Categoría: Literatura

  • LA SOLEDAD DEL LECTOR

    En 1996 David Markson (NYC 1927 – NYC 2010), estudiante y luego gran amigo de Malcolm Lowry (1909 – 1957), compañero de aventuras de Conrad Aiken (1889 – 1973), Jack Kerouac (1922 – 1969) y Dylan Thomas (1914 – 1953) publica “Reader’s Block”, traducido al castellano por Laura Wittner (Bs. As. 1967), autora ella misma de “Se vive y se Traduce”, “Traducción de la Ruta”, y cantidad de libros para niños, traducido genialmente por “La Soledad del Lector”, título que me jacto de haberle robado para este artículo porque me ha venido como forro al pene (basta de ‘anillo al dedo’) publicado por La Bestia Equiátera , tapa ilustrada por “Sun in an Empty Room” de Edward Hopper (1882 – 1967), diseñada la tapa por Juan Pablo Cambariere y con “Blurbs” (thank you Louise Willder) bien interesantes y seductores. Y digo que me ha calzado tan bien porque los que escriben vienen anunciando la muerte del autor, la del arte, la de la novela y hasta el fin de la historia y yo quiero contribuir, con que tendrá que morir el personaje, situación que provocó en mi la lectura, también de David Markson de “This is not a Novel”, también traducido con brillantez por Laura Wittner y con diseño de tapa también de Cambariere y aún mejores “Blurbs”, también por editorial La Bestia Equilátera, que si hubiera sido Escalena ni les cuento y de haberse atrevido a ser Isósceles estaríamos al borde del orgasmo, razón fundamental para haber cambiado anillo por profiláctico.

    Recuerdan que les conté (en este blog que nadie lee) que fui a Falkinas y que mi personaje llamado Alejo Santos fue a buscar y se vino con la espada Excalibur del Rey Arturo para acabar con el Memorioso Funes, obsesivo de la cronología pero incapaz de pensar. Bien ha llegadoi el momento (dice Alejo Santos) de que se olviden de mí, yo ya no existo, pero sigan el informe de los acontecimientos según consta en actas de la Prefectura Naval Argentina y de la Policía de la Provincia de Buenos Aires que documenta con precisión la declaración de los testigos y la grabación fiel hecha por uno de los pescadores.

    “En el muelle de Pacheco, sobre aguas del Río de la Plata, cito en la ciudad de Martínez del Partido de San Isidro, varios pescadores afirman haber visto a un masculino, portando una amenazante espada dirigirse a la cabecera del citado muelle, balbuceando algo que les resultó un tanto incomprensible y que gracias a la grabación de otro pescador presente paso seguidamente a transcribir: “Ireneo Funes, vine a concluir una historia de repetición insensata, no es nada personal; te pido que gires, quiero ver tu rostro” le espeta mi personaje Alejo Santos. Los pescadores aseveran no haber visto a quien dirigía sus palabras el masculino y temiendo por su propia seguridad se retiraron hacia la costa asi mismo aseguran que el masculino se cubrió la cara como protegiéndose de un resplandor extraño al que embistió y asestó una estocada y que escucharon un ruido a espejo que se quebraba y el cuerpo del masculino comenzó a sangrar profusamente de un tajo en su vientre, que lo hizo trastabillar y caer al río que se llevó el cuerpo con la espada clavada. Los pescadores lo vieron flotar mirando al cielo.” El cadaver fue luego recogido por personal de la Prefectura Naval Argentina en la bahía de Samborombón, donde se lo identificó como Alejo Santos y la espada mostraba en su empuñadura el nombre de Excalibur. Nadie se presentó a reclamar el cuerpo que fue llevado a la morgue municipal, sin embargo la Embajada del Reino Unido de la Gran Bretaña ha solicitado la restitución de la espada Excalibur, que el Gobierno argentino ha condicioinado a la pronta restitución de las islas Malvinas a la soberanía de la República Argentina.

  • JUGANDO AL BILLAR SIN TACO Y SIN BOLAS SOBRE UN TAPETE DESTEÑIDO Y RAÍDO EN LA MESETA DE SOMUNCURÁ CON DAVID HUME (1711-1776), RAYMOND ROUSSEL (1877-1933) Y JUAN JOSÉ SAER (1937-2005)

    “TRATADO SOBRE EL ENTENDIMIENTO HUMANO”, “LOCUS SOLUS”, “CICATRICES”

    El título es la síntesis de lo que recuerdo del sueño que tuve; ocurrió anoche 7 de agosto de 2024, no vale describirlo ya que la idea de que los tres escritores pudieran estar jugando conmigo una imposible partida de billar en el medio de la meseta patagónica supera ampliamente mi capacidad para escribir un texto surrealista. Haber tenido ese sueño ya es surrealista. ¿Es válido preguntarme por qué lo tuve? ¿Acaso lo sé de alguna misteriosa manera? Los textos anotados seguidamente al título son los libros leídos de los tres escritores que se relacionan por la actividad del imposible juego onírico del billar.

    David Hume se pregunta ¿cómo conocemos? Y trata de explicar la causalidad (causa-efecto) mediante el uso de una de las actividades ociosas en las que era un experto como filósofo y soltero bon vivant y explicando que en el billar, al impulsar una bola (causa) hacia otra que estuviera quieta, al chocarla haría que ésta se moviera (efecto). Se pregunta Hume ¿cómo es posible saber tal cosa?, ya que podría suceder algo distinto de cambiar algunas circunstancias físicas, por ejemplo que las bolas se repelieran o cambiase el sentido de la gravedad. Obviamente estaríamos en otro espacio con leyes físicas diferentes a las que conocemos por la experiencia que se remite a lo que ha venido sucediendo, es decir el pasado, y pronosticamos que así como fue, seguirá siendo, pero ¿es ello razonable? Y concluye que no es así, tan sólo la costumbre, el hábito de que a tal causa suceda tal efecto nos hace formular leyes sobre la realidad, con lo cual abrió la puerta a la duda, a la relatividad que escandalizó a muchos pero despertó a Kant de su sueño dogmático.

    Raymond Roussel va a develarnos el secreto de cómo escribió algunas de sus obras y sabemos por Michel Foucault, André Breton, Jean Cocteau, Michel Leiris, Gilles Deleuze, César Aira, Maurice Blanchot entre otros que nos dirá el “cómo”, pero no el “¿por qué? ” y se referirá a “algunas” de sus obras y no a todas, y sabemos que develar el secreto es mantener el misterio o que tal vez develarlo fue su deseo de ser reconocido por su genialidad en cuanto al procedimiento ya que sospechaba que no sería recordado por sus textos pero sí por la técnica de llegar a la escritura de una oración que en el caso de “Nuevas Impresiones de África” afirma que cada verso de las mismas le llevó 15 horas de trabajo,en donde la idea es dejar que sea literatura y nada más que literatura y no todo lo que agregamos de historia personal y fantasías sexuales y viajes y teorías políticas y conciencia ambiental, económica, histórica, social y que fuera sólo combinaciones de la imaginación, es decir propias del superhombre nietzscheano y no de lo meramente humano, es decir la nuda escritura, pero ya que estamos con el billar, diremos que dejó a la literatura en bolas, y que cada cual entenderá lo que pueda entender porque es un procedimiento de escritura y no de lectura como bien dice César Aira y el propio Roussel que pretende que lo leamos con la misma ingenuidad con la que un niño se acerca por primera vez a algo; y entonces nos dirá que “escogía dos palabras muy similares, por ejemplo “billard” (billar) y “pillard” (bandido), luego añadía palabras parecidas perto tomadas en dos sentidos diferentes y obtenía con ello dos frases casi idénticas. Una vez encontradas las dos frases, se trataba de escribir un cuento que podía comenzar con la primera y terminar con. la segunda. Y de la resolución de este problema extraía yo todos mis materiales”

    Juan José Saer está molesto por esa “porquería de luz de junio que entra por la ventana” y lo que el narrador va a hacer con la bola de punto, que es la suya, y no la de Tomatis, es lo que dice Hume que hace con las suyas y después se irá formando un triángulo imaginario y un largo etcétera, que concluirá 83 páginas más adelante con ese párrafo que me dejó perplejo ya que me recuerda a Philippe Petit en infartante equilibrio caminando por el cable entre las dos torres del World Trade Center y que dice así: “Cualquiera hubiese sido su círculo, el espacio a él destinado a través del cual su conciencia pasaba como una luz errabunda y titilante, no difería tanto del mío como para impedirle llegar a un punto en el cual no podría alzar a la llovizna de mayo más que una cara empavorecida, llena de esas cicatrices tempranas que dejan las primeras heridas de la comprensión y la extrañeza”. Saer como Petit cruzó de una torre a la otra con éxito.

