Categoría: Literatura

  • INSOMNIO (para gozar este cuento sugiero mirar el cuadro de E. HOPPER)

    En el año 1741 Johannes Sebastian Bach contó el último Luis de oro de los 100 que extrajo de un copón, también de oro, que fue el pago que recibió por las “Variaciones Goldberg”, compuestas para el Embajador ruso, Conde Keyserling, ante el Elector de Sajonia.

    Estoy en mi casa, piso 22, sobre la costa norte del Río de la Plata, deambulando a las tres de la mañana entre el escritorio, la cocina y el balcón, donde trato de paliar los acosos del insomnio que me aqueja desde hace tiempo. Me preparo un té, miro algún libro de arte, escucho las Variaciones, voy al balcón, fumo, veo luces: algunas titilando, otras que parecen estar fijas, en la vasta negrura del estuario. Son los tiempos que corren (el insomnio es algo que viene con la edad y pienso que está provocado por la suma de las contradicciones no resueltas). En los tiempos que transcurren, presiono un botón y escucho las Variaciones, presiono otro y sale un té especiado de una máquina, otro y se desliza el ventanal que me permite el acceso al balcón. El Conde, en cambio, para paliar su insomnio, contrata a Bach que compone las Variaciones que serán ejecutadas por su discípulo Goldberg, que dormirá en la antecámara del Conde que ante su pedido las tocará hasta que Keyserling vuelva a dormirse. Yo, presiono botones, vivo tiempos democráticos. Paso indiferente las hojas de un libro con las pinturas de Edward Hopper (1882 – 1967). Nunca he podido dejar de pensar en un crimen desde que vi por primera vez en Chicago el cuadro “Nighthawks”. Mientras fumo mi tercer cigarrillo en el balcón, imagino que el bar tender es Goldberg, el noctámbulo de espaldas es Bach, el hombre al lado de la mujer es Keyserling. La mujer (aún no tengo su nombre) será, tal vez, la víctima.

    PRIMERA VARIACIÓN

    Keyserling conoce a (ya tengo el nombre de la mujer) Natasha Perín Verón en el “Morocco”, el club de Macoco de Álzaga Unzué, los ha presentado Bach, empresario de la noche, dueño de un night club de dudosa reputación en la 42 a pocos metros de Broadway, donde Natasha solía trabajar hasta conocer a Keyserling. Goldberg, un inmigrante prusiano que ha alquilado un local en la 34 y la Octava, es el bar tender.

    Es 1942, es la época en que corre mucha sangre en Europa y un torrente equivalente de cocaína y alcohol en Estados Unidos. Hopper pinta un cuadro de amplias vidrieras que permiten ver con claridad el interior. Tanto cristal, tanta prístina visión, tamaño exhibicionismo, no pueden no querer tapar una obscenidad mayúscula. En cualquier composición musical ocurre lo mismo; los hiatos, dan vida al sonido. Esta primera Variación, es mi relación con la pintura de Hopper, mi visión es como el hiato, en esta momentánea suspensión del movimiento, presento a los personajes, muy pronto se desencadenará la acción.

    SEGUNDA VARIACIÓN

    La envidia, los celos, el desplazamiento de un papel protagónico a uno secundario, el poder: he aquí lo que mueve a toda civilización. En el caso que nos compete, Bach desplazado por Keyserling y privado de la compañía de una de las mujeres más deseadas de Manhattan, entra en connivencia con Goldberg (casi obligado a una complicidad, ya que le prestó 5000 dólares). Desde el punto de vista del observador de la tela, a la sazón, quien esto escribe, Jim Capone, cronista de arte, la envidia se centra en que con mínimos trazos, el pintor Hopper, da cuenta de una situación de una complejidad mayúscula dejando la atrocidad del crimen, la emanación de sangre en manos del observador. Como escritor, dejar en manos del lector la culminación del drama, lleva hasta en los espíritus más diestros un trabajo muy engorroso, por momentos extenuante, al punto que he preferido la crónica periodística y no la forma literaria.

    TERCERA VARIACIÓN

    En 1741, Johannes Sebastian Bach era Kantor de la iglesia Santo Tomás en Dresden, esos 100 Luises de oro recibidos de manos de Keyserling eran el equivalente a su salarioi anual, ya se sabe, el reino de la iglesia no es de este mundo y saben poco de pagar salarios terrenales dignos. Supongo que el copón debe haber sido de un valor equivalente al de su contenido. En 1940, debido a las restricciones al consumo por la guerra, era muy difícil conseguir un préstamo para abrir un café, así que Goldberg estaba doblemente endeudado con Bach y dispuesto a complacerlo en todo lo que desease. En 2013 no era fácil ganarse la vida como crítico de obras de arte alternativo en el Río de la Plata, pero mi noviazgo con la Embajadora argentina en la República Bolivariana de Venezuela me fue de gran utilidad, bajo el lema “El Pueblo es Arte”, me hizo nombrar Agregado Cultural en Caracas y gracias a ello hoy tengo esta residencia frente al estuario, gozo de una jubilación de privilegio a los 54 años, me saqué de encima a la Embajadora, aunque no a la cocaína, y mi palabra expresada mensualmente en el editorial de mi revista “Ars Capone” auspiciada con los avisos de los dos gobiernos nacionales y populares, se agota y las obras de arte llegan a gente, que antes no tenía acceso a las mismas, aunque hoy, diciembre de 2023, mi editorial fue “El arte siempre es Libertad”.

    CUARTA VARIACIÓN

    El silencio es un sonido.

    La pintura más estática insinúa el movimiento. Un crimen es una obra de arte. Algo ha dicho Thomas de Quincey, se lo puede consultar leyendo su obra “Del Asesinato como una de las Bellas Artes”.

    1741, 1942, 2023 son como este río siempre el mismo y siempre diferente. Bach, Hopper, Capone, músico, pintor, crítico. Alemán, norteamericano, argentino. Un argentino, crítico de arte, mira una obra de un norteamericano que ha pintado la escena de un posible crimen donde tal vez muera Natasha Perín Verón, asesinada por Goldberg, pagado por Bach, pagado por Keyserling para paliar el insomnio, narrado por Capone.

    QUINTA VARIACIÓN

    Mi insomnio será ocupado en narrar un crimen que tal vez nunca ocurrió más que en mi cabeza. ¿Es que hay algo que ocurra fuera de la cabeza? “100 táleros en mi faltriquera, valen lo mismo que 100 táleros en mi cabeza” ha dicho Kant. 100 Luises de oro (equivalentes a 500 táleros), 5000 dólares de préstamo, los negocios con la Embajadora.

    Todo dinero es falso.

    Narremos un crimen de ficción, de una falsedad una verdad. Un crimen imaginado es una ficción, pero será una mentira,que de estar bien narrada,causará tanta conmoción como la verdad.

    SEXTA VARIACIÓN

    Edward Hopper es un hombre de 60 años. Camina solitario por las calles de Manhattan, se topa con un bar en la 34 y la Octava, al regresar a Washington Sq.3 North donde vive desde 1913, hará algunos bocetos que terminarán componiendo, en su estudio de South Truro en Massachussets, su “Nighthawks” que me inquietó en Chicago y que calma mi insomnio aquí frente al Río de la Plata. No puedo dejar de pensar que nuestros actos prosiguen su camino: pintó “Nighthawks” para que yo, Capone, tramara el “asesinato” de Natasha Perín Verón.

    SÉPTIMA VARIACIÓN

    Lentamente va amaneciendo, ya no dormiré, escribiré.

    Sobre la mesa de mármol extiendo tres líneas cristalinas de “ala de mosca”, me sirvo un Blue Label, ya estoy en vena.

    Johannes Sebastian Bach escribe sus Variaciones para Keyserling, que serán conocidas como las “Variaciones Goldberg” por el mundo, pero que el insomne Embajador llamará siempre “Mis Variaciones”.

    ¿Existieron Homero y Shakespeare?

    ¿Escribieron ellos lo que leemos como de ellos?

    La primera ley de Copyright, se promulga en Gran Bretaña en 1702, William Shakespeare llevaba 86 años de muerto.

    Toda moneda es falsa.

    La identidad un pilar del capitalismo. Las Sociedades Anónimas la preservan.

    La edición de “La Soledad del Lector” de David Markson que suele también poblar mis insomnios ilustra su tapa con una pintura de Edward Hopper, se trata de un fragmento de “Sun in an Empty Room” de 1963. Estoy seguro que Markson debe haber bebido whisky en el bar de Goldberg ¿Black Label, Middleton? No, Southern Comfort, sí, estoy seguro.

