Autor: alejandrofrango.com

  • DE LETRAS, DE ANALFABETOS Y DE CIFRAS

    Antes de la invención de la imprenta por Johannes Gutemberg (Maguncia 1400 – 1468) en 1445, entre el 95 y 97 % de una población estimada entre 350 y 400 millones era analfabeta.

    Según la UNESCO en 1985, el 28 % de la humanidad era analfabeto y en 2025 ese porcentaje se redujo al 21 %. Felicitaciones, Champagne y aumento de honorarios para los sabios de la UNESCO, que se olvidaron de decir que en 1985 la población mundial era de 4.870.000.000 habitantes y el 28 % de esa cantidad es 1.363.600.000 de seres humanos, que no podrían haber leído este artículo. Según Worldometer (estadísticas al instante) la población mundial asciende en este momento en que escribo a 8.264.680.000.000 y el 21 % de esa vastedad humana es de 1.735.582.800 hombres, mujeres, niñas y niños, es decir hay hoy 371.982.800 millones más de analbabetos que hace 40 años, algo así como la población de los Estados Unidos, u ocho veces la población de la Argentina. Entonces nada de champagne, agua de la canilla, del grifo, del pozo o del río. Claro con tantos analfabetos cómo voy a tener lectores para mi blog. También es posible que lo que escribo no le interese a nadie, pero seguiré intentandolo.

    Los que sí escriben bien son Irene Vallejo,”El Infinito en un Junco” (La invención de los libros en el Mundo Antiguo). Filippo Ronconi, “Los Orígenes del Libro” (Metamorfosis de un objeto desde la Antigüedad hasta la Edad Media). Alberto Mangel, “Historia de la Lectura”. Bard Borch Michalsen, “Cómo la puntuación cambió la Historia”, que se refieren al tema en cuestion, como ejemplo les dejo esta perlita mencionada por Mangel, en “La línea temporal del Lector” que en mi edición (Penguin Books) está entre las páginas 180/181, dice allí “Año 1333 el pintor Simone Martini coloca un libro en las manos de la Virgen en su pintura “Anunciación”. La Iglesia Católica, no muy convencida de la capacidad intelectual de las mujeres, debatió si la Madre de Dios debería ser reconocida como lectora”. Qué maravilla que haya instituciones que velen por nosotros.

    A las 7.25 am la población mundial ha crecido en 112.085 y sigue.

  • LA SOLEDAD DEL LECTOR

    En 1996 David Markson (NYC 1927 – NYC 2010), estudiante y luego gran amigo de Malcolm Lowry (1909 – 1957), compañero de aventuras de Conrad Aiken (1889 – 1973), Jack Kerouac (1922 – 1969) y Dylan Thomas (1914 – 1953) publica “Reader’s Block”, traducido al castellano por Laura Wittner (Bs. As. 1967), autora ella misma de “Se vive y se Traduce”, “Traducción de la Ruta”, y cantidad de libros para niños, traducido genialmente por “La Soledad del Lector”, título que me jacto de haberle robado para este artículo porque me ha venido como forro al pene (basta de ‘anillo al dedo’) publicado por La Bestia Equiátera , tapa ilustrada por “Sun in an Empty Room” de Edward Hopper (1882 – 1967), diseñada la tapa por Juan Pablo Cambariere y con “Blurbs” (thank you Louise Willder) bien interesantes y seductores. Y digo que me ha calzado tan bien porque los que escriben vienen anunciando la muerte del autor, la del arte, la de la novela y hasta el fin de la historia y yo quiero contribuir, con que tendrá que morir el personaje, situación que provocó en mi la lectura, también de David Markson de “This is not a Novel”, también traducido con brillantez por Laura Wittner y con diseño de tapa también de Cambariere y aún mejores “Blurbs”, también por editorial La Bestia Equilátera, que si hubiera sido Escalena ni les cuento y de haberse atrevido a ser Isósceles estaríamos al borde del orgasmo, razón fundamental para haber cambiado anillo por profiláctico.

    Recuerdan que les conté (en este blog que nadie lee) que fui a Falkinas y que mi personaje llamado Alejo Santos fue a buscar y se vino con la espada Excalibur del Rey Arturo para acabar con el Memorioso Funes, obsesivo de la cronología pero incapaz de pensar. Bien ha llegadoi el momento (dice Alejo Santos) de que se olviden de mí, yo ya no existo, pero sigan el informe de los acontecimientos según consta en actas de la Prefectura Naval Argentina y de la Policía de la Provincia de Buenos Aires que documenta con precisión la declaración de los testigos y la grabación fiel hecha por uno de los pescadores.

    “En el muelle de Pacheco, sobre aguas del Río de la Plata, cito en la ciudad de Martínez del Partido de San Isidro, varios pescadores afirman haber visto a un masculino, portando una amenazante espada dirigirse a la cabecera del citado muelle, balbuceando algo que les resultó un tanto incomprensible y que gracias a la grabación de otro pescador presente paso seguidamente a transcribir: “Ireneo Funes, vine a concluir una historia de repetición insensata, no es nada personal; te pido que gires, quiero ver tu rostro” le espeta mi personaje Alejo Santos. Los pescadores aseveran no haber visto a quien dirigía sus palabras el masculino y temiendo por su propia seguridad se retiraron hacia la costa asi mismo aseguran que el masculino se cubrió la cara como protegiéndose de un resplandor extraño al que embistió y asestó una estocada y que escucharon un ruido a espejo que se quebraba y el cuerpo del masculino comenzó a sangrar profusamente de un tajo en su vientre, que lo hizo trastabillar y caer al río que se llevó el cuerpo con la espada clavada. Los pescadores lo vieron flotar mirando al cielo.” El cadaver fue luego recogido por personal de la Prefectura Naval Argentina en la bahía de Samborombón, donde se lo identificó como Alejo Santos y la espada mostraba en su empuñadura el nombre de Excalibur. Nadie se presentó a reclamar el cuerpo que fue llevado a la morgue municipal, sin embargo la Embajada del Reino Unido de la Gran Bretaña ha solicitado la restitución de la espada Excalibur, que el Gobierno argentino ha condicioinado a la pronta restitución de las islas Malvinas a la soberanía de la República Argentina.

  • LAS FELICES “FELICES FIESTAS”

    Sí, no me volví loco, las celebraciones de fin de año: Navidad y Año Nuevo no son fiestas, como la del cumpleaños, el casamiento, la graduación y cualquier otro acontecimiento. Navidad (que estrictamente es un cumpleaños, el de Jesús que parece ser que cumple 2025 años, ¿imaginaron alguna vez una torta con 2025 velitas?) son las “Felices Fiestas”. A mi no me gustan para nada, es más me molestan, con la única excepción de ver a los niños que me encanta cómo se abalanzan sobre los regalos, aprobando su primera lección de cosumismo explícito. ¿Por qué no me gustan nada? :

    Por 1. Son obligatorias y si no querés ir también te sentís un pelotudo.

