Autor: alejandrofrango.com

  • AR / DR

    En estos días nos han informado la televisión, las radios y las omnipresentes REDES que un estudiante de 15 años de un colegio de San Cristóbal, provincia de Santa Fé, entra en el establecimiento y camuflada entre los libros de geografía, idiomas, matemáticas, lleva una escopeta, la carga en el baño y mata a un chico de 13 y deja a muchos heridos. Después de la conmoción comienzan los comentarios periodísticos; obviamente se menciona la serie británica “Adolescencia”, de si hay una o dos víctimas (pero claro, uno está muerto, el otro cargará con su culpa de por vida ¿será así?); si la escuela esto, si los padres aquello, si el sistema ha cumplido bien su función, si las drogas, si el bullying, si la soledad de los chicos que hablan, sueñan, se sacan selfies y se masturban con la pantalla encerrados en sus cuartos.

    Comencé mi escolaridad a los 5 años en un jardín de infantes: “The Doll’s House”, donde también hice primero inferior y primero superior y tuve que rendir examen en la Educación Pública para revalidar, que ese jardín privado había cumplido con su función; y sí, lo había hecho muy bien, mi examen fue excelente y además jamás me hicieron leer que “Eva me ama y Perón me ama, es decir mamá ellos me aman”, como sucedía en la educación oficial: tal vez por eso nunca fui peronista. En 1956 colegio bilingüe en Olivos hasta 6to grado. Sólo uno de los chicos (Ives), en el último grado tenía a sus padres separados, era el hijo del Cónsul General de Suecia. El comentario de mi abuela: “Esas son cosas que pasan en Suecia”. Colegio secundario en Escuela Pública de excelente nivel entre 1961 y 1965; al menos en nuestra divisíon, alrededor de 30 chicos, nadie era hijo de padres separados. Entre los amigos del barrio sólo uno de nosotros tuvo padres separados, pero cuando nuestro amigo ya estaba en la facultad. Con el tiempo nos llegó Suecia. Es obvio que había problemas, tuve un compañero que se suicidó porque le calentaban los chicos y no las chicas, otro se fue a vivir su sexualidad a San Francisco (no en Córdoba, sino en California), alguno huyó de su casa y nada era “Hogar dulce Hogar”, pero eran otras las formas (¿contenidos, vigilados, reprimidos, castraditos?) si algo de eso había, pero había padres presentes y eran padres, no amigos. Le decíamos “boludo” a Juan cuando no hacía el gol, jamás a tu viejo.

    En mis cuatro años en Europa (1978 – 1982) no sonó ningún celular, y sólo se veían computadoras en compañías aéreas, bancos, gobiernos. Regresé en el Federico C desde Génova: no sonó ningún celular.

    En 1983 tuve mi primera computadora, ya tenía 35 años y mi primer celular lo compré en 1998 a los 50. El primero que oí sonar fue en 1987, creo que era un Motorola, gigante, con valija. Viajé por primera vez a Estados Unidos, estuve un mes, sin celular y no compré ninguno, eso fue el 31 de diciembre de 1998; quería despedir el último primer día del año del siglo XX en Times Sq.. Mi primer IPhone fue el IV, después el V, sigo usando el X que compré en 2019.

    El siglo XXI es el siglo de las REDES, es lo nuevo, hay que adaptarse, ya llegarán los super tours de lujo sin celular: “Two weeks in Patagonia without a single ring” (All included 10.000 U$S per day). El automóvil invadió todo pero sigue habiendo caballos, hay clubs de equitación, la Argentina goza del mejor Polo del planeta, he visitado Mongolia y anduve a caballo 10 días, y corren por su estepa 40 millones de equinos salvajes. En el conurbano, es decir aquí a la vuelta, hay carros con ruedas de gastados neumáticos tirados por explotados y famélicos caballitos cargados de cartones y miseria. Pero sí, el siglo XXI es el de las REDES.

    Mi modesta proposición como diría Jonathan Swift: Señores terminó una época que comenzó en el 525 debido a Dionisio el Exiguo, que después de mucho estudio dató el nacimiento de Jesucristo (con un margen de error de entre 4 y 5 años) y así pasamos a Anno Domine 600, 601, 1453, 2025) Esa datación se popularizó a partir de Beda el Venerable (672 – 735) y fue recién con el teólogo Denis Pétau (1583- 1652) que se tomó por costumbre esto de AC / DC (Antes y Después de Cristo) (Ver en este blog el artículo “Relatividad del Tiempo” subido el 16 /10/25. Entonces mi propuesta AR / DR, Antes y Después de las REDES (ALEJANDRO FRANGO DIXIT), después no me vengan con que lo inventó el Pofesor Philipe Poronguis de La Pinchila University. Pero tengan presente que las redes siempre han sido la tumba de los peces que los transformaron en pescados y yo cada día veo mas gente con escamas, aletas y espinas.

  • EL SILENCIO (cuento)

    Al día siguiente de los sucesos que luego relataré, ella revisó por enésima vez los portales de noticias con la esperanza de que algo de lo vivido hubiera quedado registrado, pero no, al igual que la televisión y la radio había una muda ceguera al respecto. Daba la impresión de que lo sucedido hubiera pasado en otro lugar, o peor aún en un no lugar. El hecho, por nimio que hubiera sido, fue insólito, pero al no quedar registro del mismo pasaba al orden de lo fantasmal o; y esto la aterraba; al de la alucinación.

