RELATIVIDAD DEL TIEMPO

Muchas veces me pregunto ¿qué habré hecho el 14 de mayo de 1997, o el 2 de agosto de 2001? Salvo que hubiese ocurrido algo trascendente, son fechas que significan nada, por más que en su momento hubieran tenido la fuerza que tiene esta pisada que acabo de dar. Es el espacio (la geografía) en donde se desarrolla la vida. El tiempo, su medición (la historia) es tan sólo uno más de los adjetivos del EGO: antes y después de Cristo, el Soviet, New Deal, Feliz Navidad, gobierno peronista, Happy Birthday to you.

Evoco con claridad esa primera noche con Karen en Machu Picchu, recuerdo vivamente mis seis meses en India, mis dos años en Londres, mis dos años en la Provence, pero ese miercoles 5 de agosto, es como si no hubiese existido.

En tiempos de Roma, se lo contaba “Ab Urbe Conditia”, es decir desde la fundación de la ciudad capital del Imperio. El Emperador Marco Aurelio (121-180), en el Libro II, 14 de sus “Meditaciones”, nos dice “Aunque debieras vivir tres mil años y otras tantas veces diez mil, no obstante recuerda que nadie pierde otra vida que la que vive, ni vive otra que la que pierde”. Lo único que poseemos es el presente, afirma sereno el Emperador. “Luego, ni el pasado ni el futuro se podrían perder, porque lo que no se tiene ¿cómo nos lo podría arrebatar alguien?”. Desde el siglo III, Eusebio de Cesarea, da por tierra con la concepción cíclica del tiempo: será desde entonces una línea recta, de supuesto progreso; desde un orígen primitivo y difuso que requiere de un creador ex nihilo, poderoso, inapelable y sobre todo invisible. A partir del año 525, Dionisio el Exiguo (475-544), monje, astrónomo y matemático recibe del Papa Juan I, el encargo de señalar la fecha del nacimiento de Cristo. La sitúa 283 años después de Diocleciano (244-311), quien fuera Emperador de Roma entre 284 y 305 y el mayor genocida de cristianos.

En el siglo VIII (731) Beda, el Venerable (672-735) en su Eclesiastica Gentis Anglorum (Historia Eclesiástica del pueblo Inglés), con total convicción, marca los tiempos como AC-DC. Carlomagno en el 800 impone esta datación en su imperio. Desde 1582 nos rige el calendario Gregoriano (Papa Gregorio XII) que sustituyó al Juliano, que regía desde Julio César, quien había impuesto el 1 de enero como inicio de cada año haciéndolo coincidir con la asunción de los cónsules.

La medición del tiempo es el monumento al EGO: el poder, es ponerle el sello personal a toda una época.

Vislumbro como posible que a partir del 2050 tengamos un calendario chino rigiéndonos y pasemos a vivir en el año 4748; a menos que a partir del Corona Virus comencemos a reconocernos como viviendo AC-DC, siendo 2020, el año I, que también tiene cierto tufillo chinesco.

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