Leo filosofía, me da placer, recuerdo lo que dice Platón en La República VII. 523 b – 525 b, “Hay dos tipos de cosas en el mundo: las que mantienen inactivo al pensamiento, o le dan únicamente el pretexto de una aparente actividad y las que hacen pensar”. Las primeras son aquellas que nos hacen decir esto es un dedo, una manzana, una casa. Las otras ya no se refieren a objetos reconocibles, sino cosas que incitan, signos que conducen hacia o que agreden, o al menos perturban; Platón obviamente dice “signos re-encontrados”. Pensar es pues, interpretar, es traducir. Me gusta eso, me da placer el tratar de entender.
Tengo mi propia filosofía; es simple ¿qué hacer en este tiempo de 100 años, con el que en el mejor de los casos, contamos? Disfrutar sin molestar ni agredir a nadie ni a nada de lo que existe en la naturaleza, viajar, conocer todas las realidades posibles y leer, ver como han pensado los que nos precedieron.
Admiro a los filósofos, siempre me pareció que si te gusta el estudio, la filosofía, es de todas las disciplinas, la superior, por su rigor, por su búsqueda continua, porque no te invita a hacer plata, ni a buscar un lugar de poder en la polis, porque no es destructiva de la pregunta fundamental ¿qué estamos haciendo aquí? Los filósofos que leo y releo son por orden de aparición en el mundo:
- Heráclito, el de Éfesos, unos 500 años antes de la era cristiana.
- Arthur Schopenhauer (1788 – 1860).
- Friedrich Nietzsche (1844 – 1900)
- Walter Benjamin (1892 – 1940)
- Ludwig Wittgenstein (1889 – 1951)
- Peter Sloterdijk (1947)
- Pascal Quignard. (1948)
En sucesivas entregas les iré contando por qué los leo, por más que a veces discrepo con aspectos de sus opiniones, pero me parecen personas que han pensado y hacen pensar.
- A Heráclito lo aprecio por el amor que siento por el río, en mi caso por el Río de la Plata, al que voy todos los días, y si bien es cierto que no es el río de montaña donde no nos bañamos dos veces en el mismo, debido a lo correntoso de su caudal; el Río de la Plata que parece, o le pareció a Solís “un mar dulce”, es a veces un plácido lago suizo, otras un mar embravecido, a veces un tenue oleaje, otras cuando huye al Uruguay nos deja un inmenso vacío barroso. Heráclito me deslumbró por haber observado, meditado y anotado que la realidad es dialéctica. Dialéctica es el cambio entre contrarios. Me gusta su forma de pensar expresada en fragmentos. Me gusta por su desprecio de lo material, habiendo sido basileus (jefe de la tribu) abandona los símbolos del poder y parte a la montaña donde vive de manera muy humilde. Me encanta su inocencia que es su libertad. Su fragmentario pensamiento nos ha llegado a través de los autores que lo han citado y por los que lo conocemos. Han sido ordenados y suman 129, más algunos otros considerados falsos o dudosos, les copio algunos como para tentarlos a estudiarlo: el número 48, “El arco (bios), tiene nombre de vida pero obra de muerte”, que es una magnífica síntesis de lo que es la dialéctica. 54, “La armonía oculta es superior a la manifiesta”. 60, “El camino hacia arriba y hacia abajo es uno solo y el mismo”. 70, “Las opiniones de los hombres son juegos de niños”. 101, “Me he investigado a mi mismo”. 113,”Común a todos es la inteligencia”. 116, “A todos los hombres les está concedido conocerse a sí mismos y ser sabios”. El placer de leer, pensar y acordar o discrepar con alguien que estuvo aquí hace 2500 años me parece tan maravilloso como bañarse desnudo en Colva Beach, Goa en noche de luna llena, comer en Burj Al Arab frente a una enorme pecera en donde se pavonea un tiburón o descorrer la frazada y meterte en la cama mirando como nieva desde una habitación de The Mermaid Inn, en Rye que data de 1420.
