Categoría: Literatura

  • HIMALAYA, HISTORIA

    Las imágenes dantescas que vi en las noticias sobre un desastre natural de un glaciar en el Himalaya, en la frontera entre Nepal y Tibet, que provocaron una inundación que arrasó la población de Rasuwa, derribando puentes y llevándose autos, enseres, la desparición de más de 1400 personas, entre ellos 800 extranjeros que hacían trekking y que dejó al menos 360 muertos; ver como el agua marrón invade la pequeña ciudad del bellísimo valle y en segundos se lleva todo puesto y se escuchan los gritos de chicos y grandes corriendo montaña arriba hacia un lugar seguro, contrasta con la paz que sentí cuando en 1980, caminé con Pierre, un amigo francés, durante dos semanas desde Katmandú a Pokara, Naudanda, Khare, Luhle, Charankot, Birethanti, Ulleri y Ghorapani a 2.900 metros custodiados por las increíbles columnas de nieve de la cadena del Himalaya. En verdad no hay otras palabras más que silencio, paz, el convencimiento de estar haciendo lo que deseas sin otro compromiso más que la aventura. Me sucede que en el fárrago de todos los días, el sólo hecho de pensar en esa caminata, me devuelve a la armonía dentro del caos de tránsito, sirenas, luces, miles de personas dando vueltas, de la ciudad de Buenos Aires.

    También recuerdo la caída de un galés, que se quebró las dos piernas al caer en un cañadón y la manera en que fue subido y luego en camilla llevándolo hasta la sala de auxilios, en fin su recuerdo debe distar mucho de la sensación de paz que a mi me provoca el Himalaya.

    Estuve en el simulador de vuelos que había en la cima de una de las torres del World Trade Center, tan sólo dos semanas antes del ataque terrorista a las mismas. La experiencia del simulacro de vuelo sobre New York resultó una maravilla, de haberlo hecho el 11 de septiembre, no podría contar ninguna experiencia.

    Esto me ha hecho pensar en la historia. ¿Qué es en verdad la historia? ¿es realmente la disciplina que basada en documentos se acerca a la verdad de lo sucedido, o la historia es el relato (la narración) de como nos ha afectado un hecho. Francis Bacon (1581 – 1626)ha clasificado a los prejuicios, les ha dado el nombre de errores o ídolos; así destaca a)los idola tribus, que son los comunes a la condición humana, a nuestra especie; b)los idola specus o de la caverna, que son los propios de los individuos y están íntimamente relacionados con los hábitos y costumbres; c)los idola fori, que son los propios del lenguaje, la feria, el mercado, hoy diríamos, la televisión, la prensa, las redes; y d)los idola theatri, que provienen de las imposturas de los sistemas y teorías filosóficas que se suceden en la historia como fábulas teatrales, es decir representaciones ficticias y más o menos fantásticas de la realidad.

    En esto andaba mi pensamiento y cuando comenzaba con la lectura de “Una vida de Pierre Menard” de Michel Lafon, el “Prefacio” firmado por Maurice Legrand en Montpellier, el 24 de agosto de 1957 (cumpleaños de Borges) dice: “la aparición de “Ficciones” de Borges, de estos cuentos revolucionarios que no dejan de disfrazar las invenciones más insólitas en posible realidad, y que constituirán, según mi más íntima convicción, su aporte más original a la literatura de nuestro siglo” y entonces estoy tentado de suscribir aquello de que quien mejor maneje el relato, de aquel que sea el mejor narrador, estará escribiendo la historia oficial y tal vez si uno se saluda con el accidental compañero de asiento en el avión y él te da la mano y dice “Pierre Menard, mucho gusto, yo respondería, encantado Jorge Luis Borges”.

  • BORGES & MÁS BORGES

    Cuando tenía 16 años tuve la audacia de comenzar a leer a Borges y ahí estaba esperando el tren en la estación La Lucila para ir a la casa de un amigo en Vicente López. Andaba leyendo con mucha concentración “El Tiempo Circular”, en el volúmen de Emecé de tapa blanda y gris bajo el título de “Historia de la Eternidad” en letras rojas; aun faltaban nueve años para que saliera el volumen gordo de tapa dura y verde con las apresuradas “Obras Completas”, ya que Borges siguió escribiendo.

