Es un tradicional decir popular en Gran Bretaña que italianos y franceses tienen excelente comida, en cambio los británicos tienen buenos modales sentados a la mesa. Lo ideal entonces sería degustar una comida italo francesa acompañado de damas y caballeros británicos en torno a una mesa redonda en el Castillo de Leeds en Maidstone, Kent.
Les he comentado varias veces que salgo a las 6 am y hago 10 Km en bicicleta por la orilla del Río de la Plata entre San Isidro y Olivos. En otoño e invierno, digamos con menos de 10 grados, demoro la salida y hago el paseo – ejercicio entre las 11 y las 12 y a veces entre las 14 y las 15. La idea es gozar y me encanta el invierno, pero no padecer el frío. A las 6 am podría cruzar Libertador con los ojos cerrados (no lo hago) pero el movimiento vehicular es casi nulo, lo mismo que los transeúntes. En los horarios del mediodía y de la tarde temprana, en cambio, el ajetreo es el de una ciudad activa y como tengo que recorrer cuatro cuadras por la vereda debido al intenso tráfico de autos y colectivos, lo hago con cuidado porque hay peatones, y la vereda es su territorio, voy a la mínima velocidad, aviso que voy a pasar y la gente es tan amable, que se dan vuelta y me piden “perdón no lo había visto”, “disculpe” y yo les digo “no perdonen ustedes, soy yo el que está en falta”, y sonríen agradecidos. Estoy convencido, que si uno trata bien a la gente, la respuesta es buena. Me cruzo con adolescentes de colegios públicos y privados que siempre van en grupo, señoras con andador o señores con bastón, madres que llevan a sus hijos de la mano, profesionales del Derecho, que abundan por los tribunales locales, maestras y profesores, debido a la cantidad de colegios, personal doméstico, trabajadores de “seguridad”, obreros de la construcción, quiero decir gente de todas las clases sociales: lo único que percibo y van seis años de bicicleta diaria, es empatía, sonrisas, amabilidad.
Todo este largo introito es para comentarle al Presidente de la República (que por supuesto jamás leerá mi blog; pero algún día un guardia aburrido, mirando su teléfono, entra por casualidad en alejandrofrango.com y se lo comenta y el Presidente me trata de “miembro ensobrado del club del helicóptero; rata golpista, degenerado, malparido, ultra KUKA mal cogido o alguna que otra lindeza de las suyas).
Tratá bien a un niño, acompañalo, protegelo, hacelo reír, jugá con él. Contrariamente pegale a un niño, insultalo, menosprecialo, hacé que te tema y no que te respete; en el 95 % de los casos tenrás con el primer niño un individuo seguro, amable, respetuoso, educado, agradecido, de sonrisa y rostro confiable, en cambio, por el otro habrás engendrado un ser inseguro, violento, nervioso, resentido, enfadado, siempre a la defensiva, incapaz de pedir disculpas.
Sé que el Presidente llama a sus nobles perros “mis hijos de cuatro patas”, vale el mismo ejemplo, pegale al perro con una vara, encadenalo, encerralo, maltratalo, no juegues con él y por el otro acariciá a tu perro, salí a correr con él, tirale un palito o pelota 10 ó 20 veces para que lo busque y te lo traiga, hacele cosquillas en la panza, alzalo, abrazalo y será tu más fiel amigo. De perros el Presidente sabe, me encantaría que viera y se dirigiera a la ciudadanía con la misma dignidad con la que estoy seguro, trata a sus nobles “hijos de cuatro patas”.
Los necesarios ajustes, la austeridad, la decencia fiscal no servirán para nada, sin conciencia de que el sacrificio es como la caridad, empieza por casa, y es preferible ser implacable con los próximos venales y no mantenerlos por obstinación.
Sé que tiro este mensaje en una botella en el Estrecho de Bering, es casi imposible que llegue a orillas del Río de la Plata. Me encantaría inaugurar nuestro Museo físico de LA JARRA de PINGÜINO en el país y no tener que hacerlo en Londres.

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