A pesar de “El Otro” de 1964 y del otro “El Otro” de 1975.
A pesar de “Borges (el otro) y yo”.
A pesar de los otros: los Borges, los Acevedo, madre, padre, Norah, Bioy Casáres, Silvina Ocampo.
A pesar “de que no hay en la tierra un ser humano capaz de declarar quien es, con certidumbre” (y de que) “nadie sabe que ha venido a hacer a este mundo”.
A pesar “de ser más raro ser el hombre que entrelaza palabras en el cuarto de una casa” y de confesar “ser el que es nadie, el que no fue la espada en la guerra y de ser olvido y nada”.
A pesar que vos “de niño temías que el espejo te mostrara otra cara y que ahora de viejo temés mostrar el verdadero rostro, el que ve Dios y acaso ven los otros”.
A pesar de quejarte de que “el espejo multiplica el mundo incierto” y de que “en una esquina de la calle Perú, Julio César Dabove te dijo que el peor pecado que puede cometer un hombre es engendrar un hijo y sentenciarlo a esta vida espantosa”.
A pesar “de que en su cenáculo de la calle Victoria, el escritor -llamémosle así- Alberto Hidalgo señaló mi costumbre de escribir la misma página dos veces, con variaciones mínimas. Lamento haberle contestado que él era no menos binario, salvo que en su caso particular la versión primera era de otro…. La observación de Hidalgo era justa”.
A pesar “de empuñar con firmeza el cuchillo, que con seguridad no sabés manejar, pero igual salís a la llanura”.
A pesar de que vemos todas las cosas al revés.
A pesar de tu fingido “temor de que te declaremos un impostor o un chapucero o una singular mezcla de ambos”.
A pesar de que digas “yo lamentablemente soy Borges”, dejate de mirar en el espejo, asomate a la ventana y te vas a sorprender “con el descubrimiento de que una emoción colectiva puede no ser innoble” ya que el mundo no para de aplaudirte.

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