Categoría: Literatura

  • ENSAYO DE FICCIÓN EN 29 TANGOS

    Aplausos y más aplausos, ayer le dieron el Premio Nobel de Literatura a Anne Carson (1950), me encantó. Yo sigo esperanzado en que lo reciba César Aira (1949) porque, no me voy a cansar de repetirlo, es una literatura en sí mismo y además nació en un pueblo de Coronel Pringles que se llama El Pensamiento, lo cual para un país que es 95 % de emocionalidad, 3% de corrupción y 2% de racionalidad y que además está inoculado de peronismo, haber nacido en El Pensamiento es casi un milagro.

    Sólo he leído tres libros de Anne Carson “Short Talks” (“Charlas Breves”) de 1992; “The Fall of Rome: a traveller’s guide” de 1995 que originalmente forma parte de “Glass, Irony and God”, pero que bajo el título “La Caída de Roma: una guía para viajeros”, la editorial Zindo & Gafuri ha publicado en edición bilingüe y “Red Doc>”que tengo en español. Aquí están abiertos los tres sobre mi escritorio y ando releyendo y gozando, ya que hace un tiempo que, no los frecuentaba.

    Carson, requiere trabajo, es el tipo de tarea que me encanta. Recuerdo la primera vez que leí a Borges, yo tenía 15 ó 16 años, empecé con “Historia de la Eternidad” y no entendía demasiado; hoy pienso que tal vez quería hacerme el interesante, aunque nunca fue una característica personal (tengo otro tipo de horrores personales); también creo que si hay algo intersante en mi vida, es mi experiencia, no mi querer aparentar, me enorgullezco de mis aventuras por el mundo; son esas aventuras las interesantes, yo tan sólo su narrador. Pero sí, había algo en la escritura de Borges que me tenía atrapado, estaba como ausente del exterior, esperaba el tren en la estación La Lucila y seguía tan concentrado que subí al coche, me senté, no presté atención a la persona que compartía el asiento frente a mi. En un momento levanté la vista para mirar por dónde íbamos y me detuve en las manos pequeñas apoyadas en grueso bastón, ahí frente a mi, sí eran las manos y el bastón que había visto en fotos y detrás todo él: Borges.

    Con Joyce me pasó lo mismo, intenté leer el “Ulises” en inglés, recién en el, creo que décimo intento, entendí, me lo devoré, mi vida en relación a la literatura fue antes y después de JJ y siguió el “Fin del Nuevamente del Velorio y el Despertar” (el Finnegans Wake) fue una fiesta con su “vicus of recirculatión” con Gian Baptista Vicco agazapado entre Shem y Shaun. Anne Carson es ese tipo de escritores, de esos que no, pero sí, hasta que hacés un gambito y luego un enroque y la partida es tuya Jaque Mate y la empezás a querer.

    Va un ejemplo, porque no sé aun nada de ella, “Charla breve sobre Parménides” de “Short Talks”, nos cuenta Carson que Andreas, es italiano, que vivió en Argentina y también en Inglaterra, y un tiempo en Costa Rica; y en todos los lugares donde vive, invita gente a cenar y se pregunta “¿Y si el nombre correcto de Italia resulta ser Brzoy, Andreas seguiría viajando por el mundo como la luna errante con su luz prestada?”y entonces mi jugada: obvio que sí, como que byos que en griego es arco, que tiene nombre de vida pero efecto de muerte, dicho por Heráclito y entonces si todo es un cambio permanente, ¿cambia algo? es decir Parménides was right y le dejo el jaque a Carson “¿Y si cada vez que hablaba de ciudades quería decir engaño, por ejemplo?”

    Congratulations.

  • WELL – NIGH

    Vivo rodeado de una gran cantidad de libros, creo que sólo debe haber 20 de un total de más de 5000 que no he leído o porque a la tercera página no me interesaron o me aburrieron o por haberlos comprado sin un propósito claro. Hoy acabo de colocar sobre mi escritorio dos de ellos que nunca leí pero que tengo toda la intención de hacerlo: son “Las Memorias” de Talleyrand, personaje que siempre me interesó, ya que Antonio María Careme fue nombrado por el Principe de Talleyrand y Perigord como “La Cocina” y porque éste reconoció a Talleyrand como el poseedor del paladar más exquisito de Francia y yo adoro los extremos: que un chico de la calle abandonado por su padre albañil, a los 10 años de edad, analfabeto, se haya transformado en el hacedor de la gloria de la cocina francesa y haya sido distinguido por el más encumbrado, poderoso y rico del reino como el Rey de los Cocineros y Cocinero de Reyes, me parece algo que se acerca a la perfección del encuentro entre dos seres humanos. Debo confesar que soy de los que sostiene que el más alto nivel del amor es la AMISTAD, por encima de lo que llamamos amor, de pareja, sin lugar a dudas por sobre el matrimonio y aún del sexo.