    Entendía poco o casi nada pero había algo; más allá de mi vanidad por hacerme el “cool”; que me hacía seguir leyendo. Subí al tren y me senté en un asiento de los de cuatro, sin prestar atención a la persona que ya estaba ocupando un lugar contra la ventanilla. Yo seguía concentrado en mi lectura, al rato levanto la vista, cuando el tren frenaba en Olivos y frente a mi, unas manos pequeñas apoyadas en la curvatura de un grueso bastón. Sí, era él: Borges. Obviamente no me veía, lo cual me liberó de mi vergüenza, del atrevimiento de estar leyéndolo sin comprender demasiado. Fue el primer escritor que veía y el hecho de estar con él me gustó mucho; era como que yo sentí que Borges aprobaba que un adolescente vanidoso, es decir ignorante, lo estuviera leyendo. Imaginé que vendría de la casa de Victoria Ocampo en San Isidro y yo venía de la casa de Patricio Ocampo, un compañero de colegio.

    Pasaron los años, asistí a varias de sus clases de literatura (yo estudiaba filosofía) y un poco después a todas sus charlas en el Teatro Coliseo en 1977, que fueron luego publicadas en 1980 bajo el título de “Siete Noches”. Me fui a Europa cuatro años. A mi regreso asistí al taller de Esther de Eizaguirre donde Borges hablaba de poesía anglosajona. Nunca he dejado de leerlo. Tuve que comprar otro Emecé Verde y gordo (de esos que le hacían decir a Mujica Laínez “che Borges ese libro tuyo que la gente usa para poner lámparas o ceniceros”),ya que al mío que había comprado en la calle Corrientes por 30.000 pesos apenas salió en 1974, y que anduvo conmigo en Europa y al que llené de subrayados, dibujos, preguntas y notas y al que mis estudiantes conocen como al “descabalado” parafraseando aquello de su cuento “El Sur”: “Dahlmann había conseguido, esa tarde, un ejemplar descabalado de las Mil y una Noches de Weil”.

    Cada vez que en Londres y luego en el sur de Francia, me preguntaban por Buenos Aires, los gauchos, el tango o algún hecho de nuestro país, solía recurrir a Borges y todos parecián comprender. No hay escritor argentino que nos haya representado mejor en el mundo. Es un producto orgullosamente “Nacional”; y por más que les pese a los ciudadanos peronistas “Popular”: El barrio de Palermo en 1900, sus caminatas hasta el barrio sur, su lectura de nuestra historia, el compadrito, sus duelos, el tango, las milongas, Carriego honran a nuestro pueblo, lo dignifican y lo llenan de orgullo como jamás hizo ni hará ningún dirigente sindical. Su centralidad en la cultura anglo norteamericana y francesa lo convierten en uno de los productos de exportación que deberían enorgullecernos: Michel Foucault comienza “Las Palabras y las Cosas” con una carcajada cuyo estertor hace balancear al obelisco y Michel Lafon (1954) publica en 2008 su novela “Una vida de Pierre Menard” que inventó Borges de la misma manera que Dios inventó el universo. Tampoco yo sé si escribo estas palabras o soy tan sólo el sueño soñado por Dios que luego cobra realidad tal cual como Pierre Menard que ha engendrado el libro de Lafon que hoy comienzo a leer en traducción de César Aira (otro orgullo) y que comienza así: “Jorge Luis Borges, mató a Pierre Menard al tiempo que le daba vida……………………………………………………………………………………………….”

  • OLLA PODERIDA O PODRIDA

    Thomas Bernhard (1931 – 1989) en su Autobigrafía ha anotado que “El lenguaje es inútil cuando se trata de decir la verdad, de comunicar cosas; sólo permite al que escribe la aproximación, siempre, únicamente, una aproximación desesperada”. Es decir el lenguaje es insuficiente. Hablar, habla cualquiera, decir en cambio requiere un arduo trabajo.

