Es julio 2005, es el 250 S Grand Av., es Los Ángeles, es el MOCA (Museum of Contemporary Art), es la exposición homenaje a Jean Michel Basquiat (1960-1988), después de haber nacido en Brooklyn, después de haber sido atropellado por un coche siendo un niño, después de haber encontrado en “Same Old Shit”, el nombre SAMO con el cual se enmascararía grafitando las paredes de Manhattan, después de huir de la casa paterna a los 18 años, después de haber formado la banda musical “Baby Crowd”, después de haber escuchado a cuanto rapero poblaba las calles del Bronx, después de haber llevado ese RAP a color y telas y muebles y tapas de heladera y casco de football americano, después de pintar el cuerpo recordando las viñetas del libro de anatomía de Gray que su madre le había llevado al hospital donde convalecía después del accidente de auto, después de prostituirse, después del Mudd Club, después de Andy Wharhol, después de expresar que su obra está compuesta por un 80% de ira, después de morirse de sobredosis en el estudio 57 Great Jones a los 27 años, después de atreverse a hacerlo donde otros “prefer not to”, después de haberle dado una cachetada al mundo del arte, de ofenderlo agresivamente.
A Basquiat le hubiera gustado el rostro de Kafka. A Kafka le hubiera encantado que Basquiat pintara su retrato como una cucaracha o lo que fuere en lo que se desperó Samsa esa mañana. A SAMO le hubiera gustado SAMSA, o acaso una cucaracha del tamaño de un humano no es lo mismo que SAME OLD SHIT, entonces mientras de traje y corbata, sombrero y dolido SAMSA camina por el petreo puente Carlos del siglo XIV sobre el Moldava; SAMO drogado y borracho y orgiástico camina por el metálico puente colgante de Brooklyn, sobre el East River inaugurado un mes antes del nacimiento de Kafka.
El paso del hebreo es firme, el del negro trastabillante. Uno es un Juden Rat, se lo hicieron saber de pequeño, sí, la historia, pero sobre todo su padre; el otro un Fucking Nigger. Les han dicho JUDÍO DE MIERDA y NEGRO DE MIERDA, así no se los hayan dicho, porque lo decimos y repetimos. Se los han dicho los padres así no se los hayan dicho se los han dicho, porque se los han dicho Praga y New York.
En esos dos puentes tan distintos, tan iguales, se cruzan a diario la impotencia ante el poder: SAMSA y SAMO se miran, detienen la vista por un instante eterno que viene repitiéndose, se repite y se repetirá y un coro de arlequines chillones, y un coro de mojas ciegas hacen tronar el espacio y JUDEN RAT rebota en el Castillo y FUCKING NIGGER en el Empire State.
“Te voy a hacer picadillo”, dirá Hermann Kafka a su hijo, “te voy a aplastar insecto inútil”. “Negro Marica, no te quiero ver más”, le grita su padre Gerard a su hijo Jean Michel.
Franz Kafka se sienta en Brooklyn High Promenade y mirando a una incomprensible arquitectura escribe: “Tanto te costaba abrazarme Padre”. Jean Michel Basquiat coloca una madera apoyada contra la pared plena de estatuas desconocidas del puente Carlos y comienza a pintar “Portrait of the Artist as a Young Derelict”.
Y entonces comenzó a llover y el agua lavó lo escrito por Kafka.
En Praga no llovió.

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