Categoría: Opiniones

  • IT HAS TO BE BRITISH TO BE GOOD

    Me veía muy feliz al volante del Aston Martin rojo con la capota abierta y escuchando a todo volumen a los Rolling Stones que parecían,con su música y cantos querer invadirlo todo en la quietud de Aberdeenshire, a punto de llegar a Crathie, vecino al Castillo de Balmoral. Estaba llegando a mi tricentenaria casa de campo y vi a lo lejos la silueta de un ciervo con una machaza cornamenta. Ya en casa saboreaba mi segundo whisky y mi vista se deleitaba entre las llamas de la chimenea y la lluvia que caía generosa sobre los campos. Ya vestido de smoking partía a la recepción. Regresaba a casa pasada la medianoche. Por la mañana llegaba en helicóptero a Londres. Al despertar me costó entender por unos instantes que estaba en casa en San Isidro. No recuerdo haber soñado así, con esa intensidad.

    Mientras me duchaba y ya más tarde en mi ejercicio matinal en bicicleta por la costa del río, me iba preguntando por qué para mí la felicidad, siempre está conectada a lo “British”.¿Por mi viejo que desde chico me leía cuentos en inglés y me enseñó a hacer cuentas con pounds, shillings, pence and farthings? ¿Porque fue mi segunda lengua? ¿Por el five o’clock tea de los domingos? ¿Por las inolvidables maestras Mrs. Kember, Mrs. Gueddes, Mrs. Laffan, Mrs. Kenny, Mrs. Lemoine, Miss Blanco, Miss Bary, Mis Mary, Miss Dolores Solares? ¿Por mis dos años de felicidad en el 78 Onslow Gardens, en South Ken? ¿Por la literatura y el teatro? ¿por Shakespeare, Thomas Hobbes, John Locke, David Hume, Lawrence Sterne, Thomas De Quincey, Virginia Woolf, Katherine Mansfield, Philip Larkin, los Beattles? ¿Por el clima, para mi excelente de Gran Bretaña, amo la lluvia y los cielos grises y el verano allí, es para mi, el único que tolero (casi no existe)? ¿Es por Pam, y esas noches en la casa de The Cotswolds, por los pubs, por Harrods, por Fortnum and Mason, por The Mermaid, en Rye, por Bath, por Oxford, por Cambridge, por St. Andrews, por Edimburgo, por Cornwall, por Elizabeth II? Porque junto con los países nórdicos e Islandia, la británica es la sociedad que más valora la libertad individual. Y sí ,es por todo eso y porque cada vez que llego a Inglaterra desde aquella primera el 1 de mayo de 1978, mi cuerpo, mi mente, yo decimos “We are at home”.

    ¿O será por aquella charla con Joseph en la india en 1980, que después de haber mirado con mucha, para mí demasiada atención, las líneas de mis manos y luego con la misma naturalidad con que uno dice “que bien que te queda el verde” o “me encantó la película”, me dijo “No tengo ninguna duda, vos fuiste inglés y ocupaste un lugar de suma relevancia en la vida inglesa” y siguió charlando de literatura. Para Joseph la re encarnación es una realidad del mismo nivel que un “nacimiento” o “una muerte”. Recuerdo que en ese momento pensé en la película de Lee Thompson de 1975 ,”La Re encarnación de Peter Proud” y recordé el capítulo X de La República de Platón y el mito de ER.

    Quiero aclarar algo para mis conciudadanos, el amor por Gran Bretaña, no opaca, desmerece, ni traiciona al amor por la Argentina, esto lo digo porque para mucha gente Gran Bretaña es sinónimo de “piratas” y otras barbaridades que he escuchado; y también quiero agregar que para mí las Islas Malvinas, son las Islas Falkinas y con ello quiero decir: conversar, asociarse en doble administración, con doble soberanía, con ventajas y obligaciones para ambos, digo: Civilización.

    No creo en la re encarnacióin como Joseph aunque me encantaría haber pasado por diferentes culturas y haber sido esclavo, rey, mujer, varón, actriz, sacerdote, homosexual, ladrón, campesino, embajador, puta, médico, corsario, jinete, albañil, filósofo, haber experimentado la vida desde todos los posibles puntos de vista. Mis viajes, mis aventuras, mis variados trabajos, mis lecturas, mis amores, mis múltiples errores han sido mi manera racional y vivencial de tratar de entender WHAT THE HELL ARE WE ALL FUCKING DOING HERE? CARAJO.

