Categoría: Viajes

  • PRAGA

    Es Praga, es julio, es 2016: desde el centro de la plaza, al lado de Juan Hus (1369-1415), a mi espalda la iglesia de Tyn, miro hacia el Castillo, pienso en Kafka saliendo del palacio Kinsky. Se me ocurre que tal vez un día de 1911 estaba lloviendo, como está lloviendo ahora, torrencialmente. Me imagino a Kafka, viendo lo que entonces eran las bases del monumento a Juan Hus que se termina de construir en 1915, con la mirada desafiante a la imponente iglesia de Tyn; al igual que Giordano Bruno, mirando de la misma manera hacia el Vaticano desde Campo di Fiore.

    Pienso en Kafka mirando hacia el Castillo y lo pienso Gregorio Samsa ante la majestuosidad de su ciudad, lo pienso sintiéndose una frágil figura caminando hacia el barrio judío en dirección al río. La lluvia cesa súbitamente así como había comenzado. Lluvia de verano.

    Estoy en un café con “La Carta al Padre”, en una edición española de tipografía color sepia e ilustrado con fotos familiares; así aparece un Kafka niño, uno en el colegio secundario, la universidad, aparece su madre, obviamente el poderoso y amenazante destinatario de la carta, sus novias eternas, sus tres hermanas: Elli, Vali y su adorada Ottla, las tres asesinadas por los nazis. Cierro el libro y camino hacia la sinagoga Staronová, del siglo XIII, la más antigua de Europa, después camino hasta el cementerio, voy pensando en el Golem de Borges y en el Golem de Meyrink y visito la tumba de Judá León, que era rabino en Praga y mi “locutor interior”, como suele decir Marcelo Cohen, cita a Baudelaire “Gracias Dios mío por no haberme hecho mujer, homosexual, judío, negro”. En silencio camino lentamente: es mi homenaje a Franz.

  • DEL OTRO LADO

    Es la Banda Oriental, es Montevideo, es 2010, cada tanto me gusta vernos desde la otra orilla. Es como el lado de acá y el lado de allá, pero no tan lejos. Es como Esteban Echeverría y Florencio Varela pero sin Rosas, es como Onetti pero al revés. Es como Alicia pero por agua. Es como mudarte frente a tu casa donde viviste 25 años. Es otra vez como Wakefield.

    Esta calesita viene rotando sobre si misma y girando alrededor del sol. ¿Estamos hablando del mismo cielo, el Faraón que le pide a sus sabios que le dibujen las estrellas y yo recostado en el tejado, escuchando pasar las barcas areneras por este río? ¿Verían la misma luna Shakespeare y Cervantes?

    Estoy en Atlántida, llueve torrencialmente. Me refugio en un café cuyo dueño es un alemán, que dice estar harto de Alemania y que detesta a Angela Merkel. “Aquí hay paz”, dice.

    Estoy viajando a Colonia, mirando pasar el campo. Tomo un ómnibus hasta la entrada a Conchillas, una ex factoría inglesa (así la presenta el folleto de la oficina de turismo). En un minibús entro en Conchillas donde la compañía británica C.H. Walker explotó del lado de acá la cantera para obtener los materiales necesarios para construir del lado de allá el puerto que se llamará Madero.

    En 1910, Conchillas era un poblado inglés donde muchos empleados de la compañía se hicieron hombres de campo. Es cuando se produce el naufragio del Sophia del que se salva David Evans (1861-1938), el cocinero, emprendedor exitoso al punto que hace acuñar su propia moneda en la casa A. N. Bares.

    Llego a la orilla cercana del río, converso con Jean René, un francés de alrededor de 70 años, navegante solitario, que hace dos meses amarró su barco, para desde acá contemplar el lado de allá, que par él es Normandía. “Je cherche la paix”, me dice. Los que descansan en paz en el cementerio, al que me acerco, son Kent, Salisbury, Mc Cullock, Pyrke, Meyer, Hellsruch, según anuncian las lápídas. Me siento en la orilla del río y veo con total nitidez los edificios que están frente a mi casa del lado de allá, en San Isidro. La costa del lado de acá se eleva a 35 y hasta 40 metros; la del lado de allá, tan sólo a 8 metros.

    Duermo en Carmelo, en el hotel Los Muelles, en la habitación 301, en el bello ático con vista panorámica, sobre el Arroyo Las Vacas, el campo.

    Cruzo en lancha al lado de allá, a casa.

    Viajar es permitirse ser “otro”, ponerse entre paréntesis, es despojarse del EGO, ser nadie, tal vez encontrarse. Leo en “El Hacedor”: “Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años, puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara”

    Aún sigo poblando mis bitácoras.

  • ENERO 1979, SCILLY ISLANDS

    El rotar de las paletas del Boeing CH 47 Chinook de British Airways, me hacen pensar en lejanos cañonazos que impactaron en estas costas desde las temibles embarcaciones de la Armada Invencible. Toda la costa de Cornwall y no sólo las Islas Scilly a donde nos dirigimos en este enero frío de 1979 fue amedrentada por las agresivas velas hinchadas con la gran cruz color rojo sangre, mensajeras del castigo, no sólo de Felipe II, fiel custodio de la fe católica, sino también del Gran Inquisidor español, Gaspar de Quiroga, embarcado en una de ellas con sus esbirros y sus fierros con que horadaban cráneos, torniquetes con púas, látigos de siete lenguas con virolas de plomo, muñequeras y tobilleras de cuero para descuartizamientos públicos y ejemplarizadores para que nunca nadie más osara rebelarse contra la única verdad revelada. Eran los tiempos oscuros de 1588, momento acordado con el papado para escarmentar a quien se había insubordinado, desafiante y racional frente a la autoridad de Roma.

    La señora Hobbes, embarazada, angustiada por infidelidades de su marido y por la tensión amenazadora de la escuadra Invencible termina pariendo a su hijo Thomas el 5 de abril, varios días antes de lo previsto.

    La estrategia de Isabel I, las embravecidas olas del mar británico, la suerte, o la lectura de que Dios bendecía su obrar, hicieron que la Armada Invencible fuera derrotada y que miles de marineros españoles llegaran a la costa.

    Con los años Thomas Hobbes dedicará su “Leviatán” a Sir Sidney Godolphin de Godolphin, quien junto a su hermano Francis, pagando un canon anual a la corona, pasarán a tener el usufructo de las islas y la responsabilidad de defenderlas ante un segundo posible intento de invasión católica. Star Castle de 1593 es parte de la respuesta de Isabel I a ese posible futuro.

