Tres interesantes pensadores coincidieron en los dos primeros siglos de lo que conocemos como la era cristiana en una determinada actitud ante la vida, a pesar de que los tres tuvieron historias personales muy diferentes. La coincidencia es la actitud estoica ante los acontecimientos que el destino nos presenta, y a esa actitud la llamamos ÉTICA. Es decir estos individuos, filósofos sabios, en alguna medida se concentraron (si se quiere redujeron) su pensamiento al comportamiento humano, soslayando la física, la gnoseología y la lógica que han sido siempre tópicos fundamentales al pensar.
Me estoy refiriendo a Séneca, nacido en Córdoba, Hispania 4 años antes de la era cristiana y fallecido en el año 68. Me refiero a Epicteto, nacido en Grecia en el año 55 y muerto en Roma en el 135 y por último me refiero a Marco Aurelio, Emperador ejemplar de Roma que vivió entre los años 121 y 180. Son ellos un político, un esclavo manumitido y un Emperador.
SÉNECA: “Vendrán en tardíos años tiempos en los que el océano abra las cadenas de las cosas y una enorme tierra aparezca que no tendrá una última Tule” (Se dice que Cristóbal Colón era asiduo lector de los “Dialogos” de Séneca y que comenzó a soñar América con ellos). Séneca hizo toda su carrera política en Roma: orador, filósofo, pretor, senador, consul y con el tiempo tutor del joven Nerón, que luego sería Emperador. Como todo estoico que se precie de tal uno debe aceptar su destino, ya que hay un principio racional en la naturaleza y no es sabio enfrentarse a los acontecimientos ya que per se no son ni buenos ni malos. Séneca cumplió al extremo con su filosofía. Sufrió la muerte de su hijo, fue desterrado a la isla de Córcega donde permaneció 10 años y se le conmutó la pena sólo si aceptaba ser tutor del joven Nerón, quien con el tiempo lo condena a que se suicide bajo la acusación de conspirador. Su esposa decide acompañarlo en la pena y ambos se abrieron las venas, pero sobrevivieron. Fue obligado a beber la cicuta y rematado con un baño de vapor. La esposa sobrevivió.
EPICTETO: “¿Crees que dedicándote a la filosofía podrás seguir haciendo las mismas cosas? Tendrás que padecer desvelos y fatigas, apartarte de tus allegados, verte despreciado por un esclavo, sufrir las burlas de aquellos con los que te encuentres, verte rebajado en todo: en rango, en poder, en derechos, en cada mínimo asunto. Piensa en ello. Tienes que cultivar o tu principio rector o tus cuestiones externas; centrar tu atención en tu interior o en el exterior, es decir, ocupar el lugar del filósofo o el del hombre común.” Epicteto nace esclavo en Grecia, estuvo al servicio de la familia de Epafrodito y fue manumitido a principios del siglo II. Es cuando abre su escuela de pensamiento en Nicópolis. Tanto su “Enquiridión”, El Arte de Ser Libre, como sus “Disertaciones” fueron escritas por su más devoto discípulo Arriano.
MARCO AURELIO: “Es ridículo no intentar evitar tu propia maldad, lo cual es posible, y ,en cambio, intentar la maldad de los demás, lo cual es imposible”. ” El hombre que se resiste a su destino es como el cochinillo que da chillidos mientras es llevado al sacrificio”. Las “Meditaciones” de Marco Aurelio leídas por cuanto político se sienta un “hacedor de la polis” son XII libros de profunda lectura sobre el peso de gobernar, (estimo que nadie en el Parlamento argentino lo haya leído ya que aquí se gobierna por el peso, perdón por los dólares). Pascal Quignard (1948) afirma que la traducción más correcta sería “Excerpta”, es decir Extractos y agrega que sería aún más correcto traducirla por “Íconos” que es el término griego usado por Marco Aurelio. Estos íconos son “Toxitanus”, es decir “cosas para mí mismo,” es decir “Ensayos”, como lo dice Montaigne.
La actitud estoica de Marco Aurelio es de desesperanza; no espera nada del futuro, todo se repite y pasa luego al olvido. Gran parte de su vida la pasó en el campo de batalla y en marzo de 180 es presa de la peste en las orillas del Danubio y antes de morir deja el mando a su hijo Cómodo, que resultó un patán inutil, caprichoso y cobarde ya que hizo un pacto con los bárbaros que resultó malo para Roma.
Bien hasta aquí una mera semblanza del estoicismo. Siempre me fascinó, es lo que en lo más profundo de mi alma soy, pero mi impulsividad, mi inquietud constante y mi inquina con la realidad hacen de mí un rabioso gruñón: un enano cabrón. Seguiré intentando.

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