Autor: alejandrofrango.com

  • ISLAS FALKINAS

    Ros Road, Port Stanley, invierno 2017. Camino en el octavo día de mi estadía en las islas por la costanera, despidiéndome de este fin del mundo. La tormenta ha hecho que tengamos que despegar con 24 horas de retraso. Paso frente a la Falkland Island Co., vuelvo a la costanera y entro en el cementerio, leo nombres y años en las lápidas: 1849, 1852, 1866, 1887 y así hasta uno fallecido en enero de este año. Regreso por el mismo camino, miro hacia el Waterfront Hotel, donde me alojo, vecino al Penguin Shop, la Catedral Anglicana, que por supuesto es la más austral del mundo, entro luego en St. Mary que es Protocatedral Católica y cuyo nombre oficial en latín es “Apostolica Praefectura de Insulis Falkland seu Malvinis”, lo cual me parece una obra maestra de equilibrio diplomático, es decir es la Prefectura Apostólica de las islas Falkland o Malvinas; aunque desde el punto de vista filosófico es una traición a la tan cacareada teoría aristotélico-tomista de que es necesario que toda cosa ‘sea o no sea’ y una adscripción a la teoría de Leibniz que en “Elementos del Derecho Natural” distingue las formas de la modalidad como: a) lo posible, b) lo imposible, c) lo necesario y d) lo CONTINGENTE es decir ‘que puede ser o no ser’, casi Poncio Pilatos, y que decida el pueblo.

    En mi caminata paso la casa del Gobernador: entro en Pioneer Row, visito por tercera vez el museo. Almuerzo, leo; tomo el té, leo; como a la noche, leo; duermo, sueño que leo. El domingo parto.

    Aterricé en Malvinas, recorrí las Falklands, despegué de Falkinas.

    Llegué a las islas desde una cultura, partí de las mismas con una experiencia. Vi un aburrido, primitivo y no muy lindo village inglés del siglo XIX con muchos Land Rovers que van y vienen. Curiosamente, cada vez que cuento mis viajes, ellos suelen despertar entusiasmo, ganas de viajar, interés y hasta cierta admiración, lo que muchos llaman “sana envidia”, algo así como “amoroso odio visceral”; la verdad es que la creatividad nacional no tiene límites y de ser nacional y popular es imbatible: ya lo dije, nunca nadie me interrumpió con un grito de “vive de Gaulle, merde”. Lo cierto es que gente entre 20 y 80 años, estudiantes de gastronomía y de derecho, abogados conservadores, arquitectos del PC, anglo-argentinos, amas de casa católicas, cajeros de supermercados, empleados de estaciones de servicio, canillitas, jueces, ex fiscales, un rabino, ingenieros, libreros, kiosqueros, un ex combatiente, almacenero musulmán, parrillero, panadero, bar tender, estudiantes de la carrera de Relaciones Públicas de quienes yo era el profesor, escribano, mi dentista, portero de edificio, radicales, peronistas, un diplomático retirado, vecinos, parientes, amigos; todos expresaron: “¡Qué ganas!, vos sos raro, ni loco voy, con lo que nos costó, guita tirada al fuego, ¿te querías suicidar?, no sé cómo pudiste, qué raye tendrías, no voy ni con todos los gastos pagos, ¿pudiste caminar sin problemas? Yo no llevo pasaporte a un lugar que es la Argentina, no te molestaba, me irrita, me da bronca ¿Qué? ¿Por qué? Con excepción de tres personas que preguntaron de la misma manera que preguntan cuando uno en una comida dice “acabo de venir de Alaska”, con esa mezcla de curiosidad y ganas, todos los demás tenían una idea, un concepto, un slogan, cuando no la eterna ideología nacional, popular, apodíctica, intransigente, frentista, dogmática. Los hechos, la experiencia, la inquietud de alguien que estuvo en el lugar, que se dedica a viajar desde los 15 años, que tiene una profesión relacionada con el turismo, que no tiene ganas de convencer a nadie, ni interés económico alguno, que se aburrió, que no le gustaron y que está convencido que las Falkinas no son el problema, sino que lo que está en juego es la Antártida, todo eso les importó un soberano carajo. Ellos, los que no fueron ni irán saben, uno, que para intentar comprender, para empezar a saber, fue, es un pelotudo. De la misma manera apodíctica y universal San Martín es el Padre de la Patria y además Santo de la Espada, la línea Rosas, Perón, Kirchner encarna el sentir popular. Sarmiento, miembro de la masonería, promotor de la corriente liberal, atea, sionista, entreguista y apátrida. No se metan con Perón. Si hacés lo que hay que hacer te incendian el país. Estamos condenados al éxito. Somos un país riquísimo. La carne argentina es la mejor del mundo. Maradona, Messi, la Reina de Holanda y el Papa son argentinos, ¿se dieron cuenta chilotes, paraguas, bolitas, charrúas, se dieron cuenta quién es Gardel?

    Pasó que no ganamos.

    Pasó que perdimos.

    No nos gusta mirarnos en ese espejo.

    En la imposible hipotética situación de haber triunfado, la figura de Galtieri se hubiera instalado en la línea Rosas, Perón, Galtieri. Le habríamos disculpado haber sido un gobernante de facto, hubiéramos afirmado que él nunca persiguió, torturó, ni hizo desaparecer como los otros, lo habríamos elegido Presidente de la Nación, y atención que en cualquier momento recuperamos el Alto Perú, Paraguay y Uruguay, le habríamos enseñado a España cómo recuperar Gibraltar y si se ponen pesados, mandamos la flota a Hastings, desembarcamos como Guillermo el Conquistador en 1066 y en Buckingham Palace izamos la bandera argentina como para que el mundo se dé cuenta, se dé cuenta, se dé cuenta. Pero perdimos y si hay algo que no toleramos es perder y entonces como el avestruz, escondemos la cabeza dentro de la tierra y no entregamos el bastón y la banda presidencial a quien nos derrotó en elecciones libres. Borges lo dice con claridad “no hay peor insulto para un argentino que ser escarnecido en público”.

    Ser impuntual, improvisado, superficial, autoritario, machista, chanta, despilfarrar dineros públicos, ser corrupto; todo eso se olvida, pero que se rían de uno y lo sepan los vecinos, eso jamás. Hemos cambiado “la verdad os hará libres”, por “la verdad me da vergüenza”: nadie en las clases media y alta soporta la verdad de una biografía, por eso es que tenemos el mayor número de psicólogos por habitante. El resto, la Sociedad Anónima ante el brutal y vejatorio abandono no hace más, no puede hacer más que cantar la Marcha Peronista, que es el jingle narcotizante y catártico que mueve la calesita.