    Hay en el recetario de la cocina española un plato antiquísimo, que figura en el “Libre de Coch” escrito por Rupert de Nola en 1477, que cuando Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, harto y un tanto asqueado de la política se retira al Monasterio de Yuste para pensar e intentar decir; para tener un poco de contacto con el placer y dedicarse a leer, comer, beber y caminar; uno de los libros que lee es el de Rupert de Nola que había hecho traducir de su original catalán al español en 1525. ¿Qué comía este doble Rey que además reinaba sobre el Nuevo Mundo Hispano ultramarino? Pues le gustase o no, los poderosos Austria comían poder. Entre los siglos XIII y XVIII comían OLLA PODERIDA, llamada así porque requería mucho dinero elaborarla y muy poderosos jugos gástricos para digerirla. ´¿Cómo devino OLLA PODRIDA? que es como se la sigue llamando en Burgos, es un tanto confuso, pero sospecho que se debe a que el poder siempre termina pudriéndose, en la España de Carlos I y V, en la Corte de Napoleón, en la Venezuela de Maduro, en la Rusia de Putin, en los Estados Unidos de Trump y un extenso etcétera que abarca la historia universal. En el siglo XIX la Poderida – Podrida devino “puchero” entre nosotros y “cocido” en España. El tratadista gourmand Xavier Domingo (1929 – 1996) define a la Olla del Poder como “un mundo, un compendio de ciencias naturales hervido en agua y perfumado con todas las especias y todos los aromas”, alguien que lo antecedió Don Diego Granado cocinero y escritor del siglo XVII detalla el contenido de la olla y verán por qué es más lógico llamarla PODERIDA que PODRIDA. Nos dice Granado: “Toma dos libras de garganta de puerco salada, cuatro libras de pernil desalado, dos hocicos, dos orejas y cuatro pies de puerco partidos y recién sacados de un día. Cuatro libras de puerco jabalí con el callo fresco, dos libras de salchichones buenos y, limpio todo, hágase cocer con agua sin sal. En otro vaso de cobre, o de tierra, cuézanse también con agua y sal seis libras de carnero, seis libras de riñonada de ternera, seis libras de vaca gorda, dos capones, dos gallinas, cuatro pichones caseros gordos y de toda las dichas cosas, las que estuviesen primero cocidas se vayan sacando del caldo antes que se deshagan, y consérvense en un vaso. En otro vaso, con el caldo de la sobredicha carne, cuézanse dos cuartos de liebre traseros, cortados a pedazos, tres perdices, dos faisanes, dos ánades salvajes frescas, veinte tordos, veinte codornices y tres francolines, y estando todo cocido, mézclense los dichos caldos y cuélense por cedazo, advirtiendo que no sean demasoiado salados. Ténganse aparejados garbanzos negros y blancos que hayan estado en remojo, cabezas de ajo enteras, cebollas partidas, castañas mondadas, judiguelos o frisones hervidos y todo se haga cocer junto con el caldo y cuando las legumbres estén casi cocidas, pónganse repollos, berzas, nabos, rellenos de menudo y salchichas y, cuando esté todo cocido, antes tieso que deshecho, hágase de todo una mezcla e incorpórese. Gústese la sal y añádase una poca pimienta y canela. Después téngase apoarejados platos grandes. Póngase una parte de la composición sobre los platos sin caldo. Tómese de todas las aves partidas en cuatro cuartos y las carnes gruesas y las saladas cortadas a tajadas. Las aves menudas dénse enteras y repártanse en los platos sobre la composición. Sobre éstas póngase de la otra compsición del relleno cortado. De esta manera háganse tres suelos y téngase una cucharada de caldo más gordo y póngase por encima. Cúbrase con otro plato y déjese media hoira en lugar caliente. Sírvase caliente con especias dulces.”

    Le preguntaría a Thomas Bernhard, y recordando que no había heladeras en el Monasterio de Yuste ¿qué término se acercaría más a la verdad PODRIDA O PODERIDA? Difícil saberlo y mucho más dificil aún digerirlo y no hablemos del costo.

  • COME EL REY, COME EL PAPA DE COMER NADIE SE ESCAPA

    Desde el primer momento me encantó este decir español que creo haber escuchado o tal vez leído en el Mesón de Cándido, pegado al acueducto romano de Segovia. También es válido “Caga el Rey, Caga el Papa de Cagar nadie se escapa” y “Coge el Rey, de Coger nadie se escapa salvo el Papa” (estimo que se abstiene) y por último “Muere el Rey, muere el Papa, de Morir nadie se escapa”.

