Autor: alejandrofrango.com

  • ÉL ES ASÍ

    La corrupción es tan antigua como nosotros; al menos a los que habitamos la cultura occidental judeo cristiana: se nos ha narrado que al poco tiempo de haber Dios creado a los humanos, un sujeto de nombre Caín mató a su hermano Abel. Tanto nos ha marcado ese relato que a lo largo de mi vida he conocido a varias personas de nombre Abel, jamás a uno llamado Caín; es más no creo que ninguna pareja quiera llamar a su hijo Caín.

    La corrupción es algo a ser combatido. La impunidad es la permisividad, es decir, el fomento de la corrupción. Las mafias, el hampa, el narcotráfico, los regímenes políticos que no tienen a la ley por sobre las apetencias personales, las sociedades que aceptan el acomodo, el tráfico de influencias, el uso de privilegios por contactos, la demora de los jueces en dictar sentencia, los obsecuentes del poder de turno son ejemplos de corrupción; tener una actitud pasiva ante esto es ser un corrupto.

    En los tiempos que corren, todos aquellos que bregan por la liberación de la ex Vicepresidenta condenada por varios tribunales son adictos a la impunidad: son parte de la corrupción. En el otro extremo (y es sabido que los extremos se tocan) todos los que festejan, aplauden y sonríen ante los insultos, agresiones, alaridos e incitaciones al abucheo por parte del Presidente de la Nación y justifican todo ese fárrago de violencia verbal, grosera escatologia e ignorancia del papel ejemplarizador que su función ejerce sobre niños y adolescentes con el “ingenuo” y peligroso “Es que Javier es así”, “Es Javo en estado puro”, “Él es así” son también parte de la corrupción. Si “ser así” es aceptado como la normalidad, el cleptómano incontinente ante un bien que no le pertenece “él es así”, el violador, el pornógrafo infantil, el contrabandista, el golpeador serial de mujeres, el voraz depredador de dineros públicos, el militar o policía aplicando la picana sobre la vagina de una embarazada “son así”. Si “ser así” es el justificativo, de semejantes conductas, no tenemos solución alguna.

    Esas patologías existen, pero son eso: una enfermedad, un vicio, una deformación lo que las religiones llaman pecados y las sociedades civiles delitos. Eso en una sociedad está MAL y quien lo hace merece tratamiento, si persiste merece pena, si continúa castigo y una sociedad que lo acepta pasivamente deja de ser sociedad y se transforma en una banda.

    Propongo que todo individuo que justifique en público los insultos, agresiones verbales y “escraches” por parte de un funcionario hacia cualquier ciudadano sea considerado cómplice necesario de semejante barbarismo anti democrático y reciba la misma pena del que “Es así”.

  • HOMENAJE A FIDEL (1905-1974)

    Pícaro, entrañable, argentinísimo, espejo del “chantismo” que nos corroe. Caricatura jocosa de lo que tristemente somos. Fidel Pintos el arte de hablar de todo, sin parar, sin reflexión, sin decir algo coherente.

    Incapaces de comprender las palabras de Ludwig Wittgenstein, con las que cierra su “Tractatus Lógico- Philosophicus” “7. De lo que no se puede hablar hay que callar.” Ignorantes de la recomendación de Ortega y Gasset “Argentinos, a las cosas”. Indiferentes a la observación de Jorge Luis Borges “El peor insulto para un argentino es ser escarnecido en público” es decir antes de decir “no sé”, lo invento. Haber tenido que soportar al núcleo duro del kirchnerismo (Mayra Mendoza, Victor Hugo Morales, Agustín Rossi, Miguel A. Pichetto, Anabel Fernández Sagasti) y un largo etcétera. Tener que soportar al núcleo duro del mileísmo (El Gordo Dan, Sabrina Ajmechet, Bernie Benegas Lynch, Juliana Santillán, Lilia Lemoine) y otro largo etcétera, esa adulación constante, esa justificación de lo injustificable porque “Eso es Cristina pura”, “Es que Javier es así” y entonces por esa espúrea pureza y por esa esencia insustancial justificamos cualquier cosa. Fidela Pintos del pueblo trabajador, de los derechos humanos, de la eterna revolución bolivariana Maduro style; Fidel Pintos de la Escuela Austríaca, la motosierra y el aumento sin límite, la a-crítica relación con Trump.

