Categoría: Opiniones

  • ISLAS FALKINAS

    Ros Road, Port Stanley, invierno 2017. Camino en el octavo día de mi estadía en las islas por la costanera, despidiéndome de este fin del mundo. La tormenta ha hecho que tengamos que despegar con 24 horas de retraso. Paso frente a la Falkland Island Co., vuelvo a la costanera y entro en el cementerio, leo nombres y años en las lápidas: 1849, 1852, 1866, 1887 y así hasta uno fallecido en enero de este año. Regreso por el mismo camino, miro hacia el Waterfront Hotel, donde me alojo, vecino al Penguin Shop, la Catedral Anglicana, que por supuesto es la más austral del mundo, entro luego en St. Mary que es Protocatedral Católica y cuyo nombre oficial en latín es “Apostolica Praefectura de Insulis Falkland seu Malvinis”, lo cual me parece una obra maestra de equilibrio diplomático, es decir es la Prefectura Apostólica de las islas Falkland o Malvinas; aunque desde el punto de vista filosófico es una traición a la tan cacareada teoría aristotélico-tomista de que es necesario que toda cosa ‘sea o no sea’ y una adscripción a la teoría de Leibniz que en “Elementos del Derecho Natural” distingue las formas de la modalidad como: a) lo posible, b) lo imposible, c) lo necesario y d) lo CONTINGENTE es decir ‘que puede ser o no ser’, casi Poncio Pilatos, y que decida el pueblo.

    En mi caminata paso la casa del Gobernador: entro en Pioneer Row, visito por tercera vez el museo. Almuerzo, leo; tomo el té, leo; como a la noche, leo; duermo, sueño que leo. El domingo parto.

    Aterricé en Malvinas, recorrí las Falklands, despegué de Falkinas.

    Llegué a las islas desde una cultura, partí de las mismas con una experiencia. Vi un aburrido, primitivo y no muy lindo village inglés del siglo XIX con muchos Land Rovers que van y vienen. Curiosamente, cada vez que cuento mis viajes, ellos suelen despertar entusiasmo, ganas de viajar, interés y hasta cierta admiración, lo que muchos llaman “sana envidia”, algo así como “amoroso odio visceral”; la verdad es que la creatividad nacional no tiene límites y de ser nacional y popular es imbatible: ya lo dije, nunca nadie me interrumpió con un grito de “vive de Gaulle, merde”. Lo cierto es que gente entre 20 y 80 años, estudiantes de gastronomía y de derecho, abogados conservadores, arquitectos del PC, anglo-argentinos, amas de casa católicas, cajeros de supermercados, empleados de estaciones de servicio, canillitas, jueces, ex fiscales, un rabino, ingenieros, libreros, kiosqueros, un ex combatiente, almacenero musulmán, parrillero, panadero, bar tender, estudiantes de la carrera de Relaciones Públicas de quienes yo era el profesor, escribano, mi dentista, portero de edificio, radicales, peronistas, un diplomático retirado, vecinos, parientes, amigos; todos expresaron: “¡Qué ganas!, vos sos raro, ni loco voy, con lo que nos costó, guita tirada al fuego, ¿te querías suicidar?, no sé cómo pudiste, qué raye tendrías, no voy ni con todos los gastos pagos, ¿pudiste caminar sin problemas? Yo no llevo pasaporte a un lugar que es la Argentina, no te molestaba, me irrita, me da bronca ¿Qué? ¿Por qué? Con excepción de tres personas que preguntaron de la misma manera que preguntan cuando uno en una comida dice “acabo de venir de Alaska”, con esa mezcla de curiosidad y ganas, todos los demás tenían una idea, un concepto, un slogan, cuando no la eterna ideología nacional, popular, apodíctica, intransigente, frentista, dogmática. Los hechos, la experiencia, la inquietud de alguien que estuvo en el lugar, que se dedica a viajar desde los 15 años, que tiene una profesión relacionada con el turismo, que no tiene ganas de convencer a nadie, ni interés económico alguno, que se aburrió, que no le gustaron y que está convencido que las Falkinas no son el problema, sino que lo que está en juego es la Antártida, todo eso les importó un soberano carajo. Ellos, los que no fueron ni irán saben, uno, que para intentar comprender, para empezar a saber, fue, es un pelotudo. De la misma manera apodíctica y universal San Martín es el Padre de la Patria y además Santo de la Espada, la línea Rosas, Perón, Kirchner encarna el sentir popular. Sarmiento, miembro de la masonería, promotor de la corriente liberal, atea, sionista, entreguista y apátrida. No se metan con Perón. Si hacés lo que hay que hacer te incendian el país. Estamos condenados al éxito. Somos un país riquísimo. La carne argentina es la mejor del mundo. Maradona, Messi, la Reina de Holanda y el Papa son argentinos, ¿se dieron cuenta chilotes, paraguas, bolitas, charrúas, se dieron cuenta quién es Gardel?