    Hay un libro excelente de ese gran escritor y periodista que fue Álvaro Cunqueiro (1911 – 1981) por cuyas venas corren todas las rías gallegas y “la cólera natural del español que exige la libertad de palabra”, como dijo Gracián. El libro al que me refiero es “La Cocina Cristiana de Occidente” al que suelo consultar cada vez que escribo una nota o doy una charla sobre cocina en monasterios, conventos o abadías, ya que Cunqueiro tiene un humor, una gracia y una manera de hacer malabares entre la imaginación y la realidad inigualable como lo demuestra en sus “Viajes Imaginarios y Reales”, “Fábulas y Leyendas de la Mar”, “Los Otros Caminos” y como prueba baste la introducción: dice en la “Cocina Cristiana…” “Aquí van sin orden ni concierto mis saberes del arte culinario, y de vinos y también mis invenciones, el gozo de imaginar a un duque de Berry en una galería comiendo una liebre que nunca comió”; me encanta ese desparpajo, es la diferencia entre un mero cronista y un artista, entre un turista y un viajador.

    “Todo lo coquinario y vinícola llega un momento en que tiene un aire sacro” y requiere “El silencio a la hora del almuerzo”, que es uno de los placeres de comer con uno mismo, durante los viajes (aclaro que me encanta comer con amigos) pero esa cena a la caída de la tarde en Islandia tan sólo con los langostinos el cordero el Cabernet Franc y la vela, o aquella otra a orillas del Titicaca con la llama de la vela reflejada en la ventana que a su vez reflejaba la ingesta de otra llama o esa inolvidable en el Burj Al Arab frente a la pecera donde el tiburón gambeteaba, satisfecho a sus indiferentes presas , esas cenas son sagradas. Concluye Cunqueiro la introducción citando a un amigo que le dice “Sin vino no hay cocina, pero sin cocina no hay salvación, ni en este mundo ni en el otro”.

    Una nota interesante de Cunqueiro que me dejó intrigado. Se refiere al Chimichurri, con el que a muchos les gusta saborizar las carnes, a mi me basta con dos vueltas de molino de pimienta negra, sin embargo el nombre me encanta y conozco la anécdota repetida hasta el cansancio sobre el escocés que visitando la Estancia San Martín en Cañuelas de Juan Manuel de Rosas con el objetivo de comprar reses, se queda casi un mes en el campo y un tanto cansado de comer todos los días carne y para variar carne, pide a los paisanos que le traigan laurel, vinagre, aceite, pimentón, ajo y lo que encontrasen, mezcla todo para saborizar su diaria ingesta y como el escocés se llamaba James Curry es decir le decían Jimmy, cada vez que a un peón le preguntaban qué es eso que le agregan al asado; con cierto pudor por no decir vergüenza respondían, “es una salsa de este hombre Chimi Curry que devino chimichurri, simpático pero nunca probado. Lo que dice Cunqueiro es lo siguiente “La cocina de los Hohenstauffen (la dinastía germánica que gobernó el Sacro Imperio Romano Germánico entre 1138 y 1254) es la cocina normanda de Sicilia…y alegraban sus graves asados con la vinagreta de laurel, esa invención de Palermo que aún hoy usa la gauchada en la pampa argentina para rociar el churrasco”, y me interesó porque, gran viajador, me fascina que nuestro chimichurri tan plebeyo y de alpargata tenga su cuna en la corte que un día lideró Federico I Barbarroja.

  • 007 / QUEER

    La grandeza de la palabra del Santo Padre era inversamente proporcional al tamaño de quien la pronunciaba. Ya en el Seminario había deslumbrado con su discurrir; luego como sacerdote fue amado por sus fieles. Como Obispo de Montpellier emocionaba hasta las lágrimas en sus homilías. Hubo un tiempo que la Iglesia Católica dudó en nombrarlo Cardenal, temía que la exposición pública lo colocase como blanco de caricaturas, chistes, groserías y hasta burlas, debido a su tamaño. Fue Cardenal y Notre Dame de París competía en cantidad de fieles con la plaza de San Pedro y quienes asistían a sus misas lo llamaban “el Santo”. Pierre Mersault, tal su nombre, medía 1.22 metros, padecía de enanismo: sus miembros eran pequeños, cara redonda en cabeza grande: las típicas múltiples afecciones de la acondroplasia, que son los trastornos genéticos que afectan el metabolismo. Fue elegido Papa y el mundo recuperó la fe. El New York Times lo llamaba “Little Big Man”.