    No hacemos más que entronizar autócratas, gritones, individuos sin filtro alguno, sin auto crítica, rígidos personajes fanáticos del dogma que los sostiene, ignorantes de que la rigidez se quiebra e ignorantes de que la flexibilidad se balancea y a lo sumo se dobla.

    Mi sentido homenaje a Fidel Pintos en el 121 aniversario de su nacimiento. Mi repudio al fanatismo, que nos constituye y que en mi humilde opinión comenzó con el Restaurador que asumió el poder “sólo y sólo si, la Legislatura le otorgaba la suma del poder público”, razón por la que lo llamo “El padre de la Patria”. Esos 22 primeros años fundacionales de nuestro país nos han marcado a fuego: O estás conmigo o mazorca en el orto, o estás conmigo o sos un gorila vende patria aliado al sionismo, o estas conmigo o sos un pedazo de mierda, corrupto ensobrado, econo chanta y satánico marxista.

    No es así como funciona una sociedad democrática, eso no es amar a la nación y al pueblo trabajador, la verbalización sin contenido es traición al pueblo. Eso no es ser un liberal. El liberalismo es una filosofía que no se agota en el mercado, sino que permite su libre funcionamiento y una filosofía liberal es no sólo la que tolera el disenso sino que lo promueve: “sapere aude: atrévete a pensar” pregonaba Emanuel Kant. En fin así no sólo estamos, sino que me parece que así somos, por eso nos va como nos va.

  • HIMALAYA, HISTORIA

    Las imágenes dantescas que vi en las noticias sobre un desastre natural de un glaciar en el Himalaya, en la frontera entre Nepal y Tibet, que provocaron una inundación que arrasó la población de Rasuwa, derribando puentes y llevándose autos, enseres, la desparición de más de 1400 personas, entre ellos 800 extranjeros que hacían trekking y que dejó al menos 360 muertos; ver como el agua marrón invade la pequeña ciudad del bellísimo valle y en segundos se lleva todo puesto y se escuchan los gritos de chicos y grandes corriendo montaña arriba hacia un lugar seguro, contrasta con la paz que sentí cuando en 1980, caminé con Pierre, un amigo francés, durante dos semanas desde Katmandú a Pokara, Naudanda, Khare, Luhle, Charankot, Birethanti, Ulleri y Ghorapani a 2.900 metros custodiados por las increíbles columnas de nieve de la cadena del Himalaya. En verdad no hay otras palabras más que silencio, paz, el convencimiento de estar haciendo lo que deseas sin otro compromiso más que la aventura. Me sucede que en el fárrago de todos los días, el sólo hecho de pensar en esa caminata, me devuelve a la armonía dentro del caos de tránsito, sirenas, luces, miles de personas dando vueltas, de la ciudad de Buenos Aires.

    También recuerdo la caída de un galés, que se quebró las dos piernas al caer en un cañadón y la manera en que fue subido y luego en camilla llevándolo hasta la sala de auxilios, en fin su recuerdo debe distar mucho de la sensación de paz que a mi me provoca el Himalaya.

    Estuve en el simulador de vuelos que había en la cima de una de las torres del World Trade Center, tan sólo dos semanas antes del ataque terrorista a las mismas. La experiencia del simulacro de vuelo sobre New York resultó una maravilla, de haberlo hecho el 11 de septiembre, no podría contar ninguna experiencia.

    Esto me ha hecho pensar en la historia. ¿Qué es en verdad la historia? ¿es realmente la disciplina que basada en documentos se acerca a la verdad de lo sucedido, o la historia es el relato (la narración) de como nos ha afectado un hecho. Francis Bacon (1581 – 1626)ha clasificado a los prejuicios, les ha dado el nombre de errores o ídolos; así destaca a)los idola tribus, que son los comunes a la condición humana, a nuestra especie; b)los idola specus o de la caverna, que son los propios de los individuos y están íntimamente relacionados con los hábitos y costumbres; c)los idola fori, que son los propios del lenguaje, la feria, el mercado, hoy diríamos, la televisión, la prensa, las redes; y d)los idola theatri, que provienen de las imposturas de los sistemas y teorías filosóficas que se suceden en la historia como fábulas teatrales, es decir representaciones ficticias y más o menos fantásticas de la realidad.