- A Arthur Schopenhauer, lo admiro por su fuerza, por su constancia, porque habiendo compartido la misma Universidad que Hegel, la cátedra de éste último era multitudinaria y en sus clases no había más que dos o tres estudiantes. Gozo cada vez que leo “El Mundo como Voluntad y Representaciíon”, en cuyo prólogo a la primera edición de 1819 dice: “El único sistema filosófico cuyo conocimiento es imprescindible para comprender mi obra es, pues, la filosofía de Kant. Más todavía es mejor preparación el conocimiento de la filosofía platónica. Y si a más de esto, el lector estuviera iniciado en la sabiduría de los Vedas, cuyo secreto nos han revelado los Uspanischadas, estaría perfectamente capacitado para entender cuanto he de decirle”. Es tal vez aún más interesante leer el Prólogo a la segunda edición de 1844: “Ya en el prólogo de mi primera edición declaré, y lo repito aquí, que mi filosofía procede de la kantiana…” y un poco más adelante hace una furibunda crítica a Hegel, “Pero, ¿cómo podrían ser capaces de penetrar el profundo sentido de las investigaciones de Kant los que ya en su juventud han sido perturbados por los abusos de Hegel? Se han habituado a tomar los más vacíos juegos de palabras por filosofía, los más pobres sofismas por pensamientos ingeniosos y las más insulsas extravagancias por dialéctica, y sus cerebros han sido desorganizados por la asimilación de endiablados juegos de palabras en las cuales en vano se materializa el espíritu por descubrir un sentido…” Y al final una dura crítica a los profesores de filosofía que quieren vivir de ella y no para ella y hacerla crecer. Me gusta Schopenhauer porque gozo enormemente sus “Parerga y Paralipómena” siendo Parerga: opúsculos, cosa accesoria o apéndice y Paralipómena: apéndices o suplementos es decir Aforismos, o lo dejado a un lado u omitido, donde hay temas excelentes y otros deplorables. Creo que para los que recién se inicien en el estudio de la filosofía sus “Fragmentos sobre la Historia de la Filosofía” son una recomendable introducción a la misma, va desde los presocráticos hasta Kant y observaciones sobre su propio filosofar y sobre la filosofía de la Universidad. En cambio, y aquí tengo mi mayor repulsa, es en sus “Escritos Menores”, en el capítulo 27 “Sobre las Mujeres”, me resulta deplorable. Lejos estoy de querer hacerme el psicólogo; para eso existen los profesionales; pero no veo otra razón más que el malestar que profesó por su madre con quien rompe relaciones en 1814 porque los aforismos de este capítulo que van desde el número 362 al 371 son de un desprecio, de una ignorancia y de un machismo que degrada su excelente manera de pensar. Tan sólo voy a citar algunos ya que pegan duro, mal y me duelen: el 362 cita a Schiller y a Byron donde se exalta lo biológico de la mujer a dar vida, y concluye que ese es el “punto de vista correcto en relación con el valor de las mujeres”. 363, “Ya la vista de la figura femenina enseña que la mujer no está destinada a grandes trabajos intelectuales ni corporales.” 364, “Las mujeres son aptas como cuidadoras y educadoras de nuestra primera niñez precisamente porque ellas mismas son infantiles, necias y poco perspicaces; en suma son niñas grandes durante toda su vida”. Agrega luego que las mujeres son teatrales, manejan el arte del disimulo. 367, “Dado que en el fondo las mujeres existen exclusivamente para la propagación de la especie y su misión se agota en eso, viven más en la especie que en los individuos…” 369,”Sólo el intelecto masculino ofuscado por el impulso sexual podía llamar bello a un sexo de baja estatura, hombros estrechos, anchas caderas y piernas cortas: en aquel impulso se encuentra toda su belleza”. 371,”En el Indostán ninguna mujer es jamás independiente sino que todas están bajo la vigilancia del padre, del esposo, del hermano o del hijo…El hecho de que las viudas se quemen junto con el cadáver del marido, es por supuesto, indignante, pero también es indignante, que el patrimonio que el marido adquirió…se lo gasten después con sus galanes”. DEPLORABLE TODO. Schopenhauer fue soltero toda su vida, yo también, pero fue mi madre quien me enseñó mis primeras lecciones de filosofía, tuve maestras y profesoras brillantes y fueron excelentes profesionales y mis amores con la mayoría de las mujeres que estuve me enseñaron a ver el mundo desde otro ángulo distinto al mío; la verdad es que me cuesta creer que las mujeres del siglo XIX fueran tan diferentes a las que he conocido y conozco, mi hermana y mis tres sobrinas han parido, criado y educado a sus hijos y todas han estudiado carreras universitarias y trabajan y tienen actitudes que agregan valores a la vida. Honestamente estos aforismos son más propios de un vestuario masculino donde después del partido se hacen comentarios de este tipo, que de un brillante pensador como fue Arthur Schopenhauer; en fin, doloroso, pero lo seguiré leyendo y parafraseando a Aristóteles diré “Amo a Platón, pero más amo a la verdad”. Bueno, basta por hoy, seguiremos mañana con Nietzsche.

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