    He puesto en orden las imágenes del sueño que tuve anoche. No los suelo recordar; es más me parece que sueño poco, pero dicen que no es así. Fue raro mi sueño, no tengo relación alguna con el mundo religioso; es más , me parece un resabio del pasado, lo asocio a la superstición y la magia; sin embargo creo en dios; mi definición: “Concepto ordenador de la sociedad, empleado por las autoridades de todos los tiempos de todos los estados nacionales del mundo”; igual soy profundamente respetuoso de las ignorancias ajenas; también tengo las mías. Más allá del extraño sueño, mientras tomaba café, leía y escribía, la pregunta se repetía ¿por qué una persona con enanismo no puede ocupar un cargo institucional de relevancia? Tendré que averiguarlo, (exhibo una de mis ignorancias).

    A las 22 horas, después de una larga jornada de lectura y escritura me puse a ver la película “Queer” es decir “Puto”, la obra de William Burroughs (1914 – 1997) publicada en 1985, película del italiano Luca Guadagnino (1971), estrenada en 2024, con Daniel Craig (1968) y Drew Starkey (1993). A Daniel Craig lo tenía como a uno de los seis James Bond que desde el legendario Sean Connery que lo interpretó durante 7 años y luego Roger Moore que lo hizo durante 22 años; Craig lo representó entre 2006 y 2021.

    Como detective Craig no me entusiasmó, como Puto, deslumbrante, una actuación, convincente en un México de 1950. Su personaje William Lee (William Burroughs) enamorado perdidamente de Eugen Allerton interpretado por Drew Starkey, brillante actor en un mundo de tequila, cocaína, heroína, ayaguasca, selva tropical con científica delirante, volando en la legendaria línea Panagra, cuando se fumaba en los aviones y los norteamericanos de la beat generation salían en busca de algo más, de lo otro, de lo prohibido.

    Los artículos de los diarios nombran a todos los políticos del mundo que pretenden conducirlo, esos que representan el “Poder”. Hablan en todos los idiomas de lo mismo. Decir, no dicen nada. Burroughs, Guadagnino y hasta el onírico enano “Little Big Man”, no sólo dicen, a mí al menos me conmueven.

  • LABRYS

    No tengo dudas, el término “laberinto” cobró en mi, familiaridad y después conciencia leyendo a Jorge Luis Borges. Más allá de los dos poemas de “Elogio de la Sombra” (1969): “Laberinto” y “El Laberinto”; en prosa está su magnífico “La Casa de Asterión” que aparece en “El Aleph” de 1949. En “Atlas” de 1984 aparece otra narración con el título “El Laberinto”, que parte de “Este es el laberinto de Creta…” al que luego en un crescendo va incoporandole información. “Este es el laberinto de Creta cuyo centro fue el minotauro…” hasta terminar en “Este es el laberinto de Creta cuyo centro fue el Minotauro que Dante imaginó como un toro con cabeza de hombre y en cuya red de piedra se perdieron tantas generaciones como María Kodama y yo nos perdimos en aquella mañana y seguimos perdidos en el tiempo, ese otro laberinto”. Con el que más me identifico es con el Epílogo al “El Hacedor” de 1960 donde declara “Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara” Magnífica síntesis en la que cada tanto pienso cuando apoyado en la ventanilla de un tren, veo la noche y a lo lejos una luz, o al cruzar un puente escucho el correr de un río en el que nunca me bañaré e imagino que voy completando mi rostro de viajero incansable.

    Recientemente he descubierto un laberinto de laberintos literarios en un trabajo de la antropóloga canadiense Penélope Reed Doob que con un verso de la Eneida de Virgilio (70 – 19 AC), otro de Badio Ascensio (1458 – 1535) y otro de Nicholas Trevet (1258 – 1328) construye el siguiente laberinto “He aquí el duro trabajo que exige esa casa, y su inextricable extravío”. “La casa de que cuesta salir.” “En la que cuesta entrar”.