    En esto andaba mi pensamiento y cuando comenzaba con la lectura de “Una vida de Pierre Menard” de Michel Lafon, el “Prefacio” firmado por Maurice Legrand en Montpellier, el 24 de agosto de 1957 (cumpleaños de Borges) dice: “la aparición de “Ficciones” de Borges, de estos cuentos revolucionarios que no dejan de disfrazar las invenciones más insólitas en posible realidad, y que constituirán, según mi más íntima convicción, su aporte más original a la literatura de nuestro siglo” y entonces estoy tentado de suscribir aquello de que quien mejor maneje el relato, de aquel que sea el mejor narrador, estará escribiendo la historia oficial y tal vez si uno se saluda con el accidental compañero de asiento en el avión y él te da la mano y dice “Pierre Menard, mucho gusto, yo respondería, encantado Jorge Luis Borges”.

  • BORGES & MÁS BORGES

    Cuando tenía 16 años tuve la audacia de comenzar a leer a Borges y ahí estaba esperando el tren en la estación La Lucila para ir a la casa de un amigo en Vicente López. Andaba leyendo con mucha concentración “El Tiempo Circular”, en el volúmen de Emecé de tapa blanda y gris bajo el título de “Historia de la Eternidad” en letras rojas; aun faltaban nueve años para que saliera el volumen gordo de tapa dura y verde con las apresuradas “Obras Completas”, ya que Borges siguió escribiendo.

    Entendía poco o casi nada pero había algo; más allá de mi vanidad por hacerme el “cool”; que me hacía seguir leyendo. Subí al tren y me senté en un asiento de los de cuatro, sin prestar atención a la persona que ya estaba ocupando un lugar contra la ventanilla. Yo seguía concentrado en mi lectura, al rato levanto la vista, cuando el tren frenaba en Olivos y frente a mi, unas manos pequeñas apoyadas en la curvatura de un grueso bastón. Sí, era él: Borges. Obviamente no me veía, lo cual me liberó de mi vergüenza, del atrevimiento de estar leyéndolo sin comprender demasiado. Fue el primer escritor que veía y el hecho de estar con él me gustó mucho; era como que yo sentí que Borges aprobaba que un adolescente vanidoso, es decir ignorante, lo estuviera leyendo. Imaginé que vendría de la casa de Victoria Ocampo en San Isidro y yo venía de la casa de Patricio Ocampo, un compañero de colegio.

    Pasaron los años, asistí a varias de sus clases de literatura (yo estudiaba filosofía) y un poco después a todas sus charlas en el Teatro Coliseo en 1977, que fueron luego publicadas en 1980 bajo el título de “Siete Noches”. Me fui a Europa cuatro años. A mi regreso asistí al taller de Esther de Eizaguirre donde Borges hablaba de poesía anglosajona. Nunca he dejado de leerlo. Tuve que comprar otro Emecé Verde y gordo (de esos que le hacían decir a Mujica Laínez “che Borges ese libro tuyo que la gente usa para poner lámparas o ceniceros”),ya que al mío que había comprado en la calle Corrientes por 30.000 pesos apenas salió en 1974, y que anduvo conmigo en Europa y al que llené de subrayados, dibujos, preguntas y notas y al que mis estudiantes conocen como al “descabalado” parafraseando aquello de su cuento “El Sur”: “Dahlmann había conseguido, esa tarde, un ejemplar descabalado de las Mil y una Noches de Weil”.

