Mi mesa de trabajo está colmada de libros, estaba releyendo a Wittgenstein, es decir L. Wiit, como me gusta llamarlo, releyendo a Schopenhauer, subrayando y anotando a Carlo Michelstaedter, me encanta el caos creativo, me dije todos están muertos sin embargo plenos de vida, los leo y los releo y surge entonces lo que creo que se acerca a cierta certeza: la realidad es dialéctica, lo que por ahora sintetizo en el fragmento 60 de Heráclito “El camino hacia arriba y hacia abajo es uno y el mismo” o con el aforismo 217 de “Cultura y Valor” de L. Witt “Nuestras mayores tonterías pueden ser muy sabias”. El aforismo 179 del mismo trabajo de L. Witt “En la carrera de la filosofía gana el que puede correr más despacio; o aquel que alcanza último la meta” y por eso es que en el aforismo 463 nos dice que el saludo entre los filósofos debería ser “Date tiempo”, que me hizo trepar a la escalera a buscar “Los Principios de la Filosofía del Derecho” de Hegel porque quise citar textualmente aquello de “La filosofía llega siempre tarde”… que termina con eso tan poético y por ende tan cierto que dice “Cuando la filosofía pinta con sus tonos grises ya ha envejecido una figura de la vida que sus penumbras no pueden rejuvenecer, sino sólo conocer; el buho de Minerva recién alza vuelo en el ocaso”, o el aforismo 59 que tanto me gusta “El pensador se parece mucho al delincuente que quiere marcar todas las conexiones” y de pronto algo inesperado, por más que lo tenía subrayado de lecturas anteriores, me encontré de golpe caminando por St. James, por la calle Piccadilly de mi querido Londres y entrando en el 181 (esto no es un aforismo) sino el número de la calle Piccadilly donde está ese reducto de refinamiento gourmand que es Fortnum & Mason fundada en 1707, proveedora de exquisiteces a la casa real británica y de pronto el pensamiento filosófico se abraza con el cuerpo gastrosófico llevado (ahora sí) por el aforismo 222 de L. Witt que dice “Podría imaginar que alguno opinara que los nombres ‘Fortnum’ y ‘masón’ se adaptaran uno a otro” (fortnum, es del viejo francés y significa un potrillo fuerte, vigoroso y masón es un obrero de la construcción, un albañil) y entonces es cuando el a veces arduo estudio de L.Witt me reconcilia con la humanidad y busco el aforismo 100 con el que titulo este artículo que completo dice “mis escritos son con frecuencia sólo un balbuceo” y los míos ni les cuento, pero sigo aprendiendo, yo siempre llego último a la meta.

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