  • VENTANAS

    A las 5.30 am en verano, salir en bicicleta es algo maravilloso, por el silencio, por la casi ausencia de personas, porque se puede cruzar Libertador con los ojos cerrados (cosa que de cualquier manera no hago, ni recomiendo hacer), pero efectivamente en un día hábil a esa hora sólo me topo con el personal de seguridad que deja su garita y le transmite las novedades al que viene a reemplazarlo. Luego ya en la bici senda del vial costero pasa fugazmente algún corredor, una señora que camina, dos o tres que pasean a sus perros. Ya en el río veo a los pescadores. Muchos de ellos han pasado la noche probando suerte. A pesar que ya hace más de cinco años que cumplo con esta rutina, hoy por primera vez me detuve un rato ante el cerco de la Quinta de Juan Martín de Pueyrredón; me llamó la atención el tamaño de las ventanas que dan al frente sobre la calle Rivera Indarte: son pequeñas. no guardan proporción con la sólida pared en las que están instaladas; son como para espiar por los visillos, sin que a uno lo vean; parecen no haber sido hechas para mirar, sino más bien como para echar un vistazo protector; son producto de una concepción de vida que ya no existe. Las ventanas que dan a la barranca y al río, si bien pequeñas en comparación con las actuales, son más amplias que las que dan a la calle; miran al jardín donde habrán jugado niños, al cuidado de la gobernanta; donde alguna pareja se habrá besado por primera vez, sabiendo que detrás de la ventana había alguien controlando deseos; servían para que algún criado estuviera atento a las necesidades del señor: un paraguas o abrigo si fuera necesario, más agua caliente para cebar otra rueda de mate, acercarle alguna novedad al Director Supremo o decirle al invitado que el carruaje ya estaba listo para retornarlo a Buenos Aires ya que le espera un viaje largo y es más seguro viajar con luz. Son ventanas que dicen: la privacidad es un valor, la casa es sagrada y guarda secretos, y en este caso particular ellos pueden ser secretos de Estado. Éstas, las ventanas de atrás permiten también vigilar el movimiento de un comercio fluvial clandestino y nocturno.

    Desde la costa del río miro hacia las nuevas edificaciones: cemento y vidrio; enormes ventanales como haciendo del paisaje exterior un cuadro que cuelga del cielo, cuyo paspartús es el perfil del ventanal y su marco la cornisa que lo sostiene; el exterior es el lienzo que cambia continuamente con los avatares de la luz: por momentos violento van Gogh, por otros neblinoso Turner, a ratos envolvente Bacon, súbitamente amenazador Caravaggio, nocturno y silente Malevich y de vez en cuando juguetón Seguí. Estos ventanales son reflejo de la exhibición que buscamos y que nos ha dejado expuestos, son la pantalla con la que nos presentamos, son la selfie ineludible, son el zoom que nos convoca, son cierto grado de perversa ostentación. Son una tentación al asedio, una invitación a ser violados.

  • DE LETRAS, DE ANALFABETOS Y DE CIFRAS

    Antes de la invención de la imprenta por Johannes Gutemberg (Maguncia 1400 – 1468) en 1445, entre el 95 y 97 % de una población estimada entre 350 y 400 millones era analfabeta.

    Según la UNESCO en 1985, el 28 % de la humanidad era analfabeto y en 2025 ese porcentaje se redujo al 21 %. Felicitaciones, Champagne y aumento de honorarios para los sabios de la UNESCO, que se olvidaron de decir que en 1985 la población mundial era de 4.870.000.000 habitantes y el 28 % de esa cantidad es 1.363.600.000 de seres humanos, que no podrían haber leído este artículo. Según Worldometer (estadísticas al instante) la población mundial asciende en este momento en que escribo a 8.264.680.000.000 y el 21 % de esa vastedad humana es de 1.735.582.800 hombres, mujeres, niñas y niños, es decir hay hoy 371.982.800 millones más de analbabetos que hace 40 años, algo así como la población de los Estados Unidos, u ocho veces la población de la Argentina. Entonces nada de champagne, agua de la canilla, del grifo, del pozo o del río. Claro con tantos analfabetos cómo voy a tener lectores para mi blog. También es posible que lo que escribo no le interese a nadie, pero seguiré intentandolo.

    Los que sí escriben bien son Irene Vallejo,”El Infinito en un Junco” (La invención de los libros en el Mundo Antiguo). Filippo Ronconi, “Los Orígenes del Libro” (Metamorfosis de un objeto desde la Antigüedad hasta la Edad Media). Alberto Mangel, “Historia de la Lectura”. Bard Borch Michalsen, “Cómo la puntuación cambió la Historia”, que se refieren al tema en cuestion, como ejemplo les dejo esta perlita mencionada por Mangel, en “La línea temporal del Lector” que en mi edición (Penguin Books) está entre las páginas 180/181, dice allí “Año 1333 el pintor Simone Martini coloca un libro en las manos de la Virgen en su pintura “Anunciación”. La Iglesia Católica, no muy convencida de la capacidad intelectual de las mujeres, debatió si la Madre de Dios debería ser reconocida como lectora”. Qué maravilla que haya instituciones que velen por nosotros.

    A las 7.25 am la población mundial ha crecido en 112.085 y sigue.