    Cada vez que en Londres y luego en el sur de Francia, me preguntaban por Buenos Aires, los gauchos, el tango o algún hecho de nuestro país, solía recurrir a Borges y todos parecián comprender. No hay escritor argentino que nos haya representado mejor en el mundo. Es un producto orgullosamente “Nacional”; y por más que les pese a los ciudadanos peronistas “Popular”: El barrio de Palermo en 1900, sus caminatas hasta el barrio sur, su lectura de nuestra historia, el compadrito, sus duelos, el tango, las milongas, Carriego honran a nuestro pueblo, lo dignifican y lo llenan de orgullo como jamás hizo ni hará ningún dirigente sindical. Su centralidad en la cultura anglo norteamericana y francesa lo convierten en uno de los productos de exportación que deberían enorgullecernos: Michel Foucault comienza “Las Palabras y las Cosas” con una carcajada cuyo estertor hace balancear al obelisco y Michel Lafon (1954) publica en 2008 su novela “Una vida de Pierre Menard” que inventó Borges de la misma manera que Dios inventó el universo. Tampoco yo sé si escribo estas palabras o soy tan sólo el sueño soñado por Dios que luego cobra realidad tal cual como Pierre Menard que ha engendrado el libro de Lafon que hoy comienzo a leer en traducción de César Aira (otro orgullo) y que comienza así: “Jorge Luis Borges, mató a Pierre Menard al tiempo que le daba vida……………………………………………………………………………………………….”

  • OLLA PODERIDA O PODRIDA

    Thomas Bernhard (1931 – 1989) en su Autobigrafía ha anotado que “El lenguaje es inútil cuando se trata de decir la verdad, de comunicar cosas; sólo permite al que escribe la aproximación, siempre, únicamente, una aproximación desesperada”. Es decir el lenguaje es insuficiente. Hablar, habla cualquiera, decir en cambio requiere un arduo trabajo.

    Hay en el recetario de la cocina española un plato antiquísimo, que figura en el “Libre de Coch” escrito por Rupert de Nola en 1477, que cuando Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, harto y un tanto asqueado de la política se retira al Monasterio de Yuste para pensar e intentar decir; para tener un poco de contacto con el placer y dedicarse a leer, comer, beber y caminar; uno de los libros que lee es el de Rupert de Nola que había hecho traducir de su original catalán al español en 1525. ¿Qué comía este doble Rey que además reinaba sobre el Nuevo Mundo Hispano ultramarino? Pues le gustase o no, los poderosos Austria comían poder. Entre los siglos XIII y XVIII comían OLLA PODERIDA, llamada así porque requería mucho dinero elaborarla y muy poderosos jugos gástricos para digerirla. ´¿Cómo devino OLLA PODRIDA? que es como se la sigue llamando en Burgos, es un tanto confuso, pero sospecho que se debe a que el poder siempre termina pudriéndose, en la España de Carlos I y V, en la Corte de Napoleón, en la Venezuela de Maduro, en la Rusia de Putin, en los Estados Unidos de Trump y un extenso etcétera que abarca la historia universal. En el siglo XIX la Poderida – Podrida devino “puchero” entre nosotros y “cocido” en España. El tratadista gourmand Xavier Domingo (1929 – 1996) define a la Olla del Poder como “un mundo, un compendio de ciencias naturales hervido en agua y perfumado con todas las especias y todos los aromas”, alguien que lo antecedió Don Diego Granado cocinero y escritor del siglo XVII detalla el contenido de la olla y verán por qué es más lógico llamarla PODERIDA que PODRIDA. Nos dice Granado: “Toma dos libras de garganta de puerco salada, cuatro libras de pernil desalado, dos hocicos, dos orejas y cuatro pies de puerco partidos y recién sacados de un día. Cuatro libras de puerco jabalí con el callo fresco, dos libras de salchichones buenos y, limpio todo, hágase cocer con agua sin sal. En otro vaso de cobre, o de tierra, cuézanse también con agua y sal seis libras de carnero, seis libras de riñonada de ternera, seis libras de vaca gorda, dos capones, dos gallinas, cuatro pichones caseros gordos y de toda las dichas cosas, las que estuviesen primero cocidas se vayan sacando del caldo antes que se deshagan, y consérvense en un vaso. En otro vaso, con el caldo de la sobredicha carne, cuézanse dos cuartos de liebre traseros, cortados a pedazos, tres perdices, dos faisanes, dos ánades salvajes frescas, veinte tordos, veinte codornices y tres francolines, y estando todo cocido, mézclense los dichos caldos y cuélense por cedazo, advirtiendo que no sean demasoiado salados. Ténganse aparejados garbanzos negros y blancos que hayan estado en remojo, cabezas de ajo enteras, cebollas partidas, castañas mondadas, judiguelos o frisones hervidos y todo se haga cocer junto con el caldo y cuando las legumbres estén casi cocidas, pónganse repollos, berzas, nabos, rellenos de menudo y salchichas y, cuando esté todo cocido, antes tieso que deshecho, hágase de todo una mezcla e incorpórese. Gústese la sal y añádase una poca pimienta y canela. Después téngase apoarejados platos grandes. Póngase una parte de la composición sobre los platos sin caldo. Tómese de todas las aves partidas en cuatro cuartos y las carnes gruesas y las saladas cortadas a tajadas. Las aves menudas dénse enteras y repártanse en los platos sobre la composición. Sobre éstas póngase de la otra compsición del relleno cortado. De esta manera háganse tres suelos y téngase una cucharada de caldo más gordo y póngase por encima. Cúbrase con otro plato y déjese media hoira en lugar caliente. Sírvase caliente con especias dulces.”