    El otro libro es el que leeré primero y del cual comentaré algunas cosas aquí ya que tiene 489 páginas y sólo he leído unas notas de la introducción y de lo que se ha dado en llamar “Blurbs”. Libro que compré en Katmandú Nepal en junio de 1980 de acuerdo a la fecha que estampé en la portada. El libro se llama “My Secret Life” y es tan secreto que no tiene firma de autor, aunque la tapa de la edición Panther, de Granada Publishing de 1972, Londres, está ilustrada con la imagen de un “dandy ” con una orquídea en el ojal y dice “Walter” y que en la introducción de Gordon Grimley, firmada en Kent 1972 se va a dar una idea de quien pudo haber sido su autor, que en el primer blurb, donde yo estampé mi firma se dice que el autor de My Secret Life, que nos es conocido como Walter comenzó en sus primeros 20 años a escribir un diario sobre todos sus encuentros sexuales, que llegaron al cenit cuando contaba 35 años al conocer a una mujer con cuya ayuda “hizo, dijo, vio, y oyó “well – nigh”(forma antigua del adverbio almost (casi)” todo lo que un hombre y una mujer pueden hacer con sus genitales”. El blurb sigue diciendo que cercano a 1882, cuando el autor ya iba por sus tardíos 60 años, tomó la decisión de publicar sólo para unos amigos una edición limitada de sólo 6 ejemplares. Se agrega que el apetito sexual de “Walter” era insaciable, de una voracidad sin igual, pero su libro es mucho más que una erótica; es la penetración en las más bajas profundidades del Londres de Dickens, que el mismo Charles (Dickens of course)nunca fue capaz de retratar en sus novelas. Un* nos dice que en la Introducción Gordon Grimley nos propone una muy satisfactoria solución a quien pudo haber sido Walter. Haré una síntesis de la misma, pero dejenmé decirles dos cosas 1) que este libro publicado en Londres en 1972, llevado a Darjeeling, India, ya que el ejemplar tiene una etiqueta que han pegado en una esquina del mismo, con el nombre de esa ciudad, comprado por alguien que lo vendió a un nepalí donde en 1980 lo compré, usado, puse en la mochila, tan sólo lo ojeé, atravesé parte de India, lo subí a un avión que hizo escala en Moscú y aterrizó en París con conexión a Marsella, llegó a mi casa en Saussine, fue metido en un valija que quedó depositada en un departamento de Brigg, mientras yo recorría en el Orient Express con un querido amigo el camino hasta Estambul y luego regresaba via Grecia, Venecia, Florencia y Génova para tomar el Federico C que me depositó en Buenos Aires, habitó varios departamentos hasta que hace 27 años descansa a la espera de ser leído, en uno de los estantes de mis pobladas bibliotecas para hoy ser penetrado por mi voraz lectura; como Walter, parece, según su introductor, penetró 1500 chicas y mujeres; (“girls and women”) ya ven el mundo es variado unos penetran chicas y mi destino es penetrar libros, es decir de penetrar o ser penetrado en esta vida nadie se escapa. También debo decir que Walter devoró muchos libros y yo no creo ni que por asomo 1500 mujeres, pero tampoco me pasé la vida haciéndome la del mono. Y 2) Que siempre supe donde estaba ubicado en la biblioteca y que cada tanto lo intenté leer como lo reflejan mis subrayados al texto, pero nunca pasé de la introducción,vaya yo, a saber por qué y que hoy ha llegado el momento, algunos dirán porque el libro elige a su lector, otros dirán porque el maestro llega cuando el discípulo está preparado y yo diré que en estos días re leyendo, como les dije en otra nota “El Deseo de ser un Volcán” de Michel Onfray me topé con Cyrano de Bergerac y leí una escueta biografía del mismo en Google y me pareció un espíritu muy cercano a mis pensamientos y sentimientos y eso me llevó a su dandismo y entonces me puse a re leer el “Diccionario del Dandi” de Giuseppe Scaraffia, que habla del Bello Brummell y ahí dije sí es hora de acercarme a Walter, y aquí estoy en una vorágine de actividad,de ideas, de reuniones, de proyectos, de entrevistas, y de lecturas y de alguna revisión de ciertas características de mi vida sexual de la que siempre he sido muy pudoroso, mis relaciones sexuales nunca las hablo demasiado con otros más que con quienes las he mantenido, en mi caso siempre con mujeres. Siempre me pareció que la intimidad es eso algo muy personal, no algo para alardear. Aquí tal vez hay otra explicación a la rémora en el inicio de su lectura que ya lleva una procastinación de 46 años.

