Categoría: Filosofía

  • MEMORY AS FUTURE NOT AS LONGING

    Es 8 de septiembre de 2022, es San Isidro, se acaba de anunciar en Escocia, en Balmoral Castle, el fallecimiento de Queen Elizabeth II. Me visita mi amigo Caco. Se cruzan en mi cabeza Londres y Machu Picchu. Me enfrento a un espejo de dos etapas fundantes de mi vida que tienen al camino como opción: mi primer viaje a las entrañas de América, mi primer viaje a Inglaterra. El umbral de mi elección. La razón por ser quien soy. Las imágenes se superponen, se suceden desordenadamente: han pasado 58 y 44 años respectivamente de esos dos viajes. Con Caco hablamos de aquella primera experiencia, de nuestra amistad en el colegio secundario, de sexo, de política, de religión; recordamos a Axel Sellars.

    En la televisión veo imágenes retrospectivas de la Reina, de su heredero, de su conflictiva vida familiar, de su legado. En el espejo veo también a Karen y a Hugo Palombo (de quien ya les contaré más adelante) y pienso por primera vez que ambos podrían haber muerto: como pensó Caco al no encontrarme durante un tiempo y al nombrar a varios que ya no están: al que se pegó un tiro a los 18 años, y al que lo hicieron cura, y al que se fue a Los Ángeles y pienso en Hugo Palombo y pienso en la facilidad, la alegría y la libertad con que hoy la gente de 20 años vive la sexualidad sin preocuparse porque sea ésta homo o hetero, ahí en el cuarto de la casa familiar donde crecieron y estudiaron y no en que tuvieran que vivirla a 20.000 kilómetros. Y es siempre la muerte y el sexo en eterno combate.

    La memoria es acumulación de experiencia y sirve sólo como trampolín al progreso, al futuro; en su defecto es lastre que impide caminar, es el ancla que sujeta la nave al puerto. En el primer caso la memoria es siempre revolucionaria, es el triunfo del erotismo sobre lo tanático. En el segundo, es conservadora en el peor sentido del término.

    Cuando partí a Inglaterra cambié los versos de “El Arriero Va”:”Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas” por “Let’s spend the night together” de los Rolling Stones, sacudí de mi vida el sonsonete “Combatiendo al Capital” e incorporé “Take care of your pence, because Pounds take care by themselves”, borré de mi mente “Ahora yo soy el líder, yo doy las órdenes, vosotros obedeceís” (Perón) por “Me han elegido para conducirlos, voy detrás de ellos” (Disraeli), comprendí que ser educado en el “pecado original” es la antítesis del liberador y científico “de los 300 millones de espermatozoides que corren en voraz competencia en busca de un óvulo, sólo uno llegó, y ese sos vos”. La culpa derrotada por el desafío. La culpa que requiere de un salvador, reemplazado por la hermandad de los ganadores, de los que llegaron por su esfuerzo. El peligro que no se mitiga con subsidios y asistencialismo, sino con creatividad y riesgos. La nostalgia nacional por un pasado más imaginado que real, por un pasado milenario que catapulta al futuro y la innovación, en fin la masturbación por la orgía. Gardel por Mick Jaegger.

    Me solía decir Axel Sellars, cuando le mostraba mis escritos, que escribiera como si nadie fuera ca leerlos y remarcaba, con pasión “ni tus amigos, ni los críticos, ni mucho menos tus padres. De esa manera podrás escribir algo que valga la pena ser leído. Sólo tenés que decir lo que querés decir, no lo que los demás quieren que digas”.

    Como siempre, en nuestras largas conversaciones, Axel agregaba, que veía en el comportamiento de la sociedad argentina, una cierta inmovilidad temerosa: decía que tantos años de estatismo habían hecho que la sociedad no se atreviera a decir lo que verdaderamente sentía, era como que todos estaban pendientes del juicio de un gran jurado inquisidor y veía en el peronismo, la versión local de ese autoritarismo medieval:”ustedes entienden al espíritu liberal, de la misma manera que la Iglesia Católica juzgaba al disidente en la Edad Media, ya hubiera sido esa disidencia sostenida por filósofos, religiosos, científicos, políticos o libertinos. Todo aquello que se apartase del dogma era herejía, todo aquello que se atreva a salirse de las 20 verdades peronistas es gorilismo. Vos sabés que creo que los argentinos son tan exitosos en el exterior, porque se sacan de encima ese peso. Nadie quiere ser antipatria ni que le endilguen el mote de imperialista, pero tanto han machacado en que combatir al capital es una bondad, que pienso que van inexorablemente rumbo a la pobreza. Alejo, el capital es trabajo acumulado, es ahorro, es previsión, es expansión, innovación. No se llega al bienestar con subsidios, se genera riqueza con ideas novedosas, con más sucursales, con fábricas, con tecnología, liberando las fuerzas individuales. Les han hecho creer que la riqueza es una peste y que el rico es un vil explotador cuyo único objetivo es quitarle el pan a los niños, chuparle la sangre a los trabajadores. Al mismo tiempo la sociedad argentina es hedonista, consumidora y a veces hasta dispendiosa y arrogante, pero aún los que han progresado fingen, repitiendo slogans estudiantiles en los que ya no creen, por temor a ser tildados de gorilas. Han perdido el rumbo, se han olvidado que la ley ha sido hecha para el hombre, y no éste para aquella: el estado, Alejo, debe ser el sirviente del pueblo y no su amo, por eso en los países desarrollados un funcionario, es un servidor público, no un mandamás que está por encima de la ley” Y con persistencia, agregaba: “Es hora que dejen de ser niños, crezcan “Please Kill Mother, Kill Father”, andate, viajá, conocé el mundo que está ahí para que te lo comas y lo goces, no para verlo girar”.