    2. Cuando todo el planeta se pone de acuerdo en algo, yo sospecho algo non sancto.

    3. Detesto todos los finales: el final de una película que me encanta, el final de una novela, cuento o ensayo, el final del viaje, el final de una fiesta (salvo el de las “FF”), el final de un ciclo, el final de un amor, el final de una amistad, el final de la soltería (por eso no me casé nunca), el final de un coito (es decir “acabar,” en la India me aseguró una suerte de gurú que podía detener el “acabar” 12 horas, es decir podía hacer un 2×24, algo aprendí aunque mi ansiedad jamás me permitió más de una hora lo cual me satisfiso) pero esto ya no es así, porque ésta es mi septuagésima séptima “FF”., el final de las vacaciones, el final de un ciclo, el día domingo, el mes de diciembre., que además no me gusta por el calor, los mosquitos, las cucarachas, el protector solar, la humedad, ¡ah! me olvidaba la pirotecnia que invita a la meditación.

    4. EL FINAL FINAL, el hecho absolutamente democrático sin excepción, el final que no discrimna entre Rey y mendigo, Caín y Abel, San Francisco y Bergoglio, Alberto Nisman y Alberto Fernández, la universal muerte, que no es miedo lo que me provoca, sino VERGÜENZA : que Shakespeare sea enterrado o cremado que las bacterias, la podredumbre y el polvo lo desintegren al igual que a una serpiente, hiena, murciélago o mariposa y sea polvo me avergüenza. Por supuesto que así es la realidad, pues a veces la realidad también me da vergüenza. Que no tengo solución y eso también me avergüenza, que los humanos de todos los tiempos no encontramos una solución, vuelve a avergonzarme. Que lo más lógico es aceptar las cosas como son, y que todos los demás tienen razón, es totalmente cierto y esto no me da vergüenza, pero tener que darle la razón al mundo entero me da soberanamente por el duodécimo forro de las pelotas pero igual les deseo “FF”.

    El Final :FELICES FIESTAS = FINAL FINAL.

  • VERBA VOLANT, SCRIPTA MANENT

    Imaginemos las suaves ondulaciones de las sierras de Éfesos que se zambullen sin estrépito en el Egeo, imaginemos que es invierno y que en la humilde choza, que desde la orilla se parece a un lugar destinado más a los dioses que al hombre que la habita en soledad,está el fuego encendido donde en un caldero que cuelga de un gancho, bulle una sopa de cordero y aromáticas hierbas salvajes que están por alimentar a Heráclito que no sabe que en 2500 años, lo que deje escrito ese día, será citado en otros escritos que se llamarán tesis doctorales en ámbitos de estudios serios en ciudades que llevan inimaginables nombres como Oxford, Buenos Aires, Lovaina.

    Imaginemos que Heráclito se ha servido en un cuenco de arcilla la sopa; que humeante; comparte la mesa de trabajo con unas delgadas tablillas de buena madera y con varios estilos (punzones)con los que dejará escrito de la manera mas sencilla posible ese concepto que el llamará “dialegestai” y que implica algo así como que en la parte está el todo que a su vez es nada y que en ese ir y venir de opuestos se encuentra la clave de lo que es el fundamento de lo que nos acontece, pero quiere hacerlo de una manera clara para que la puedan entender los pastores de cabras, así como le entendieron el concepto de “relatividad” cuando les demostró que el sol tiene el tamaño del dedo gordo de un pie humano cuando uno cierra un ojo y eleva el pie hacia el sol y entonces graba en la tablilla, después de meditar un buen rato:

    “El arco (byos), tiene nombre de vida pero efecto de muerte”, concepto que le permitirá con el tiempo a Prótagoras, complejizarlo un tanto, al sostener: “El hombre es la medida de todas las cosas”.

    Imaginemos ahora que han pasado varios siglos y vemos llegar a Atenas, con gesto de cansancio, no sólo por el viaje, a un hombre que porta un nombre de tinte aristocrático, como corresponde a quien será preceptor del emperador Alejandro de Macedonia. Estoy diciendo Aristóteles, quien en un momento de zozobra espiritual desenrrolla un pergamino y escribe con un filo estilete embebido en la nueva tinta recién llegada de Egipto, que contiene una resina que fija mejor las letras que el típico hollin de las tintas locales. Con cierta molestia, no exenta de dolor escribe: “Pero queridos amigos, ¿es que en verdad hay amigos?”

    Pues sigamos caminando en el tiempo, digamos que hemos llegado a Ravena en el momento en que el poeta Dante (1265 – 1321) inmóvil, se deja retratar por Giotto; inmovilidad aparente ya que su mente inquieta no puede parar de pensar en la oración con que quiere iniciar el Infierno de su Comedia y en la enmarañada selva oscura lo acechan león, leopardo y loba y no puede, no sabe, lo intenta, retrocede, se enfada y entonces estornuda y es Virgilio quien lo guía y Dante hace a un lado al Giotto y escribe en un delicado papiro oriental provisto por un comerciante florentino, mojando su pluma en una burda tinta oscura de extraño nombre ‘atramentum’ algo así como “frente a la puerta con la terrible inscripción “¡Perded toda esperanza los que entrais!”, vuelve a estornudar, se sienta y le dice al Giotto ” Avanti maestro.

    Prosigamos, acabamos de dejar los blancos acantilados de Dover después de una tranquila travesía desde Calais, y luego en un chirriante carruaje hemos llegado a Londres, es 1595 y vemos que un tal William Shakespeare apura sus pasos por la Strand porque no quiere que se le escapen los versos que acaba de soñar y que serán con el tiempo uno de sus sonetos que recitarán millones de individuos en todas las lenguas y con desesperación embebe la pluma de ganso en una pringosa tinta que le manchará su ropa y el texto y apunta, veloz:

    “Cuando cuarenta inviernos pongan sitio a tu frente

    y excaven hondos surcos en tu bella pradera

    tu estampa vanidosa, admirada al presente

    será una vestimenta andrajosa y grosera…

    y de pronto una nube traidora que acecha constantemente al poeta, como la muerte a todos, le impide seguir escribiendo porque a ensayar lo llaman, pues la reina Isabel se aburre y la Corte le exige al cortesano Shakespeare, como al caballerizo, o al valet estar no donde quieren sino donde deben.

    Pues dejemos a Shakespeare entretener a su Majestad y volvamos al continente, a andar los polvorientos caminos hispanos y entremos en una sórdida, oscura, ruinosa celda donde paga con la prisión,el no haber pagado en tiempo y forma sus deudas un huesudo y fino hidalgo a quien vemos hundir en el tintero que ha pedido su improvisada pluma de gallina batarasa para que la humanidad lo escuche y anota para la eternidad estas palabras “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…” que darán origen a las andanzas en busca de algo que le de sentido a su aburrida vida carcelaria que poblará de aventuras en compañia de su fiel servidor, porque hidalgo sin siervo y caballero sin caballo son lo mismo que esperanza sin tiempo por delante o cóndor sin los Andes donde anidar.