    Salió hacia la estación del ferrocarril, como todos los días. Abrigaba la esperanza de encontrar a alguno de los pasajeros que por coincidencia de horarios se repiten en el andén y aún en los coches. Fue en vano, no pudo reconocer a nadie que pudiera haber estado el día anterior en el tren de las 9.03 en San Isidro llegando 9.42 a Retiro. Se paseó por la plataforma tratando de recuperar algún rostro de los tantos que el día anterior, al salir el tren de la estación Lisandro de la Torre, a la altura del hipódromo de Palermo hubieran podido participar de ese hecho extraño que ahora trataba de corroborar, pero al no asociar rostros con lo acontecido, bajó la vista hacia los zapatos y cada vez que veía a alguien, hombre o mujer con calzado nuevo, al igual que ella, levantaba la vista como interrogando, pero no se atrevía a preguntar; sentía algo entre temor, vergüenza y que la consideraran sospechosa, pero no sabía de qué. Subió al tren que no venía tan lleno como otras mañanas. En La Lucila se desocupó un asiento del mismo lado de la ventanilla, en el que el día anterior había estado como víctima y testigo de lo acontecido.

    Al pasar por la Quinta Presidencial miró hacia los jardines y tal vez el verde de la loma que imaginó mullido le hizo pensar que sacarse los zapatos producía siempre (al menos hasta el día anterior, así había sido) una sensación agradable: es algo que mucha gente hace al llegar a su casa; algunos incluso reservan en el hall de entrada o en el pasillo de acceso al departamento un lugar para dejarlos. Japoneses y chinos no entran en las casas calzados como para no acarrear contaminaciones extrañas al seno de la intimidad. Aviones, restaurantes, reuniones en oficinas y clases aburridas son algunas de los ámbitos aceptables como espacios a quitarese los zapatos.

    Pero el día anterior, y es esto lo que quería relatarles, cuando iba como todos los días hábiles a la compañía financiera donde trabajaba de secretaria ejecutiva, algo inusual había sucedido. Iba sentada, mirando distraída por la ventanilla, cada tanto recibía algún mensaje que contestaba apenas leído, cuando tuvo esa sensación – que ahora que el tren acababa de dejar Lisandro de la Torre, volvía a sentir- pero esta vez no en los pies como en la víspera, sino en las caras, en la suya y en la de los vecinos y recién en ese momento se daba cuenta; que no sólo ella estaba rígida y apretaba los dedos dentro de los zapatos como lo había hecho el día anterior, también el de traje azul frente a ella y la chica de las All Star negras a su lado y la señora de los zapatos con moño negro sentada en diagonal notaba que hacían lo mismo.

    El día anterior, sin embargo había sido arrollador cuando sintió que de pronto se le salían los zapatos, como si hubieran adquirido una vida independiente de la voluntad personal, a pesar de la fuerza con que pretendía retenerlos con sus dedos contraídos que los sintió como naúfragos aferrándose a una madera o como agarrándose de las paredes de la puerta del avión antes de lanzarse al vacío, como hacen los paracaidistas primerizos, pero el día anterior no había sido posible; primero fue el izquierdo y luego el otro y se fueron caminando por el pasillo. Se había parado enseguida, pero el hombre frente a ella se había interpuesto abalanzándose tras su par de abotinados de gamuza que se iban detrás de los de ella y de los dos pares de zapatillas de los chicos que ocupaban los asientos contiguos que también salieron a recuperar sus calzados. El insólito fenómeno los había superado. No eran sólo los pasajeros del coche en el que viajaban sino los de toda la formación. Un nutrido batallóin de zapatos de taco alto y bajo, zapatillas Nike, Vans, Topper, Converse, borcegos, un par de ojotas amarillas (¡y en pleno invierno!) y sus dueños entre absortos y consternados pugnaban por hacerse de los mismos ya que el tren había entrado en el cobertizo de la estación Retiro y tendrían que bajarse y caminar hacia las calles.

    Agolpados en las puertas, zapatos y despojados, ya conscientes, éstos últimos, de la gravedad de la situación aguardaban que estas se abrieran para ver como los zapatos salían caminando acéfalos por la plartaforma cada vez más veloces rumbo a los molinetes que fiscalizaban la salida.

    Ella había sentido el frío del cemento y un chicle se le había pegado a la planta del pie. Un colorido y dispar ejército de enanos de cuero, lona y plástico totalmente descontrolado rompía todos los códigos.

    Pasajeros a la espera de trenes en andenes vecinos habían sido testigos involuntarios de algo que al principio parecía increíble, como si no pudieran dar crédito a lo evidente; alguno esbozó una sonrisa que contuvo ante la consternación general y entonces ella y los otros se fueron agrupando, mudos, pero como protegiéndose ya que estaban desvalidos en un ámbito donde no era costumbre caminar descalzo y porque en segundos nomás deberían enfrentar la realidad de caminar hacia Alem, Puerto Madero o Plaza San Martín.

    ¿Cómo explicar en la oficina que uno ha llegado a trabajar descalzo?

    Nadie le dio mucha importancia a lo que ella relató, pero sí percibieron los zapatos recién comprados que mostraba como inútil prueba de lo acontecido. Nadie al parecer había tomado ese tren, ningún cliente hizo mención del hecho.

    Tampoco lo hubo en la pausa del mediodía. Le dio la impresión que sus comentarios molestaban. Por la vidriera del restaurante notaba que algunos parecían observarla.