    En Borges, el narrador no es Teseo, sino el Minotauro. El Minotauro que Borges llama ASTERIÓN, basándose en Apolodoro:Biblioteca, III; I tiene cara de toro y cuerpo de hombre y él se pregunta pensando en quien lo liberará si cuando llegue, ese redentor será como él o tendría cara de hombre y cuerpo de toro. El Minotauro se entregará, al final, pasivamente, le dirá, incrédulo, Teseo a Ariadna.

    Danielewski hace otra lectura: está convencido que el Rey Minos construye el laberinto para ocultar a su hijo nacido deforme, “ya que tenía cabeza de toro y cuerpo de hombre; en otras palabras era un hombre con la cara deforme”. (La Casa de Hojas, Cap IX, pag 110, Duomo Ediciones, Barcelona 2025).

    Sospecho que Danielewski llegó a esa conclusión leyendo “La Casa de Asterión ” de Borges.

  • LECTURA DE DÍAS NUBLADOS

    Hace años que un libro no me tiene atrapado como”Casa de Hojas” de Mark Z. Danielewski: un collage de erudición y suspenso, con el terror agazapado al borde de un misterioso túnel. Sólo experimenté una voracidad de lectura similar con James Joyce y Thomas Pynchon, pero estos dos genios venían precedidos de comentarios, historias, leyendas; si se me permite decirlo de esta manera: heredé la pasión por ellos. Danielewski apareció en mi horizonte el lunes pasado y me metió en la casa de Ash Tree Lane y junto a sus personajes ya estoy en la cuarta exploración de la escalera caracol, que vaya a saber uno a donde conduce y toda esa aventura en una habitación que no existía en la casa de Will, Karen y sus hijos de 8 y 5 años a la que se llega por un aún más misterioso pasillo, mientras un viejo que ha muerto nos hace recorrer historias que se cruzan desde la helada Australia a los pies del Everest y a la desenfrenada vida sexual de Tambor y los delirios de la droga.

    Cada tanto, hago lo que hace todo el mundo: voy al supermercado, preparo clases, cocino, escucho algo de radio, que me vuelve a la realidad. Miro por la ventana y la grisura, la llovizna que no cesa, no incitan a salir. Recibo llamados de amigos, también de clientes que solicitan un presupuesto para 300 jarras de pingüino. Arreglo para visitar una casa a estrenar que pienso es ideal para hacer físico nuestro Museo Virtual, precisamente de esas jarras. Todo está por verse: ¿es eso lo que quiero, o ante un panorama incierto sería más inteligente partir de viaje en tren por el Caúcaso?

    No recuerdo a Buenos Aires con tantos días sin sol y noto que está calando hondo en la gente. Todo en orden pero quiero copiar un texto colocado como largo epígrafe al Capítulo VI del libro mencionado. El epígrafe es de un antropólogo estadounidense de nombre Ernest Becker (1924 – 1974) que de una manera brillante sintetiza esa pregunta que constantemente me hago “What the hell are we doing here”? y que dice:”[Los animales] carecen de identidad simbólica y de la conciencia de uno mismo que la acompaña. Se limitan a moverse y a actuar de forma refleja tal como les dictan sus instintos. Si hacen una pausa, se trata únicamente de una pausa física: por dentro son anónimos, y ni siquiera sus caras tienen nombre. Viven en un mundo sin tiempo, que late, por así decirlo, en un estado de existencia mudo. […] Los animales están libres del conocimiento de la muerte, que es reflexivo y conceptual. Viven y desaparecen con la misma inconsciencia, unos pocos minutos de miedo, unos segundos de angustia, y todo se acaba. Pero vivir una vida entera con la premonición de la muerte visitándolo a uno en sueños y hasta en los días más soleados; eso es algo muy distinto”.

