¿Qué problema tenes conmigo man? O debería llamarte God como cuando Keynes se encontró con vos en el tren Londres Cambridge y le escribió una carta a Lidia Lopokova el 18 de enero de 1929 donde le decía “Bueno Dios ha llegado. Le encontré en el tren de las 5.15”.
Me guío por lo que decís en “Cultura y Valor” donde has tenido la deferencia de dedicarme varios párrafos. Comenzás a hablar de mí en el último que anotaste en el año 1949, y ahora que lo escribo me da cierto vértigo, ya que hace 410 años que dejé de estar en mi querida Londres, cuando la ciudad tenía alrededor de 300.000 habitantes y toda la nación unos 3.000.000; pero vamos al grano; gracias por decir en tan pocas líneas que soy “grande”, aunque no lo decís demasiado convencido ya que escribiste “Y si Shakespeare es grande, como se dice de él” o que de serlo ello sólo es válido en tanto soy creador de dramas que generan su propio lenguaje, que es el de lo irreal, el lenguaje de los sueños. Esto en el párrafo numerado como 479. ¡Dios cómo ha cambiado el idioma inglés en estos años!
Al año siguiente (1950) sigo siendo motivo de tú atención, ya que en el parágrafo 481, decís que soy único e incomparable con cualquier otro escritor, pero insistís en que más que escritor soy un creador de lenguaje. Mis creaciones de personajes gozan de tú aprecio, decís que los retrato bien y en ese sentido son verdaderos, pero no verdaderos según la naturaleza. Me adjudicás una mano diestra pero un pobre corazón, no me acerco ni ahí al gran corazón de Beethoven; tan diestra es mi mano, que he sido “capaz de crear nuevas formas naturales del lenguaje” al punto que podría decir de mí mismo, “que canto como los pájaros”. En el parágrafo 483 me considerás incapaz de reflexionar sobre la suerte del poeta y pensás que no podría considerarme un profeta o un maestro de la humanidad. Te aclaro que nunca pretendí ni trabajé para semejante cosa; ahora comprendo mejor a Keynes cuando dijo que Dios había regresado a Cambridge. Concluís diciendo que lo que los otros admiran de mí es el hecho de haberse encontrado con un fenómeno y no con un gran hombre. Me desilusionás cuando decís que para gozar de un escritor es necesario gustar de la cultura a la que el escritor pertenece. Desde aquí he podido enterarme de la literatura de Tolstoi, a quien me parece que también admirás y mismo de la de Dostoievsky y yo no amo, ni me agrada la cultura rusa y me parece que vos tampoco. También desde aquí me acerqué a Borges, que supo amarme y la cultura argentina tan de caudillos y capangas, tristes tangos y populismos no me termina de convencer como británico que soy. En el párrafo 486 decís no poder entenderme ya que que querés encontrar la simetría en la asimetría total y mis obras te parecen esbozos y no pinturas, como si las hubiera borroneado. Comprendés, sin embargo, que a mi arte se lo llame supremo, pero no te gusta; lo cual es muy respetable, pero que haya individuos que me admiren de la manera que se admira a Beethoven, eso te resulta inmcomprensible.
Nada decís en las entradas del año 1951 y al rato te moriste como yo en 1616. Te voy a comentar L. Witt que yo tuve algo íntimo con el Conde de Southampton, como también lo tuve con varias mujeres, pero eso no fue un problema para mí, creo que vos te hubieras enamorado de mi querido Henry Wriothesly (1573 – 1624), yo le dediqué “Venus y Adonis” en 1593 y “El rapto de Lucrecia” al año siguiente, y si lees con atención el soneto número 20, vas a poder entender. Sé que te gustaba ir al cine a ver westerns, esas historias de vaqueros de nuestras colonias del nuevo mundo, esos solitarios pioneros que el teatro en movimiento (the movies) transformó en mensajeros del puritanismo donde el héroe es el bueno y el otro el malo y donde siempre triunfa el bien; y es tal vez eso lo que te gustaba, porque creo que siempre fuiste un moralista como bien dice Clement Rosset de vos. Yo en cambio, más bien creo que a la larga siempre triunfa el mal, creo que cada uno de nosotros lleva dentro de sí el infierno y eso es lo que he tratado de mostrar con la creación de mis tipos, con mi invención de un lenguaje, ahora el que no me veas como escritor, bueno de qué otra manera llamar a un individuo que con tintas pringosas y una pluma de ganso (no con tus estilográficas y menos aún máquinas de escribir) ha escrito los casi 4000 versos que componen Hamlet, o cómo llamar a quien escribió “Rey Lear”, “Macbeth” y “Marco Antonio y Cleopatra” en tan sólo 14 meses (1606/07), en fin 27 obras de teatro entre 1592 y 1602 y en una época en que había que trabajar con sumo cuidado para no andar ofendiendo a uno u otro ya que te jugabas la vida, acordate de la muerte de Christopher Marlowe, las torturas que padeció Thomas Kyd, la cárcel que tuvo que soportar Ben Johnson. En cuanto a que mis trabajos sean esbozos o elementos borroneados, qué decir, entonces de tu “Sobre la Certeza”, que sé que nunca pudiste corregir, y qué de tus “Zettel”, que según mis pobres conocimientos de alemán sería algo así como “Papeletas”. Recuerdo haber leído en tus “Movimientos del Pensar”: “Mis escritos son con frecuencia un balbuceo”, es el aforismo número 100 y son tus palabras. Por último querido L. Witt, te vuelvo a citar, del mismo trabajo aforismo 79 “Lo que fue volverá a ser” y debo confesarte que a veces me veo en vos.
Hay un argentino, Jorge Luis Borges, se llama (1899 – 1986) al que un tal Alejo Santos llama el “Shakespeare argentino”, el ya mencionado Rosset y Harold Bloom que me defienden sin peros. Ese Borges, que fue además de muy agudo, muy irónico sostuvo que además de muchas cosas Hamlet fue siempre un sueño mio. Termino y me despido con unas bellas palabras del escritor norteamericano James Salter (1925 – 2015) “THERE COMES A TIME WHEN YOU REALIZE THAT EVERYTHING IS A DREAM AND ONLY THOSE THINGS PRESERVED IN WRITING HAVE ANY POSSIBILITY OF BEING REAL”. Entonces WTF?

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