Mi amigo DF que vive diez meses en Miami y dos meses aquí en la patria, que es también la suya, me envió el domingo pasado un WhatsApp con la voz de Julio Sosa cantando “Por qué canto así”, letra de Celedonio Flores, música de José Razzano del año 1929 y luego “Cuesta Abajo” de Alfredo Le Pera, cuyo nombre he utilizado para este artículo. A DF le gusta el tango, a mí, salvo alguna excepción, me disgusta. Quiero explicarme, porque creo que el tango es un producto absolutamente argentino. No me gustan las letras del tango que por lo general apelan a la nostalgia, la melancolía, la frustración, el fracaso, el resentimiento, el olvido, el abandono, la soledad, la venganza, la pobreza, el odio, la muerte, la pobre madrecita querida, la novia que se fue con otro; hace uso abusivo de los diminutivos y todo es de una emoción que termina en llanto, y esto además se CANTA y peor aún se BAILA. ¡Cómo se hace para cantar y bailar todo el dolor del mundo!
Me ha pasado que en conversaciones casuales, digamos con el pasajero que está compartiendo la fila en el avión, al ver nuestro pasaporte, exclama “¡argentino!” y a continuación un raconto que sigue más o menos esta secuencia “tango, Messi, Maradona, carne, Malbec” y de ser el pasajero interesante y agradable, entre película y pasta o pollo uno habla de Borges, Cortázar, Marta Argerich, el Teatro Colón, las Cataratas de Iguazú, la Patagonia, las vacas, las estancias, Perón, los restaurantes, de por qué se usa una jarra de pingüino para servir vino, la inflación, ¿Pero qué les pasó?
Aquí es donde debo decir cosas que me duelen porque yo también formo parte del problema: de todos los tópicos nombrados, creo que el tango es esencialmente argentino, es el reflejo perfecto de la argentinidad, y si me disgusta y me da vergüenza al igual que el peronismo, ¿es que la Argentina me da vergüenza?, ¿es decir que me avergüezo de mí mismo?
Me molesta la queja, la bronca, la tristeza, la amargura, el resentimiento, me molesta la nostalgia de un pasado que ya no existe y esto último se debe a que tengo una memoria “de elefante” como suele decirse: sin esfuerzo recuerdo personas , hechos y hasta mínimos detalles muy vivamente; algo de esto he expresado en “Sapere Aude” “Wakefield tiene futuro por tener pasado, cosa que no le sucede, no le puede suceder a Bartleby ya que carece de pasado y ello le impide funcionar hacia adelante”
Los 27 versos que contienen la letra de “Por qué canto así” dos veces aparece el término “pobre”, dos veces “pobreza” y un tren de “rezongo, inclemencia, llorar, odio, tristeza, amargura, llanto, hambre, engaño, árbol sin flor, perro sin dueño, odios, desangro, no me han querido, triste” y por todo esto canto así y los demás bailan.
Soy conciente de que la década del 30, fue un período de depresión económica mundial, de brutales cambios sociales, de migraciones, de tiempo entre guerras, pero “Cuesta Abajo”, “Arrabal Amargo”, “Soledad”, “Amargura”, “Mi Buenos Aires Querido”, todos tangos de Alfredo Le Pera !900-1935) muerto en el accidente aereo en Colombia junto a su socio amigo e imágen emblemática del tango: Carlos Gardel; no es indicativo de algo más profundo, no es casi una enfermedad en donde la victimización empieza a ser una identidad. No es acaso toda la historia y la economía argentina un tango continuado donde no se soluciona lo negativo, sino que se lo canta y baila, y hasta puede ser un buen negocio, dejar todo como es: cambia el cantor, la canción es la misma. Creo que eso nos pasó, eso es lo que nos pasa.

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