    Camino por un terreno lomado con pastizales que me llegan hasta la rodilla. A un lado St. Mary, un pequeño poblado, chimeneas humeantes, un mercado de granjeros, productores de flores, activo y colorido; es tiempo de “picking” (los hombres) y “packing” (las mujeres). Hacia el otro lado el Océano Atlántico, casi infinito, brumoso, plagado de naufragios y vida animal submarina, que siento ajena, misteriosa, amenazante, letal.

    Pienso en otras islas lejanas; pero un atisbo de sol, los pastos altos bailando impulsados por una brisa que vino de una escena de “Far from the Madding Crowd”, la novela de Thomas Hardy que Schlesinger hizo película (“Lejos del Mundanal Ruido”), me llevan nuevamente al mar. Me gustan los límites entre la tierra y el agua, por instantes creo ver el muelle de Pacheco frente al río, que parece un mar marrón y a ratos un lago de la Patagonia.

    El viaje, por momentos es como un collage de Basquiat, de pinceladas que se superponen, casi con furia enloquecedora; otras veces es un patchwork de escenas, que unidas generan una colcha que cobija; por instantes se transforma en una trenza de imágenes, sensaciones, fantasías, donde los hechos históricos compiten con la ansiedad cotidiana, los encuentros casuales, o no; los sueños, en un entramado que sin comprenderlo lo intuimos como el mejor de los mundos posibles.

    Nuevamente a bordo del Chinook, rumbo a Penzance. El motor que mueve las paletas, el ascenso y al rato el mar y unos pequeños cargueros, dejando una estela blanca. Ya no es Julie Christie, bella, codiciada por tres hombres y los espectadores la que simula que sufre, desea, padece, llora, hasta convencernos y sufrimos, deseamos, padecemos, lloramos. Ahora es Robert Duval, es el Coronel gritando “kill them all”, “kill all the fucking bastards”, la costa de Cornwall es Vietnam, no hay balas de cañón, es napalm; una mujer vietnamita embarazada parirá antes de tiempo, sangre, sangre. Marlon Brando repetirá las palabras escritas por Joseph Conrad y el Coronel Kurtz con cada golpe sobre la bestia dirá como una letanía Horror! Horror! Horror! y se escuchará a los Rolling cantando Satisfaction.

    Sir…we have landed.

  • LOS ÁNGELES

    Es julio 2005, es el 250 S Grand Av., es Los Ángeles, es el MOCA (Museum of Contemporary Art), es la exposición homenaje a Jean Michel Basquiat (1960-1988), después de haber nacido en Brooklyn, después de haber sido atropellado por un coche siendo un niño, después de haber encontrado en “Same Old Shit”, el nombre SAMO con el cual se enmascararía grafitando las paredes de Manhattan, después de huir de la casa paterna a los 18 años, después de haber formado la banda musical “Baby Crowd”, después de haber escuchado a cuanto rapero poblaba las calles del Bronx, después de haber llevado ese RAP a color y telas y muebles y tapas de heladera y casco de football americano, después de pintar el cuerpo recordando las viñetas del libro de anatomía de Gray que su madre le había llevado al hospital donde convalecía después del accidente de auto, después de prostituirse, después del Mudd Club, después de Andy Wharhol, después de expresar que su obra está compuesta por un 80% de ira, después de morirse de sobredosis en el estudio 57 Great Jones a los 27 años, después de atreverse a hacerlo donde otros “prefer not to”, después de haberle dado una cachetada al mundo del arte, de ofenderlo agresivamente.

    A Basquiat le hubiera gustado el rostro de Kafka. A Kafka le hubiera encantado que Basquiat pintara su retrato como una cucaracha o lo que fuere en lo que se desperó Samsa esa mañana. A SAMO le hubiera gustado SAMSA, o acaso una cucaracha del tamaño de un humano no es lo mismo que SAME OLD SHIT, entonces mientras de traje y corbata, sombrero y dolido SAMSA camina por el petreo puente Carlos del siglo XIV sobre el Moldava; SAMO drogado y borracho y orgiástico camina por el metálico puente colgante de Brooklyn, sobre el East River inaugurado un mes antes del nacimiento de Kafka.

    El paso del hebreo es firme, el del negro trastabillante. Uno es un Juden Rat, se lo hicieron saber de pequeño, sí, la historia, pero sobre todo su padre; el otro un Fucking Nigger. Les han dicho JUDÍO DE MIERDA y NEGRO DE MIERDA, así no se los hayan dicho, porque lo decimos y repetimos. Se los han dicho los padres así no se los hayan dicho se los han dicho, porque se los han dicho Praga y New York.

    En esos dos puentes tan distintos, tan iguales, se cruzan a diario la impotencia ante el poder: SAMSA y SAMO se miran, detienen la vista por un instante eterno que viene repitiéndose, se repite y se repetirá y un coro de arlequines chillones, y un coro de mojas ciegas hacen tronar el espacio y JUDEN RAT rebota en el Castillo y FUCKING NIGGER en el Empire State.

    “Te voy a hacer picadillo”, dirá Hermann Kafka a su hijo, “te voy a aplastar insecto inútil”. “Negro Marica, no te quiero ver más”, le grita su padre Gerard a su hijo Jean Michel.

    Franz Kafka se sienta en Brooklyn High Promenade y mirando a una incomprensible arquitectura escribe: “Tanto te costaba abrazarme Padre”. Jean Michel Basquiat coloca una madera apoyada contra la pared plena de estatuas desconocidas del puente Carlos y comienza a pintar “Portrait of the Artist as a Young Derelict”.

    Y entonces comenzó a llover y el agua lavó lo escrito por Kafka.

    En Praga no llovió.

  • DE VIKINGOS Y ESQUIMALES

    Formaba parte de la cultura vikinga, que cuando un jefe moría, sus guerreros, lo sentaban en su barca con todos sus trofeos y luego la nave era empujada al mar. Desde la costa lo miraban alejarse morosamente, y ante una indicación del nuevo jefe, le arrojaban flechas en llamas hasta que el barco hecho una hoguera, crepitaba, se quebraba e iba a apagarse en el fondo del mar.

    Los esquimales tienen otro ritual: cuando el hombre mayor, siente que es una carga, le comunica a su familia que está listo para el viaje. Su gente prepara el trineo y lo acompaña. El viejo va montado detrás. En silencio se deja caer, como caen los copos de nieve, hasta que su cuerpo se hace uno con el hielo. El grupo regresa, mirando siempre hacia adelante.