  • VERANO 2016

    Es el verano europeo de 2016, emprendo un viaje Buenos Aires, Barcelona, Praga, Viena, Orlen, Barcelona, Buenos Aires que en verdad son dos viajes. El primero es afectivo, en Barcelona está parte de mi familia, en Orlen, amigos, es decir tiene que ver entonces con empatía, con “abrigar una esperanza”, con abrazos, besos, palabras y esa cosa de enfado y reconciliación, que es lo que yo creo que es el amor: algo que por tan universal, pertenece al ámbito de lo privado. Entre esos lazos afectivos, están Praga y Viena, que son la caminata, aquello que Nietzsche resume en “las ideas vienen con la marcha”. Es el momento en que no pertenezco a ninguna rutina, es cuando estoy estando. Es el tiempo en que estoy desterritorializado. Sucede en mí, lo que Pessoa describe como “si quiero decir que existo diré “soy”, si quiero decir que existo como alma separada, diré “soy yo”, pero si quiero decir que existo como entidad que a sí misma se dirige y forma, que ejerce junto a sí misma la función divina de crearse, debo convertir el verbo ser de intransitivo en transitivo, y entonces diré “me soy”. Habré dicho una filosofía en dos palabras”.

    Bien “me soy” viajando.

    Al término de mi colegio secundario, sentía que no tenía vocación para ninguna de las ofertas universitarias. Lo que quería, era sentarme bajo un ombú y recrear lo que habían hecho los ‘conversadores’ en la Grecia del siglo III AC, esperar en las columnas del Partenón (las estoas) e interrogar a veces estoicamente, otras de manera escéptica o apelando al hedonismo ¿qué estamos haciendo aquí?

    Bien, una de las cosas que hago, es viajar y he llegado a Viena con el Diario Filosófico (1914-1916) de Ludwig Wittgenstein (1889-1951). Salgo a caminar munido de mi bitácora: un paso una letra, un trecho una palabra, una caminata un párrafo, un recorrido un texto, un viaje un libro, el mundo: la biblioteca. La primera impresión es “aquí se asentó el poder”. Experimenté algo similar en Roma, en Tenotchitlan, en Londres, en Silicon Valley. La segunda impresión ‘whispering city’, Viena es una ciudad que susurra. Me detengo en un café moderno que nada tiene que ver con un café vienés, podría estar tanto en Chicago como en Mendoza. Me atrajo el olor a café y una libreta exhibida para la venta por 5 euros: el tamaño perfecto, hojas de buen papel, tapa dura ilustrada con un astrolabio y un globo aerostático y la frase de Julio Verne “Anything one man can imagine, other man can make real”. El café se llama ‘Coffee and Friends’ y está atendido por un guatemalteco.

    Camino y ese tren de palabras que nos habita se pone en marcha: ciudad impactante, rica, solemne, pomposa, Francisco José, María Teresa, Maximiliano, Habsburgos, Imperio Austro-Húngaro. La lógica del poder exaltado impúdicamente por el arte.

    Majestuosidad, grandiosidad, lujo: una torta de crema por momentos empalagosa. Residencia de Herman Broch, Freud, Tolstoi, Lenin, Hitler, Palacio Schon Brunn donde en 1918 abdica el último Habsburgo; 640 años dominando Europa, más de 1400 habitaciones, jardines de 200 hectáreas. Dos veces se hospedó Napoleón, 1805, 1809. Esplendor, salones, waltz, chocolate Strauss, Mozart, Sacher Tarte.

    Hay algo por demás armonioso en todo: parques, sonido, vestimenta, orden, limpieza.

    La hija de María Teresa se casa con el futuro Luis XVI, Napoleón con María Luisa. Habsburgos, 640 años en el poder; árabes ocho siglos en España, 2000 años de Iglesia de Roma, sólo 200 años de liberalismo. Tan sólo 200 años de mayoría de edad.

    Strauss y Sacher Tarte: SS.

    Tango y Carne (soledad y sangre): SS.

    Pausa en Café Central, desde 1876, donde bebieron Tolstoi, Freud, Arthur Schnitzer, Mann, Hitler, Stalin. Vuelvo a caminar: un paso, una letra… Albertine Platz, Sacher Hotel, Café Mozart 1794. Camino hacia el centro, hasta la Bolsa, tomo el tranvía número 1, dirección Prates, bajo en Lewengasse, camino hasta Parkgasse 18, la casa de Ludwig Wittgenstein, construida entre 1926-28 por Engelman, discípulo de Loos. Todas las aberturas con mecanismos diseñados por Ludwig, cuyo primer estudio fue calderas; el hombre iba para ingeniero, pero comprendió, se dedicó a la filosofía y como nos ocurre a todos, un día se murió. “Los hombres no están tristes porque mueren -ha dicho Carlo-, sino que mueren porque están tristes”, dice Claudio Magris en “Otro Mar”.

    Nombré a la muerte; aquí en Viena, murió un mundo. Se desplomó. Aquí comenzó la modernidad, el siglo XX. Una enorme Sacher Tarte cayó al suelo desde una mesa vestida de blanco, bañando en sangre, los pisos de roble, salpicando mármoles y espejos, tiñendo tapizados de rojo, y ahí quedó el imperio reventado en estados nacionales: Austria, Hungría, Checoslovaquia, Polonia, Yugoslavia, Italia. Un impactante documental de Peter Jackson: “Nunca llegarán a Viejos”, exhibe los horrores de la Primera Guerra Mundial que conforma el ADN de toda la humanidad de todos los tiempos. En colgajos del imperio decadente nacieron: sionismo, nazismo, psicoanálisis, la música atonal de Schonberg, la arquitectura de Adolf Loos, la pintura de Klimt, de Egon Schiele, de Kokoshcka, Wittgenstein y sus siete hermanos; tres de los cuales se suicidaron, al igual que Otto Weininberg y Carlo Michelstraeder, y Enrico Mreule parte en 1909 a perderse y pensar y caminar la Patagonia hasta que regresa en 1922 a poner en remojo el mantel chorreante de sangre y no pudo no recordar cuando a caballo arreaba a miles de ovejas en el sur argentino y rememoró lo que a los 16 años había escrito en su bitácora: “La libertad está en la nada”.

    En momentos de zozobra, porque la libertad también tiene sus tormentas, suelo repetirme ese motto de acuñación liberal: “Never explain, never complain”.

  • VOLCÁN

    Es el año 79, 24 de agosto, 12 horas 16 minutos, explota en erupción el Vesubio: nube de gas, lluvia de cenizas y el derrame de lava por las laderas de las montañas, hicieron que el debut sexual de Claudio quedase eternizado con la prostituta Sibila, quien había sido libidinosamente recomendada por varios de sus amigos. A 1900 años de aquel mediodía, en una mañana fresca y soleada, recorro las ruinas de Pompeya. Salgo de la lujosa casa de los Vietti y por callejuelas de piedra voy siguiendo los penes esculpidos en los frentes de las esquinas que marcan el camino al Lupanar, que seguramente ansioso, caminó Claudio para iniciar su etapa de madurez, que en su caso se redujo a durez(a), ya que hasta hoy su verga se mantiene erecta a punto de penetrar a Sinbila montada sobre él.

    -Esto ha sido muchas cosas, menos eyaculación precoz, le comento a tres chicos españoles de entre 18 y 20 años que entre risas y cierta perplejidad están descubriendo la cotidianeidad de la civilización romana.

