COCK, BULL & LITTLE HORSE

Un querido amigo que nació en Londres pero vive en Rye, porque necesitaba un lugar más tranquilo para vivir, que adora a la Argentina y está fascinado con Buenos Aires y con quien hablamos todas las semanas me comentó que le parecía extraño que uno de los 48 barrios porteños se llame “Little Horse”. Me preguntó si sabía por qué, y esta fue mi respuesta.

Dear Thomas, es mucho más extraño que ustedes llamen a un tipo de narración “A Cock and Bull Story”, pero empecemos por Caballito (Little Horse), que es el centro geográfico de la ciudad de Buenos Aires. Un país de vacas, tiene en el centro “centro” de su capital a un caballo. La historia es la siguiente y tiene que ver con las pulperías, que de alguna manera han cumplido la función de los “pubs” en tu país. Centro de reunión, de charlas, de crítica política, de literatura o como bien dice León Bouché (1902 -1970) “las pulperías han sido un mojón civilizador”, es en Bouché en quien me baso para responderte. Nos cuenta que en 1820 desde lo que hoy es la Plaza de Mayo, hacia el oeste, que era el campo se salía en interminables viajes hacia el interior del país, era lo que se conocía como Camino Real, luego re bautizado por Rosas Camino de la Federación (todos los autócratas tienden a re bautizar con sus nombres calles, plazas, avenidas y centros culturales, a mí que me encanta meterles el dedo en el culito siempre pensé que a la cloaca central de Buenos Aires, habría que llamarla “KK”). Hoy ese camino al oeste es la Avenida Rivadavia (la más larga del mundo). Parece que entonces una ballenera se estrelló contra las rocas del fondo del Río de la Plata, la desguazaron y un individuo de nombre Galiano que tenía un negocio de compra y venta se llevó gran parte de los restos y al tiempo un italiano Nicola Villa compró maderas , hierros y sogas y con eso construyó una pulperia bien en el campo, y usó el mástil al que deseaba colocarle algo que atrajera la atención de los viajeros. Regresa a Buenos Aires y en la herrería de Monteagudo compra una veleta con un caballo de latón. La coloca en el mástil y de ahí en más cuenta Bouché se la conoció como Pulpería del Caballito, después Almacén del Caballito y así como sin quererlo fundo el barrio de Little Horse. En lo que hoy es la esquina de Rivadavia y Emilio Mitre estaba la pulpería y el “caballito de latón” se exhibe en el Museo de Luján. Como ves amigo, nos encandilan los “grandes hechos de la historia” pero a veces sin quererlo fundás un barrio y otras veces lo más pequeño un caballito de lata, es una pieza de museo. Tanto EGO acumulado y terminamos devorados por bacterias y de ahí polvo y olvido, es decir “We are just Dust and Oblivion”.

En relación a Cock & Bull Story, expresión que se usa para designar una historia absurda e improbable, como si fuera una verdad, está también emparentada con caminos, diligencias y postas, ya no entre Buenos Aires y el interior sino entre Londres y Birmingham, donde los carruajes solían hacer una parada en Stony Stratford, ahí había dos postas (coaching inns) hoy son dos hoteles uno llamado The Cock y el de en frente The Bull, donde los pasajeros bajaban, comían y of course bebían y entonces se les soltaba la lengua e inventaban historias, como hace todo ilustre viajador, de ahí la expresión que los parroquianos, ávidos de noticias, siempre le agregaban un capítulo. Ya que estamos hay una película de Michael Winterbottom del año 2006, que es un homenaje a la estupenda novela de Laurence Sterne (1713 – 1768) “Vida y Opiniones de Tristram Shandy”, que inaugura la novela moderna, precisamente llamada “A Cock and Bull Story”.

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