    Converse con esquimales en Alaska donde hay una población de 25000; con otros en Canadá donde viven unos 15000; me entero que alrededor de 1500 recorren la fatigosa e interminable Siberia; sé que 37000 pueblan Groenlandia. Una etnia dividida en tres pueblos, cuyo rastro se remonta a 4000 años, según estudios hechos en la isla de Thule.

    Siempre me fascinó como algunas culturas pudieron preservarse de bandera, himno, burócratas, ceremonias nacionales, el ímpetu arrollador de Roma. Los misioneros. El hielo fue mejor protector que las selvas de Machu Picchu o Tikal.

    Los que vi en Alaska y Canadá vivían alejados de su ámbito natural. Realizaban tareas en el más bajo escalafón de Occidente. Vestían jeans, tomaban demasiado alcohol, barrían calles, dormían en albergues municipales. Aquí el hielo se había derretido.

    Me recordaron a los mongoles de la estepa; similares a los Menets de la tundra siberiana cuyas imágenes vi en el Museo de Ulaam Bathor; son un límite que no me atreví a cruzar, al igual que el de los Hunzas que viven en las altas montañas en territorios cercanos a Sikkim y Bhutan (donde miden el índice de felicidad nacional y no el PBI); fue una mezcla de respeto y cierto grado de sospecha de que tal vez habiten otro nivel de conciencia, como los parias y santones que quedan ciegos por exponerse a la constante visión del sol en Benarés, donde en una tórrida tarde me zambullí en el Ganges y pude comprobar que los cadáveres de las mujeres, al flotar, lo hacen con la cara al cielo como había dicho Joseph. Di unas brazadas y mi mano tocó el rostro entre chamuscado y despellejado de una anciana. Aún veo los dijes de oro colgados del pañuelo rojo que le ceñia la frente.

  • HISTORIA DE LAS HISTORIAS

    Me gustan las historias, contarlas, que me las cuenten, que me las hayan contado. Paso gran parte del día leyendo. Siempre había algo de mágico cuando mi madre o mi padre, y a veces mi abuela, cuando ellos viajaban, nos leían cuentos antes de dormir. Lo mágico estaba en que al abrir el libro, les salía una voz, que era diferente a las voces que tenían para pedir, alegrar, ordenar, invitar, reprender, educar; les salía una voz que despedía personajes y aventuras y el cuarto, entonces se poblaba de castillos, caballos,a veces dragones, príncipes, pájaros de plumajes increíbles y al cruzar el río para salvar a la doncella, ya se nos caían los párpados y comenzaba el sueño y a la mañana, veía el libro cerrado sobre la silla, pero sabía que la espada y el caballo estaban escondidos bajo la cama. Que las incomprensibles letras de los libros se hicieran personajes que salían de sus gargantas, era misterioso y abrigaba más que las frazadas.

    Estoy mirando un pequeño dibujo, (11.7 x 11.1) en tinta sepia sobre papel, con trazos en carbonilla, cuyo original está en la biblioteca del Castillo de Windsor, es del año 1498 y lleva firma de Leonardo da Vinci, se titula “Lluvia de utensilios caídos del cielo a la tierra”. En la parte superior dice “de este lado Adán, de este otro Eva”; por detrás de unos rasgos de lluvia, han quedado en el suelo infinidad de objetos: clavos, escuadras, platos, sifones, peines, tijeras, rastrillos, cucharas. Debajo se lee “¡Oh!, miseria humana, cómo se han esclavizado por tener tantas cosas”.

    Viajo, camino, asocio, anoto este sinnúmero de sensaciones que me invade. Camino anotando hechos en las bitácoras, y un buen día caigo en la cuenta que “geografía” es la grafía de la tierra. Camino una geografía que me lanza historias. Pienso en aquello de “En la historia manda la geografía” de Napoleón, que luego repetirá Bismark: “De todos los datos de la historia, la geografía es la única que no cambia nunca”.

    Sí cambian los mapas: la política los dibuja. Montañas, ríos, ciudades cambian de nombre.

    Estas bitácoras son un mapa de mis circuitos que también tienen para mí algo de mágico. Camino o viajo en tren y es la mente la que se sale del férreo circuito y así una señora que pasa me recuerda a una tejedora de Londres, Catamarca, que se parecía a mi abuela que me leía de un libro historias maravillosas..

  • 100 AÑOS

    Es el mes de abril, es 2018, es el sagrado valle de Vilcabamba, es Ecuador.

    El lugar es de una tranquilidad y una belleza de otros tiempos que me reconcilia con ciertos enojos que muchas veces me provoca la condición humana, es decir mi condición, es decir mi EGO al que le cuesta dar el salto al YO.

    Es una maravilla ver correr las aguas “sagradas”, que según los lugareños, además de nutrir la selva, hacen que los humanos superemos ampliamente la edad de 100 años con tan sólo beber sus aguas, caminar al menos 25 km por día, formar una pareja, no fumar, no consumir drogas, no beber alcohol, no comer grasas, ni carne vacuna, ni mariscos, no habitar urbes modernas, no usar telefonía celular, no ir al cine, no exaltarse con partidos de football, no tomar aviones, no saltar de Reykjiavic a Haparanda y de ahí a New York, en fin no viajar, ya que es indispensable vivir. Toda una filosofía muy digna de respeto.He llegado a los 77 años infringiendo todas esas recomendaciones y espero encontrarme en Chaltén con la señora sueca con quien converse en Estocolmo sobre el tiempo cuando yo tenga 100 años, decirle que no los siento y que espero verla en los próximos veranos con mucho gusto.

    Los senderos de este valle andino recuerdan mucho a los de valles atravesados por el río Beas, allá en la India. No es sólo la geografía, sino el color del cielo, los caminantes, el sonido, el manto verde que se derrama por las laderas. Una sensación como de espejo parece cubrirlo todo, donde se reiteran escenas aunque invertidas. Me distrae una música de quenas y flautas que acompañan a un cortejo fúnebre; larga vida no es inmortalidad, como para que lo tenga presente.

  • VIAJAR ES INDISPENSABLE VIVIR NO LO ES (VII)

    RUTAS LÍQUIDAS

    Hay otros ríos. Es el verano de 1971, es el Amazonas. Lo vemos por primera vez desde un avión carguero, que nos está llevando desde Bogotá a Leticia; la triple frontera entre Perú, Colombia y Brasil, en lo que se llama el trapecio amazónico. Desde el aire da la impresión de ser una aorta por la que corre sangre marrón irrigando un corazón verde. Nos dicen que aún habitan la región tribus de jíbaros. Amarrados a asientos de tuberculosa superficie: viajamos sobre bolsas de papas, batatas y mandioca. Estamos por aterrizar en pista de tierra.