    La viuda Smith en San Isidro y el Apolo en Tigre, eran los lupanares de mis 15 años y el volcán más cercano estaba a 1200 kilómetros.

    La vida se detuvo de improviso, explica el libro folleto. De pronto todo se piedrapomizó. La naturaleza tomó cincel y martillo y esculpió el instante, que quedó como el ojo de una enorme cerradura, para que espiemos.

    La vida de Plinio el Viejo (20-79) se petrificó. Es el autor de “Naturalis Historia”,libro al que Funes, el de la gran memoria accedió, para incorporar a la misma el latín. La eyaculación volcánica solidificó las ciudades provincianas de Pompeya, Herculano, Oplonties y Stabies. Si bien romanas, todas de origen griego y dedicadas casi con obsesión al culto de Dionisios. El volcán que es una boca, un tajo en la montaña, más vagina que falo con su derrame de fluido hirviente, congela el tiempo. Nos permite ver la exaltación del sexo exhibida en la plaza pública, nos permite participar al menos pétreamente de lo que hoy llamaríamos una orgía de sexo y rock and roll. Estos fastos de fecundidad y fertilidad habían sido prohibidos en Roma, ya que solían terminar en excesos de todo tipo, pero en provincias todo es más laxo hasta que en el 313 el Emperador Constantino oficializa al cristianismo como la religión del imperio, llenando de lava y cenizas un universo de sensualidad y jolgorio transformado desde entonces en culpa, pecado, pontífices castradores.

    La hermandad y fidelidad frailera siempre me recuerda a la omertá mafiosa.

  • SENDEROS EN NEPAL

    Es el camino entre Katmandú y Pokara, es junio 1980. Estamos recorriendo en un destartalado y ruidoso bus los 270 kilómetros que distan entre una y otra ciudad. Llueve copiosamente, se produce un alud de barro y piedras, quedamos parados varias horas. Ha llegado otro bus que nos espera del otro lado al que llegamos caminando sobre el barro rojizo y pegajoso. Arribamos de noche a destino. El hotel donde nos alojamos es tan humilde como digno. Vamos a comer a un comedero a orillas del lago. Suena Cat Stevens, después la cítara de Ravi Shankar; es un bar para occidentales, el menú: omeletes de hongos alucinógenos. El permanente croar de sapos se mezcla con la conversación y la música. Demasiada gente haciendo lo mismo. Me incomoda la aglomeración, percibo en la masa al mar: ese infinito volumen hamacándose sin cesar e invitándonos amablemente a meternos en él y cuando menos nos damos cuenta nos devora y adulamos al fuhrer de turno.

    La lluvia no para, es el comienzo del monzón. Ya en el hotel, me duermo con el golpeteo de las gotas sobre el techo de chapas. Es la misma experiencia de aquella noche de lluvia copiosa en la hostería de Loncoche en el sur de Chile. Estoy con Pierre, un amigo francés con quien vamos a caminar una semana por los senderos de Nepal, hasta Ghorapani a unos 3000 metros de altura.

    Salimos a las cuatro de la tarde desde Pokara, caminamos descalzos por un lodazal arcilloso; vamos pasando aldeaas pobres y vadeando el mismo río cinco veces. Paramos a tomar té y atravesamos arrozales en las terrazas de las montañas. Casi hasta los mismos rostros del Perú, con las mismas ropas, los mismos gestos, los mismos niños cargados a la espalda, el mismo tipo de azadas carpiendo los mismos surcos: el trabajo milenario del campesino. Hacemos un alto en Naudanda, observo que finos hilos de sangre me caen por las piernas: sanguijuelas que se han adherido y buscan su alimento: todo lo vivo tiene derecho a vivir y tal vez mi sangre sea una sabrosa colita de cuadril para estas pequeñas babosas. A las ocho de la tarde, con el sol aún iluminando el pico nevado del Annapurna (7219 mts.), paramos a comer y al lado de una chimenea, ya somnoliento, me voy quedando dormido pensando en que de chico me había fascinado con la lectura de una revista que detallaba el ascenso en 1953 del Monte Everest por Edmond Hillary y el sherpa Tenzig Norgay, jamás olvidé esos nombres y lo de las sanguijuelas también me vino de ese tiempo.

    A las seis de la mañana nos despierta la música de una flauta que hace sonar un pastor de cabras. El sol pega de lleno en el Machapuchare de 6993 metros, me es imposible no pensar en Machu Picchu y en asociar a estos sherpas con aquellos incas. El silencio es algo que siempre me atrae, me conmueve, es para mí lo más cercano a una experiencia meta-física. El valle me recuerda a las caminatas en Chubut, Lago Verde, Menéndez, Rivadavia.

    La bitácora de Nepal, es el cuaderno número 4, lo leo, ahora en casa, en San Isidro y mis dibujos en tinta negra marcan el ascenso por Khare, Lumle, Charankot, Birethanti a unos 1600 metros, (está fechado 9 de junio de 1980), luego una jornada de ocho horas hasta Ulleri a 2073 metros, que recuerdo ahora como extenuante pero de gran belleza y el camino al día siguiente hasta nuestro destino Ghorapani a 2900 metros. En el Poon Hill Lodge unos periodistas británicos nos recomendaron la lectura de “La Coronación del Everest” de Jan Morris que acompañó a la expedicióin que el 29 de mayo a las 11 y 30 llegó a la cima, “The Top of the World!”, dijeron con orgullo y agregaron que el 2 de junio de ese mismo año fue coronada Elizabeth II y que fue vivido en Londres como un hecho trascendentalmente simbólico. Cuando Jan Morris como cronista de The Times, da la noticia al mundo firma como James Humphrey Morris, mucho después, en 1972 se opera y corona su deseo de ser mujer, había estado casado 50 años y fue padre de cinco hijos.

    Hoy (2019) aquí en San Isidro leo en el diario bajo el título “Congestión en el Everest”: “Trampa mortal, 200 cuerpos en fila india amarrados a una cuerda esperan llegar a la cima, 12 han muerto por congelamiento o por caídas”. ¿Qué esperamos todos?, porque algo esperamos ¿no?

    Recurro a dos fotos de mis viajes, pero estas son de los Andes, no del Himalaya. Fueron tomadas en el mismo lugar, a oirillas del Lago Futalaufken, en el Parque Nacional Los Alerces, una es en blanco y negro fechada en enero 1967, la otra en color dice febrero de 2004. ¿Soy el mismo? El cartel del Parque Nacional dice Lahuan o Alerce, Fitzroya Cupressoides, edad 2600 años. Me encanta imaginarme a Heráclito orinando aquí en el bosque. y pensando uno de sus fragmentos. Me vuelvo a preguntar What the hell are we doing here?

  • MOUNT NELSON HOTEL, CAPE TOWN

    Es Cape Town, es la República Sudafricana, es 2011, es el Mount Nelson Hotel, es el hotel de la Reina Victoria, es el British Empire, es el five o’clock tea.