    Le preguntaría a Thomas Bernhard, y recordando que no había heladeras en el Monasterio de Yuste ¿qué término se acercaría más a la verdad PODRIDA O PODERIDA? Difícil saberlo y mucho más dificil aún digerirlo y no hablemos del costo.

  • COME EL REY, COME EL PAPA DE COMER NADIE SE ESCAPA

    Desde el primer momento me encantó este decir español que creo haber escuchado o tal vez leído en el Mesón de Cándido, pegado al acueducto romano de Segovia. También es válido “Caga el Rey, Caga el Papa de Cagar nadie se escapa” y “Coge el Rey, de Coger nadie se escapa salvo el Papa” (estimo que se abstiene) y por último “Muere el Rey, muere el Papa, de Morir nadie se escapa”.

    Hay un libro excelente de ese gran escritor y periodista que fue Álvaro Cunqueiro (1911 – 1981) por cuyas venas corren todas las rías gallegas y “la cólera natural del español que exige la libertad de palabra”, como dijo Gracián. El libro al que me refiero es “La Cocina Cristiana de Occidente” al que suelo consultar cada vez que escribo una nota o doy una charla sobre cocina en monasterios, conventos o abadías, ya que Cunqueiro tiene un humor, una gracia y una manera de hacer malabares entre la imaginación y la realidad inigualable como lo demuestra en sus “Viajes Imaginarios y Reales”, “Fábulas y Leyendas de la Mar”, “Los Otros Caminos” y como prueba baste la introducción: dice en la “Cocina Cristiana…” “Aquí van sin orden ni concierto mis saberes del arte culinario, y de vinos y también mis invenciones, el gozo de imaginar a un duque de Berry en una galería comiendo una liebre que nunca comió”; me encanta ese desparpajo, es la diferencia entre un mero cronista y un artista, entre un turista y un viajador.

    “Todo lo coquinario y vinícola llega un momento en que tiene un aire sacro” y requiere “El silencio a la hora del almuerzo”, que es uno de los placeres de comer con uno mismo, durante los viajes (aclaro que me encanta comer con amigos) pero esa cena a la caída de la tarde en Islandia tan sólo con los langostinos el cordero el Cabernet Franc y la vela, o aquella otra a orillas del Titicaca con la llama de la vela reflejada en la ventana que a su vez reflejaba la ingesta de otra llama o esa inolvidable en el Burj Al Arab frente a la pecera donde el tiburón gambeteaba, satisfecho a sus indiferentes presas , esas cenas son sagradas. Concluye Cunqueiro la introducción citando a un amigo que le dice “Sin vino no hay cocina, pero sin cocina no hay salvación, ni en este mundo ni en el otro”.

    Una nota interesante de Cunqueiro que me dejó intrigado. Se refiere al Chimichurri, con el que a muchos les gusta saborizar las carnes, a mi me basta con dos vueltas de molino de pimienta negra, sin embargo el nombre me encanta y conozco la anécdota repetida hasta el cansancio sobre el escocés que visitando la Estancia San Martín en Cañuelas de Juan Manuel de Rosas con el objetivo de comprar reses, se queda casi un mes en el campo y un tanto cansado de comer todos los días carne y para variar carne, pide a los paisanos que le traigan laurel, vinagre, aceite, pimentón, ajo y lo que encontrasen, mezcla todo para saborizar su diaria ingesta y como el escocés se llamaba James Curry es decir le decían Jimmy, cada vez que a un peón le preguntaban qué es eso que le agregan al asado; con cierto pudor por no decir vergüenza respondían, “es una salsa de este hombre Chimi Curry que devino chimichurri, simpático pero nunca probado. Lo que dice Cunqueiro es lo siguiente “La cocina de los Hohenstauffen (la dinastía germánica que gobernó el Sacro Imperio Romano Germánico entre 1138 y 1254) es la cocina normanda de Sicilia…y alegraban sus graves asados con la vinagreta de laurel, esa invención de Palermo que aún hoy usa la gauchada en la pampa argentina para rociar el churrasco”, y me interesó porque, gran viajador, me fascina que nuestro chimichurri tan plebeyo y de alpargata tenga su cuna en la corte que un día lideró Federico I Barbarroja.

