Me gusta mucho leer y leo muchas horas por día, creo ser un lector atento. La lectura me impacta, es decir se me impregna, como así también lo que oigo y lo que veo. Cuando siento ese impacto con la lectura, entonces re-leo, cuando el impacto es auditivo entonces comienzo a escuchar y de ser visual, lo visto se transforma en mirada.
Hoy quiero detenerme a reflexionar en lo que leo al pasar y un poco en lo oido y lo visto, que son siempre al pasar. Es decir esa instancia que puede ser un indicio de un impacto.
Cuando leí por primera vez aquello de Marshall Mc Luhan (1911 – 1980)en “Understanding Media: the extensions of Man” de 1964, me encontraba en el Cañadón del Río Pinturas en la Provincia de Santa Cruz, camino a las cuevas. Miraba las manos, estampadas sobre las rocas, ahí pensé dos cosas; una, que la primera vez que escuché “pinturas rupestres” el ejemplo que daban en el colegio era “las cuevas de Lascaux” y no estas cuevas que ahora miraba con atención y dos, pensé que esas manos decían “Estuvimos aquí unos 10.000 años antes que vos” y pensé en que esas manos eran el mensaje, esa escritura analfabeta estaba queriendo decir.
Ahora voy manejando por Libertador y frente al Monumento de los Españoles veo que una señora que conduce una recién estrenada Ford Bronco negra le hace “Fuck you” a uno al volante de un destartalado Ford Falcon que casi la embiste, sigo mi derrotero escuchando a los Rolling Stones y se produce en mi cabecita esta imagen, lo veo al Ministro de Economía Luis Caputo saludando a Kristalina Gueorgieva en las oficinas del FMI, Caputo viste una remera blanca estampada con una mano con el dedo medio elevado sobre los restantes. Me hace señas un policia, hay un control de alcoholemia, soplo la pipeta, todo en orden sigo viaje.
En la mitad de la noche me despierto, cosa absolutamente inusual en mí, tuve una pesadilla: en ella me había parado un control policial-militar a las afueras de Buenos Aires, era el año 1978. Desayuno huevos revueltos, yogurt, café, leo lo subrayado anoche en “Cultura y Valor” de Ludwig Wittgenstein, es el aforismo 285 que dice “LAS FORMAS EN QUE EMPLEAS LA PALABRA ‘dios’ NO MUESTRA EN QUIEN PIENSAS SINO LO QUE PIENSAS”. Salgo a dar la vuelta en bicicleta de 10 kilómetros, ejercicio que desde hace 5 años hago todos los días por la costa del río desde San Isidro a Olivos y en mi cabecita comienza a funcionar ese ronroneo de palabras mudas que el escritor Marcelo Cohen ha llamado “el locutor interior”, esta fue la secuencia: “Dios padre todo poderoso, creador del cielo y de la tierra”, “A Dios lo mató Nietzsche hace más de un siglo”, “Dios, concepto ordenador de toda sociedad, que ha sido utilizado desde los más remotos tiempos por el PODER como base de legitimación del ejercicio del mismo y de la debida obediencia: Yo Rey me arrodillo ante ti Señor y con ello le digo a mis súbditos ‘arrodillaos ante mi’, “Maradona y la mano de Dios”, “No tomarás el nombre de Dios en vano”, “Que Dios y la Patria os lo demanden” (cada vez que oigo a un funcionario decir “Sí Juro”, escucho “Me chupa un huevo”), “Jura decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad” (oigo la respuesta, pero escucho “mentira, toda la mentira y nada más que la mentira”).
En el trayecto me saluda una ex estudiante que corre en sentido contrario al mio y nuevamente mi cabecita me lleva a la inauguración de mis cursos en el College, mi presentación era más o menos así: “Mi nombre es….., les doy la bienvenida al curso de Filosofía de este cuatrimestre. Los invito a pensar, a trabajar, no duden en interrumpir, participen, tendrán que presentar un TP y aprobar un parcial escrito antes del examen final oral. Estudien el programa y lean con atención la bibliografía: eso equivale al índice en los libros: les va a ser útil para ordenar sus estudios. De cumplir con todo esto aprobarán la materia, sabiendo que la nota más alta a la que pueden aspirar es 8, Dios es 9 y yo soy 10. No permitan que se dirijan a ustedes como “alumnos”, eso significa carente de luz, es decir pelotuda/o, ustedes son estudiantes. Lo último y comenzamos: al entrar en el aula se apagan todos los celulares y no se toma mate en clase, de lo contrario se arriesgan a que les meta la bombilla en el culo, pero no vertical sino horizontalmente.
El pensar es como un río correntoso que arrastra lo leído, lo viajado, lo conversado, lo escuchado, lo mirado, lo soñado, lo no no dicho, los secretos.

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