Categoría: Opiniones

  • GIRAR Y GIRAR

    Si como creo, es la naturaleza la que se repite, no sólo en volcanes que entran en erupción, mares que cse encrespan, ciclos de glaciación y fuegos devastadores, especies que desaparecen, transformación de dinosaurios en aves, ciclos estacionales, tiempos de bonanza y guerras, sino también tipologías humanas (meros EGOS) que se reiteran: nacerán Homeros y Alejandros, Jesuses y Constantinos, Montaignes y Richelieus. El mundo gira y nos hace girar. Los hechos suceden con independencia de nosotros. Me gusta pensar que es la naturaleza que pasa y nos encuentra en situación de ser por mero accidente Shakespeare o Boris Johnson.

    La cultura EGOlatra, mera proyección de nuestra insignificancia ha puesto el acento, precisamente en el EGO y así sostenemos que es Julio César quien ha llegado a Britannia, cuando en realidad es la naturaleza que requiere la evolución de Britannia para que devenga Inglaterra, para que se produzca la Guerra de los 100 Años, para que el Príncipe Negro combata en Poitiers, para que Shakespeare escriba Henry II, para que nazca Thomas Hobbes, para que Elizabeth I derrote a Felipe II, para que España catolice a América, para que Tupac Amaru sea descuartizado, para que haya guerras de independencia, para que surjan tiranos absolutos, para que yo sea un mero memorioso de acontecimientos insignificantes. La naturaleza requiere de la producción de nuestros EGOS, para cumplir sus fines, que no podemos vislumbrar con claridad cuáles sean pero que indefectiblemte no son los mezquinos intereses que nos hacen ser en el peor de los casos Heliogábalo, Hitler, Maduro y en el mejor Dante, Beethoven, Joyce, Borges. Y para que ello suceda, para generar esos EGOS es necesario que Hitler odie a Wittgenstein porque éste lo supera en inteligencia cuando compartían el mismo colegio; que Beethoven sea sordo, para no distraerlo de su tarea de seguir llenando de música el mundo; que Borges sea ciego para no ver a su patria envilecida; que Joyce tenga por padre a un alcoholico para querer huir de Irlanda, para que yo me cargue de una memoria enciclopédica que me impide pensar y me bata a duelo en el muelle de Pacheco en San Isidro y le aseste una herida mortal a Funes, el memorioso.

  • SÍMBOLOS

    El 14 de marzo de 1989 muere una señora en Viena a punto de cumplir 97 años, se la entierra con honores en la cripta de los Capuchinos. La señora era Zita María delle Grazie Andelgonda Micaela Raffaela Gabriella Giuseppina Antonia Luisa Agnese de Borbon Parma de Habsburgo, viuda del último Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Carlos de Habsburgo, y también Rey de Hungría como Carlos IV fallecido en el exilio en Madeira de neumonía a los 35 años, sin asistencia médica y con escasos recursos económicos. Cuando esto ocurre Zita estaba embarazada de su hijo número 9.

    En enero del 2000 muere en Lomas de Zamora el Sargento Ayudante (R) de caballería Juan Bó.

    Me agradan los nombres largos, como el de aquella película de la que poco recuerdo más allá del título:”La Casa de Té de la Luna de Agosto” de Daniel Mann de 1956, también me agradan los nombres cortos como por ejemplo el de la película “If” de Lindsay Anderson de 1968, o “What?” de Roman Polansky de 1972, o el de la película “It” de Andy Muschietti de 2019. El misterio insondable que cada uno de nosotros somos me parece que se acrecienta ante un nombre mínimo “Bó” y ante un nombre casi infinito, como el de la Emperatriz.

    Zita, como su marido, el Emperador Carlos I sólo reinaron dos años. Con su renuncia se termina un mundo y el poder de una familia ejercido por casi 700 años. Se terminó un mundo.

    Cuando el tucumano Juan Bó muere, no se acabó ningun mundo. Un universo cultural concluye cuando desaparece la representación de ese mundo. Es obvio a Zita no la conocí, soy un plebeyo insignificante de un complicado país al final del continente americano y además, si el nombre es arquetipo de la cosa, el mío es Alejo Santos, y en el improbable encuentro entre Zita y yo, ella no hubiera podido eludir lo significativo de mi nombre, ya que además de Archiduquesa, era archicatólica. A Juan Bó, sí lo conocí cuando yo hacía el servicio militar obligatorio. El hombre era el arquetipo de las virtudes militares: austero, enérgico, severo: de porte, voz y vestimenta impecables. Excelente jinete, bravo, humilde, (no era altanero, fanfarrón, no hacía alarde de nada, cuidaba a su tropa como un riguroso padre antiguo, nunca le escuché una queja, ni una burla sobre un soldado; le parecía un espanto lo que sucedía con el militarismo en la Argentina).

    Juan Bó debería haber sido General, le tocó ser Sargento Ayudante, porque Tucumán era pobre, porque no pudo estudiar, porque encontró en la Escuela de Suboficiales el lugar en el que podía estar, y supo de entrada que nunca, nunca, Nunca sería General.

    Ni Zita eligió ser Zita, ni Bó ser Bó y yo tampoco Santos. Creo haberlo dicho: reconozco que el sweater azul que me abriga lo elegí en un shopping en Edimburgo.

    Leo en “Tlön, Uqbahr, Orbis Tertius”: “Todos los hombres en el vertiginoso instante del coito, son el mismo hombre. Todos los hombres que repiten una línea de Shakespeare, son William Shakespeare”. Pienso que el mundo es una lotería, es conveniente gozar lo que a cada uno nos toca.