    Y pasó entonces el tiempo infatigable y de pronto lo manual se hizo mecánico con la invención de la imprenta que llenó de letras el mundo y la gente se puso a leer y quien lee no puede no escribir y lo hizo en máquinas, obviamente de escribir que evolucionaron a la máquina electrónica que un buen día se hizo computadora y permitió que hoy mientras viajaba en el tren dejara grabado en el celular, lo que ahora estoy volcando en la pantalla y entonces parodiando a Beaudelaire agradezco a Dios por no haberme hecho vivir en Éfesos en el 600 AC, ni en Atenas en el 300 AC, ni en los Estados Pointificios del siglo XII, ni en la Inglaterra ni la España del siglo XVI y me pone muy contento gozar de este hecho de tan sólo tener que acariciar el teclado suavemente y con limpieza y velozmente mis ideas quedan dibujadas en una pantalla que reproduce lo que intento decir y que cuando me equivoco con tan sólo volver a teclear transformo esta intrometida mayúscula acentuada (É) en la deseada (é) que erróneamente había eludido; o este error de escribir hepigrafía en vez del correcto epigrafía, o corregir el equivocado (¨) por el necesitado (´).

    Lo que si envidio a los que me precedieron es la sencillez con que podían explicar que las ideas aparecían plasmadas en una superficie por el hecho de haber tan solo dibujado las letras correctas; yo, en cambio, y muy a mi pesar no sé explicar el proceso por el cual la presión sobre una tecla da la “A” y pone la “Z”, ni por qué ante mi ansiedad alguien me dice seriamente “pará un poco que la máquina está pensando” y “si seguis siendo ignorante y queres saciar tu curiosidad no dudes y preguntale al Chat GPT por qué ocurren las cosas”. Y es aquí cuando me pregunto si cuando un griego le consultaba al oráculo de Delfos cuál sería el resultado de la batalla, o un florentino del siglo XII arrodillado frente a un altar hacía promesas si tal gracia le fuera concedida, o un inglés del XVI sintetizaba el balance entre dicha y pesares en “The question is to be or not to be”, o un español enloquecido arremetía convencido que la rueda del molino que giraba sin parar era fiero enemigo a derrotar.

    La pregunta que me hago es bien sencilla ¿avanzamos o tan sólo modificamos algunos elementos técnicos con los cuales queremos dejar por escrito para que a la idea no se la lleve el viento, la sempiterna y nunca respondida pregunta: What the hell are we all doing here?

  • CADA TANTO EL VACÍO

    Sí, claro, por más que uno esté haciendo lo que quiere hacer, cada tanto se cuela el vacío que vendría a ser como estar suspendido varios metros en el aire, viendo todo lo que pasa, pero sin poder volar.

    La bitácora, donde figura el mes de febrero de 1981 da cuenta de ese estado: “Con que terrible insatisfacción me dormí anoche en el barco desde Niza a Bastia,¡Qué vacío! ¡Qué sensación de camino clausurado! ¡Qué malestar con todo lo que me rodea!

    Bonifacio (Isla de Córcega). Me alojo en Hotel des Etrangers. Estoy caminando por el medio de una calle mojada, cruzo un puente, no se ven autos, no ladra ningún perro, veo que se apagan las luces de una casa. El silencio urbano es desolador. Es un silencio diferente al de la naturaleza. El de la Patagonia, Nepal, Alaska, Islandia es un silencio vital, poblado de misterios. El silencio de las ciudades remeda las palabras finales del cuento “Life of Ma. Parker” de Katherine Mansfield “Wasn’t there anywhere in the world where she could have her cry out at last?….There was nowhere”.

    Vengo a la isla de Córcega a visitar Cervione donde nació Marie Anette Podestá en 1878, mi abuela materna, así como visité Goa, donde nació mi abuelo paterno y como visité Barcelona donde nació mi abuelo materno, cinco años mayor que ella. Tan cercanos geográficamente, pero se conocen y casan en Balcarce, Provincia de Buenos Aires y forman su hogar en Mar del Plata, donde crían a sus cuatro hijos. Este viaje me llevaría luego a Cerdeña, Sicilia, Siracusa, Battipaglia, Pompeya, Nápoles, Asís, Corfú, Atenas, Rodas, Creta, Venecia; Ginebra y regreso al campo en Saussine, mi casa durante dos años. Tres meses de viaje y salvo en Grecia, y en particular en Creta donde si estuve en la tierra y en mi cuerpo, todo el resto del viaje fue de una extraña sensación: me sentía todo el tiempo con exceso de una humedad fría y penetrante. Por primera vez entendí lo que muchos europeos del norte dicen con respecto a la necesidad de sol. Lo cierto es que el sol produjo el secado y retornó la energía. Es curioso esto de los estados del ánima: hay veces que uno está encantado de estar vivo, es como que el mundo baila al compás de la música que uno le impone, y de pronto suena un bandoneón, algo te recuerda que la vida es una herida absurda, perdés el tren que va a Éboli por tres minutos, te enfriás en la estación helada, llegás a Asís con fiebre, un catarro fuerte y la eterna pregunta What the hell are we doing here?, se agudiza, se torna totalmente psicológica, y paso a ser el sujeto en cuestión, y no el viajador filósofo. Ya no interrogo, me asombro, me deleito y anoto en la bitácora, sino que interrogo, me angustio, me inquieto, anoto en la bitácora.

    Una visita al médico del pueblo, una comida en la Bucca de San Francisco que termina en una invitación a cenar hecha por dos parejas de la mesa vecina, amigos entre ellos que festejan su primer año de casados, me devuelve el ánima al cuerpo, desciendo del globo. Ya siento la tierra, el torrente de sangre es una catarata de vida y Fulvia Francesca Fioravanti entre franela y farfulla, facundia y frazada me devuelve la fe en mí que soy yo. Sube al globo el tanguero con su fuelle llorón y su herida absurda, se eleva, le corto la cuerda y el globo se pierde en el espacio.

    Anoto en la bitácora un comentario de David Hume: “But the life of man is of no greater importance to the universe than that of an oyster”.

    Los momentos críticos, dicen algunos son de peligro y de oportunidad. Tiendo a verlos como una puesta entre paréntesis donde percibo que es en uno donde anidan cielo e infierno. Ha primado en mí lo erótico por sobre lo tanático………………………………………………………………………………….. Pero:

    ¿Y si el viaje fuera huída?

    ¿Y si la soltería fuera miedo?

    ¿Y si la libertad fuera inmadurez?

    ¿Y si el rechazo a lo material fuera incapacidad?

    ¿Y si el desprecio a la pertenencia fuera arrogancia? No necesito de nada y de nadie, yo me basto.

    ¿Y si el tren no fuera el vehículo de la libertad y la representación de ese eterno movimiento y de esa metáfora de la vida y representase otra cosa?

    ¿Y si mi discurso libertario fuera tan sólo la máscara de otro jamás pronunciado que dijera “Si yo no gano, si yo no soy el número uno, el mejor, el aclamado, el centro, el ídolo, si yo no soy Dios: bueno entonces no juego?”

