Roland Barthes (1915 – 1980)es quien decretó la ‘invisibilidad del autor’.Murió atropellado por la furgoneta de una tintorería a la salida del College de France, se cree que conducida por Copi (1939 – 1987). Thomas Pynchon (1937) se auto invisibilizó, al punto que de él sólo se conoce una fotografía de cuando estuvo en la Marina y poco más Salinger,J.D. (1919 – 2010) huye de las fotos, al igual que Carlos Castañeda (1925 -1998), Juan Rulfo (1917 – 1986) que a pesar de su entusiasmo por la fotografía escapaba de la prensa, Ambrose Bierce (1842 – ¿1914?) desaparecido en combate sin dejar rastros en fecha incierta, Jorge Luis Borges (1899 – 1986) que quería ser El Hombre Invisible de H.G. Wells (1866 – 1946). De todos ellos y de unos cuantos más, el único que aún está visible, es decir que tiene una casa donde lee y escribe, le hacen pagar impuestos y tal vez haya votado en las elecciones presidenciales de noviembre de 2024 y que el 8 de mayo de 2025 cumplió 88 años, habiendo así llegado a la trilogía infinita que es mi número mágico, y también lo es de los chinos, ya que la pronunciación del 8 es similar a la de la palabra fortuna y un 888 significa prosperidad, fortuna y éxito, es el escritor Thomas Pynchon, autor del inagotable “Gravity’s Rainbow” que vengo leyendo durante años en forma salteada y que tal vez sea la forma en que haya que leer hoy después de “El Susurro del Lenguaje” donde Barthes invisibiliza al autor y entroniza al lector, y desde que Edward Dujardin (1817 – 1889), James Joyce (1882 – 1941), Virginia Woolf (1882 – 1941), el Surrealismo, y más, al escribir como lo hicieron, nos indicaron una nueva manera de hacerlo y por ende de leer. “Gravity’s Rainbow” (1973) cuya primera edición de la Viking Press es la que leo, la de la tapa con el perfil de una ciudad y el resplandor de fuego naranja que es a un tiempo “El Grito” de Edward Munch, y el Rocket V2, con el aullido dantesco de “A screaming comes across the sky. It has happened before” (que leo como otra versión del circular Finnegans Wake), donde el Rainbow del Génesis nos recuerda la alianza entre Dios y Noé que se compensa con Gravity que nos baja a la tierra y luego bajo la misma hasta invisibilizarnos; al igual que nos lleva al inexistente índice y deplorable encuadernación ya que el ejemplar se ha partido debido a que el libro sólo fue encolado y no cosido y nuevamente me obligó a escribir el índice:
- BEYOND THE ZERO (Más allá del Cero) pags. 3 a 177.
- UN PERM’ AU CASINO HERMANN GÖERING (Un Cesanteado en el Casino H.G:) pags. 181 a 278.
- IN THE ZONE (En la Zona) pags. 281 a 616.
- THE COUNTERFORCE (La Contraofensiva) pags.619 a 760.
(Roland Barthes sólo empoderó al lector en relación al autor, no al editor en relación al lector).
Sorpresivamente, para el lector que soy, en el capítulo 2 de “Gravity’s Raynbow” me veo envuelto en un episodio “Nacional y Popular” con Borges y gauchos y Perón y nazis, con pampa y D’Arienzo, “¿Che no sos argentino vos?” y que el sur comienza en Rivadavia, que le viene a Pynchon de la lectura de “El Sur” y una archiborgeana Graciela Imago Portales que es parte de la huida junto a varios argentinos que escapan del Coronel Perón y sus compañeros, en un submarino robado en Mar del Plata y sólo le faltó una referencia a la “Concha de la Lora” que yo agrego, no como escribiente, sino como amo y señor lector del texto. Curioso por ver como se ha traducido este capítulo al español, voy a la librería de mi barrio, en San Isidro, pero no lo tienen en stock. Al retirarme golpeo levemente una mesa de saldos donde se exhiben libros por el irrisorio precio de 1000 pesos, es decir 75 centavos de dolar, uno de esos cayó al piso, lo levanto y resultó ser “Silas Marner” de George Eliot que es Mary Anne Evans (1819 – 1880) nacida en Warwichshire, en Nuneaton, cerca de Coventry, en la verde, bella y bucólica Inglaterra e invisibilizada en Chelsea después de una enfermedad de los riñones. Compro el libro caído editado por Wordsworth Classics, cuya tapa está ilustrada con la reproducción de “On Grandfather’s Knee” del pintor Edward Thompson Davis (1833 – 1867) . El libro me retrotrajo a la escuela primaria donde leímos pasajes de “The Mill on the Floss” y se mencionó “Silas Marner” que nunca leí y que junto a “Sin Novedad en el Frente” de Erich María Remarque (1898 – 1970) deben ser las dos novelas cuyos títulos más veces he visto escritos formando parte de catálogos editoriales y que