A la manera de Ambrose Bierce (1842 – 1913?) nacido en el estado de Ohio, en una familia plena de hijos, desaparecido en México durante la guerra zapatista tal vez en la fecha indicada, aunque algunos campesinos me han dicho que lo suelen ver junto a Juan Rulfo bebiendo mezcal y conversando con Pedro Páramo y Peyton Farquhar. Entonces siguiendo los pasos de quien escribió el Diccionario del Diablo, presento este Abreviado Diccionario del Viajador, que doy por descontado nadie leerá; pero ya me he resignado a ser un escritor inédito y ahora no leído que debe ser como un juez sin reo a ser juzgado, un médico sin enfermos, una puta virgen, un político impotente (sexualmente todos lo son por eso su desesperación por aferrarse al poder), en fin un cura sin pecadores, un niño sin educación. Voy a ser breve, porque es , como dije “Abreviado”. No más de tre vocablos por letra, y entonces
A
ALBERGAR, pocas palabras hay que expresen tanto abrigo como ésta, si no está relacionada etimológicamente con ABRAZAR y ABRIGAR, debería estarlo. La anoto porque en más de 60 años de viajes quiero honrar a quienes me albergaron.
AMANECER – ATARDECER, la vida misma en 24 horas, el nacimiento, la trayectoria con todos los avatares de la jornada, la muerte, el silencio y el olvido, este día que vivimos, digamos el 1/1/11 nunca jamás se repetirá en la historia, lo que hagamos ese día con nuestras vidas y con la de los otros, tampoco. En síntesis Carpe Diem. En el viaje del viajador no sólo se ve y se oye sino que se mira y se escucha.
AMISTAD, para mí (no se olviden que anuncié que es personalísimo) el grado máximo del amor humano, donde hubo un encuentro fortuito, que generó una elección mutua, una constancia, un código compartido, el máximo interés desinteresado. El amor de pareja, el amor filial, el amor fraterno son una maravilla, pero conllevan la imperiosa necesidad de deseo sexual, de responsabilidad por lo engendrado,y un lazo sanguíneo irrenunciable respectivamente. La amistad en cambio es otra cosa, es amor erótico no genital: es como el viaje del viajador (que no es lo mismo que turista, vacacionista, viajante de comercio, viajero), el viajador es el que se come el mundo sin morder bocado alguno. (Ver artículo “viajador” en este mismo diccionario, infra “V”).
B
B & B, sí Bed and Breakfast, el nombre perfecto para el techo, el fuego de la chimenea, la cama, el baño caliente, el desayuno, la partida. El hogar temporario, el refugio, la pausa del viajador. Los que más me gustaron, los de Gales, los del condado de Kent, los de Nepal en los senderos del Himalaya, uno en Kandy y una cabaña de madera en Kashmir.
BIFE DE CHORIZO, para este viajador que es individuo de poco extrañar, ya que extrañar es una sensación próxima a la melancolía, y hay tres cosas que no me agradan como actitud: la melancolía, lo romántico y la hipocresía (arrogante a nivel de petulancia y soberbio como un dios) son defectos que tengo, pero que he sabido transformar en virtudes gracias a mi simpatía (se dan cuenta ¿no?); decía entonces que para éste viajador hay dos elementos que me hacen desear estar en Buenos Aires después de 45 días de viaje: uno, el río de la Plata que me parece por un lado algo bello y por otro increíble que una masa de agua tan inmensa, donde cabrían los Países Bajos, esté tan alejada de la visión cotidiana del porteño y dos, la ingesta de un bife de chorizo y sólo un bife de chorizo, sin ensaladas, sin papas fritas, tan sólo acompañado de pan que cruja y un gran malbec. Ancho, pródigo como la pampa húmeda de donde viene, jugoso como un beso enamorado, con la grasa tolerable de un peronista a secas, pero no la corrosiva, invasiva y pegajosa grasitud de un kirchnerista. Hay una estupenda historia narrada por Ben Rogers en su libro “Beef and Liberty” Edit, Chatto & Windus, London 2003 que dice que estando de paseo por el reino, el voluminoso Henry VIII amante del “loin of beef”, es agasajado en un pueblo rural con una increíble pieza cárnica, que come con parsimonia oriental y en un silencio rondando el misticismo ante la mirada de todo el pueblo que entre, ansioso, temeroso e intrigado aguarda el veredicto. Finalizada la ingesta el rey pasa la manga de su chaqueta por sus labios (no se usaba aún la servilleta), desenvaina su espada y señalando con ella la mesa y el plato con el jugo remanente dice “I declare you Sir Loin” que es como desde entonces se pide un bife de chorizo en inglés. Habría que ennoblecer al nuestro.
BUENOS AIRES, hasta el nombre es agradable; en mi caso el lugar donde todo comenzó, donde probablemente todo termine. Mi punto de partida, mi punto de llegada. Viví en ella (en Belgrano) los dos primeros años de mi vida, después en La Lucila y San Isidro. Me alejé por cuatro años en que estuve de viaje. Regresé en barco, quería jugar (ver infra “J”)a sospecharla, a desearla, a imaginar cómo sería mi vida en ella llegando como llegué con 4 U$S, es decir con “una mano atrás y otra adelante” (cubriéndome lo más íntimo, que parece no ser el alma) como se solía decir de los inmigrantes que llegaron en número de 6 millones. Salí a cubierta (aunque es la zona descubierta del barco) vi el perfil de la ciudad, olí río de la Plata, me sentí en casa. La bienvenida familiar fue feliz, la de la sociedad no, a los 15 días de mi llegada comenzó la Guerra de Malvinas (Ver infra “F” Falkinas), me gusta Buenos Aires, me corrijo, le tengo mucho cariño, me gustan más Londres, New York, San Isidro, Viena, Praga, Estocolmo y Copenhagen, en ese orden. Solemos atribuir a los argentinos (a todos) los defectos que nos disgustan, pero al viajar por el país creo que esa actitud (agrandada, prepotente, soberbia, ventajera cuando no tramposa rozando lo delicuencial) es porteña, no argentina. No me olvido que éste es un Dccionario Abreviado, quiero recordar dos ideas, la primera de Juan Bautista Alberdi “Dense cuenta, no son dos partidos, son dos países Buenos Aires y el interior”. La segunda, es de Borges “No nos une el amor, sino el espanto, será por eso que la quiero tanto” de su poema “Buenos Aires” de 1963.
NOTA:Este es el capítulo uno del diccionario, seguiré publicándolo hasta la “z” como corresponde y por ahora, al menos 3 notas con cada letra.