    ¿Y si la soledad fuera resentimiento?

    ¿Y si mi rechazo al poder fuera impotencia?

    ¿Y si la muerte del autor fuera la incapacidad de escribir la novela que, dice Onfray, Barthes nunca fue capaz de escribir?

    ¿Y si ser quien soy fuera el resultado de haber nacido, crecido, sido educado, formado con los valores de la Calesita y yo no fuera el individuo que se ufana en ser sino tan sólo uno de los caballitos de colores que gira ruidosamente pero sin avanzar un metro sobre la destartalada plataforma circular?

    ¿Y si todo fuera una ficción?

    Como tantas otras veces recurro a Borges; nuestro Shakespeare, “Negar la sucesión temporal, negar el yo, negar el universo astronómico, son desesperaciones aparentes y consuelos secretos. Nuestro destino (a diferencia del infierno de Swedenborg y del infierno de la mitología tibetana) no es espantoso por irreal: es espantoso porque es irreversible y de hierro. El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre: es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente es real: yo desgraciadamente, soy Borges,”

  • BALBUCEOS

    Mi mesa de trabajo está colmada de libros, estaba releyendo a Wittgenstein, es decir L. Wiit, como me gusta llamarlo, releyendo a Schopenhauer, subrayando y anotando a Carlo Michelstaedter, me encanta el caos creativo, me dije todos están muertos sin embargo plenos de vida, los leo y los releo y surge entonces lo que creo que se acerca a cierta certeza: la realidad es dialéctica, lo que por ahora sintetizo en el fragmento 60 de Heráclito “El camino hacia arriba y hacia abajo es uno y el mismo” o con el aforismo 217 de “Cultura y Valor” de L. Witt “Nuestras mayores tonterías pueden ser muy sabias”. El aforismo 179 del mismo trabajo de L. Witt “En la carrera de la filosofía gana el que puede correr más despacio; o aquel que alcanza último la meta” y por eso es que en el aforismo 463 nos dice que el saludo entre los filósofos debería ser “Date tiempo”, que me hizo trepar a la escalera a buscar “Los Principios de la Filosofía del Derecho” de Hegel porque quise citar textualmente aquello de “La filosofía llega siempre tarde”… que termina con eso tan poético y por ende tan cierto que dice “Cuando la filosofía pinta con sus tonos grises ya ha envejecido una figura de la vida que sus penumbras no pueden rejuvenecer, sino sólo conocer; el buho de Minerva recién alza vuelo en el ocaso”, o el aforismo 59 que tanto me gusta “El pensador se parece mucho al delincuente que quiere marcar todas las conexiones” y de pronto algo inesperado, por más que lo tenía subrayado de lecturas anteriores, me encontré de golpe caminando por St. James, por la calle Piccadilly de mi querido Londres y entrando en el 181 (esto no es un aforismo) sino el número de la calle Piccadilly donde está ese reducto de refinamiento gourmand que es Fortnum & Mason fundada en 1707, proveedora de exquisiteces a la casa real británica y de pronto el pensamiento filosófico se abraza con el cuerpo gastrosófico llevado (ahora sí) por el aforismo 222 de L. Witt que dice “Podría imaginar que alguno opinara que los nombres ‘Fortnum’ y ‘masón’ se adaptaran uno a otro” (fortnum, es del viejo francés y significa un potrillo fuerte, vigoroso y masón es un obrero de la construcción, un albañil) y entonces es cuando el a veces arduo estudio de L.Witt me reconcilia con la humanidad y busco el aforismo 100 con el que titulo este artículo que completo dice “mis escritos son con frecuencia sólo un balbuceo” y los míos ni les cuento, pero sigo aprendiendo, yo siempre llego último a la meta.

  • AVATARES DEL TREN

    Vengo de “El Ombú”, el río, un palacio fantasma. Vengo de “The Doll’s House” (of all places). Todo gira en una calesita, que a su vez gira en otra, en otra. Jugamos a dos juegos: tren o calesita.

    Son juegos, son ficciones.

    El tren también es prisionero del circuito que le permite moverse.¿Es posible avanzar en un planeta que gira sobre sí mismo, como lo hace una calesita? Giramos alrededor del sol en un universo infinito que está en expansión.

    Amo el tren. Viajar en tren.

    Hay innumerables personas, hechos, instituciones que reflejan el alma británica: Shakespeare, los pubs, el valor del individuo por sobre la especie como lo expresa Borges en “El Ruiseñor de Keats”, el fabuloso, desaforado ennoblecimiento del “loin of beef” por parte del descomunal Henry VIII, que al ser agasajado en un pueblo de su reino con una pieza cárnica de gran tamaño y exquisito y jugoso sabor, se puso en pie, desenvainó su espada y lo declaró “SIR LOIN”, que es como hasta el día de hoy se pide un bife de chorizo en Gran Bretaña como nos cuenta Ben Rogers en “Beef and Liberty”; paralelamente a este acto, Henry VIII, cumple con otro de estricta justicia, que es cortar la dependencia con el Papa (WTF with Rome?); John Locke; el “sense of humor”, expresado académicamente en “The Comic History of England” de Gilbert Abbot A’ Beckett y en el desopilante “From Beowulf to Virginia Woolf” de Robert Manson Myers; el inapelable pragmatismo cuando me presenté al Ministerio del Interior en Londres con el fin de aspirar a una suplencia de enseñanza de español, habiendo hecho expresa mención a la carencia de ciertos papeles requeridos al efecto, y la contundente respuesta del funcionario, previa consulta con su superior: “tiene usted razón señor, but we need you”; el mítico 5 o’clock tea and scons;en fin el Ferrocarril, es decir mis adorados trenes.

    El ferrocarril implica necesariamente un sistema, un orden: horarios, jerarquías, clases, movilidad del individuo, geografía, destino, partida, llegada, controles, hierro, carbón, revolución industrial, comercio, carga, transporte, desafíos, selvas, puentes, montañas, estaciones, túneles, ingeniería, libertad, que es lo más maravilloso de lo “British” (siempre y cuando, esa libertad se realice dentro del espacio enmarcado por los dos rieles, en su defecto hay descarrilamiento). Todo eso es Pax Británica y se celebra en el salón comedor donde conviven un Sir Loin from Argentina, un rack of lamb from New Zealand, un Tandoori and rice from India, un Cab Franc from Australia, un vin de Constance from South Africa, y a cup of tea Orange Pekoe from Ceylon, un wiskey from Ireland or Scotland o un VSOP Napoleón.