    Bien, en la Introducción de Gordon Grimley se nos dice que los escritores más próximos a Walter en lo que respecta a pintura de su clase social, medio ambiente, filosofía y época son Rousseau y sus “Confesiones” y Restif de la Bretone con su “Monsieur Nicholas, or the Human Heart Unveiled”, nos dice también que en un tiempo se creyó que Walter podría haber sido Henry Spencer Ashbee, hombre de negocios, viajador, autor y biógrafo de la realeza en cuanto a erótica y pornografía, pero luego lo descarta por varios motivos y concluye que lo que Walter hacía, Ashbee lo soñaba . Luego el introductor nos dice que Ashbee en una reseña que hace del libro “The Romance of Lust”, un increíble texto, mayormente dedicado al incesto publicado en cuatro volúmenes entre 1873 y 1876 y que Ashbee comenta que su autor se escuda en el anonimato, como la mayoría de la erótica de la época Victoriana, pero que luego en un descuido menciona que el autor ha sido William S. Potter quien visitó la India entre diciembre de 1875 y abril de 1876 y que a su regreso hizo una impresión de baja tirada para sus amigos que fueron sus “cartas”, es decir sus apuntes de viajes (algo así como mis bitácoras) y nos dice que Potter quien había nacido el 21 de enero de 1805 murió en Catania el 16 de enero de 1879, a los 74 años, son fechas que coinciden con ciertos hitos dados por Walter en estas confesiones. La similitud en el uso de palabras de cuatro letras Shit, cunt, cock, fuck y otras lindezas estilo Milei.También nos dice Grimley que “Walter” es anagrama de WiLlAm PotTER y que ésta que empiezo a leer es una versión abreviada de “My Secret Life”, nos señala ciertas referencias al destrato de la servidumbre en tiempos victorianos, donde por ejemplo los coches del ferrocarril en tercera clase eran abiertos, carentes de luz y que fue la presión de Gladstone que hizo que esos coches fueran techados, tuvieran paredes laterales e iluminación y que eso ocurrió a partir de 1838. También menciona una observacion de la reina Victoria preocupada por los súbditos de su imperio, los habitantes del País Negro) (África) y, se pregunta Gordon Grimley si la Reina tenía idea de la condición de los miles de pobres niñas, huérfanos, desclasados, sirvientes, putas y otros descartados del reino que vivían a un corto trote de Buckingham Palace. También me pregunto si los que pueblan nuestro Congreso, la Casa Rosada y sus Ministerios tienen idea de como viven los niños en las villas en noche de invierno de lluvia torrencial. Bien ahora a leer y les iré contando de qué trata “My Secret Life”, es decir “His Secret Life”.

  • LAS HAMBURGUESAS DE APICIUS

    Apicius, no es el nombre de un boliche de hamburguesas en Palermo, sino el prestigioso apellido de Marcus Gavius Apicius, autor del primer libro de cocina de Occidente “Romanae Artis Coquinariae Liber” es decir “De Re Coquinaria” es decir De la Cosa o Materia Culinaria, que vivió en tiempos de Tiberio, se cree que nació unos 25 años AC y que tal vez haya muerto intoxicado cerca del año 40 DC. El libro es una maravilla y es una aproximación a la cultura romana desde su arista más hedonista: los placeres de la mesa y no de la lectura a la que nos han acostumbrado sobre el Imperio, que siempre es desde la política y la guerra que, como se sabe es la política por otros medios, que son siempre los mismos.

    En el Libro II (hoy decimos Capítulo II) de la obra, bajo el título de “Sarcoptes”, que en la versión bilingüe latina – inglesa que tengo de Barbara Flower y Elizabeth Rosenbaum de 1958 aparece como “The meat-mincer” (El Picador de Carne) y en el ácapite I “Isicia” es decir “Forcemeat”, es decir (embutido, salchicha o albóndiga) de hígado de cerdo, que bien sasonado con pimienta y garum y cubierto con “omentum” (la piel del chorizo) envuelto en hojas de laurel y colgado para ser ahumado y luego cuando se requiera puesto a la parrilla. Es la primera versión de la hamburguesa así como el Ford A es una de las primitivas versiones del auto que conducimos hoy.

    Carne picada, pero vacuna, muy sazonada y cocinada a la plancha o a la parrilla en los muelles y galpones del puerto de Hamburgo durante el siglo XIX y conocido como “hamburguer steak”, se hizo muy popular y llegó a los Estados Unidos y ahí la historia cuenta que se disputan la originalidad de haberla colocado entre dos rodajas de pan, por un lado Charlie Nagreen, en Wisconsin en 1885, y por el otro, los Menches Bros, en New York, también ese año o si fue en 1895 Louis Lassen en su local de Connecticut. Se sabe que en 1920 Edgar Waldo Ingram en su establecimiento “White Castle”, en Kansas le dió la presentación actual, servido en el pan redondo que todos conocemos, lo demás 1940 Dick y Ronald Mc Donald, que luego venden a Ray Kroc en 1954 y a partir de ahí en mas, los negocios que hoy todos conocemos y luego de 1953 “Insta Burguer King” en Jacksonville que luego abrevió el nombre a “Burguer King” de Miami en 1954.

    Las comidas son la relación de los alimentos con uno, lo que se despierta en la memoria es el sabor, o es éste el que te lleva a la primera vez. Ayer mientras probaba una excelente hamburguesa con estupendas papas en La Brava Burguer, en Saavedra, acompañado de un querido amigo, me puse a pensar, al saborearlo cuándo y dónde había dado el primer mordisco a una hamburguesa. Y sí, fue en Pepino, como casi todos los que vivimos entre Vicente López y San Isidro, de muy chico en bici con amigos, pebete de jamón y queso y palito Laponia, no más de 11 años de edad, ya en la década del 60 Pepino comenzó con las hamburguesas, las que aún hoy con memorioso placer como cada tanto, luego Pumper Nic, en Libertador y Paraná que fue de los Lowenstein, los hacedores de Paty después The Embers, con sus hamacas colgantes de caña, y también en el Bowling de Martinez. Ese fue mi mapa hamburguesero.

