EL CAMINO QUE HACIA ARRIBA Y HACIA ABAJO ES UNO Y EL MISMO, Y EN EL QUE EN UN RECODO SE ENCUENTRAN HERÁCLITO, EL DE ÉFESOS Y BANKSY EL DE BRISTOL, QUE SE ABRAZAN, Y SE SUJETAN A UNA CUERDA QUE EN EL EXTREMO SUPERIOR TIENE UN GLOBO ROJO CON HELIO QUE AL SOLTARSE DE LAS AMARRAS LOS ELEVA HASTA QUE SE PIERDEN EN EL INFINITO

Debe haber sido en una librería de Londres ¿Foyle’s o Liberty? donde por primera vez, en enero de 2019, vi una ilustración de Banksy que resultó ser “Flower Thrower”, me agradó y pensé en un piquete callejero porteño donde cientos de manifestantes arrojasen a los policías, coloridos ramos de flores. No sucedió, pero comencé a entusiasmarme con el oculto artista de Bristol. Vi su obra en libros, estudié su biografía. “Girl with Balloon”, me hizo acordar a la película “El Globo Rojo”(1956) que siempre daban en los cines de la calle Corrientes con “Crin Blanca”(1953), mediometrajes de Albert Lamorisse (1922-1970), las debo haber visto 3 ó 4 veces en los 70. Cuando leí que Banksy había nacido en Bristol en 1974 y que su muestra “Dismaland” se llevó a cabo en Weston-super-Mare donde de acuerdo a mi bitácora número uno estuve el 7 de mayo de 1978 y me pareció un lugar espantoso al que jamás quise regresar, pero me gusta pensar que ese chico que pateó una pelota en el proletario barrio de Barton Hill y que golpeó el parabrisas de nuestro auto y que lejos de molestarme hizo que yo frenara, me bajase, jugara un rato con ella y se la entregara con una reverencia y se rió agradecido y su madre se disculpó, pudiera haber sido él, ¡qué joder! era Robbie Banks o Robin Gunningham, o como quiera que se llame Banksy.

Leo en “Heráclito” de Martín Heidegger que de los relatos que sobre el sabio de Éfesos (540-480) se narran, se dice que rondan la zona que se designa como “contienda” que no es más que el concepto de “antagonismo”, en el que con comodidad se mueve Banksy, y que; vuelve a decir Heidegger; ante el estupor que les causa a los efesios ver a Heráclito calentándose frente al horno donde se cuece el pan y luego jugando a los dados con los niños, cosa que a los efesios los horroriza, Heráclito exclama “Vosotros canallas ¿qué os sorprende? ¿No es preferible hacer eso que cuidar de la polis?” es similar a la afirmación de Banksy “El arte es una broma” y activa, en la colmada sala de Sotheby’s, el mecanismo que a control remoto desliza “Girl with Balloon”, que termina en parte desfribilado por la trituradora de papel, escondida en el ampuloso marco que la contiene, cuando acaba de ser subastado por la suma de 1.400.000 libras y que lejos de espantar a la compradora, se lo lleva sin protestar y la obra aumenta su valor siendo la trirturadora “a la que el capitalismo avanzado confía siempre sus secretos” cuando ya es demasiado tarde para esconderlos y me recuerda a aquella afirmación de Picasso de que los malos artistas imitan y que los grandes artistas roban, frase que Banksy coloca en una piedra en la muestra en Los Ángeles en 2007 titulada “Barely Legal” y donde tacha la firma de su autor y estampa la suya como para que nos demos cuenta, que efectivamente el arte, al igual que la vida, es una broma, aunque esta última de final vergonsozo.

Banksy se oculta, Heráclito el oscuro, deja el poder de la polis para dedicarse a pensar, Salinger huye de las fotografías y amuralla su residencia, de Pynchon se conoce una foto cuando era marinero y otra reciente, tomada por un periodista al que Pynchon elude. Pero es verdad no hay nada más presente que quien se esconde.

Y entonces sucedió algo. Un aviso fúnebre testimonia el fallecimiento de una persona que no ha sido mi amigo pero que conozco y es muy amigo de queridos amigos y provocó que yo enviara mensajes a tres de ellos y entre los cuatro tejimos un laberinto de hechos y conexiones y al rato, como todos los sábados llama Nelly desde Londres y Katherine Mansfield y Virginia Woolf y Cormac Mc Carthy y Colum Mc Cann y la cita de Alaksandar Hemon, que dice “Todas las vidas que podríamos vivir, todas las personas a las que jamás conoceremos, que jamás seremos, están por todas partes. En eso consiste el mundo”, que sintetiza algo que no sé cómo expresar pero que se sostiene en el deseo de encontrar un algoritmo que nos permita saber y no sólo creer, que al final todo puede llegar a explicarse y así como el físico Ewin Schrödinger (1887-1961) da el ejemplo del gato y la caja, donde según la teoría cuántica un gato encerrado en una caja con un veneno mortal; hasta que la caja no sea abierta, explica Schrödinger, el gato está vivo y muerto; que no es otra cosa que sostener lo que Bansky dice al final del excelente libro de Stefano Antonelli y Gianluca Marziani: “Siempre hay esperanza” (de encontrar al gato vivo, de que Dios exista, de que todo tenga un sentido), yo en cambio creo que el gato está muerto, es más sospecho que el científico escuchó la agonía del gato, pero siguió apretando con la secretaria.

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