  • LAS FELICES “FELICES FIESTAS”

    Sí, no me volví loco, las celebraciones de fin de año: Navidad y Año Nuevo no son fiestas, como la del cumpleaños, el casamiento, la graduación y cualquier otro acontecimiento. Navidad (que estrictamente es un cumpleaños, el de Jesús que parece ser que cumple 2025 años, ¿imaginaron alguna vez una torta con 2025 velitas?) son las “Felices Fiestas”. A mi no me gustan para nada, es más me molestan, con la única excepción de ver a los niños que me encanta cómo se abalanzan sobre los regalos, aprobando su primera lección de cosumismo explícito. ¿Por qué no me gustan nada? :

    Por 1. Son obligatorias y si no querés ir también te sentís un pelotudo.

    2. Cuando todo el planeta se pone de acuerdo en algo, yo sospecho algo non sancto.

    3. Detesto todos los finales: el final de una película que me encanta, el final de una novela, cuento o ensayo, el final del viaje, el final de una fiesta (salvo el de las “FF”), el final de un ciclo, el final de un amor, el final de una amistad, el final de la soltería (por eso no me casé nunca), el final de un coito (es decir “acabar,” en la India me aseguró una suerte de gurú que podía detener el “acabar” 12 horas, es decir podía hacer un 2×24, algo aprendí aunque mi ansiedad jamás me permitió más de una hora lo cual me satisfiso) pero esto ya no es así, porque ésta es mi septuagésima séptima “FF”., el final de las vacaciones, el final de un ciclo, el día domingo, el mes de diciembre., que además no me gusta por el calor, los mosquitos, las cucarachas, el protector solar, la humedad, ¡ah! me olvidaba la pirotecnia que invita a la meditación.

    4. EL FINAL FINAL, el hecho absolutamente democrático sin excepción, el final que no discrimna entre Rey y mendigo, Caín y Abel, San Francisco y Bergoglio, Alberto Nisman y Alberto Fernández, la universal muerte, que no es miedo lo que me provoca, sino VERGÜENZA : que Shakespeare sea enterrado o cremado que las bacterias, la podredumbre y el polvo lo desintegren al igual que a una serpiente, hiena, murciélago o mariposa y sea polvo me avergüenza. Por supuesto que así es la realidad, pues a veces la realidad también me da vergüenza. Que no tengo solución y eso también me avergüenza, que los humanos de todos los tiempos no encontramos una solución, vuelve a avergonzarme. Que lo más lógico es aceptar las cosas como son, y que todos los demás tienen razón, es totalmente cierto y esto no me da vergüenza, pero tener que darle la razón al mundo entero me da soberanamente por el duodécimo forro de las pelotas pero igual les deseo “FF”.

    El Final :FELICES FIESTAS = FINAL FINAL.

  • TARDE DE OTOÑO

    Es sábado, es finales de marzo, es 2022, camino desde casa hacia el centro de San Isidro, paso el mástil y escucho una voz de soprano que canta una canción romántica, pero tan bien modulada y con tanta pasión que deja de ser romántica y parece un grito como de guerra pero de alegría (no sé si yo me entiendo muy bien, pero era algo que impresionaba). La voz sale de la garganta de un hombre alto de tez oscura, es no vidente y espera que le dejemos algo en la gorra que está a sus pies. Sigo mi camino hacia la calle Chacabuco y aún en la esquina escucho su voz. Me recordó a un italiano que cantaba en Palermo, Sicilia y que también era ciego y a un señor muy gordo que cantaba a la salida del Guggenheim en New York y a una chica que cantaba frente a Trinity College en Dublin y a un señor hindú que no cantaba, que también era ciego y que extendía su mano como para que también le dejáramos algo a la entrada de un templo en Rameshwaram. Pensando estas cosas sigo mi camino y una suerte de empatía con los cantores callejeros me provoca una sensación de armonía, de cariño por los miembros de la Sociedad Anónima de la que formamos parte. Sí, la sensación es de ternura con la humanidad y me place que así sea porque suelo tener ira y bronca y desprecio hacia esa misma humanidad. Pero hoy no, hoy es un día que no está ni frío, ni húmedo, ni lluvioso, donde a ratos sale el sol y a ratos se nubla, hoy que es climáticamente híbrido y que yo me siento humanamente como el día, en el cual no estoy ni activo, ni pasivo, ni huraño, ni conversador, ni apasionado, ni melancólico, ni deseante, ni depresivo; esa voz de ese señor en el centro de San Isidro me transportó a muchos lugares y de pronto pienso en Taylor Hawkins, el baterista de Foo Fighters que cerró el festival de rock el 20 de marzo y que el día 23 a los 50 años fue encontrado sin vida en el hotel en Bogotá cuando debía presentarse en otro festival. Ese día 20 cuando con maestría le hacía gritar a los platillos de su batería unos sonidos que exaltaban a los miles que lo escuchaban y nada hacía suponer que tres días después apareciera muerto, escribí lo que sigue:

    DO YOU WANNA SEE HIS PANTS ?

    Beeeeee, Beeeeee, Beeeeeee.

    I can’t hear you, DO YOU WANNA SEE HIS PANTS ?

    BEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE

    Y entonces Taylor Hawkins (1972) baterista de Foo Fighters obedeciendo a la gran masa del pueblo que ha respondido afirmativamente a la pregunta de Dave Grohl (1969) en la noche del 20 de marzo de 2022 en el Lollapalooza en el Hipódromo de San Isidro se pone de pie y luce unas calzas a rayas que enmarcan un bulto (de aquí en más EL BULTO)

    EL BULTO por el que viene balando en la Atenas derrotada por Esparta en tiempo de Aristófanes (444-385) después de soportar pasivamente una decadente oligarquía que erosionó hasta los cimientos la cultura ateniense. EL BULTO que degradó la Roma de Plotino (205 – 270) después de gobiernos de vejatorios emperadores. EL BULTO, que cínicamente hicieron adorar los Borgia (Calixto III y Alejandro VI) en el siglo XV. EL BULTO ante el que levantaron el brazo mientras vociferaban “Heil Hitler” (1889-1945?) millones de alemanes. EL BULTO que nos muestra Vladimir Putin (1952) al entrar en Ucrania.

    Piedras, palos, flechas, catapultas, espadas, balas de cañón, metralletas, tanques, cazas bombarderos, misiles teledirigidos, bomba atómica: representaciones de EL BULTO.

    Así hayas estado en el muelle de Pacheco, pescando desde las 22 horas hasta las 7 de la mañana del día siguiente y hayas pescado 5 pacús y 1 dorado como me dijeron los tres pescadores con los que conversé unos minutos desde mi bicicleta; sabés que aquí a tu celular llegan y quedan cada una de la escenas de EL BULTO de Putin pavoneándose por la llanura ucraniana. Pero así es WE WANT TO SEE HIS PANTS, WE WANT TO BE FUCKED por el que tenga el más grande pene y de tratarse de ELLA, sí claro también o para qué carajo se inventó y se fabrica la “cinturonga”, ¿ para que nadie la compre, para que nadie la use?

    Beeee, Beeeeee, Beeeeeeeeee, bala el rebaño y no puede dejar de balar clamando ansioso por el pastor que lo conduzca y le clave el “visto” y EL BULTO.

  • ESTADO PERSONAL

    La verdad es el único estado que me interesa. El estado, los estados nacionales no me gustan, me gusta la gente que vive en ellos. El estado nacional y popular me resulta detestable y los autócratas hipermillonarios que los dirigen verdaderamente repugnantes. La clase política, lo que desde hace un tiempo se ha dado en llamar “la casta” me produce alergia, pero parece ser que es imposible de erradicar, es ínsito al poder, generar esa camarilla les asegura la supervivencia, la adulación que necesitan como el aire que respiramos, son hipócritas, mentirosos, insensibles. A mí me dan asco; allá ellos.

    Comencé diciendo que el único estado que me interesa es el personal, es decir mi persona que implica un grupo de gente que son los que me constituyen, familiares más próximos, amigos de toda la vida, los que han estudiado conmigo, nuevos amigos con los que trabajo, gente querida y que sin ellos no soy; los recién llegados niños entre 11 años y 10 meses, es decir nietos a eso llamo mi estado personal, que además incluye a otro montón de personajes, gente que veo todos los días caminar por San Isidro, vecinos, comerciantes, en fin los miembros de la aldea a quienes saludo amablemente y cuyos nombres casi no sé, ni tampoco dónde viven, esos, la comunidad a la que pertenezco: todo ello más algún periodista de la mañana temprano y bueno todos mis libros, eso es mi estado personal. Ese estado personal (es decir moi meme) está subiendo a este Blog todos los días al menos un artículo y a veces dos y hasta tres, que nadie lee y cuando lo hacen es porque les digo que subí tal artículo y me da un poco de vergüenza porque parece que los obligara a tener que leerlos. Ese estado personal, seguirá escribiendo, pero la verdad ¿para qué escribo?, digo ¿para qué escribo en el blog? Porque escribir escribo siempre ya voy por la bitácora número 40, una suerte de diario con opiniones, historias de mis viajes, estados de ánimo, lugar donde tambén dibujo y en gran medida me explayo íntimamente. Escribo en el blog porque es lo más . parecido a publicar un libro, que en mi caso tiene título, “ORNITORRANCIA” que es una suerte de ensayo, opiniones, collage, diario, biografía, oralidad escrita, confluencia, instalación, vagabundeo, cruce de caminos, laberinto, mis viajes por 68 países, algo así como “A Cock and Bull Story” y que encaja, o me gusta que encaje en aquello que dice Walter Benjamin: “El que viaja, tiene algo que narrar, El sedentario, escribe una novela”.

    Bueno era eso, necesitaba decirlo, hay veces que mi Estado Personal me rompe soberanamente las pelotas, hoy es una de esas veces. Creo que cuando uno está enojado con el mundo, uno miente, creo que uno sólo se enoja con su Estado Personal.