    Me siento un cazador, una suerte de Hemingway, que trajo colmillos, guardó las armas, se duchó y perfumó y ahora entra en el salón. Es la parte de los viajes en donde me permito ser un actor. No podría matar ni una perdiz, pero me gusta jugar como cuando jugaba a los cowboys.

    So here am I; tea of course. Las variedades de té superan ampliamente la veintena. Sobre la mesa un despliegue de exquisiteces que son una incitación a la gula: scones templados y Berkshire cream, y sandwiches de pavo y de pastrami y de pollo y de huevo y de jamón y masas y frutas y fiambres y quesos y tortas y tartas y budines y jaleas y dulces y mermelada y nueces y almendras y avellanas y frutas abrillantadas y chocolates y confites y vainillas y panes y tostadas. Conversan dos sudafricanos jubilados con un inglés también jubilado y de vacaciones. Los sudafricanos expresan la alegría y la seguridad que les da el pertenecer al Commonwealth: “We are proud of belonging”. Me quedo pensando, ya había escuchado algo semejante en Anchorage, donde una neozelandesa me había preguntado cual era mi nacionalidad. Al contestarle, sonrió con sincera alegría: País maravilloso, y me preguntó si también formábamos parte del Commonwealth. Ante mi negativa: “But I’ve seen a magnificent Harrod’s store, in Florida Street, that’s why I thought”.

    Ya vuelvo a ser quien soy, me pongo a hablar con una mujer de sorprendente parecido a Virginia Woolf, cuando aun era Virginia Stephen. Es colombiana, mujer de un diplomático; no debe tener más de 35 años, es muy bella, pero sabe y no quiere que esa belleza siga siendo parte del éxito del señor Embajador, su marido. Charlamos. ¡Pero que pobreza!, me dice.

    Igual que en nuestros paises, le digo.

    Se la nota incómoda en el ambiente diplomático, despotrica contra la hipocresía, se declara marxista, habla de solidaridad, de la lucha de los pueblos, de la educación; está deseando regresar a Bogotá y separarse de su marido y volver a las cátedras en la Universidad. Reímos. Tengo una comida, me despido, me cambio.

    Estoy en el cuarto del hotel; la comida fue espléndida.

    Pienso en la charla con Cecilia, la colombiana. ¿Se puede resolver la pobreza? Pienso que no, en fin no lo ha resuelto nadie, nunca.

    En 1548, cuando Francia era una de las más ricas y civilizadas sociedades, con 16 millones de habitantes, Etienne de La Boetie (1530-1563), el gran amigo de Montaigne, dice de su país: “Hambre, suciedad, analfabetismo, mortalidad infantil, prostitución, peste, secuestros, asesinatos, estado de guerra civil, policía secreta y torturadora”

    Un siglo después, Jonathan Swift (1667-1745) escribe ese cuento satírico titulado “Una Modesta Proposición”, donde recomienda la cocción de los niños de alrededor de un año de edad, en razón de la ternura de sus carnes, tanto en estofados, asados, al horno, hervidos, fricasse y variedad de guisados con el propósito de eliminar parte de la pobreza que aqueja a su país donde cantidad de mujeres mendigan por el reino llevando a la rastra la caterva de párvulos que han traído al mundo.

    Me han pedido limosna, o change, o ropee, o moneditas en Cuba, Albania, Rusia, Estados Unidos, en todos los países latinoamericanos, en India. No en Dubai ni en China; pero que no me hayan hecho el pedido no indica necesariamente que no haya pobreza.

  • VIAJAR ES INDISPENSABLE, VIVIR NO LO ES

    A) SALTA. Es mayo 2019, estoy en Salta. Camino por el centro, visito iglesias, voy a San Lorenzo, regreso a la ciudad, visito más iglesias, me indican un convento, entro en librerías, hago compras. Me siento en uno de los cafés que abundan alrededor de la plaza 9 de Julio, entre el Cabildo y la Catedral. Cae la tarde, se está celebrando la misa. Intento leer “Moravagine” de Blaise Cendrars, pero no me puedo concentrar porque la misa se difunde por altoparlantes. Nos imponen “milagro de fe, milagro de fe, milagro de fe”, como para que yo también me de cuenta. Pasa un hombre y grita “Viva Perón carajo”, así, de la nada, al aire. Curioso Perón murió hace 45 años, bueno Cristo hace 2000. Cosas así ocurren aquí, en Salta , la linda.

    B) CORNWALL. Sigo en Cornwall, rodeado de “piskies”, conjunto de duendes, elfos, hadas, brujas, demonios: son la pertenencia a una tierra. Ante tantos defectos, debilidades y maldades cotidianas, se ha hecho necesario elevar a instancia irreprochable ciertos arquetipos a seguir, el Rey Arturo pertenece a esa categoría de gobernante ejemplar. Se le profesa admiración, está presente en el folklore popular, aunque debo decir que jamás nadie interrumpió mi lectura con un “Long Live King Arthur Shit!”

    Nos instalamos en Polperro, puerto de pescadores, cercano a Land’s End, tierra de piratas, bucaneros, contrabandistas que ocultaban en el mar cascos de licores traídos desde Francia; fuegos costeros avisando de la proximidad de guardacostas y aduaneros. Plea y bajamar que dejaban en las costas historias reales e inventadas. Finisterre, frente a la tierra mágica de Lyonesse, tal vez inicio de la desaparecida Atlántida y las islas Sirlingas, hoy Scilly Islands coronando este espacio.

    The Ship Inn es donde nos alojamos. Vamos recorriendo Looe, Godolphin Cross, Helston e innumerables pueblos de entre 300 y 700 habitantes y perdidos en ese laberinto de ficción y realidad como son, como deben ser los viajes, aparecimos en Cunwallon y entre lápidas mohosas, quebradas, ladeadas como si alguien hubiese querido moverse en su interior, nos enfrentamos a un ingenioso palíndrome que resulta un inquietante poema proteico que, como para que nos demos cuenta, nos recuerda

    SHALL WE ALL DIE ?

    WE SHALL DIE ALL

    ALL SHALL DIE WE

    DIE ALL WE SHALL

    Comemos deliciosas “Cornish Pasties”, es decir empanadas y me permití decir que lamentaba que no fueran originales. Sigo sosteniendo que son de origen árabe, que las llevaron a España y de ahí pasaron a América. Me atreví a decir con más intuición que prueba que los miles de marinos sobrevivientes de la derrotada Armada Invencible fueron sus interlocutores y que luego los mineros hicieron de ellas, su más práctica vianda.

    -No way man! That’s bullshit

    -Neither Spanish, nor Arabics, they were, they are and they will be Cornish.

    Mi idea no agradó, irrité el sentimiento nacional y popular (algo en lo que me he hecho especialista después de 70 años de convivir con peronistas).