    Ahora por qué en la inmensa llanura de Somuncurá que es una altiplanicie de más de 25.000 Km cuadrados, vacía de humanos en territorios que son parte de Río Negro y Chubut y donde sólo conozco Ingeniero Jacobacci y el recorrido completo de “La Trochita” hasta Esquel que sólo me la recuerdan unos vecinos que verano tras verano van a recorrerla y supongo que tratan de entender algo de este extraño universo y expresarlo a su manera como Roussel, Hume, Saer, Petit, vos y yo lo hacemos a la nuestra.

    Hoy 7 de agosto de 2024 se están cumpliendo 50 años de esa caminata en el vacío entre las Torres de New York, vacío que tal vez no difiera tanto de éste, el de la meseta de Somuncurá, que es vacío que produce un “vértigo horizontal”, como dice Borges, que dijo Drieu La Rochelle de la vastedad de la pampa.

  • CUATRO REFLEXIONES SOBRE LA MEMORIA

    Marcel Proust, (1871 – 1922) le dedicó siete tomos a buscar el tiempo perdido. Su afán fue, es obvio, temporal.

    Samuel Beckett, (1906 – 1989), con el pesimismo, pero también con el particular humor del que sólo los irlandeses son capaces, intentó infructuosamente ubicar a la memoria en lo espacial.

    Jorge Luis Borges, (1899 – 1986) ejercita una memoria enciclopédica, intenta plasmar en la búsqueda de los libros de los libros, que para él no fue la Biblia, sino la decimo primera edición de la Enciclopedia Británica el misterio del tiempo evanescente.

    Yo, Alejo Santos, (ciudadano argentino) busco en la recreación de los recorridos (mis bitácoras), también sin conseguirlo, imitar el fluir del río que no deja de cambiar, para ser uno y el mismo. Intento al desterritorializarme, ser, no siendo, pero siempre regreso. Tampoco puedo salirme de la eterna calesita argentina que me transforma en un Sísifo de la llanura infinita.

    Marcel Proust, ha hablado de la “memoria involuntaria”, que es aquella que es incitada a volver al tiempo engañosamente perdido a partir de un sabor, de un olor. Su famosa magdalena, es el desencadenate del recuerdo que inutilmente intenta asir.

    Samuel Beckett, fragmenta ¿divorcia? a la conciencia, de los objetos, “res cogitans” y “res extensa” se baten en un duelo eterno y sin sentido, que a la larga no puede terminar más que en el absurdo de esperando a God-ot. Por momentos parece estar persiguiendo a un Joyce que se le escabulle por el laberinto de Dublin.

    Jorge Luis Borges, se busca en un espejo que hace años que le devuelve una imagen invisible. Intenta construir una torre de razón, sabiendo “que todas las empresas del hombre son igualmente vanas”.

    yo, Alejo Santos, espero ver mi rostro dibujado con los surcos de los itinerarios recorridos, asestar el golpe mortal en el memorioso Funes y saltar de la eterna calesita al Río que fatalmente me llevará al mar que vanamente vengo eludiendo.

  • DE TAMAÑOS, DE CIFRAS Y OTROS DATOS

    El segundo estado más pequeño de los Estados Unidos de Norteamérica es Delaware de un poco más de 6400 km2, después de Rhode Island de tan sólo 4002 km2. La capital de Delaware es Dover (que me lleva a “The White Cliffs of Dover”).Para que tengan una idea más precisa, la provincia de Tucumán, la más pequeña del país, tiene 22.525 km2, casi como New Jersey de 22.588 km2.

    En Dover tiene su domicilio Dadax LLC (Limited Liability Co.), lo que en Tucumán sería SRL. Dadax es una empresa de software propietaria de Worldometer que proporciona estadísticas en tiempo real sobre los temas más variados como población mundial, nacimientos, muertes, accidentes de autos, cuántos cigarrillos están siendo fumados, qué cantidad de hectáreas se están deforestando, cuántos celulares se han vendido en el día, búsqueda de Google efectuadas hoy. Es vertiginoso, hay rubros que no paran: nacimientos y muertes es obvio, pero también petróleo bombeado hoy (barriles) 47.229.442 y sigue, e inversamente en el rubro petróleo restante (barriles) 1.380.846.019.653, 2, 1 y sigue bajando. Días hasta que se acabe el petróleo 14.400 es decir 39 años. En el rubro Población Mundial, hoy 9 de enero de 2024 a las 9.52 am, me informan que el número de personas es de 8.084.092.302; pero 3 minutos después ya había aumentado a 8.084.093.398 y ahora a las 15.02 ha llegado a 8.084.136.488 y vuela con vértigo imparable. Entre las mismas horas, en un mundo que promueve el antitabaquismo se han fumado 6.189.525.323 cigarrillos a las 9.52 y 7 minutos más tarde 6.316.901.908 y ahora a las 15.11, 9.599.878.989 y circula tan rápido que ya pasó a 9.600…y más y más. Abortos, cánceres, atropellados por autos, gastos de los estados en educación, en pertrechos de guerra, producción de motos y todo aquello que no se permite publicar, pero que estimo se cuantifica y que hace a las perversiones, secretos, vilezas y cuanta tropelía, fantasía, delirios se nos ocurran. Estas dimensiones de lo casi infinito me provocan sensación de insustancialidad. Hoy a la mañana consulté por la cantidad de humanos nacidos en el día y a las 9.52 am era de 149.327 y pasadas las 15 ya estaba en 236.530 y el reloj no para ni un segundo; en ese tiempo habían muerto 68.199 y a las pocas horas el número había llegado a 107.220 individuos. Es decir en sólo 5 horas más de 129.000 individuos se habían agregado a la población mundial.

    Cuando uno consulta la historia de Dadax, se nos informa que fue creada originalmente por Andrey Alimetov, inmigrante ruso de 20 años que la vendió en 2006, el sitio web se lanzó el 29 de enero de 2008.

    Necesito parar.

    Estoy leyendo a Arthur Rimbaud y a Breece D’J Pancake, en verdad re-leyéndolos, que es verdaderamente cuando uno lee. ¿Qué los une? Además de la escritura y del lector, el hecho de que ambos murieron jóvenes, Rimbaud a los 37, Pancake a los 26. Leo poca poesía, pero a Rimbaud y a Whitman los releo. La secuencia fue más o menos la siguiente: leía a Quignard, al inagotable, al profundo Quignard, al final del capítulo XXXIV de “El Niño de Ingolstadt”, cuyo título es “El Rey de Vernet” y que trata la historia del juego que aquí llamamos El Gallo Ciego y que intervine con un dibujo donde un personaje con un sable y los ojos vendados decapita a un gallo enterrado hasta el cogote y escribí “Sangre y Espanto” con lápiz rojo y agregué “el juego que más nos ha gustado”. La narración transcurre en Vernet, en el cantón de Prades donde coseché duraznos y me acosté con una española virgen. Esa inscripción que hice “Sangre y Espanto”, me recordó a Rimbaud “Mala Sangre” de “Una Temporada en el Infierno”. Lo volví a leer y otra vez me impactó y abrí entonces el Dossier Rimbaud de una vieja revista Quimera de abril de 1984 y cobré conciencia que a los 19 años Rimbaud dijo ‘basta’ y se ‘suicidó’ de la literatura y volví entonces a quien se suicidó no de la literatura, sino de la vida a los 26 años.