  • BENDITA LAUCHA QUE ME DISTE “CASA DE HOJAS”

    Paso por la librería a saludar, charlamos. Me llama la atención el lomo de un libro en poisición vertical (al igual que deben colocarse las botellas de vino). El lomo de ese libro muestra pequeños cuadros como si fueran diapositivas enmarcadas , o fotogramas elegidos por un montajista. ¿Qué libro es ese?, pregunto “Casa de Hojas” el de Mark Danielewski, lo más avanzado en literatura experimental. Jamás había escuchado su nombre, ni su novela, ni su trayectoria, nunca lo había escuchado antes. Lo pedí, busqué el índice, imaginé que por la cantidad de hojas sería caro. Me lo regalaron, porque son generosos, porque he dejado parte de mi hoy inexistente fortuna que ha financiado los estudios de las hijas del librero, sus viajes a Brasil y más de una renovación de automóvil, y porque yo soy muy simpático, pero además porque un borde insignificante del libro había sido roído por una lauchita hambrienta en la editorial y no se podía vender.

    Llegué a casa, el autor es Mark Z. Danielewski nacido en New York (of all places) el 5 de marzo de 1966, que estudió literatura inglesa en Yale, latín y arte cinematográfico en la Universidad del Sur de California. “Casa de Hojas” es su primera novela publicada en el 2000, previamente había publicado en Holanda “La Espada de los 50 años”, en 2006, aparece su segunda novela “Only Revolutions” y entre 2015 y 2019 viene publicando “The Familiar” una saga en 5 volúmenes pero ya ha escrito los siguientes que suman 10. Me vi en Youtube una entrevista donde habla de Bolaño, de Joyce, de su deslumbramiento por Homero, de post modernidad, de que quiere un lector érgico, es decir que se esfuerce, que sea cómplice, habló de su neologismo “signicónico” fusión de texto con imagen de manera simultánea en la página y en un momento dice “THIS COSMIC CHAOS” que me pareció un homenaje a Homero, a los griegos, al Finnegans Wake, a Pynchon, a Vonnegut, a David Foster Wallace, a Bolaño y estoy sintiendo la alegría del descubrimiento que sentí por primera vez al leer el “Ulises” y “Gravity’s Rainbow” que hace tiempo que no experimentaba en literatura. Los dejo por hoy, está oscureciendo y quiero seguir leyendo porque paré aqui :”…la cuestión de si, con la llegada de la tecnología digital, la imagen ha perdido o no su otrora posesión de la verdad” y recién voy por la página 3 de 709 que tiene el libro. Una maravilla, gran descubrimiento, gracias LAUCHITA QUERIDA.

  • NO TODO LO QUE BRILLA ES ORO

    Sully Prudhomme, Theodore Mommsen, José Echegaray, Rudolf Eucken, Karl Gjellerup, Henrik Ponttopidan, Winston Churchill, Mo Yan, doy por descontado que todos han comprendido que estoy hablando de Premios Nobel de Literatura, entre los que se destacan José Echegaray, ingeniero y matemático considerado el más importante matemático español del siglo XIX y Winston Churchill, Primer Ministro de Gran Bretaña que lo recibió en 1953. Ambos galardonados fueron los primeros sorprendidos.

    En cambio Leo Tolstoi, Franz Kafka, Joseph Conrad, James Joyce, Virginia Woolf, Henry James, Marcel Proust, Emile Zola, Benito Pérez Galdós, Julio Verne, Fernando Pessoa, Mark Twain, Thomas Hardy, Henrik Ibsen, Anton Chejov, Juan Rulfo, Jorge L. Borges, Clarisce Lispector, Yushio Mishima, Sylvia Plath, Marguerite Yourcenar, entre otros, no recibieron el Premio Nobel de Literatura.

    La Academia Sueca se lo dio en 1958 a Boris Pasternak, pero Soviet dijo NIET y fue obligado a rechazarlo. La Academia Sueca se lo quería dar a Benito Pérez Galdós considerado el mejor escritor en lengua española después de Cervantes con 31 novelas, 46 novelas históricas, 23 obras de teatro, cuentos, artículos, pero muy anticlerical y entonces la Santa Iglesia Católica dijo NON y los suecos obedientes se lo otorgaron a José Echegaray.

    La Academia Sueca se lo otorgó a Sartre, pero lo rechazó.

    La Academia sueca se lo entregó a Bergson y a Russell pero no a Wittgenstein o a Heidegger.