    Varias pintas de cerveza fueron transformando lo que auguraba ser una escena de “Los Perros de Paja” de Sam Peckinpah; que fue filmada en Wakely, aquí en Cornwall; en algo menos violento y decidí contar una historia que inventé sobre la marcha: When King Arthur looked for refuge in the island of Avalon -y de pronto la turbamulta hizo un silencio más propio de una iglesia que de un pub- the island apparently vanished; well let me tell you guys, that’s not true- y se entusiasmaron con gritos de alegría- the island went floating adrift all along the Atlantic Ocean to the very south of the world to a remote spot till it anchored by a group of magical islands, that you British call Falklands and we Argentines name Malvinas, but today, here, I will call Falkinas, y hubo un alboroto y vivas y más pintas de cerveza y abrazos.

    No me hubiera atrevido a inventar tal historia a partir de 1982.

    C) AGOSTO 2019. En una vieja valija, arrumbada en la buhardilla, encuentro una agenda de 1980, en ella el rudimentario croquis de una excursión en Sri Lanka. La agenda es francesa. Me entero que 1980 fue año bisiesto, ya que en cada folio está impreso, el día que transcurre, luego un guión, y los días que faltan hasta el fin del año; así el 1 de enero dice (1-366), el 31 de diciembre, (366-0). El día en donde encuentro el croquis de mi viaje dice ser Mercredi 12 de Mars, que es el día 72 y que faltan suceder 294. Se informa que se conmemora Saint Justine. Mi rústico mapa señala con una ‘X’, la partida en tren desde Ohiya, la llegada a Nuwara Eliya desde donde comienza una caminata por el Parque Nacional Horton Plains.

    Marchamos, un grupo de seis o siete que se formó espontáneamente, para recorrer las 4 millas y media hasta la cima: World’s End. Con excepción de una pareja formada por un peruano y una inglesa, el resto somos viajadores solitarios, pero, se sabe, lo desconocido atrae y aterra. La selva a ambos lados del sendero, era tupida: árboles inmensos sobresalían por sobre una densa y oscura vegetación de arbustos con espinas, plantas carnívoras, enredaderas y lianas en las que se balanceaban aullando y brincando de una a otra muchos monos, que como si estuvieran protegiendo un secreto, y como dando aviso de nuestra presencia a un ejército invisible, expresaban su ira defecando sobre sus manos y arrojándonos, luego sus deposiciones.

    Pienso ,ahora, en David Livingstone (1813-1873), el médico y misionero escocés que encontró en África, además de su lugar en el mundo, ese mágico sitio conocido como “el humo que suena”, y le dio nombre de Cataratas de Victoria, para honrar a su reina. Esa fascinación por nombrar, tan propia de los ingleses de la era victoriana, de los españoles y portugueses del XVI. Nombrar es dar a luz. Me nombraron Alejo. Esto es América. Dejas de ser Angelo Roncalli y elegís ser Juan XXIII: enmascarás la máscara.

    Sentirse otro, ser otro, eso es viajar, eso es la aventura, salirse de uno mismo, de la cotidianeidad, para intentar saber quien uno en verdad es. Ser descubridor de uno mismo. ¿Se sentirá violado, el descubierto? ¿Cuándo el habitante de la selva que convive con monos, fieras, reptiles, aves: se ve obligado a decir Victoria Falls en vez de “humo sonador”, se transforma en sometido o ha llegado a lo que de alguna manera laberíntica estuvo buscando desde siempre? ¿No hay algo perversamente erótico en tener un amo, en ser esclavo de un “dios” o de otro humano?

    Andaba por eso vericuetos de mis pensamientos, cuando de pronto, el grupo que formábamos se detuvo en un claro de la selva. Se hizo un silencio, como cuando se descorre el telón y uno deja de ser quien es y se mete en la obra. Ahí, en la base de un árbol desconocido y panzón, vimos como lentamente, una enorme pitón con movimientos de succión iba haciendo desaparecer a un venado. Las patas traseras del animal fueron lo último que vimos antes de la desapaición final.

    – Muerde al animal, luego lo envuelve y va estrangulando el cuerpo de la presa hasta asfixiarlo-, nos ilustró una bióloga danesa; agregó, que luego comienza la succión, la digestión, aclaró, puede durar días o hasta semanas, de acuerdo al tamaño de la pieza.

    Al cabo de dos horas llegamos a la cima, World’s End. La hostería era la casa europea con materiales de colonia: amplia galería de madera con mesas, sillones y abanicos mecánicos de ratán. En el interior cascos de corcho de explorador, fotos de caballeros ingleses y damas de rodetes y amplias polleras, tomando el té. También bebemos té y comemos scones con manteca y mermelada, en jeans, descalzos y gorras de beisbol.

    Leo en el Daily News de Colombo, de varios días atrás, un recuadro que da cuenta del hallazgo de una pitón con restos de dos niños y un cérvido en su interior. Debajo, en otro recuadro “Del Exterior”, Buenos Aires, Argentina, General Videla habló de desaparecidos ante corresponsales extranjeros, en casa de gobierno: “Ni muertos, ni vivos, desaparecidos”.

    En este frío agosto de 2019, entro en Google: Parque Nacional Horton Plains, la foto que ilustra la nota, en la cima del parque, mirando hacia el valle, con nubes bajas, es idéntica a la que guardo en mi memoria al borde del risco.

    Sigo explorando Google; Santa Justina, patrona de Padua, martirizada en 304 por Diocleciano. Videla, Jorge Rafael, militar, dictador y criminal argentino, fue Presidente de Argentina.

    Distinciones: Orden de Isabel la Católica.

  • PONT DU GARD

    Leo un pensamiento de Emil Cioran (1911-1995) “Estoy persuadido de no ser nada en el universo y sin embargo siento que mi existencia es la única real”.

    Leo que hay en física una teoría llamada la “conjetura Maldacena”, que es la teoría de las cuerdas, una suerte de puente entre la relatividad general y la mecánica cuántica. Parecería que el objeto que fundamenta la existencia del universo es una cuerda microscópica, aún más diminuta que el quark, que el protón y mucho más aún que el átomo. No sé cómo entre la insignificancia de uno en el universo y la cuerda como un puente, lo cierto es que asocié esto a la experiencia que tuve un día de enero de 1980 que con el Renault 4 llegué al Pont du Gard y el hecho que ese acueducto hubiera sido construido antes de la era cristiana me ‘insignificó’ espacio temporalmente. Sí, fue la insignificancia, ya no la mía , de la que soy consciente desde hace mucho, sino la de la humanidad como entidad.

    ¿Quién es el único que sabe todo de uno mismo, sino uno mismo y nadie más que uno mismo? Esta mismísima mismidad rige para todos y cada uno de nosotros: “mi existencia es la única real” dice Cioran.

    Esto de ser un átomo, es más un protón, aún más un quark y con toda probabilidad una cuerda en el misterioso e infinito universo es lo que nos hace casi con desesperación unirnos, juntarnos, amarnos, crear dioses que nos den sentido.