    El mundo sigue andando y hoy 10 de enero la población mundial ha llegado al número de 8.084.356.330 a las 17.15, y todos los restantes tópicos han seguido creciendo tanto positiva como negativamente. Volví a leer “Una Temporada en el Infierno” y parte de “Iluminaciones”; pero es de Breece de quien les quiero hablar ahora. Hoy es un día caluroso, de los típicos de Buenos Aires, esos días de sol implacable, donde, al menos yo, trato de evitar el exterioor, es más hoy salí a andar en bicicleta bentre las 6 y las 7 am y tal vez vuelva a salir a la noche para tomar un helado. Después de almorzar, anoté en la bitácora de esta temporada, que extraño esos dos veranos en Londres, cuando solía ir al pub “The King’s Head and the Eight Bells” a tomar gin and tonic. Ese es el tipo de verano tolerable para mí, sin arena, sin mar, sin gritos; el verano civilizado y urbano de Londres en un rincón austero y elegante de la ciudad. Fue precisamente en ese pub, que para festejar mi cumpleaños número 31, al día siguiente, habíamos decidido mi amiga Nelly que aún vive en Londres, mi amigo Andrés que vive en Canarias y Dolores que no sé por dónde está, ir los cuatro de paseo a South Sussex a almorzar en The Mermaid, en Rye; y es entonces cuando me pongo a pensar en Breece, porque ese día que partimos en en el Mini Cooper verde, Breece D’J Pancake empuñaba una pistola, se la metía en la boca, como otros una mamadera,un profiterol de pistacho o una pija. Ninguno de nosotros sabíamos, entonces de su existencia, al igual que gran parte de la humanidad e inclusive gran parte del pequeño poblado de Milton, en el estado de West Virginia donde Breece había nacido el 23 de junio de 1952.

    El pub de South Ken ya no existe, al igual que la Reina. El Londres en el que tanto me gustó vivir, ya no está en el mundo, Milton dejo de ser para Breece. Worldometer, registra, documenta, contabiliza nuestras miles de millones de insignificancias.

  • LA VISIBILIDAD DE LO INVISIBLE

    Roland Barthes (1915 – 1980)es quien decretó la ‘invisibilidad del autor’.Murió atropellado por la furgoneta de una tintorería a la salida del College de France, se cree que conducida por Copi (1939 – 1987). Thomas Pynchon (1937) se auto invisibilizó, al punto que de él sólo se conoce una fotografía de cuando estuvo en la Marina y poco más Salinger,J.D. (1919 – 2010) huye de las fotos, al igual que Carlos Castañeda (1925 -1998), Juan Rulfo (1917 – 1986) que a pesar de su entusiasmo por la fotografía escapaba de la prensa, Ambrose Bierce (1842 – ¿1914?) desaparecido en combate sin dejar rastros en fecha incierta, Jorge Luis Borges (1899 – 1986) que quería ser El Hombre Invisible de H.G. Wells (1866 – 1946). De todos ellos y de unos cuantos más, el único que aún está visible, es decir que tiene una casa donde lee y escribe, le hacen pagar impuestos y tal vez haya votado en las elecciones presidenciales de noviembre de 2024 y que el 8 de mayo de 2025 cumplió 88 años, habiendo así llegado a la trilogía infinita que es mi número mágico, y también lo es de los chinos, ya que la pronunciación del 8 es similar a la de la palabra fortuna y un 888 significa prosperidad, fortuna y éxito, es el escritor Thomas Pynchon, autor del inagotable “Gravity’s Rainbow” que vengo leyendo durante años en forma salteada y que tal vez sea la forma en que haya que leer hoy después de “El Susurro del Lenguaje” donde Barthes invisibiliza al autor y entroniza al lector, y desde que Edward Dujardin (1817 – 1889), James Joyce (1882 – 1941), Virginia Woolf (1882 – 1941), el Surrealismo, y más, al escribir como lo hicieron, nos indicaron una nueva manera de hacerlo y por ende de leer. “Gravity’s Rainbow” (1973) cuya primera edición de la Viking Press es la que leo, la de la tapa con el perfil de una ciudad y el resplandor de fuego naranja que es a un tiempo “El Grito” de Edward Munch, y el Rocket V2, con el aullido dantesco de “A screaming comes across the sky. It has happened before” (que leo como otra versión del circular Finnegans Wake), donde el Rainbow del Génesis nos recuerda la alianza entre Dios y Noé que se compensa con Gravity que nos baja a la tierra y luego bajo la misma hasta invisibilizarnos; al igual que nos lleva al inexistente índice y deplorable encuadernación ya que el ejemplar se ha partido debido a que el libro sólo fue encolado y no cosido y nuevamente me obligó a escribir el índice:

    1. BEYOND THE ZERO (Más allá del Cero) pags. 3 a 177.
    2. UN PERM’ AU CASINO HERMANN GÖERING (Un Cesanteado en el Casino H.G:) pags. 181 a 278.
    3. IN THE ZONE (En la Zona) pags. 281 a 616.
    4. THE COUNTERFORCE (La Contraofensiva) pags.619 a 760.

    (Roland Barthes sólo empoderó al lector en relación al autor, no al editor en relación al lector).

    Sorpresivamente, para el lector que soy, en el capítulo 2 de “Gravity’s Raynbow” me veo envuelto en un episodio “Nacional y Popular” con Borges y gauchos y Perón y nazis, con pampa y D’Arienzo, “¿Che no sos argentino vos?” y que el sur comienza en Rivadavia, que le viene a Pynchon de la lectura de “El Sur” y una archiborgeana Graciela Imago Portales que es parte de la huida junto a varios argentinos que escapan del Coronel Perón y sus compañeros, en un submarino robado en Mar del Plata y sólo le faltó una referencia a la “Concha de la Lora” que yo agrego, no como escribiente, sino como amo y señor lector del texto. Curioso por ver como se ha traducido este capítulo al español, voy a la librería de mi barrio, en San Isidro, pero no lo tienen en stock. Al retirarme golpeo levemente una mesa de saldos donde se exhiben libros por el irrisorio precio de 1000 pesos, es decir 75 centavos de dolar, uno de esos cayó al piso, lo levanto y resultó ser “Silas Marner” de George Eliot que es Mary Anne Evans (1819 – 1880) nacida en Warwichshire, en Nuneaton, cerca de Coventry, en la verde, bella y bucólica Inglaterra e invisibilizada en Chelsea después de una enfermedad de los riñones. Compro el libro caído editado por Wordsworth Classics, cuya tapa está ilustrada con la reproducción de “On Grandfather’s Knee” del pintor Edward Thompson Davis (1833 – 1867) . El libro me retrotrajo a la escuela primaria donde leímos pasajes de “The Mill on the Floss” y se mencionó “Silas Marner” que nunca leí y que junto a “Sin Novedad en el Frente” de Erich María Remarque (1898 – 1970) deben ser las dos novelas cuyos títulos más veces he visto escritos formando parte de catálogos editoriales y que jamás leí. Curioso que buscando a Pynchon, en momentos en que leo a Barthes y a Sloterdijk me haya encontrado con una escritura que es la antítesis en forma y contenido de la de estos. Aunque, por un lado no debería llamarme la atencióin ya que la realidad es dialéctica y hace que los extremos estén siempre próximos, y por otro “Sin Novedad en el Frente”, es la crónica autobiográfica de la Primera Guerra y “Gravity’s Rainbow” la de la Segunda, que convirtieron a la bucólica Inglaterra (cabe recordar, ya que mencioné Coventry, que 40 acres de esa ciudad fueron destruidos por bombas alemanas) y al perfil de Europa en un territorio industrializado y que confirma lo que dice Thomas Pynchon, en lo que llamo el episodio “Nac & Pop” :”La guerra ha estado reconfigurando tiempo y espacio dentro de su propia imagen”, nos cuenta Pynchon y agrega que Tyrone Slothrop teniente, trabajando para el servicio de inteligencia, llega a uno de los grandes cafés del mundo, el Odeón de Litmmatquai 2 en Zurich abierto en 1911 -que siempre asocio a Génesis y a Phil Collins, ya que la única vez que estuve en la ciudad fui a uno de sus conciertos y después a comer a ese café – ;Slothrop va a encontrarse con alguien a quien no conoce, pero después de varios minutos de espera, ve sentado a una mesa cercana a un individuo de pelo enrulado y traje verde que sostiene un diario en español donde Slothrop alcanza a leer “La Revolución” y resultó que el revolucionario de verde era el argentino Francisco Squalidozzi. (A mi me pasa que cada vez que en un texto de escritor extranjero leo algo sobre nosotros, no siendo el asunto escrito específicamente sobre tema argentino, tengo una sensación como de consolidación de la existencia, aunque generalmente compruebo que salvo deportes: mayormente futbol, Maradona y Messi en particular, tango, Borges, Marta Argerich, malbec, carne y alguna otra excepcionalidad, lo que se escribe sobre nosotros, me avergüenza).