    Miro un mapa, no es el territorio: lo representa. Miro con silencioso respeto cualquier bandera nacional, no es el país en donde me halle: lo representa. El mundo es mi representación, escribió alguna vez Arthur Schopenhauer.

    Es diciembre de 1980, estoy en Atenas, frente a mí, el Partenón. Pienso en Aristóteles, recuerdo las palabras que escribió en La Política:”El hombre es un zoon politikon (un animal de la polis), un ser político, un ser social. Quien vive solo es una bestia, o un sabio”. Pienso en Roma: las legiones marchan a la guerra portando el estandarte SPQR, el Senado y el Pueblo de Roma. Pienso en la religión cristiana: la secta triunfante, elevada a religión de Estado en el siglo III. La cruz, poco tiempo antes símbolo de la subversión, enemiga de la Pax Romana, invade los antiguos templos, que desde ese momento pasan a ser paganos y en consecuencia: subersivos. Pienso en la Alemania nazi y la omnipresencia de la esvástica. Pienso en la bandera nacional argentina. Pienso en la lengua de los Stones. Veo por el mundo chicos de Chicago, Marrakesh, Lyon, La Boca con la camiseta de la selección argentina, con el nombre de Messi y el 10 en la espalda. Todos quieren pertenecer; pareciera que da miedo querer ser un individuo: nadie quiere ser una bestia o un sabio.

    Como nación, nosotros, los argentinos, hemos generado símbolos. Por supuesto la bandera creada por Manuel Belgrano el 27 de febrero de 1812, cuyos colores vienen del hábito y del manto de la Inmaculada Concepción, cuya versión vernácula es la Virgen de Luján. Facundo Quiroga, marchaba con sus tropas con una bandera negra con la inscripción “Religión o Muerte”, en alusión a la política liberal de Rivadavia. Vino luego la divisa punzó y las invasivas consignas del señor de Palermo: “Rosas o Muerte”, “Federación o Muerte”, “Mueran los Salvajes Unitarios”;”Viva la Santa Federación”. Terminadas las guerras civiles, el rosado representó la unión de la bandra blanca de los unitarios y la roja de los federales, todavía no sé si como síntesis de pacificación o como amalgama de dos facciones en pugna y a muerte. Durante el segundo gobierno de Perón, aviones argentinos bombardearon plaza de Mayo matando a civiles transeúntes -da cuenta de ello, Miguel Briante en “Hamacas Voladoras”. Se escuchó desde los balcones de la Casa Rosada “Cinco por uno no va a quedar ninguno” y después vino la consigna Perón o Muerte y después los fusilamientos de José León Suárez. Después vino la muerte.

    Los radicales se presentaron en una de sus parcialidades como Unión Cívica RADICAL INTRANSIGENTE. Tuvimos Montoneros y Militares que hicieron impúdica ostentación de la muerte. Después la AAA(Alianza Anticomunista Argentina)dirigida por el sargento de policía, elevado a Comisario General, un tal López Rega, con el objetivo de “exterminar”, después: Frente para la Victoria, Todos por el Cambio, Frente por Todos, se juntan en sus sedes partidarias que todos aceptamos llamar acríticamente como bunkers (construcción hecha de hierro y hormigón que se utiliza en las guerras para protegerse de los bombarderos) Daría la impresión que más que ciudadanos fuéramos cruzados, más que una sociedad civil, un cuerpo de ejército o una provincia jesuítica.

    Ya saben soy un solitario, soy un liberal, soy una bestia.

  • CAMBIA, TODO CAMBIA

    “Perón seguía adelante sin desfallecer. Siguió conspirando con Becker para derrocar a los gobiernos vecinos con el fin de establecer un bloque de naciones pro nazi liderado por Argentina que contrarrestrara la influencia de Washington sobre Brasil. ‘La lucha de Hitler en la paz y en la guerra nos servirá de guía’ -había escrito Perón en un manifiesto secreto del GOU el 3 de mayo de 1943-. Las alianzas serán el primer paso. Tenemos al Paraguay, tenemos a Bolivia y a Chile. Con la Argentina, Paraguay, Bolivia y Chile, fácil será presionar al Uruguay. Luego las cinco naciones unidas atraerán fácilmente al Brasil debido a su forma de gobierno y a sus grandes núcleos alemanes. Caído Brasil, el continente americano será nuestro” (“La Auténtica Odessa. Fuga nazi a la Argentina”, Uki Goñi, cap.2 Perón salta al Poder, pag. 55).

    Observo hoy, noviembre de 2025, que nuestro país, Paraguay y Bolivia, están dirigidos felizmente, por gobiernos, en las antípodas de aquellos de 1943; y es muy posible que el 14 de diciembre próximo Chile elija a un gobierno del mismo signo. Uruguay y Brasil están dirigidos por demócratas de izquierda.

    A Perón, Hitler le servía de faro. El Presidente Milei reivindica como guía al Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

    Recuerdo que en febrero de 2022 el ex Presidente Alberto Fernández; hoy procesado por causas de corrupción económica, relacionadas con seguros y en causas de corrupción moral por violencia de género (“para decirle algo lindo”, como a él le gusta) en su visita a Moscú, intentaba seducir al Presidente Vladimir Putin, expresando que le encantaría que la Argentina pudiera ser la puerta de entrada para Rusia a toda América Latina, ya que consideraba que la dependencia de los Estados Unidos y del FMI eran excesivas.