    Trabajó intranquila.

    Al fin del día, el ascensorista la despidió con una sonrisa distinta a la usual y le miró los zapatos.

    También el portero se los miró, se levantó de su silla y se acodó en el mostrador para tener una mejor visión.

    En el tren de regreso nadie pareció haber registrado el hecho de la mañana.

    Los noticieros de los canales de aire y cable no informaron, tampoco las radios.

    ¿Y los zapatos? ¿Dónde habrían ido?

    ¿Es que nadie había visto nada?

  • FINDE LLUVIOSO, LECTURA, MORFI, “TRUST”

    Amo la lluvia, intensa, continua, con truenos. Leo el diario. Re leo “El Vestido Rosa” de César Aira. Re leo “Un Hombre sin Suerte” de Samanta Schweblin. Café.

    Salgo a caminar, a la lluvia hay que escucharla y también caminarla: eso es amar la lluvia, mero placer.

    Almuerzo: mientras cocino abro un Cabernet Franc salteño, impecable. Wok de pollo, langostinos, puerro, cebolla de verdeo, aceite de oliva, manteca, pimienta negra. Arroz,curry. Tarta de pera. Café.

    Salgo en auto a mirar el río, me encanta como golpea la lluvia el techo del auto. Regreso. Café. Re leo “Lottery” de Shirley Jackson (twice). Re leo “Mariposas” y “Pájaros en la Boca” de Samanta Schweblin.

    Alrededor de las 17.30, ha empezado a atardecer “Trust”, la serie de Disney sobre parte de la vida de Paul Getty (1892 – 1976) y el secuestro de su nieto Paul Getty III (el hippie de oro). Paul Getty cumple con el sueño norteamericano de empezar con 100 dólares y en menos de 40 años es el hombre más rico del mundo, o el segundo o el tercero, que da igual. Lo interpreta con maestría Donald Sutherland (1935 – 2024). Miré toda la serie. La actuación de éste Donald muy superior a la del Donald más conocido, y no me refiero al Pato. Algo me impresionó, además de su bellísima casa Sutton Place en Guilford, Gran Bretaña, es que (yo al menos) quería matar a Paul Getty, un “truly SOB Mother Fucker, Piece of Shit”. En una escena dice “Yo soy Plata”, y agrega “La plata es poder, cierta cantidad de plata es algo de poder, entonces querés más poder y después queres todo” Some, More, ALL. Me acordé del zorro de nuestro gallinero en Provence, y es así el zorro, la guerra, la plata, la cocaína, la vida es no PODER parar.

    Lamenté que Donal Sutherland se haya ido sin interpretar a Borges, en algunas escenas es un Borges NO no vidente. Terminé la jornada lluviosa con 1/4 de helado de Pistacho y Arándanos re leyendo “Las Ruinas Circulares”. Me tomé un whisky y me acosté y si George Clooney termina diciendo “What else?” por un café yo digo “La puta que es lindo estar vivo” y seguía lloviendo.

  • CAMBIA ¿TODO CAMBIA?

    Como hay guerra en Medio Oriente y yo tengo que llenar el tanque de nafta del auto con los mismos 50 litros de siempre, pero debo pagar más dinero porque un señor estadounidense octogenario decidió junto a un equipo, que lo más conveniente para fortalecer su poder es unir sus fuerzas a las de otro señor de 76 años, éste israelí y su equipo y entrar en guerra contra otros intereses representados por unos déspotas religiosos musulmanes que además de querer extender su concepción del mundo, quieren erradicar de la faz de la tierra al estado de Israel y para ello han engendrado a Hezbollah en el Líbano, a Hamas en la Franja de Gaza y a los Huties en Yemen. Esta situación que lleva, en cuanto a este estallido puntual, un mes; viene desde hace muchos años, tantos que me remontó a la primera vez en mi vida que escuché la palabra “Ayatolá” (señal de Alá), cuando yo era un señor de 31 años y vivía en el campo en Provence y encendí el televisor un frío atardecer del 16 de enero de 1979 en Antenne 2 y Patrick Poivre d’Arvor anunció que el Sha (Rey) de Persia, Reza Pahlavi (1919 – 1980) había sido derrocado poniendo fin a su reinado comenzado en 1941 y a la monarquía que tenía entonces 2500 años. Se hacía cargo del gobierno el Ayatolá Ruhollah Komeini (1902 -1989).

    Mis problemas en el campo francés eran entonces cómo evitar que el zorro, que merodeaba nuestro gallinero no atacara a las gallinas, porque se ceba y al matar a una no puede parar y termina con todas como en verdad sucedió una noche; a qué hora era la comida en lo de Mai Zetterling y Glenn Grapiné en Ardeche; si convenía ir al mercado de Úsez a hacer las compras o si era suficiente con ir al almacén de Lussan; cómo planear mi viaje a Sri Lanka, India y Nepal, y en qué momento regresaría a Argentina. Y mi sempiterna pregunta What the hell are we doing here?