    Ya les he hablado de mis bitácoras, pero también quiero decirles que tengo un cuaderno de recortes periodísticos donde pego artículos que me han interesado sobre comidas, bebidas, restaurantes, también sobre arquitectura, curiosidades, política. Mis amigos lo llaman mi album de figuritas, aunque ya casi no lo uso debido a Mr. Google y los varios Mr. Chats que invaden todo. Lo cierto es que sabía que había pegado una nota sobre hamburguesas y aquí va: es del diario La Nación de agosto de 2006 y se ve una estupenda apetitosa, espléndida superhamburguesa y la nota dice “Un precio récord se pagó el miercoles en Boca Ratón (Florida) por esta hamburguesa que combinaba carne norteamericana, japonesa y argentina: 124,50 dólares, incluída la propina. Pesaba 557 gramos”, que al cambio de agosto de ese año equivalía a 375 pesos argentinos, lo cual era una barbaridad. Hoy de ser el precio el mismo es equivalente a 185.000 argentinos, lo cual también es una locura, aunque estimo que hoy costaría unos 180 dólares allá, es decir unos 275.000 pesos aquí. Anoté sobre esa foto “Bien de Gordo”, porque a su lado pegué otra nota del mismo diario cuyo título era “Bien de Flaco”, donde se anuncia la puesta en venta de la casa más angosta de Londres de tan sólo 1,50 m de ancho, 5 pisos, 3 dormitorios, 2 baños, por un valor de 525.000 libras o 1.000.000 de dólares, en la calle Goldhawk Road, en el municipio de Hammersmith. A este Gordo & Flaco, lo acompaña otro recorte del diario Clarín con fecha 17/10/02 con el título “¿La Madre de Da Vinci era esclava?” firmado por Burhan Wazir de The Observer. Y sin fecha una nota también en La Nación de Willy G. Bouillion sobre “La Colorada, un testimonio porteño del neoclásico inglés” ese espléndido edificio de Regis Pigeon de 1911 de la esquina de Cabello y República Arabe Siria, que en las madrugadas de invierno con intensa niebla, permite que salgan sigilosamente del mismo Elizabeth I y William Shakespeare, suban a la carroza y partan hacia el muelle de Pacheco en San Isidro donde los espera el SS John Sunday Big Pear que los lleva raudamente a Portsmouth.

  • HIMALAYA, HISTORIA

    Las imágenes dantescas que vi en las noticias sobre un desastre natural de un glaciar en el Himalaya, en la frontera entre Nepal y Tibet, que provocaron una inundación que arrasó la población de Rasuwa, derribando puentes y llevándose autos, enseres, la desparición de más de 1400 personas, entre ellos 800 extranjeros que hacían trekking y que dejó al menos 360 muertos; ver como el agua marrón invade la pequeña ciudad del bellísimo valle y en segundos se lleva todo puesto y se escuchan los gritos de chicos y grandes corriendo montaña arriba hacia un lugar seguro, contrasta con la paz que sentí cuando en 1980, caminé con Pierre, un amigo francés, durante dos semanas desde Katmandú a Pokara, Naudanda, Khare, Luhle, Charankot, Birethanti, Ulleri y Ghorapani a 2.900 metros custodiados por las increíbles columnas de nieve de la cadena del Himalaya. En verdad no hay otras palabras más que silencio, paz, el convencimiento de estar haciendo lo que deseas sin otro compromiso más que la aventura. Me sucede que en el fárrago de todos los días, el sólo hecho de pensar en esa caminata, me devuelve a la armonía dentro del caos de tránsito, sirenas, luces, miles de personas dando vueltas, de la ciudad de Buenos Aires.

    También recuerdo la caída de un galés, que se quebró las dos piernas al caer en un cañadón y la manera en que fue subido y luego en camilla llevándolo hasta la sala de auxilios, en fin su recuerdo debe distar mucho de la sensación de paz que a mi me provoca el Himalaya.

    Estuve en el simulador de vuelos que había en la cima de una de las torres del World Trade Center, tan sólo dos semanas antes del ataque terrorista a las mismas. La experiencia del simulacro de vuelo sobre New York resultó una maravilla, de haberlo hecho el 11 de septiembre, no podría contar ninguna experiencia.

    Esto me ha hecho pensar en la historia. ¿Qué es en verdad la historia? ¿es realmente la disciplina que basada en documentos se acerca a la verdad de lo sucedido, o la historia es el relato (la narración) de como nos ha afectado un hecho. Francis Bacon (1581 – 1626)ha clasificado a los prejuicios, les ha dado el nombre de errores o ídolos; así destaca a)los idola tribus, que son los comunes a la condición humana, a nuestra especie; b)los idola specus o de la caverna, que son los propios de los individuos y están íntimamente relacionados con los hábitos y costumbres; c)los idola fori, que son los propios del lenguaje, la feria, el mercado, hoy diríamos, la televisión, la prensa, las redes; y d)los idola theatri, que provienen de las imposturas de los sistemas y teorías filosóficas que se suceden en la historia como fábulas teatrales, es decir representaciones ficticias y más o menos fantásticas de la realidad.

    En esto andaba mi pensamiento y cuando comenzaba con la lectura de “Una vida de Pierre Menard” de Michel Lafon, el “Prefacio” firmado por Maurice Legrand en Montpellier, el 24 de agosto de 1957 (cumpleaños de Borges) dice: “la aparición de “Ficciones” de Borges, de estos cuentos revolucionarios que no dejan de disfrazar las invenciones más insólitas en posible realidad, y que constituirán, según mi más íntima convicción, su aporte más original a la literatura de nuestro siglo” y entonces estoy tentado de suscribir aquello de que quien mejor maneje el relato, de aquel que sea el mejor narrador, estará escribiendo la historia oficial y tal vez si uno se saluda con el accidental compañero de asiento en el avión y él te da la mano y dice “Pierre Menard, mucho gusto, yo respondería, encantado Jorge Luis Borges”.