    ¿Qué hacía yo deslumbrado en enero de 1980 en Remoulins, en el departamento del Gard? Lo mismo que hace el más poderoso y rico monarca y la ascensorista de la estación Covent Garden, el Papa y David Foster Wallace ese día de septiembre de 2008, cuando pateó la silla que lo sostenía a la vida, y otra cuerda lo acabó; buscar desesperadamente una explicación que no se encontrará jamás, porque después de la teoría de las cuerdas habrá algo más, así como para mí siempre habrá otro país y otro libro a descubrir, que tampoco me dejará satisfecho. Entonces, un día, por cualquier motivo y circunstancia cansados de buscar en vano, aceptaremos que las reglas del juego no nos agradan y encontraremos un motivo cualquiera para abrir la puerta y partir.

  • A CABALLO POR MONGOLIA

    Es Mongolia, es mayo 2008. Si hay un lugar en el mundo donde hay que galopar es este porque entre otras cosas hay 40.000.000 millones de caballos y 3.000.000 de humanos. Es decir hay tantos caballos aquí como humanos hay en Argentina. En 1206 Gengis Khan (1162-1227) se autoproclama Emperador de Mongolia y lo hace a caballo. Su nieto Kublai Khan (1215-1294) conquista China a caballo y lo recibe a Marco Polo (1254-1324) alrededor de 1270, que también llega a caballo, y éste se queda varios años en la corte en Xanadú. En 1368 los mongoles son expulsados de China a caballo y en 1732 Mongolia es conquistada por China, también a caballo, hasta que en 1911 los mongoles se sacan a China de encima, estimo que a caballo, que vuelve sin embargo a someterlos en 1921 mitad a caballo y otro poco en camiones y es entonces que Bogd Khan (1869-1924), pide ayuda a los rusos para volver a sacarse a los chinos y estos se fueron, tal vez a caballo y otro poco en camiones y se quedaron los rusos, que declaran a Mongolia el segundo país comunista del mundo y deciden quedarse hasta 1990, ya que tenían que limpiar de teocracia a su vecino y tiraron abajo monasterios budistas y templos y después de muchas revueltas populares, los mongoles se sacan de encima a los comunistas, es decir expulsan a los rusos que se vuelven a Rusia, ya no a caballo sino en jeeps, camioines y aviones.

    Espero en el aeropuerto de Ulan Bator mi vuelo a Beijin que está un tanto demorado y de pronto levanto la vista del libro donde leo la cronología recién expuesta, porque en la pantalla de televisión veo un taxi amarillo y negro y dentro del mismo a Claudio García Satur al volante y a Soledad Silveyra en el asiento trasero. Están pasando ¡¡en 2008!! Rolando Rivas Taxista. Sin duda el mundo me sigue sorprendiendo. No pensaba ver al Obelisco entre tanto caballo y tanta estepa.

    Después de 35 horas de vuelo, Buenos Aires, París, Beijin, Ulam Bator y la inauguración de una fundación creada por unos amigos que me invitaron a la misma, a la que obviamente llegamos a caballo, después de haber partido de Ulam Bator en avioneta hasta Murun y luego en jeep y después a caballo bordeando en parte y en otra cabalgando por la superficie del lago congelado Khousgol, viendo con desconfianza a los peces nadando por debajo de las patas de los caballos y llegando después de haber visto lobos que nos miraban desde el risco de la cadena montañosa, con la misma tentación con que deseo un asado en San Isidro, y de haber dejado atrás huellas de osos,demasiado frescas y demasiado grandes y de haber montado en renos como Papá Noel, pero sin trineo y de haber dormido en ghers, que son maravillosos y confortables y después de haber dormido en la taiga helada en carpas que hubieran hecho las delicias de cuando chicos jugábamos en El Ombú a los cowboys y a los indios, pero en la helada estepa de Tsaatan Camp, no consiguieron hacerlo porque a pesar de la estufa de hierro alimentada toda la noche con troncos gruesos el frío no daba tregua. La vida en la taiga es dura. Se los ve felices, los chicos juegan, gritan, corren y ayudan. Antes de llegar al campamento, desde la altura se ven en el valle alrededor de 20 carpas de lona blanco grisáceo, con los palos saliendo por la parte superior, al acercarnos. La lona levantada que hace de puerta y un interior con la estufa siempre encendida y la invitación a leche de reno caliente y pan. Hay mantas a los costados que se desplegarán a la noche para dormir, como en el año 1100 y antes también: como siempre.

    Tienen la piel curtida, los cachetes colorados, los dientes muy blancos, son bajos, fornidos, sonrientes, son nuestros ancestros, son a lo que jugábamos de chicos, pero ellos no están jugando ¿o sí? Otro mundo, otro tiempo. El avión despega rumbo a Beijin, me duermo con la imagen de Rolando Rivas y Mónica Helguera Paz tan discordante con este mundo como ha de ser llegar montando un reno al Hotel Alvear.

  • NO BIEN PASAN LOS SIGLOS

    No siempre un nuevo siglo coincide con el inicio de una época. Creo que el siglo XIX fue un siglo ansioso, ya que comenzó unos años antes que el calendario señalase al 1 de enero de 1800 como el primer escalón. Fue con la Revolución Norteamericana de 1776, la Revolución Francesa de 1789, seguida de la Invasión Napoleónica a España en 1808 y como cosecuencia de la misma, la paulatina liberación de las colonias españolas en América y el final del Imperio Español; que se comenzó a andar un tiempo diferente.

    El siglo XX, en cambio, fue un tanto remolón ya que se inició en 1914-18 con la llamada Primera Guerra Mundial que barrió con las dinastías de los Habsburgo, los Hohenzollern y los Romanov y la consiguiente Revolución Rusa, poniendo punto final a un mundo ya gastado y dando origen a lo que en estas latitudes provocó aquello de “Siglo XX cambalache problemático y febril”, aunque desde una óptica distinta abrió las puertas del progreso a millones de ciudadanos, hasta que el segundo estallido (1939-1945) concluyó brutal y sádicamente con un nuevo reparto del mundo y un acomodamiento en lo que dio en llamarse “la guerra fría” entre las potencias y la visualización de lo que dio en llamarse el “tercer mundo” formado por el resto de los países que se inclinó hacia uno u otro centro del poder.

    El siglo XXI ha llegado casi con puntualidad perfecta, aunque como de costumbre no virtuosamente con el ataque artero de Bin Laden al World Trade Center el 11 de septiembre de 2001, símbolo de una manera occidental de organización social, con el beneplácito del mundo islámico, Rusia, China, Cuba, Irán, Nicaragua, Venezuela donde Chávez, fundó el Socialismo del Siglo XXI y el callado regodeo, aunque por supuesto “lamentando la pérdida de vidas humanas” de todo el progresismo nacional y popular. Continuó con el primer Presidente afro-americano en Estados Unidos, Barack Obama 2009, la sucesión de Chávez por Maduro en 2013, mismo año en que llega al trono de San Pedro después de 1300 años de Papas europeos, uno argentino, jesuita y peronista (casi la Santísima Trinidad de la hipocresía). En 2017 hace su llegada a la presidencia de los Estados Unidos Donald Trump quien se regocijó de la toma del Capitolio por sus partidarios, al no alcanzar el número de electores necesarios para ser reelegido y, molesto, no pasó el mando a su sucesor En el interín hizo su aparición el Corona Virus en marzo de 2020, Rusia invadió a Ucrania en 2022, en septiembre del mismo año fallece la Reina Isabel (toda ella un resumen del siglo XX), el 7 de octubre de 2023 Hezbollah consuma un feroz ataque sobre Israel, cuya represalia no se hace esperar y amenaza con un conflicto que se agrava día a día en el cercano Oriente. Me detuve bastante en el inicio de este siglo, casi un cuarto del mismo y por supuesto esta es una visióin parcial que me ha interesado resaltar para ver que nos puede deparar un mundo donde la IA será gran protagonista.