    Es 8 de septiembre de 2022, tan simbólico, tan de fin de una era, tan inquietante, que han venido a mí las ideas que Axel nos inculcara. Es 8 de septiembre de 2022, pienso en los años 70 en la Argentina, que como una colonia de garrapatas se aferran a una piel seca y estéril; pienso en la muerte en Escocia del símbolo de una milenaria tradición que no cesa de innovar.

  • CUERPOS

    Lo que vi en Cuba no es lo que me dijeron que Cuba era. Lo que vi en China no es lo que me dijeron que China era. Agosto 2019, muere Toni Morrison a los 88 años, solía decir que Estados Unidos no es lo que le dijeron que Estados Unidos era; lo decía mejor, lo decía así:

    “América significa América blanca, todos los demás tenemos que agregar un guión, somos afro-americanos, hispano-americanos, asiático-americanos, indio-americanos”.

    Emmanuel Carrere en “El Adversario”, nos cuenta la historia de un falso médico, Jean Claude Romand, que se inventó una vida. Habiendo aprobado poco más que dos años de estudios de medicina, se las arregló para vivir como “médico” y lo peor fue que padres, mujer, hijos, amigos ,”colegas” se lo creyeron. A punto de ser descubierto, mata a sus padres, a su mujer e hijos, a su perro y fracasa en matar a su amante. Salió de prisión en 2019. ¿Cuánto de ficción hay en la vida de cada uno de nosotros? ¿Por qué mentimos? ¿Será por miedo? Es por miedo. ¿Cuánto de ficción hay en mis bitácoras?

    Mircea Cartarescu (1956) se pregunta en “Solenoide” ¿Por qué el miedo es la sustancia del mundo en el que vivimos? Más adelante afirma: “La realidad: la invención más fantástica de la mente humana”. Vuelve a afirmar: “Es tan extraño tener un cuerpo, existir en un cuerpo”.

    Viajo a Salta a visitar a un amigo a quien el cuerpo le está doliendo; me dice, “la única verdad es el cuerpo”.

    Nace un niño, nace un cuerpo.

    Al morir se entierra o crema un cuerpo.

    Somos por un rato, sólo por un rato, un cuerpo que piensa, es decir un cuerpo espiritual, nos dice Max Stirner (1806-1856), o si se quiere un cuerpo en que se manifiesta el espíritu.

    Alta mar, es febrero es 1982, regreso desde Génova en el Federico C. Entre los pasajeros tres monjas católicas de Mendoza. Son muy simpáticas, se las ve felices, acaban de comprar en Italia una máquina de última generación para fabricar ostias. Podrán aumentar la producción y exportar a países vecinos, me informan. Esas ostias después de consagradas serán “el cuerpo de Cristo”.

    El mundo que hemos construido es mucho EGO y poco YO. Facebook, el gran espejo. Hemos vuelto a las manadas de caballos salvajes, pero no corren por las vacías estepas de Mongolia, sino por las calles de New York y las abandonadas cortadas de Detroit, por las de Buenos Aires y las oscuras adyacencias del camino negro.

    “…y los cientos de voces sin rostro que han escrito en cada página la única palabra que importa: YO”, dice Cartarescu en el capítulo 20 de “Solenoide”; está hablando de Kafka, de los fragmentos póstumos, publicados por Max Brod pero destinados al fuego por voluntad de Franz. Desde ese YO, degradado a EGO, 8 mil millones de seres humanos recorremos, juzgamos, damos testimonio del mundo.

    “Los pensamientos vienen con el andar”, dice Friederich Nietzsche, que el día 15 de octubre de 1888, al cumplir 44 años, tomó la decisión de “contarse su vida”, tal vez presagiando (o sabiendo) su derrumbe psíquico emocional que lo dejará postrado hasta su muerte. Es ese momento tan particular, cuando escribe Ecce Homo (He aquí al Hombre), que será leído por algunos como la cumbre de la autobiografía y por otros como el libro de un egocéntrico loco.