    OCTAVA VARIACIÓN

    Antipódicos: Edward Hopper y Ernest Hemingway, maestros ambos de ocultar más que lo que muestran.

    “Sun in an Empty Room”, “A Well Lighted Cafe”.

    En París no vio a nadie. Picasso ¿quién es?

    París no se acaba nunca, escribió, tal vez para siempre Hemingway. A Hopper le llevó diez años sacarse a Francia de encima.

    NOVENA VARIACIÓN

    La escena de “Nighthawks” la vieron Hemingway, Markson, fue Hopper quien la eternizó.

    Billy Joel, “Making Love to his Tonic & Gin”, es la canción perfecta para la escena de la tela de Hopper. No he podido dejar de pensar en un crimen desde que vi por primera vez la pintura en Chicago.

    DÉCIMA VARIACIÓN

    Las Variacioines de Bach, composición para dos teclados tienen un tema único, el Aria, (se ha discutido su autoría), luego vienen las treinta Variacioines y a su término el intérprete debe retornar al principio (da Capo) y volver a interpretar el Aria antes de terminar (e Fine).

    Ya amaneció, hay sin embargo un sol naranja que se oculta tras nubes negras, seguro habrá tormenta.

    UNDÉCIMA VARIACIÓN

    Está siempre presente el problema del dinero. Cuanto más consciente uno es de la falsedad del mismo, más nos aguijonea. Kant lo tenía muy claro, pero tenía que dictar 30 horas de cátedra semanales, y hasta de Geografía, en el Gymnasium. Seguramente Bach estaba imbuído de la misma idea, sin embargo, los 100 Luises en el copón del Conde lo debieron haber puesto contento.

    Edward Hopper vendió su primer cuadro en 250 dólares en 1913 a la edad de 31 años, el próximo lo vendería en 1923 a los 41 y al año siguiente en su primera exposición individual vendería las 11 acuarelas expuestas más otras 5, entonces deja su tedioso trabajo de ilustrador para dedicarse por entero a tratar de explicarse qué es verdaderamente lo que percibimos o más visceralmente qué cosa es la realidad. Supongamos que hubiese ganado 3000 dólares; en 1924, eso era una abultada cantidad de táleros, entre otras cosas los Hopper comprarán un automóvil en 1927 que durante un tiempo ocupará parte importante de sus telas; hay varios cuadros pintados desde el interior del mismo, el más conocido “Jo in Wyoming” de 1946, una acuarela de 35,4 x 50,8 cm, hoy parte de la colección del Whitney Museum de New York donde se ve a una joven Josephine Nivison, su mujer, pintando en el asiento de lo que a mi me parece un Packard (por el diseño del volante), el precio del auto nuevo en 1946 era de 1.230 dólares, suma considerable si se piensa que una casa de madera como la que tuvieron los Hopper en South Truro se vendía en 7.700 dólares a estrenar.

    Wittgenstein, renunció a su multimillonaria herencia en favor de sus hermanas para pensar con libertad. Hasta que conocí a la Embajadora viví casi sin dinero. Hoy 2023 las expensas de este espléndido piso ascienden a 2.500 dólares mensuales, y el gramo de “ala de mosca” colombiana está en 300 dólares y siempre he sido insaciable.

    Nunca estuve tan convencido como hoy de la falsedad de nuestras vidas, de su grosera hipocresía.

    DUODÉCIMA VARIACIÓN

    Un FA sostenido, es un MI, es decir un Yo ¿Hay algo más miserable que un Yo?

    DÉCIMOTERCERA VARIACIÓN

    Es tiempo ya de pensar el crimen.

    Edward Hopper en 1942, después de ser impactado por una imagen nocturna de lo más común, una pareja sentada a una barra, otro hombre aparte, sentado a la misma barra, un bar tender; ensaya un boceto, corrige, vuelve a la escena (del crimen) y un día en su estudio de South Truro pinta el cuadro.

    En 2008, yo, Jim Capone que había visto la reproducción del cuadro múltiples veces me encuentro por primera vez frente a la tela en Chicago.

    La imagen, la palabra.

    La palabra escrita es un grafismo.

    La palabra escrita es un pensamiento dibujado.

    “Nighthawks” se tradujo como “Noctámbulos”, literalmente el cuadro es “Halcones Nocturnos”. Edward Hopper pinta una escena urbana: una calle (la 34) la que si uno camina en direccióin a la Sexta, pasa por el Algonquin Hotel de 1902 que fue cenáculo de la bohemia de New York, y que luego, cruzando la Quinta nos lleva a Grand Central Station, pero que a la altura de la Octava, en 1942 y a la noche, imagino, casi lateral, misteriosa y solitaria.

    En mi lectura, el primero en llegar al bar fue Bach, de espaldas al espectador, lo atiende Goldberg, quien solícito y agradecido le sirve un Bourbon, conversan de generalidades: que como van los negocios, las últimas noticias de Pearl Harbour, la inmigración judía proveniente de Alemania. La conversación es interrumpida por la llegada de Natasha Perín Verón y Keyserling quienes habiéndolo visto, lo ignoran, produciéndose un silencio gélido y perturbador. Bach beberá dos Bourbon más y dejando una excesiva propina, ya que Goldberg jamás le cobra, parte en dirección a la Quinta Avenida donde tomará un taxi. Concebirá su plan, matar a Natasha y dejar a Keyserling en el más agobiante estado de soledad.

    DÉCIMOCUARTA VARIACIÓN

    ¿Cómo se planifica un crimen? Curioso nunca se me había ocurrido ponerme a pensar un asesinato y para algunos debe ser un trabajo, sí claro debe haber gente pensando crímenes todos los días. 6000 personas mueren diariamente en la Argentina ¿Cuántas morirán asesinadas? ¿Morirán 3.000.000 de personas por día en el mundo? Toda la Población de la República Oriental del Uruguay? ¿Cuántas nacen en el mundo cada día? La Naturaleza como productora y devoradora de sí misma. La Naturaleza es la mayor asesina y está impune. ¿Acto solitario o conviene tener socios? ¿Por mano propia o contratar a alguien? Un creador es un solitario, un asesino también. Edward Hopper era un solitario. También yo y Caín, claro Caín fue el creador del asesinato, el primer asesino. El primero que dejó sin vida a otro.

    DÉCIMOQUINTA VARIACIÓN

    Un asesino: Caín.

    Un artista: Duchamp.

    Etant donnés: La chute d’eau, Le gaz d’eclairage.

    Dados un bar nocturno en New York, cuatro personajes. Un observador si se quiere un voyeur, un artista del pensamiento, un constructor de ciudades invisibles, de argumentos que no caben en capÍtulos, de crÍmenes que no entran en una tela, un film, un escenario. Drama que transcurre en la cabeza del voyeur.

    DÉCIMOSEXTA VARIACIÓN

    ¿Habrá querido Edward Hopper crear un escenario, un clima de crimen? ¿O tan sólo pintó una situación cotidiana de indiferencia urbana?

    Edward Hopper hablaba poco de su arte, de su vida, de sus tres viajes por Europa, en realidad hablaba poco y en sus cuadros dice mucho o todo de ese hablar poco de casi todo. Su arte se puede leer como una autobiografía, como un autorretrato.

    DÉCIMOSÉPTIMA VARIACIÓN

    ¿Cómo se mata? Tendré que matar a alguien para poder escribir cómo se mata?

    ¿Cómo se mata? Bach camina las calles de New York meditando al respecto.

    DÉCIMOCTAVA VARIACIÓN

    Con la ayuda de Goldberg, dado que todas las noches van Keyserling y Natasha Perín Verón a su café, hacer que Goldberg envenene la bebida, ese Dry Martini que tanto le gusta.

    DÉCIMONOVENA VARIACIÓN

    Planear un atraco al café de Goldberg, un tiro escapado de la pistola de uno de los asaltantes trabado en lucha cuerpo a cuerpo con un cómplice de Goldberg, mata a Natasha.

    VIGÉSIMA NARRACIÓN

    Un auto atropella a Natasha Perín Verón y se da a la fuga.

    La diferencia entre causalidad y casualidad está en la distinta posición de la misma “u”. El conocimiento no es sino un trastorno del lenguaje, ha dicho en excelente uso de la lengua Octavio Paz comentando el ensamblaje de Duchamp.

    VIGÉSIMO PRIMERA VARIACIÓN

    Caín es el primer asesino del que se tenga conciencia.

