saberlo es viajar, por eso es indispensable.

    Odiseo (Ulises) regresa de su viaje. El que se fue necesita narrar, necesita reflejarse en su anterior espejo y contar lo que vio del otro lado del mar: por eso es necesario viajar, porque vivir es también habitar el lenguaje, encontrar nuestra palabra, construirnos, hacernos. Poeta es palabra de origen griego y se tradujo como Hacedor, poeta deriva de poieo (hacer, en griego) por eso Borges en 1960 escribe “El Hacedor” que se tradujo perfectamente al inglés como “The Maker”: Make yourself greater: travel.

  • EL CAPÍTULO QUE FALTÓ

    Alguna vez lo escuché decir a Axel Sellars algo así como que “la biografía es la verdad de una mentira”; no recuerdo en qué circunstancias; ya ven los memoriosos tenemos olvidos. Pues me falta un capítulo para esta suerte de biografía de viajador. Me faltan varios más por cumplir en los próximos 10 años por viajar.

    Ocurrió en Goa, tierra de mi abuelo paterno, la ex colonia portuguesa, donde me fascinaba encontrar comercios cuyas firmas eran, Ananda da Fonseca, Jalil Gonsalvez da Cunha, Mohamed Frango y otras lindezas por el estilo del sincretismo de ese mundo colonial; un peronista diría “contundente ejemplo del contubernio oligárquico imperialista”. Me había encontrado con Guy, un canadiense muy atlético de 25 años, campeón de basquet de la Universidad de Ottawa, rubio de pelo largo, que se había hecho hacer unas rastas, fanático de Bob Marley y Peter Tosh, muy buen músico y excelente bailarín, bisexual que un día, muy civilizadamente me propuso acostarnos, propuesta que con amabilidad rechacé, pero que como tantas cosas novedosas, quedó ahí picando en algún pliegue de mi memoria y esa cosa mezcla de curiosidad, vergüenza, temor y deseo.

    La noche, como todas las de Goa, era intensa por el calor y por una variedad de sonidos de aves, monos, insectos, gente que deambula, fuegos en las playas. Habíamos acompañado a los hijos del dueño de la posada donde nos alojábamos, a una pesca, para mi novedosa, que se hace internándose en el mar en un bote con casco de vidrio al que se le acerca un reflector alimentado por una batería casera y se ve el fondo del mar y la vastedad de peces que deambulan por el Índico, en una suerte de peregrinación submarina multicolor que nos atraía y nos asustaba al mismo tiempo. La noche no tenía luna y era de una oscuridad sólo interrumpida por los rayos del reflector y alguna fogata que veíamos en la costa y nos dejaba ver el perfil de un monte de palmeras danzarinas.

    En un instante algo muy extraño sucedió, que aún no termino de entender. Nuestro bote golpeó o fue embestido por un pez voluminoso cuya cola inmensa fugazmente iluminada por el reflector, desapareció una vez que el bote se inclinara y arrojara batería, reflector y a nosotros cuatro a las templadas aguas del Océano Índico.

    Si hay algo a lo que le temo es al mar de noche. Esa masa negra que tantas líneas poéticas ha inspirado a lo largo del tiempo, es para mí incomprensible. La inmensidad sin límite y lo que esconden sus aguas me provoca una especie de vacío existencial, me inmoviliza, me turba, me incomoda, me hace sentir la nada, la muerte, el silencio, la insignificancia de todo. Estar chapoteando a ciegas, pero sabiendo que una bestia desconocida estaba agazapada en la oscuridad, tal vez herida por el golpe, quizás sedienta por vengarse de aquellos que habíamos vulnerado su habitat, me enfrentaba a una situación cercana a la muerte que me era desconocida hasta entonces. Gritos de los muchachos indios me guiaron a lo que al rato fueron los brazos que me ayudaron a trepar al bote. Fuí el último en subir y ahí estaba Guy, acostado boca arriba y temblando. Con el endeble haz de una linterna a punto de quedarse sin pilas, vi el bello rostro de Guy con un tono violáceo preocupante e intenté reavivarlo ya que no respondía a las palabras y palmadas que le dimos en el rostro, me monté sobre él, presioné su pecho de atleta y largó agua y espuma salada por la boca a la que me acerqué para darle aire, como me habían enseñado en la Cruz Roja.

    Guy no respondía, se estaba muriendo ahí en un escenario que media hora antes era una aventura a ser narrada en la bitácora del viaje a la India. Hice un esfuerzo enorme, golpéndole el pecho y llorando, le gritaba a Guy para que me escuchara, pero también le gritaba al universo, “No te podés morir hijo de puta”, y le pegaba y presionaba contra su pecho desnudo y volvía a su boca salada una y otra vez intentando reanimarlo hasta que al fín un borbotón interminable de agua salió de su interior y supimos que Guy seguía vivo.