  • BORGES & MÁS BORGES

    Cuando tenía 16 años tuve la audacia de comenzar a leer a Borges y ahí estaba esperando el tren en la estación La Lucila para ir a la casa de un amigo en Vicente López. Andaba leyendo con mucha concentración “El Tiempo Circular”, en el volúmen de Emecé de tapa blanda y gris bajo el título de “Historia de la Eternidad” en letras rojas; aun faltaban nueve años para que saliera el volumen gordo de tapa dura y verde con las apresuradas “Obras Completas”, ya que Borges siguió escribiendo.

    Entendía poco o casi nada pero había algo; más allá de mi vanidad por hacerme el “cool”; que me hacía seguir leyendo. Subí al tren y me senté en un asiento de los de cuatro, sin prestar atención a la persona que ya estaba ocupando un lugar contra la ventanilla. Yo seguía concentrado en mi lectura, al rato levanto la vista, cuando el tren frenaba en Olivos y frente a mi, unas manos pequeñas apoyadas en la curvatura de un grueso bastón. Sí, era él: Borges. Obviamente no me veía, lo cual me liberó de mi vergüenza, del atrevimiento de estar leyéndolo sin comprender demasiado. Fue el primer escritor que veía y el hecho de estar con él me gustó mucho; era como que yo sentí que Borges aprobaba que un adolescente vanidoso, es decir ignorante, lo estuviera leyendo. Imaginé que vendría de la casa de Victoria Ocampo en San Isidro y yo venía de la casa de Patricio Ocampo, un compañero de colegio.

    Pasaron los años, asistí a varias de sus clases de literatura (yo estudiaba filosofía) y un poco después a todas sus charlas en el Teatro Coliseo en 1977, que fueron luego publicadas en 1980 bajo el título de “Siete Noches”. Me fui a Europa cuatro años. A mi regreso asistí al taller de Esther de Eizaguirre donde Borges hablaba de poesía anglosajona. Nunca he dejado de leerlo. Tuve que comprar otro Emecé Verde y gordo (de esos que le hacían decir a Mujica Laínez “che Borges ese libro tuyo que la gente usa para poner lámparas o ceniceros”),ya que al mío que había comprado en la calle Corrientes por 30.000 pesos apenas salió en 1974, y que anduvo conmigo en Europa y al que llené de subrayados, dibujos, preguntas y notas y al que mis estudiantes conocen como al “descabalado” parafraseando aquello de su cuento “El Sur”: “Dahlmann había conseguido, esa tarde, un ejemplar descabalado de las Mil y una Noches de Weil”.

    Cada vez que en Londres y luego en el sur de Francia, me preguntaban por Buenos Aires, los gauchos, el tango o algún hecho de nuestro país, solía recurrir a Borges y todos parecián comprender. No hay escritor argentino que nos haya representado mejor en el mundo. Es un producto orgullosamente “Nacional”; y por más que les pese a los ciudadanos peronistas “Popular”: El barrio de Palermo en 1900, sus caminatas hasta el barrio sur, su lectura de nuestra historia, el compadrito, sus duelos, el tango, las milongas, Carriego honran a nuestro pueblo, lo dignifican y lo llenan de orgullo como jamás hizo ni hará ningún dirigente sindical. Su centralidad en la cultura anglo norteamericana y francesa lo convierten en uno de los productos de exportación que deberían enorgullecernos: Michel Foucault comienza “Las Palabras y las Cosas” con una carcajada cuyo estertor hace balancear al obelisco y Michel Lafon (1954) publica en 2008 su novela “Una vida de Pierre Menard” que inventó Borges de la misma manera que Dios inventó el universo. Tampoco yo sé si escribo estas palabras o soy tan sólo el sueño soñado por Dios que luego cobra realidad tal cual como Pierre Menard que ha engendrado el libro de Lafon que hoy comienzo a leer en traducción de César Aira (otro orgullo) y que comienza así: “Jorge Luis Borges, mató a Pierre Menard al tiempo que le daba vida……………………………………………………………………………………………….”

  • OLLA PODERIDA O PODRIDA

    Thomas Bernhard (1931 – 1989) en su Autobigrafía ha anotado que “El lenguaje es inútil cuando se trata de decir la verdad, de comunicar cosas; sólo permite al que escribe la aproximación, siempre, únicamente, una aproximación desesperada”. Es decir el lenguaje es insuficiente. Hablar, habla cualquiera, decir en cambio requiere un arduo trabajo.