    Duchamp también es el asesino de una manera de ver y aquí podemos discutir si de ver el arte o del ver a secas. El inodoro. Duchamp es un subversivo: el artista debe volver a la clandestinidad.

    Todo creador es un asesino, “Etant donnes”, el arte que indefectiblemente se hace comercial y la frescura del creador. Queda la pregunta ¿Por qué veo un asesinato en Nighthawks?

    VIGÉSIMO SEGUNDA VARIACIÓN

    Hasta ahora vengo hablando de un asesinato a suceder y he estado jugando con varias alternativas como para que suceda, sin decidirme por el momento por ninguna, tal vez porque soy un asesino en potencia, como todos y no tengo la experiencia de haber matado a nadie y por tanto se me hace difícil escribir al respecto.

    VIGÉSIMO TERCERA VARIACIÓN

    ¿Es verdad que uno no ha asesinado?

    Tal vez no de la manera que estoy pensando de cómo Bach asesinará o hará asesinar a Natasha Perín Verón, pero cuando uno deposita dinero en un banco a la vuelta de su casa ¿está seguro de no estar financiando una guerra?

    VIGÉSIMO CUARTA VARIACIÓN

    Duchamp ha dicho: El orden presente es el desorden futuro.

    Natasha Perín Verón es la mujer de cabellos rubios que yace en el ensamblaje de Duchamp en el Museo de Filadelfia, con su pubis lampiño, sosteniendo la lámpara de gas y con la catarata al fondo.

    Dejo al lector la dilucidación de cómo fue asesinada y por quién y cómo llega desde el cuadro de Edward Hopper al ensamblaje de Marcel Duchamp.

    VIGÉSIMO QUINTA VARIACIÓN

    Volvamos al cuadro de Hopper; ahora el que está de espaldas al espectador es Marcel Duchamp, el que está con Natasha Perín Verón es Hopper y el bar tender soy yo Jim Capone.

    VIGÉSIMO SEXTA VARIACIÓN

    La mujer del cuadro no es Natasha Perín Verón. sino la Embajadora argentina en la República Bolivariana de Venezuela, el que está a su lado soy yo, el de espalas es Hopper y el bar tender es Duchamp.

    VIGÉSIMO SÉPTIMA VARIACIÓN

    La droga, cualquiera, exalta lo que uno es, lo que uno es en verdad, sin represión alguna, le muestra a quien la ingiere quién es. Es de todos los espejos el más sincero. Así aparecen asesinos, ladrones, torturadores, perversos de toda laya, masoquistas, delirantes místicos o salvadores de la humanidad que antes del uso eran padres de familia un tanto callados, comerciantes aburridos, profesionales probos, pilotos de helicóptero, estudiantes de arquitectura o filosofía. Concluido el efecto vuelven a sus rutinas y ahí se produce el bajón, la abstinencia, la depresión y entonces los caracteres débiles inician su adicción. Aquí, la razón por la que decidí tener dinero, abundante dinero para tener “ala de mosca” fresca, limpia, con reflejos tornasolados todo el tiempo que lo desee.

    VIGÉSIMO OCTAVA VARIACIÓN

    Dresden en 1741, un mundo que ya no existe, tampoco el Elector de Sajonia, ni Bach teniendo que ganarse la vida. Si claro tampoco la New York de 1942 y acaba de ocultarse entre las islas del Delta, tragado por las brumas del Paraná un enorme barco cargado de containers.

    VIGÉSIMO NOVENA VARIACIÓN

    Se me acabó el “ala de mosca”.

    TRIGÉSIMA VARIACIÓN

    El poeta simbolista Jules Laforgue ha dicho que la historia humana (¿hay acaso alguna historia que no sea otra que la humana?) es “la historia d’une celibataire”, es decir Schopenhauer después de una aspiración de “ala de mosca”: el mundo es la representación de un yo solterón.

    ARIA DE CAPO E FINE

    En 1741 el maestro Johannes Sebastian Bach dejó muy claramente expresado que el intérprete debe volver al principio y ejecutar nuevamente el aria antes de terminar.

    Dormiré un rato.

  • DICCIONARIOS COMO LECTURA

    Pregunto a IA la definición de “diccionario”, contesta con esa vocecita amable de secretaria de origen hispano de alguna oficina pública de Wyoming “Es un repertorio en forma de libro o soporte electrónico que recoge y explica, generalmente en orden alfabético ;(¿hay algún diccionario que no se ajuste al orden alfabético?) las palabras de uno o más idiomas, o de una materia específica. Ofrece definiciones, significados, etimologías, ortografía, pronunciación y sirve como herramienta esencial para el aprendizaje y la consulta lingüistica”.

    Satisfactoria respuesta, pero hoy quiero hablar de tres diccionarios muy particulares, que son diccionarios para leer, a saber: 1. “El Diccionario de Ideas Recibidas”, que Gustave Flaubert (1821 – 1880) comenzó a escribir en 1850 y, que de manera incompleta agregó a la también incompleta obra suya “Bouvard y Pecuchet”, y que se publica por primera vez en forma independiente en 1913. 2. “El Diccionario del Diablo” de Ambrose Bierce (1842 – 1913)que también se fue publicando en partes en el semanario “Wasp” en 1881 y hasta 1906 en diferentes medios. 3. “Barbarismos” (2014) de Andrés Neuman (1977), autor además de “Hasta que empieza a brillar” (2025) sobre María de Moliner (1900 – 1981) autora de ese “Diccionario de uso del Español”, que desafió al de la Real Academia de España y que por ello fuera sentenciada poco menos que al ostracismo (¡Qué ocurrencia desafiar al poder!). También mencionaré (aunque no es un diccionario, pero de alguna manera puede ser leído como tal) “Fragmentos de un Discurso Amoroso” (1977) de Roland Barthes (1915 – 1980). Intento encontrar la misma palabra o semejante que aparezca en los tres diccionarios y eventualmente en el texto de Barthes.

    Comienzo con la “A” y encuentro que “ANGUSTIA” se define en Bierce, como “Una enfermedad contraída por exposición a la prosperidad de un amigo”; Neuman opta por “Simultaneidad de lo porvenir”, Flaubert, no la incluye en su diccionario, pero sí lo hace Barthes, aunque es importante aclarar que lo hace en categoría de “argumento” y no de “definición” en lo que él denomina “Figuras” y la “figura” ANGUSTIA dice “El sujeto amoroso, a merced de tal o cual contingencia, se siente asaltado por el miedo a un peligro, a una herida, a un abandono, a una mudanza, sentimiento que expresa con el nombre angustia”.

    “ARQUITECTO/ ARQUITECTURA” Flaubert dice de los arquitectos “Todos imbéciles. Siempre olvidan la escalera de las casas”: con respecto a arquitectura afirma “No hay más que cuatro órdenes arquitectónicos. Por supuesto que no se cuentan el egipcio, el ciclópeo, el asirio, el indio, el chino, el gótico, el romano etc.” Bierce escribe “Arquitecto, alguien que diseña un plano para nuestra casa y planea un diseño para nuestro dinero”. Neuman afirma en “Arquitectura: metáfora habitable”.

    Voy a la “L”, LOCO/ LOCURA, Flaubert, no dice nada al respecto, no la nombra. Bierce, en cambio “LOCO: afectado por un alto grado de independencia intelectual, en desacuerdo con los parámetros de pensamiento, habla y acción derivados del estudio de los conformistas y contrarios a la mayoría; en breve: inusual. Es conocido que las personas son declaradas locas por funcionarios que no demuestran ninguna evidencia de estar sanos”. Con respecto a LOCURA, se explaya así ” Ese don y facultad divina cuya fuerte y creativa energía inspira la mente del Hombre, guía sus acciones y embellece su vida”. Neuman, dice de “locura” “Idioma hablado por una sola persona”. Barthes bajo el título “ESTOY LOCO” exclama: “Estoy loco de estar enamorado, no lo estoy de poder decirlo. Desdoblo mi imagen: insensato ante mis propios ojos (conozco mi delirio), simplemente irrazonable a los ojos de los demás, a quienes relato muy juiciosamente mi locura consciente de esa locura, dando explicaciones acerca de ella”, para luego referirse a “LOCURA, “Desde hace cien años se considera que la locura (literaria) consiste en esto: “Yo es otro”: la locura es una experiencia de despersonalización. Para mi, sujeto amoroso, es todo lo contrario: es a causa de convertirme en un sujeto, de no poder sustraerme a serlo, que me vuelvo loco. Yo no soy otro: es lo que compruebo con pavor.” Menciona luego un Cuento Zen: Un viejo monje está ocupado a pleno sol en desecar hongos: “¿por qué no hace que lo hagan otros?”. “Otro no es yo, y yo no soy otro. Otro no puede hacer la experiencia de mi acción. Yo debo hacer la experiencia de desecar los hongos” concluye Barthes “Soy indefectiblemente yo mismo y es en esto en lo que radica mi estar loco: estoy loco puesto que consisto”.