    Leticia nos da la impresión de ser un Far West tropical, donde el contrabando, el tráfico de cocaína, las armas son parte integrante de un escenario que tiene por telón a la selva y como fondo musical, el correr del río. Son pocas calles de tierra, a ambos lados de las mismas chozas de cañas y techos de hojas de palmeras, de las que salen y entran personajes propios de películas de narcos, con cicatrices, aros, machetes en la cintura, torsos desnudos y profusamente tatuados, con cargadores cruzados donde asoman balas con punta de plata. Prostitución callejera, burdeles regados de ron y cashasa de los que salen mulatas jóvenes, bellas con tatuajes en brazos y nalgas.

    Por pocos cruceiros nos embarcamos en una canoa que impulsamos con un remo corazón; seguiremos luego en una barcaza de comerciantes. Nos vamos metiendo en un mundo, que varios meses después vemos en la película de Herzog, “Aguirre la Ira de Dios” de 1971, con Klaus Kinsky y volvemos a revivir en “Fitzcarraldo” de 1982, también de Herzog, también con Kinsky.

    Luchar para no ser devorado. Está de moda hoy, defender la naturaleza y está muy bien, pero la selva es implacable; se tragó a Machu Picchu y Tikal. La tierra y el tiempo a Troya, el hielo se quedó con la Antártida, tal vez el fuego acabe con nosotros. Para que se entienda, si tengo que elegir entre Shakespeare y el mar, prefiero ahogarme en las letras y no en el agua salada que esconde tiburones martillo.

    Es época de carnaval en la selva y hay música, baile y cashasa en los poblados donde atracamos a pasar las noches. Surgen columnas de humo de la espesura profunda, vemos saltar familias de monos, circulan hombres en taparrabos, llevan arcos y flechas, mujeres con el pecho desnudo cargando niños; hay tortugas, delfines, tucanes, arañas, mosquitos, serpientes, avispas, orugas, pirañas, hay cuatro aspirinas y cuatro pastillas de carbón: la medicina más que suficiente a los 20 años para internarse en la selva; eso es lo que permite la salud a los 70 (digo, la aventura , no las cuatro aspirinas). La selva, como la puna, como el desierto, como el hielo son pieles inmensas de varios colores, donde uno es una garrapata.

    Dormimos en hamacas. Nadamos en aguas pobladas de peces extraños. A ratos llueve torrencialmente, después sale el sol, también torrencialmente, se oscurece el cielo, vuelve a llover. Atracamos.

    Navegamos ahora en un vapor, el “Itamaraty”, con su cocinero al que apodamos Pelé, hacedor de la diaria, intensa y pringosa fejoada.

    Confluencia con el río Negro, Santarem, al fin Manaos: el teatro Amazonas (1896), una suerte de teatro Colón, en plena selva, resabio de una avanzada colonial, que luego se trasladó a Ceylon: eran los tiempos del caucho. El teatro abandonado, nos recibe con la puerta entreabierta. El piso cruje. En las polvorientas butacas de terciopelo rojo, acomodamos nuestras bolsas de dormir y el eco de la voz de Enrico Caruso cantando “Pagliacci”, arrulla nuestro sueño de falsos piratas.

    LOS GLACIARES

    Provincia de Santa Cruz, Parque Nacional Los Glaciares 1983, 1993, 2001, 2007, 2011, 2013, son los años que visité el Parque: El Calafate, Lago Argentino, Chaltén, Helsingfords, Lago Viedma, Lago del Desierto, Río Arriba, Walichu, Estancia Cristina, Upsala.

    Desde la primera vez, no bien aterrizado en Gallegos, tuve la sensación de fin y de comienzo. Varias horas por la ruta de ripio, para recorrer los 320 kilómetros hasta El Calafate, no hicieron más que agudizar la sensación.

    El Glaciar Perito Moreno, es un río congelado que está en equilibrio, es decir no en retracción. Es la supervivencia de la glaciación, así estuvo la tierra hace 20000 años. En las visitas que siguieron a esa primera del 83; una tarde, viendo como se desplomabna un enorme bloque de hielo, que al caer, dejó esculpido una suerte de bonete con reflejos azulados, me transportó a Capadocia, en la Anatolia Central, en Turquía. Capadocia es históricamente, la antítesis del Perito Moreno. Es aquella, tierra que fue de asirios, hititas, persas; sufrió la expansióin del helenismo con el ejército de Alejandro, luego de Roma. Fue asiento de las primeras comunidades cristianas de San Pedro, que continuaron hasta el siglo III, pasaron los seleucidas del siglo XI, el Imperio Otomano, en fin Turquía.

    La tierra estuvo así de blanca y helada hace 20000 años. Imagino a Capadocia, sus cuevas, el laberinto pétreo y esas capuchas esculpidas en la piedra, que tanto se parecen a algunas acuarelas de Xul Solar. El glaciar que tiene una superficie mayor a la de la Capital Federal, tiene sin embargo, un solo habitante: Andi.

    Andi, es Andiperla Willinki, un insecto de 6 patas y 15 mm, que vive en el hielo gracias a la glicerina que contiene su cuerpo. Otra vez me invade la sensación de un tiempo inicial, de un tiempo final. De tiempos que chocan, subsisten, se acoplan como coches de un tren, que circula por estaciones y rieles que envejecen, se oxidan, desaparecen y se renuevan, para que volvamos a recorrer los mismos caminos. Allá en Capadocia, tiempo acumulado, aquí en el glaciar, tiempo congelado. Un pasado allá, un futuro expectante aquí. A Andi se lo conoce como el Dragón de la Patagonia.

    Toda la Patagonia tiene la superficie de España y Francia y está poblada por la mitad de los habitantes que vivimos en los 220 kilómetros cuadrados de la ciudad de Buenos Aires.

    A los argentinos nos gusta estar juntos, somos tiernos como infantes necesitados de afecto y contención. En rebaño, siempre en rebaño, que clama desesperado por un pastor, por un líder, por un Padre o una Madre.

    GOLFO DE LAS PENAS

    Es el verano de 1975, es Chile. Hemos perdido el barco Navarino, partió de Valparaíso sin nosotros, o tal vez no nos alcanzaba el dinero para el pasaje hasta Punta Arenas. Sí ,fue eso. Por tren y carretera nos demoramos en Loncoche, Pucón, Villa Rica. Embarcamos para Ancud, capital de la isla de Chiloé y llegamos en ómnibus a Castro y ahí estaba el Navarino esperándonos.

    Vamos a cruzar el Golfo de las Penas, durante la noche. La cocina se ha provisto de langostas en Puerto Edén, que han comprado a 20 centavos de dolar por pieza a los pescadores locales.

