Lo que vi en Cuba no es lo que me dijeron que Cuba era. Lo que vi en China no es lo que me dijeron que China era. Agosto 2019, muere Toni Morrison a los 88 años, solía decir que Estados Unidos no es lo que le dijeron que Estados Unidos era; lo decía mejor, lo decía así:
“América significa América blanca, todos los demás tenemos que agregar un guión, somos afro-americanos, hispano-americanos, asiático-americanos, indio-americanos”.
Emmanuel Carrere en “El Adversario”, nos cuenta la historia de un falso médico, Jean Claude Romand, que se inventó una vida. Habiendo aprobado poco más que dos años de estudios de medicina, se las arregló para vivir como “médico” y lo peor fue que padres, mujer, hijos, amigos ,”colegas” se lo creyeron. A punto de ser descubierto, mata a sus padres, a su mujer e hijos, a su perro y fracasa en matar a su amante. Salió de prisión en 2019. ¿Cuánto de ficción hay en la vida de cada uno de nosotros? ¿Por qué mentimos? ¿Será por miedo? Es por miedo. ¿Cuánto de ficción hay en mis bitácoras?
Mircea Cartarescu (1956) se pregunta en “Solenoide” ¿Por qué el miedo es la sustancia del mundo en el que vivimos? Más adelante afirma: “La realidad: la invención más fantástica de la mente humana”. Vuelve a afirmar: “Es tan extraño tener un cuerpo, existir en un cuerpo”.
Viajo a Salta a visitar a un amigo a quien el cuerpo le está doliendo; me dice, “la única verdad es el cuerpo”.
Nace un niño, nace un cuerpo.
Al morir se entierra o crema un cuerpo.
Somos por un rato, sólo por un rato, un cuerpo que piensa, es decir un cuerpo espiritual, nos dice Max Stirner (1806-1856), o si se quiere un cuerpo en que se manifiesta el espíritu.
Alta mar, es febrero es 1982, regreso desde Génova en el Federico C. Entre los pasajeros tres monjas católicas de Mendoza. Son muy simpáticas, se las ve felices, acaban de comprar en Italia una máquina de última generación para fabricar ostias. Podrán aumentar la producción y exportar a países vecinos, me informan. Esas ostias después de consagradas serán “el cuerpo de Cristo”.
El mundo que hemos construido es mucho EGO y poco YO. Facebook, el gran espejo. Hemos vuelto a las manadas de caballos salvajes, pero no corren por las vacías estepas de Mongolia, sino por las calles de New York y las abandonadas cortadas de Detroit, por las de Buenos Aires y las oscuras adyacencias del camino negro.
“…y los cientos de voces sin rostro que han escrito en cada página la única palabra que importa: YO”, dice Cartarescu en el capítulo 20 de “Solenoide”; está hablando de Kafka, de los fragmentos póstumos, publicados por Max Brod pero destinados al fuego por voluntad de Franz. Desde ese YO, degradado a EGO, 8 mil millones de seres humanos recorremos, juzgamos, damos testimonio del mundo.
“Los pensamientos vienen con el andar”, dice Friederich Nietzsche, que el día 15 de octubre de 1888, al cumplir 44 años, tomó la decisión de “contarse su vida”, tal vez presagiando (o sabiendo) su derrumbe psíquico emocional que lo dejará postrado hasta su muerte. Es ese momento tan particular, cuando escribe Ecce Homo (He aquí al Hombre), que será leído por algunos como la cumbre de la autobiografía y por otros como el libro de un egocéntrico loco.
Michel de Montaigne, en la nota al lector, que precede sus “Ensayos”, fechada el 1 de marzo de 1580 dice “Quiero que en este escrito me vean con mis maneras sencillas, naturales y ordinarias, sin disimulo ni artificio, pues píntome a mí mismo. Yo mismo soy la materia de mi libro”. Walt Whitman, en “Canto a mi mismo”, exalta a la humanidad libre, la humanidad superior, al superhombre de Nietzsche.
Fernando Pessoa, con su “me soy”, se carga al hombro la filosofía que da la responsabilidad de arrojar el EGO y construir el YO. En la misma línea Max Stirner, dice “yo sólo tengo un cuerpo, y soy alguien. No veo ya en el mundo más que lo que el es para mí; es mío, es mi propiedad. Yo lo refiero todo a mí”, su libro se titula “El único y su propiedad”.
“Nada me interesa, sino yo mismo”, escribe Paul Leauteaud.
Susan Sontag, escribió “YO, etcétera”.
Señalo estos textos para darle un fundamento a estas bitácoras que pretenden ser la antítesis de ese mezquino y canalla EGO que eclipsa al glorioso YO que cada uno tal vez pueda atreverse avser.
Facebook, selfies y ese caricaturesco autorretrato de la nada misma son la antítesis del Yo.
Ese EGO está expresado por ese juglar, goliardo, Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita que en “El Libro del Buen Amor” dice “El mundo trabaja por dos cosas, la primera por su mantenencia y la segunda por “aver juntamiento con fembra placentera”. A lo que John Lennon agregará que al hombre sólo le interesan el dinero, la fama, el sexo.
“Siempre he destestado el orden establecido. Todos esos por los que ocurre la corrupción” nos dice Albert Cossery (Cairo 1913- París 2008) que desde 1945 hasta su muerte vivió en la habitación 58 del modesto hotel La Luisiane, en la Rue Seine. Agregó como para que nos diéramos cuenta: “No poseo nada, soy totalmente libre”.
“Soy alguien que habiendo cumplido 44 años, puedo decir que no se ha esforzado jamás por poseer honores, mujeres, dinero” leemos en “Hecce Homo”.
Viajar y anotar los recorridos son mi intento por despojarme del EGO y construirme un YO, que es lo que creo que los griegos expresaron con “Viajar es indispensable, vivir no lo es”.

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