    Al llegar a la playa, lo llevamos entre los tres y nos abrazamos, cuando el médico que lo asistió, nos dijo que estaba fuera de peligro y que podría seguir jugando al basquet hasta cuando quisiera. Unos días después los indios siguieron haciendo lo suyo, Guy y yo nos despedimos y seguimos en contacto epistolar durante años, hasta que un día me llegó la noticia que Guy había muerto en un accidente de auto en Alaska. Lloré tanto ese día, como había llorado en aquel bote de vidrio. Siempre me pregunté, si aquella noche tan extraña, mientras trataba de darle aire montado sobre su pecho, no lo estaba besando en la boca intensamente, si no sentí, o si no me permití sentir, algo más que estaba sucediendo en mí. Eran tiempos en que no se podía “ser” homosexual y yo no pude transgredir ese tabú. Muchas veces he retornado a esa escena, y en los tiempos que corren de plena libertad, admiro el amplio horizonte que hoy tiene la nueva generación. En charlas con Exequiel, un amigo que vive con intensidad una sexualidad universal, he sentido envidia (y la envidia nunca es sana). De tener hoy, la edad que tenía entonces en Goa, me sumergiría en todas las aguas. El tren hay que tomarlo cuando pasa, de eso sé bastante, a ese lo perdí. Sería infame de mi parte negarlo, sería aún peor pues respondería a la perfección a la segunda acepción del vocablo “jesuita” del Diccionario de la Real Academia Española,2. Jesuita: hipócrita, taimado , simulador.

    Este capítulo que faltó, no es una falta en mis escritos, faltó en la bitácora de India, faltó en mi vida.

  • CURIOSIDADES DE LOS MAPAS

    Leo un mapa como una radiografía del país que visito. Tengo desplegado frente a mí un bello planisferio adornado en sus lados horizontales, tanto el superior como el inferior con una doble fila de las banderas no sólo de los países, sino también de territorios autónomos y posesiones por ejemplo el Monte Athos, Las Islas Feroe, Las Aland, Norfolk y algunas más. Son en total 108 banderas que enmarcan por horizontes el mapa lo que da un total de 216 banderas, con lo cual si yo visité 68 países, se podría decir que conozco muy parcialmente el mundo que habito; lo cual puede no ser un problema para la mayoría de mis congéneres que por lo general habitan su propio territorio como las gacelas que no conocen la Antártida, ni los pingüinos que no les interesa el desierto de Abu Dabi; conclusión la mayor parte de mis congéneres vive como animales, debe ser por eso que elegimos a los peores entre nosotros para que dirijan nuestros estados. Para mí es una falencia conocer 68 de los 216. También observo que los mapas no son estáticos, al menos los políticos. Cuando atravesé Yugoslavia, la capital era Belgrado, pero al terminar la guerra de los Balcanes ese territorio se separó en siete países: Eslovenia, Croacia, Bosnia – Herzegovina, Macedonia del Norte, Serbia que se quedó con Belgrado como capital, Montenegro y Kosovo países nuevos aparecidos entre 1991 y 2008 y la denominación de República Socialista Federativa de Yugoslavia pasó a la historia. Es probable que Escocia sea país independiente del Reino Unido en algún momento no tan lejano, que Ucrania deje de ser lo que hasta ahora conocimos de ella y a partir de la política expansionista de Donald Trump (al menos de palabra) Groenlandia, tal vez deje de estar asociado a Dinamarca y se “asocie” a Estados Unidos, en fin todo raro. Veamos, ya que lo nombré el estatus jurídico del Monte Athos, está ubicado en la península Calcídica, es región autónoma de Grecia se autogobierna con leyes especiales, es una República Monástica donde hay 20 monasterios habitados por 2416 monjes, donde no se permite el ingreso de mujeres al territorio ni siquiera de animales hembras. Tiene una superficie de 335,6 km2, y su capital es Karyes. Grecia tiene un gobernador y un jefe de policía y todo está bajo la autoridad del patriarca de Constantinopla. Para entrar al territorio hay que ser varón adulto e ingresar con un permiso especial, el Diamonitrion. En términos de superficie el país que le sigue es Granada de 344 km2 y le precede en pequeñez Malta con 316 km2. Es algo así como el Vaticano pero ortodoxo y enorme comparado con los 0,44km2 del Vaticano que es el Estado más pequeño del mundo aunque con cierta influencia sobre 1400 millones de católicos. Me llama poderosamente la atención la misoginia de los monjes, no lo digo por ellos, cada uno tiene derecho hacer con su vida lo que más le plazca, pero si un gato, un perro o un conejo necesitan acoplarse, suena muy autoritario que no puedan hacerlo en su habitat natural y deban trasladarse a Grecia. Les iré contando en próximos artículos curiosidades como ésta, les dejo dos como para que vayan pensando o buscando información o preparando su próximo viaje y ya que estamos con cuestiones religiosas, dos curiosidades que ocurren el mismo año hace mucho tiempo. Me voy al año 301, dos acontecimientos importantes, Armenia en ese año es el primer país en adoptar el cristianismo, se le adelantói varios años a Roma que en el 313 por el Edicto de Milán Constantino I legaliza al cristianismo y deja de perseguir, torturar y matar cristianos y luego en 380 Teodosio I, por el Edicto de Tesalónica, establece al cristianismo como religión oficial del estado romano. El segundo hecho es que el 3 de septiembre del 301 se funda la República de San Marino, que es la república más antigua que existe.