    Oscurece, está tormentoso, las aguas violentas chocan al viejo carguero cuya proa se hunde, el agua barre la cubierta y arriba y abajo y sacudones durante más de 10 horas. Si hay un lugar en el mundo donde las palabras y las cosas son como un espejo, es ahí, en el mar austral de Chile.

    En el comedor tan sólo un norteamericano y yo, 20 langostas, aioli, tabasco, vino blanco, pan tostado. Nos miran por la ventana del comedor que da a cubierta, nos miran con envidia, con bronca, con ganas, sin entender cómo podemos comer con tanta tranquilidad como si estuviéramos en París. Estamos gozando, nos chupamos los dedos grasientos de carne blanca y de mar que estalla contra los ventanucos del comedor.

    Indiferentes a estómagos ajenos, gozamos, nos reímos, nos acercamos al pasillo, saludamos, nos aplauden y ellos vomitan con el constante subir y bajar de la proa en la negrura infinita: una botella de grapa ayuda a nuestra digestión y dormimos; ha sido un día duro, digno de una narración de Melville o Conrad, que menos, que más.

  • VIAJAR ES INDISPENSABLE VIVIR NO LO ES (VI)

    A) CHEYNE WALK

    “Mi elección es el viejo mundo” -mi elección, mi necesidad, mi vida; dijo Henry James (1843-1916), en 1876, cuando se establece en el 3 de Bolton Street, Piccadilly, London, of course, si es que en el caso de un viajador como él, la palabra establecerse significa algo.

    Don’t you think there’s something wrong ?

    Where?

    Everywhere.

    Henry James no dejaba de hacerse esta pregunta, sobre todo en las reuniones con W.H. Hudson (1841-1922), Joseph Coinrad (1857-1924) y Robert Bontine Cunningham Graham (1852-1936) cuando se reunían a almorzar en el Mont Blanc, en el Soho.

    Conrad, había dejado su Polonia natal, para enseñarles a los británicos como se debía escribir en inglés. James, había abandonado una agresiva e invadida New York, para recuperar ‘su’ Washington Sq.,en Lamb House, en Rye. Hudson partió de la pampa, para comprobar si los gorriones de Londres, eran iguales a los de su niñez en Quilmes. Cunningham Graham había dejado Escocia para galopar en la pampa, uno de sus adorados caballos criollos y había regresado a Gran Bretaña para asistir a la Cámara de los Comunes a caballo, para volver a morir en Buenos Aires y ser enterrado en Inchmahome.

    Desde 1761, en el número 50 de Cheyne Walk en Chelsea existe The King’s Head & The Eight Bells. Frente a ese pub está Carlyle Mansion, donde después de una noche de alcohol y consternado por los horrores de la Primera Guerra, Henry James va a morir.

    Caminando lentamente desde el 78 de Onslow Gardens, mi casa en Londres, solía acercarme al que sería ‘mi’ pub durante dos años y mientras aspiraba un olor conocido en tardes de verano y una lluvia que ya me había mojado antes, en invierno, llegaba a esa esquina recitandoi estos versos de Dante Grabiel Rosetti (1828-1882), que también habitó el barrio:

    I have been here before

    But when and how I cannot tell:

    I know the grass beyond the door.

    The sweet keen smell,

    The sighing sound, the lights around the shore.

    Después pasa el tiempo y vinieron mis viajes, mis regresos, mis labores, mis bitácoras, más guerras, más amores, más horrores y 20 años después de aquellas caminatas volví al pub donde una vez saludé a Mick Jaegger. Otros 20 más pasaron, y el pub ya no es más pub sino brasserie de la Republique Francaise de Chelsea & South Kensington (una mera cuestión de impuestos más bajos, que suele atraer sangre nueva e inversiones). Pero sigue estando en East Sussex, en Rye, The Mermaid Inn, cercana a Lamb House y ahí tendremos un encuentro alrededor de dos mesas, frente a la gran chimenea encendida porque afuera está frío y llueve, siempre tiene que llover y tal vez nieve y sí está nevando.

    Alrededor de una de las mesas: Henry James, Joseph Conrad, William Henry Hudson, Robert Cunningham Graham, Jorge Luis Borges. En la otra, frente a la ventana, espero el cordero con papas y puerros, bebo un Chateau Rothschild, saco mi bitácora y me pongo a registrar la escena. Duermo en The Mermaid Inn, rebuilt 1420. Me indica el conserje, que me han dado la habitación del fantasma.

    B) AACHEN – TALLÍN

    Ciudades que no tienen nada en común (creo) salvo el tiempo de mi estadía en ellas; 12 horas en la primera, 6 en la segunda, el motivo de mi visita: tener que esperar que pasara el tiempo, por una cancelación de vuelo en el primer caso, una demora en la salida de un barco en el otro.

    Aachen, Aix-la-Chapelle, Aquisgrán, capital del Imperio Carolingio allá por el 800 y por tanto centro de Europa.

    Tallín, capital de Estonia. Fortaleza antigua, paso de las Cruzadas, invasión, cristianismo con su catedral, mercado medieval, reinado sueco, soviet supremo, república democrática, Unión Europea y como siempre todo termina en turismo: la reiterada versión de SAMO (Same Old Shit). Ahora que las evoco, no puedo no asociarlas al pensamiento de Parménides que luego plagiaría Pascal: “El centro está en todas partes, la circunferencia en ninguna”, al visitar la Capilla Palatina, donde se supone está Carlomagno (742-814) hecho polvo, pero sí se sabe coronaron a todos los reyes francos que le precedieron. Eso fue en 1999 cuando se canceló un vuelo Bruselas Londres por 24 horas y me fui en tren desde Bruselas a caminar por Aachen. La misma distancia (122km) que separa a las dos ciudades, separa a Buenos Aires de Chascomús.

    En Tallín, en la que estuve en 2013, lo que vi en las 6 horas que la recorrí entre barco y barco en Escandinavia; me pareció, la ciudad vieja, toda rodeada de murallas, con su castillo, una suerte de de ciudad como de cuento de hadas. Caminé, paré a tomar un café y me puse a charlar con una mujer: Nadia, que era de Tirana, la capital de Albania (¡Qué lastre, nacer en una ciudad con ese nombre!), cuanto más agradable al oído suenan Buenos Aires o Florencia o La Paz o Sofía. ¿Es Albania parte de Europa?) Gobernada entre 1944 y 1985 por un tirano como Enver Hoxha (1908-1985), primero pro soviético y luego descaradamente maoísta con población musulmana. Crucé desde Noruega en ferry, regresé y esa noche en barco partí a Estocolmo para luego en otro barco viajar a Copenhagen.