    Michel de Montaigne, en la nota al lector, que precede sus “Ensayos”, fechada el 1 de marzo de 1580 dice “Quiero que en este escrito me vean con mis maneras sencillas, naturales y ordinarias, sin disimulo ni artificio, pues píntome a mí mismo. Yo mismo soy la materia de mi libro”. Walt Whitman, en “Canto a mi mismo”, exalta a la humanidad libre, la humanidad superior, al superhombre de Nietzsche.

    Fernando Pessoa, con su “me soy”, se carga al hombro la filosofía que da la responsabilidad de arrojar el EGO y construir el YO. En la misma línea Max Stirner, dice “yo sólo tengo un cuerpo, y soy alguien. No veo ya en el mundo más que lo que el es para mí; es mío, es mi propiedad. Yo lo refiero todo a mí”, su libro se titula “El único y su propiedad”.

    “Nada me interesa, sino yo mismo”, escribe Paul Leauteaud.

    Susan Sontag, escribió “YO, etcétera”.

    Señalo estos textos para darle un fundamento a estas bitácoras que pretenden ser la antítesis de ese mezquino y canalla EGO que eclipsa al glorioso YO que cada uno tal vez pueda atreverse avser.

    Facebook, selfies y ese caricaturesco autorretrato de la nada misma son la antítesis del Yo.

    Ese EGO está expresado por ese juglar, goliardo, Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita que en “El Libro del Buen Amor” dice “El mundo trabaja por dos cosas, la primera por su mantenencia y la segunda por “aver juntamiento con fembra placentera”. A lo que John Lennon agregará que al hombre sólo le interesan el dinero, la fama, el sexo.

    “Siempre he destestado el orden establecido. Todos esos por los que ocurre la corrupción” nos dice Albert Cossery (Cairo 1913- París 2008) que desde 1945 hasta su muerte vivió en la habitación 58 del modesto hotel La Luisiane, en la Rue Seine. Agregó como para que nos diéramos cuenta: “No poseo nada, soy totalmente libre”.

    “Soy alguien que habiendo cumplido 44 años, puedo decir que no se ha esforzado jamás por poseer honores, mujeres, dinero” leemos en “Hecce Homo”.

    Viajar y anotar los recorridos son mi intento por despojarme del EGO y construirme un YO, que es lo que creo que los griegos expresaron con “Viajar es indispensable, vivir no lo es”.

  • ENTRE MICHEL Y WALT

    Es septiembre, es 1979, es Bordeaux, he llegado a Saint Emilion, con el propósito de visitar el castillo de Michel Eyquem de Montaigne (1533-1592).

    Algo así debo haber escrito, en la bitácora de entonces. Estoy pensando en ese tiempo, aquí en Brooklyn High Promenade, frente a Manhattan, ahora que es julio 2013. Acabo de caminar la zona, pasé por The Eagle Warehouse en la intersección de Old Fulton y Elizabeth Place. Hay una placa que recuerda a Walt Whitman (1819-1892) e informa que Walt trabajó como periodista en el Brooklyn Eagle Newspaper, en el número 28, donde hoy hay una espléndida y lujosa casa de apartamentos. Ante el rugir de motores de autos y camiones en la autopista que corre por debajo, siento con mayor intensidad el silencio de la Torre de Piedra del señor de la Montaña.

    Vuelvo a Saint Emilion. Alquilo un auto después de haber comido en el pequeño hotel aledaño a la Catedral, en cuya terraza comí una ensalada Nicoise, un estupendo Cassoulet y bebí una inolvidable botella de Chateau Ausone, según me dijo el sommeler “la joya de Costes”. Rodeado de piedras color ocre, salgo temprano hacia Castillon, me cuesta encontrar el camino a la torre. Lomados campos verdes, plenos de vides, pero como siempre ocurre, he llegado y entro en la torre, con aún mayor respeto que cuando hace unos días traspuse el puente del pequeño Chateau Olivier donde el Príncipe Negro, Eduardo, solía descansar, en alguna tregua de la Guerra de los Cien Años, junto a otros guerreros, cazando ciervos y jabalíes en la silenciosa oscuridad del 1300.

    Es curioso que aquí, en el primer barrio protegido de New York, en esta suerte de pequeño South Kensington, tenga tan presente algo tan distante y dispar. Sé, sin embargo, que la conexión viene por parte de la Sociedad Anónima, dos de cuyos miembros son el señor de Montaigne y el plebeyo de los muelles de New York. Uno se investigó a sí mismo, el otro decidió cantarse; como si ambos estuvieran conformados por la sentencia de Terencio, que Montaigne hizo grabar en una de las vigas del techo: “Hombre soy, nada humano me es indiferente”.