  • ¿Y LA FIESTA DÓNDE ESTÁ?

    Stephen Zweig (Viena 1881 – Petrópolis 1942) no podía creer lo que estaba sucediendo en Europa; en su territorio. Había leído en el diario que sería obligatorio viajar con pasaporte. El estado, los estados requerirían que él acreditase su identidad mediante la exhibición de un documento oficial, que daría fe de que él era él. Por sobre su palabra: Soy Stephen Zweig, ahora había que demostrarlo mediante la exhibición de un documento que comunicaba a un oficial de aduana que la República de Austria garantizaba que el ciudadano Zweig era quien creía y decía ser. Esto le provocó ira, fastidio, se sintió incomprendido y detestaba el avance del estado sobre su libertad. Después comprendió que el estado, ciertos estados, muchos estados no veían con buenos ojos que existieran judíos, y esto ya le indicó que no sólo su libertad de movimiento estaba amenazada, sino su vida misma, entonces decidió dejar su amada Europa y se radicó en Brasil.

    En Brasil pensó que el nazismo se extendería por todo el mundo, recordó las palabras del Coronel Kurtz, el personaje de la película “Apocalypse Now” basada en la novela “El Corazón de las Tinieblas” de Joseph Conrad: “¡Horror!, ¡Horror!, ¡Horror!”; habló con su esposa, tomaron un veneno y los encontraron abrazados en la cama. Fue el fin de sus vidas, no del Horror, ni tampoco de la vida. La vida sigue y la vida, creo es una fiesta, que lleva implícito el horror, la enfermedad, la venganza, la traición, el olvido, la injusticia, el robo, la violación, la tortura, la violencia, la pobreza, el hambre, los naufragios, las guerras, los estados y un casi infinito etcétera de maldad, oprobio y vergüenza.

    ¿Y la fiesta dónde está?

    En todos los niños, en los libros que leo, en los viajes que hago, en muchas conversaciones, en los amigos, en el sexo, en las comidas, en el cine, en el trabajo elegido, en el silencio, en los animales, en los planes que tengo, en los logros, en las personas que recuerdo y que viven en mí, en subir a un avión y ver durante horas los colores en el espacio, en la terraza de una casa de madera en Kashmir, rodeada de eucaliptus y narcisos en el jardín colgante que termina en un arroyo ruidoso, en la lluvia, en las tormentas, en la nieve, en la vista de Buenos Aires desde el muelle de Pacheco en San Isidro, en mi casa, en el imaginado almuerzo en The Mermaid, en Rye con Henry James, Joseph Conrad, Robert Bontine Cunningham Graham, William Henry Hudson y Jorge Luis Borges, donde nadie necesitó hablar, en que mi amigo que murió de sida en California y el conocido que a los 18 años tuvo que pegarse un tiro y el que fue obligado a hacerse cura, hoy les poidrían decir a sus padres “te presento a mi novio”, nos pensamos casar en junio y hay congratulaciones y brindis y eso es otra vez Libertad, Libertad, Libertad; y en un extenso etecétera, que hasta ahora supera ampliamente al ” Horror” del que soy consciente y que por un azar del destino, me ha tenido entre los pasajeros del tren, que por aventura y no por necesidad, a veces ha viajado en el techo, y por el mismo azar no me ha tenido en la carbonera del tren de Jalgaon, con más de 50 grados de temperatura, que debe ser algo así como el “Horror” más el “Infierno”, y a pesar de eso, la sonrisa del hindú que agradeció el cigarrillo y pudo dejar de palear carbón unos minutos, aún hoy a más de 45 años del hecho, ilumina los días de inquietud.

