ROBOT, es palabra de origen checo “ROBATA” ,cuyo significado es trabajo forzado, siervo, servidor. La palabra fue usada por el escritor Karol Capek (1890 – 1938) para su obra teatral “RUR” (Robots Universales Rossum) de 1920 que trata de máquinas pensantes que se rebelan y matan a su creador. También escribió “La Fábrica de Absoluto” (1922) universo concebido según teorías panteístas de Baruch Spínoza. “La Guerra de las Salamandras” (1936) irónico manifiesto anti nazi.
La palabra “ROBÓTICA” fue acuñada por Isaac Asimov (1920 – 1992), y definida como la ciencia que comprende el diseño, construcción y operaciones de robots, para la que colaboran la ingeniería, la informática, la electrónica y la mecánica a fin de crear máquinas automatizadas que puedan realizar tareas a menudo repetitivas con precisión; para usos industriales, transporte, salud, agricultura, logística. Tiene una rama humanoide para darle contextura humana a las máquinas y una rama inteligente que integra la IA para que los robots aprendan y se adapten a distintas situaciones. Asi mismo Asimov estableció las tres leyes de la robótica: 1. El robot debe ser inofensivo para los humanos. 2. Debe obedecer los mandatos. 3. Debe proteger su propia integridad sin faltar a 1 y 2. Veamos a Asimov como un Moises de nuestro tiempo donde no se debe dañar al otro, obediencia al creador y amar al prójimo como a uno mismo. Cabe esperar que los robots hagan con nosotros, lo que nosotros hemos hecho con los dioses: los superamos y nos liberamos de ellos.
HISTORIA:
Siglo IV AC, Arquetas de Talento creó la Paloma Automática Mecánica impulsada a vapor. Siglo III AC Mozi, en China creó un autómata en forma de carro de madera que se movía por sus propios medios sin tracción humana o animal. También en ese siglo el griego Ctesibio (285 – 225) de Alejandría, construyó un autómata que se movía por medios hidraúlicos y de aire comprimido operado por levas. Herón de Alejandría inventó el Sirviente Automático que vertía vino y agua a requerimiento ya fuera que las copas se acercaran a su brazo derecho o izquierdo respectivamente. El Mecanismo de Antiquitera o Anticitera, dispositivo astronómico, tal vez la primera computadora analógica del siglo I AC, que fue encontrada en el fondo del mar en 1900 cerca de la isla griega de Anticitera, que se utilizaba para predecir movimientos celestes. Impresiona la cantidad de mecanismos creados por Leonardo de Vinci (1452 – 1519) entre los siglos XV y XVI: concepción del aeroplano, paracaídas, helicóptero, armas para la guerra como catapultas móviles, tanques y hasta metralletas. Todos ellos basados en principios mecánicoa o hidraúlicos.
Vengo presentando un panorama pleno de negatividad (ver artículo WWW, subido el 24/10/25), malestar y hastío, es más bien un resumen de la experiencia con mis contemporáneos, pero en lo personal creo que estamos ante un tiempo fascinante, similar al que deben haber experimentado los contemporáneos a la Revolución Norteaméricana de 1776, y a la Revolución Francesa de 1789. Creo que hemos quedado fascinados, aún lo estamos ante la Revolución Digital. Sigo a Pascal Quignard (“Uso fascinatio como la usaban los romanos, el “fascinus” latino es el “phalos” griego, el “fascinus” detiene la mirada hasta el punto de que ésta no puede apartarse de él”). Paul Virilo (1932 – 2018) afirma sobre esta tercera Revolución que “es inconmensurable en relación a las otras puesto que de aquí en adelante el Robot ya no es el doble del hombre que se encuentra a su lado, sino que penetra en el interior mismo de lo vivo: es el ser cibernético, que se acerca a “Dybbouk” o al “Golem”, dos entidades del folklore hebreo, el primero un maligno causante de muchos males, tal vez el alma errante de un muerto; el segundo aquel engendro creado mediante combinaciones cabalísticas erradas de Judá León,”que era rabino en Praga y que sólo sirvió para barrer mal la sinagoga” como nos ha narrado Borges.
Agrega Vernon Vinge (1944 – 2024) ” el desarrollo cibernético dará lugar a una inteligencia mayor a la humana entre 2005 y 2030…aparecerá la post-humanidad super evolucionada y mejorada tecnológicamente”.