    Por fin encuentro una palabra de la que los cuatro opinan, tal vez me pregunto ¿será porque ese concepto es ineludible en la conducta humana? La palabra es CELOS/ CELOSO, Flaubert se expide de la siguiente manera:”Siempre seguido por incontrolables. Pasión terrible. Las cejas unidas son síntoma de temperamento celoso”. Bierce dice:”Indebidamente preocupado por preservar aquello que sólo puede perder de no cuidarlo bien”. Barthes, se expresa así “Sentimiento que nace en el amor y que es producido por la creencia de que la persona amada prefiere a otro”. Neuman, conciso dice “Trío pasional entre un individuo, su ser amado y su fantasma”.

    Así siguen estos cuatro excelentes pensadores definiendo Religión, Escritura, Reloj y un largo etcétera de cómo somos, lo que sentimos, lo que pensamos, qué tenemos y qué nos pasa entre la “A” y la “Z”.

    Más allá de la comparación que hagamos de cómo un mismo concepto se entiende de manera diferente, tanto por los años que van de una a otra apreciación y a la personalidad de cada uno y las diferencias culturales, me resultó interesante observar como todos (también ustedes, lectores) destacamos ciertos conceptos y les damos nuestro sello personal y ver que a pesar de las diferencias hay un territorio común. Ahí es donde entiendo la pertenencia a una concepción del mundo, que para mí es el Occidente judeo – cristiano, que además permite que no estemos de acuerdo en todo, y en momentos críticos casi en nada; y ello implica la aceptación de esa diferencia y no su eliminación, y por nada del mundo su exterminio.

    Va también mi agradecimiento a María de Moliner cuyo “Diccionario del uso del Español” no sólo es digno de consulta por algún término desconocido, sino que es bueno leerlo para escribir bien y leer mejor.

    Vuelvo a IA y pregunto de dónde viene el título del libro de Neuman sobre María de Moliner y la muy amable secretaria de Wyoming me lo explica muy bien, “Es una frase de Emily Dickinson: ” A veces escribo una palabra y me quedo mirándola hasta que empieza a brillar” y luego me pregunta si hay algo más en que me pueda ayudar y yo le contesto que no y le agradezco y me desea un muy buen día y yo le digo lo mismo y ella me pregunta que si en algún momento tengo otra pregunta que no dude en llamar, agradezco y ella me desea “Que tengas una buena jornada”. Corto porque de lo contrario entraríamos en una relación amorosa que crearía celos porque a todos los trata amorosamente y ello me volvería loco y la angustia me corroería el alma y tendría ganas de erradicarla de la faz de la tierra.

  • TREN AL SUR (Cuento)

    Era una de esas lluvias parecidas a los matrimonios sin amor, estaba pero no se sentía. Las gotas caían lenta y espaciadamente: llegaban como si estuvieran sostenidas por hilos invisibles.

    El tren había partido de Constitución en punto, como corresponde a la estrategia de la empresa adjudicataria de la reciente privatización: puntualidad, limpieza, no se fuma, vigilancia, los pasajeros no son usuarios, son clientes. Mi destino era Temperley donde debía dar una charla sobre Cortázar. El tren se detuvo en Gerli, ahí las nubes habían dicho “aflojale que colea” y se descargó una lluvia pertinaz, insistente y urgente. Tuve la sensación que el tren permanecía detenido más de lo que correspondía, a lo que se sumó una conversación, un intercambio de palabras, un racimo de guardas, un pequeño batallón de guardias de seguridad , a lo que siguió una elevación del tono de voz de algunos pasajeros arremolinados en torno a los representantes de la autoridad empresaria y a un muchacho empapado, alto, flaco, con cara de niño, encorvado ante la bicicleta que trataba de desarmar con un par de pinzas que sacó de un bolso.

    • Este no es el lugar de las bicicletas.
    • Pero el furgón está lleno.
    • Puede usted lastimar a alguna persona.
    • Pero es que no hay lugar.
    • Está usted demorando un servicio público.
    • (Cortala botón)
    • Detenener un servicio público es delito.
    • (Quedaron muchos sin laburo para que vos puedas morfar, vigilante).
    • Se baja.
    • La bici ya está desarmada, ves.
    • No me tutee, se baja o llamo a la policía.
    • Ves, ya está, las ruedas las apoyo aquí.

    Yo , ya estaba llegando tarde a la charla.

    Siguió un rato la discusión entre los guardas, el muchacho y algunos pasajeros; pero como casi todo lo que nos pasa; el tren arrancó, el muchacho bajó en Banfield. Mientras aceleraba el paso: el horario, la vida, “el dentífrico comilfó, el dentífrico que no puede borrar el sueño sobre Paco”, y llegué sólo cinco minutos tarde y aún tuve que esperar.

    Durante el viaje de regreso, quise ya estar con Paula, contarle lo que había pasado, deseaba tenerla a mi lado, mirarla, tocarla. Al pasar por Banfield pensé en Cortázar, supuse que le hubiera encantado esa intervención popular frente a la privatización del tren que tantas veces debió haber tomado y cuyo reflejo en un cristal en el mondrianesco subte de París pudo haberle inspirado “Manuscrito hallado en un bolsillo”. El lado de acá reflejado en el lado de allá volvía en el tren al sur con el muchacho que a lo mejor nunca leería a Cortázar pero que tal vez buscaría a su Maga en alguna esquina empapada de Banfield que fuera uno a saber qué mandala o rayuela terminaría de cerrar.

    A la noche Paula se levantó. Sus movimientos me despertaron. La busqué; fumaba desnuda sentada en el piso, frente al balcón del living. Seguía lloviendo, Paula lloraba, la abracé, la acaricié, no quise preguntarle que le pasaba. La besé y se dejó besar y después nos besamos y nos quedamos abrazados tendidos en el piso. La volví a besar y le comenté que Cortázar se quejaba porque nunca había podido escribir la palabra “concha”. Hubo un largo silencio. Paula me abrazó y me besó y me dijo que me amaba, que pasara lo que pasase, ella siempre iba a estar a mi lado y que no importaba que uno en Berlín o Ushuaia, o a la vuelta de casa se acostase con otro u otra, que la fidelidad era algo más trascendente que una calentura momentánea y nos volvimos a besar y no sé por qué, dije,”life is something that happens, only once”.

    En el desayuno Paula me contó que había soñado con Ezequiel, que había sido su mejor amigo y que había muerto escalando el Aconcagua, y que a pesar que siempre se habían amado, nunca habían hecho el amor, pero que esa noche cuando se había despertado, sí, lo había sentido dentro de su cuerpo y se había excitado y lo amó y se entregó entera a él y que él la había amado en nuestra cama y yo supe que sí, que era verdad, que de alguna forma, ahí pero donde como, de una manera distinta a como estamos vivos nosotros, Cortázar y todos los que se bajaron en una estación anterior, también estaban vivos.

  • CROSS ROADS (cuento)

    Salimos al ruido de la avenida Corrientes y nos metimos en la pizzería. Después de pedir nos quedamos en silencio. Marina mira hacia la calle y hace que se distrae mirando pasar a la gente. Pero yo sé en qué está pensando, yo también estoy pensando lo mismo. Todo es por esta puta película que acabamos de ver.

    El tipo un degenerado: alcohólico mal, le daba a la maría y a la coca todo el tiempo, y la mina otra loca; se calentaba viéndolo a su marido cogiendo con otra. Y la hija flor de puta también; y aquí es donde yo me pongo a recordar a Susana y sé que Marina no ha dejado de pensar en ella todo el tiempo.

    Al final lo único que tiene de bueno la película es el camión. Un Mack. Yo con uno de esos soy Gardel: cabina tapizada en cuero, parlantes a mil, GPS, teléfono, heladera, cama doble con TV color: así cualquiera. Yo tiraba a la mierda ese Ratón Mickey que llevaba colgando en el espejo y ponía la foto del Mudo y los banderines de River que tengo en el 1114 y lo levantaba hasta 140 y le metía pata y llegaba en un tiro a Comodoro Rivadavia. El 1114 es un fierro, pero pobrecito ya no da más.