    Tres siglos los separan: uno es filósofo, pensador, político. Alcalde de Bordeaux en dos ocasiones, empedernido viajero, hacedor de la monarquía de Enrique IV, el de Navarra, el primer Borbón, después de la muerte de su primo en tercer grado, último de los Valois, un Medicis por parte de madre. Guerras de religión, 1572, noche de San Bartolomé. El otro de estas tierras, poeta, periodista, seductor de marineros y obreros portuarios. Únicos, irrepetibles, descubridores de sus respectivas individualidades encerraban un cosmos digno de ser escrito. Ambos amantes del silencio. Solitarios. Señores absolutos de sí mismos.

    Allá en Castillon, la verde y viñatera región del campo francés; aquí la torre de vigía urbana en el torbellino de New York.

    Los extremos se tocan: un noble francés, un hijo de granjeros. Un hombre del Renacimiento que mantuvo una amistad única y perfecta con Etienne de la Boetie (1530-1563). Un hombre de la era industrial, que invitó al bello irlandés Peter Doyle a compartir su lecho. Ambos amantes de la libertad: el francés de los viajes a caballo; el norteamericano de largas caminatas por los muelles. El francés desgarrado entre la Liga Católica del Duque de Guisa y los hugonotes. Walt comprometido con los colgajos humanos que deja la guerra de Secesión. Se toman a sí mismos como entes que resumen la condición humana, sin pretensión alguna de ser pastores de nadie, parecen decirnos ECCE HOMMO.

    No hay alma y cuerpo: hay hombre, pero éste deja de ser genérico, ha quedado vetusta la pregunta ¿Qué es el hombre?, ha sido reemplazada por ¿Qué soy yo? En sus respectivas bitácoras ya no hay lugar para Platón y su coro de imitadores: no hay mensaje, ni redención: hay carnadura.

  • RELATIVIDAD DEL TIEMPO

    Muchas veces me pregunto ¿qué habré hecho el 14 de mayo de 1997, o el 2 de agosto de 2001? Salvo que hubiese ocurrido algo trascendente, son fechas que significan nada, por más que en su momento hubieran tenido la fuerza que tiene esta pisada que acabo de dar. Es el espacio (la geografía) en donde se desarrolla la vida. El tiempo, su medición (la historia) es tan sólo uno más de los adjetivos del EGO: antes y después de Cristo, el Soviet, New Deal, Feliz Navidad, gobierno peronista, Happy Birthday to you.

    Evoco con claridad esa primera noche con Karen en Machu Picchu, recuerdo vivamente mis seis meses en India, mis dos años en Londres, mis dos años en la Provence, pero ese miercoles 5 de agosto, es como si no hubiese existido.

    En tiempos de Roma, se lo contaba “Ab Urbe Conditia”, es decir desde la fundación de la ciudad capital del Imperio. El Emperador Marco Aurelio (121-180), en el Libro II, 14 de sus “Meditaciones”, nos dice “Aunque debieras vivir tres mil años y otras tantas veces diez mil, no obstante recuerda que nadie pierde otra vida que la que vive, ni vive otra que la que pierde”. Lo único que poseemos es el presente, afirma sereno el Emperador. “Luego, ni el pasado ni el futuro se podrían perder, porque lo que no se tiene ¿cómo nos lo podría arrebatar alguien?”. Desde el siglo III, Eusebio de Cesarea, da por tierra con la concepción cíclica del tiempo: será desde entonces una línea recta, de supuesto progreso; desde un orígen primitivo y difuso que requiere de un creador ex nihilo, poderoso, inapelable y sobre todo invisible. A partir del año 525, Dionisio el Exiguo (475-544), monje, astrónomo y matemático recibe del Papa Juan I, el encargo de señalar la fecha del nacimiento de Cristo. La sitúa 283 años después de Diocleciano (244-311), quien fuera Emperador de Roma entre 284 y 305 y el mayor genocida de cristianos.

    En el siglo VIII (731) Beda, el Venerable (672-735) en su Eclesiastica Gentis Anglorum (Historia Eclesiástica del pueblo Inglés), con total convicción, marca los tiempos como AC-DC. Carlomagno en el 800 impone esta datación en su imperio. Desde 1582 nos rige el calendario Gregoriano (Papa Gregorio XII) que sustituyó al Juliano, que regía desde Julio César, quien había impuesto el 1 de enero como inicio de cada año haciéndolo coincidir con la asunción de los cónsules.

    La medición del tiempo es el monumento al EGO: el poder, es ponerle el sello personal a toda una época.