    El tren llegó a San Isidro, según lo registra la placa colocada sobre la pared de la estación el 10 de noviembre de 1863. Lo “tomé”, desde la estación “Golf” (hoy Lisandro de la Torre) a las pocas semanas de vida hasta Oivos; me llevaban a la casa de mis abuelos. El de hace 162 años, era a vapor y la locomotora tenía dificultades en la loma Olivos- San Isidro. El de hace 70 años, era eléctrico, de hierro y madera, color marrón, inglés, tenía coches de primera, con asientos de cuero negro, apoyabrazos de roble, abono de color azul y coches de segunda, con asientos de madera (muy parecidos a los del tren que tomé en Colombo hasta Galle en Sri Lanka en 1980, en ese también había de tercera), el abono de segunda clase era verde. Había medio boleto para los menores de 12 años (lo cortaba el boletero de la estación, con tijera, al bies). En los coches de ambas clases había dos donde se podía fumar. Los guardas parecían coroneles y los inspectores generales de división, por lo atildados y por la autoridad que ejercían. Viajaban jueces, ejecutivos, he visto ministros, diputados y al mismo Borges, solo, con sus manos, en su bastón apoyadas. Se escuchaba hablár inglés y alemán. En 1964, se renovaron, fueron de origen japonés, más livianos, con puertas que se abrían y cerraban por medios eléctricos, clase única de tapizados de cuerina verde. En 2014, (los actuales) son de origen chino: cómodos, limpios, con aire acondicionado, calefacción, cámaras de seguridad, información constante, asientos de fieltro. Ya no viajan ni ministros ni jueces. Ha aumentado la cantidasd de mendigos, lisiados, tullidos y vendedores ambulantes. La voz anuncia que “El acoso sexual a mujeres existe” y da un número para informar si alguno se produjera durante el viaje. Se anuncian apps, para consultar información de interés. Se oye hablar en guaraní, quechua, aymara, portugués de Brasil, chino, inglés, alemán, francés, italiano.

    Parejas homosexuales femeninas y masculinas se besan, haciendo por fin, inútil la afirmación de Beaudelaire, agradeciendo a Dios no haberlo hecho mujer, negro, judío, homosexual. Billy Joel, debería modificar los verso de “Piano Man”: “making love to his tonic and gin” y reemplazarlos por “making love to his I Phone and Samsung”. Se viaja mejor, más rápido, en horarios que se cumplen y con tarifas baratas.

    Escuché este Rap, interpretrado por una chica adolescente

    “No soy Niky Nikole

    No tengo Naik

    Por eso no podés tocarlas

    Podés tocarme las patas, podés tocarme los pies, podés tocarme la panza, podés dejarme un diez

    Así sigo cantando todo lo que no ves, porque lo que ves no es lo que es

    Lo que es, es oscuro, es sucio, es paco, es chuta, es mugre, es hambre, es golpe, es grito, es sangre, es barro

    No soy Niky Nikole

    No tengo Naik.

    Habíamos comenzado ese primer viaje en Retiro, con destino final La Paz. Fueron 108 horas de viaje. Con cambio de tren en Altos Hornos Zapla, en la provincia de Jujuy; llegada a la frontera, noche en La Quiaca y cruce a Villazón, Bolivia. Seguimos en un convoy, tirado en partes muy empinadas por dos locomotoras, de las negras, con carbonera. Pasamos requisas por un vasto contrabando hormiga, del que todos estaban al tanto y entre coimas a los aduaneros, ruegos, llantos,”permisito, por favor hágame campillo para mis cositas”. Requisas, también de los Rangers que buscaban guerrilleros, hasta que pocos años después, en 1967 dieron con el Che Guevara.

    Vendrían luego una larga serie de trenes maravillosos, el tren Constitución Bariloche, casi eterno, inolvidable. El Trochita de Ingeniero Jacobacci a Esquel, con las salamandras que los pasajeros alimentábamos con troncos de quebracho colorado. El Siligury- Darjeeling, en la India, atravesando campos de té en Happy Valley, tren de altura y curvas cerradas de 100kilómetros de recorrido y 10 horas de duración, eso fue en 1980. El Orient Express desde Zurich a Estambul, en 1981 con paradas en Belgrado, capital entonces de Yugoslavia, eternamente gobernada por el mariscal Tito. Hoy Belgrado es la capital de Serbia, una de las seis repúblicas en las que se ha partido aquel país después de crueles e interminables guerras. Atravesamos Rumania, parando en Bucarest, gran parte de Bulgaria, donde caminamos varias horas por Sofía, su capital, antes de alcanzar nuestro destino: Estambul, donde nos recibió una banda de entorchados músicos.

    Para la misma época se construyeron el Pacific Railway en Estados Unidos y el Central Argentino. Los dos países americanos, nuevos, consolidando sus instituciones y recibiendo entre ambos, la mayor corriente inmigratoria desde Europa, aceptaron conceder a las empresas británicas, a cambio de la construcción de la red ferroviaria, 5 leguas de tierras a ambos lados de los rieles. Excelente negocio para las partes, los ingleses venderían luego esa tierra a colonos, Los Estados Unidos y la Argentina tendrían vastas vías de comunicación. Había llegado el progreso, el comercio, la civilización. Esto fue festejado con entusiasmo en el norte, en cambio aquí, dio origen a interminables artículos y libros contra el avance del imperialismo ateo, masón y liberal, versión nacional y popular de dos concepciones sobre la necesidad. Es de cuño católico que la misma (la necesidad), tiene cara de hereje y es importante entonces el asistencialismo porque el rebaño puede enfilar para otros rumbos. En el mundo protestante, en cambio, la necesidad es y será siempre la madre de la creatividad y la invencióin.

    Es 1964, estamos en Huaitiquina, es medianoche en los Andes. Hemos parado. Los hermanos que se turnan en la conducción del camión frigorífico que nos trae desde Chile, han abierto la puerta de la caja donde viajábamos. Vemos el borde azul negro de las montañas iluminadas por la luna llena. Los dos hermanos, Caco, yo y un lugareño totalmente borracho bamboleándose y hablando sandeces frente a su rancho precario.

    Aquí se quedan.

    Aquí, es ningún lugar.

    La luna era un caleidoscopio desde donde se nos observaba; nosotros, en cambio, los quebradizos cristales de colores que nos movíamos a su antojo como títeres de un guión improvisadso en el que un montajista ignoto, muchas veces cruel nos hacía girar a su arbitrio.

    Comprendieron.

    Olacapato, nos aloja una familia ferroviaria. Tren carguero, furgón de cola. Nieva sobre el Tren de las Nubes, que serpenteando nos dejará en San Antonio de los Cobres. El guarda encendió la garrafa. Sin decir una palabra, llenó de agua una olla enlozada y fue tirando dentro de ella, sal gruesa, mandioca, zanahorias, zapallo, papas, batatas, cebolla, trozos de carne vacuna, chorizos, panceta. Ateridos de frío, comimos en las nubes: una imagen de la felicidad, otro miembro de la Sociedad Anónima.