Hubo intentos fallidos como el ordenador mecánico a vapor concebido por Charles Babbage (1791 – 1871), en 1833 y fue a partir de la Exposición Universal de 1939 – 1940 en New York donde Westinghouse presenta sus robots, que fueren desencadenando la invención del Colossus por el grupo Bletchley Park en 1943 considerado el primer ordenador electrónico que funcionó y que contó con la base teórica de Alan Turing (1912 – 1954) que permitió descifrar los mensajes codificados de Enigma de las fuerzas armadas alemanas; en 1946 aparece el primer ordenador electrónico programable del Electronic Numeral Integrator and Computer y todo avanza con rapidez: transistores, circuitos integrados, chips, Apple II, TRS-80, Commodore PET; en 1969 aparece Internet a partir de Arpanet, un desarrollo de la Universidad de California, 1981 IBM con el ordenador personal, en 1984 Macintosh de Apple y todo avanza como una bola de nieve que crece a medida que rueda y hace que Gilles Deleuze (1925 – 1995) exclame que la velocidad es intensidad liberadora, contrariamente a Paul Virilo quien asimila velocidad a poder y por ende velocidad absoluta es poder absoluto; aunque lúcidamente reconoce que la ingeniería genética al igual que la bomba atómica llegaron para quedarse y que es imposible que el hombre des-invente; lo nuestro es seguir indefectiblemente para adelante.
El ciber espacio es un universo infinito de la mayor libertad de expresión, al punto que hace ya más de medio siglo que Marshall Mc Luhan (1911 – 1980) aseveró que el medio de comunicación que una sociedad utilice para sus relaciones es de mayor importancia que aquello que comunica, resumido en su ya clásico “el medio es el mensaje”; y remata con que en la cibercultura nos hemos ubicado en un mundo donde la información se vierte sobre nosotros instantánea y continuamente.
En 2021 Elon Musk presenta en sociedad el concepto del robot Optimus y en 2022 su primera versión, ese torpe robot humanoide que caminaba como pisando huevos, mejorad con el Gran Tesla en 2023, donde camina con soltura, hace flexiones y coloca con gracia un huevo en un recipiente. El 16 de mayo de 2025 apareció su última versión:”pronto habrá más robots que humanos y podrían superar y reemplazar a los cirujanos”. Se espera para 2026 que la empresa Klein Vision de Eslovaquia lance al mercado el Air Car que puede desarrollar una velocidad de 200km por hora en tierra, remontar vuelo hasta 2500 metros con una autonomía de vuelo de 1000 km.
Hay, como antes, como siempre una posición nihilista (la representé por Bartleby) y aquella otra, (la representada por Wakefield), la escéptica, que he llamado una “epojé”. Pensemos que la invención de la imprenta dejó a miles de copistas sin trabajo, que la fotografía liberó a la pintura del realismo, pensemos que en lo que en una época había sido magia, en la Edad de la Razón se transformó en maquinaria. Inventado el automóvil las ciudades dejaron de oir la música generada por las herraduras de bellos caballos golpeteando los adoquines, y los barrios dejaron de oler a bosta, a heno, a cuero, y la fragua del herrero se fue apagando y Virginia Woolf pensó que estaba delirando cuando vio el primer carro no tirado por ningún caballo y en otro aspecto de la Revolución Industrial un señor llamado Ned Ludd de Leicestershire organiza una banda de enmascarados que se dedican a entrar en fábricas textiles para destruir telares ya que eran una amenaza a la ancestral artesanía de tejer manualmente con agujas. Vamos hacia la post-humanidad como afirma Hans Moravec (1948) “Robots capaces de pensar y de reproducirse independientemente, que se desarrollarán hasta convertirse en entidades tan complejas como nosotros”.
Queda por ver si la robótica nos permitirá a nosotros entrar en la etapa de superación de la humanidad (Nietzsche dixit), al dejar las tareas de servicio en manos de los robots y nosotros dedicados a superar aquellos valores y comprender que no hemos sido más que un intermediario entre el mono y el superhombre: “habeís recorrido el camino que lleva desde el gusano hasta el hombre y muchas cosas en vosotros continúan siendo gusanos. En otro tiempo fuisteis monos y también ahora es el hombre más mono que cualquier mono…¡Mirad yo os enseño el superhombre!” se lee en el Prólogo a “Así habló Zaratustra” y a continuación, en “De las Tres Transformaciones del Espíritu”, Zaratustra habla de cómo éste se convierte en camello, y el camello en león y éste por fin en niño.