    El mundo de George Elioit, es el de Jane Austen, el de Charles Dickens, que tuvo su mojón número 0 en Geoiffrey Chaucer (1343 – 1400) que con “The Canterbury Tales” es el inicio de la literatura inglesa con una peregrinación, donde los personajes van contándose historias desde Londres a Canterbury al santuario Thomas – a -Becket (1118 – 1170) y que por alguna razón nunca lo alcanzan ya que se detienen en el cercano poblado de Harbledown y cuya manera de narrar de acuerdo a D.H.Lawrence (1885 – 1930) concluye con Edward Morgan Forster (1879 – 1970) “To me, dear friend you are the last Englishman”, como le dice en una carta en 1910 después de la publicación de “Howards End”, que marca el fin de la Old Green England, la cima del Imperio y la muerte de Edward VII (1841 – 1910), el fin del mundo victoriano y el de la casa Saxe- Cobourg Gotha y el comienzo de la casa Windsor, y este convoy de libros que circula a mil por rieles que se pierden en el infinito donde las paralelas se encuentran, me hace pensar, hoy, en que los dos años que viví en Inglaterra (1978 – 1980) y que fueron años de extrema felicidad, ya que vibro a nivel del ritmo de esa sociedad, para mí, una de las más civilizadas del mundo, me suenan hoy a la prehistoria, ya que sólo las corporaciones, bancos, líneas aéreas y ferrocarriles usaban computadoras y no sonó un solo celular en los cuatro años que viví en Europa, así que soy uno de los muchos que vivió ese mundo que como la escritura de Forster ya no existe.

    Cambia, todo cambia, fue en 1983 que la venta de ordenadores pasó de 20.000 a 500-000 unidades anuales cuando la revista Time colocó en su tapa donde suele honrar a la personalidad del año a una PC y 10 años después, se escribe en el New York Times “El lugar de encuentro de moda en el mundo, es internet” y nuevamente Time, enfatiza “Internert es donde hay que estar”, como lo cita Mark Dery (1959) en su “Velocidad de Escape: la cibercultura en el final del Siglo” (1996). Siento que cualquier persona que hubiera nacido alrededor de la década del 50 del siglo XX, ha experimentado en estos 25 años del siglo XXI tantos o más cambios, como si un individuo nacido en Europa en el 1500, pudiera estar vivo en Buenos Aires en 1900; creo que en estos 25 años aconteció otro mundo; aunque es importante recordar el inicio de “Gravity’s Rainbow”: “A screaming comes across the sky. It has happened before, but there is nothing to compare to it now”.

  • TERROR POR LAS PERRAS NEGRAS

    Cada vez que en una película, aparece un personaje, generalmente solitario, que escribe, y cuyo comportamiento roza la locura o directamente es un loco de remate, siento una suerte de terror, es como si me viera haciendo equilibrio como Philipe Petite, por el cable tendido entre las Torres Gemelas. El personaje de Sean Penn, en “Entre la Razóin y la Locura”, la película de Sherman, en la que la obsesión por las palabras conduce a la autoflagelación. El personaje encarnado por Joaquim Phoenix cuya escritura es el reflejo de una vida de dolor, abuso, abandono en la película “Joker” de Todd Phillips, donde Happy, apunta a diario en un ajado cuaderno, su desordenada y atribulada existencia. Y aún, en la menos violenta “The Swan” de Asa Helga Hjorleisfsdottir, en la bucólica Islandia, donde Jon escribe su diario y éste resulta un delirio inconexo, o en la exquisita “Paterson” de Jim Jarmush, en la que el chofer de ómnibus, interpretado por Adam Driver, cuyo nombre es Paterson y que vive en Paterson, y que también escribe y el perro le come el cuaderno con sus notas, donde había copiado el poema de William Carlos Williams (1883 – 1963):

    Era un día helado

    Enterramos a la gata

    Después agarramos la caja

    Y le prendimos fuego

    En el patio de atrás.

    A esas pulgas que escaparon

    De la tierra y el fuego

    Las mató el frío.

    Y cuya mujer (la de Paterson) sueña con tener gemelos y todo es una duplicación especular; y mucho peor aún, cuando veo personas de aspecto normal, escribiendo como posesos, como el individuo en el tren a Retiro, que sentado a mi lado, garabateaba obedeciendo a un impulso, guardaba la libreta en una bolsa de hacer compras, la volvía a sacar, se soplaba los dedos y reiteraba la acción cada dos o tres minutos. O la señora que ofrece sus poemas e historias en un cuadernillo de elaboración propia, acercándose y explicando que como es jubilada, trata de incrementar sus ingresos “de esta manera noble, que es la poesía”. Cuando delirio y frustración superan al esfuerzo, la corrección, la autocrítica. Cuando el deseo de ser escritor se ve superado por la necesidad de mostrarse sin filtro, es cuando me pregunto por mis bitácoras y, sí, tengo el pánico, la vergüenza, el pudor, el miedo, el terror de estar siendo un impostor buscando distinción y no haber sido un artesano, un trabajador de las palabras. No quiero conocer a los escritores a los que leo. Encuentro placer; me interesan sus escrituras, su río de palabras, no me interesa un autógrafo ni lo que hablan ante un auditorio sordo que quiere una selfie y una firma. No me interesa el show literario, ni las entrevistas, ni los talleres, ni los coloquios, ni las ferias de libros, donde se acumulan textos como si fueran verduras, cortes de carne, variedad de yogures o nuevos modelos de consoladores. Toda esa obligación contractual de tener que tomar un avión para ser exhibido como el productor responsable de lo expuesto en las góndolas que tanto malestar le provoca a Vila Matas. Me atraen los escritores que huyen, lo que ha hecho que Quignard, o Lowry, o Bolaño, o Cossery, o Rimbaud, o Walser, o Quiroga, o Sandor Marai, o Mishima , o Salinger, o Pynchon huyan a la montaña, la botella, la playa de estacionamiento, la habitación del hotel La Luisianne, el tráfico de armas, la locura, el suicidio, el ocultamiento.

