“TRATADO SOBRE EL ENTENDIMIENTO HUMANO”, “LOCUS SOLUS”, “CICATRICES”
El título es la síntesis de lo que recuerdo del sueño que tuve; ocurrió anoche 7 de agosto de 2024, no vale describirlo ya que la idea de que los tres escritores pudieran estar jugando conmigo una imposible partida de billar en el medio de la meseta patagónica supera ampliamente mi capacidad para escribir un texto surrealista. Haber tenido ese sueño ya es surrealista. ¿Es válido preguntarme por qué lo tuve? ¿Acaso lo sé de alguna misteriosa manera? Los textos anotados seguidamente al título son los libros leídos de los tres escritores que se relacionan por la actividad del imposible juego onírico del billar.
David Hume se pregunta ¿cómo conocemos? Y trata de explicar la causalidad (causa-efecto) mediante el uso de una de las actividades ociosas en las que era un experto como filósofo y soltero bon vivant y explicando que en el billar, al impulsar una bola (causa) hacia otra que estuviera quieta, al chocarla haría que ésta se moviera (efecto). Se pregunta Hume ¿cómo es posible saber tal cosa?, ya que podría suceder algo distinto de cambiar algunas circunstancias físicas, por ejemplo que las bolas se repelieran o cambiase el sentido de la gravedad. Obviamente estaríamos en otro espacio con leyes físicas diferentes a las que conocemos por la experiencia que se remite a lo que ha venido sucediendo, es decir el pasado, y pronosticamos que así como fue, seguirá siendo, pero ¿es ello razonable? Y concluye que no es así, tan sólo la costumbre, el hábito de que a tal causa suceda tal efecto nos hace formular leyes sobre la realidad, con lo cual abrió la puerta a la duda, a la relatividad que escandalizó a muchos pero despertó a Kant de su sueño dogmático.
Raymond Roussel va a develarnos el secreto de cómo escribió algunas de sus obras y sabemos por Michel Foucault, André Breton, Jean Cocteau, Michel Leiris, Gilles Deleuze, César Aira, Maurice Blanchot entre otros que nos dirá el “cómo”, pero no el “¿por qué? ” y se referirá a “algunas” de sus obras y no a todas, y sabemos que develar el secreto es mantener el misterio o que tal vez develarlo fue su deseo de ser reconocido por su genialidad en cuanto al procedimiento ya que sospechaba que no sería recordado por sus textos pero sí por la técnica de llegar a la escritura de una oración que en el caso de “Nuevas Impresiones de África” afirma que cada verso de las mismas le llevó 15 horas de trabajo,en donde la idea es dejar que sea literatura y nada más que literatura y no todo lo que agregamos de historia personal y fantasías sexuales y viajes y teorías políticas y conciencia ambiental, económica, histórica, social y que fuera sólo combinaciones de la imaginación, es decir propias del superhombre nietzscheano y no de lo meramente humano, es decir la nuda escritura, pero ya que estamos con el billar, diremos que dejó a la literatura en bolas, y que cada cual entenderá lo que pueda entender porque es un procedimiento de escritura y no de lectura como bien dice César Aira y el propio Roussel que pretende que lo leamos con la misma ingenuidad con la que un niño se acerca por primera vez a algo; y entonces nos dirá que “escogía dos palabras muy similares, por ejemplo “billard” (billar) y “pillard” (bandido), luego añadía palabras parecidas perto tomadas en dos sentidos diferentes y obtenía con ello dos frases casi idénticas. Una vez encontradas las dos frases, se trataba de escribir un cuento que podía comenzar con la primera y terminar con. la segunda. Y de la resolución de este problema extraía yo todos mis materiales”
Juan José Saer está molesto por esa “porquería de luz de junio que entra por la ventana” y lo que el narrador va a hacer con la bola de punto, que es la suya, y no la de Tomatis, es lo que dice Hume que hace con las suyas y después se irá formando un triángulo imaginario y un largo etcétera, que concluirá 83 páginas más adelante con ese párrafo que me dejó perplejo ya que me recuerda a Philippe Petit en infartante equilibrio caminando por el cable entre las dos torres del World Trade Center y que dice así: “Cualquiera hubiese sido su círculo, el espacio a él destinado a través del cual su conciencia pasaba como una luz errabunda y titilante, no difería tanto del mío como para impedirle llegar a un punto en el cual no podría alzar a la llovizna de mayo más que una cara empavorecida, llena de esas cicatrices tempranas que dejan las primeras heridas de la comprensión y la extrañeza”. Saer como Petit cruzó de una torre a la otra con éxito.
Ahora por qué en la inmensa llanura de Somuncurá que es una altiplanicie de más de 25.000 Km cuadrados, vacía de humanos en territorios que son parte de Río Negro y Chubut y donde sólo conozco Ingeniero Jacobacci y el recorrido completo de “La Trochita” hasta Esquel que sólo me la recuerdan unos vecinos que verano tras verano van a recorrerla y supongo que tratan de entender algo de este extraño universo y expresarlo a su manera como Roussel, Hume, Saer, Petit, vos y yo lo hacemos a la nuestra.
Hoy 7 de agosto de 2024 se están cumpliendo 50 años de esa caminata en el vacío entre las Torres de New York, vacío que tal vez no difiera tanto de éste, el de la meseta de Somuncurá, que es vacío que produce un “vértigo horizontal”, como dice Borges, que dijo Drieu La Rochelle de la vastedad de la pampa.

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