    Esto de los siglos apareció motivado porque hace 100 años, con diferencia de pocas horas nacen el 30 de septiembre y el 1 de octubre, Truman Streckfus Persons, es decir Truman García Capote, es decir Truman Capote en New Orleans estado de Lousiana y James Earl Carter en Plains, estado de Georgia respectivamente, en lo que se conoce como el “deep south” en Estados Unidos. Con los años uno dirá de sí mismo “soy alcohólico, soy drogadicto, soy homosexual, soy un genio” y será el enorme escritor Truman Capote; el otro jurará por Dios y la Biblia defender y honrar a su nación como el 39 Presidente, defensor de los derechos humanos, luchador contra la discriminación de los homosexuales, enemigo acérrimo de la segregación racial, lo que lo hará merecedor del Premio Nobel de la Paz en 2002.

    ¿Y?

    Quería tan sólo resaltar estos hechos porque el genial escritor y el humanitario Presidente son resultado de cosas muy íntimas que les pasaron y los afectaron y que se tradujeron en que un día uno escribió “Miriam” tal vez, (me gusta pensar) porque su madre y su padre lo dejaban durante las noches encerrado en la habitación de un hotel a los 2 años de edad y él no paraba de llorar porque pensaba que lo habían abandonado, como a la larga sucedió. En el caso del futuro Presidente, porque cuando sus padres se ausentaban solía comer en la cabaña de los negros que trabajaban en las plantaciones de algodón y maní de su padre, y porque era amigo de chicos negros con los que jugaba e iban al cine desde el rural Plains al centro urbano de Americus y tenían que tomar un tren, pero el chico negro tenía que viajar en un coche de negros y el futuro Presidente, en otro de blancos y entonces al bajar caminaban juntos abrazados y corrían y reían como hacen los chicos de cualquier color y al entrar en el cine tenían que sentarse en butacas negras para negros y en butacas blancas para blancos y como el futuro Presidente era creyente en Dios rezaba antes de acostarse y derramaba lágrimas.

    Truman Capote se murió en 1984 y padeció el rechazo de parte de un grupo social con el que el que había compartido varios años de intimidad. El Presidente Carter no fue reelegido y está en cama desde hace un tiempo cumpliendo sus 100 años hoy, 1 de octubre de 2024.

    ¿Y?
    Me parece que a la larga siempre triunfa el mal y me parece que eso ocurre porque en el deep south de nuestra deep puta mente, alma, corazón y culo hay un vacío tan enorme que nada puede satisfacerlo, y quería decir que mis viajes, lecturas y opiniones, mi liberalidad, todas mis mentiras, sueños, ideales, acciones y pasiones son mi manera de intentar llenarlo infructuosamente y creo que todo lo que sucede y lo que nos sucede a todos es por querer llenar ese espacio vacío, pero seguramente estoy equivocado, entonces me dan ganas de robar una Ferrari y ponerla a 300 km por hora por Libertador manejando con los ojos cerrados.

    O tal vez mejor me pongo a pensar en el epígrafe de Santa Teresa que Truman copia en “Answered Prayers”, su novela incompleta y final:”Se derraman más lágrimas por plegarias escuchadas que no escucachadas” y publique entonces los capítulos que faltan de su novela que el juró haber escrito, pero que nadie encontró, salvo yo, y que llevan por título: “A severe insult to the brain” y “Father Flanagan’s All-Night Nigger- Queen Kosher Café”, que como digo, por un accidente o capricho de las corrientes marinas, llegaron mágicamente flotando dentro de un botellón lacrado que encontré golpeando uno de los pilotes del muelle de Pacheco en San Isidro, y que guardo como un tesoro que me ayuda a llenar mi vacío, aunque pesándolo mejor, no lo doy a publicidad así les ahorro un torrente de lágrimas inútiles, porque…¿saben qué? hay veces que pienso que la vida es como la errancia de Rachel que buscando a sus hijos perdidos sólo encuentra a Ismael, único sobreviviente del naufragiio aferrado a un ataúd.

  • FOOTNOTES

    Tal vez sea cierto que todo lo que escribimos no es más que una nota a pie de página a lo ya escrito, y todo lo que caminamos no es otra cosa que recorrer senderos descubiertos y transitados por otros; es el tiempo que nos tocó y está ahí para gozarlo de acuerdo a las apetencias de cada uno. En mi caso, ese goce está compuesto por los libros leídos, por los kilómetros recorridos y algunos buenos amigos, que es lo que me permite sostenerme por sobre la conciencia que tengo en relación al caos que es mi biografía y a la tragedia que es la historia.

    Unos 800 años antes de la cristiandad, Hesíodo escribía que lo mejor que le podría pasar al ser humano después de haber nacido es descansar varios metros bajo tierra; 2600 años después, Isidoro Ducasse, Conde de Lautremont (1846-1870) dejó asentado que “mi poesía consistirá sólo en atacar por todos los medios al hombre: esa bestia salvaje y al creador que no hubiera debido engendrar semejante basura” y como sabemos, nuestro Shakespeare aseveró que “el mundo lamentablemente es real, yo lamentablemente soy Borges”; y nos recuerda que los espejos y la paternidad son abominables porque multiplican este mundo espantoso. Nos comenta, además, que nadie ha sentido como Carlyle, que este mundo es irreal, como las pesadillas, “Irreal y atroz”, remarca.

    Footnotes, bella palabra que sintetiza lo que más placer me ha dado en la vida: recorrer y leer. Creo que fue Samuel Taylor Coleridge (1772-1834) uno de los primeros en escribir notas al pie, detallando las fuentes de sus obras; algo que era común en trabajos académicos, pero no en poesía. Muchos sostienen que Borges fue el primer autor de la literatura en español en hacer un uso artístico de las footnotes, habiendo él mismo admitido que la idea le vino de la novela filosófica Sartor Resartus de Thomas Carlyle (1795-1885). A pesar de que quien más abundó en ellas fue su admirado Thomas De Quincey (1785-1859) de quien “La Monja Alferez” (The Spanish Military Nun) tiene 82 notas al pie, “Los Oráculos Paganos” sólo 33, pero algunas de ellas ocupan 6 páginas, “Las Sociedades Secretas”, 51 notas, “Los Ültimos Días de Immanuel Kant”, escazas 29, pero la entrometida participación del autor como uno de los personajes del escrito. “Las Confesiones de un Comedor Inglés de Opio”, al menos la edición de 1856, que es la que leo cuenta con 261 notas.