  • ONE WAY TICKET TO THE SEA

    Este tiempo que va desde la Pandemia (marzo 2020), hasta hoy (mayo 2024), que es el tiempo en que reduzco mis viajes a uno de 8 días a New York y 3 de una semana cada uno a las sierras de Córdoba; en que Rusia invade a Ucrania; el terrorismo de Hamas despedazó con crueldad a la población israelí vecina a la franja de Gaza, que a su vez es atacada, también salvajemente por Israel; en este largo tiempo, leo, estudio, camino, pienso, intento apuntalar mi situación económica, escribo en mis bitácoras, dibujo, miro series, ando en bicicleta y tengo la sensación de estar viviendo un tiempo muerto, en que hoy 1 de mayo me entero a las 5.45 am que ha muerto en Brooklyn, Paul Auster (1947) a los 77 años. Muchas veces me pregunto cómo será mi muerte. Ciertamente, no como resultado de un ataque de un oso en Canadá, como pudo haber sido y obviamente no fue. Tampoco por el zarpaso de un mágico tigre de Bengala ante el que quedé paralizado, como pudo suceder, pero que el vuelo de un ave desconocida impidió. No en el fondo del Pacífico por el ataque sigiloso y artero de un tiburón martillo, ni siquiera por el misterioso, casi fantasmal pez gigante de la India que nos dio vuelta el bote en las costas de Goa, que ya les contaré próximamente. No veo mi muerte provocada por la picadura de una serpiente, una araña, un mosquito, un accidente aéreo, marítimo o terrestre, ni por una bala perdida, un asalto, incendio, epidemia, guerra, tortura o enfermedad. Me veo morir de viejo, de muy viejo, solo y en paz, haciendo “FUCK YOU” a quien corresponda.

    ¿De qué morimos? Creo que de tristeza o de cansancio: hartos de imitar a Sísifo. Tristeza que adquiere formas colectivas muy dispares: epidemias, guerras, desastres “naturales”. Siempre he creído que un avión se cae por la sumatoria de pesares del pasaje, pienso lo mismo del hundimiento del Titanic, más allá de lo que documentan las cajas negras o los obstáculos de icebergs enormes. Fusilamientos, silla eléctrica, guillotina, la horca, prisión perpetua son manifestaciones individuales de quienes no se han atrevido al suicidio, libertad suprema de todo individuo. Las guerras han sido una manifestación universal del exterminio masivo. Aquí va una lista de una mínima cantidad de ellas:

    1. El Reino Unido de la Gran Bretaña, muy a mi pesar, encabeza el ranking, con la conquista de la India. Google informa que entre 110 y 150 millones de nativos fueron aniquilados directa o indirectamente por sucesivos ejércitos de sus respectivas majestades “Dieu et Mon Droit”.
    2. La China de Mao se fagocitó 70.000.000.
    3. La Segunda Guerra Mundial consumió 63.000.000 millones de seres humanos.
    4. La Conquista Española de América, la de sus Católicas Majestades alrededor de 55.000.000 de naturales de estas tierras.
    5. Las guerras entre Japón y China 20.000.000 de orientales.
    6. La Primera Guerra Mundial 10.000.000.
    7. El germano Holocausto 8.000.000.
    8. El Imperio Romano 7.000.000.
    9. Las guerras napoleónicas 6.000.000.
    10. El Imperio Otomano 3.000.000.
    11. Vietnam 3.000.000.
    12. Stalin y Siberia 1.000.000.
    13. El Imperio Austro Húngaro 1.000.000
    14. Las bombas atómicas dejaron en Hiroshima 160.000 muertos y tan sólo 80.000 en Nagasaki.
    15. La cuarentena nacional y popular de Alberto Ángel Fernández y su vice 130.000.
    16. La Santa Inquisición oficializa la tortura en 1252, idea concretada por Inocencio IV quien sentencia al fuego a 60.000 hijos e hijas de Dios; tan sólo en España a 34.000 entre 1481 y 1788.
    17. Las guerras entre Atenas y Esparta, la exigua, casi insignificante desaparición de 40.000 helenos.
    18. En “La Guerra de los Judíos”, Flavio Josefo (37 – 100), nos habla de un impúdico acto de antisemitismo, en la Judea a cargo del Procurador romano Cumano. Resultó que el pueblo se había reunido en Jerusalén para la fiesta de los Ácimos, cuando uno de los soldados romanos se levantó la túnica en el pórtico del Templo, se agachó con indecencia enseñando el culo a los judíos y produjo un ruido anal. Esto desató la ira del pueblo que comenzó a tirar piedras, los soldados reaccionaron con violencia y en el tumulto murieron entre 20 y 30.000 personas (Libro II 223, 227)
    19. La Invasión Rusia a Ucrania, 30.000 muertos, aunquie esta última nación afirma haber matado a 300.000 soldados rusos.
    20. En Beziers, en 1209, en lo que se llamó la Cruzada Albigense, 20.000 cátaros fueron asesinados por oponerse al Papa de Roma.
    21. La Naturaleza acabó, acaba y acabará, con todos nosotros.