    Es Misiones, es Cataratas del Iguazú, es 2002, cruzamos a Brasil; en ómnibus viajamos a Curitiba. Estamos en la estación de trenes, vamos a Paranaguá, vamos a recorrer los 108 kilómetros de un increíble ferrocarril construido entre 1880 y 1885. El viaje dura 4 horas, al recorrer la traza se comprende la rémora: se cruzan el río Ipiranga, dos represas, 13 túneles (uno de ellos de 400 metros), un puente de 110 metros de largo tendido sobre una cascada de más de 50 metros de altura, se atraviesa, en fin, una selva tupida de la Reserva Natural, que, nos dicen, es el 10% de la selva de Brasil. Vemos orquídeas, hortensias, alegrías del hogar, y una bella flor color rosa, cuyo nombre es Caraca da Serra. Hay cobras, yararás, pumas, monos, tucanes. La altura máxima del ferrocarril es 998 metros. Lo construyeron 9000 hombres, 3000 de los cuales murieron trabajando.

    Pienso en el ferrocarril más largo del mundo: el Transiberiano, 9288 kilómetros de vías y en los 15 años que demoró su construcción (1892 – 1907). Pienso en el orgullo que todo ferroviario tiene por el tren: me acordé de un episodio en el New Jersey Transit, cuando una “conductor”, así llaman al guarda, una mujer grande y enérgica amonestando por el micrófono a dos pasajeros que habían subido al tren, no por la plataforma, sino cruzando las vías: ” You don’t do that in MY train”, ese orgullo por “su” tren me parece admirable.

    Es Vancouver, es British Columbia, es Canadá, es 2011, abordo el Viarail, el ferrocarril que después de cuatro días me dejará en Toronto, 4400 kilómetros de felicidad. Lagos, bosques, llanuras inmensas que remedan las nuestras: los mismos cultivos, grandes rodeos vacunos, hombres a caballo, las montañas Rocallosas; cada tanto una catarata anunciada a los pasajeros:”miren a su izquierda, voy a disminuir la velocidad para que puedan ver la caída de agua”; al rato ,”osos a la derecha”.

    Salón comedor, bar con cúpula de vidrio.

    Atravesamos las provincias de British Columbia, Alberta, Saskatchewan, Manitoba y Ontario. Pasamos Jaspers, Edmonton, Saskatoon, Winnipeg, Sioux Lookout, donde supuse que un malón de sioux nos atacaría, no fue así. Subió un músico con un cello, para el que había reservado el asiento contiguo al suyo. Una noche, en el bar desde el que se veía una luna menguante, tocó su arreglo de Rapsodia en Blue de Gershwin.

    Después de dos días se produce una familiaridad, que a veces hace ver como invasores a los ocupantes de otros coches que atraviesan el “nuestro”. Leo en el libro “El Transiberiano” de Albert Thomas, “El tren no es sólo un medio moderno de cambio de mercancías, sino un factor poderoso para quebrantar las jerarquías sociales”.

    LAS CAVERNAS EN EL TREN

    ¿De dónde venía? No me refiero al lugar, eso lo sé; un habitante del conurbano profundo de Buenos Aires. Me refiero al tiempo.

    Mirada perdida, naríz golpeada, amarrándose al barral del tren para no caerse. Una especie de amplia bermuda color caqui, una especie de poncho o sotana le caía sin cubrirlo sobre un prominente abdomen, una especie de lenguaje, casi como un suspiro, interrogaba a cuanto pasajero subiera al tren: “¿tiene 20 pesos?”, como si estuviera cobrando una entrada para el espectáculo dantesco que presentaba su persona. El olor que despedía era nauseabundo; se combinaban en su humanidad, el zorrino, la transpiración, la mierda, unos pies sucios y olorosos que dejaban ver sus dedos por la capellada raída de unas zapatillas encontradas, varios números más pequeños que sus pies. Era un hombre de la Edad Media, de un tiempo sin trenes ni industria siderúrgica. No combinaba con todos los cableados y conectados que lo rodeábamos. Es el tiempo que vivimos. En enero, en Edimburgo, le dejé campera de duvet y sweater a un indiduo, en similares condiciones, pero, estaba a punto de nevar. Hay millones como ellos. Es noviembre 2019. ¿Es que alguien en su sano juicio, puede pensar que esto no acabe en guerra?

    Hay un tren sobre rieles, en un simulacro de estación, que no conduce a ningún destino. Está en. la Quinta “17 de Octubre”, que fue de los Perón, en San Vicente. Es un tren maravilloso, que no parece real, tiene coches dormitorio, hay un salón comedor, living, escritorio con estantes vacíos para colmarlos de libros. Es mi tren ideal. Mi fantasía. Convocaría a miembros de la Sociedad Anónima. El guarda anunciaría la partida y el convoy lentamente enfilaría hacia Haparanda, Anchorage o Victoria Station, sí cualquier itinerario ferroviario o de ficción. Sí también con crimen incluído, con intriga, con suspenso, mientras nos siguen los apaches y nos arrojan flechas incendiarias, o el malón de Painé nos alcanzará cerca de la laguna, o los cowboys nos esperan agazapados en el desfiladero donde tendremos que frenar ya que han hecho una barricada y se llevarán la caja de la Wells Fargo, y lloverá, siempre tiene que llover. La lluvia es música líquida, servirá para apagar las flechas en llamas. Aunque la historia bien podría ser otra, si llegamos al tunel antes que los salvajes nos alcancen. Sí, el túnel es nuestra salvación y allá al fondo se ve por fin la luz y luego bordeando el acantilado, habremos llegado a Land’s End, el Finisterre donde una contundente masa de granito desbarranca en el mar; son las estribaciones de Gran Bretaña, la península de Penwith. Desde la costa y con el intermitente haz de luz del faro Godvery iluminando sus manos, Virginia Woolf escribirá su novela con sangre. Penwith, es promontorio de sangre, en el idioma Cornish.

    Estamos en Cornwall que es tierra de cuentos y leyendas populares donde se entreveran naufragios y contrabandistas de la talla de John Carter (The King of Prussia) y de extraños sucesos donde mineros rudos cavan túneles y viven en el pueblo de Chysauter, el bimilenario laberinto de la edad de hierro, donde en fraguas aun calientes se templaron las espadas del Rey Arturo y sus caballeros que solían atar sus caballos al pie del Mount St. Michael, conectado a su homónimo en Normandía por u n túnel submarino desde el cual se manejaron durante siglos el ritmo de la plea y bajamar.

    Ciudades, civilizaciones; por todas partes: templos, el deseo de que haya algo más. La necesidad de toda cultura de sentirse elegida. Dioses que han huído. Un vacío a ser llenado. Reiteración del esquema: divinidad, monarca, secta de brujas, magos o sacerdotes, militares, clase alta, pueblo.

    Cada vez que pienso en cómo nos educaron, experimento algo que oscila entre la vergüenza y el engaño. ¿Qué sabíamos de los Incas? Lo que nos había narrado la muy católica España. A la edad que teníamos durante ese viaje iniciático en 1964, a los 15 años, ya notaba que había una imperiosa necesidad de elegir, una urgencia por subirse al tren de “labrarse un futuro y hacer plata”, medida del éxito o del fracaso.

    Mi tren circulaba por otros rieles.