  • AMOR, TAL VEZ MAÑANA TE REGALE MI AUSENCIA.

    Cualquiera puede observar que las otrora formas de respeto institucional ya no existen: basta con escuchar los discursos del funcionario, que también con mi voto, ejerce la Presidencia de la Nación, dirigiéndose a cualquier auditorio donde se escucha “pelotudo, mierda humana, sorete, pedo de buzo, hijos de puta, corruptos ensobrados”. Se percibe como el lenguaje ha sido degradado a un cúmulo de escatologías sin límite. Por otra parte el Troleo generalizado en redes sociales donde la descalificación, la injuria, las ofensas y el descrédito son la forma aceptada de enfrentamiento. Las nuevas generaciones se debaten entre “fingir demencia” y “farmear aura”, gestos de zombies con intención de ocupar un espacio para influir en el mercado de la idiotez.

    En este panorama de desquicio generalizado, un amigo acuñó la frase que da título al artículo de hoy: “Tal vez mañana te regale mi ausencia”, dedicado a su amor, que me pareció digno verso tanguero, donde el amor va indisolublemente unido a la posibilidad de perderlo.

    Cuando en la década del 60 del siglo pasado comenzaba con mis amigos de la adolescencia los viajes a dedo por América, cada vez que decíamos que éramos argentinos, se producía una suerte de reconocimiento, nos hacían sentir que “éramos un ejemplo a seguir”, se escuchaba nuestro rock, se leían escritores argentinos, muchos chicos de ese tiempo aspiraban a hacer la Universidad en Buenos Aires o Córdoba. En fin nos hacían sentir que éramos un peso pesado, algo distinguido en América del Sur.

    Después el Cheguevarismo, la revolución armada, los curas villeros, Cuba, los Montoneros, el militarismo, el retorno de Perón, Isabelita y Lopecito y su triple A con sus más de mil asesinatos, Videla y Cia. y sus miles de torturados y desaparecidos, Malvinas, las buenísimas intencioines de Alfonsín, su actitud democrática, pero su incapacidad por mejorar la economía, los delirios de Primer Mundo del tandem Menem – Cavallo, la inoperancia de De la Rúa, los casinos de Duhalde, la turbamulta universitaria setentista, ya enriquecida burguesía pero con el chip de justicia social y derechos humanos, el Chavismo Madurito, un obispo villero jesuita y peronista a la cabeza de la Corte Vaticana, la rebelión del hijo de Franco Macri cuyo “Si se Puede”, siempre me pareció un grito adolescente, más que un proyecto político, el eterno retorno del peronismo con tintura K 70 y la puesta en la Rosada de poco más que un cafetero y su mesera, y la sorprendente llegada del outsider and sister, con equipo económico ex macrista reciclado.

    Lejos estoy de ser vidente, pero cada día que pasa me convenzo más que Milei llegó condicionado por un arreglo con el peronismo estilo Vila, Manzano, Filiberti, de Narvaez, Mazza y adlateres que más o menos dice “Mirá viejo te dejamos 4 años, hacé la tuya, poné la inflación en un cauce lógico, hacé los ajustes que no podemos hacer nosotros, sacanos a los zurdos K, cobrate tus servicios y cuando llegue el momento “VAMOS A VOLVER; VAMOS A VOLVER”. Ahora ni se te ocurra querer perpetuarte porque te vamos a tirar con todo. Creo que en ese momento estamos ahora; la nueva oligarquía consolidada, la reaparición caribeña de Mazza bajo el ala voladora de de Narvaez; troles de Cerimedo, el desgaste de la función pública, una población maltratada a más no poder, sin la euforia de la cuarta copa del mundo, con la posibilidad de un Trump perdedor, con un invierno sin sol y la próxima visita del sucesor de Bergoglio, creo que se sienten que ya han vuelto y muy pronto “nos regalarás tu ausencia”. Perdón, me corrijo, nunca se fueron: son el sistema, se eclipsaron un tiempito. Deseo con todas mis fuerzas estar “Farmeando Aura”.