    Hay en el recetario de la cocina española un plato antiquísimo, que figura en el “Libre de Coch” escrito por Rupert de Nola en 1477, que cuando Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, harto y un tanto asqueado de la política se retira al Monasterio de Yuste para pensar e intentar decir; para tener un poco de contacto con el placer y dedicarse a leer, comer, beber y caminar; uno de los libros que lee es el de Rupert de Nola que había hecho traducir de su original catalán al español en 1525. ¿Qué comía este doble Rey que además reinaba sobre el Nuevo Mundo Hispano ultramarino? Pues le gustase o no, los poderosos Austria comían poder. Entre los siglos XIII y XVIII comían OLLA PODERIDA, llamada así porque requería mucho dinero elaborarla y muy poderosos jugos gástricos para digerirla. ´¿Cómo devino OLLA PODRIDA? que es como se la sigue llamando en Burgos, es un tanto confuso, pero sospecho que se debe a que el poder siempre termina pudriéndose, en la España de Carlos I y V, en la Corte de Napoleón, en la Venezuela de Maduro, en la Rusia de Putin, en los Estados Unidos de Trump y un extenso etcétera que abarca la historia universal. En el siglo XIX la Poderida – Podrida devino “puchero” entre nosotros y “cocido” en España. El tratadista gourmand Xavier Domingo (1929 – 1996) define a la Olla del Poder como “un mundo, un compendio de ciencias naturales hervido en agua y perfumado con todas las especias y todos los aromas”, alguien que lo antecedió Don Diego Granado cocinero y escritor del siglo XVII detalla el contenido de la olla y verán por qué es más lógico llamarla PODERIDA que PODRIDA. Nos dice Granado: “Toma dos libras de garganta de puerco salada, cuatro libras de pernil desalado, dos hocicos, dos orejas y cuatro pies de puerco partidos y recién sacados de un día. Cuatro libras de puerco jabalí con el callo fresco, dos libras de salchichones buenos y, limpio todo, hágase cocer con agua sin sal. En otro vaso de cobre, o de tierra, cuézanse también con agua y sal seis libras de carnero, seis libras de riñonada de ternera, seis libras de vaca gorda, dos capones, dos gallinas, cuatro pichones caseros gordos y de toda las dichas cosas, las que estuviesen primero cocidas se vayan sacando del caldo antes que se deshagan, y consérvense en un vaso. En otro vaso, con el caldo de la sobredicha carne, cuézanse dos cuartos de liebre traseros, cortados a pedazos, tres perdices, dos faisanes, dos ánades salvajes frescas, veinte tordos, veinte codornices y tres francolines, y estando todo cocido, mézclense los dichos caldos y cuélense por cedazo, advirtiendo que no sean demasoiado salados. Ténganse aparejados garbanzos negros y blancos que hayan estado en remojo, cabezas de ajo enteras, cebollas partidas, castañas mondadas, judiguelos o frisones hervidos y todo se haga cocer junto con el caldo y cuando las legumbres estén casi cocidas, pónganse repollos, berzas, nabos, rellenos de menudo y salchichas y, cuando esté todo cocido, antes tieso que deshecho, hágase de todo una mezcla e incorpórese. Gústese la sal y añádase una poca pimienta y canela. Después téngase apoarejados platos grandes. Póngase una parte de la composición sobre los platos sin caldo. Tómese de todas las aves partidas en cuatro cuartos y las carnes gruesas y las saladas cortadas a tajadas. Las aves menudas dénse enteras y repártanse en los platos sobre la composición. Sobre éstas póngase de la otra compsición del relleno cortado. De esta manera háganse tres suelos y téngase una cucharada de caldo más gordo y póngase por encima. Cúbrase con otro plato y déjese media hoira en lugar caliente. Sírvase caliente con especias dulces.”

    Le preguntaría a Thomas Bernhard, y recordando que no había heladeras en el Monasterio de Yuste ¿qué término se acercaría más a la verdad PODRIDA O PODERIDA? Difícil saberlo y mucho más dificil aún digerirlo y no hablemos del costo.

  • COME EL REY, COME EL PAPA DE COMER NADIE SE ESCAPA

    Desde el primer momento me encantó este decir español que creo haber escuchado o tal vez leído en el Mesón de Cándido, pegado al acueducto romano de Segovia. También es válido “Caga el Rey, Caga el Papa de Cagar nadie se escapa” y “Coge el Rey, de Coger nadie se escapa salvo el Papa” (estimo que se abstiene) y por último “Muere el Rey, muere el Papa, de Morir nadie se escapa”.

    Hay un libro excelente de ese gran escritor y periodista que fue Álvaro Cunqueiro (1911 – 1981) por cuyas venas corren todas las rías gallegas y “la cólera natural del español que exige la libertad de palabra”, como dijo Gracián. El libro al que me refiero es “La Cocina Cristiana de Occidente” al que suelo consultar cada vez que escribo una nota o doy una charla sobre cocina en monasterios, conventos o abadías, ya que Cunqueiro tiene un humor, una gracia y una manera de hacer malabares entre la imaginación y la realidad inigualable como lo demuestra en sus “Viajes Imaginarios y Reales”, “Fábulas y Leyendas de la Mar”, “Los Otros Caminos” y como prueba baste la introducción: dice en la “Cocina Cristiana…” “Aquí van sin orden ni concierto mis saberes del arte culinario, y de vinos y también mis invenciones, el gozo de imaginar a un duque de Berry en una galería comiendo una liebre que nunca comió”; me encanta ese desparpajo, es la diferencia entre un mero cronista y un artista, entre un turista y un viajador.

    “Todo lo coquinario y vinícola llega un momento en que tiene un aire sacro” y requiere “El silencio a la hora del almuerzo”, que es uno de los placeres de comer con uno mismo, durante los viajes (aclaro que me encanta comer con amigos) pero esa cena a la caída de la tarde en Islandia tan sólo con los langostinos el cordero el Cabernet Franc y la vela, o aquella otra a orillas del Titicaca con la llama de la vela reflejada en la ventana que a su vez reflejaba la ingesta de otra llama o esa inolvidable en el Burj Al Arab frente a la pecera donde el tiburón gambeteaba, satisfecho a sus indiferentes presas , esas cenas son sagradas. Concluye Cunqueiro la introducción citando a un amigo que le dice “Sin vino no hay cocina, pero sin cocina no hay salvación, ni en este mundo ni en el otro”.