    Pasó que no ganamos.

    Pasó que perdimos.

    No nos gusta mirarnos en ese espejo.

    En la imposible hipotética situación de haber triunfado, la figura de Galtieri se hubiera instalado en la línea Rosas, Perón, Galtieri. Le habríamos disculpado haber sido un gobernante de facto, hubiéramos afirmado que él nunca persiguió, torturó, ni hizo desaparecer como los otros, lo habríamos elegido Presidente de la Nación, y atención que en cualquier momento recuperamos el Alto Perú, Paraguay y Uruguay, le habríamos enseñado a España cómo recuperar Gibraltar y si se ponen pesados, mandamos la flota a Hastings, desembarcamos como Guillermo el Conquistador en 1066 y en Buckingham Palace izamos la bandera argentina como para que el mundo se dé cuenta, se dé cuenta, se dé cuenta. Pero perdimos y si hay algo que no toleramos es perder y entonces como el avestruz, escondemos la cabeza dentro de la tierra y no entregamos el bastón y la banda presidencial a quien nos derrotó en elecciones libres. Borges lo dice con claridad “no hay peor insulto para un argentino que ser escarnecido en público”.

    Ser impuntual, improvisado, superficial, autoritario, machista, chanta, despilfarrar dineros públicos, ser corrupto; todo eso se olvida, pero que se rían de uno y lo sepan los vecinos, eso jamás. Hemos cambiado “la verdad os hará libres”, por “la verdad me da vergüenza”: nadie en las clases media y alta soporta la verdad de una biografía, por eso es que tenemos el mayor número de psicólogos por habitante. El resto, la Sociedad Anónima ante el brutal y vejatorio abandono no hace más, no puede hacer más que cantar la Marcha Peronista, que es el jingle narcotizante y catártico que mueve la calesita.

  • VERANO 2016

    Es el verano europeo de 2016, emprendo un viaje Buenos Aires, Barcelona, Praga, Viena, Orlen, Barcelona, Buenos Aires que en verdad son dos viajes. El primero es afectivo, en Barcelona está parte de mi familia, en Orlen, amigos, es decir tiene que ver entonces con empatía, con “abrigar una esperanza”, con abrazos, besos, palabras y esa cosa de enfado y reconciliación, que es lo que yo creo que es el amor: algo que por tan universal, pertenece al ámbito de lo privado. Entre esos lazos afectivos, están Praga y Viena, que son la caminata, aquello que Nietzsche resume en “las ideas vienen con la marcha”. Es el momento en que no pertenezco a ninguna rutina, es cuando estoy estando. Es el tiempo en que estoy desterritorializado. Sucede en mí, lo que Pessoa describe como “si quiero decir que existo diré “soy”, si quiero decir que existo como alma separada, diré “soy yo”, pero si quiero decir que existo como entidad que a sí misma se dirige y forma, que ejerce junto a sí misma la función divina de crearse, debo convertir el verbo ser de intransitivo en transitivo, y entonces diré “me soy”. Habré dicho una filosofía en dos palabras”.

    Bien “me soy” viajando.

    Al término de mi colegio secundario, sentía que no tenía vocación para ninguna de las ofertas universitarias. Lo que quería, era sentarme bajo un ombú y recrear lo que habían hecho los ‘conversadores’ en la Grecia del siglo III AC, esperar en las columnas del Partenón (las estoas) e interrogar a veces estoicamente, otras de manera escéptica o apelando al hedonismo ¿qué estamos haciendo aquí?

    Bien, una de las cosas que hago, es viajar y he llegado a Viena con el Diario Filosófico (1914-1916) de Ludwig Wittgenstein (1889-1951). Salgo a caminar munido de mi bitácora: un paso una letra, un trecho una palabra, una caminata un párrafo, un recorrido un texto, un viaje un libro, el mundo: la biblioteca. La primera impresión es “aquí se asentó el poder”. Experimenté algo similar en Roma, en Tenotchitlan, en Londres, en Silicon Valley. La segunda impresión ‘whispering city’, Viena es una ciudad que susurra. Me detengo en un café moderno que nada tiene que ver con un café vienés, podría estar tanto en Chicago como en Mendoza. Me atrajo el olor a café y una libreta exhibida para la venta por 5 euros: el tamaño perfecto, hojas de buen papel, tapa dura ilustrada con un astrolabio y un globo aerostático y la frase de Julio Verne “Anything one man can imagine, other man can make real”. El café se llama ‘Coffee and Friends’ y está atendido por un guatemalteco.