    Por las dudas como lector; individuo con el que todos los que saben escribir; reconocen es con quien termina o empieza la literatura, deseo sugerir al escritor argentino, nacido y criado en El Pensamiento, localidad del partido de Coronel Pringles en 1949, de nombre César Aira excelente y prolífico escritor, desde mi humilde punto de vista, Aira es una literatura en sí mismo, como posible próximo Premio Nobel. Por favor traten de no equivocarse porque son capaces de entregárselo al Coronel Pringlés, (1795 – 1831) nacido en la localidad de César Aira, en el partido de El Pensamiento. También son capaces de entregárselo a Cristina Fernández de Kirchner, (1953) por su obra “Sinceramente” de 2019, presa por corrupción y “Mentirosa serial”, pero “Absuelta por la Historia” según declaró sin vergüenza la propia Cristina Fernández de Kirchner en quien en ella y sólo en ella reconoce que termina o empieza la historia argentina.

    La vida es una maravilla, la humanidad me viene cansando un poco ultimamente. Es más me tiene entre harto y asqueado. Seguiré esforzándome para ser más tolerante.

  • LA ARGENTINIDAD AL PALO

    La señora se sienta a la mesa de un coqueto restaurante porteño. Lee la carta, escoge Chateaubriand en sauce Bernaise.

    Después de algunos minutos -menos de los que suponía se requerían para la confección de su pedido-, la sonriente camarera le acerca un plato hondo con Malfatti.

    La señora entre confundida y sorprendida: No es lo que yo he pedido, debe haber una equivocación.

    No señora la equivocación es suya, aquí la carta es testimonial; lo dice, en cada una de las hojas de la carta que le presentamos: anunciamos el plato y servimos otro, nos avala la Justicia Electoral y 200 años de historia nacional.

    Pero yo no quiero comer esto.

    Puede no hacerlo, este es un país libre, puede recurrir a la Academia Nacional de Gastronomía y a la Corte Internacional de Justicia Gastronómica, salde la cuenta, firme aquí bajo protesta (le hace entrega de un formulario) y haga su reclamo.

    Considero esto un atropello.

    Puede ser, desde su punto de vista, sin embargo, bien mirado y a la luz de la experiencia, usted se enfrenta al más puro ejemplo de libertad individual. A usted, en principio puede afectarla, sin embargo usted puede hacer uso de esta misma institucionalidad testimonial.

    ¿Qué es eso?

    La ley dice lo que yo creo que la ley dice.

    Pero una sociedad, así no puede funcionar.

    Y quien le dijo a usted que nosotros somos una sociedad. Nosotros somos 47 millones de hijos únicos, cada uno hace lo que quiere, cuando y como quiere, todo es testimonial.

    Pero así no se puede vivir, así no se vive en el mundo.

    Lo primero es falso; de hecho estamos hablando usted y yo; ambas somos reales, esta mesa lo es y su Chateaubriand humea tentador frente a usted.

    ¡Malfatti!

    Pruébelo.

    Se niega, aunque el aroma es tentador.

    Anímese, va a ver que le gusta, basta probar un plato de nuestra carta y quedará hechizada. Y lo segundo, los platos testimoniales se están poniendo de moda; verá que pronto serán imitados en todas partes del mundo.

    La señora -casi una Eva del Génesis- cae ante la irresistible tentación, lleva a su boca la mitad de un Malfatti, luego sin mirar a la camarera levanta la otra mitad y luego otro, esta vez entero.

    ¿Y? ¿Qué me dice? ¿Cómo está nuestro Chateaubriand?

    Malfatti, corrige, e ingiere el tercero.

    ¿No es un manjar?, la camarera le guiña un ojo y esboza una sonrisa.

    La señora hace un tímido mohín, que de hecho es interpretado como una complicidad por la camarera que se dirige a la cocina.

    Al rato regresa, retira el plato vacío y le entrega la carta. ¿No ha sido, el más exquisito Chateaubriand que ha probado en su vida?

    (Silencio).

    Me impresionó el tamaño de la porción.

    Así somos nosotros, libérrimos, simpáticos, generosos, casi pródigos. Así es nuestra idiosincracia.

    La señora, ya canchera, mira la carta y sin dudarlo dice Flan con dulce de leche.

    El esperado Tiramisú llegó sin demora.

    Una sonrisa cómplice y luego una carcajada compartida, integradora: comensal y camarera casi amigas.

    La señora deja una considerable propina, se besa con la camarera.

    Es el mejor Chateaubriand que he comido, mejor que en París.