  • SOMBRAS CHINESCAS

    Sigiloso, contundente, se derramó como una copiosa nevada sobre un glaciar milenario. Imperceptible, artero, poderoso, invasivo, letal. Irrumpió como el Dios implacable de los hebreos. Coronado, como nuestra sien de laureles, me privó del tren Transiberiano, planeado para mayo 2020. Mis libros, mi casa, el río y el muelle de Pacheco, son ahora, el nuevo mapa de mis aventuras. Las singladuras, que van llenando mis bitácoras, dan cuenta de esos avatares que hoy hacen mis días. La bicicleta reemplaza trenes y aviones.

    En primavera y verano salgo a las 6, en otoño e invierno una hora después. Escucho las noticias por radio y nombres de la política nacional y mundial, cifras del Covid, femicidios (uno cada 30 horas), resultados deportivos y temperaturas se cuelgan del manubrio de la bicicleta. Por suerte una huidiza comadreja, la aristocrática elegancia de una garza, el ataque mortal de un gavilán mixto al cogote de una cotorra me distraen de esa fauna de burócratas, influencers, goles, ectopascales.

    Opté por un circuito, siempre el mismo, como para emular al río en el que nunca nos bañamos en las mismas aguas. Hay días que el río parece un mar. Sopla el viento del sur, olas espumosas revientan contra el cemento del muelle alejando por igual, de la orilla, a pájaros y pescadores. Desde el muelle, miro hacia las casas en las barrancas. Techos y balcones semi ocultos por árboles centenarios. Araucarias, robles, tilos, palmeras, jacarandaes, ombúes, palos borrachos, las omnipresentes tipas.

    Han tirado abajo la casa de Orlando Williams, escucho las topadoras limpiar el terreno, anuncian 10 lotes de “Vivienda Unifamiliar Agrupadas”. Demolieron “Los Pájaros” en la bajada de Colón, ladrillos blancos y torreón de pizarra negra, fueron reemplazados por cristal y cemento. Tirar abajo, construir. ¿Cuántas veces ha cambiado mi piel? ¿Cuántas veces ha cambiado el signo monetario nacional en sólo 50 años? Lo que no cambia es el río, impertérrito, se dirige al océano.

    Hoy en cambio, el río es un lago, se percibe que llega el otoño. El río parece decir, “estoy así porque se me canta”. Hay dos garzas ¿Son las mismas de estos días? Parecen signos de interrogación ¿…..? Los abre la blanca, los cierra la garza mora. ¿Qué las inquieta? porque las garzan ven que han caído árboles, no pueden no escuchar las topadoras, perciben cuando el río es mar y cuando es lago, ven a los juncos trabados en su balanceo por bolsas de plástico. Cuando me acerco se alejan. Dos mujeres, charlan en un banco de cemento, frente al río. Me recuerdan a las garzas que veré en pocos minutos ¿estarán mirando la salida del sol? Mientras, el Robot Perseverancia ha llegado a Marte.

    Ya las veo caminar con elegancia. Lo hacen con el cuello erguido, que al rato se interroga como ayer.

    ¿Quién diseña el mundo que habitamos? ¿Silicon Valley? ¿Wuhan? Hay veces cuando voy en la bici, que me veo como si yo fuera un espectador que ve pasar a un hombre en una bicicleta que pedalea aun a oscuras por la calle Rivera Indarte frente a la Quinta de Pueyrredón, pero no soy yo el que va montado, sino la imagen que tengo de un noticiero en canal 7, blanco y negro donde mostraban al Rey de Suecia pedaleando por una calle de Estocolmo; se podía leer Lord Nelson Hotel y el nombre de la calle Gamla Stan, donde muchos años después me hospedaría por el recuerdo de aquella imagen. Las películas en blanco y negro siempre me remiten a pre o post guerra.

    Hay veces, en el diario pedaleo al muelle de Pacheco que me concentro en los árboles. Manchas amarillas de los ginko bilobas, rojos robles canadienses, ombúes verdes; semáforo natural que advierte, prohibe y faculta a continuar. Hoy son las veletas, lo que atrae mi atención. Veo la figura de un gallo, que mudo cacarea a la salida del sol, veo también un pescado, un venado y un ferroso cazador, una cigüeña, luego undragón en una casa estilo Tudor:”weather vane”. En el borde una mansarda giraba un bergantín “giroutte”.

    Otro día el río es una pintura de Joseph Mailord William Turner quien nació en Covent Garden el 23 de abril de 1775 y murió en Cheyne Walk en Chelsea el 19 de diciembre de 1851, estudió con Joshua Reynolds, en Margate, en el estuario del Támesis y que hoy, apoyado en mi bicicleta, que reemplaza al Transiberiano, evoco en un día “blurred” que insinúa a Buenos Aires, allá en el otro extremo del estuario. Covent Garden, Cheyne Walk, mis espacios por dos años, que hoy son parte de mí, que están en mi memoria como “blurred”.