    Dicen que Carlomagno amaba Aquisgrán por sus aguas termales, por su clima, porque estaba poblada por académicos y estudiosos como Alcuino de York (735-804), que fue quien le enseñó a escribir, cosa que parece le costó mucho al Emperador, según lo testimoniado por el Centre Charlemagne.

    Tuve que esperar que pasara el tiempo y en menos de dos horas lo fui a hacer a un país vecino Bélgica- Alemania, Noruega-Estonia; sí claro Buenos Aires- Colonia, esa es una distancia europea, poco más de una hora en ferry.

    Aachen, Tallín, Tirana, lugares curiosos que pueblan el mundo. Tareas extrañas que diseñamos nosotros: ser Emperador, ser tirano, ser Papa, vivir 80 años en Saussine como Madame Eglantine, viajar desde los 15 años. Es bastante raro todo aunque no tanto como vivir en Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysilliogoggogoch, en Gales, que sin duda con sus 59 letras es un nombre largo que cobija a los 500 individuos que habitan ese poblado, los gogogochianos. No sé gaélico, pero me dicen que el significado de semejante palabra es “Iglesia de Santa María en el hueco de avellano blanco cerca de un torbellino rápido y la iglesia de San Tisilio cerca de la gruta roja”. Sin embargo no es el nombre más largo del mundo, ya que esa posición la tiene, una colina de Nueva Zelanda que tiene 85 letras llamada TAUMATAWHAKATANGIHANGAKOAUAUOTAMATEATURIPUKAKAPIKIMAUNGAHORONUKUPOKAIWHENUAKITANATAHU y que sostiene su nombre en un cartel de 10 metros de largo y nos narra la leyenda maorí de Tamatea, personaje legendario que homenajea a su hermano muerto en la batalla de Matanui y cuya traducción sería “La cima donde Tamatea, el hombre de grandes rodillas, el escalador de montañas, el devorador de la tierra, el viajero incansable, tocó la flauta a un ser querido”. Se me ocurrió anotar mi ejemplar del “Finnegans Wake” con ambos nombres-narración, me pareció el lugar indicado como introducción a una escritura donde cada párrafo, cada oración y cada una de las palabras del texto de Joyce son una narración. Un texto como el Finnegans Wake es casi infinito y es curioso como los extremos se tocan, por un lado una obra de arte como la novela de Joyce y una indicación de lugares sacros y legendarios, y por la otra los vacuos, hipócritas y muchas veces criminales discursos de los políticos, las 22 horas seguidas del senador Ted Cruz en el Capitolio de los Estados Unidos el 22 de septiembre de 2013, las casi 10 horas de Hugo Chávez el 14 de enero de 2012 en uno de sus monólogos de “Aló Presidente”, las 7 horas y 15 minutos ante el Parlamento Cubano en 1998 de Fidel Castro, las dantescas peroratas de Adolf Hitler durante su gobierno, el monólogo de 3 horas y 45 minutos, el 1 de marzo de 2015 para inaugurar el 133 período ordinario de sesiones del Congreso Nacional Argentino de Cristina Fernández. Cuánto más bella, sabia, erótica y racional es la lectura en silencio en una noche de invierno con lluvia frente a la chimenea, con leños de quebracho colorado crepitando, o una tarde de verano bajo la sombra de un. roble, o el amanecer en el muelle de Pacheco escuchando los versos de Wallace Stevens leídos por ella mientras bebemos la última copa de un espumante.

    C)DE VIAJEROS, DE FILÓSOFOS Y DE POLÍTICOS

    En la India, Joseph, me explicó una tarde a orillas del Ganges, mientras humeaban piras de leños de cedro e incienso cuyas llamas abrazaban cuerpos gastados y finales que esa ceremonia; que señalaba el umbral de lo porvenir, indicaba que para el hinduismo el mundo no es más que Maya, es decir mera ilusión, salvo por una contundente excepción, “el atman”, es decir nuestro propio, único e irrepetible “yo” y, que al transcurrir, el individuo percibe que es todas las personas y todas las cosas y por lo tanto no debería desear nada, pues tiene todo lo que es posible tener y al sentirse ese todo, no puede hacer daño a nadie ni a nada, pues nadie se provoca daño a si mismo y si lo llegara a hacer es por ignorancia, como creo; agregaba Joseph; en esa lengua tan musical de los hindúes hablando inglés, es lo que nos sucede cuando dejamos en manos de individuos ávidos de poder el destino de la comunidad. Escuchándolo creí entender que me estaba dando la clave de aquello que tantas veces me preguntaba en silencio, ¿por qué tanta gente aceptaba sin discutir, que la vida es así?, es más ¿qué significa tal concepto? En última instancia que deje de ser así y sea de otra manera,¡Qué joder! Eso es lo que mueve al viajero, al artista, al filósofo, eso es lo que mueve a los buscadores de placer, los que huímos del poder que es la monstruosa maquinaria que sentenció “que la vida es así” y que por lo tanto hay que aceptarlo. Ante tanta muerte explícita en Benarés, resulta casi cómico ese acto de súbita conciencia rebelde,frente a lo que ya no se puede decir, efectivamente todos esos cuerpos que se consumían en las llamas y que irían luego a engrosar el caudal de las aguas sagradas del Ganges, me gritaban que “la vida es así”, inapelable. Creo que desde que descubrí el placer de la lectura, y en especial leer sobre viajes comencé a desear vivir en un tiempo donde el misterio fuera parte de la cotidianeidad. El descubrimiento como parte esencial de la vida. Haber vivido como lo hizo Marco Polo, que le dió el nombre a un país: Cipango, que será con el tiempoi Japón, explorar un territorio desconocido como la China del siglo XIII; haber vivido en el tiempo de Colón que por un error descubrió América. Ese no saber por anticipado lo que nos espera y tan sólo llegar y que nos sorprenda en el medio de una tupida selva la catarata a la que podré llamar Victoria, como lo hizo Livingstone o la ciudadela que hoy conocemos como Machu Picchu, a la que llegó en 1911 Hiram Bingham. Creo que estamos demasiado sujetos a lo previsible, pero creo también que lo inesperado aparece como una suerte de compensación por el exceso de control y se hace presente mediante el atraco, el asalto callejero, el asesinato tan frecuente en las grandes ciudades.