  • OH, MY GOD I DIDN’T KNOW THAT!

    El otro día pasó por casa un primo de un amigo a traerme un libro que yo le había pedido, el libro es “The Goodman of Paris” que es “un tratado de moral y economía doméstica de un ciudadano de París, circa 1393, traducido por Eileen Power, cuyo título original es “Le Menagier de Paris”; su anónimo autor escribió el libro con el objeto de darle consejos (¿instrucciones?) a su joven esposa (20 años), (él 60) (ningún boludo el hombre). En esos tiempos era muy común dictarle instrucciones u órdenes a las esposas. La primera parte trata de costumbres, modos, religiosidad propios de la Edad Media; la segunda es un tratado de vida doméstica: la jardinería, la contratación de la servidumbre, la administración del hogar, la compra de los alimentos, la preparación de la comida, lo que parece que a la larga termina siendo un libro de cocina (aun no lo he leído) estimo que algo de las piruetas en la cama debe haber. Compré el libro porque quería ponerle cotidianeidad a la Edad Media ya que tenía que dar una charla sobre cocina medieval y necesitaba el contexto para completar la visión de las cocinas donde reinaba Guillaume Tirel, alias Taillevent (1310 – 1395) cocinero real, autor del primer libro de cocina en Francia “Le Viandier” de 1365 cuyos manuscritos había visto en la Biblioteca Nacional de París (recuerden que la imprenta se inventó en Alemania en 1434).

    Este primo, Francis, tipo muy simpático, conversamos de literatura, de historia, de economía, no podía creer que teníamos 2% de inflación por mes “How can you live?” y de futbol ya que había visto varios partidos del mundial, incluída la final, con sábana de Malvinas, llantos y empujones y me preguntó sobre los colores de nuestra bandera que parece que le gustaba mucho, yo devolví el halago diciéndole que a mi también me gustaba la de su país, por la historia que tiene su diseño y que discrepa de lo que a los estadounidenses les enseñan en el colegio, así como a nosotros nos cuentan que son los colores del cielo, bueno también nos cuentan que la inflación de julio empezó con “0,…”.

    Puso cara de sorpresa y me dijo lo clásico, las estrellas indican la Union de los estados: una estrella un estado y las franjas rojas y blancas; 13 en total; representan a las 13 colonias, que se independizan de Gran Bretaña.

    Entonces le conté la historia, que me había narrado un pastor anglicano, Horace Farrell, con quien me puse a conversar en la Catedral de Durham, que es una maravillosa expresión del arte normando construída entre 1093 y 1133, sobre los restos de una iglesia sajona; algo que parece haber sido muy común, Chartres, está construída sobre un templo druida y todas las iglesias del Cusco sobre antiguos templos Incas (porque señores Dios es uno solo y es Católico Apostólico y Romano , ¡cómo se atreven Druidas e Incas a llamar Dios a sus muñecos!). Fue Abadía Benedictina hasta 1541 y en ella está enterrado Beda el Venerable fallecido en 735, autor de “Historia eclesiástica del Pueblo Inglés” y maestro de Alcuino de York, que intentó en vano enseñarle a leer y escribir al Emperador Carlomagno.

    Este pastor, Horace Farrell me llevó a la inmensa cocina de la ex abadía y me comentó que en tiempos del Prior John Washington (1416 – 1446), antecesor del Presidente George Washington, había un pastelero que solía hacerle tortas al goloso Prior, con azúcar coloreada y que con franjas rojas y blancas decoraba sus pasteles, que reproducían el escudo de armas de los Washington con estrellas y franjas de esos colores, y a renglón seguido me llevó a una galería donde se ve el escudo de armas, que verdaderamente parece haber inspirado el diseño de la bandera de los Estados Unidos. Tal vez George Washington quiso ponerle un poco de humor después de tanta batalla por la libertad.