    Una nota interesante de Cunqueiro que me dejó intrigado. Se refiere al Chimichurri, con el que a muchos les gusta saborizar las carnes, a mi me basta con dos vueltas de molino de pimienta negra, sin embargo el nombre me encanta y conozco la anécdota repetida hasta el cansancio sobre el escocés que visitando la Estancia San Martín en Cañuelas de Juan Manuel de Rosas con el objetivo de comprar reses, se queda casi un mes en el campo y un tanto cansado de comer todos los días carne y para variar carne, pide a los paisanos que le traigan laurel, vinagre, aceite, pimentón, ajo y lo que encontrasen, mezcla todo para saborizar su diaria ingesta y como el escocés se llamaba James Curry es decir le decían Jimmy, cada vez que a un peón le preguntaban qué es eso que le agregan al asado; con cierto pudor por no decir vergüenza respondían, “es una salsa de este hombre Chimi Curry que devino chimichurri, simpático pero nunca probado. Lo que dice Cunqueiro es lo siguiente “La cocina de los Hohenstauffen (la dinastía germánica que gobernó el Sacro Imperio Romano Germánico entre 1138 y 1254) es la cocina normanda de Sicilia…y alegraban sus graves asados con la vinagreta de laurel, esa invención de Palermo que aún hoy usa la gauchada en la pampa argentina para rociar el churrasco”, y me interesó porque, gran viajador, me fascina que nuestro chimichurri tan plebeyo y de alpargata tenga su cuna en la corte que un día lideró Federico I Barbarroja.

  • 007 / QUEER

    La grandeza de la palabra del Santo Padre era inversamente proporcional al tamaño de quien la pronunciaba. Ya en el Seminario había deslumbrado con su discurrir; luego como sacerdote fue amado por sus fieles. Como Obispo de Montpellier emocionaba hasta las lágrimas en sus homilías. Hubo un tiempo que la Iglesia Católica dudó en nombrarlo Cardenal, temía que la exposición pública lo colocase como blanco de caricaturas, chistes, groserías y hasta burlas, debido a su tamaño. Fue Cardenal y Notre Dame de París competía en cantidad de fieles con la plaza de San Pedro y quienes asistían a sus misas lo llamaban “el Santo”. Pierre Mersault, tal su nombre, medía 1.22 metros, padecía de enanismo: sus miembros eran pequeños, cara redonda en cabeza grande: las típicas múltiples afecciones de la acondroplasia, que son los trastornos genéticos que afectan el metabolismo. Fue elegido Papa y el mundo recuperó la fe. El New York Times lo llamaba “Little Big Man”.

    He puesto en orden las imágenes del sueño que tuve anoche. No los suelo recordar; es más me parece que sueño poco, pero dicen que no es así. Fue raro mi sueño, no tengo relación alguna con el mundo religioso; es más , me parece un resabio del pasado, lo asocio a la superstición y la magia; sin embargo creo en dios; mi definición: “Concepto ordenador de la sociedad, empleado por las autoridades de todos los tiempos de todos los estados nacionales del mundo”; igual soy profundamente respetuoso de las ignorancias ajenas; también tengo las mías. Más allá del extraño sueño, mientras tomaba café, leía y escribía, la pregunta se repetía ¿por qué una persona con enanismo no puede ocupar un cargo institucional de relevancia? Tendré que averiguarlo, (exhibo una de mis ignorancias).

    A las 22 horas, después de una larga jornada de lectura y escritura me puse a ver la película “Queer” es decir “Puto”, la obra de William Burroughs (1914 – 1997) publicada en 1985, película del italiano Luca Guadagnino (1971), estrenada en 2024, con Daniel Craig (1968) y Drew Starkey (1993). A Daniel Craig lo tenía como a uno de los seis James Bond que desde el legendario Sean Connery que lo interpretó durante 7 años y luego Roger Moore que lo hizo durante 22 años; Craig lo representó entre 2006 y 2021.

    Como detective Craig no me entusiasmó, como Puto, deslumbrante, una actuación, convincente en un México de 1950. Su personaje William Lee (William Burroughs) enamorado perdidamente de Eugen Allerton interpretado por Drew Starkey, brillante actor en un mundo de tequila, cocaína, heroína, ayaguasca, selva tropical con científica delirante, volando en la legendaria línea Panagra, cuando se fumaba en los aviones y los norteamericanos de la beat generation salían en busca de algo más, de lo otro, de lo prohibido.

    Los artículos de los diarios nombran a todos los políticos del mundo que pretenden conducirlo, esos que representan el “Poder”. Hablan en todos los idiomas de lo mismo. Decir, no dicen nada. Burroughs, Guadagnino y hasta el onírico enano “Little Big Man”, no sólo dicen, a mí al menos me conmueven.