    Vislumbro como posible que a partir del 2050 tengamos un calendario chino rigiéndonos y pasemos a vivir en el año 4748; a menos que a partir del Corona Virus comencemos a reconocernos como viviendo AC-DC, siendo 2020, el año I, que también tiene cierto tufillo chinesco.

  • L. WITT

    Wilcock, VolksWagen, Wolf, Weber, Wake,Weininger, Wittgenstein, Westerns,West End, y es por esta W tan escasa en la lengua española que estoy aquí, en este atardecer primaveral leyendo a Thomas Bernhard (1931-1988), pero no uno cualquiera de sus libros sino el que se titula “El Sobrino de Wittgenstein” y mientras me dejo envolver o arrobar por su escritura envolvente o arrobante y el envuelto o arrobado soy yo que quedo dentro del envoltorio o arrobatorio, que incluye además la lectura de la obra de Wittgenstein en los dos volúmenes de Gredos, en parte bilingüe y en parte unilingüe, la biografía de Ray Monk “Ludwig Wittgenstein” (El deber de un Genio) y la biografía novelada de Bruce Duffy que lleva por título “El Mundo tal cual lo Encontré” que reproduce en parte el aforismo 5.631 del “Tractatus Lógico-Philosophicus” que invito al lector a leer con la inocencia del virgen (no con la “inocencia del mal”, de lo que más adelante diré algo). Me he tomado el atrevimiento irreverente de nombrar a Ludwig Wittgenstein (1889-1951), como L. Witt, no porque ame las abreviaturas, sino como un respetuoso y sentido homenaje a su persona ya que me suena a nombre de cowboy que él tanto disfrutaba con los Westerns que solía ver con su amado pelirrojo David Pinsent en 1913 con quien llegó a ver tres veces “Bronco Billy y los Cowboys” y luego en compañía de su amante Francis Skinner en los cines del West End “in London of all places” y en el Tivoli, próximo al Trinity College en Cambridge en la década del 30 y luego con Ben Richards a partir de 1945 y hasta la muerte de L. Witt en 1951.

    Debo explicar que esta sucesión de WWWWWWWWW, es el resultado de la lectura de “La Sinagoga de los Iconoclastas” de Juan Rodolfo Wilcock (1919-1978) que un día se fue del país por consejo de Adolfo Bioy Casáres, como antes se había ido Julio Cortázar harto de que los bombos peronistas no lo dejaran escuchar a Bela Bartok, y entre otras razones de su vida privada a Wilcock tampoco le caía bien el peronismo al igual que a Borges y salvando las enormes distancias , a mí me cae tan mal como a todos ellos sumados, pero yo me voy y vuelvo, es decir viajo hasta que un día emprenda el así llamado “viaje”, que no es otra cosa más que la universal y archidemcrática desaparición por siempre jamás, que es algo que detesto aún más que al peronismo; ambos, la muerte y el peronismo me dan vergüenza.

    “La Sinagoga de los Iconoclastas” de editorial Anagrama viene precedida de una invocación de Ruggero Guarini que dice: “Otra persona sobria es mi amigo Juan Rodolfo Wilcock que lleva años viviendo en el campo, en una casita sencilla, con pocos muebles, escasos cacharros y un estante de libros…………sus grandes lujos son un viejo VolksWagen, y una buena radio para escuchar un lied de Wolf o un cuarteto de Weber. Pero tampoco el trabaja; escribe poemas y cuentos…………y echado en un diván lee y relee a Joyce y a Wittgenstein”.

    Cuando el 16 de marzo de 1978 Wilcock muere de un infarto acababa la traducción de “Finnegans Wake”. Copio en mi bitácora el epígrafe con que Ray Monk comienza la biografía de L. Witt “La lógica y la ética son fundamentalmente la misma cosa:El deber hacia uno mismo” del libro “Sexo y Carácter” de Otto Weininger y me pongo a devorar a L. Witt.

    Dicen que los extremos se tocan. Cada vez aumenta mi convicción de que en un planeta que gira sobre su eje, mientras gira alrededor del sol es bastante posible (debo trabajar en hacerlo probable) que personas y acontecimientos naturales y culturales vuelvan a suceder casi idénticamente: veo en la vida y el pensamiento fragmentario de L. Witt, una similitud con la vida y los fragmentos de Heráclito, así como veo en la invasión de Putin a Ucrania una reiteración de la invasión de Hitler a Austria, y como el 3 de septiembre de 1939 se replica en el 24 de febrero de 2022 ante idéntico asombro y pasividad de Europa. Percibo una suerte de convicción generalizada de que algo equivalente al mítico Diluvio Universal está próximo a ocurrir.

