VIAJAR ES INDISPENSABLE, VIVIR NO LO ES

A) SALTA. Es mayo 2019, estoy en Salta. Camino por el centro, visito iglesias, voy a San Lorenzo, regreso a la ciudad, visito más iglesias, me indican un convento, entro en librerías, hago compras. Me siento en uno de los cafés que abundan alrededor de la plaza 9 de Julio, entre el Cabildo y la Catedral. Cae la tarde, se está celebrando la misa. Intento leer “Moravagine” de Blaise Cendrars, pero no me puedo concentrar porque la misa se difunde por altoparlantes. Nos imponen “milagro de fe, milagro de fe, milagro de fe”, como para que yo también me de cuenta. Pasa un hombre y grita “Viva Perón carajo”, así, de la nada, al aire. Curioso Perón murió hace 45 años, bueno Cristo hace 2000. Cosas así ocurren aquí, en Salta , la linda.

B) CORNWALL. Sigo en Cornwall, rodeado de “piskies”, conjunto de duendes, elfos, hadas, brujas, demonios: son la pertenencia a una tierra. Ante tantos defectos, debilidades y maldades cotidianas, se ha hecho necesario elevar a instancia irreprochable ciertos arquetipos a seguir, el Rey Arturo pertenece a esa categoría de gobernante ejemplar. Se le profesa admiración, está presente en el folklore popular, aunque debo decir que jamás nadie interrumpió mi lectura con un “Long Live King Arthur Shit!”

Nos instalamos en Polperro, puerto de pescadores, cercano a Land’s End, tierra de piratas, bucaneros, contrabandistas que ocultaban en el mar cascos de licores traídos desde Francia; fuegos costeros avisando de la proximidad de guardacostas y aduaneros. Plea y bajamar que dejaban en las costas historias reales e inventadas. Finisterre, frente a la tierra mágica de Lyonesse, tal vez inicio de la desaparecida Atlántida y las islas Sirlingas, hoy Scilly Islands coronando este espacio.

The Ship Inn es donde nos alojamos. Vamos recorriendo Looe, Godolphin Cross, Helston e innumerables pueblos de entre 300 y 700 habitantes y perdidos en ese laberinto de ficción y realidad como son, como deben ser los viajes, aparecimos en Cunwallon y entre lápidas mohosas, quebradas, ladeadas como si alguien hubiese querido moverse en su interior, nos enfrentamos a un ingenioso palíndrome que resulta un inquietante poema proteico que, como para que nos demos cuenta, nos recuerda

SHALL WE ALL DIE ?

WE SHALL DIE ALL

ALL SHALL DIE WE

DIE ALL WE SHALL

Comemos deliciosas “Cornish Pasties”, es decir empanadas y me permití decir que lamentaba que no fueran originales. Sigo sosteniendo que son de origen árabe, que las llevaron a España y de ahí pasaron a América. Me atreví a decir con más intuición que prueba que los miles de marinos sobrevivientes de la derrotada Armada Invencible fueron sus interlocutores y que luego los mineros hicieron de ellas, su más práctica vianda.

-No way man! That’s bullshit

-Neither Spanish, nor Arabics, they were, they are and they will be Cornish.

Mi idea no agradó, irrité el sentimiento nacional y popular (algo en lo que me he hecho especialista después de 70 años de convivir con peronistas).

Varias pintas de cerveza fueron transformando lo que auguraba ser una escena de “Los Perros de Paja” de Sam Peckinpah; que fue filmada en Wakely, aquí en Cornwall; en algo menos violento y decidí contar una historia que inventé sobre la marcha: When King Arthur looked for refuge in the island of Avalon -y de pronto la turbamulta hizo un silencio más propio de una iglesia que de un pub- the island apparently vanished; well let me tell you guys, that’s not true- y se entusiasmaron con gritos de alegría- the island went floating adrift all along the Atlantic Ocean to the very south of the world to a remote spot till it anchored by a group of magical islands, that you British call Falklands and we Argentines name Malvinas, but today, here, I will call Falkinas, y hubo un alboroto y vivas y más pintas de cerveza y abrazos.

No me hubiera atrevido a inventar tal historia a partir de 1982.