    Viajar es una de las tantas maneras que hemos inventado para gambetear la muerte. El viaje es también la narración del mismo; contamos y nos cuentan los viajes. Mientras uno viaja va construyendo el relato que presupone el regreso. A veces he pensado que he viajado tanto sólo para contarles a los otros, algo así como cuando mis padres o mi abuela nos contaban cuentos antes de dormir; es mi ridícula (si se quiere) manera de empatizar (¿amar?) al prójimo. También me parece que además de ingenuo, soy un pelotudo.

    Busco el libro de Rebecca Solnit “Wanderlust”, algo así como lujuria del caminante o mejor aún, del que vaga. Leo varios capítulos que me llevan a “Walking” de Thoreau, que me conduce a “Los Anillos de Saturno” de Sebald que me guía hasta “Afoot in England” de Hudson porque quería comprobar qué cambios habían ocurrido en el condado de Suffolk que Hudson caminó en 1909 y Sebald en 1922, cosa que no pude hacer porque Sebald se va por las ramas y Hudson se queda colgado, no de las de un ombú, sino de las de uno de los árboles de Troston Park, a los que el escritor Capel Loft dio los nombres de Homero, Sófocles, Virgilio, Milton, tratándose de álamos, olmos, fresnos o castaños respectivamente. Recorro libros de viajes, miro libros con mapas antiguos, cuando la tierra tenía otra figura, busco países que ya no existen, miro mis propios mapas, todos marcados con gruesos trazos de marcadores que señalan los caminos recorridos. Releo bitácoras donde he dejado descripciones, apuntes de comidas, dibujos, miedos, intimidades. Trato de imaginarme cual será el rostro de la tierra, cuando este ciclo termine y comience el próximo y todo se renueve después del hartazgo presente. Dejo un rato los libros y me distraigo mirando “Succession”, una serie donde todos parecen tener la mente retorcida, el corazón helado y los genitales calintes al punto que no paran de coger con quien se les cruce en el camino, ni de inhalar cualquier polvo, ni de masturbarse, ni de mear donde les pinte. New York City, vista desde las vidriadas oficinas, y más aún desde la terraza del edificio de la turbulenta firma Waystar Royco dirigida con brutal mano de hierro por el fundador y patriarca de la familia, Logan Roy; es para mí una de las imágenes más excitantes de la serie, la ciudad es en si misma EL PODER, es Grecia, es Roma, es Londres, es el Vaticano, es intriga, corrupción,drogas, sexo, miles de millones de dólares, lucha despiadada, voracidad, crimen, traición, obsecuencia, desparpajo, moda, lujo, derroche, capricho, mentira, miseria, hipocresía, la ficción más creíble que hoy se puede experimentar (no me refiero a la serie, sino a la ciudad). Cuando camino New York, camino siguiendo a Sócrates en Atenas el día que en 399 AC va a beber el veneno que lo inmortalizará como arquetipo de la ética. Voy detrás de César en Roma antes que su hijo lo bese, sigo al Papa Borgia en el Vaticano, tirando la tiara y arrojándose en brazos de su bello mancebo y lamiendo los pechos de su amante etíope, subo a la carroza de la Reina Victoria con la que cruzamos el puente de Brooklyn y le hacemos “Fuck You” a la muerte de Paul Auster y recupero la imagen de mi primera visita a New York en 1998 cuando alquilé un departamento en el 240 South Central Park, en la esquina de Columbus Circle, donde habían vivido sus abuelos desde 1941 y en el que el niño Paul Auster tuvo sus primeras impresiones de New York. Edificio impregnado de letras en el que Saint Exupery (1900 -1944), escribió “El Principito” y en el que vivieron Maurice Maeterlink (1862 – 1949), y la Condesa Consuelo Pauline O’Brien O’Connor Crespi (1928 – 2010) modelo y editora de “Vogue” quien recibía regularmente a Max Ernst (1891 – 1976), Andre Breton (1896 – 1976), Marcel Duchamp (1887 – 1968), Joan Miró (1893 – 1983), Ives Tanguy (1900 – 1955), Salvador Dalí (1904 – 1989), el surrealismo de pura sangre.