    El norteamericano sorprendido. Luego reflexionó, la verdad “I didn’t know it”, pero suena más lógico que poner las 13 colonias si era de ello de lo que nos estábamos liberando. But well life is very raro, todo raro.

  • POSTRE VIGILANTE

    Anselmo Brillat – Savarin (1755 – 1826) en los Aforismos del Catedrático de su “Fisiología del Gusto” (1825) dictamina que no hay postres sin quesos; lo dice con terminología propia de la época: “XIV. Postres sin queso son como una hermosa dama tuerta”. Brillat está diciendo que después de la ingesta de caldos, lípidos, salsas y variados etílicos, es bueno hacer una pausa, limpiar el paladar y luego dedicarse al sabor de la dulzura. Sin decirlo, también está explicándole a sus conciudadanos que Francia produce una inmensa variedad de quesos y es necesario venderlos, consumirlos porque las queserías distribuidas por todo el país emplean gente y son un motor importante de la economía. Muchos años después, el General De Gaulle exclama ante las críticas a su gobierno “¡Cómo pretenden que pueda gobernar un país con 288 variedades de quesos!”

    También es cierto que otros eran los ritmos de hace 200 años cuando Brillat publica su libro. Había más tiempo para gozar la mesa, conversar y después de un almuerzo con vinos, quesos y postre, café, cognac y un puro cubano, era casi necesario una siesta reparadora; al menos para el sector social al que el libro se dirigía. También había hambrunas en varios sectores y regiones, al igual que hoy en muchas geografías.

    Nuestro vigilante – me refiero al policía de la cuadra -, cuando lo había, simple custodio de nuestra tranquilidad, y suponiendo que hubiera sido él el creador de tan simple y audaz postre, como dice la leyenda urbana, que sin conocer la Fisiología del Gusto, sintetizó pragmáticamente el consejo del francés, con el postre que lleva el nombre del vigilador del barrio y en ese orden “Queso y Dulce”, después vendrá el gusto porque el compañero del queso sea batata o membrillo y aquí, como en todo la libertad individual es soberana.

  • SOPA DE LETRAS

    Si yo dijera después de un viaje a la India de seis meses, ¡qué ganas tengo de comer un asado!, todos los argentinos lo comprenderían. Ese deseo de la carne a la parrilla compartido, eso es amor a la pertenencia. Si en cambio yo dijera tan sólo “los fideítos de la abuela Ángela”, solamente mi hermana sabría y compartiría la misma memoria de los fideos cabello de angel de una sopa cocinada en cocina económica a leña de quebracho. De la misma manera, a las hijas de mi hermana les ha pasado con los tallarines con estofado de su abuela, es decir mi madre; porque la memoria también está compuesta de los sabores que despiertan la magia que a la larga es siempre la niñez.

    Si yo le hubiera dicho a mi abuela: “Encuentro una sopa y uso un cuchillo para abrirla a puñaladas”, seguramente se hubiera preocupado muy seriamente por mi salud mental y habría hablado con mis padres. Ángela murió antes que llegaran las Campbell a la Argentina, y ya le había costado aceptar cómo nos podía gustar una sopa salida de un sobre y un caldo de un cubo pequeño.

    El entrecomillado viene de la acción de un personaje de una novela que estoy leyendo y me hizo acordar a aquello de Isidore Ducasse,. Compte de Lautremont (1846 – 1870) que dice: “Bello como el encuentro fortuito sobre una mesa de disección, de una máquina de coser y un paraguas”. Los niveles de comprensión de cualquier discurso no llegan a todos por igual, eso está claro: edad, cultura, gustos, clase social, situaciones particulares. Lo que sí comprendemos todos, es que algo no está funcionando con lógica cuando los representantes del pueblo reunidos en el Congreso Nacional reciben sueldos de varios millones de pesos, auto, chofer, pasajes de avión, cuando el 72 % de los representados según datos oficiales y del Instituto Gino Germani dicen que “7 de cada 10 trabajadores perciben un ingreao menor al millón de pesos”. Eso lo comprendemos todos, y los representantes calladitos, no sea cosa que alguien los confunda con una lata de Campbell y quiera abrirla como el personaje de la novela “Casa de Hojas” que estoy leyendo.