    Recuerdo también, que la Vice de Fernández, otra Fernández, hoy presa por encabezar una banda de estafadores del Estado Argentino, en tiempos de pandemia por Covid, solía decir que a ella y a su difunto marido Néstor Kirchner y sobre todo a sus niños Máximo y Florencia les encantaba disfrutar de Disneylandia, pero que en materia de vacunas se inclinaba, no por Pfizer sino por la Sputnik, a pesar de la prioritaria puesta a disposición de la vacuna Pfizer al gobierno argentino. El rechazo del ofrecimiento y la demora en la llegada de las Sputnik al país, causó la muerte de 130.000 ciudadanos; cuatro veces más que el “genocidio de 30.000 desaparecidos” durante el proceso militar.

    Recuerdo también que después del asesinato del fiscal Alberto Nisman, la Fernández, entonces Presidente de la Nación, desde una silla de ruedas en la Residencia de Olivos, afirmó con la soberbia que la caracteriza “No tengo pruebas, no tengo dudas, Nisman se suicidó”. Por suerte la actual presidiaria no siguió la carrera judicial, esas palabras en boca de un juez serían letales para la justicia; sabiamente escogió el ejercicio de la profesión liberal (perdón que lo diga así, tan crudamente) y fue una “exitosa” abogada, que la Historia juzgará, y ella, tampoco tuvo aquí duda alguna, la Historia la absolvería.

    Basta de política por ahora, voy a distraerme un rato, hoy me inclino por aquella joya de 1963 de Luchino Visconti “IL GATTOPARDO”.

  • ¿POST PANDEMIA?

    Es noviembre, es 2021, ya hace calor en San Isidro: es decir estamos en esa época donde según los que informan sobre el clima (meteorólogos, pronosticadores o locutores) anuncian que el día será una maravilla, por el mero hecho que no lloverá , no soplará el viento, el sol brillará, el cielo será celeste, la temperatura oscilará entre los 18 y los 28 grados centígrados. Reconocen sí, que la humedad será alta.

    Para mí los días merecen el nombre de “maravilla”, cuando el cielo está gris y llueve con intensidad durante 48 horas, con relámpagos, truenos y vientos fuertes y cuando la temperatura oscila entre 3 y 13 grados centígrados. Si nevase en Buenos Aires yo sería un hombre feliz. Pero a las locutoras y locutores se les ha ocurrido que “maravilla” es monopolio de sol, calor y cielo celeste. Y si las locutoras y locutores son militantes, esos son “días peronistas”. Lo que para mí es “maravilla”, para ellos es “día horrible en Buenos Aires”. Detesto a los locutores climáticos, que adjetivan, en vez de limitarse a los meros datos y dejar que nosotros adjetivemos de acuerdo a nuestra sensación.

    Me está pasando, que observo que la abrumadora, por momentos extenuante información sobre los infectados y muertos por Covid, ha prácticamente desaparecido. No me malentiendan, no es que extrañe esa ausencia, es más me habría encantado que nunca hubiera sucedido; pero me resulta poco confiable que la epidemia no merezca mayor información y un recordatorio diario en relación a los recaudos profilácticos.

    Regresando hoy del supermercado, vi que un vecino al que sólo conozco de vista, tal como él me conoce a mí, entraba su MG 1947 color rojo en su impecable aunque austera casa estilo colonial argentino ubicada en la “Libertador empedrada” y me produjo una inmensa alegría, ya que lo creía muerto precisamente por Covid. Me dieron ganas de abrazarlo, por el hecho de verlo con vida, pero me contuve, porque así son las cosas. Después me enteré que había sido su señora, las que había muerto por Covid; y casi corro a felicitarlo, ya que la señora, que solía pasear a un perro collie, tenía la horrible costumbre de no levantar las deposiciones de su “perrito”, que había elegido el frente de mi casa como aliviador de su intestino y habíamos tenido alguna discusión por mi queja al respecto y su indiferencia también al respecto. Varias veces me dije, voy a recoger esos excrementos con una pala y se los voy a tirar por la cabeza. Pero me contuve porque así también son estas cosas.

    Hay otro perro, un galgo viejo, que pasa acompañado de su dueño, un hombre joven y delgado, que lo lleva sujeto a una larga correa de color amarillo y negro. El galgo tiene sólo tres patas y me produce una tristeza tan enorme, verlo caminar con su elegancia perdida debido a su carencia, ya que los galgos son “gentledogs” al caminar. Lo abrazaría y me pondría a llorar, cosa que no haría si fuera su dueño el discapacitado por carecer de una pierna o un brazo, no porque tal hecho me resultara agradable, sino porque me parece que el galgo sufre una amputación humana, no propia de su especie. Tal vez un auto o moto lo atropelló y hubo que amputarle un miembro o tal vez tuvo un cáncer, enfermedad que atribuyo, probablemente equivocado, como privativa al ser humano y no a los otros animales. Tampoco me incliné a abrazarlo y me puse a llorar, porque también ese gesto forma parte de esas cosas.

    Lo que también me pasa es que cuando abro una caja de arroz para verter los granos en un frasco de vidrio para guardar en la alacena o cuando corto el ángulo de una bolsa de lentejas con idéntico propósito y caen sobre la mesada algunos granos de arroz o alguna lenteja, me preocupo por volverlos al redil, hago todo lo posible por “salvarlos” (esa es la palabra que uso). Han sido producidos para alimentar, no para pasar un trapo rejilla sobre la mesada y tirarlos a la basura. Tengo idéntico comportamiento cuando cocino fideos y queda uno “rebelde” en el fondo de la olla, también lo salvo y no descanso hasta integrarlo a la fuente para que cumpla con su función.