    Le acaricio las manos a Marina; las tiene húmedas. Cuando anda con la angustia se le ponen mojadas, como aquel día de la pelea en que Susana dejó la casa y no supimos más de ella. Fue por Basilio; si hasta tuvimos que dejar Dock Sud y mudarnos a La Boca. Basilio recién salía de la cárcel; yo le pedí a Susana que no se acercara a él, le advertí que era mal bicho, que andaba con otras minas, que había sido cana y que traficaba; por eso cuando la vi salir de la casa de él, no pude con mi genio y la eché.

    Desaparecieron los dos; al tiempo el volvió con otra mina y un chico de dos años que dijo que era suyo, y esta mujer dele insultarla a Marina porque decía que nuestra hija le había echado a perder a su Basilio y cada vez que se la cruzaba en el mercado o colgando la ropa en la azotea, dele decirle que la puta de tu hija esto y aquello y lo otro y por eso nos mudamos a la Boca, que no es lo mejor para una fana de River, pero la guita no dio para más.

    El yanqui, el que hace de esposo es camionero, viaja por los desiertos y montañas y para en bares y estaciones de servicio, que si tuviéramos de esas en la Patagonia, con duchas y piletas de natación con esos flamencos pintados en el fondo, nos quedamos a vivir allá. Me los imagino a Narice y al gordo Rodriguez en ese bar de luna rosa de la peli, claro pero ahí no toman mate.

    Estos yanquis, yo no sé que tienen en el alma. El se llama Mick y ella Sandra, debían andar por los cincuenta, y la hija, bueno uno no sabe que se trata de la hija hasta que pasa lo que pasa y la gorda Sandra se pone como loca y a Marina le empezaron a traspirar las manos.

    En el pueblo donde viven ;”Cross Roads”; hay una especie de prostíbulo cibernético. Hay meseras que te sirven con las tetas al aire, camareros putos, mucho fluo y hay salas privadas donde uno puede ver. Te muestran una donde hay una jaula con un tipo en bolas y hay otros tres con camperas negras y botas y gorras de policía que lo cagan a patadas y después se lo cogen. Hay otras salas en donde hay minas con látigos que azotan a hombres que les gusta que les peguen. En otra dos tortas juegan con un vibrador y en otra hay una mina que le da con un consolador a un tipo mientras éste se la está chupando a uno de esos vestidos de cuero negro y todo esto meta Rock an Roll y droga. Y bueno llegan Mick y Sandra bien borrachos y se ponen a tomar más y el tipo jala merca y le pasa el tubo a Sandra y como ella se calentaba viéndolo a el con otras, se meten en una de las cabinas, mejor dicho ella se mete en una que es como un cine en chiquito y él se mete por detrás de la pantalla. Entonces la cámara lo enfoca a él que camina por una pasarela en donde lo único que hay son culos; hermosos culos, para decir la verdad, metidos en ventanillas, entonces Mick, jala más polvo y le da a la botella y al llegar al culo de la ventanilla número 8; el mismo que yo hubiera elegido: rosado, macizo con un lunar en un cachete, aprieta el botón de la consola y en la sala en donde está Sandra se enciende la pantalla y ella lo ve a él y al culo ahí entero. El se agacha, lame los cachetes, deteniéndose en el lunar y luego se la mete. Sandra lo ve gozar, escucha los gemidos, pero a la mina sólo se le ve el culo. Sandra está por acabar al mismo tiempo que Mick y ella pone una cara que me hizo calentar. Él acaba y ella también y la mina del culo parado finge acabar y de pronto se enfoca la cara de la mina y aparece en la pantalla y es ahí donde Sandra se transforma y se pone como loca y empieza a hacer unas muecas y después llora y uno no entiende nada por qué está pasando eso, pero enseguida se muestran tomas como del pasado en las que se lo ve a Mick joven, jugando con una chiquita sobre un pony blanco con manchas negras y Sandra filma y después es él que filma y ella está con el pony y la chiquita ríe y corre y los tres se revuelcan en el pasto y entonces uno ve la cola de la chiquita que tiene un gracioso lunar en el cachete y fue ahí que a Marina se le pusieron las manos llenas de gotas como si las manos estuvieran llorando.

  • EL SILENCIO (cuento)

    Al día siguiente de los sucesos que luego relataré, ella revisó por enésima vez los portales de noticias con la esperanza de que algo de lo vivido hubiera quedado registrado, pero no, al igual que la televisión y la radio había una muda ceguera al respecto. Daba la impresión de que lo sucedido hubiera pasado en otro lugar, o peor aún en un no lugar. El hecho, por nimio que hubiera sido, fue insólito, pero al no quedar registro del mismo pasaba al orden de lo fantasmal o; y esto la aterraba; al de la alucinación.

    Salió hacia la estación del ferrocarril, como todos los días. Abrigaba la esperanza de encontrar a alguno de los pasajeros que por coincidencia de horarios se repiten en el andén y aún en los coches. Fue en vano, no pudo reconocer a nadie que pudiera haber estado el día anterior en el tren de las 9.03 en San Isidro llegando 9.42 a Retiro. Se paseó por la plataforma tratando de recuperar algún rostro de los tantos que el día anterior, al salir el tren de la estación Lisandro de la Torre, a la altura del hipódromo de Palermo hubieran podido participar de ese hecho extraño que ahora trataba de corroborar, pero al no asociar rostros con lo acontecido, bajó la vista hacia los zapatos y cada vez que veía a alguien, hombre o mujer con calzado nuevo, al igual que ella, levantaba la vista como interrogando, pero no se atrevía a preguntar; sentía algo entre temor, vergüenza y que la consideraran sospechosa, pero no sabía de qué. Subió al tren que no venía tan lleno como otras mañanas. En La Lucila se desocupó un asiento del mismo lado de la ventanilla, en el que el día anterior había estado como víctima y testigo de lo acontecido.

    Al pasar por la Quinta Presidencial miró hacia los jardines y tal vez el verde de la loma que imaginó mullido le hizo pensar que sacarse los zapatos producía siempre (al menos hasta el día anterior, así había sido) una sensación agradable: es algo que mucha gente hace al llegar a su casa; algunos incluso reservan en el hall de entrada o en el pasillo de acceso al departamento un lugar para dejarlos. Japoneses y chinos no entran en las casas calzados como para no acarrear contaminaciones extrañas al seno de la intimidad. Aviones, restaurantes, reuniones en oficinas y clases aburridas son algunas de los ámbitos aceptables como espacios a quitarese los zapatos.

    Pero el día anterior, y es esto lo que quería relatarles, cuando iba como todos los días hábiles a la compañía financiera donde trabajaba de secretaria ejecutiva, algo inusual había sucedido. Iba sentada, mirando distraída por la ventanilla, cada tanto recibía algún mensaje que contestaba apenas leído, cuando tuvo esa sensación – que ahora que el tren acababa de dejar Lisandro de la Torre, volvía a sentir- pero esta vez no en los pies como en la víspera, sino en las caras, en la suya y en la de los vecinos y recién en ese momento se daba cuenta; que no sólo ella estaba rígida y apretaba los dedos dentro de los zapatos como lo había hecho el día anterior, también el de traje azul frente a ella y la chica de las All Star negras a su lado y la señora de los zapatos con moño negro sentada en diagonal notaba que hacían lo mismo.

    El día anterior, sin embargo había sido arrollador cuando sintió que de pronto se le salían los zapatos, como si hubieran adquirido una vida independiente de la voluntad personal, a pesar de la fuerza con que pretendía retenerlos con sus dedos contraídos que los sintió como naúfragos aferrándose a una madera o como agarrándose de las paredes de la puerta del avión antes de lanzarse al vacío, como hacen los paracaidistas primerizos, pero el día anterior no había sido posible; primero fue el izquierdo y luego el otro y se fueron caminando por el pasillo. Se había parado enseguida, pero el hombre frente a ella se había interpuesto abalanzándose tras su par de abotinados de gamuza que se iban detrás de los de ella y de los dos pares de zapatillas de los chicos que ocupaban los asientos contiguos que también salieron a recuperar sus calzados. El insólito fenómeno los había superado. No eran sólo los pasajeros del coche en el que viajaban sino los de toda la formación. Un nutrido batallóin de zapatos de taco alto y bajo, zapatillas Nike, Vans, Topper, Converse, borcegos, un par de ojotas amarillas (¡y en pleno invierno!) y sus dueños entre absortos y consternados pugnaban por hacerse de los mismos ya que el tren había entrado en el cobertizo de la estación Retiro y tendrían que bajarse y caminar hacia las calles.