    Siento terrorr, el mismo que sentiría estando de noche en el mar después del naufragio.

    En el capítulo 5 de “Rayuela”, en el que Cortázar describe una noche en que Oliveira y La Maga se aman (“la hizo beber el semen que corre por la boca como el desafío al logos”). Semen y logos, la materia de la que estamos hechos.

    Hubo un tiempo en que decidí escribir desnudo para sentir con mayor intensidad que cuerpo y mente estaban unidos. Llegué inclusive a imaginar que cada vez que tecleaba punto, era el ombligo el que quedaba en la pantalla, una coma era el dedo más pequeño del pie, punto y coma era el apéndice. Los paréntesis eran las uñas. Las mayúsculas eran el pene, con lo cual después del ombligo siempre había una erección. Los guiones eran los ojos. En cuanto a las palabras: los verbos eran la lengua, los adverbios de modo el intestino grueso, las preposiciones y conjunciones los dientes, los adjetivos un dolor de estómago, los sustantivos eran a veces las orejas, otras los testículos, otras los pezones. Eso duró un tiempo hasta que me aburrió. Además me resfrié algunas veces. Cuerpo y letras se encontraron por fin, en un paso una letra, un trecho una palabra,una caminata un párrafo, un recorrido un texto, un viaje un libro.

    Sin embargo hay momentos que el oficio de escribir se parece a una internación, uno se guarda e interrumpe la cotidianeidad y la vida social por ocuparse en teclear una idea que se dibuja en palabra en una pantalla, pero uno sabe que afuera, la gente sigue tomando trenes y aviones, que un virus acecha en cualquier ámbito, que funcionarios públicos siguen hablando sin decir, que Rusia invade Ucrania, que los narcos “encarcelados” manejan las policías, que las autoridades miran para otro lado por el temor que les causa el ejercicio del poder que buscaron con voracidad ejercer.El oficio de escribir (voy descubriendo), es también una puesta entre paréntesis, (una epojé), una cancelación de siete años de doce horas de trabajo diario y borrar y romper hojas y de dudas y de cierto grado de locura. La tarea de escribir se parece a la del agricultor que siembra sin saber si la sequía, los incendios, las inundaciones, las políticas impositivas, la invasión militar de un territorio, los avatares del mercado, le permitirán recoger y gozar el fruto de su trabajo.

    La escritura (a medida que avanza) exige la exposición pública, quiere ser mostrada, transformarse en libro y es entonces donde uno (que se ha guardado) sabe que tendrá que entrar en territorioi desconocido donde lo esperan discusiones, acechanzas, controversias, rechazos, indiferencias, juegos de poder entre el EGO personal y el EGO editorial.

    Sí, escribir es morir un poico (lo viene siendo para mí durante estos siete añios) en que afuera apareció el Covid, las criptomonedas, los incendios forestales, el derretimiento de glaciares, el resurgir de controles de estados conducidos por bárbaros, y (también) la aparición de estrellas para que las descubran dos que se besan por primera vez en el muelle de Pacheco.

  • LAS IMPERTINENCIAS DE LA LECTURA

    El adjetivo ‘impertinente’ hace referencia a lo inadecuado o inoportuno de un hecho en un determinado momento u ocasión. También se dice de alguien que resulta molesto por su comportamiento, exigencias o actitudes. Como sustantivo hace referencia a un tipo de gafas que en vez de patillas tienen un pequeño mango con el que se sostienen ante los ojos.

    Suena casi a impertinencia que un libro de investigación “El Método Borges” de Daniel Balderston (cuyos trabajos son excelentes), comience diciendo: “Suele afirmarse que Jorge Luis Borges fue el mayor lector de toda la literatura mundial”. Más aún, reforzar la afirmación citando a Pablo Ruiz, quien declara “Tal vez no exista otra figura, en ninguna lengua, que pueda disputar el lugar de lector supremo”.

    Faltaría que algún cultor del humor negro afirmara que Borges vivió en un departamento de la calle Maipú en el ‘noveno B’.

    Como sustantivo, en cambio ‘los impertinentes’ (las gafas) han permitido que Vladimir Nabokov (1899 – 1977) expresara en “Speak Memory”, una observación próxima a la felicidad. Comenta allí que habiendo leído al escritor Mayne Reid (1818 – 1883), aventurero irlandés que vivió en Estados Unidos, que fue trampero en territorio indio y escribió sobre el Far West y que fue el creador de una heroina que usaba impertinentes, quedó impactado al punto de decir “esos impertinentes los encontré después en Madame Bovary; más tarde los tenía Anna Karenina, y luego pasaron a ser propiedad de la dama del perrito faldero, de Chejov, la cual los perdió en el muelle de Yalta”. Me provoca felicidad que un objeto ‘impertinente” pase de una novela del Far West, a los ojos de una burguesa francesa, luego a la corte rusa y termine perdido entre las multitudes que se agolpan en el aburrido muelle de Yalta por el sólo hecho de que un lector lo haya observado. Es verdad que no se trata de cualquier lector, sino que es alguien que ha hecho de la lectura y la escritura la razón de su vida. En “Opiniones Contundentes”, Nabokov afirma “curiosamente, uno no puede leer un libro: uno sólo puede re leerlo. Un buen lector, un gran lector, un lector activo y creativo es un relector”.

    Me precio de ser un lector activo. Escribo en los libros; los intervengo, subrayo oraciones, anoto en los márgenes, otras tan sólo vuelvo a escribir una idea o imagen que me llamó la atención, también dibujo y busco palabras que desconocía en el diccionario y últimamente en Google. Recorro el libro como lo hago con el mundo. Claro, hay excepciones, nada es tan perfecto como parece. Hay veces que me sorprendo: buscaba un título para un artículo sobre cómo se ha construido el poder en Argentina y habiendo esbozado un borrador con las ideas aún en estado de nubosidad, como me suele ocurrir, se me cruzó “Canto Castrato”, que estaba convencido que era una novela de Tununa Mercado. Para mi sorpresa y vergüenza, había confundido “Canon de Alcoba” de Mercado con “Canto Castrato” que es novela de César Aira. Curiosa e inquietante confusión. Curiosa porque soy asiduo lector de Aira, me gusta como escribe y soy de los que promueve su lectura; pero también porque tengo muy buena memoria, especialmente en materia de libros. Inquietante por la combinación de los títulos confundidos, he mezclado “castración” con “alcoba”, y si hay un ámbito donde la castración, en el más pedestre sentido del término, y más grave aún, en el simbólico, se unen en peligrosa asociación, es precisamente en la alcoba.

    A mi pesar, descubrí también que “Canto Castrato” de Aira, es uno de los pocos libros de mi poblada biblioteca que no sólo no había intervenido, sino que no había leído y supongo que ni siquiera había abierto, ya que al hacerlo hoy, noté que carece de índice, y si hay algo que me molesta es la ausencia del mismo. Recuerdo mi enojo la primera vez que leí “Respiración Artificial” de Ricardo Piglia, publicado por Editorial Pomaire. Anoté entonces “¿y el índice, hijos de una gran puta?” y me tomé el trabajo de escribir:

    ÍNDICE

    PRIMERA PARTE: “Si Yo Mismo Fuera El Invierno Sombrío”

    I (1,2,3,4)………………………………………pags. 13 a 48

    II (1,2,3,4)……………………………………..pags. 51 a 80

    III(1,2,3,4)……………………………………..pags. 83 a 126

    SEGUNDA PARTE: “Descartes”

    IV(1,2,3)………………………………………..pags. 131 a 276

    Además dejé varios insultos, por la deplorable encuadernación y anote ¡Editorial POMERDE!