    Estos comportamientos, a los que he prestado mayor atención en tiempos de pandemia, debido a una menor actividad social y laboral me remontaron a un juego al que solía dedicarme entre los 5 y 7 años (estimo). Tomaba las bolillas con las que jugábamos a la lotería, las colocaba en el piso de roble que tenía un diseño de marqutería, y cada dos listones horizontales, que para mí eran coches del último tren, que estaba a punto de partir, de una estación ante una amenaza fatal a veces en el Far West, huyendo de un ataque de pieles rojas, otras de refugiados escapando de los nazis e iban llegando las bolillas, que por supuesto eran cowboys y damas antiguas en un caso y judíos y sus familias , en el otro, que huían hacia la estación y pasaba entonces con las bolillas lo mismo que sucede ahora con los granos de arroz, las lentejas o los fideos, había que salvar a todas las bolillas y sí las salvaba, siempre triunfaba el bien.

    Fui un chico de buenos sentimientos, no como ahora que untaría de deposiciones caninas a la señora del collie y procedería de manera idéntica con los funcionarios que ocupan la casa de gobierno: pero a estos se las haría comer.

  • ACEFALIA

    Anuncian tormentas, es agosto 17 de 2023.

    Salgo de casa con la imagen de Adolf Hitler entrando en un Mercedes Benz negro, llevando el bastón de Nietzsche.

    Voy a pagar la cuenta del agua y el ABL que son los únicos servicios que no sé por qué no tengo incorporados al home banking. Como sé que tendré que hacer una cola, me llevo el libro que estoy leyendo “Acéphale” que es la edición de los cinco números de la revista homónima que se publicó en París entre 1936 y 1939 donde escribían Georges Bataille, Pierre Klossowski, Roger Callois, André Masson, Jean Whal, Jules Monnerot, Jean Rollin. En el número 2 de “Acéphale”, bajo el título ‘Nietzsche y los fascitas’, artículo no firmado pero atribuido a George Bataille (1897-1962) es donde acabo de leer: “Antes de abandonar Weimar para irse a Essen – informa el periódico El Tiempo del 4 de noviembre de 1933-,el canciller Hitler visitó a la señora Elizabeth Föster-Nietzsche, hermana del célebre filósofo. La anciana señora le obsequió un bastón que había pertenecido a su hermano. Le hizo también visitar los Archivos Nietzsche. El señor Hitler asistió a la lectura de un texto que el doctor Förster, agitador antisemita, había dirigido a Bismarck en 1879, texto en donde se quejaba de ‘la invasión del espíritu judío en Alemania’. Con el bastón de Nietzsche en la mano, Hitler atravesó la muchedumbre en medio de aclamaciones y subió a su automóvil para ir a Erfurt, y desde allí a Essen”.

    Es temprano, la oficina de pagos abrirá en 20 minutos. Me siento en un banco de cemento que hay afuera del local y retomo la lectura de “Acéphale”. Al rato llega un hombre, baja de su bicicleta y me pregunta lo que siempre pregunta el que llega, “¿Usted es el último?”, “Así parece, y en este caso también el primero”, le contesto, amablemente, pero dejando en claro, que quiero seguir leyendo a Bataille y no deseo ponerme a charlar con él, ni con nadie, sobre nada en absoluto. Mi manera de hacérselo notar consiste en volver mi vista al libro no bien dicho “primero”. Comprendió, se encendió un cigarrillo y se quedó mirando la calle.

    -¿Es usted el último?, le preguntó la mujer recién llegada al dueño de la bicicleta, que ya para entonces compartía el banco de cemento conmigo.

    (Peluquera de 46 años, divorciada, madre de dos hijos, abuela de dos nietos), “lo que aumentó el corte, pero igual vienen, no me puedo quejar, no voté por él, pero me gustaría acomodarle el pelo, faltan 15 para que abran y estos trabajan a reglamento. Abren pasadas las 9 y cierran antes de las 6. Con el loco eso se acaba, igual que los piquetes. Yo no lo voté, pero ahora que lo veo en la tele me encanta, por favor que acabe con toda la banda”

    • La bici es vieja ¿no?
    • Sí la uso para trabajar, le engancho el carro y salgo a cartonear, está difícil, yo tampoco entiendo lo de dolarizar, la hermana parece que tiene el poder.

    Por fin a las 9.04 abrieron, pagué, regresé a casa. El silencio de la lectura, sólo interrumpido por alguna exclamación entusiasta que me provoca un concepto de Pascal Quignard del monumental “Último Reino”, o una observación sobre alguno de los escritores y sus personajes que analiza Peter Orner en su delicado y apasionado “¿Hay Alguien por ahí?” o la búsqueda de ese algo misterioso que tan bien sintetiza Georges Bataille en el prólogo a “La Parte Maldita”: “Si se tiene la paciencia y también el coraje de leer mi libro, se encontrarán en él estudios realizados según las reglas de una razón que no renuncia y soluciones a los problemas políticos que proceden de una sabiduría tradicional. Pero también se encontrará esta afirmación: QUE EL ACTO SEXUAL ES EN EL TIEMPO LO QUE EL TIGRE ES EN EL ESPACIO”, que no sé bien qué significa, pero que me remite a William Blake, a Borges, a Whitman, a Kant, a Heráclito y al texto de John Waters que cierra el número 1 de la revista “Bibliotech” editada y dirigida por Patricio Binaghi, y que dice “We need to make books cool again. If you go home with somebody and they don’t have books, don’t fuck them”. En este silencio paso el día y cuando no puedo evitar escuchar el parloteo confesional de la gente haciendo cola y vociferando sin atender al otro, esa constante protesta que es el eco de las palabras vacías de los políticos que no hacen más que describir sin jamás resolver un escenario cada vez más dantesco, pero sin Paraíso, contemplo mi biblioteca, miro el fuego en la chimenea, escucho un trueno de la pronosticada tormenta y casi al instante una lluvia ansiada que golpetea contra el vidrio y a las 10 y 20 la mañana se disfraza de noche y llueve como en la época del colegio primario y como llovió en Loncoche y luego en Pokara y como me gustaría que siempre lloviese cuando llueve.