    5.631 “El sujeto pensante, representante, no existe. Si yo escribiera un libro, “El mundo tal como lo encontre”, debería informar en él también sobre mi cuerpo y decir qué miembros obedecen a mi voluntad y cuáles no, etcétera; ciertamente esto es un método para aislar al sujeto o, más bien, para mostrar que en un sentido relevante no hay sujeto: de él sólo, en efecto, no cabría tratar en este libro”. Agrega luego que el sujeto no pertenece al mundo y los compara con el ojo y el campo visual, donde al ojo uno no lo ve realmente y nada en el campo visual permite inferir que es visto por un ojo. 5.634 “Todo lo que vemos podría ser también de otra manera”. (Darwin nunca llegó a estudiar los monos verdes de San Cristóbal y Nieves).

    “La hipócrita voluntad sólo culpa a la mano que culpa a la muerte que a su vez culpa al sexo, tonto pero no menos turgente” dice Bruce Duffy y es el cuerpo que necesita decir como el cerebro lógico de L. Witt y se masturba en el barco de guerra en el Vistula, y se masturba en Cambridge y en la cabaña en Noruega y cuando está con Francis Skinner y se siente sucio y pecador y necesita confesarse ante amigos y colegas y necesita desprenderse de la fortuna heredada y trabajar como maestro rural y es Heráclito a quien el cetro de basileus lo enferma y sube a la montaña a encontrarse consigo, como L. Witt en la soledad de su cabaña de Songe.

    La inocencia virginal es la del infante, la del que aún no ha sido fraguado por el lenguaje: la de todos nosotros cuando niños, todos nosotros cuando vimos el mar desconocido, el bosque misterioso y en él, el rugido. Los extremos se tocan: la inocencia virginal y la inocencia del mal. L. Witt repite en sus aforismos los fragmentos de Heráclito, y repite en su vida el despojamiento del griego. L.Wiit rechaza la segunda fortuna más grande del Imperio Austro-Húngaro para pelearse con Bertrand Russell sobre si los tres manchones de tinta que éste acaba de estampar con ira sobre una hoja en blanco ¿existen o no?

    Al pensar estas situaciones de cuerpos y mentes en conflictos y de egos en discordia percibo que todo parece un juego, escenas de una eterna tragicomedia que quiero ilustrar para dar un ejemplo de la inocencia del mal. Recurro como tantas otras veces a un texto de Borges, se titula “Lunes 22 de julio de 1985” donde nos narra su experiencia en un juicio oral (el de Victor Melchor Basterra 1944-2020) quien había estado en prisión cuatro años, azotado, vejado, torturado y cuando Borges esperaba las quejas del obrero metalúrgico, se sorprende cuando lejos de tal cosa, observa que “el réprobo había entrado enteramente en la rutina del infierno. De todo lo espantoso que oí esa tarde y que espero olvidar referiré lo que más me marcó para librarme de ella. Ocurrió un 24 de diciembre, llevaron a todos los presos a una sala y vieron una mesa tendida, vieron manteles, platos de porcelana, cubiertos y botellas de vino. Después llegaron los manjares (recito las palabras del huésped). Era la cena de Nochebuena. Habían sido torturadods y no ignoraban que los torurarían al día siguiente. Apareció el Señor de ese infierno y les desó Feliz Navidad. No era una burla, no era un remordimiento. Era como ya dije una suerte de inocencia del mal”.

    Se pregunta Borges “¿Qué pensar de todo esto? Yo personalmente descreo del libre albedrío. Descreo de castigos y de premios. Descreo del infierno y del cielo. Almafuerte escribió: Somos los anunciados, los previstos, si hay un Dios, si hay un punto Omnisapiente y antes de ser, ya son en esta Mente, los Judas, los Pilatos y los Cristos”

    L. Witt en constante lucha con sus fantasmas: la tradición judía del Mayer de su bisabuelo oculta tras el principesco Wittgenstein, la inconmensurable fortuna familiar que desea purgar mediante la docencia con los hijos de toscos campesinos batiéndose contra el engolado y hueco lenguaje de la academia y los mohínes de los snobs de Cambridge. Explicando que el mundo consiste en hechos y no en cosas, (“La ciencia se mueve en el orden de lo real o de lo probable; la filosofía lo hace en el orden de lo posible, del lenguaje, de los conceptos”). Va cargando con el suicidio de tres hermanos, la rigurosa autoridad de su padre, las docenas de sirvientes, la obligada aceptación a pasar Navidad en Viena consu familia y Fraulein Ketteler, invitada con sus padres y ofrendada como pavo trufado a ser la esposa de L. Witt, que terminada la comida es invitada a pasar a la biblioteca donde en privacidad esperan, los mayores, que al salir L. Witt, anuncie su noviazgo. Cerradas las puertas corredizas de la grandiosa biblioteca, L. Witt tiembla y transpira y no entiende como la Fraulein no ve que él no es P sino -P, que P supera lo V o F, ya que para él es imposible y esos interminables minutos son como el casi eterno esplendor de los Habsburgo que estallará en mil pedazos en poco tiempo. Y así como un elefante no puede hacer lo que hace la golondrina, ni una lenteja comportarse con el café como lo hace el azúcar, L. Witt no puede hacer con la Fraulein, lo que su padre hace con su madre, ni la Argentina puede librarse del autoritarismo fascista, como tampoco pudo Austria con los nazis. Tendrá que llegar una nueva manera de pensar y ésta tendrá que ser tan contundente como la transformación que hizo que se pasase de la alquimia a la química, del Dios trino al “In God We Trust”, tirar por la borda la fe dogmática y entrar en la racionalidad y es otra vez Heráclito con su cuenco humeante y el olor de pan recién salido del horno, así como es L. Witt mirando a Billy Billoch montado en su caballo en la pantalla del cine Paris de Thistle Grove con Ben Richards sentado a su lado con la cabeza apoyada en su hombro..