    Agolpados en las puertas, zapatos y despojados, ya conscientes, éstos últimos, de la gravedad de la situación aguardaban que estas se abrieran para ver como los zapatos salían caminando acéfalos por la plartaforma cada vez más veloces rumbo a los molinetes que fiscalizaban la salida.

    Ella había sentido el frío del cemento y un chicle se le había pegado a la planta del pie. Un colorido y dispar ejército de enanos de cuero, lona y plástico totalmente descontrolado rompía todos los códigos.

    Pasajeros a la espera de trenes en andenes vecinos habían sido testigos involuntarios de algo que al principio parecía increíble, como si no pudieran dar crédito a lo evidente; alguno esbozó una sonrisa que contuvo ante la consternación general y entonces ella y los otros se fueron agrupando, mudos, pero como protegiéndose ya que estaban desvalidos en un ámbito donde no era costumbre caminar descalzo y porque en segundos nomás deberían enfrentar la realidad de caminar hacia Alem, Puerto Madero o Plaza San Martín.

    ¿Cómo explicar en la oficina que uno ha llegado a trabajar descalzo?

    Nadie le dio mucha importancia a lo que ella relató, pero sí percibieron los zapatos recién comprados que mostraba como inútil prueba de lo acontecido. Nadie al parecer había tomado ese tren, ningún cliente hizo mención del hecho.

    Tampoco lo hubo en la pausa del mediodía. Le dio la impresión que sus comentarios molestaban. Por la vidriera del restaurante notaba que algunos parecían observarla.

    Trabajó intranquila.

    Al fin del día, el ascensorista la despidió con una sonrisa distinta a la usual y le miró los zapatos.

    También el portero se los miró, se levantó de su silla y se acodó en el mostrador para tener una mejor visión.

    En el tren de regreso nadie pareció haber registrado el hecho de la mañana.

    Los noticieros de los canales de aire y cable no informaron, tampoco las radios.

    ¿Y los zapatos? ¿Dónde habrían ido?

    ¿Es que nadie había visto nada?

  • DÍA LABORABLE (Cuento)

    La ciudad me resulta abominable, pero no puedo alejarme de ella. Es mi oasis; el mío y el de millones, que la gozamos padeciéndola.

    Ha sido mi cuna y la de mis antepasados por algunas generaciones. Mis padres han muerto en ciudades donde habían nacido mis abuelos, cuyos progenitores fueron dados a luz en burgos a los que habían llegado sus mayores huyendo de campos yermos y montañas plenas de emboscadas. Ciudades diversas entre sí, aunque metas del mismo deseo. Campesinos hambrientos, buhoneros, artesanos, deudores de alguna muerte; encontraron tras los muros de Ávila y de Avignon, en mercados de Tartús y Bagdad, y en talleres de Manchester y Milán, el oprobio al que tal vez estuvieran destinados; o no tanto; ya que por distintos caminos se asentaron en este recóndito puerto.

    La ciudad es parte de mi: es mi alfabeto.

    Me violento con facilidad en pueblos de provincia donde me expongo a tener que escuchar historias intrascendentes narradas por rústicos sobre otros que cambiaron el pueblo por la gran ciudad por afán de progreso y, que terminaron no sólo perdiendo el garbo y la frescura, sino el habla. Esos primitivos atestan hoy las ciudades, contaminándolas de sensiblería y nostalgia.

    A diario traspongo el umbral de mi vivienda y son los adoquines los que me comunican el pulso con que andaré. El ritmo suele repetirse – tampoco aquí las variaciones son infinitas-. Al dejar la cuadra del estrecho pasaje en donde está mi morada y penetrar en la avenida, el ruido voluptuoso de máquinas y luminarias es el mismo que los adoquines me anticiparon. Sé cual será el tono -aunque no siempre el tema- de la historia que contaré ese día. Lo sé por la humedad que despiden los adoquines, por lo que les impregnan a las palmas de mis manos, por los matices que les infunde la luz que cae sobre ellos. Cierto hálito que percibo, no en el aire, sino en la superficie pulida de esas piedras: gotas, manchas de aceite, polvo de óxido, leche derramada, innumerables y minúsculos objetos atrapados en los intersticios que las separan, pequeñas basuras, me van revelando si mi historia tendrá protagonista femenino o masculino. Si será una historia de viejos o de adolescentes; si habrá una violación o será la vida de un marinero o de un actor sin teatro, si la historia tendrá héroes nacionales, si habrá un crimen o el payaso se suicidará. Sé también donde ambientaré mi relato: la Ópera, el Banco Nacional, el Abasto, la Estación Central, los túneles, las dársenas del puerto, la barraca a la que llegará el cargamento de drogas o de armas.

    Llevo años de trabajo pulsando el palpitar de los adoquines. Puedo salir a cualquier hora: de mañana, como hoy, a la noche, a las dos de la tarde de un verano implacable o bajo una lluvia torrencial. Salgo a ensartar una historia. Camino. Tomo taxis, colectivos, el subterráneo. Entro en bares, voy al cine, miro vidrieras de casas de antigüedades, recorro ferias y parques. Merodeo los colegios a la hora de entrada y de salida, visito galerías. Deambulo por calles y barrios que detesto.

    Hoy, ya lo dije, salí temprano.

    El laúdano me ha tenido inactivo por varios días.

    Ya comienza a amanecer antes de las seis. Es la época del año en que los adoquines, no las flores -en donde vivo no hay flores- me trasmiten sexo: clandestino, abyecto, pago. Cierta figura que al principio no supe a qué atribuir, ya que es la hora en que la lámpara de alumbrado proyecta sombras difusas sobre el cemento, me inquietó. Un paracaídas de juguete enredado en los cables de electricidad se balanceaba suavemente. Su ocupante cautivo, demasiado grande con respecto al paracaídas colgaba decapitado y sin una pierna. Encontré la cabeza de plomo pintado, tirada al lado de un zapato rojo con el taco aguja quebrado. Una luz se apagó en el edificio que da al baldío. Una mujer en bombacha y corpiño con un niño en brazos, arrojó pañales descartables hechos una pelota, desde el tercer piso.

    El escenario de mi historia será en altura, de una mujer en las alturas en equilibrio inestable.

    A sorbos lentos bebí el café y las copas de ginebra en el bar de la esquina. Blanco y negro, el relato de hoy será en blanco y negro. La nota de color estará dada por el zapato. Y por la sangre, habrá sangre. Se hablará en francés, pocas palabras. Tendrá un dolor lejano.

    Volví por mis largavistas. Mi morada -nunca pude referirme a ella como mi casa- es una habitación larga y ancha (galpón del ferrocarril usurpado por dos pintores alcohólicos y un cantor de tangos ciego, a quienes les alquilo mi espacio). Tengo una nutrida biblioteca. Leo todo el tiempo en que no trabajo, y mi trabajo es literaturizar los adoquines, el suelo que piso.

    Al salir, hoy, vi la silueta de una mujer que se ocultaba detrás de la ochava del café de la esquina. Distinguí el faldón de su pollera, los tacos altos, supuse medias con costura. Es de Berlín, pero no es alemana, es francesa. Es rubia, tal vez lleve una orquídea en el ojal de la solapa de su tailleur. Esta mujer ya ha sido narrada, también filmada. Saqué el largavistas del estuche, acerqué y alejé los pasos de la mujer que giró en sentido contrario al río. Un carro dejó cajones en la puerta del almacén. Un montacargas depositaba bultos en la caja de un camión estacionado en el playón de la fábrica de colchones.

    Alguien apagó las luces de la ciudad. El reloj de la torre dejaba leer las siete. Seguí el vuelo de una paloma, me detuve luego en la cara gorda de un chofer que conducía un camión. El hombre iba fumando, parecía cansado, preferí pensarlo dolido, lo habían dejado por otro hombre (o por otra). Apunté en mi libreta de trabajo: CHOFER DE CAMIÓN, SU MUJER LO DEJÓ POR UNA MUJER MIENTRAS EL VIAJA POR LA LLANURA INTERMINABLE. Dirigí los binoculares al cielo. Un avión llegaba a destino. Viré hacia el río. Ya tenía la historia: una mujer llegaba a la ciudad, venía de lejos, se alojaba en un edificio vetusto. Buscaba ser otra, necesitaba olvidar. No hablaba el idioma del país. No importa su nombre, si había algo intrascendente era precisamente el nombre.