    Vivo en San Isidro y ahora soy un señor que en 10 días tendré 78 años y hoy mis problemas son cómo hacer rentable mi producción de jarras de pingüino; cómo hacer para que mi blog tenga lectores; cómo cumplir mi proyecto de visitar tantos países como años tengo (lo cumplí a la perfección hasta los 68), quiero recorrer los 12 que me faltan al cumplir los 80 y llegar al 100 años / 100 países. Hay algo que me inquieta, cuando yo vivía en Provence había un hombre de 78 años y una mujer de 76 y me parecían dos ancianos respetables y cada tanto “dos viejos chotos”, jubilados, pasivos y la verdad que no hacían más que comer, dormir y hablar del pasado, si pienso en mi padre, ya tenía 10 años de muerto, mi madre se había jubilado y ya llevaba 13 años de lecturas, yoga, algunos viajes con amigas, teatro Colón, atención de sus nietas hasta que murió a los 85 (los últimos 4 con asistencia de compañía en su casa hasta su internación). Lo que me inquieta es eso, 78, 79, 80……109. Porque además me sigo preguntando What the hell am I doing here?

    También me parece que así como el zorro se ceba con la matanza de una gallina y no puede parar hasta el exterminio total, algo así sucede con la guerra entre nosotros, arrojado un misíl se arrojan todos. En fin para responder a la pregunta del título; creo que al menos en estos 6000 años de historia, lo que siempre ha sucedido es lo que mi amado filósofo Heráclito pensó “Pólemos, padre de todas las cosas”, es decir que nada en verdad cambia a menos que estemos por terminar un ciclo ya que hoy leí que un objeto al que los astrónomos llaman “31 Atlas”, es el tercero objeto conocido procedente de fuera del sistema solar, que no sé qué consecuencias tenga, pero algo que se metió en el sistema solar, viene de otro lado, que espero sea un poco mejor que lo que se ve todos los días, ya que a mí me bastaría con que yo pudiera ser una mejor persona, que pudiera poner en ganancia mi emprendimiento y retomar los viajes porque hace ya tres años que no salgo del país y eso es claustrofóbico y produce diarrea estival hasta en invierno.

  • DÍA LABORABLE (Cuento)

    La ciudad me resulta abominable, pero no puedo alejarme de ella. Es mi oasis; el mío y el de millones, que la gozamos padeciéndola.

    Ha sido mi cuna y la de mis antepasados por algunas generaciones. Mis padres han muerto en ciudades donde habían nacido mis abuelos, cuyos progenitores fueron dados a luz en burgos a los que habían llegado sus mayores huyendo de campos yermos y montañas plenas de emboscadas. Ciudades diversas entre sí, aunque metas del mismo deseo. Campesinos hambrientos, buhoneros, artesanos, deudores de alguna muerte; encontraron tras los muros de Ávila y de Avignon, en mercados de Tartús y Bagdad, y en talleres de Manchester y Milán, el oprobio al que tal vez estuvieran destinados; o no tanto; ya que por distintos caminos se asentaron en este recóndito puerto.

    La ciudad es parte de mi: es mi alfabeto.

    Me violento con facilidad en pueblos de provincia donde me expongo a tener que escuchar historias intrascendentes narradas por rústicos sobre otros que cambiaron el pueblo por la gran ciudad por afán de progreso y, que terminaron no sólo perdiendo el garbo y la frescura, sino el habla. Esos primitivos atestan hoy las ciudades, contaminándolas de sensiblería y nostalgia.

    A diario traspongo el umbral de mi vivienda y son los adoquines los que me comunican el pulso con que andaré. El ritmo suele repetirse – tampoco aquí las variaciones son infinitas-. Al dejar la cuadra del estrecho pasaje en donde está mi morada y penetrar en la avenida, el ruido voluptuoso de máquinas y luminarias es el mismo que los adoquines me anticiparon. Sé cual será el tono -aunque no siempre el tema- de la historia que contaré ese día. Lo sé por la humedad que despiden los adoquines, por lo que les impregnan a las palmas de mis manos, por los matices que les infunde la luz que cae sobre ellos. Cierto hálito que percibo, no en el aire, sino en la superficie pulida de esas piedras: gotas, manchas de aceite, polvo de óxido, leche derramada, innumerables y minúsculos objetos atrapados en los intersticios que las separan, pequeñas basuras, me van revelando si mi historia tendrá protagonista femenino o masculino. Si será una historia de viejos o de adolescentes; si habrá una violación o será la vida de un marinero o de un actor sin teatro, si la historia tendrá héroes nacionales, si habrá un crimen o el payaso se suicidará. Sé también donde ambientaré mi relato: la Ópera, el Banco Nacional, el Abasto, la Estación Central, los túneles, las dársenas del puerto, la barraca a la que llegará el cargamento de drogas o de armas.

    Llevo años de trabajo pulsando el palpitar de los adoquines. Puedo salir a cualquier hora: de mañana, como hoy, a la noche, a las dos de la tarde de un verano implacable o bajo una lluvia torrencial. Salgo a ensartar una historia. Camino. Tomo taxis, colectivos, el subterráneo. Entro en bares, voy al cine, miro vidrieras de casas de antigüedades, recorro ferias y parques. Merodeo los colegios a la hora de entrada y de salida, visito galerías. Deambulo por calles y barrios que detesto.

    Hoy, ya lo dije, salí temprano.

    El laúdano me ha tenido inactivo por varios días.

