De todas las ciudades que conozco, aquella en la que me muevo con mayor soltura, esa que tiene el ritmo que cuaja casi a la perfección con el mio, en fin la que más me gusta por arquitectura, respeto urbano, sonido, contrastes y más aún y aunque les parezca increíble a los nativos, por su clima, es Londres. Viví en ella durante dos años y volví como turista en 1981, 1998, 2000 y 2019. Ayer estaba siguiendo los debates en la Cámara de los Comunes y los avatares por la posible renuncia del Primer Ministro, después de las últimas elecciones locales que fueron de una fuerte derrota del laborismo gobernante y un cuestionamiento profundo al centenario bipartidismo entre estos y los conservadores, con el contundente triunfo del Reformismo liderado por Nigel Farage, digamos el Milei británico. Sin saber muy bien cómo, supongo que presioné por accidente “Luxury Hotels” y apareció un video sobre el tradicional Claridge’s Hotel, en el corazón del barrio de Mayfair en el que sólo tomé un inovidable desayuno hace más de 40 años, y cuyo exterior es el mejor ejemplo de lo que Borges llamaba “ese laberinto rojo que es Londres” y que está situado en la esquina de Brook Street y Davis Street y cuyo mejor ejemplo porteño es el edificio conocido como “La Colorada” en Cabello y República Árabe Siria, obra del arquitecto inglés Regis Pigeon en 1911.
Entre 2016 y 2021 se produjo una revolución arquitectónica increíble, ya que al hotel se le reemplazaron los dos pisos superiores y se le agregaron cuatro plantas con 14 habitaciones y un Pent House con pileta, gimnasio, lago y un gran salón de 170 metros cuadrados que hoy para habitarlo se debe oblar la suma de 100.000 libras esterlinas por noche. Gran parte del frente de las nuevas habitaciones fue prefabricado en Irlanda con el mismo tipo de ladrillos del 1800 y traído en paneles armados listos para instalar, en camiones, subidos con una enorme grúa. Además se construyeron cinco subsuelos para instalar pileta, gimnasio, cocinas y otras dependencias. En pleno centro de Londres, la remoción de esa estructura y la posterior construcción fue toda una proeza y sin haber cerrado el hotel que alberga a una clientela exigente y super rica.
El hotel se inaugura en 1812 con el nombre de Mivart’s Hotel y cambia de nombre en 1854 cuando fue comprado por el matrimonio Claridge que lo dirigió durante 40 años hasta ser comprado por el Savoy y desde entonces pasó a manos de otros grupos económicos y hoy es propiedad del Maybourne Hotel Group, que dirige un jeque catarí que fue Primer Ministro de Qatar, que hoy sigue honrando la exquisita tradición británica. Una habitación standard cuesta 6.900 libras por noche; la Royal Suite de dos habitaciones,y gran salón alberga un piano de cola, tiene un precio que oscila entre 10.000 y 15.000 libras esterlinas por noche. El Claridge’s fue elegido por la realeza británica desde la época de la Reina Victoria en adelante, personalidades mundiales, rock stars, multimillonarios y es la residencia permenente desde la década del 60 de una de las mujeres más bellas que he visto, que es la modelo Carmen Dell’Orefice, que hoy a punto de cumplir sus 95 años sigue prestigiando tapas de revistas de moda. El hotel cuenta con 203 habitaciones, alrededor de 800 empleados que atienden a 83.000 huéspedes por año, con ganancias que superan los 58.000.000 de libras esterlinas por año.
Me voy a detener en lo humano, en base al video, que recomiendo mirar. La historia del matrimonio Melchor, Jack y Norma, alrededor de 85 años de edad en 2011, californianos habitués de la Royal Suite durante los últimos 40 años (1971 – 2011), solían pasar las Navidades en el Hotel y eran recibidos con abrazos en la puerta por el Gerente General y ya en el lobby con mano, abrazo y beso por el Butler de la suite, Michael Lynch que los atendió durante 34 años, el Chef y miembros del staff. La periodista que entrevista al personal le pregunta a una simpatiquísima mucama filipina que habla pésimo inglés de nombre Tita Etrata, si no le sorprende la cantidad de dinero que maneja la clientela y si nunca ha sentido celos o envidia de ellos y si ve felices a los pasajeros. Con espléndida sonrisa Tita afirma, que no, jamás sintió envidia ni celos, agrega estar muy bien con su vida de “persona simple y ordinaria, sin custodia y en plena libertad”. La misma pregunta se la formula al Butler que con sincera sonrisa de irlandés rozagante le dice que no, que jamás ha sentido celos, que le encanta servir a la gente y que “Life is too short, we are only passing through” El video termina con la sonrisa de Lynch, con la imagen de Norma Melchor leyendo en la Royal Suite y esta inscripción superpuesta “Esta Navidad de 2011 fue la última de los Melchor en el Hotel ya que en febrero de 2012 la señora Melchor falleció”. Sí, Life is too short.
Me voy al cementerio de Highgate en el norte de Londres, que es una belleza de vegetación cubriendo los pasillos en forma de crescents con los mausoleos victorianos. Cementerio en el que se guardan los restos de Karl Marx desde 1883, donde en el pedestal que lo honra se lee “Los filósofos han interpretado el mundo, de varias maneras; pero el asunto es cambiarlo”. Karl Marx trabajó intensamente en el British Museum en estado de pobreza casi permanente, lo cual no le hubiera permitido gozar de un desayuno en el Claridge’s donde con toda seguridad hubiera sido recibido cálidamente, y él habría respondido de la misma manera, tal vez hubiera pedido un té y no habría dejado propina a la que consideraba un insulto, para el trabajador, concepto que comparte con los japoneses. Este final ficticio, que no tiene nada que ver con la lucha de clases, que en el video sobre el Claridge’s parece no existir, y donde las propinas se agradecen con la magnífica sonrisa del Butler Lynch.

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