El inaudible alarido de Edward Munch (1863-1944), un día de 1893, agarrándose la cabeza, con el fondo de un cielo estallando (¿el sol?) frente al mar de Oslo: ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! Imagino la brutal anticipación, a lo que Munch pensaba que vendría. Tomo un café en la marmórea explanada de la magnífica Ópera de Oslo, que termina en el mar mientras hago tiempo para la salida del barco a Copenhagen. La Ópera de Oslo es como una ladera de mármol de carrara, una invitación a deslizarse como por un tobogán, hacia el mar.
He llegado a Copenhagen al amanecer, después de un corto viaje nocturno. Es julio de 2013, es mi último día en Europa antes de volar a New York. Camino despidiéndome del poblado verano europeo. Estoy frente a la Ópera danesa, espléndida, moderna ,vidriada al igual que la Ópera de Reikgiavik, ambas tienen el estilo de los constructores, el estudio Henning Larsen y son contemporáneas, ésta es de 2005, la de Islandia de 2008, la de Oslo de 2011. Las tres honran a la música, las tres están frente al mar, las tres son magníficas obras de arquitectura. A las tres las dibuje en mi bitácora.
No puedo dejar de percibir el horror de “El Grito”, ¿es por lo que vendría, las dos guerras mundiales o es por lo que vendrá? Ese sol de Munch, en la nublada y fría Oslo, más que sol, es un estallido de fuego abrazador e imparable.
No suelo frecuentar la ópera. Si vi en cambio “The Wall”, en Londres: Pink Floyd y Roger Waters. Ópera Rock, donde hay una fuerte referencia a la guerra, tal vez preanunciada en la tela de Munch. El padre de Waters, pacifista comprometido, no puede eludir entrar en la Segunda Guerra Mundial, lo hace en el regimiento de los Fusileros del Sur y va a morir en la batalla de Angio, Italia en 1944, cuando Roger tiene 4 años. Su padre era carpintero, esos martillos que aparecen son un sutil homenaje a su papá a quien vuelve a recordar casi secretamente con los acordes de un acordeón que solían tocar los Fusileros cuando marchaban, ¡Eso es Wagner, me dijo la polaca, en 1978 en Londres, esos delicados acordes, sépalo o no Waters, son de Wagner!
Lo que dice la lírica de Waters, es lo dicho por los cánticos goliardos de los siglos XII y XIII
“Hey teachers, leave the kids alone!!!
Esos hippies de la Edad Media, esos juglares goliardos que se oponían al absolutismo castrador de la nobleza y el clero.
“We don’t need no thought control
Esos cánticos goliardos, le escuché decir a Marcelo Arce, fueron encontrados por accidente en Bendiktbeuern, que en latín era Burana, esos cánticos los usa Carl Orff en Carmina Burana, donde se retoma el mismo asunto, que siempre es la lucha entre el Poder y el Placer.
“Mother do you think they’ll drop the bomb?
Hay un DO sostenido, un RE sostenido, un FA sostenido, un SOL sostenido, un LA sostenido.
No hay un MI sostenido: un MI sostenido es un FA.
El MI sostenido es el EGO.
El MI sostenido por el principio lógico de identidad, por la familia, por el cumpleaños, por la pertenencia, por la nacionalidad es un FA. El MI sostenido es el EGO. Es el FAlso YO, es el FAntasma del YO, es FActible de ser gobernado, conducido, educado en la FAlsedad de una verdad, de la felicidad, de la redención ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!

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