    Me resistía a ser un eslabón en la cadena de producción: ser un experto en ojos, carburadores o filosofía. La aventura, recorrer el mundo, me parecía el más noble de los kioscos posibles. Comenzaba a entender que mi tiempo sería otro. De haber una lógica, mi vida debería tener la suficiente duración, como para encontrar las palabras. No podía aceptar;”En el principio está el verbo”, al inicio sólo hay sangre, llanto, grito, mierda. Infante, es quien carece de lengua. De poder balbucear algo, ello sucedería al final del recorrido.

    La yerma simpleza que se experimenta en el interior de Islandia, en Patagonia, en la estepa de Mongolia, en los desiertos de arena o hielo. La enmarañada selva, el bosque oscuro, el mar infinito; el terror a perderse y ser tragado por ellos. El miedo a ser atacado por el tigre de Bengala, el oso de Canadá, el tiburón martillo del Caribe, la pitón de Sri Lanka, el marginal desplazado, el policía sin protocolos, los salvadores de la patria y su mentirosa épica.

  • TARDE DE OTOÑO

    Es sábado, es finales de marzo, es 2022, camino desde casa hacia el centro de San Isidro, paso el mástil y escucho una voz de soprano que canta una canción romántica, pero tan bien modulada y con tanta pasión que deja de ser romántica y parece un grito como de guerra pero de alegría (no sé si yo me entiendo muy bien, pero era algo que impresionaba). La voz sale de la garganta de un hombre alto de tez oscura, es no vidente y espera que le dejemos algo en la gorra que está a sus pies. Sigo mi camino hacia la calle Chacabuco y aún en la esquina escucho su voz. Me recordó a un italiano que cantaba en Palermo, Sicilia y que también era ciego y a un señor muy gordo que cantaba a la salida del Guggenheim en New York y a una chica que cantaba frente a Trinity College en Dublin y a un señor hindú que no cantaba, que también era ciego y que extendía su mano como para que también le dejáramos algo a la entrada de un templo en Rameshwaram. Pensando estas cosas sigo mi camino y una suerte de empatía con los cantores callejeros me provoca una sensación de armonía, de cariño por los miembros de la Sociedad Anónima de la que formamos parte. Sí, la sensación es de ternura con la humanidad y me place que así sea porque suelo tener ira y bronca y desprecio hacia esa misma humanidad. Pero hoy no, hoy es un día que no está ni frío, ni húmedo, ni lluvioso, donde a ratos sale el sol y a ratos se nubla, hoy que es climáticamente híbrido y que yo me siento humanamente como el día, en el cual no estoy ni activo, ni pasivo, ni huraño, ni conversador, ni apasionado, ni melancólico, ni deseante, ni depresivo; esa voz de ese señor en el centro de San Isidro me transportó a muchos lugares y de pronto pienso en Taylor Hawkins, el baterista de Foo Fighters que cerró el festival de rock el 20 de marzo y que el día 23 a los 50 años fue encontrado sin vida en el hotel en Bogotá cuando debía presentarse en otro festival. Ese día 20 cuando con maestría le hacía gritar a los platillos de su batería unos sonidos que exaltaban a los miles que lo escuchaban y nada hacía suponer que tres días después apareciera muerto, escribí lo que sigue:

    DO YOU WANNA SEE HIS PANTS ?

    Beeeeee, Beeeeee, Beeeeeee.

    I can’t hear you, DO YOU WANNA SEE HIS PANTS ?

    BEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE

    Y entonces Taylor Hawkins (1972) baterista de Foo Fighters obedeciendo a la gran masa del pueblo que ha respondido afirmativamente a la pregunta de Dave Grohl (1969) en la noche del 20 de marzo de 2022 en el Lollapalooza en el Hipódromo de San Isidro se pone de pie y luce unas calzas a rayas que enmarcan un bulto (de aquí en más EL BULTO)

    EL BULTO por el que viene balando en la Atenas derrotada por Esparta en tiempo de Aristófanes (444-385) después de soportar pasivamente una decadente oligarquía que erosionó hasta los cimientos la cultura ateniense. EL BULTO que degradó la Roma de Plotino (205 – 270) después de gobiernos de vejatorios emperadores. EL BULTO, que cínicamente hicieron adorar los Borgia (Calixto III y Alejandro VI) en el siglo XV. EL BULTO ante el que levantaron el brazo mientras vociferaban “Heil Hitler” (1889-1945?) millones de alemanes. EL BULTO que nos muestra Vladimir Putin (1952) al entrar en Ucrania.

    Piedras, palos, flechas, catapultas, espadas, balas de cañón, metralletas, tanques, cazas bombarderos, misiles teledirigidos, bomba atómica: representaciones de EL BULTO.

    Así hayas estado en el muelle de Pacheco, pescando desde las 22 horas hasta las 7 de la mañana del día siguiente y hayas pescado 5 pacús y 1 dorado como me dijeron los tres pescadores con los que conversé unos minutos desde mi bicicleta; sabés que aquí a tu celular llegan y quedan cada una de la escenas de EL BULTO de Putin pavoneándose por la llanura ucraniana. Pero así es WE WANT TO SEE HIS PANTS, WE WANT TO BE FUCKED por el que tenga el más grande pene y de tratarse de ELLA, sí claro también o para qué carajo se inventó y se fabrica la “cinturonga”, ¿ para que nadie la compre, para que nadie la use?

    Beeee, Beeeeee, Beeeeeeeeee, bala el rebaño y no puede dejar de balar clamando ansioso por el pastor que lo conduzca y le clave el “visto” y EL BULTO.

  • ESTADO PERSONAL

    La verdad es el único estado que me interesa. El estado, los estados nacionales no me gustan, me gusta la gente que vive en ellos. El estado nacional y popular me resulta detestable y los autócratas hipermillonarios que los dirigen verdaderamente repugnantes. La clase política, lo que desde hace un tiempo se ha dado en llamar “la casta” me produce alergia, pero parece ser que es imposible de erradicar, es ínsito al poder, generar esa camarilla les asegura la supervivencia, la adulación que necesitan como el aire que respiramos, son hipócritas, mentirosos, insensibles. A mí me dan asco; allá ellos.