    Hoy es 14 de julio, día de la Revolución libre, igualitaria, fraterna. El río, las aves y la ciudad al fondo son un gigantesco collage con trazos de Grosz, Otto Dix, Max Beckmann, Christian Schad, Carl Grossberg. El río es hoy puro Neue Sachlichkeit, tiene la tensa y expectante calma de la efímera República de Weimar, la que antecede a la pesadilla de la noche hitleriana.

    Hoy es un día calmo, no hay brisa, no hay olas, el río es un espejo, es la carátula del vinilo de Pink Floyd “I Wish you were here”. Hoy hay paz, es como si la sombra chinesca de esta peste fuera un mal sueño.

    Esta ubicación geográfica, a mitad camino entre la gran ciudad y el delta ¿es acaso un indicio de mi ubicación en el mundo?, ser un espectador ¿soy ajeno a la avidez por el dinero, la fama, la pareja? ¿Pretendo como Heráclito, Whitman, Nietzsche tan sólo caminar interrogando? ¿Soy sólo un diletante exponente de la clase media, y por tanto sordomudo que no sabe darse a entender por escrito? Cuando esto concluya y todos salgan a emborracharse, a drogarse, a vivir la orgía postergada ¿seré uno de los que se retira escéptico, como Bertrand Russell de Trafalgar Square en 1945? Estas preguntas me hago aquí en el muelle, del que me retiro apenas el golpeteo de las olas contra los pilotes, es tapado por voces que todo lo invaden.

    Mismo día, son las 13 horas, asado en barrio de Nordelta, jardín que termina en laguna. He llegado en auto con torta de chocolate. Somos varios, hay niños, adolescentes y nosotros. Hay una señora de comunión dominical, empresarios, abogados (siempre hay abogados), uno es el Gordo, de risa contagiosa, parlanchín, con casa en Miami, dinero (mucho) en Merryl Lynch, es peronista, abanderado de lo nacional y popular; su porfolio de relaciones abarca todo el arco político, no hay ministro, embajador, senador, gobernador que no nombre en éste y otros ágapes en que me lo suelo encontrar. A todos llama sus amigos sin percatarse que los políticos sólo tienen intereses.

    “Han arruinado el país, hace más de 70 años que quedamos entrampados entre el peronismo a secas, el de Menem y el delos K”, dice, sacada, la comulgante y deja la mesa para tomar sol junto a sus nietas. “No te enojes Amalia, que Bergoglio ahora va a imponer la señal de la cruz como “en el nombre del Padre, del Hijo y del espíritu de Perón”.

    Nos reímos y se produce una discusión entre el Gordo y un empresario que se eleva hasta: “Y no jodas Juan Manuel;le espeta el Gordo; que el golpe de estado a Perón se terminó de gestar en el altillo de la casa de Victoria Ocampo, donde Rojas y otros gorilas como vos, interrumpieron un proceso de desarrollo nacional y la mayor distribucíon de ingresos a los trabajadores de la historia argentina “. Intervino Gastón, un ex embajador: “Es posible que haya sucedido lo que acabás de decir, pero si chicaneamos, hagámoslo con seriedad, valga el oxímoron. Lo que pudo haber sucedido en lo de Victoria Ocampo, fue un retruco a lo acontecido en septiembre de 1930 en Florida al 500, en la casa de Matías Sánchez Sorondo, cuando el día anterior al golpe contra Yrigoyen, se reúnen el General Uriburu y su edecán, el entonces Capitán Perón, para terminar de ajustar detalles. Sánchez Sorondo fue el primer Ministro del Interior de Uriburu. Sánchez Sorondo era fascista, antisemita, padre de Marcelo, apólogo de Franco y de Mussolini y “by the way” (a Gastón le encanta mechar algún giro británico entre tanto populismo expreso), y abuelo de Monseñor Sánchez Sorondo, mano derecha del Papa Francisco”.

    La llegada de la torta de chocolate impuso una tregua. Nos retiramos cuando el sol dejaba un brillo final en el agua, empezaba a refrescar y una suerte de bruma se quedó con la laguna.

    El Covid me ha privado del cine, hace más de un año que no traspongo los límites de la zona entre Tigre y Vicente López, ya no doy clases. El turismo ha desaparecido.

    Tal vez el encierro me incite a dejare de ser ágrafo.

  • LIVIANO DE EQUIPAJE

    Nunca tuve mayor sensación de libertad que el día que todas mis pertenencias cabían en un mediano bolso de mano con el que iba caminando por un sinuoso camino de 2 km de extensión, rodeado a ambos lados por las matas espinosas que los habitantes del Gard (Provenza) llaman “la garrigue” desde la gran casa construída en 1826 donde viví dos años hacia la ruta Ales Nimes para llegar a Avignon, a tomar el tren para París, para seguir a Luxemburgo donde abordaría el avión para Colombo (Sri Lanka) con escala en Moscú, para pasar 6 meses en India y Nepal. Caminaba bien temprano en la mañana de marzo de 1980 y esa voz interior que nos habita iba diciendo:”todo lo que tengo va en este bolso; unas pocas prendas, dos libros, un cuaderno, una cámara de fotos y la felicidad de no tener que cerrar con llave ninguna puerta, ni dejar a nadie a cargo de nada, ni preocuparme de nadie, no hay mayor libertad que esto”. Pienso hoy diciembre del 2025 en aquella caminata (que por otra parte tenía como escenario histórico el Pont Du Gard y el circo romano de Nimes) preludio del gran viaje, porque leí algo que dijo Cicerón (106 – 43 AC)que expresa inequívocamente lo sentido por mí en aquel tiempo: “Todas mis pertenencias las llevo conmigo” .