    Camino y ese tren de palabras que nos habita se pone en marcha: ciudad impactante, rica, solemne, pomposa, Francisco José, María Teresa, Maximiliano, Habsburgos, Imperio Austro-Húngaro. La lógica del poder exaltado impúdicamente por el arte.

    Majestuosidad, grandiosidad, lujo: una torta de crema por momentos empalagosa. Residencia de Herman Broch, Freud, Tolstoi, Lenin, Hitler, Palacio Schon Brunn donde en 1918 abdica el último Habsburgo; 640 años dominando Europa, más de 1400 habitaciones, jardines de 200 hectáreas. Dos veces se hospedó Napoleón, 1805, 1809. Esplendor, salones, waltz, chocolate Strauss, Mozart, Sacher Tarte.

    Hay algo por demás armonioso en todo: parques, sonido, vestimenta, orden, limpieza.

    La hija de María Teresa se casa con el futuro Luis XVI, Napoleón con María Luisa. Habsburgos, 640 años en el poder; árabes ocho siglos en España, 2000 años de Iglesia de Roma, sólo 200 años de liberalismo. Tan sólo 200 años de mayoría de edad.

    Strauss y Sacher Tarte: SS.

    Tango y Carne (soledad y sangre): SS.

    Pausa en Café Central, desde 1876, donde bebieron Tolstoi, Freud, Arthur Schnitzer, Mann, Hitler, Stalin. Vuelvo a caminar: un paso, una letra… Albertine Platz, Sacher Hotel, Café Mozart 1794. Camino hacia el centro, hasta la Bolsa, tomo el tranvía número 1, dirección Prates, bajo en Lewengasse, camino hasta Parkgasse 18, la casa de Ludwig Wittgenstein, construida entre 1926-28 por Engelman, discípulo de Loos. Todas las aberturas con mecanismos diseñados por Ludwig, cuyo primer estudio fue calderas; el hombre iba para ingeniero, pero comprendió, se dedicó a la filosofía y como nos ocurre a todos, un día se murió. “Los hombres no están tristes porque mueren -ha dicho Carlo-, sino que mueren porque están tristes”, dice Claudio Magris en “Otro Mar”.

    Nombré a la muerte; aquí en Viena, murió un mundo. Se desplomó. Aquí comenzó la modernidad, el siglo XX. Una enorme Sacher Tarte cayó al suelo desde una mesa vestida de blanco, bañando en sangre, los pisos de roble, salpicando mármoles y espejos, tiñendo tapizados de rojo, y ahí quedó el imperio reventado en estados nacionales: Austria, Hungría, Checoslovaquia, Polonia, Yugoslavia, Italia. Un impactante documental de Peter Jackson: “Nunca llegarán a Viejos”, exhibe los horrores de la Primera Guerra Mundial que conforma el ADN de toda la humanidad de todos los tiempos. En colgajos del imperio decadente nacieron: sionismo, nazismo, psicoanálisis, la música atonal de Schonberg, la arquitectura de Adolf Loos, la pintura de Klimt, de Egon Schiele, de Kokoshcka, Wittgenstein y sus siete hermanos; tres de los cuales se suicidaron, al igual que Otto Weininberg y Carlo Michelstraeder, y Enrico Mreule parte en 1909 a perderse y pensar y caminar la Patagonia hasta que regresa en 1922 a poner en remojo el mantel chorreante de sangre y no pudo no recordar cuando a caballo arreaba a miles de ovejas en el sur argentino y rememoró lo que a los 16 años había escrito en su bitácora: “La libertad está en la nada”.

    En momentos de zozobra, porque la libertad también tiene sus tormentas, suelo repetirme ese motto de acuñación liberal: “Never explain, never complain”.

