Mi amigo Horacio hace 8 años que pasea perros, yo durante 31 años pasee turistas de muchas partes del mundo. Horacio juntamente con mi hermana Stella y mi socio Joaquín son las tres personas que conozco que tienen devoción por los perros, los aman. En ese sentido debo decir que la única sentencia digna de respeto que le escuché a Perón fue “Toda persona que ama a los perros es una buena persona”, las tres personas que acabo de mencionar son excelentes; pero ahora que lo pienso, no será que para decir lo que dijo, Perón se inspiró en Hitler que amaba a su perro; bueno, tratándose de peronistas, todo es posible.
Durante esos 31 años pasee a 10.513 pasajeros en 2.873 tours. Me encantó esa tarea, soy de las personas que cree que todo trabajo debe ser bien remunerado, pero también soy de los que creen que no es bueno hacer algo sólo por el dinero que genera y cuando sentí eso dejé de hacer ese agradable trabajo; de haber seguido, hubiera sido repetirme sin tener la actitud de estar haciendo lo que sentía que debía hacer y cuando uno continúa, digamos por inercia, uno se enferma y contamina el ambiente, contagia a los otros y entristece y colabora a la opacidad de la vida. Punto final y a generar algo diferente.
Los perros y los turistas hacen las mismas cosas en sus paseos: mean, cagan, comen, beben, se pelean entre ellos, bostezan, se cansan, se duermen, se quieren montar a las hembras y también a los machos, huelen las partes íntimas de los otros. Hay, sin embargo algunas diferencias: ciertas cosas que hacen los perros, los turistas no las hacen en la vía pública; a los turistas no se los lleva con una correa, los turistas no ladran y no suelen montarte ni olerte íntimamente, suelen dejar buenas propinas y de ser estadounidenses, éstas son excelentes.
Al hablar de viajes suelo repetir la sentencia de los griegos “viajar es indispensable, vivir no lo es”, deseo agregar una personal: trabajar es una maravilla en tanto potencie la creatividad, la empatía con los otros y con el ambiente y es así que se genera bienestar; trabajar es en cambio tóxico si se tiene que hacer sólo por dinero.
Sospecho que es mayor el número de congéneres que “tienen” que trabajar, que el de aquellos que “aman” su trabajo.
Estoy convencido que los sistemas económicos que hemos generado (capitalismo, socialismo, comunismo) en sus extremos se tocan; los tres huelen tus partes íntimas e intentan montarte, nos colocan correas y nos convierten en perras y perros y nosotros, vale tenerlo siempre presente: en este mundo somos turistas.

Deja un comentario