    En 20 siglos un filósofo, defensor acérrimo de la República Romana, enfrentado a Julio César, y a Marco Antonio orador de fuste con sus discursos políticos contra Catilina, enemigo de la República (las Catilinarias) que le hicieron perder la cabeza que fue exhibida chorreante de sangre en el foro romano. Y un ignoto argentino trotamundo, perteneciendo al mismo universo cultural: el despojamiento como la mayor posesión, lo único que uno lleva consigo es: La Libertad.

    Varias preguntas ¿Hay progreso en el mundo?

    ¿O es que sólo participo de una visión europea – argentina de la realidad y el mundo Inca, Maya, Hindú, Chino, Mongólico, Árabe, Africano, de Oceanía, de desiertos, campos helados, selva amazónica y senderos del Himalaya son tan sólo un espiar por el ojo de la cerradura y volver a lugar conocido? ¿Qué sé de las ciudades romanas de Lepis Magna y Sabratha, que hoy están en territorio de Libia y que son las ruinas romanas mejor conservadas del planeta, o qué se de la vida cotidiana en Capadocia donde estuve dando vueltas? ¿Qué se de Jartum, capital de Sudán, país con más habitantes que la Argentina y más pirámides que Egipto? ¿Qué se de Etiopía, uno de los estados más antiguos del planeta, cuna del café que tanto bebo y sitio donde se encontraron los restos de Lucy, un Australopithecus de hace más de 3 millones de años y el tal vez, al menos por ahora ,más lejano antecesor humano? ¿Qué se de los marsupiales (entre ellos el canguro) que se originó en América y que a través de lo que hoy es La Antártida llegaron a Australia donde sólo hoy los puedo ver y que cruzaron la pampa cuando aún no era húmeda ni pastaban Aberdeen Angus, ni crecía la soja en ella?

    ¿Es que sé algo, o tan sólo soy un inquieto ignorante argentino, y ya que estamos para finalizar con humor ignorante y argentino son anagramas, con las mismas nueve letras escribimos dos conceptos que no tienen nada que ver uno con otro, ¿o sí ? y esto lo digo sin ironía alguna, el anagrama sólo es aplicable a mí y no a los millones de argentinos que veneran a Perón como estadista y a Eva como jefa espiritual de la Nación y que siguen creyendo que Dios es argentino y que es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja, que entre un rico en el reino de los cielos y otras muchas cosas argentinas.

  • PARÍS, 1979

    Paseamos, Claire y yo por la orilla del Sena. Es invierno y ha comenzado a nevar.

    ¿Nieva en Buenos Aires?

    No, creo que sólo una vez, en 1918. Me gustaría ver nevar desde el muelle de Pacheco y mirar hacia el perfil de Buenos Aires y verla así, gris y con copos abrigándola con esta helada frazada blanca que hoy cubre París, pero no, no nieva.

    Pasamos frente a una casa donde han esculpido los perfiles de Eloísa (1092 – 1164) y de Abelardo (1079 – 1142).

    Es una historia de amor bizarro; me dice Claire. Abelardo era el intelectual codiciado por la clase alta para ser preceptor de sus hijos. Eloísa era hija de un hombre poderoso. Ella era una joven culta, libre, políglota, versada en matemáticas, filosofía y ciencia; una mujer que desafiaba a su tiempo. El padre le encarga a su tío, el canónigo Fulbert, para que contrate a Abelardo como maestro para guiar a su hija.

    Y así fue que entre algoritmos, teorías cosmológicas y lecturas, un buen día, Fulbert los sorprende en el escritorio libándose los sexos en éxtasis celestial.

    ¿Y entonces?

    Se vino el eclipse. Alejaron a los amantes. Abelardo desterrado de París, habita una pobre posada en las afueras de la capital. Una noche, helada como esta, varios esbirros de Fulbert entran en el aposento de Abelardo, lo emasculan. Mientras el pobre grita de dolor y se desangra, los sicarios meten en un morral pene y testículos como prueba de haber cumplido la tarea. Eloísa es confinada a un convento de clausura.

    A la noche comemos en 15 Rue de la Tournelle, civet de canard, bebemos Chateau Cheval Blanc Gran Cru Classe, contemplando Notre Dame desde arriba, como si estuviéramos en el cielo.