    Paré un taxi. Vi el escenario. Le indiqué al chofer la plaza, que es como un balcón elevado sobre esta ciudad tan chata, está cercada por árboles tupidos y extraños que ensombrecen una fuente ornada con nereidas herrumbrosas. En frente, cruzando el camino de salida de la ciudad hacia el aeropuerto, hay un edificio degradado que tiene ventanas ojivales que miran a la plaza. En ese edificio se alojará la mujer, que veré pasearse por el balcón, que ha venido para olvidar a un militar al que ella amó y traicionó.

    Tuve una erección.

    Desde el auto miraba por el largavistas a los ciudadanos yendo a sus trabajos. Me deleito siendo un transgresor y de que ellos me ignoren, un loco al que dejan suelto, un pulsador de la ciudad. Un ente sin horarios, irresponsable, sin sentido, ni propósito, un traidor, un infame. Comencé a masturbarme moviendo la pelvis lentamente.

    Cuando el taxista me preguntó que hacía -se refería, creo, a los largavistas- le contesté cortante: estoy trabajando. Hizo una mueca y me dejó tranquilo.

    Bajé. Caminé por calles angostas. Recorrí la zona de los bancos, vi cuadrillas de hombres cavando zanjas, chicos de delantal blanco, oficinistas. Alrededor de las nueve tomé un café. Leí los titulares de un diario. Volví a caminar muchas cuadras. Entré en otro café. Fui a la Biblioteca Nacional, inspeccioné documentos sobre la revolución. Anoté en mi libreta: LA NARIZ DE LA BIBLIOTECARIA.

    A la una decidí almorzar; fui a lo del húngaro, pedí gulash. Danika me hizo una seña. Deborah había regresado, estaba libre, pero cuando escribo no copulo.

    A las tres ya estaba en la plaza frente al edificio de ventanas ojivales, sabía que la mujer se asomaría. A las cinco ya había contado ocho aviones que aterrizaban. Varias personas salieron a distintos balcones, ella no. Detuve los largavistas en una pareja. Él, en musculosa, ella con vestido floreado, se pegaron.

    En otras de mis pasadas, los vi besándose.

    Más arriba, un chico arrojaba piedras, o tal vez fueran nueces, a los transeúntes y se escondía detrás de la balaustrada de mampostería mohosa.

    A las seis ella salió al balcón. Era rubia; vestía un deshabillé color rosa que supuse de satén, imaginé que calzaba unas chinelas de raso con pompón blanco, tendría los pies hinchados. Se paseaba fumando un cigarrillo tras otro. Se apoyó en la baranda, hizo un extraño mohín, lloró un rato largo, luego con decisión se arrojó al vacío.

    Escribí la historia con facilidad. Al fin acabé.

  • NUBE DE PALABRAS (II)

    Las palabras que en mi opinión definen a César Aira son INVENCIÓN CONSTANTE, NO PARAR JAMÁS, IMAGINACIÓN, PASIÓN POR LA ESCRITURA, CREACIÓN DE LA MÁS LÚCIDA METÁFORA DE LA HISTORIA ARGENTINA: EL VESTIDO ROSA,la llanura, los indios y un largo etcétera creativo.

    Afirmar que por el sólo hecho de que alguien haya nacido en un paraje llamado El Pensamiento, está condenado a pensar con lógica, con pasión y a tener la destreza de comunicarlo con claridad, es ridículo, salvo que se trate de César Aira nacido precisamente en El Pensamiento, localidad de Coronel Pringles en 1949.

    Afirmar que por el mero hecho de que la palabra “argentino”, sea anagrama de “ignorante” eso nos hace a los 47.000.000 de argentinos ignorantes de las riquezas naturales del país, nos hace ignorantes para transformar esas riquezas en desarrollo cultural para incrementarlas, gozarlas, distribuirlas con equidad, nos hace ignorantes para transformarlas en ganancias para invertirlas en educación, desarrollo industrial, red caminera, trenes de altísima velocidad es un absurdo como lo muestra la realidad que supimos alcanzar en estos 200 años de historia nacional.

    César Aira es una literatura en sí mismo. Ha publicado más de 100 obras de las que hasta ahora leí 65, lo releo, lo recomiendo. Me fascina su compromiso con la escritura, no con el “show literario”. Me gusta su enlace con la tradición que comienza, hasta donde sé con “Las Ovejas” 1970, “Moreira” 1972, “Ema, la Cautiva” 1978, “Cecil Taylor”, 1981, “El Vestido Rosa” 1982, “La Liebre” 1987 que podríamos llamarlo el lazo con la llanura, los indios, el malón, los gauchos y el eterno girar, girar, girar, girar, girar, girar y volver a girar sin movernos un centímetro de donde estamos porque así funciona la ETERNA CALESITA ARGENTINA. ” Las Ovejas”, esa genial obra de Aira termina re escribiendo con mínimas actualizaciones temporales y guiños personales, la exposición sobre el Idealismo de “Nueva Refutación del Tiempo” de Jorge Luis Borges, pero con humor irreverente, porque así ha de ser el humor donde Berkeley es la oveja Moussy, Cathy es Schopenhauer, Kitty es David Hume y Dorothy es Spiller; “Principles of Human Knowledge” es El Pensamiento y otras beldades similares. Pero además, y no es menor con respecto a las disyuntivas que cada tanto se presentan en literatura ¿cómo escribir después de Borges?, ¿cómo escribir después de lo que se conoce como la vanguardia Libertella, Gusmán, Lamborghini? En el primer problema Aira tiende un puente con Borges con ese final a toda orquesta de “Las Ovejas”, Manuel Puig, en cambio, lo ignora. En el segundo dilema, Saer y Piglia retornan al relato clásico de ficción, Aira , en cambio,se va para la invención en otro guiño, esta vez hacia Arlt.

  • COCK, BULL & LITTLE HORSE

    Un querido amigo que nació en Londres pero vive en Rye, porque necesitaba un lugar más tranquilo para vivir, que adora a la Argentina y está fascinado con Buenos Aires y con quien hablamos todas las semanas me comentó que le parecía extraño que uno de los 48 barrios porteños se llame “Little Horse”. Me preguntó si sabía por qué, y esta fue mi respuesta.

    Dear Thomas, es mucho más extraño que ustedes llamen a un tipo de narración “A Cock and Bull Story”, pero empecemos por Caballito (Little Horse), que es el centro geográfico de la ciudad de Buenos Aires. Un país de vacas, tiene en el centro “centro” de su capital a un caballo. La historia es la siguiente y tiene que ver con las pulperías, que de alguna manera han cumplido la función de los “pubs” en tu país. Centro de reunión, de charlas, de crítica política, de literatura o como bien dice León Bouché (1902 -1970) “las pulperías han sido un mojón civilizador”, es en Bouché en quien me baso para responderte. Nos cuenta que en 1820 desde lo que hoy es la Plaza de Mayo, hacia el oeste, que era el campo se salía en interminables viajes hacia el interior del país, era lo que se conocía como Camino Real, luego re bautizado por Rosas Camino de la Federación (todos los autócratas tienden a re bautizar con sus nombres calles, plazas, avenidas y centros culturales, a mí que me encanta meterles el dedo en el culito siempre pensé que a la cloaca central de Buenos Aires, habría que llamarla “KK”). Hoy ese camino al oeste es la Avenida Rivadavia (la más larga del mundo). Parece que entonces una ballenera se estrelló contra las rocas del fondo del Río de la Plata, la desguazaron y un individuo de nombre Galiano que tenía un negocio de compra y venta se llevó gran parte de los restos y al tiempo un italiano Nicola Villa compró maderas , hierros y sogas y con eso construyó una pulperia bien en el campo, y usó el mástil al que deseaba colocarle algo que atrajera la atención de los viajeros. Regresa a Buenos Aires y en la herrería de Monteagudo compra una veleta con un caballo de latón. La coloca en el mástil y de ahí en más cuenta Bouché se la conoció como Pulpería del Caballito, después Almacén del Caballito y así como sin quererlo fundo el barrio de Little Horse. En lo que hoy es la esquina de Rivadavia y Emilio Mitre estaba la pulpería y el “caballito de latón” se exhibe en el Museo de Luján. Como ves amigo, nos encandilan los “grandes hechos de la historia” pero a veces sin quererlo fundás un barrio y otras veces lo más pequeño un caballito de lata, es una pieza de museo. Tanto EGO acumulado y terminamos devorados por bacterias y de ahí polvo y olvido, es decir “We are just Dust and Oblivion”.

