LA ANTORCHA

Es el Imperio Austro Húngaro, es 1899, ya hay síntomas de decadencia, de cansancio, se presiente lo que vendrá, igual que hoy. Es el tiempo en que Karl Kraus (1874 – 1936) va a fundar el periódico La Antorcha, que en alemán es Die Fackel, que como su nombre lo indica hace referencia a una iluminación por más primitiva que ella sea (siempre los nombres son indicios) digamos “maduro” listo para ser cosechado, es tiempo de sacarlo de la planta, de lo contrario caerá solo, digamos, para poner una palabra en inglés “trump”, puede ser trompetista y también significa triunfo, ganador, digamos “dialegestai”, cambio entre contrarios, y sabemos los extremos se tocan y al tocarse nos quedamos sin dialéctica, sin polos opuestos.

Karl Kraus, fue un pensador satírico, de familia judía, es crítico de Theodor Herzl (1860 – 1904) y del sionismo, protagonista de “Stands up” avant la lettre, sus unipersonales con textos de Brecht, Goethe y Shakespeare fueron grandes éxitos de público, nucleó en su periódico a lo mejor del pensamiento crítico, fueron columnistas Kokoschka, Loos, Strinberg, Canetti, Oscar Wilde, George Trakl, entre otros muchos.

Karl Kraus abandona el judaismo y entra al catolicismo en 1899, para abandonarlo en 1923, previamente publica su libro “Los últimos días de la humanidad” (1922). Purista del lenguaje siempre expuso que “el mal uso del lenguaje revela el estado del mal en el mundo”.

George Trakl (1887 – 1914) el poeta que se suicida por exceso de cocaína a los 27 años, gran amigo de Wittgenstein, escribe un poema que lleva como título “Karl Kraus” y dice:

Cándido, alto sacerdote de la verdad

voz cristalina donde habita el aliento gélido de Dios

mago airado

bajo tu abrigo llameante chirría la azul coraza del guerrero.

Karl Kraus, ante Hitler enmudeció, no podía entender la barbarie; “Sobre Hitler no se me ocurre nada”. Dijo en cambio sobre la política “La política es lo que un hombre hace a fin de ocultar lo que es y lo que no sabe”.

En 1655, Luis XIV, el Rey Sol exclamó, soberbio “L’etat?, L’etat c’est moi”, Hitler lo hubiera dicho así “Der Staat bin ich”, Donald Trump así “The state is me”, Nicolás Maduro así “El estado soy yo”.

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