  • LABRYS

    No tengo dudas, el término “laberinto” cobró en mi, familiaridad y después conciencia leyendo a Jorge Luis Borges. Más allá de los dos poemas de “Elogio de la Sombra” (1969): “Laberinto” y “El Laberinto”; en prosa está su magnífico “La Casa de Asterión” que aparece en “El Aleph” de 1949. En “Atlas” de 1984 aparece otra narración con el título “El Laberinto”, que parte de “Este es el laberinto de Creta…” al que luego en un crescendo va incoporandole información. “Este es el laberinto de Creta cuyo centro fue el minotauro…” hasta terminar en “Este es el laberinto de Creta cuyo centro fue el Minotauro que Dante imaginó como un toro con cabeza de hombre y en cuya red de piedra se perdieron tantas generaciones como María Kodama y yo nos perdimos en aquella mañana y seguimos perdidos en el tiempo, ese otro laberinto”. Con el que más me identifico es con el Epílogo al “El Hacedor” de 1960 donde declara “Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara” Magnífica síntesis en la que cada tanto pienso cuando apoyado en la ventanilla de un tren, veo la noche y a lo lejos una luz, o al cruzar un puente escucho el correr de un río en el que nunca me bañaré e imagino que voy completando mi rostro de viajero incansable.

    Recientemente he descubierto un laberinto de laberintos literarios en un trabajo de la antropóloga canadiense Penélope Reed Doob que con un verso de la Eneida de Virgilio (70 – 19 AC), otro de Badio Ascensio (1458 – 1535) y otro de Nicholas Trevet (1258 – 1328) construye el siguiente laberinto “He aquí el duro trabajo que exige esa casa, y su inextricable extravío”. “La casa de que cuesta salir.” “En la que cuesta entrar”.

    En Borges, el narrador no es Teseo, sino el Minotauro. El Minotauro que Borges llama ASTERIÓN, basándose en Apolodoro:Biblioteca, III; I tiene cara de toro y cuerpo de hombre y él se pregunta pensando en quien lo liberará si cuando llegue, ese redentor será como él o tendría cara de hombre y cuerpo de toro. El Minotauro se entregará, al final, pasivamente, le dirá, incrédulo, Teseo a Ariadna.

    Danielewski hace otra lectura: está convencido que el Rey Minos construye el laberinto para ocultar a su hijo nacido deforme, “ya que tenía cabeza de toro y cuerpo de hombre; en otras palabras era un hombre con la cara deforme”. (La Casa de Hojas, Cap IX, pag 110, Duomo Ediciones, Barcelona 2025).

    Sospecho que Danielewski llegó a esa conclusión leyendo “La Casa de Asterión ” de Borges.

  • LECTURA DE DÍAS NUBLADOS

    Hace años que un libro no me tiene atrapado como”Casa de Hojas” de Mark Z. Danielewski: un collage de erudición y suspenso, con el terror agazapado al borde de un misterioso túnel. Sólo experimenté una voracidad de lectura similar con James Joyce y Thomas Pynchon, pero estos dos genios venían precedidos de comentarios, historias, leyendas; si se me permite decirlo de esta manera: heredé la pasión por ellos. Danielewski apareció en mi horizonte el lunes pasado y me metió en la casa de Ash Tree Lane y junto a sus personajes ya estoy en la cuarta exploración de la escalera caracol, que vaya a saber uno a donde conduce y toda esa aventura en una habitación que no existía en la casa de Will, Karen y sus hijos de 8 y 5 años a la que se llega por un aún más misterioso pasillo, mientras un viejo que ha muerto nos hace recorrer historias que se cruzan desde la helada Australia a los pies del Everest y a la desenfrenada vida sexual de Tambor y los delirios de la droga.

    Cada tanto, hago lo que hace todo el mundo: voy al supermercado, preparo clases, cocino, escucho algo de radio, que me vuelve a la realidad. Miro por la ventana y la grisura, la llovizna que no cesa, no incitan a salir. Recibo llamados de amigos, también de clientes que solicitan un presupuesto para 300 jarras de pingüino. Arreglo para visitar una casa a estrenar que pienso es ideal para hacer físico nuestro Museo Virtual, precisamente de esas jarras. Todo está por verse: ¿es eso lo que quiero, o ante un panorama incierto sería más inteligente partir de viaje en tren por el Caúcaso?

    No recuerdo a Buenos Aires con tantos días sin sol y noto que está calando hondo en la gente. Todo en orden pero quiero copiar un texto colocado como largo epígrafe al Capítulo VI del libro mencionado. El epígrafe es de un antropólogo estadounidense de nombre Ernest Becker (1924 – 1974) que de una manera brillante sintetiza esa pregunta que constantemente me hago “What the hell are we doing here”? y que dice:”[Los animales] carecen de identidad simbólica y de la conciencia de uno mismo que la acompaña. Se limitan a moverse y a actuar de forma refleja tal como les dictan sus instintos. Si hacen una pausa, se trata únicamente de una pausa física: por dentro son anónimos, y ni siquiera sus caras tienen nombre. Viven en un mundo sin tiempo, que late, por así decirlo, en un estado de existencia mudo. […] Los animales están libres del conocimiento de la muerte, que es reflexivo y conceptual. Viven y desaparecen con la misma inconsciencia, unos pocos minutos de miedo, unos segundos de angustia, y todo se acaba. Pero vivir una vida entera con la premonición de la muerte visitándolo a uno en sueños y hasta en los días más soleados; eso es algo muy distinto”.