    Ya comienza a amanecer antes de las seis. Es la época del año en que los adoquines, no las flores -en donde vivo no hay flores- me trasmiten sexo: clandestino, abyecto, pago. Cierta figura que al principio no supe a qué atribuir, ya que es la hora en que la lámpara de alumbrado proyecta sombras difusas sobre el cemento, me inquietó. Un paracaídas de juguete enredado en los cables de electricidad se balanceaba suavemente. Su ocupante cautivo, demasiado grande con respecto al paracaídas colgaba decapitado y sin una pierna. Encontré la cabeza de plomo pintado, tirada al lado de un zapato rojo con el taco aguja quebrado. Una luz se apagó en el edificio que da al baldío. Una mujer en bombacha y corpiño con un niño en brazos, arrojó pañales descartables hechos una pelota, desde el tercer piso.

    El escenario de mi historia será en altura, de una mujer en las alturas en equilibrio inestable.

    A sorbos lentos bebí el café y las copas de ginebra en el bar de la esquina. Blanco y negro, el relato de hoy será en blanco y negro. La nota de color estará dada por el zapato. Y por la sangre, habrá sangre. Se hablará en francés, pocas palabras. Tendrá un dolor lejano.

    Volví por mis largavistas. Mi morada -nunca pude referirme a ella como mi casa- es una habitación larga y ancha (galpón del ferrocarril usurpado por dos pintores alcohólicos y un cantor de tangos ciego, a quienes les alquilo mi espacio). Tengo una nutrida biblioteca. Leo todo el tiempo en que no trabajo, y mi trabajo es literaturizar los adoquines, el suelo que piso.

    Al salir, hoy, vi la silueta de una mujer que se ocultaba detrás de la ochava del café de la esquina. Distinguí el faldón de su pollera, los tacos altos, supuse medias con costura. Es de Berlín, pero no es alemana, es francesa. Es rubia, tal vez lleve una orquídea en el ojal de la solapa de su tailleur. Esta mujer ya ha sido narrada, también filmada. Saqué el largavistas del estuche, acerqué y alejé los pasos de la mujer que giró en sentido contrario al río. Un carro dejó cajones en la puerta del almacén. Un montacargas depositaba bultos en la caja de un camión estacionado en el playón de la fábrica de colchones.

    Alguien apagó las luces de la ciudad. El reloj de la torre dejaba leer las siete. Seguí el vuelo de una paloma, me detuve luego en la cara gorda de un chofer que conducía un camión. El hombre iba fumando, parecía cansado, preferí pensarlo dolido, lo habían dejado por otro hombre (o por otra). Apunté en mi libreta de trabajo: CHOFER DE CAMIÓN, SU MUJER LO DEJÓ POR UNA MUJER MIENTRAS EL VIAJA POR LA LLANURA INTERMINABLE. Dirigí los binoculares al cielo. Un avión llegaba a destino. Viré hacia el río. Ya tenía la historia: una mujer llegaba a la ciudad, venía de lejos, se alojaba en un edificio vetusto. Buscaba ser otra, necesitaba olvidar. No hablaba el idioma del país. No importa su nombre, si había algo intrascendente era precisamente el nombre.

    Paré un taxi. Vi el escenario. Le indiqué al chofer la plaza, que es como un balcón elevado sobre esta ciudad tan chata, está cercada por árboles tupidos y extraños que ensombrecen una fuente ornada con nereidas herrumbrosas. En frente, cruzando el camino de salida de la ciudad hacia el aeropuerto, hay un edificio degradado que tiene ventanas ojivales que miran a la plaza. En ese edificio se alojará la mujer, que veré pasearse por el balcón, que ha venido para olvidar a un militar al que ella amó y traicionó.

    Tuve una erección.

    Desde el auto miraba por el largavistas a los ciudadanos yendo a sus trabajos. Me deleito siendo un transgresor y de que ellos me ignoren, un loco al que dejan suelto, un pulsador de la ciudad. Un ente sin horarios, irresponsable, sin sentido, ni propósito, un traidor, un infame. Comencé a masturbarme moviendo la pelvis lentamente.

    Cuando el taxista me preguntó que hacía -se refería, creo, a los largavistas- le contesté cortante: estoy trabajando. Hizo una mueca y me dejó tranquilo.

    Bajé. Caminé por calles angostas. Recorrí la zona de los bancos, vi cuadrillas de hombres cavando zanjas, chicos de delantal blanco, oficinistas. Alrededor de las nueve tomé un café. Leí los titulares de un diario. Volví a caminar muchas cuadras. Entré en otro café. Fui a la Biblioteca Nacional, inspeccioné documentos sobre la revolución. Anoté en mi libreta: LA NARIZ DE LA BIBLIOTECARIA.

    A la una decidí almorzar; fui a lo del húngaro, pedí gulash. Danika me hizo una seña. Deborah había regresado, estaba libre, pero cuando escribo no copulo.

    A las tres ya estaba en la plaza frente al edificio de ventanas ojivales, sabía que la mujer se asomaría. A las cinco ya había contado ocho aviones que aterrizaban. Varias personas salieron a distintos balcones, ella no. Detuve los largavistas en una pareja. Él, en musculosa, ella con vestido floreado, se pegaron.

    En otras de mis pasadas, los vi besándose.

    Más arriba, un chico arrojaba piedras, o tal vez fueran nueces, a los transeúntes y se escondía detrás de la balaustrada de mampostería mohosa.

    A las seis ella salió al balcón. Era rubia; vestía un deshabillé color rosa que supuse de satén, imaginé que calzaba unas chinelas de raso con pompón blanco, tendría los pies hinchados. Se paseaba fumando un cigarrillo tras otro. Se apoyó en la baranda, hizo un extraño mohín, lloró un rato largo, luego con decisión se arrojó al vacío.