    En relación a Cock & Bull Story, expresión que se usa para designar una historia absurda e improbable, como si fuera una verdad, está también emparentada con caminos, diligencias y postas, ya no entre Buenos Aires y el interior sino entre Londres y Birmingham, donde los carruajes solían hacer una parada en Stony Stratford, ahí había dos postas (coaching inns) hoy son dos hoteles uno llamado The Cock y el de en frente The Bull, donde los pasajeros bajaban, comían y of course bebían y entonces se les soltaba la lengua e inventaban historias, como hace todo ilustre viajador, de ahí la expresión que los parroquianos, ávidos de noticias, siempre le agregaban un capítulo. Ya que estamos hay una película de Michael Winterbottom del año 2006, que es un homenaje a la estupenda novela de Laurence Sterne (1713 – 1768) “Vida y Opiniones de Tristram Shandy”, que inaugura la novela moderna, precisamente llamada “A Cock and Bull Story”.

  • SEGROB

    A pesar de “El Otro” de 1964 y del otro “El Otro” de 1975.

    A pesar de “Borges (el otro) y yo”.

    A pesar de los otros: los Borges, los Acevedo, madre, padre, Norah, Bioy Casáres, Silvina Ocampo.

    A pesar “de que no hay en la tierra un ser humano capaz de declarar quien es, con certidumbre” (y de que) “nadie sabe que ha venido a hacer a este mundo”.

    A pesar “de ser más raro ser el hombre que entrelaza palabras en el cuarto de una casa” y de confesar “ser el que es nadie, el que no fue la espada en la guerra y de ser olvido y nada”.

    A pesar que vos “de niño temías que el espejo te mostrara otra cara y que ahora de viejo temés mostrar el verdadero rostro, el que ve Dios y acaso ven los otros”.

    A pesar de quejarte de que “el espejo multiplica el mundo incierto” y de que “en una esquina de la calle Perú, Julio César Dabove te dijo que el peor pecado que puede cometer un hombre es engendrar un hijo y sentenciarlo a esta vida espantosa”.

    A pesar “de que en su cenáculo de la calle Victoria, el escritor -llamémosle así- Alberto Hidalgo señaló mi costumbre de escribir la misma página dos veces, con variaciones mínimas. Lamento haberle contestado que él era no menos binario, salvo que en su caso particular la versión primera era de otro…. La observación de Hidalgo era justa”.

    A pesar “de empuñar con firmeza el cuchillo, que con seguridad no sabés manejar, pero igual salís a la llanura”.

    A pesar de que vemos todas las cosas al revés.

    A pesar de tu fingido “temor de que te declaremos un impostor o un chapucero o una singular mezcla de ambos”.

    A pesar de que digas “yo lamentablemente soy Borges”, dejate de mirar en el espejo, asomate a la ventana y te vas a sorprender “con el descubrimiento de que una emoción colectiva puede no ser innoble” ya que el mundo no para de aplaudirte.

  • BORGES Y ÉL

    Estaba leyendo el ensayo de Pablo Maurette (1979) “Borges y la Bestia de Bengala” de su estupendo trabajo “En Carne Viva” y me encantó su afirmación :”Aunque expresando reparos de modestia, la obra de Borges es un incesante cantarse y contarse a sí mismo”; a continuación Maurette pone como ejemplos “El Sur” (la historia de la convalescencia después de una herida cortante con el marco de una ventana que le provoca una septicemia, que remeda lo que en verdad le sucedió a Borges, y que casi nos priva de él, en 1938); comento ahora yo, de haber sucedido eso el mundo sería otro y la literatura argentina no hubiera sido engalanada con su enormísima obra. Menciona Maurette “El Aleph” y se pregunta si el mismo no es la historia de sus desamores y finalmente nombra a “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” y vuelve a preguntarse si no es acaso la historia de las muchas veladas con su gran amigo Adolfo Bioy Casáres.

    Es totalmente cierto que todo lo que uno escribe es autobiográfico, así uno este hablando de los tiburones martillo o del arresto de Andrew Mountbatten-Windsor. Maurette me dio pie a que hiciera una lectura del índice de la Obra Completa y uno concluye que lo que Maurette dice de Georgie, es extensivo a toda la familia de Borges; la omnipresente Leonor Acevedo, su madre, su padre Jorge Guillermo, su hermana Norah, Fanny Haslam, su abuela inglesa y su esposo el Coronel Borges, así como el Coronel Suarez, los Borges, los Acevedo,su tío bisabuelo Juan Crisóstomo Lafinur, su primo Enrique Amorím, propietario de las estancia Las Nubes.

    Abocado al seguimiento de su parentela, tomé “ese mamotreto verde que la gente usa para apoyar lámparas o ceniceros” como Mujica Laínez, solía referirse a las un tanto apuradas Obras Completas que Emecé publicó en 1974 y que apenas enterado salí a comprar a la calle Corrientes una luminosa tarde de invierno por el precio de 30 pesos ley 18.188 que tuvieron curso legal entre 1970 y 1983, cuando fueron reemplazados por el Austral y después, y después y después y tal vez próximamente, como sucede siempre en la Calesita Argentina por otra unidad monetaria. En 1974 comprar 1 U$S dolar costaba $ ley 1,41 con lo cual por U$S 21,70 me hice dueño del “mamotreto” sobre el que no apoyé lámpara alguna, sino que lo gocé, lo leí y releí infinitas veces y de tanto anotarlo el ejemplar pasó a ser conocido entre mis amigos como “el ejemplar descabalado”, imitando la expresión de Juan Dahlmann quien “había conseguido, esa tarde, un ejemplar descabalado de las Mil y una Noches de Weil”, que provocaría, debido a lo que el hallazgo causó en él, la distracción que produjo la herida, que es la ficcionalización de “El Sur”, de lo que en verdad le sucediera a Jorge Luis Borges.

    La Obra Completa (incompleta en 1974) comienza con una sentida dedicatoria a su querida madre y termina con un Epílogo que ocupa las páginas 1143/1145 donde imagina una Enciclopedia Sudamericana a ser publicada en Santiago de Chile en 2074 donde se podría llegar a leer “Borges, José Francisco Isidoro Luis: Autor y autodidacta, nacido en la ciudad de Buenos Aires…”.

    Ya en “Cuaderno San Martín” (1929), en su poema “Fundación Mítica de Buenos Aires”, Borges que descendía de Juan de Garay, el segundo fundador de Buenos Aires, hace que la ciudad haya sido fundada no en la orilla del Riachuelo, sino en “La manzana pareja que persiste en mi barrio; Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga”. En “Curso de los Recuerdos” del mismo libro incorpora el jardín de la casa de su niñez de Serrano 2135 y así susesivamente van apareciendo Isidoro Acevedo, un personaje de nombre Borges en “Hombre de la Esquina Rosada “que volverá 35 años después en “Historia de Rosendo Juárez”, y un larguísimo etcétera donde no sólo personas allegadas a él sino hasta fechas que se reiteran y que hacen referencia a la de su nacimiento que como la Historia de la Literatura Universal ya conoce fue el 24 de agosto de 1899. En 1952 en “Otras Inquisiciones”, escribe en el relato “Anotación al 23 de agosto de 1944” un día antes de cumplir 45 años donde da cuenta de “tres heterogéneos asombros”, 1. La felicidad física por la liberación de París. 2. El descubrir que la emoción colectiva puede no ser innoble y 3. El enigmático y notorio entusiasmo de muchos partidarios de Hitler.

    Muchas años después, en 1980 publica “Veinticinco de agosto, 1983” donde hay un juego interesante con otra fecha 24 de agosto de 1934 cuando se encuentran Borges y Borges en el Hotel Las Delicias de Adrogué, que termina con el magnífico “Afuera me esperaban otros sueños” después de habernos dicho “somos dos y somos el mismo”, donde sin nombrarlo aparece la figura de el “espejo” del que hablaré en próximas notas; pero antes de dejarlos, vayamos a “Atlas” de 1983 donde hay un trabajo que lleva por título “El 22 de agosto de 1983” donde va a jugar con el tiempo y nos dirá que “las vísperas y la larga memoria son más reales que el presente intangible”.

    Me he permitido corregir el título de “Borges y Yo” que forma parte de “El Hacedor” de 1960 por “Borges y Él”. Invito al lector a buscar más referencias, pero si la invitación es rechazada, en los próximos días esta historia continuará.