    Jorge Luis Borges, entre nosotros, ha gustado también de las mismas, y sus prólogos y sus epílogos son per se, piezas de literatura y no sólo indicadores, señales o guiños al lector, al punto que Torres Agüero publico en 1975 “Prólogos” con un prólogo de prólogos, que cree (Borges) “innecesario aclarar que no es una locución hebrea superlativa, a la manera de Cantar de los Cantares, Noche de las Noches o Rey de Reyes”. Creo que quien ha seguido la tradición de quien me parece fue el mayor cultor del género -Thomas De Quincey- es David Foster Wallace (1962-2008) cuyas novelas y relatos abundan en footnotes e intervenciones, aclaraciones y digresiones. En “Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer” que tiene 154 páginas hay 137 notas al pie; los relatos de “Hablemos de Langostas” están atiborrados de intervenciones, baste ver los recuadros y diagramas de “Presentador”, y en sus “Entrevistas Breves con Hombres Repulsivos” hay cantidad de comentarios, giros y footnotes.

    Hay algo que me ha llamado mucho la atención, en mi admirado Borges; no he encontrado en sus “Obras Completas”, tanto en prosa como en verso, ni en el mencionado “Prólogos”, ni en los tomos de “Textos Recobrados”, ni en “Borges en Sur” ambos de Ediotorial Emecé, ni en sus columnas de la Revista “El Hogar” entre los años 1936-1939, que a pesar de ser una revista fundada por Alberto M. Haynes, en 1904 con mayoría de artículos sobre autores y literatura anglo norteamericana, no hay una sola mención, ensayo, biografía, reseña, notas de la vida literaria sobre Thomas De Quincey, por más que “durante muchos años, yo creí que la casi infinita literatura estaba en un hombre. Ese hombre fue Carlyle, fue Johannes Becher, fue Whitman, fue Rafael Cansinos Assens, fue De Quincey”, como dejó escrito en “La Flor de Coleridge”, por más que nos ha dicho “De Quincey fue de hecho un gran escritor, que sus pesadillas deben su fama a la espléndida prosa en que las evocó o inventó, y que la obra literaria, crítica, histórica, autobigráfica, humorística, estética y económica de ese “aniquilado”, abarca unos catorce volúmenes y no ha sido leída del todo en vano por Baudelaire, por Chesterton y por Joyce”, por más que su ensayo “Evaristo Carriego” lleve el contundente epígrafe “…a mode of truth, not of truth coherent and central, but angular and splintered”, que define a la vez, por un lado, el lugar desde donde Borges ve el mundo: el porteño barrio de Palermo y por el otro ubica a la literatura argentina en las orillas de la literatura universal (una nota a pie de página de la misma), desde esa ubicación angular y fragmentada Borges pintó el mundo. Esa cita se repite en L’Herne, ese cuaderno francés de 1964 dedicado exclusivamente a la escritura de Borges: “A nadie debo tantas horas de felicidad personal”, y en su lecho de muerte le pide a Jean Pierre Bernés, su editor en la Pléyade que le lea “Los Ültimos Días de Immanuel Kant”, en la traducción francesa de Marcel Schwob de 1899, año de su nacimiento en Buenos Aires. A pesar de que “a De Quincey con quien tan vasta es mi deuda”. A pesar de lo que tantos tratadistas han dicho de ser De Quincey el prototipo del hombre de letras para Borges y por más que en “Introducción a la Literatura Inglesa” escrito con María Esther Vázquez anota esta miserable idea “… fuera de Klosterheim y una traducción o paráfrasis de Lacoonte de Lessing, su obra entera que abarca 14 volúmenes, está hecha de artículos… el opio le permitirá entender, o creer que entendía, las páginas más abstrusas de Kant… pequeño, frágil y singularmente cortés, su imagen perdura en la memoria de los hombres como la de un personaje de ficción, no de la realidad. A pesar de la opinión de De Quincey sobre las obras de Shakespeare, que de alguna manera Borges repetirá en su “Sobre los Clásicos”: “Clásico es aquel libro que una nación o un grupo de naciones o el largo tiempo han decidido leer como si en sus páginas todo fuera deliberado, fatal, profundo como el cosmos y capaz de interpretaciones sin término”. Y que hace exclamar a Emir Rodriguez Monegal (1921-1985) en “Borges, una biografía literaria” “La omisión (deliberada desde luego) ya que es inútil buscar entre sus artículos alguno dedicado explícitamente al ensayista inglés”.

    La pregunta que se impone es ¿por qué? Más allá de las respuesta que pueda dar la psicología, más allá de las posibles claves que puedan encontrarse en el estupendo libro de John T .Irwin “The Mystery to a Solution” (Poe, Borges and the Analytic Detective Story) que invito a leer; donde Irwin comenta una conversación con Borges momentos antes de abandonar la casa de Edgar Alan Poe en Baltimore, después de haberle preguntado por la influencia del autor de “El Cuervo” en su obra. “Borges permaneció un rato en silencio y luego en voz muy baja dijo”, dice Irwin: “Siempre he tenido el temor que algún día alguien descubra que todo en mi obra es prestado por otro, por Poe, o por Kafka, por Chesterton, Stevenson o Wells” (tengo para mí, que quiso olvidarse de Carlyle, pero ocultó a De Quincey) esto fue en abril de 1983. Mucho antes (1974), en el Epílogo a sus “incompletas” Obras Completas escribió en tercera persona: “El renombre de que Borges gozó durante su vida, documentado por un cúmulo de monografías y de polémicas, no deja de asombrarnos ahora. Nos consta que el primer asombrado fue él y que siempre temió que lo declararan un impostor o un chapucero o una singular mezcla de ambos” . La respuesta a semejante misterio debería surgir del mismo Borges, no de un sujeto ajeno, no de un observador, sino del interior de su obra. Si todo es irreal según el idealismo, es más si todo es una farsa según Carlyle donde la historia es una suerte de Escritura Sagrada que desciframos y escribimos continuamente y en la que también nos escriben, si quien lee una línea de Shakespeare, es William Shakespeare, más aún, “si nuestras nadas poco difieren, es trivial y fortuita la circunstancia de que seas tú”(Thomas De Quincey el redactor de tus ejercicioa y yo Jorge Luis Borges su lector). También es cierto, que Borges deja siempre claves para que resolvamos el misterio, así como Kafka crea a sus precursores, Borges ha hecho lo mismo con De Quincey, Carlyle, Chesterton y con ello modifica nuestra percepción del pasado, como ha de modificar el futuro, y entonces esta vez Juan Dahlmann empuña con firmeza el cuchillo, sale a la llanura, se enfrenta a Padre, a Madre, a todos sus ilustres ancestros, a Lugones, a Victoria Ocampo, a Thomas De Quincey y emulando a Benjamín Otálora prefiere deberse el éxito a sí mismo y no a otro.