    Sí, no me cabe duda alguna; el Mercedes Benz al que subió Hitler en Weimar en 1933 era negro, como negro era el Cadillac en el que llegó Perón a González Catán a inaugurar el 6 de septiembre de 1951, la primera fábrica de Mercedes Benz fuera de Alemania, y que con el tiempo emplearía a Riccardo Klement es decir Adolf Eichmann como operario en la planta. Y entonces cuando el miembro de la Cia. de Jesús devenido Pontífice Romano afirma que el Libertario que estudia la Torah y sigue espiritualmente a un rabino es un “Adolfito”, me digo que al servicio de agua y al ABL debo incorporarlos con carácter URGENTE al home banking.

  • ISLAS FALKINAS

    Ros Road, Port Stanley, invierno 2017. Camino en el octavo día de mi estadía en las islas por la costanera, despidiéndome de este fin del mundo. La tormenta ha hecho que tengamos que despegar con 24 horas de retraso. Paso frente a la Falkland Island Co., vuelvo a la costanera y entro en el cementerio, leo nombres y años en las lápidas: 1849, 1852, 1866, 1887 y así hasta uno fallecido en enero de este año. Regreso por el mismo camino, miro hacia el Waterfront Hotel, donde me alojo, vecino al Penguin Shop, la Catedral Anglicana, que por supuesto es la más austral del mundo, entro luego en St. Mary que es Protocatedral Católica y cuyo nombre oficial en latín es “Apostolica Praefectura de Insulis Falkland seu Malvinis”, lo cual me parece una obra maestra de equilibrio diplomático, es decir es la Prefectura Apostólica de las islas Falkland o Malvinas; aunque desde el punto de vista filosófico es una traición a la tan cacareada teoría aristotélico-tomista de que es necesario que toda cosa ‘sea o no sea’ y una adscripción a la teoría de Leibniz que en “Elementos del Derecho Natural” distingue las formas de la modalidad como: a) lo posible, b) lo imposible, c) lo necesario y d) lo CONTINGENTE es decir ‘que puede ser o no ser’, casi Poncio Pilatos, y que decida el pueblo.

    En mi caminata paso la casa del Gobernador: entro en Pioneer Row, visito por tercera vez el museo. Almuerzo, leo; tomo el té, leo; como a la noche, leo; duermo, sueño que leo. El domingo parto.

    Aterricé en Malvinas, recorrí las Falklands, despegué de Falkinas.

    Llegué a las islas desde una cultura, partí de las mismas con una experiencia. Vi un aburrido, primitivo y no muy lindo village inglés del siglo XIX con muchos Land Rovers que van y vienen. Curiosamente, cada vez que cuento mis viajes, ellos suelen despertar entusiasmo, ganas de viajar, interés y hasta cierta admiración, lo que muchos llaman “sana envidia”, algo así como “amoroso odio visceral”; la verdad es que la creatividad nacional no tiene límites y de ser nacional y popular es imbatible: ya lo dije, nunca nadie me interrumpió con un grito de “vive de Gaulle, merde”. Lo cierto es que gente entre 20 y 80 años, estudiantes de gastronomía y de derecho, abogados conservadores, arquitectos del PC, anglo-argentinos, amas de casa católicas, cajeros de supermercados, empleados de estaciones de servicio, canillitas, jueces, ex fiscales, un rabino, ingenieros, libreros, kiosqueros, un ex combatiente, almacenero musulmán, parrillero, panadero, bar tender, estudiantes de la carrera de Relaciones Públicas de quienes yo era el profesor, escribano, mi dentista, portero de edificio, radicales, peronistas, un diplomático retirado, vecinos, parientes, amigos; todos expresaron: “¡Qué ganas!, vos sos raro, ni loco voy, con lo que nos costó, guita tirada al fuego, ¿te querías suicidar?, no sé cómo pudiste, qué raye tendrías, no voy ni con todos los gastos pagos, ¿pudiste caminar sin problemas? Yo no llevo pasaporte a un lugar que es la Argentina, no te molestaba, me irrita, me da bronca ¿Qué? ¿Por qué? Con excepción de tres personas que preguntaron de la misma manera que preguntan cuando uno en una comida dice “acabo de venir de Alaska”, con esa mezcla de curiosidad y ganas, todos los demás tenían una idea, un concepto, un slogan, cuando no la eterna ideología nacional, popular, apodíctica, intransigente, frentista, dogmática. Los hechos, la experiencia, la inquietud de alguien que estuvo en el lugar, que se dedica a viajar desde los 15 años, que tiene una profesión relacionada con el turismo, que no tiene ganas de convencer a nadie, ni interés económico alguno, que se aburrió, que no le gustaron y que está convencido que las Falkinas no son el problema, sino que lo que está en juego es la Antártida, todo eso les importó un soberano carajo. Ellos, los que no fueron ni irán saben, uno, que para intentar comprender, para empezar a saber, fue, es un pelotudo. De la misma manera apodíctica y universal San Martín es el Padre de la Patria y además Santo de la Espada, la línea Rosas, Perón, Kirchner encarna el sentir popular. Sarmiento, miembro de la masonería, promotor de la corriente liberal, atea, sionista, entreguista y apátrida. No se metan con Perón. Si hacés lo que hay que hacer te incendian el país. Estamos condenados al éxito. Somos un país riquísimo. La carne argentina es la mejor del mundo. Maradona, Messi, la Reina de Holanda y el Papa son argentinos, ¿se dieron cuenta chilotes, paraguas, bolitas, charrúas, se dieron cuenta quién es Gardel?