    Viajeros, aventureros, filósofos no comunes, exploradores; me vienen a la memoria Herkhuf, en el antiguo Egipto, nacido en Elefantina 2300 años antes de Cristo, quien descubre las fuentes del Nilo. Heráclito, siglo V AC, camino a la montaña, lejos de la polis, fuera del poder. Heródoto, el de Halicarnaso (480-425 AC), quien al narrarnos sus viajes y los encuentros y desacuerdos humanos para que no los olvidemos, creó la Historia. Diógenes de Sínope, el filósofo cínico que desde el barril que cubría su desnudez echa a Alejandro porque le tapaba el sol y lo manda a conquistar el mundo.

    Xuazang (602-664) monje budista quien después de viajar durante 15 años por India, regresa a China y sus textos contribuyen a enriquecer la concepción china de la vida. Marco Polo (1254-1324), el veneciano que desde los 17 años, con su padre y su tío recorren un mundo casi ignoto para Occidente. Ibn Battuta (1304-1377) cuyos “Rilha” (Viajes) narran su peregrinaje de 25 años desde Tánger a la Meca, la costa de África, Europa, Medio Oriente, India, centro y sur de Asia, China. George Catlin (1796-1872) que viaja desde Alaska a Tierra del Fuego entre 1854 y 1860, con sus telas y caballetes pintando pobladores de todas las culturas, descubriendo selvas y ríos y aves y ruidos y voces. Aime Tschiffely (1895-1954) y sus compañeros Gato y Mancha nobles caballos criollos que entre abril de 1925 y septiembre de 1928 recorren los 21.500 kilómetros entre Buenos Aires y Washington D.C. Thor Heyerdahl (1914-2002) que en 1947 parte desde Perú y navega hasta la Polinesia en la balsa Kon Tiki. Ludwig Wittgenstein (1889-1951), que abandona los oropeles de su poderosa familia y se dedica a pensar cómo pensamos y les deja a los políticos esta sentencia “De lo que no se sabe qué decir, lo mejor es callar”, que sintetiza a todos estos personajes a los que acabo de homenajear y que a diferencia de los políticos tienen más dudas que certezas y que en mi niñez yo representaba en la figura del Llanero Solitario, ejemplo de total libertad.

  • VIAJAR ES INDISPENSABLE VIVIR NO LO ES (V)

    A) MAR Y RÍO.

    El mar no fluye.

    El mar es una vasta masa que se hamaca, se encrespa, enfurece y se calma, pero no fluye, no transita: el mar está. Es la imagen de la eternidad. El mar es Parménides: fijo, reiterado. Ocioso.

    El río es el tiempo. Transcurre desde el nacimiento a la desmbocadura; surge de un deshielo, brota de alguna grieta y se derrama hacia un valle; crea meandros, saltos, cursos. El río fertiliza, da de beber. Va desde y llega a. Como el individuo busca su camino.

    B) MARINOS, NAVEGANTES, MARINEROS.

    Hay en el bajo de San Isidro, cantidad de calles que honran a marinos, navegantes, marineros: Martín del Barco Centenera, Solís, El Cano, Magallanes, Gaboto, Mendoza, Rosales, Guerrico.

    El primer libro que leí, más allá de los cuentos considerados “clásicos”, quiero decir, el primer libro que decidí leer se titula “Magallanes y El Cano” (Conquista del Mar) por José Mallorquí Figuerola (1913-1972), terminado de imprimir en los talleres gráficos Editorial Molino, Migueletes 1023, Buenos Aires el día 29 de marzo de 1947; así lo dice el colofón del ejemplar que conservo. Luego vinieron todos los de Emilio Salgari, en la colección Robin Hood, “2000 Leguas de Viaje Submarino”, “El Faro del Fin del Mundo”, de Julio Verne, “Los Viajes de Marco Polo”, versiones abreviadas de la Odisea y Don Quijote, “Los Viajes de Gulliver”, El viaje de Livingstone por África y el descubrimiento de las cataratas que llamó Victoria, “Una Excursión a los Indios ranqueles” de Lucio V. Mansilla, los de los viajeros ingleses de los siglos XVIII y XIX: William MacCann, Darwin, Cunningham Graham, Burton; luego “Días de Ocio en Patagonia” y “The Purple Land that England Lost” ambos de William Henry Hudson, “In Patagonia” de Bruce Chatwin, mucho después el libro de Cortázar que invierte los términos del de Verne, reduciendo días y ampliando mundos; a partir de los 16 años comencé con Borges, nuestro Shakespeare a quien sigo estudiando, y su libro verde de 1974 que contiene sus Obras Completas (incompletas) da testimonio de ello, ya que se lo conoce como “el descabalado”, “On the Road” de Jack Kerrouac, “La Liebre” de César Aira y su calesita tren “El Vestido Rosa”, “Los Anillos de Saturno” de Sebald, “El Infinito Viajar” de Magris, la historia de la filosofía y todo lo que me produce placer leer. Algo así como la biblioteca es el viaje.

    Una letra, un paso.

    Una palabra, un trecho.

    Un párrafo, una caminata.

    Un texto, un recorrido.

    Un libro, un viaje.

    Muchos libros, el mundo.

    Viajo, pregunto, observo, anoto en libretas. Creo ser mejor leyendo y hablando que escribiendo: “Scripta Manent, Verba Volant” (lo escrito queda, la palabra vuela).

    Lo escrito es mar, lo oral es río.

    Lo escrito es calesita, lo oral es tren.

    Lo escrito se hace tren con un lector, sólo con un lector. Un país de lectores es un país rico. El lector multiplica el libro. Un millón de lectores de Borges, son un millón de Borges.

    La pobreza es enemiga de la lectura. No conozco ningún pobre, y he visto muchos en mis viajes que alabe o se sienta encantado por la misma: hacen cualquier cosa por salir de ella.

    Leer enriquece la realidad.

    Leer y viajar deberían ser sinónimos: corrijo a la Academia: lo son.

    El peronismo es La Calesita. No es tren, no es río. El peronismo es mar: es el Mar Muerto.

    El rótulo de hereje difundido por el catolicismo en la Edad Media, es el equivalente al de gorila con el que los peronistas suelen agredir ante la mínima crítica. El peronismo es la iglesia católica sin sotana. ¿No ha sido acaso, el famoso balcón de la Casa Rosada, el púlpito elegido por Perón y Eva Duarte para dar los lineamientos a su grey congregada en iglesia al aire libre? Púlpito sagrado al punto que los sucesivos gobiernos peronistas no se atrevieron a ocuparlo y montaron escenarios transitorios frente a Plaza de Mayo o utilizaron balcones internos que dan al Patio de las Palmeras de la Rosada. La oralidad, la arenga desde el púlpito, ha sido el ejemplo de la cultura medieval. Tiempos pre imprenta, cuando el acceso a los libros y su interpretación estaban a cargo de la iglesia. Cuando algún monje rebelde o un científico como Galileo, osaba criticar, cuestionar o interpretar libremente, era tildado de hereje y lo esperaba, el ostracismo, o la hoguera, antesala del infierno. La condena a Galileo es de 1663, su rehabilitación está fechada el 31 de octubre de 1992.