    Escapar de su padre, de su judaísmo, de su fortuna, de Viena, de su lengua, de Cambridge, de la gente, porque el filósofo es un solitario, el filósofo es un ciudadano de ninguna comunidad de ideas; la cabaña de Songe en Noruega, la casa del granjero en Irlanda, “la política es lo que hace el hombre a fin de ocultar lo que es y lo que no sabe”. Escapar como Heráclito, como Nietzsche, no dejarse atrapar, escapar del sistema (de cualquiera) es buscarse, es tratar de decir con las palabras de siempre lo que éstas aun no han dicho. ¿Cómo hacerles decir algo diferente? ¿Qué cosa decimos cuando decimos algo? Tal vez la respuesta haya que buscarla en la poesía “la palabra dice lo que dice y además más y otra cosa” escribió Alejandra Pizarnik, o quizás no haya nada que buscar pues “la vida no es más que la construcción de un cadaver” como lapidariamente dejó escrito Walter Benjamin.

  • 1873-2024

    Son los 150 años que separan a la Charville de Rimbaud (1854-1891), de la Rosario de un sicario, es la grieta entre “Una temporada en el Infierno” y la sentencia lapidaria “Me fascina el Mal”; como respuesta del sicario a la pregunta de un periodista. Es el abismo que distancia a quienes las expresan. Ambos tienen al momento de decirlas, 19 años. Los dos abandonados por sus padres a los 10 años. En Rimbaud hay opio, hay hachis: delirio poético. En el rosarino encapuchado hay narcotráfico, crimen, poder.

    El retoño de la provinciana ciudad de Charville -distante unos 200 y tantos kilómetros de París- está visceralmente enojado con el mundo, lo mismo le sucede, pero de manera bestial, al anónimo sicario, retoño de otra ciudad de provincia a unos 200 y tantos kilómetros de Buenos Aires.

    “La vida es una farsa que todos debemos representar”, sentencia Rimbaud. Todo es una simulación, un “como si”, “Todo” significa lo sucedido, lo que sucede, lo que sucederá. Expresé haber optado por la “epojé” ( ). Bartleby, huye (XXX), Wakefield (¿?) es una suspensión, Rimbaud ([{(¿?)]}) es la fuga de sí mismo, la experimentación sin límite. Me pregunto si el anónimo sicario estará satisfecho con el rol que le ha tocado en la opereta. Pienso en la isla salvadora: isla de Pascua, Cuba, Isla de San Andrés, Isle of Man, Channel Islands, Isle of Wight, Scilly Islands, Irlanda, Aran Islands, Isla Martín García, Isla de Creta, Gran Bretaña, Isla de Córcega, Staten Island, Isla de Corfú, Isla de Cerdeña, Islas Malvinas, Sicilia, Islandia, Isla de Lesbos, Islas del Tigre, Robben Island, Isla de Rodas, Isla de Mitilene, Sri Lanka, Islas Maldivas, Isla de Ibiza, Elephant Island de India, Isla Mujeres, Isla de Cozumel, Islas Galápagos, Isla de Tierra del Fuego, Isla Victoria, Isla de Manhattan, Isla Gorriti, Isla Santa Caterina, Isla de los Uros, Isla de Madeira, isla interior de cada uno. Uno. Yo.
    Rimbaud se da a la fuga, el sicario huye de la escena del crimen; Melville “Prefers not to”, Hawthorne engendra a Wakefield, Breece D’J Pancake se pega un tiro. Más allá de las diferencias económicas, culturales, sexuales, intelectuales, psicológicas y sociales a todos nos ha enfermado ese fantasma llamado Dios que es el germen de este hartazgo universal que ha tenido a la humanidad bajo su yugo y causado el sometimiento, las castas, los privilegios, la ignorancia, la opresión, el odio, las guerras, la codicia, la venganza, el Infierno de Rimbaud, el Deseo del Mal del sicario rosarino. Dios como el mal absoluto.