    Comencé diciendo que el único estado que me interesa es el personal, es decir mi persona que implica un grupo de gente que son los que me constituyen, familiares más próximos, amigos de toda la vida, los que han estudiado conmigo, nuevos amigos con los que trabajo, gente querida y que sin ellos no soy; los recién llegados niños entre 11 años y 10 meses, es decir nietos a eso llamo mi estado personal, que además incluye a otro montón de personajes, gente que veo todos los días caminar por San Isidro, vecinos, comerciantes, en fin los miembros de la aldea a quienes saludo amablemente y cuyos nombres casi no sé, ni tampoco dónde viven, esos, la comunidad a la que pertenezco: todo ello más algún periodista de la mañana temprano y bueno todos mis libros, eso es mi estado personal. Ese estado personal (es decir moi meme) está subiendo a este Blog todos los días al menos un artículo y a veces dos y hasta tres, que nadie lee y cuando lo hacen es porque les digo que subí tal artículo y me da un poco de vergüenza porque parece que los obligara a tener que leerlos. Ese estado personal, seguirá escribiendo, pero la verdad ¿para qué escribo?, digo ¿para qué escribo en el blog? Porque escribir escribo siempre ya voy por la bitácora número 40, una suerte de diario con opiniones, historias de mis viajes, estados de ánimo, lugar donde tambén dibujo y en gran medida me explayo íntimamente. Escribo en el blog porque es lo más . parecido a publicar un libro, que en mi caso tiene título, “ORNITORRANCIA” que es una suerte de ensayo, opiniones, collage, diario, biografía, oralidad escrita, confluencia, instalación, vagabundeo, cruce de caminos, laberinto, mis viajes por 68 países, algo así como “A Cock and Bull Story” y que encaja, o me gusta que encaje en aquello que dice Walter Benjamin: “El que viaja, tiene algo que narrar, El sedentario, escribe una novela”.

    Bueno era eso, necesitaba decirlo, hay veces que mi Estado Personal me rompe soberanamente las pelotas, hoy es una de esas veces. Creo que cuando uno está enojado con el mundo, uno miente, creo que uno sólo se enoja con su Estado Personal.

  • JUGANDO AL BILLAR SIN TACO Y SIN BOLAS SOBRE UN TAPETE DESTEÑIDO Y RAÍDO EN LA MESETA DE SOMUNCURÁ CON DAVID HUME (1711-1776), RAYMOND ROUSSEL (1877-1933) Y JUAN JOSÉ SAER (1937-2005)

    “TRATADO SOBRE EL ENTENDIMIENTO HUMANO”, “LOCUS SOLUS”, “CICATRICES”

    El título es la síntesis de lo que recuerdo del sueño que tuve; ocurrió anoche 7 de agosto de 2024, no vale describirlo ya que la idea de que los tres escritores pudieran estar jugando conmigo una imposible partida de billar en el medio de la meseta patagónica supera ampliamente mi capacidad para escribir un texto surrealista. Haber tenido ese sueño ya es surrealista. ¿Es válido preguntarme por qué lo tuve? ¿Acaso lo sé de alguna misteriosa manera? Los textos anotados seguidamente al título son los libros leídos de los tres escritores que se relacionan por la actividad del imposible juego onírico del billar.

    David Hume se pregunta ¿cómo conocemos? Y trata de explicar la causalidad (causa-efecto) mediante el uso de una de las actividades ociosas en las que era un experto como filósofo y soltero bon vivant y explicando que en el billar, al impulsar una bola (causa) hacia otra que estuviera quieta, al chocarla haría que ésta se moviera (efecto). Se pregunta Hume ¿cómo es posible saber tal cosa?, ya que podría suceder algo distinto de cambiar algunas circunstancias físicas, por ejemplo que las bolas se repelieran o cambiase el sentido de la gravedad. Obviamente estaríamos en otro espacio con leyes físicas diferentes a las que conocemos por la experiencia que se remite a lo que ha venido sucediendo, es decir el pasado, y pronosticamos que así como fue, seguirá siendo, pero ¿es ello razonable? Y concluye que no es así, tan sólo la costumbre, el hábito de que a tal causa suceda tal efecto nos hace formular leyes sobre la realidad, con lo cual abrió la puerta a la duda, a la relatividad que escandalizó a muchos pero despertó a Kant de su sueño dogmático.

    Raymond Roussel va a develarnos el secreto de cómo escribió algunas de sus obras y sabemos por Michel Foucault, André Breton, Jean Cocteau, Michel Leiris, Gilles Deleuze, César Aira, Maurice Blanchot entre otros que nos dirá el “cómo”, pero no el “¿por qué? ” y se referirá a “algunas” de sus obras y no a todas, y sabemos que develar el secreto es mantener el misterio o que tal vez develarlo fue su deseo de ser reconocido por su genialidad en cuanto al procedimiento ya que sospechaba que no sería recordado por sus textos pero sí por la técnica de llegar a la escritura de una oración que en el caso de “Nuevas Impresiones de África” afirma que cada verso de las mismas le llevó 15 horas de trabajo,en donde la idea es dejar que sea literatura y nada más que literatura y no todo lo que agregamos de historia personal y fantasías sexuales y viajes y teorías políticas y conciencia ambiental, económica, histórica, social y que fuera sólo combinaciones de la imaginación, es decir propias del superhombre nietzscheano y no de lo meramente humano, es decir la nuda escritura, pero ya que estamos con el billar, diremos que dejó a la literatura en bolas, y que cada cual entenderá lo que pueda entender porque es un procedimiento de escritura y no de lectura como bien dice César Aira y el propio Roussel que pretende que lo leamos con la misma ingenuidad con la que un niño se acerca por primera vez a algo; y entonces nos dirá que “escogía dos palabras muy similares, por ejemplo “billard” (billar) y “pillard” (bandido), luego añadía palabras parecidas perto tomadas en dos sentidos diferentes y obtenía con ello dos frases casi idénticas. Una vez encontradas las dos frases, se trataba de escribir un cuento que podía comenzar con la primera y terminar con. la segunda. Y de la resolución de este problema extraía yo todos mis materiales”

    Juan José Saer está molesto por esa “porquería de luz de junio que entra por la ventana” y lo que el narrador va a hacer con la bola de punto, que es la suya, y no la de Tomatis, es lo que dice Hume que hace con las suyas y después se irá formando un triángulo imaginario y un largo etcétera, que concluirá 83 páginas más adelante con ese párrafo que me dejó perplejo ya que me recuerda a Philippe Petit en infartante equilibrio caminando por el cable entre las dos torres del World Trade Center y que dice así: “Cualquiera hubiese sido su círculo, el espacio a él destinado a través del cual su conciencia pasaba como una luz errabunda y titilante, no difería tanto del mío como para impedirle llegar a un punto en el cual no podría alzar a la llovizna de mayo más que una cara empavorecida, llena de esas cicatrices tempranas que dejan las primeras heridas de la comprensión y la extrañeza”. Saer como Petit cruzó de una torre a la otra con éxito.

    Ahora por qué en la inmensa llanura de Somuncurá que es una altiplanicie de más de 25.000 Km cuadrados, vacía de humanos en territorios que son parte de Río Negro y Chubut y donde sólo conozco Ingeniero Jacobacci y el recorrido completo de “La Trochita” hasta Esquel que sólo me la recuerdan unos vecinos que verano tras verano van a recorrerla y supongo que tratan de entender algo de este extraño universo y expresarlo a su manera como Roussel, Hume, Saer, Petit, vos y yo lo hacemos a la nuestra.

    Hoy 7 de agosto de 2024 se están cumpliendo 50 años de esa caminata en el vacío entre las Torres de New York, vacío que tal vez no difiera tanto de éste, el de la meseta de Somuncurá, que es vacío que produce un “vértigo horizontal”, como dice Borges, que dijo Drieu La Rochelle de la vastedad de la pampa.