El espíritu es camello que se arrodilla en la arena para que lo carguen con los valores de la moral tradicional y con toda la carga pesada sobre su lomo corre al desierto y ahí se transformará en león ya que quiere luchar por su libertad y ser señor de su propio destino y entonces va en busca de su último señor para pelear contra él que es el dragón que no quiere llamar ni señor ni dios. El dragón se llama “tú debes”, pero el espíritu del león grita “yo quiero”. Tiempo atrás el espíritu no sólo aceptó, sino que amó y reverenció al “tú debes”, pero ya no, va en busca de la otra transformación: la de convertirse en niño que es inocencia, olvido y un nuevo comienzo, un juego, una rueda un decir sí a los nuevos valores. Hasta que Zaratustra se encuentra en la cuarta y última parte de la obra en un caminante que resulta ser el último Papa, el Papa jubilado, que sirvió al viejo Dios en quien todo el mundo creyó en otro tiempo.
Dejo la lectura, estoy cansado llevo varias horas leyendo y escribiendo, me sirvo un Middleton con tres gotas de agua destilada como me enseñaron en Dublin y pienso en la reciente asunción del Papa número 267, que pasó de ser Robert Prevost a ser León XIV y leo las razones de la elección del nombre que busca honrar a León XIII, conocido por mí sólo por una de las encíclicas, la Rerum Novarum (de las cosas nuevas), encíclica que inaugura la doctrina social de la iglesia recontra cacareada por cuanto gobierno peronista y por todos los gobiernos militares como emblema de su política social. Ante mi ignorancia me pongo a hurgar en quien fue León XIII y resultó ser Joaquín Vicente Rafael Luis Pecci nacido el 2 de marzo de 1810 y muerto el 20 de julio de 1903 y siendo hoy el 25 de mayo, me doy cuenta que León XIII nació dos meses antes que la Revolución de Mayo y que fue Papa durante 25 años y que era hijo del Conde Ludovico Pecci de la nobleza rural italiana y que había sido consagrado obispo en 1848 año de la revolución que termina definitivamente con la monarquía en Francia y se elige al primer presidente por sufragio universal masculino (ya sabemos las mujeres no pertenecían en ese entonces al universo), año cuando se publica el Manifiesto Comunista firmado por Karl Marx (1818 – 1883) y Friederich Engels (1820 – 1895) y año en que Richard Wagner escribió “La Obra de Arte del Futuro” que es el contrapunto estético de lo que el movimiento político del 48 no consiguió. El proyecto artístico de Wagner, al que llamó “Gesamtkunswerke”, algo así como “obra de arte total” fue un proyecto social y político, que criticaba con dureza al artista por ser un individuo egoísta, apartado del pueblo y cuyas obras son una vil mercancía para ser compradas pior los ricos y que el artista del futuro debería ser alguien que tuviera una actitud participativa y comunitaria. En 1852, Karl Marx publica “El 18 de Brumariio de Luis Bonaparte” que comienza con aquel famoso párrafo “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal se producen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez coimo tragedia y otra vez como farsa”. Siempre me molestó ese vago “En alguna parte”. Fue escrito en el Capítulo II de “Lecciones sobre la Filosofía de la Historia Universal” donde se concibe la historia como un proceso dialéctico: su clásica fórmula tesis-antítesis-síntesis. En 1867 se publica el primer volumen de El Capital y ya muerto Marx el segundo y tercer volumen en 1885 y 1894 respectivamente bajo edición de Engels.
¿Será la Revolución Virtual tan sólo nun entretenimiento que usamos para creernos que estamos metidos en otro espacio distinto al físico y donde una vez en él nuestra imaginación nos lleva a cualquier combinación que querramos? ¿Entramos acaso, como algunos sostienen, en un territorio virgen que se nos ofrece para que lo violemos? ¿O ese espacio que “estamos creando” no nos es ajeno, sino que tan sólo es una prolongación de nuestra imaginación, es decir una novedosa versión de la ancestral masturbación?
En noviembre de 2024 se estrena en Broiadway “Maybe a Happy Ending”, versión en inglés del musical sur coreano de Q Park , el youtuber Joyce Tnner (1979) y música de Will Aronson (1981) donde los robots Oliver y Claire se encuentran en Seul al final del siglo XXI y se enamoran y se angustian por la muerte como nos viene ocurriendo a nosotros. Cabe preguntarnos si todos estos movimientos contribuyen a conformar el “Übermensch”, anunciado por Nietzsche, ¿vemos acaso hoy, por las calles de las ciudades, o en las redes sociales a ese niño, símbolo de pureza e inocencia portador de nuevos valores o todo no ha sido más que un estertor impotente y seguiremos extendiendo el brazo aullando Heil seguido del nombre de cualquier Führer que se nos presente?