    Hereje huele a sotana, gorila, en cambio es laico.

    C) SONORO SILENCIO

    “Life is tedious as a Twice Told Tale” (The Life of King John, Act.III, Es.IV)

    Fue Horatio Bridge el que le propuso a Hawthorne el título de “Twice Told Tales”, para los cuentos que publicó de manera anónima en 1837. Fueron los lectores los que le dieron la espalda a Melville.”Moby Dick”, se publica en Londres en octubre de 1851, un mes después en New York. La crítica fue despiadada; copio algunas extraídas de “Cronología” de “Lejos de Tierra & Otros Poemas”, en la selección de Eric Schierloch:

    “Basura de la peor escuela de literatura chiflada”, critica el Atheneum de Londres. El Post de Boston: “Enfermiza mixtura de novelería y hechos”. El Southern Quarterly Review, después de hablar bien de la ballena “cuando desmpeña el papel principal, el trazado alcanza gran vigor e interés. En todo otro sentido, se trata de una triste mezcolanza tediosa y sombría, o ridícula. Sus delirios y los delirios de algunos personajes secundarios y los delirios del mismo Melville, destinados a la elocuente declamación, conforman un material que justificaría un mandamiento judicial de lunático contra todos los partícipes”

    Entonces se llama a silencio, porque había soñado con fama y dinero y prestigio y en consecuencia “I would prefer not to”, no voy a obedecer, no voy a ejecutar, no voy a escribir, seré un copista, un “scrivener”, no un “writer”, no voy a hablar más, me llamaré a silencio y Bartleby terminará sus días en la Oficina de lad Cartas Muertas, así como yo los acabaré en la Aduana.

    En mis palabras y más allá de todo lo que se ha escrito, escribe y escribirá, leo en el “Bartleby” de Melville, el sonoro “I would prefer not to”, que lejos de ser la actitud de un individuo dolido, es el mejor ejemplo de lo que un artista debe decir ante la crítica: Nada. El novelista no aclara, no explica, tan sólo escribe o no escribe, que a veces; dice mucho más que toda la escritura que ha escrito. Melville, como todo escritor que se precie de tal, sabe que escribió como quiso y de lo que quiso y sabe también que las palabras no son suficientes para decir lo que ha intentado decir. “Más no tengo, el resto has de completarlo tú”, le dice Melville al lector.

    Mi escritura soy YO. El escritor, tan sólo mi EGO.

    D) ESTAMBUL

    Nunca me gustaron los boliches nocturnos, me gusta más el día que bla noche. No cambio un mediodía en una terraza de una casa en Ibiza, tomando un Vega Sicilia, mientras una pierna de cordero gira en un espiedoÑ o en Copacabana, a orillas del lago Titicaca tomando una cerveza a la espera de un pescado frito con vegetales y un arroz siempre pasado y al clima, por estar metido en un local con música a todo volumen, gritos, porro y alcohol.

    Sin embargo estoy en Estambul, que antes fue Constantinopla y antes capital del Imperio Bizantino y estamos bailando en Hidromiel y la estamos pasando muy bien en la parte asiática del país. Es 1981 y hay toque de queda y a las 12 de la noche hay que estar a vresguardo porque quien tiene el poder de turno, ha decidido que así debe ser por la seguridad de la revolución que custodia los valores de la moralidad y las buenas costumbres y todo lo que se ha dicho, dice y se dirá para justificar cualquier cosa, verdaderamente cualquier cosa. Por esas cosas Tupac Amaru fue descuartizado en la plaza central del Cusco, Giordano Bruno y Juan Hus fueron quemados vivos, García Lorca fusilado, Cartago devastado, millones metidos en hornos y gasificados en el centro de Europa en el siglo XX. Así como el mapa no es el territorio; las palabras -se nos dice en el Gorgias- no son las cosas. Me inquieta la distancia que vamos poniendo entre la palabra y los hechos: “descuartizar” es inocua, no expresa la dimensión del horror. Si uno troza un pollo y quiebra las coyunturas que unen las alas y las patas y muslos a la pechuga, uno se acerca más a la comprensión, pero el pollo fue comprado en el supermercado y está congelado. La intención de quien lo troza está puesta en agradar, mediante el adobo con mostaza, miel, cognac, una rama de romero, una cocción lenta para que se deshaga en la boca, acompañado de hongos, grelos y papas a la importancia, para celebrar a personas queridas. Descuartizar a un ser humano, a quien le late el corazón con violencia, que sabe su valor de representación. Que traspira de miedo, que está viendo a sus hijos que lo miran impotentes, que es un rey, es un dios que representa a una cultura y que delante de su gente sometida, vejada en su orgullo, se lo ata por las muñecas y los tobillos a cuatro percherones, se baten tambores, se despliegan estandartes, suena un clarín, se fustiga a los caballos para que con fuerza tiren hasta el desgarro y la separación en cuartos a un hijo de dios, que a su vez es un dios, en nombre de Dios. No será hora de mandar a Dios al carajo. A todos.

    Borges escribe en “El Golem”: “Si como dice el griego en el Cratiloi, el nombre es arquetipo de la cosa, en el nombre de rosa, está la rosa y todo el Nilo, en la palabra Nilo”, sin embargo, descuartizar tiene contundencia sonora pero carece de horror. El lenguaje no alcanza. También dice con insuficiencia la noticia de que Giordano Bruno y Jan Hus ardieron vivos y poco dice “devastado”, de lo sucedido en Cartago, como tampoco “holocausto” habla del padecer de seis millones de individuos, ¿qué expresan “tortura”, “abuso”, sobre la vejación padecida?

    Nietzsche corrige a Platón: “Comes carne, tienes que ser capaz de matar la vaca”. El lenguaje ha envejecido, la civilización ya no dice nada con sus palabras agonizantes que engendran un discurso yermo.

    Alguien había decidido en Estambul que a las 12 de la noche, no se podía estar en Hidromiel y nos trepamos a un Impala color blanco descapotable, de tapizado rojo, conducido vaya uno a saber por quién, y a toda velocidad cruzamos el Bósforo, entramos en Europa y en el momento en que sonaba la sirena y bajaban de una tanqueta varios soldados armados con metralletas para hacer cumplir la orden, trepamos las escaleras del hotel y obedientes nos metimos en la cama.