    “Canto Castrato”, que no es de Mercado sino de Aira tampoco tiene índice, me encargué antes de comenzar la lectura, de intervenirlo. Al mismo tiempo el ejemplar estaba virgen, con lo cual a la “castración”, y a la “alcoba”, añadía ahora la “virginidad”.

    A todo esto, mi nubosa idea sobre la formación del poder en la Argentina, fue disipándose al punto de afirmar, que la crisis recurrente del país se debe a una castración de origen, que sitúo en los inicios del Estado Nacional, es decir los 22 años del omnímodo gobierno de Rosas con el acompañamiento de la Sacrosanta Iglesia Católica y súbitamente y por aquello que solemos tildar como error, podría muy bien darme una confirmación de que “castrado, alcoba y virginidad” forman parte de lo que estaba queriendo decir: una suerte de “Obediencia Debida”, correcta e indispensable en materia de fuerzas armadas, órdenes religiosas y movimientos como el peronismo; los tres verticalistas, pero nefastos para la sociedad civil que se conduce en el mundo democrático por partidos políticos donde se discrepa, discute y acuerda.

    Habiendo aclarado totalmente, sin nubes en el horizonte, me puse a teclear y pidiéndole prestado a Nabokov su impertinencia asocié el maíz, choclo, marlo o mazorca de “El Matadero” de Estéban Echeverría; aquel simulacro de falo con que la policía del régimen solía amenazar y al rato proceder a introducir en el culo de los que no se plegaran obedientes a los intereses del señor de Palermo; con otro choclo, en este caso “corn on the cob” con el que el nefasto e impotente Popeye viola a Temple Drake en la descarnada novela “Santuario” del ‘tremendo’ (Borges dixit) William Faulkner.

    Es curioso que tan noble y popular alimento americano haya servido tanto en el sur como en el norte de nuestro continente para paliar el hambre de generaciones, violar ano-vaginalmente a individuos y enriquecer la escritura.

  • THINGS HAPPEN

    (COMENTARIOS SOBRE UN LIBRO LARGO DE 912 PÁGINAS DEL QUE SÓLO LEÍ UNA CARILLA Y MEDIA EN 20 AÑOS Y QUE SEGURAMENTE NO LEERÉ JAMÁS).

    Hoy es un día perfecto de abril de 2022, sol radiante de otoño, que no es el de la mentada insolencia del verano; no sopla el viento y el termómetro marca 22 grados centígrados. Habiendo hecho la bicicleteada diaria de 10 kilómetros, gozando del río y de los colores propios del otoño, me siento frente al escritorio, con una taza de café y el libro en cuestión, que fue escrito en 1935, en los Estados Unidos, en el estado de Carolina del Norte, por un hombre que escribió cuatro novelas, largas como esta, de la que sólo leí una carilla y media, también escribió cuentos, poesía y obras de teatro. El escritor nació en Ashville, en la calle Woodfin número 92, su padre fue un tallador de piedra y tenía un negocio de lápidas. Después de haber hecho una maestría en Artes y Ciencias se graduó en Harvard en 1922, enseñó inglés en la Universidad de New York y en 1926 viajó a Europa y decidió que Londres era la ciudad perfecta para escribir, ahí se instaló y en unos viejos libros de contrabilidad se puso a anotar cuanta minucia recordaba de su tierra natal. En su “Historia de una novela” escribió: “No puedo decir cómo llegué a ello, por qué lo hacía, ni por qué de esa manera. Nunca lo he sabido, pero supongo que había en mí una fuerza desconocida que ya desde largo tiempo me empujaba a escribir y que trataba de abrir su camino”.

    Lo que escribía en esos cuadernos eran pormenorizados detalles sobre el barrio de su niñez y adolescencia. Apuntaba lo que recordaba de sus vecinos; los gestos, la manera de caminar y conversar, los vestidos de las mujeres, las cintas de terciopelo con las que sujetaban sus cabelleras, el sonido del viento que se amplificaba al golpear los toldos de los negocios, el andar de los caballos y carros sobre el empedrado, el ruido de las hojas secas cuando él al caminar las aplastaba, las caras de la gente en los cafés, el sabor de las comidas, la descripción de los descendientes de los pueblos originarios de las tribus catawba y cheroquíes, las conversaciones escuchadas al pasar, los niños con la “la ñata contra el vidrio”.

    La carilla y media que leí menciona algo que no sólo comprendo, sino que me fascina como si yo hubiera estado allí.

    Es Carolina del Norte, es 1920 y cuatro personas se juntan en la plataforma de la pequña estación del ferrocarril de un pueblo en las sierras Catawba, población distante alrededor de una milla de una ciudad más grande llamada Altamont. Ese pequeño grupo se agolpa en el andén con otros pobladores y viajeros al sólo objeto de compartir la experiencia que siempre ha sido de gran interés en la vida de los habitantes de cualquier pueblo pequeño , no sólo en los Estados Unidos: ese hecho es la llegada del tren.

    Esa es laúnica oración que subrayé.

    Después vendrían las 911 páginas que no leeré. Me he preguntado durante años ¿por qué uno lee algunos libros y deja otros? ´Por qué no dedicarle a un autor que fue mencionado en 1930 por Sinclair Lewis en su discurso al recibir el Premio Nobel de Literatura, como uno de los futuros grandes escriotores norteamericanos y fue considerado por William Faulkner, como el mejor de los escritores de su país? Y mi respuesta fue y sigue siendo la misma: me aburrí siempre, después de esa carilla y media. Detalles tan minuciosos sobre los gestos de la madre y sus dos hijos, una mujer y un varón y el marido de su hija ahí esperando en el andén de una pequeña estación de provincia en 1920 y el sólo hecho de tener que dedicarle un mes a una literatura que se mueve al ritmo de 1920 en este vertiginoso 2022 me resulta no placentero, más allá del respeto por ese hombre de 1,98 m de altura, sensible, bueno, culto, académico que murió en Baltimore unas pocas semanas antes de cumplir los 38 años de tuberculosis cerebral y cuyo nombre era Thomas Clayton Wolfe , y al que no se debe confundir con Tom Wolfe (1930-2018), autor de “La Hoguera de las Vanidades”.

    Things Happen, y una de las cosas que happens es Time, y otra de las cosas que transcurre es el Río y entonces mi homenaje a su novela es, como parece insinuármelo, el título del capítulo octavo de la misma: “Fausto y Helena”, donde Fausto opta por la belleza de Helena y deja todo lo demás por ella. Mi “On Time and The River” (tal el título del libro) es tomar la bicicleta, ir hasta el muelle de Pacheco, subir al tren en la estación Juan Anchorena y cuando éste llega a Catawba me bajo y veo a ese grupo de cuatro personas que comentan que acaba de llegar un extraño, vestido de manera inusual, que montó un a bicicletra de curioso diseño y enfiló en dirección a las sierras.

  • NO BIEN PASAN LOS SIGLOS

    No siempre un nuevo siglo coincide con el inicio de una época. Creo que el siglo XIX fue un siglo ansioso, ya que comenzó unos años antes que el calendario señalase al 1 de enero de 1800 como el primer escalón. Fue con la Revolución Norteamericana de 1776, la Revolución Francesa de 1789, seguida de la Invasión Napoleónica a España en 1808 y como cosecuencia de la misma, la paulatina liberación de las colonias españolas en América y el final del Imperio Español; que se comenzó a andar un tiempo diferente.

