Es sábado, es finales de marzo, es 2022, camino desde casa hacia el centro de San Isidro, paso el mástil y escucho una voz de soprano que canta una canción romántica, pero tan bien modulada y con tanta pasión que deja de ser romántica y parece un grito como de guerra pero de alegría (no sé si yo me entiendo muy bien, pero era algo que impresionaba). La voz sale de la garganta de un hombre alto de tez oscura, es no vidente y espera que le dejemos algo en la gorra que está a sus pies. Sigo mi camino hacia la calle Chacabuco y aún en la esquina escucho su voz. Me recordó a un italiano que cantaba en Palermo, Sicilia y que también era ciego y a un señor muy gordo que cantaba a la salida del Guggenheim en New York y a una chica que cantaba frente a Trinity College en Dublin y a un señor hindú que no cantaba, que también era ciego y que extendía su mano como para que también le dejáramos algo a la entrada de un templo en Rameshwaram. Pensando estas cosas sigo mi camino y una suerte de empatía con los cantores callejeros me provoca una sensación de armonía, de cariño por los miembros de la Sociedad Anónima de la que formamos parte. Sí, la sensación es de ternura con la humanidad y me place que así sea porque suelo tener ira y bronca y desprecio hacia esa misma humanidad. Pero hoy no, hoy es un día que no está ni frío, ni húmedo, ni lluvioso, donde a ratos sale el sol y a ratos se nubla, hoy que es climáticamente híbrido y que yo me siento humanamente como el día, en el cual no estoy ni activo, ni pasivo, ni huraño, ni conversador, ni apasionado, ni melancólico, ni deseante, ni depresivo; esa voz de ese señor en el centro de San Isidro me transportó a muchos lugares y de pronto pienso en Taylor Hawkins, el baterista de Foo Fighters que cerró el festival de rock el 20 de marzo y que el día 23 a los 50 años fue encontrado sin vida en el hotel en Bogotá cuando debía presentarse en otro festival. Ese día 20 cuando con maestría le hacía gritar a los platillos de su batería unos sonidos que exaltaban a los miles que lo escuchaban y nada hacía suponer que tres días después apareciera muerto, escribí lo que sigue:
DO YOU WANNA SEE HIS PANTS ?
Beeeeee, Beeeeee, Beeeeeee.
I can’t hear you, DO YOU WANNA SEE HIS PANTS ?
BEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE
Y entonces Taylor Hawkins (1972) baterista de Foo Fighters obedeciendo a la gran masa del pueblo que ha respondido afirmativamente a la pregunta de Dave Grohl (1969) en la noche del 20 de marzo de 2022 en el Lollapalooza en el Hipódromo de San Isidro se pone de pie y luce unas calzas a rayas que enmarcan un bulto (de aquí en más EL BULTO)
EL BULTO por el que viene balando en la Atenas derrotada por Esparta en tiempo de Aristófanes (444-385) después de soportar pasivamente una decadente oligarquía que erosionó hasta los cimientos la cultura ateniense. EL BULTO que degradó la Roma de Plotino (205 – 270) después de gobiernos de vejatorios emperadores. EL BULTO, que cínicamente hicieron adorar los Borgia (Calixto III y Alejandro VI) en el siglo XV. EL BULTO ante el que levantaron el brazo mientras vociferaban “Heil Hitler” (1889-1945?) millones de alemanes. EL BULTO que nos muestra Vladimir Putin (1952) al entrar en Ucrania.
Piedras, palos, flechas, catapultas, espadas, balas de cañón, metralletas, tanques, cazas bombarderos, misiles teledirigidos, bomba atómica: representaciones de EL BULTO.
Así hayas estado en el muelle de Pacheco, pescando desde las 22 horas hasta las 7 de la mañana del día siguiente y hayas pescado 5 pacús y 1 dorado como me dijeron los tres pescadores con los que conversé unos minutos desde mi bicicleta; sabés que aquí a tu celular llegan y quedan cada una de la escenas de EL BULTO de Putin pavoneándose por la llanura ucraniana. Pero así es WE WANT TO SEE HIS PANTS, WE WANT TO BE FUCKED por el que tenga el más grande pene y de tratarse de ELLA, sí claro también o para qué carajo se inventó y se fabrica la “cinturonga”, ¿ para que nadie la compre, para que nadie la use?
Beeee, Beeeeee, Beeeeeeeeee, bala el rebaño y no puede dejar de balar clamando ansioso por el pastor que lo conduzca y le clave el “visto” y EL BULTO.

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