jamás leí. Curioso que buscando a Pynchon, en momentos en que leo a Barthes y a Sloterdijk me haya encontrado con una escritura que es la antítesis en forma y contenido de la de estos. Aunque, por un lado no debería llamarme la atencióin ya que la realidad es dialéctica y hace que los extremos estén siempre próximos, y por otro “Sin Novedad en el Frente”, es la crónica autobiográfica de la Primera Guerra y “Gravity’s Rainbow” la de la Segunda, que convirtieron a la bucólica Inglaterra (cabe recordar, ya que mencioné Coventry, que 40 acres de esa ciudad fueron destruidos por bombas alemanas) y al perfil de Europa en un territorio industrializado y que confirma lo que dice Thomas Pynchon, en lo que llamo el episodio “Nac & Pop” :”La guerra ha estado reconfigurando tiempo y espacio dentro de su propia imagen”, nos cuenta Pynchon y agrega que Tyrone Slothrop teniente, trabajando para el servicio de inteligencia, llega a uno de los grandes cafés del mundo, el Odeón de Litmmatquai 2 en Zurich abierto en 1911 -que siempre asocio a Génesis y a Phil Collins, ya que la única vez que estuve en la ciudad fui a uno de sus conciertos y después a comer a ese café – ;Slothrop va a encontrarse con alguien a quien no conoce, pero después de varios minutos de espera, ve sentado a una mesa cercana a un individuo de pelo enrulado y traje verde que sostiene un diario en español donde Slothrop alcanza a leer “La Revolución” y resultó que el revolucionario de verde era el argentino Francisco Squalidozzi. (A mi me pasa que cada vez que en un texto de escritor extranjero leo algo sobre nosotros, no siendo el asunto escrito específicamente sobre tema argentino, tengo una sensación como de consolidación de la existencia, aunque generalmente compruebo que salvo deportes: mayormente futbol, Maradona y Messi en particular, tango, Borges, Marta Argerich, malbec, carne y alguna otra excepcionalidad, lo que se escribe sobre nosotros, me avergüenza).
El mundo de George Elioit, es el de Jane Austen, el de Charles Dickens, que tuvo su mojón número 0 en Geoiffrey Chaucer (1343 – 1400) que con “The Canterbury Tales” es el inicio de la literatura inglesa con una peregrinación, donde los personajes van contándose historias desde Londres a Canterbury al santuario Thomas – a -Becket (1118 – 1170) y que por alguna razón nunca lo alcanzan ya que se detienen en el cercano poblado de Harbledown y cuya manera de narrar de acuerdo a D.H.Lawrence (1885 – 1930) concluye con Edward Morgan Forster (1879 – 1970) “To me, dear friend you are the last Englishman”, como le dice en una carta en 1910 después de la publicación de “Howards End”, que marca el fin de la Old Green England, la cima del Imperio y la muerte de Edward VII (1841 – 1910), el fin del mundo victoriano y el de la casa Saxe- Cobourg Gotha y el comienzo de la casa Windsor, y este convoy de libros que circula a mil por rieles que se pierden en el infinito donde las paralelas se encuentran, me hace pensar, hoy, en que los dos años que viví en Inglaterra (1978 – 1980) y que fueron años de extrema felicidad, ya que vibro a nivel del ritmo de esa sociedad, para mí, una de las más civilizadas del mundo, me suenan hoy a la prehistoria, ya que sólo las corporaciones, bancos, líneas aéreas y ferrocarriles usaban computadoras y no sonó un solo celular en los cuatro años que viví en Europa, así que soy uno de los muchos que vivió ese mundo que como la escritura de Forster ya no existe.
Cambia, todo cambia, fue en 1983 que la venta de ordenadores pasó de 20.000 a 500-000 unidades anuales cuando la revista Time colocó en su tapa donde suele honrar a la personalidad del año a una PC y 10 años después, se escribe en el New York Times “El lugar de encuentro de moda en el mundo, es internet” y nuevamente Time, enfatiza “Internert es donde hay que estar”, como lo cita Mark Dery (1959) en su “Velocidad de Escape: la cibercultura en el final del Siglo” (1996). Siento que cualquier persona que hubiera nacido alrededor de la década del 50 del siglo XX, ha experimentado en estos 25 años del siglo XXI tantos o más cambios, como si un individuo nacido en Europa en el 1500, pudiera estar vivo en Buenos Aires en 1900; creo que en estos 25 años aconteció otro mundo; aunque es importante recordar el inicio de “Gravity’s Rainbow”: “A screaming comes across the sky. It has happened before, but there is nothing to compare to it now”.

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