Expresión prostibularia, grosera y típicamente argentina.
Así calificaría la inauguración del 144 período ordinario de sesiones del Congreso Nacional.
Hay un pequeño libro de Martín Heidegger (1889 – 1976) titulado “Holzwege” que fue traducido al castellano como “Sendas Perdidas”, donde el filósofo declara que “el lenguaje es la casa del ser” y erige al poeta como “el guardián del lenguaje”. La manera en que hablamos es mucho más identificatoria de nosotros que el mero Documento Nacional de Identidad. En el lenguaje que usamos expresamos quienes somos, cual es nuestra educación, a qué clase social pertenecemos. El lenguaje que usamos dice muchas cosas sobre múltiples temas, pero fundamentalmente dice quienes somos. El lenguaje es la manera que tenemos de dirigirnos al otro.
Después de más de 80 años, el peronisto en sus variopintos lenguajes (liderazgo fascista de Perón, populismo resentido de Eva Duarte, secuestros y asesinatos de López Rega, secuestros y asesinatos “revolucionarios” de Montoneros, cretinismo hipócrita cleptocrático de los Kirchner, bebuchadas genocidas de Fernández y un largo cortejo de “luchadores por los oprimidos” que por lo general ha terminado en robo de dineros públicos depositados en paraísos fiscales) ha limado el juicio crítico de generaciones que siguen como rebaño domesticado a su pastor a quien han jurado lealtad.
El liberalismo empodera al individuo independiente para que compita, discuta, trabaje, se asocie, transite y viva con la consigna del “derecho irrestricto del otro a ser diferente”.
Voy a dar un ejemplo muy simple; lo tiene como protagonista al Primer Ministro de la Reina Victoria, Benjamín Disraeli (1804 – 1881). Se encontraba Disraeli discutiendo con vehemencia con un opositor, el que en un momento se violenta, se descontrola y le arroja el contenido de la copa en que bebía al rostro del Primer Ministro, que sin inmutarse saca su pañuelo de seda, se limpia la cara y mirándolo desafiante le dice, “caballero esto ha sido una digresión, espero ahora su argumento”.
El lenguje, al igual que la mesa dan la medida de la cultura de un pueblo. Igualarnos a los que saquearon el país no nos dignifica y transforma al Congreso Nacional en una tribuna de futbol o en un prostíbulo donde ante la queja de un cliente que compara los servicios recibidos con los ofrecidos por el burdel de Madame Laure, la franchuta, desencadena una gritería que finaliza con “y si no te gusta lo que ofrecemos andate a la Concha de la Lora”.
La democracia es hasta ahora la más elevada instancia de la civilización. Lo que yo vi el 1 de marzo fue de gallinero o de prostíbulo. Y para los que argumentan que a los peronistas hay que hablarles como lo hizo el Presidente Milei, ya que es el único lenguaje que comprenden, les retruco con: confiscación de lo robado ya.

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