    Escribí la historia con facilidad. Al fin acabé.

  • PEQUEÑA HISTORIA PERSONAL

    Hay gente (los argentinos) que tenemos la costumbre de servir “el vino de la casa” en una jarra en forma de pingüino. Hay otra gente (yo) que un día se preguntó por qué si Australia, Nueva Zelanda, República Sudafricana, Chile, Uruguay, Argentina que somos productores de vinos y compartimos territorio con pingüinos; sólo a nosotros se nos ocurrió servir el vino de esa manera. Aquí hay una historia; me dije,hay que contarla.

    Compré el 19 de marzo de 2004, en el mercado de la Estación Las Barrancas del Tren de la Costa, mi primer “pingüino”, Colonial Loza, marrón, de cerámica, diseñado como un caballero elegantemente vestido de frac, le coloqué una etiqueta en la base con el número 1 y decidí que acababa de iniciar una colección. Opté por darle el nombre, de Lord Brown (al que con el tiempo le agregué el “junior”, por razones que después explicaré). Pagué por él $ 50 con un dolar que ese día cerró en $ 2,90, con lo cual aboné el equivalente de U$S 17, que al cambio de hoy son $ 23.800. Acabo de entrar en Mercado Libre y uno exactamente igual se ofrece en $ 50.000 el más barato, que al cambio del dolar hoy, de comprarlo, estaría abonando U$S 35,70.

    En estos 22 años la colección pasó de 1 a 292 ejemplares.

    En estos 22 años el precio pasó de $ 50 a $ 50.000, o de U$S 17 a U$S 35,70.

    En estos 22 años me asocié con un amigo, inauguramos el MUSEO VIRTUAL DE LA JARRA DE PINGÜINO, publicamos un libro, participamos en múltiples exposiciones. Estamos en las redes Instagram y Tik Tok. Nos han entrevistado, radios y televisión. Hay un documental en producción. Pueden vernos en jarradepinguino.com y jarradepinguino.

    En estos 22 años hice 21 viajes al exterior, 47 al interior, cambié tres veces el auto, leí 100 libros por año, lo que hace un total de más de 2000, sucedieron amores, amigos, estudiantes, películas, restaurantes, encuentros y desencuentros, hubo bienvenidos nacimientos y dolorosas muertes de entrañables personas. Pasé de tener 56 vitales años a (en 15 días) 78 vitales años. Salvo los fallecimientos todo para arriba y para adelante.

    En estos 22 años ocuparon la Casa Rosada las siguientes fórmulas:

    Kirchner – Scioli

    Kirchner – Cobos

    Kirchner – Boudou

    Macri – Michetti

    Fernández – Kirchner

    Milei – Villaruel

    y sus respectivos ministros de economía y de todas las otras areas, los diputados y senadores, funcionarios, miembros del poder judicial que han hecho de nuestro país esto que al igual que nuestras jarras de pingüinos y la Selección Nacional de Futbol han ido para arriba y para adelante. ¿O estaré equivocado al considerar que con mi jubilación de $ 450.000, o U$S 321 al cambio de hoy, puedo comprar 9 jarras Lord Brown todo los meses?

    Al número 1, le agregué el junior, porque vino otro muy similar pero no igual, ya que es más grande, como ven todo más grande y para adelante, siempre para adelante hasta el abismo.

  • VIOLENCIA ES DECIDIR NO VER

    Simple, cotidiano, tranquilo, placentero, hasta que sucede y el trayecto San Isidro – Retiro se hizo aterrador. En estación Martínez sube hombre, rapado, sucio, vestido poco más que con harapos arrastra los pies, ebrio, drogado, tal vez de 30 años, lo acompaña niño rubiecito, descalzo, no más de 4 años. El pasaje mira espantado, el silencio es un iceberg. Ni el chico llora, ni el padre pide. Una chica joven, seguramente estudiante universitaria, saca de su bolso un paquete de galletitas recién abierto, se lo da al chico, que saca una y come. Padre inmutable con la mirada perdida. Susurro que recorre el coche. Llegamos a estación La Lucila, se abren las puertas, suben y bajan pasajeros. Comentarios sobre la situación. Llegamos a Olivos. Baja el hombre, niño come distraido, sonido chirriante de puertas al cerrar, padre en andén chico sólo adentro. Susurro en aumento, gritos frenada brusca del tren, aparece guarda y dos individuos de seguridad. Tren detenido puertas se abren, baja guarda, personal de seguridad y varios pasajeros, Llega al andén personal policial una mujer dos hombres, intentan interrogar al padre, el chico sigue comiendo las galletitas.

    Volvemos a subir, cierre de puertas, sonido chirriante vemos al hombre y su hijo subir al coche policial. Ese fue el afuera. En mi interior suenan las palabras de Virginia Woolf “No son las catástrofes, los asesinatos, las enfermedades lo que nos envejece y nos mata; sí la manera como los demás miran y ríen y suben los escalones del bus”. “Una esquina de la calle Perú en la que Julio César Dabove me dijo un día que el peor pecado que un hombre puede cometer es engendrar un hijo y sentenciarlo a esta vida espantosa”, escribió Borges en “Buenos Aires”

    “Yo con mi plata hago lo que quiero y no te voy a dar ninguna explicación a vos, porque no sos juez, sos periodista” escuchaban a su jefe, en total silencio varios ministros del gabinete nacional.