    “Esa monstruosa ilusión llamada cristiandad”, estalló Kierkegard,

    “Maldición sobre el cristianismo”, explotó Nietzsche.

    Al sicario le gusta el Mal, a mi el Infierno plagado de liturgia católica, expresado por un ciudadano de Francia, “hija primogénita de la Iglesia”

    La farsa es un continuado, el espectáculo comienza cuando usted llega. El sicario rosarino mata. Rimbaud escribe. Yo leo, anoto, viajo. No figura en mi lista la isla de Java que visitó Rimbaud; esa carencia me iguala al sicario; pero “¿hay violencia más triste que la palabra isla?” María Negroni dixit.

  • EN UNIÓN Y LIBERTAD

    “Me han elegido para conducirlos, voy detrás de ellos”

    “Me han elegido, ahora yo mando, ustedes obedecen”

    Estoy señalando actitudes de gobierno, maneras de armonizar los multiples intereses, objetivos, tareas y voluntades en sociedades que respiran libertad, igualdad y fraternidad y otras que dicen aceptar estos valores liberales pero que piden y hasta exigen autoritarismo.

    En el primer entrecomillado hay implícitos siglos de invasiones, cruentos salvajismos, guerras civiles, sublevación de nobles, decapitaciones de reyes, expansión territorial, institucionalidad, sometimiento a la ley, una tradición . Todo ello sintetizado en las palabras de Benjamín Disraeli (1804-1881) Primer Ministro de Gran Bretaña en 1868 y luego entre 1874 y 1880.

    En el segundo entrecomillado hay verticalismo, autoritarismo, disciplinamiento, todos elementos necesarios para un cuerpo de ejército pero absolutamente inapropiados para una sociedad compuesta no por uniformados sino por variedad de individuos que aspiran a la horizontalidad y cuya jerarquización no está dada por el escalafón castrense sino por el juego de la libertad individual sometido sólo al imperio de la ley. Corresponden esas palabras al General Juan Domingo Perón (1895-1974) Presidente de la República Argentina, quien fuera el generador de las 20 verdades peronistas ¡¡¡20!!!, ni a Dios se le ocurrieron tantos dogmas, solamente le dictó 10 a Moisés. General que adscribió su programa económico a la Doctrina Social de la Iglesia, la que se fascinó con el concepto de Comunidad Organizada, una suerte de revival Medieval con sus estamentos, jerarquías , corporaciones y gremios que actuaron como freno al avance del liberalismo ateo, materialista y capitalista que tan buenos resultados ha dado en otras latitudes, pero que aquí parece que amenazaba al pueblo de los pobres, únicos invitados al reino de Dios. Tanta ha sido la prédica que hoy la mitad de la población argentina es pobre. Pero debo ser yo el equivocado porque jamás he escuchado a un pobre alabar su situación, sino que veo que hacen lo imposible por salir de la misma.

    En los inicios de la lucha por dejar de ser colonia y ser independientes, la Asamblea de 1813 hace acuñar en Potosí monedas con el lema “En Unión y Libertad”, que además figuraba en la bandera del ejército sanmartiniano en su campaña en Chile y fue y sigue siéndolo lema de la bandera de la Provincia de San Juan. Lema que hoy leemos en todos los billetes de curso legal y de los que ya han dejado de circular del ultrajado,y degradado peso argentino debido a los monstruosos índices de inflación.

    De algún lado nos viene este autoritarismo nacional y popular: les dejo una clave. “Diré solamente que los sucesos de mi narración pasaban por los años de Cristo de 183… Estábamos ,a más, en cuaresma, época en que escasea la carne en Buenos Aires, porque la Iglesia, adoptando el precepto de Epícteto,”sustine,abstine” (sufre, abstente), ordena vigilia y abstinencia a los estómagos de los fieles a causa de que la carne es pecaminosa, y, como dice el proverbio, busca a la carne. Y como la Iglesia tiene “ab initio”, y por delegación directa de Dios, el imperio inmaterial sobre las conciencias y los estómagos, que en manera alguna pertenecen al individuo, nada más justo y racional que vede lo malo. Los abastecedores, por otra parte, buenos federales, y por lo mismo buenos católicos, sabiendo que el pueblo de Buenos Aires atesora una docilidad singular para someterse a toda especie de mandamiento…..” sigan leyendo, esta fue la primera parte de la primera página de EL MATADERO de Esteban Echeverría(1805-1851). Lean por favor y viajen, recuerden que UN PUEBLO LECTOR Y VIAJADOR JAMÁS SERÁ VENCIDO. EN UNIÓN Y LIBERTAD.