LUZ DE OTOÑO

No es sólo la luz, también es el sonido, la intensidad del sol, los colores, una brisa que no soplaba ayer, ni el día anterior, la cantidad de hojas que dejaron desnudo el árbol para abrigar las veredas y los adoquines. El movimiento urbano también es diferente; han comenzado las clases, ha terminado el verano. Las calles se han poblado de escolares, de voces, de gritos, de risas y de abrazos.

Me pregunto, de tanto en tanto si poodría vivir en espacios sin variaciones estacionales; no sé, regiones heladas, o zonas desérticas, ciudades tropicales, supongo que me resultaría difícil. Es curioso, como individuo siempre me costó vencer la inercia, me han molestado los cambios, y sin embargo gozo con vivir en una ciudad donde cada tres meses cambia el decorado natural. Es verdad que si el cambio se repite en verano, otoño, invierno, primavera, termina siendo rutina. Los viajes siempre me permitieron el ejercicio de entrar en culturas diferentes, en climas extremos: los 56 grados centígrados de Jalgaon, en India, y los -12 en la tundra de Mongolia fueron ejemplos extremos de someterme a esos cambios.

Creo haberlo comentado, en este blog; salgo todas las mañanas alrededor de las 6 a andar en bicicleta por la orilla del río entre San Isidro y Olivos, es un circuito de 10 km y tardo en recorrerlo entre 45 minutos y una hora. En esa rutina que sólo se suspende por frío intenso o lluvia, me encuentro con otros que corren, o caminan, o andan en bici o pasean el perro. Sé, muchas veces que estoy retrasado porque me crucé con la señora de buzo amarillo no en la esquina habitual, sino llegando al río, otras me digo, se habrá ido de vacaciones hace dos semanas que no lo veo. Con algunos cruzamos un saludo, alguna que otra palabra. Algunos, llegado el invierno, demoran las salidas o simplemente harán pilates o flexiones, en sus casas.

Entre los habituales hay un señor mayor, que camina con cierta dificultad, en los últimos tiempos lo vi apoyándose en un bastón, siempre acompañado de Sammy, un Setter inglés. Hace varias semanas que no me lo cruzaba. Hoy al regresar para casa, sacaban un ataúd del edificio en donde vive, lo subieron a uno de esos coches grises, había autos alrededor. El aullido de Sammy, lo decía todo.

El otoño no sólo deja pelados a los árboles, ni ilumina mi biblioteca de manera diferente, ni demora el amanecer, ni acorta las tardes, también, ha dejado a Sammy sin su amigo. No sólo nosotros lloramos, para tenerlo en cuenta.

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