  • AUCTORITAS NON VERITAS FACIT LEGEM

    Borges solía decir que un hombre bueno se ve obligado a mentir entre 6 a10 veces por día, no se expidió sobre si alguna vez un político habla con verdad. Tal vez en relación a este último tópico todos estemos en la columna de NS/NC.

    Supongo que mentimos por cobardía que es la sumatoria de miedo y vergüenza. ¿Qué alemán en 1940 se atrevía a no levantar el brazo y gritar “Heil Hitler”; pero no en un grupo de 10.000 personas donde uno pasa desapercibido; sino en una reunión de 20 personas y frente al lider? ¿Cómo se acepta, en un gobierno democrático, la aseveración “a la Doctora no se la interroga, se la obedece? ¿Cómo hace un liberal para tolerar a un Presidente de la Nación, que desde su posición insulta a economistas, políticos opositores y empresarios que lo critican, siendo el liberalismo el respeto irrestricto a la opinión del otro? ¿Es acaso lógico que funcionarios que se definen como liberales declamen que en el Congreso, cuando el partido propone una ley, ésta se vota a ciegas y después se la lee?

    Más allá de la larga tradición autoritaria en nuestra corta historia, que a mi entender comienza, cuando el Brigadier General Juan Manuel de Rosas asume la Gobernación de Buenos Aires, bajo la condición de “Si y sólo si”, la Legislatura le otorga la suma del poder público, que ejercerá sin atenuantes durante más de 20 años, marcando a fuego cómo se debe ejercer el poder. Baste leer las tres primeras páginas de “El Matadero” de Estéban Echeverría. Tengo la costumbre de llamar a Rosas “el padre de la patria”, por la matriz que dejó asentada para conducir a la sociedad. El General San Martín a quien la ciudadanía conoce como “el padre de la patria”, para mí es el padre que se va, el padre ausente. Tal vez el famoso sable corvo que le obsequia a Rosas por su actitud ante el bloqueo anglo – francés pueda ser entendido simbólicamente de otra manera: el sable es suyo General.

    Borges, menciona a Urquiza, después de Caseros de esta manera: “llegó a Palermo, Urquiza, el otro Rosas”. Alberdi, decía de Mitre “Es Rosas con frac”. Caudillos como Yrigoyen, Perón, los golpes militares, sobre todo el que en estos días cumplió 50 años que inauguró una novedosa categoría existencial entre la vida y la muerte, la condición de “desaparecido”; Krchner, Cristina Fernández son ejemplos de seguir el modelo fundacional.

    Me cuesta creer que el Presidente Milei pueda hacer suyas la consigna de Benjamin Disraeli “Me han elegido para conducirlos, voy detrás de ellos”. Ejemplo evidente de ello es la reivindicación del actual Jefe de Gabinete de Ministros con todos los secretarios de estado abroquelados en defender la no respuesta de el señor Adorni: “Auctoritas, la Veritas me chupa un huevo”.

    El Papa Benedicto XVI, ha sido un hombre que hizo suyo el pensamiento de Thomas Hobbes “Auctoritas non veritas facit legem”, que el inglés aplicó en un estado de Guerra Civil y de disolución avanzada de las instituciones en su país; el Papa alemán, por su estricta educación; los gobiernos nacionales argentinos de cualquier signo político porque es parte del ADN, no nos respetamos de otra manera: no “estamos condenados al éxito”, estamos condenados a la repetición de los mismos giros de la calesita, a veces con ritmo peronista, otras con ritmo libertario. Amén.

  • BUENOS AIRES, LA CIUDAD MÁS LINDA DEL MUNDO

    Vengo escuchando este slogan propalado por las autoridades del Gobierno de CABA, basado en una encuesta de la Wanderlust Reader Travel Awards que dio los siguientes resultados para 2025/6 :

    Ciudad más deseada: Buenos Aires

    Destino más deseado: (por cultura y herencia) Grecia.

    Destino más deseado: (por naturaleza y vida salvaje)Rep. Sudafricana

    Destino más deseado: (por gastronomía) España.

    Buenos Aires, donde nací, me gusta mucho y me encantó haberla mostrado a más de 11.000 turistas a lo largo de 31 años. Pero honestamente no me parece que sea la ciudad más linda del mundo. Me resulta imposible decir cual pueda ser y si ello es siquiera posible, ya que es algo subjetivo. La WRTA basa los resultados en el voto de 200.000 personas que reconocieron a Buenos Aires como la ciudad más deseada y atractiva del mundo para ser visitada durante 2026, destacada por su vibrante cultura, arquitectura, gastronomía y calidez de su gente, sus 287 teatros, 380 librerías, 150 museos además de importante vida nocturna y el tango, se destaca la arquitectura con variedad de estilos: europeo, moderno, barrios icónicos, espacios verdes, parrillas, bodegones y nuevos chefs. Me encanta y enorgullece y me parece muy bien hacer propaganda con ello, pero ser la ciudad más deseada por 200.000 personas no es suficiente para afirmar que sea la ciudad más linda del mundo. Este aprovechamiento de una encuesta con otros fines, por más loables y productivos que sean, es algo muy propio de nosotros; los argentinos; nos cuesta ceñirnos a los hechos, solemos agrandar o disminuirlos al extremo y así pasamos de ser el país mejor del mundo a “este país de mierda”.