    Pensá, Alejo, que hasta el siglo XIX las iglesias eran los edificios más altos de la ciudad; la arquitectura también marcaba la jerarquía. El mundo no es un paraíso, es la historia que siempre es humana y a pesar de tantas cosas sigo sosteniendo que vivimos en el mejor de los mundos posibles y ello es así por abrir puertas y no por cerrarlas, por la libertad de prensa, la libertad de comercio, la libertad de elección y expresión sexual, la libertad de enseñanza, la libertad de trasladarse, la libertad de peticionar, la libertad a ser juzgados por tribunales probos e independientes del poder político, en fin La Libertad y ello se debe al liberalismo que siempre fue denostado por la representación de la única monarquía absoluta que aún queda en Europa, cuyo monarca es elegido por 128 cardenales en conciliábulos secretos, donde a la mujer no se le permite siquiera celebrar misa, donde la mujer consagrada es virgen y ha concebido sin mácula alguna porque parece que el amor que une dos cuerpos para engendrar un hijo o gozar es maculado, que significa: sucio, sudoroso, oloroso, húmedo y sobre todo placentero y saludable. Por si mi responsabilidad por esta opción no ha quedado clara, anoto aquí lo que Nicolas Shumway en su “Historia de una Pasión Argentina” dice al respecto en el capítulo III titulado “De cómo el liberalismo se volvió una mala palabra”. Transcribe allí Shumway unos pasajes del libro “El Liberalismo es Pecado: cuestiones candentes”, publicado en 1884 por el padre Félix Sardá y Salvay y que fue reeditado y algo modificado para el público argentino en 1885 por un cura argentino, Antonio Fernández Moya, con el título “El Liberalismo es pecado de Herejía: explicado con preguntas y respuestas” (como para que nos demos cuenta). Sigue diciendo Shumway, “el padre Félix comienza su libro con esta definición del liberalismo”: “Principio liberales son: la absoluta soberanía del individuo con entera independencia de Dios y de su autoridad; soberanía de la sociedad con absoluta independencia de lo que nazca de ella misma, soberanía nacional, es decir, el derecho del pueblo para legislar y gobernarse con absoluta independencia de todo criterio que no sea el de su propia voluntad expresada por el sufragio primero y por la mayoría parlamentaria después, libertad de pensamiento sin limitación alguna en política, en moral o en Religión; libertad de imprenta así mismo absoluta, libertad de asociación con iguales anchuras. Estos son los llamados principios liberales en su más crudo radicalismo… El fondo común de ellos es el racionalismo individual, el racionalismo político y el raccionalismo social. Derívanse de ellos la libertad de cultos más o menos restringida, la supremacía del Estado en sus relaciones con la Iglesia, la enseñanza laica o independiente sin ningún lazo con la Religión. El matrimonio legalizado y sancionado por la intervención única del Estado, su última palabra, la que todo lo abarca y sintetiza, es la palabra secularización, es decir, la no intervención de la Religión en acto alguno de la vida pública, verdadero ateísmo social, que es la última consecuencia del liberalismo”.

    Es que de eso se trata. Eso establece nuestra Constitución Nacional. Es el individuo el valor supremo, sin sujeción a corporación religiosa, militar o sindical alguna, esos resabios medievales con tufo a Comunidad Organizada que definen al peronismo como la Iglesia Católica sin sotana.

    No hace tanto (1966), un tal Caggiano, a la sazón cardenal primado, fue invitado a firmar el Acta de Asunción del gobierno de la Revolución Argentina; pomposo nombre para un incivil y salvaje golpe de estado. Mucho más cerca aún, el Presidente Alfonsín denuncia un pactomilitar sindical.

  • MEMORIA

    Pero también es cierto que por las calles de New York donde me vino la idea del iceberg, yo no era un rompehielos sino otro inmenso bloque helado, flotando a la deriva, que guardaba bajo la superficie mi secreto y que mi memoria era el tronco al que me aferraba para no hundirme en el mar y que en la necesidad de viajar también hay algo de “I would prefer not to”. Es mi soporte para intentar eludir el inevitable “naufragué, venía navegando bien”, que Nietzsche toma prestado de Schopenhauer y que representa lo que para otros el dinero, la fama, el sexo.

    Caminar New York, Londres, India, ir a Alaska, Mongolia, Falkinas es ser consciente que camino por futuras Machu Picchus, Babilonias, Capadocias, Troyas, Bizancios. Saber de alguna misteriosa manera que la humanidad y toda nuestra historia somos como Petit haciendo equilibrio en el cable tendido entre las Torres Gemelas, pero 10 minutos antes que el primer avión se estrellara contra una de ellas. La memoria que soy, es a un tiempo la asociación entre Wakefield y Bartleby, una lucha constante entre Heráclito y Parménides, un río al que entro que eternamente no es el mismo; aunque Walter Benjamin me dice que “el recuerdo puede hacer de lo incumplido (la felicidad), algo cumplido, y de lo cumplido (el dolor) algo incumplido”.

    Quien sea que esté narrando “Funes el Memorioso”, señala que ” tal vez todos sabemos profundamente que somos inmortales y que tarde o temprano, todo hombre hará todas las cosas y sabrá todo”.