Leo un pensamiento de Emil Cioran (1911-1995) “Estoy persuadido de no ser nada en el universo y sin embargo siento que mi existencia es la única real”.
Leo que hay en física una teoría llamada la “conjetura Maldacena”, que es la teoría de las cuerdas, una suerte de puente entre la relatividad general y la mecánica cuántica. Parecería que el objeto que fundamenta la existencia del universo es una cuerda microscópica, aún más diminuta que el quark, que el protón y mucho más aún que el átomo. No sé cómo entre la insignificancia de uno en el universo y la cuerda como un puente, lo cierto es que asocié esto a la experiencia que tuve un día de enero de 1980 que con el Renault 4 llegué al Pont du Gard y el hecho que ese acueducto hubiera sido construido antes de la era cristiana me ‘insignificó’ espacio temporalmente. Sí, fue la insignificancia, ya no la mía , de la que soy consciente desde hace mucho, sino la de la humanidad como entidad.
¿Quién es el único que sabe todo de uno mismo, sino uno mismo y nadie más que uno mismo? Esta mismísima mismidad rige para todos y cada uno de nosotros: “mi existencia es la única real” dice Cioran.
Esto de ser un átomo, es más un protón, aún más un quark y con toda probabilidad una cuerda en el misterioso e infinito universo es lo que nos hace casi con desesperación unirnos, juntarnos, amarnos, crear dioses que nos den sentido.
¿Qué hacía yo deslumbrado en enero de 1980 en Remoulins, en el departamento del Gard? Lo mismo que hace el más poderoso y rico monarca y la ascensorista de la estación Covent Garden, el Papa y David Foster Wallace ese día de septiembre de 2008, cuando pateó la silla que lo sostenía a la vida, y otra cuerda lo acabó; buscar desesperadamente una explicación que no se encontrará jamás, porque después de la teoría de las cuerdas habrá algo más, así como para mí siempre habrá otro país y otro libro a descubrir, que tampoco me dejará satisfecho. Entonces, un día, por cualquier motivo y circunstancia cansados de buscar en vano, aceptaremos que las reglas del juego no nos agradan y encontraremos un motivo cualquiera para abrir la puerta y partir.

Deja un comentario