    Desear y amar a nuestra esposa no la hace la mujer más bella del mundo. Desear ser una potencia mundial no nos hace, per se, tener el mayor PBI per capita, ni la más prestigiosa educación. A escritor se llega escribiendo no deseando ver tu nombre escrito en la cubierta de un libro.

  • FERIADO XXL

    Así de simple y contundente, sábado por ser sábado, domingo por ser domingo, lunes por ser “sandwich”, martes por ser feriado nacional inamovible desde el año 2002 declarado Día Nacional de la Memoria, la Verdad y la Justicia. Me pregunto, ese día hace 50 años (1976) se llevó a cabo el último golpe militar contra la democracia, ese día fue un día nefasto que produjo horror, espanto, tortura, exilio, desaparición y muertes. Lo he dicho ya muchas veces en este blog: No soy peronista, es más creo que es el cáncer que tiene nuestra sociedad y creo que el gobierno de Isabelita y López Rega son una de las peores cosas que nos han pasado, pero fue resultado de las urnas, es decir el soberano decidió eso y un demócrata lo respeta. La lógica sería celebrar el día que asume el Presidente Raúl Alfonsín y que señala la antítesis del 24 de marzo, el 10 de diciembre que desde el año 1948 las Naciones Unidas declaran como el día Internacional de los Derechos Humanos y que Alfonsín escoge en 1983 como día de su asunción. Además todos los 10 de diciembre se entrega el Premio Nobel de la Paz. Pero las cosas no son como uno cree que son, ¿Quién celebra una derrota? Parece que nosotros.

    En estos cuatro días que hoy terminan, leí a Marco Aurelio, a Samanta Schweblin, a David Markson, todas las notas y entrevistas del suplemento “Ideas” del diario La Nación (A 50 Años del Golpe), y el mismo diario del día domingo. El sábado comió conmigo mi querido nieto Valentín, el domingo un gran amigo que vino de Australia, el lunes una pareja que vive en Florencia.

    En la sección “Espectáculos” del diario del sábado, leí la nota necrológica sobre Chuck Norris (1940 – 2026) y a su lado otra sobre Michel Rolland (1947 – 2026). Leí también la nota sobre Mabel Anderson (1926) que acaba de cumplir 100 años que es la mujer que crió, y se convirtió en la madre sustituta de quien hoy es Carlos III, Rey de Gran Bretaña. El domingo leo la entrevista a Alex Gómez Marín (Barcelona 1981) que es un Doctor en Física, premiado en su doctorado, neurocientífico y Master en Biofísica, muy renombrado y citado por otros colegas, quien a partir de una hemorragia estomacal estuvo al borde de la muerte y esa experiencia límite hizo que escribiera y publicara “La ciencia del último umbral: un viaje a los límites de la vida, la muerte y la consciencia” y trabaja sobre la tesis de William James (1842 -1910) sobre si el cerebro es un órgano productivo o permisivo; es decir si el cerebro produce los pensamientos, la percepción, la memoria, la atención, la intención, la consciencia o si tan sólo los permite.

    Varias reflexiones, 1) estuve a punto de titular este artículo “Titanic” pero no por el famoso barco, el “Unsinkable Ship” que a los 4 días de su partida en su viaje inaugural choca contra un iceberg y en poco más de tres horas se hundió para siempre y aún descansa a 4 km de profundidad;sino porque tengo la sensación de que estamos yéndonos a pasos cada vez más rápidos a un final de varias cosas cuyos hitos han sido: 2020, Pandemia, 2022 Invasión Rusa a Ucrania, 2025 franja de Gaza Israel, 2026 Venezuela, 2026 Irán, Israel, Estados Unidos. 2) Más allá de ello, que nos atañe a todos, en lo personal observo que ultimamente las fechas de nacimiento de las personas que mueren están muy próximas a la fecha de mi nacimiento y la verdad es que me pone de muy mal humor. Obviamente ustedes dirán que de lo único que podemos estar seguros es de que todos vamos a morir y de que así es la realidad; y ese ha sido siempre mi problema: la REALIDAD, por eso me he inclinado por la literatura, el cine, la filosofía, los viajes, la aventura; pero ustedes tienen razón y es de caballeros reconocer la derrota. 3) De todos los artículos, notas y entrevistas con respecto a los 50 años del Golpe de 1976 rescato el relato del periodista Rogelio Alaniz, que el 24 de marzo de 1976 a los 25 años estaba en su casa en Rosario; él escucha que entran soldados armados, se escapa por los techos de su vivienda un joven subteniente de 23 de nombre Osvaldo Izaguirre intenta dispararle con su pistola, ésta se traba, Rogelio es arrestado y va a prisión por dos años sin motivo alguno y es soltado también sin ninguna explicación. En 2025, el periodista y el ahora Tcnel. retirado se encuentran, se abrazan, comen juntos. El militar le dice, que agradece infinitamente a Dios que su arma se hubiese trabado porque de lo contrario jamás se hubiese perdonado ese acto.

    Concluyo: El inundible Titanic se hunde, las guerras ocurren, las personas nos morimos, otros llegan al límite de la vida y regresan, otros por accidente no mataron y otros por ese mismo accidente no murieron. Tengo la impresión que la vida es caminar sobre el cable tendido entre las Torres Gemelas, que tampoco están, como tampoco está el Imperio Romano y como, me viene pareciendo algo está por acabar. En el interín, me llega un mensaje al celular, me ofrecen un Seguro de Vida. Sí, yo tengo un problema con la Realidad.