    Pasó que no ganamos.

    Pasó que perdimos.

    No nos gusta mirarnos en ese espejo.

    En la imposible hipotética situación de haber triunfado, la figura de Galtieri se hubiera instalado en la línea Rosas, Perón, Galtieri. Le habríamos disculpado haber sido un gobernante de facto, hubiéramos afirmado que él nunca persiguió, torturó, ni hizo desaparecer como los otros, lo habríamos elegido Presidente de la Nación, y atención que en cualquier momento recuperamos el Alto Perú, Paraguay y Uruguay, le habríamos enseñado a España cómo recuperar Gibraltar y si se ponen pesados, mandamos la flota a Hastings, desembarcamos como Guillermo el Conquistador en 1066 y en Buckingham Palace izamos la bandera argentina como para que el mundo se dé cuenta, se dé cuenta, se dé cuenta. Pero perdimos y si hay algo que no toleramos es perder y entonces como el avestruz, escondemos la cabeza dentro de la tierra y no entregamos el bastón y la banda presidencial a quien nos derrotó en elecciones libres. Borges lo dice con claridad “no hay peor insulto para un argentino que ser escarnecido en público”.

    Ser impuntual, improvisado, superficial, autoritario, machista, chanta, despilfarrar dineros públicos, ser corrupto; todo eso se olvida, pero que se rían de uno y lo sepan los vecinos, eso jamás. Hemos cambiado “la verdad os hará libres”, por “la verdad me da vergüenza”: nadie en las clases media y alta soporta la verdad de una biografía, por eso es que tenemos el mayor número de psicólogos por habitante. El resto, la Sociedad Anónima ante el brutal y vejatorio abandono no hace más, no puede hacer más que cantar la Marcha Peronista, que es el jingle narcotizante y catártico que mueve la calesita.

  • VERANO 2016

    Es el verano europeo de 2016, emprendo un viaje Buenos Aires, Barcelona, Praga, Viena, Orlen, Barcelona, Buenos Aires que en verdad son dos viajes. El primero es afectivo, en Barcelona está parte de mi familia, en Orlen, amigos, es decir tiene que ver entonces con empatía, con “abrigar una esperanza”, con abrazos, besos, palabras y esa cosa de enfado y reconciliación, que es lo que yo creo que es el amor: algo que por tan universal, pertenece al ámbito de lo privado. Entre esos lazos afectivos, están Praga y Viena, que son la caminata, aquello que Nietzsche resume en “las ideas vienen con la marcha”. Es el momento en que no pertenezco a ninguna rutina, es cuando estoy estando. Es el tiempo en que estoy desterritorializado. Sucede en mí, lo que Pessoa describe como “si quiero decir que existo diré “soy”, si quiero decir que existo como alma separada, diré “soy yo”, pero si quiero decir que existo como entidad que a sí misma se dirige y forma, que ejerce junto a sí misma la función divina de crearse, debo convertir el verbo ser de intransitivo en transitivo, y entonces diré “me soy”. Habré dicho una filosofía en dos palabras”.

    Bien “me soy” viajando.

    Al término de mi colegio secundario, sentía que no tenía vocación para ninguna de las ofertas universitarias. Lo que quería, era sentarme bajo un ombú y recrear lo que habían hecho los ‘conversadores’ en la Grecia del siglo III AC, esperar en las columnas del Partenón (las estoas) e interrogar a veces estoicamente, otras de manera escéptica o apelando al hedonismo ¿qué estamos haciendo aquí?

    Bien, una de las cosas que hago, es viajar y he llegado a Viena con el Diario Filosófico (1914-1916) de Ludwig Wittgenstein (1889-1951). Salgo a caminar munido de mi bitácora: un paso una letra, un trecho una palabra, una caminata un párrafo, un recorrido un texto, un viaje un libro, el mundo: la biblioteca. La primera impresión es “aquí se asentó el poder”. Experimenté algo similar en Roma, en Tenotchitlan, en Londres, en Silicon Valley. La segunda impresión ‘whispering city’, Viena es una ciudad que susurra. Me detengo en un café moderno que nada tiene que ver con un café vienés, podría estar tanto en Chicago como en Mendoza. Me atrajo el olor a café y una libreta exhibida para la venta por 5 euros: el tamaño perfecto, hojas de buen papel, tapa dura ilustrada con un astrolabio y un globo aerostático y la frase de Julio Verne “Anything one man can imagine, other man can make real”. El café se llama ‘Coffee and Friends’ y está atendido por un guatemalteco.

    Camino y ese tren de palabras que nos habita se pone en marcha: ciudad impactante, rica, solemne, pomposa, Francisco José, María Teresa, Maximiliano, Habsburgos, Imperio Austro-Húngaro. La lógica del poder exaltado impúdicamente por el arte.

    Majestuosidad, grandiosidad, lujo: una torta de crema por momentos empalagosa. Residencia de Herman Broch, Freud, Tolstoi, Lenin, Hitler, Palacio Schon Brunn donde en 1918 abdica el último Habsburgo; 640 años dominando Europa, más de 1400 habitaciones, jardines de 200 hectáreas. Dos veces se hospedó Napoleón, 1805, 1809. Esplendor, salones, waltz, chocolate Strauss, Mozart, Sacher Tarte.

    Hay algo por demás armonioso en todo: parques, sonido, vestimenta, orden, limpieza.