C) AGOSTO 2019. En una vieja valija, arrumbada en la buhardilla, encuentro una agenda de 1980, en ella el rudimentario croquis de una excursión en Sri Lanka. La agenda es francesa. Me entero que 1980 fue año bisiesto, ya que en cada folio está impreso, el día que transcurre, luego un guión, y los días que faltan hasta el fin del año; así el 1 de enero dice (1-366), el 31 de diciembre, (366-0). El día en donde encuentro el croquis de mi viaje dice ser Mercredi 12 de Mars, que es el día 72 y que faltan suceder 294. Se informa que se conmemora Saint Justine. Mi rústico mapa señala con una ‘X’, la partida en tren desde Ohiya, la llegada a Nuwara Eliya desde donde comienza una caminata por el Parque Nacional Horton Plains.

Marchamos, un grupo de seis o siete que se formó espontáneamente, para recorrer las 4 millas y media hasta la cima: World’s End. Con excepción de una pareja formada por un peruano y una inglesa, el resto somos viajadores solitarios, pero, se sabe, lo desconocido atrae y aterra. La selva a ambos lados del sendero, era tupida: árboles inmensos sobresalían por sobre una densa y oscura vegetación de arbustos con espinas, plantas carnívoras, enredaderas y lianas en las que se balanceaban aullando y brincando de una a otra muchos monos, que como si estuvieran protegiendo un secreto, y como dando aviso de nuestra presencia a un ejército invisible, expresaban su ira defecando sobre sus manos y arrojándonos, luego sus deposiciones.

Pienso ,ahora, en David Livingstone (1813-1873), el médico y misionero escocés que encontró en África, además de su lugar en el mundo, ese mágico sitio conocido como “el humo que suena”, y le dio nombre de Cataratas de Victoria, para honrar a su reina. Esa fascinación por nombrar, tan propia de los ingleses de la era victoriana, de los españoles y portugueses del XVI. Nombrar es dar a luz. Me nombraron Alejo. Esto es América. Dejas de ser Angelo Roncalli y elegís ser Juan XXIII: enmascarás la máscara.

Sentirse otro, ser otro, eso es viajar, eso es la aventura, salirse de uno mismo, de la cotidianeidad, para intentar saber quien uno en verdad es. Ser descubridor de uno mismo. ¿Se sentirá violado, el descubierto? ¿Cuándo el habitante de la selva que convive con monos, fieras, reptiles, aves: se ve obligado a decir Victoria Falls en vez de “humo sonador”, se transforma en sometido o ha llegado a lo que de alguna manera laberíntica estuvo buscando desde siempre? ¿No hay algo perversamente erótico en tener un amo, en ser esclavo de un “dios” o de otro humano?

Andaba por eso vericuetos de mis pensamientos, cuando de pronto, el grupo que formábamos se detuvo en un claro de la selva. Se hizo un silencio, como cuando se descorre el telón y uno deja de ser quien es y se mete en la obra. Ahí, en la base de un árbol desconocido y panzón, vimos como lentamente, una enorme pitón con movimientos de succión iba haciendo desaparecer a un venado. Las patas traseras del animal fueron lo último que vimos antes de la desapaición final.

– Muerde al animal, luego lo envuelve y va estrangulando el cuerpo de la presa hasta asfixiarlo-, nos ilustró una bióloga danesa; agregó, que luego comienza la succión, la digestión, aclaró, puede durar días o hasta semanas, de acuerdo al tamaño de la pieza.

Al cabo de dos horas llegamos a la cima, World’s End. La hostería era la casa europea con materiales de colonia: amplia galería de madera con mesas, sillones y abanicos mecánicos de ratán. En el interior cascos de corcho de explorador, fotos de caballeros ingleses y damas de rodetes y amplias polleras, tomando el té. También bebemos té y comemos scones con manteca y mermelada, en jeans, descalzos y gorras de beisbol.

Leo en el Daily News de Colombo, de varios días atrás, un recuadro que da cuenta del hallazgo de una pitón con restos de dos niños y un cérvido en su interior. Debajo, en otro recuadro “Del Exterior”, Buenos Aires, Argentina, General Videla habló de desaparecidos ante corresponsales extranjeros, en casa de gobierno: “Ni muertos, ni vivos, desaparecidos”.

En este frío agosto de 2019, entro en Google: Parque Nacional Horton Plains, la foto que ilustra la nota, en la cima del parque, mirando hacia el valle, con nubes bajas, es idéntica a la que guardo en mi memoria al borde del risco.

Sigo explorando Google; Santa Justina, patrona de Padua, martirizada en 304 por Diocleciano. Videla, Jorge Rafael, militar, dictador y criminal argentino, fue Presidente de Argentina.

Distinciones: Orden de Isabel la Católica.

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