    El siglo XX, en cambio, fue un tanto remolón ya que se inició en 1914-18 con la llamada Primera Guerra Mundial que barrió con las dinastías de los Habsburgo, los Hohenzollern y los Romanov y la consiguiente Revolución Rusa, poniendo punto final a un mundo ya gastado y dando origen a lo que en estas latitudes provocó aquello de “Siglo XX cambalache problemático y febril”, aunque desde una óptica distinta abrió las puertas del progreso a millones de ciudadanos, hasta que el segundo estallido (1939-1945) concluyó brutal y sádicamente con un nuevo reparto del mundo y un acomodamiento en lo que dio en llamarse “la guerra fría” entre las potencias y la visualización de lo que dio en llamarse el “tercer mundo” formado por el resto de los países que se inclinó hacia uno u otro centro del poder.

    El siglo XXI ha llegado casi con puntualidad perfecta, aunque como de costumbre no virtuosamente con el ataque artero de Bin Laden al World Trade Center el 11 de septiembre de 2001, símbolo de una manera occidental de organización social, con el beneplácito del mundo islámico, Rusia, China, Cuba, Irán, Nicaragua, Venezuela donde Chávez, fundó el Socialismo del Siglo XXI y el callado regodeo, aunque por supuesto “lamentando la pérdida de vidas humanas” de todo el progresismo nacional y popular. Continuó con el primer Presidente afro-americano en Estados Unidos, Barack Obama 2009, la sucesión de Chávez por Maduro en 2013, mismo año en que llega al trono de San Pedro después de 1300 años de Papas europeos, uno argentino, jesuita y peronista (casi la Santísima Trinidad de la hipocresía). En 2017 hace su llegada a la presidencia de los Estados Unidos Donald Trump quien se regocijó de la toma del Capitolio por sus partidarios, al no alcanzar el número de electores necesarios para ser reelegido y, molesto, no pasó el mando a su sucesor En el interín hizo su aparición el Corona Virus en marzo de 2020, Rusia invadió a Ucrania en 2022, en septiembre del mismo año fallece la Reina Isabel (toda ella un resumen del siglo XX), el 7 de octubre de 2023 Hezbollah consuma un feroz ataque sobre Israel, cuya represalia no se hace esperar y amenaza con un conflicto que se agrava día a día en el cercano Oriente. Me detuve bastante en el inicio de este siglo, casi un cuarto del mismo y por supuesto esta es una visióin parcial que me ha interesado resaltar para ver que nos puede deparar un mundo donde la IA será gran protagonista.

    Esto de los siglos apareció motivado porque hace 100 años, con diferencia de pocas horas nacen el 30 de septiembre y el 1 de octubre, Truman Streckfus Persons, es decir Truman García Capote, es decir Truman Capote en New Orleans estado de Lousiana y James Earl Carter en Plains, estado de Georgia respectivamente, en lo que se conoce como el “deep south” en Estados Unidos. Con los años uno dirá de sí mismo “soy alcohólico, soy drogadicto, soy homosexual, soy un genio” y será el enorme escritor Truman Capote; el otro jurará por Dios y la Biblia defender y honrar a su nación como el 39 Presidente, defensor de los derechos humanos, luchador contra la discriminación de los homosexuales, enemigo acérrimo de la segregación racial, lo que lo hará merecedor del Premio Nobel de la Paz en 2002.

    ¿Y?

    Quería tan sólo resaltar estos hechos porque el genial escritor y el humanitario Presidente son resultado de cosas muy íntimas que les pasaron y los afectaron y que se tradujeron en que un día uno escribió “Miriam” tal vez, (me gusta pensar) porque su madre y su padre lo dejaban durante las noches encerrado en la habitación de un hotel a los 2 años de edad y él no paraba de llorar porque pensaba que lo habían abandonado, como a la larga sucedió. En el caso del futuro Presidente, porque cuando sus padres se ausentaban solía comer en la cabaña de los negros que trabajaban en las plantaciones de algodón y maní de su padre, y porque era amigo de chicos negros con los que jugaba e iban al cine desde el rural Plains al centro urbano de Americus y tenían que tomar un tren, pero el chico negro tenía que viajar en un coche de negros y el futuro Presidente, en otro de blancos y entonces al bajar caminaban juntos abrazados y corrían y reían como hacen los chicos de cualquier color y al entrar en el cine tenían que sentarse en butacas negras para negros y en butacas blancas para blancos y como el futuro Presidente era creyente en Dios rezaba antes de acostarse y derramaba lágrimas.

    Truman Capote se murió en 1984 y padeció el rechazo de parte de un grupo social con el que el que había compartido varios años de intimidad. El Presidente Carter no fue reelegido y está en cama desde hace un tiempo cumpliendo sus 100 años hoy, 1 de octubre de 2024.

    ¿Y?
    Me parece que a la larga siempre triunfa el mal y me parece que eso ocurre porque en el deep south de nuestra deep puta mente, alma, corazón y culo hay un vacío tan enorme que nada puede satisfacerlo, y quería decir que mis viajes, lecturas y opiniones, mi liberalidad, todas mis mentiras, sueños, ideales, acciones y pasiones son mi manera de intentar llenarlo infructuosamente y creo que todo lo que sucede y lo que nos sucede a todos es por querer llenar ese espacio vacío, pero seguramente estoy equivocado, entonces me dan ganas de robar una Ferrari y ponerla a 300 km por hora por Libertador manejando con los ojos cerrados.

    O tal vez mejor me pongo a pensar en el epígrafe de Santa Teresa que Truman copia en “Answered Prayers”, su novela incompleta y final:”Se derraman más lágrimas por plegarias escuchadas que no escucachadas” y publique entonces los capítulos que faltan de su novela que el juró haber escrito, pero que nadie encontró, salvo yo, y que llevan por título: “A severe insult to the brain” y “Father Flanagan’s All-Night Nigger- Queen Kosher Café”, que como digo, por un accidente o capricho de las corrientes marinas, llegaron mágicamente flotando dentro de un botellón lacrado que encontré golpeando uno de los pilotes del muelle de Pacheco en San Isidro, y que guardo como un tesoro que me ayuda a llenar mi vacío, aunque pesándolo mejor, no lo doy a publicidad así les ahorro un torrente de lágrimas inútiles, porque…¿saben qué? hay veces que pienso que la vida es como la errancia de Rachel que buscando a sus hijos perdidos sólo encuentra a Ismael, único sobreviviente del naufragiio aferrado a un ataúd.

  • FOOTNOTES

    Tal vez sea cierto que todo lo que escribimos no es más que una nota a pie de página a lo ya escrito, y todo lo que caminamos no es otra cosa que recorrer senderos descubiertos y transitados por otros; es el tiempo que nos tocó y está ahí para gozarlo de acuerdo a las apetencias de cada uno. En mi caso, ese goce está compuesto por los libros leídos, por los kilómetros recorridos y algunos buenos amigos, que es lo que me permite sostenerme por sobre la conciencia que tengo en relación al caos que es mi biografía y a la tragedia que es la historia.

    Unos 800 años antes de la cristiandad, Hesíodo escribía que lo mejor que le podría pasar al ser humano después de haber nacido es descansar varios metros bajo tierra; 2600 años después, Isidoro Ducasse, Conde de Lautremont (1846-1870) dejó asentado que “mi poesía consistirá sólo en atacar por todos los medios al hombre: esa bestia salvaje y al creador que no hubiera debido engendrar semejante basura” y como sabemos, nuestro Shakespeare aseveró que “el mundo lamentablemente es real, yo lamentablemente soy Borges”; y nos recuerda que los espejos y la paternidad son abominables porque multiplican este mundo espantoso. Nos comenta, además, que nadie ha sentido como Carlyle, que este mundo es irreal, como las pesadillas, “Irreal y atroz”, remarca.