    La hija de María Teresa se casa con el futuro Luis XVI, Napoleón con María Luisa. Habsburgos, 640 años en el poder; árabes ocho siglos en España, 2000 años de Iglesia de Roma, sólo 200 años de liberalismo. Tan sólo 200 años de mayoría de edad.

    Strauss y Sacher Tarte: SS.

    Tango y Carne (soledad y sangre): SS.

    Pausa en Café Central, desde 1876, donde bebieron Tolstoi, Freud, Arthur Schnitzer, Mann, Hitler, Stalin. Vuelvo a caminar: un paso, una letra… Albertine Platz, Sacher Hotel, Café Mozart 1794. Camino hacia el centro, hasta la Bolsa, tomo el tranvía número 1, dirección Prates, bajo en Lewengasse, camino hasta Parkgasse 18, la casa de Ludwig Wittgenstein, construida entre 1926-28 por Engelman, discípulo de Loos. Todas las aberturas con mecanismos diseñados por Ludwig, cuyo primer estudio fue calderas; el hombre iba para ingeniero, pero comprendió, se dedicó a la filosofía y como nos ocurre a todos, un día se murió. “Los hombres no están tristes porque mueren -ha dicho Carlo-, sino que mueren porque están tristes”, dice Claudio Magris en “Otro Mar”.

    Nombré a la muerte; aquí en Viena, murió un mundo. Se desplomó. Aquí comenzó la modernidad, el siglo XX. Una enorme Sacher Tarte cayó al suelo desde una mesa vestida de blanco, bañando en sangre, los pisos de roble, salpicando mármoles y espejos, tiñendo tapizados de rojo, y ahí quedó el imperio reventado en estados nacionales: Austria, Hungría, Checoslovaquia, Polonia, Yugoslavia, Italia. Un impactante documental de Peter Jackson: “Nunca llegarán a Viejos”, exhibe los horrores de la Primera Guerra Mundial que conforma el ADN de toda la humanidad de todos los tiempos. En colgajos del imperio decadente nacieron: sionismo, nazismo, psicoanálisis, la música atonal de Schonberg, la arquitectura de Adolf Loos, la pintura de Klimt, de Egon Schiele, de Kokoshcka, Wittgenstein y sus siete hermanos; tres de los cuales se suicidaron, al igual que Otto Weininberg y Carlo Michelstraeder, y Enrico Mreule parte en 1909 a perderse y pensar y caminar la Patagonia hasta que regresa en 1922 a poner en remojo el mantel chorreante de sangre y no pudo no recordar cuando a caballo arreaba a miles de ovejas en el sur argentino y rememoró lo que a los 16 años había escrito en su bitácora: “La libertad está en la nada”.

    En momentos de zozobra, porque la libertad también tiene sus tormentas, suelo repetirme ese motto de acuñación liberal: “Never explain, never complain”.

  • VOLCÁN

    Es el año 79, 24 de agosto, 12 horas 16 minutos, explota en erupción el Vesubio: nube de gas, lluvia de cenizas y el derrame de lava por las laderas de las montañas, hicieron que el debut sexual de Claudio quedase eternizado con la prostituta Sibila, quien había sido libidinosamente recomendada por varios de sus amigos. A 1900 años de aquel mediodía, en una mañana fresca y soleada, recorro las ruinas de Pompeya. Salgo de la lujosa casa de los Vietti y por callejuelas de piedra voy siguiendo los penes esculpidos en los frentes de las esquinas que marcan el camino al Lupanar, que seguramente ansioso, caminó Claudio para iniciar su etapa de madurez, que en su caso se redujo a durez(a), ya que hasta hoy su verga se mantiene erecta a punto de penetrar a Sinbila montada sobre él.

    -Esto ha sido muchas cosas, menos eyaculación precoz, le comento a tres chicos españoles de entre 18 y 20 años que entre risas y cierta perplejidad están descubriendo la cotidianeidad de la civilización romana.

    La viuda Smith en San Isidro y el Apolo en Tigre, eran los lupanares de mis 15 años y el volcán más cercano estaba a 1200 kilómetros.

    La vida se detuvo de improviso, explica el libro folleto. De pronto todo se piedrapomizó. La naturaleza tomó cincel y martillo y esculpió el instante, que quedó como el ojo de una enorme cerradura, para que espiemos.

    La vida de Plinio el Viejo (20-79) se petrificó. Es el autor de “Naturalis Historia”,libro al que Funes, el de la gran memoria accedió, para incorporar a la misma el latín. La eyaculación volcánica solidificó las ciudades provincianas de Pompeya, Herculano, Oplonties y Stabies. Si bien romanas, todas de origen griego y dedicadas casi con obsesión al culto de Dionisios. El volcán que es una boca, un tajo en la montaña, más vagina que falo con su derrame de fluido hirviente, congela el tiempo. Nos permite ver la exaltación del sexo exhibida en la plaza pública, nos permite participar al menos pétreamente de lo que hoy llamaríamos una orgía de sexo y rock and roll. Estos fastos de fecundidad y fertilidad habían sido prohibidos en Roma, ya que solían terminar en excesos de todo tipo, pero en provincias todo es más laxo hasta que en el 313 el Emperador Constantino oficializa al cristianismo como la religión del imperio, llenando de lava y cenizas un universo de sensualidad y jolgorio transformado desde entonces en culpa, pecado, pontífices castradores.

    La hermandad y fidelidad frailera siempre me recuerda a la omertá mafiosa.

  • MOUNT NELSON HOTEL, CAPE TOWN

    Es Cape Town, es la República Sudafricana, es 2011, es el Mount Nelson Hotel, es el hotel de la Reina Victoria, es el British Empire, es el five o’clock tea.