    Footnotes, bella palabra que sintetiza lo que más placer me ha dado en la vida: recorrer y leer. Creo que fue Samuel Taylor Coleridge (1772-1834) uno de los primeros en escribir notas al pie, detallando las fuentes de sus obras; algo que era común en trabajos académicos, pero no en poesía. Muchos sostienen que Borges fue el primer autor de la literatura en español en hacer un uso artístico de las footnotes, habiendo él mismo admitido que la idea le vino de la novela filosófica Sartor Resartus de Thomas Carlyle (1795-1885). A pesar de que quien más abundó en ellas fue su admirado Thomas De Quincey (1785-1859) de quien “La Monja Alferez” (The Spanish Military Nun) tiene 82 notas al pie, “Los Oráculos Paganos” sólo 33, pero algunas de ellas ocupan 6 páginas, “Las Sociedades Secretas”, 51 notas, “Los Ültimos Días de Immanuel Kant”, escazas 29, pero la entrometida participación del autor como uno de los personajes del escrito. “Las Confesiones de un Comedor Inglés de Opio”, al menos la edición de 1856, que es la que leo cuenta con 261 notas.

    Jorge Luis Borges, entre nosotros, ha gustado también de las mismas, y sus prólogos y sus epílogos son per se, piezas de literatura y no sólo indicadores, señales o guiños al lector, al punto que Torres Agüero publico en 1975 “Prólogos” con un prólogo de prólogos, que cree (Borges) “innecesario aclarar que no es una locución hebrea superlativa, a la manera de Cantar de los Cantares, Noche de las Noches o Rey de Reyes”. Creo que quien ha seguido la tradición de quien me parece fue el mayor cultor del género -Thomas De Quincey- es David Foster Wallace (1962-2008) cuyas novelas y relatos abundan en footnotes e intervenciones, aclaraciones y digresiones. En “Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer” que tiene 154 páginas hay 137 notas al pie; los relatos de “Hablemos de Langostas” están atiborrados de intervenciones, baste ver los recuadros y diagramas de “Presentador”, y en sus “Entrevistas Breves con Hombres Repulsivos” hay cantidad de comentarios, giros y footnotes.

    Hay algo que me ha llamado mucho la atención, en mi admirado Borges; no he encontrado en sus “Obras Completas”, tanto en prosa como en verso, ni en el mencionado “Prólogos”, ni en los tomos de “Textos Recobrados”, ni en “Borges en Sur” ambos de Ediotorial Emecé, ni en sus columnas de la Revista “El Hogar” entre los años 1936-1939, que a pesar de ser una revista fundada por Alberto M. Haynes, en 1904 con mayoría de artículos sobre autores y literatura anglo norteamericana, no hay una sola mención, ensayo, biografía, reseña, notas de la vida literaria sobre Thomas De Quincey, por más que “durante muchos años, yo creí que la casi infinita literatura estaba en un hombre. Ese hombre fue Carlyle, fue Johannes Becher, fue Whitman, fue Rafael Cansinos Assens, fue De Quincey”, como dejó escrito en “La Flor de Coleridge”, por más que nos ha dicho “De Quincey fue de hecho un gran escritor, que sus pesadillas deben su fama a la espléndida prosa en que las evocó o inventó, y que la obra literaria, crítica, histórica, autobigráfica, humorística, estética y económica de ese “aniquilado”, abarca unos catorce volúmenes y no ha sido leída del todo en vano por Baudelaire, por Chesterton y por Joyce”, por más que su ensayo “Evaristo Carriego” lleve el contundente epígrafe “…a mode of truth, not of truth coherent and central, but angular and splintered”, que define a la vez, por un lado, el lugar desde donde Borges ve el mundo: el porteño barrio de Palermo y por el otro ubica a la literatura argentina en las orillas de la literatura universal (una nota a pie de página de la misma), desde esa ubicación angular y fragmentada Borges pintó el mundo. Esa cita se repite en L’Herne, ese cuaderno francés de 1964 dedicado exclusivamente a la escritura de Borges: “A nadie debo tantas horas de felicidad personal”, y en su lecho de muerte le pide a Jean Pierre Bernés, su editor en la Pléyade que le lea “Los Ültimos Días de Immanuel Kant”, en la traducción francesa de Marcel Schwob de 1899, año de su nacimiento en Buenos Aires. A pesar de que “a De Quincey con quien tan vasta es mi deuda”. A pesar de lo que tantos tratadistas han dicho de ser De Quincey el prototipo del hombre de letras para Borges y por más que en “Introducción a la Literatura Inglesa” escrito con María Esther Vázquez anota esta miserable idea “… fuera de Klosterheim y una traducción o paráfrasis de Lacoonte de Lessing, su obra entera que abarca 14 volúmenes, está hecha de artículos… el opio le permitirá entender, o creer que entendía, las páginas más abstrusas de Kant… pequeño, frágil y singularmente cortés, su imagen perdura en la memoria de los hombres como la de un personaje de ficción, no de la realidad. A pesar de la opinión de De Quincey sobre las obras de Shakespeare, que de alguna manera Borges repetirá en su “Sobre los Clásicos”: “Clásico es aquel libro que una nación o un grupo de naciones o el largo tiempo han decidido leer como si en sus páginas todo fuera deliberado, fatal, profundo como el cosmos y capaz de interpretaciones sin término”. Y que hace exclamar a Emir Rodriguez Monegal (1921-1985) en “Borges, una biografía literaria” “La omisión (deliberada desde luego) ya que es inútil buscar entre sus artículos alguno dedicado explícitamente al ensayista inglés”.

    La pregunta que se impone es ¿por qué? Más allá de las respuesta que pueda dar la psicología, más allá de las posibles claves que puedan encontrarse en el estupendo libro de John T .Irwin “The Mystery to a Solution” (Poe, Borges and the Analytic Detective Story) que invito a leer; donde Irwin comenta una conversación con Borges momentos antes de abandonar la casa de Edgar Alan Poe en Baltimore, después de haberle preguntado por la influencia del autor de “El Cuervo” en su obra. “Borges permaneció un rato en silencio y luego en voz muy baja dijo”, dice Irwin: “Siempre he tenido el temor que algún día alguien descubra que todo en mi obra es prestado por otro, por Poe, o por Kafka, por Chesterton, Stevenson o Wells” (tengo para mí, que quiso olvidarse de Carlyle, pero ocultó a De Quincey) esto fue en abril de 1983. Mucho antes (1974), en el Epílogo a sus “incompletas” Obras Completas escribió en tercera persona: “El renombre de que Borges gozó durante su vida, documentado por un cúmulo de monografías y de polémicas, no deja de asombrarnos ahora. Nos consta que el primer asombrado fue él y que siempre temió que lo declararan un impostor o un chapucero o una singular mezcla de ambos” . La respuesta a semejante misterio debería surgir del mismo Borges, no de un sujeto ajeno, no de un observador, sino del interior de su obra. Si todo es irreal según el idealismo, es más si todo es una farsa según Carlyle donde la historia es una suerte de Escritura Sagrada que desciframos y escribimos continuamente y en la que también nos escriben, si quien lee una línea de Shakespeare, es William Shakespeare, más aún, “si nuestras nadas poco difieren, es trivial y fortuita la circunstancia de que seas tú”(Thomas De Quincey el redactor de tus ejercicioa y yo Jorge Luis Borges su lector). También es cierto, que Borges deja siempre claves para que resolvamos el misterio, así como Kafka crea a sus precursores, Borges ha hecho lo mismo con De Quincey, Carlyle, Chesterton y con ello modifica nuestra percepción del pasado, como ha de modificar el futuro, y entonces esta vez Juan Dahlmann empuña con firmeza el cuchillo, sale a la llanura, se enfrenta a Padre, a Madre, a todos sus ilustres ancestros, a Lugones, a Victoria Ocampo, a Thomas De Quincey y emulando a Benjamín Otálora prefiere deberse el éxito a sí mismo y no a otro.