    Me siento un cazador, una suerte de Hemingway, que trajo colmillos, guardó las armas, se duchó y perfumó y ahora entra en el salón. Es la parte de los viajes en donde me permito ser un actor. No podría matar ni una perdiz, pero me gusta jugar como cuando jugaba a los cowboys.

    So here am I; tea of course. Las variedades de té superan ampliamente la veintena. Sobre la mesa un despliegue de exquisiteces que son una incitación a la gula: scones templados y Berkshire cream, y sandwiches de pavo y de pastrami y de pollo y de huevo y de jamón y masas y frutas y fiambres y quesos y tortas y tartas y budines y jaleas y dulces y mermelada y nueces y almendras y avellanas y frutas abrillantadas y chocolates y confites y vainillas y panes y tostadas. Conversan dos sudafricanos jubilados con un inglés también jubilado y de vacaciones. Los sudafricanos expresan la alegría y la seguridad que les da el pertenecer al Commonwealth: “We are proud of belonging”. Me quedo pensando, ya había escuchado algo semejante en Anchorage, donde una neozelandesa me había preguntado cual era mi nacionalidad. Al contestarle, sonrió con sincera alegría: País maravilloso, y me preguntó si también formábamos parte del Commonwealth. Ante mi negativa: “But I’ve seen a magnificent Harrod’s store, in Florida Street, that’s why I thought”.

    Ya vuelvo a ser quien soy, me pongo a hablar con una mujer de sorprendente parecido a Virginia Woolf, cuando aun era Virginia Stephen. Es colombiana, mujer de un diplomático; no debe tener más de 35 años, es muy bella, pero sabe y no quiere que esa belleza siga siendo parte del éxito del señor Embajador, su marido. Charlamos. ¡Pero que pobreza!, me dice.

    Igual que en nuestros paises, le digo.

    Se la nota incómoda en el ambiente diplomático, despotrica contra la hipocresía, se declara marxista, habla de solidaridad, de la lucha de los pueblos, de la educación; está deseando regresar a Bogotá y separarse de su marido y volver a las cátedras en la Universidad. Reímos. Tengo una comida, me despido, me cambio.

    Estoy en el cuarto del hotel; la comida fue espléndida.

    Pienso en la charla con Cecilia, la colombiana. ¿Se puede resolver la pobreza? Pienso que no, en fin no lo ha resuelto nadie, nunca.

    En 1548, cuando Francia era una de las más ricas y civilizadas sociedades, con 16 millones de habitantes, Etienne de La Boetie (1530-1563), el gran amigo de Montaigne, dice de su país: “Hambre, suciedad, analfabetismo, mortalidad infantil, prostitución, peste, secuestros, asesinatos, estado de guerra civil, policía secreta y torturadora”

    Un siglo después, Jonathan Swift (1667-1745) escribe ese cuento satírico titulado “Una Modesta Proposición”, donde recomienda la cocción de los niños de alrededor de un año de edad, en razón de la ternura de sus carnes, tanto en estofados, asados, al horno, hervidos, fricasse y variedad de guisados con el propósito de eliminar parte de la pobreza que aqueja a su país donde cantidad de mujeres mendigan por el reino llevando a la rastra la caterva de párvulos que han traído al mundo.

    Me han pedido limosna, o change, o ropee, o moneditas en Cuba, Albania, Rusia, Estados Unidos, en todos los países latinoamericanos, en India. No en Dubai ni en China; pero que no me hayan hecho el pedido no indica necesariamente que no haya pobreza.

  • PONT DU GARD

    Leo un pensamiento de Emil Cioran (1911-1995) “Estoy persuadido de no ser nada en el universo y sin embargo siento que mi existencia es la única real”.

    Leo que hay en física una teoría llamada la “conjetura Maldacena”, que es la teoría de las cuerdas, una suerte de puente entre la relatividad general y la mecánica cuántica. Parecería que el objeto que fundamenta la existencia del universo es una cuerda microscópica, aún más diminuta que el quark, que el protón y mucho más aún que el átomo. No sé cómo entre la insignificancia de uno en el universo y la cuerda como un puente, lo cierto es que asocié esto a la experiencia que tuve un día de enero de 1980 que con el Renault 4 llegué al Pont du Gard y el hecho que ese acueducto hubiera sido construido antes de la era cristiana me ‘insignificó’ espacio temporalmente. Sí, fue la insignificancia, ya no la mía , de la que soy consciente desde hace mucho, sino la de la humanidad como entidad.

    ¿Quién es el único que sabe todo de uno mismo, sino uno mismo y nadie más que uno mismo? Esta mismísima mismidad rige para todos y cada uno de nosotros: “mi existencia es la única real” dice Cioran.

    Esto de ser un átomo, es más un protón, aún más un quark y con toda probabilidad una cuerda en el misterioso e infinito universo es lo que nos hace casi con desesperación unirnos, juntarnos, amarnos, crear dioses que nos den sentido.

    ¿Qué hacía yo deslumbrado en enero de 1980 en Remoulins, en el departamento del Gard? Lo mismo que hace el más poderoso y rico monarca y la ascensorista de la estación Covent Garden, el Papa y David Foster Wallace ese día de septiembre de 2008, cuando pateó la silla que lo sostenía a la vida, y otra cuerda lo acabó; buscar desesperadamente una explicación que no se encontrará jamás, porque después de la teoría de las cuerdas habrá algo más, así como para mí siempre habrá otro país y otro libro a descubrir, que tampoco me dejará satisfecho. Entonces, un día, por cualquier motivo y circunstancia cansados de buscar en vano, aceptaremos que las reglas del juego no nos agradan y encontraremos un motivo cualquiera para abrir la puerta y partir.