  • VOLCÁN

    Es el año 79, 24 de agosto, 12 horas 16 minutos, explota en erupción el Vesubio: nube de gas, lluvia de cenizas y el derrame de lava por las laderas de las montañas, hicieron que el debut sexual de Claudio quedase eternizado con la prostituta Sibila, quien había sido libidinosamente recomendada por varios de sus amigos. A 1900 años de aquel mediodía, en una mañana fresca y soleada, recorro las ruinas de Pompeya. Salgo de la lujosa casa de los Vietti y por callejuelas de piedra voy siguiendo los penes esculpidos en los frentes de las esquinas que marcan el camino al Lupanar, que seguramente ansioso, caminó Claudio para iniciar su etapa de madurez, que en su caso se redujo a durez(a), ya que hasta hoy su verga se mantiene erecta a punto de penetrar a Sinbila montada sobre él.

    -Esto ha sido muchas cosas, menos eyaculación precoz, le comento a tres chicos españoles de entre 18 y 20 años que entre risas y cierta perplejidad están descubriendo la cotidianeidad de la civilización romana.

    La viuda Smith en San Isidro y el Apolo en Tigre, eran los lupanares de mis 15 años y el volcán más cercano estaba a 1200 kilómetros.

    La vida se detuvo de improviso, explica el libro folleto. De pronto todo se piedrapomizó. La naturaleza tomó cincel y martillo y esculpió el instante, que quedó como el ojo de una enorme cerradura, para que espiemos.

    La vida de Plinio el Viejo (20-79) se petrificó. Es el autor de “Naturalis Historia”,libro al que Funes, el de la gran memoria accedió, para incorporar a la misma el latín. La eyaculación volcánica solidificó las ciudades provincianas de Pompeya, Herculano, Oplonties y Stabies. Si bien romanas, todas de origen griego y dedicadas casi con obsesión al culto de Dionisios. El volcán que es una boca, un tajo en la montaña, más vagina que falo con su derrame de fluido hirviente, congela el tiempo. Nos permite ver la exaltación del sexo exhibida en la plaza pública, nos permite participar al menos pétreamente de lo que hoy llamaríamos una orgía de sexo y rock and roll. Estos fastos de fecundidad y fertilidad habían sido prohibidos en Roma, ya que solían terminar en excesos de todo tipo, pero en provincias todo es más laxo hasta que en el 313 el Emperador Constantino oficializa al cristianismo como la religión del imperio, llenando de lava y cenizas un universo de sensualidad y jolgorio transformado desde entonces en culpa, pecado, pontífices castradores.

    La hermandad y fidelidad frailera siempre me recuerda a la omertá mafiosa.

  • MOUNT NELSON HOTEL, CAPE TOWN

    Es Cape Town, es la República Sudafricana, es 2011, es el Mount Nelson Hotel, es el hotel de la Reina Victoria, es el British Empire, es el five o’clock tea.

    Me siento un cazador, una suerte de Hemingway, que trajo colmillos, guardó las armas, se duchó y perfumó y ahora entra en el salón. Es la parte de los viajes en donde me permito ser un actor. No podría matar ni una perdiz, pero me gusta jugar como cuando jugaba a los cowboys.

    So here am I; tea of course. Las variedades de té superan ampliamente la veintena. Sobre la mesa un despliegue de exquisiteces que son una incitación a la gula: scones templados y Berkshire cream, y sandwiches de pavo y de pastrami y de pollo y de huevo y de jamón y masas y frutas y fiambres y quesos y tortas y tartas y budines y jaleas y dulces y mermelada y nueces y almendras y avellanas y frutas abrillantadas y chocolates y confites y vainillas y panes y tostadas. Conversan dos sudafricanos jubilados con un inglés también jubilado y de vacaciones. Los sudafricanos expresan la alegría y la seguridad que les da el pertenecer al Commonwealth: “We are proud of belonging”. Me quedo pensando, ya había escuchado algo semejante en Anchorage, donde una neozelandesa me había preguntado cual era mi nacionalidad. Al contestarle, sonrió con sincera alegría: País maravilloso, y me preguntó si también formábamos parte del Commonwealth. Ante mi negativa: “But I’ve seen a magnificent Harrod’s store, in Florida Street, that’s why I thought”.

    Ya vuelvo a ser quien soy, me pongo a hablar con una mujer de sorprendente parecido a Virginia Woolf, cuando aun era Virginia Stephen. Es colombiana, mujer de un diplomático; no debe tener más de 35 años, es muy bella, pero sabe y no quiere que esa belleza siga siendo parte del éxito del señor Embajador, su marido. Charlamos. ¡Pero que pobreza!, me dice.

    Igual que en nuestros paises, le digo.

    Se la nota incómoda en el ambiente diplomático, despotrica contra la hipocresía, se declara marxista, habla de solidaridad, de la lucha de los pueblos, de la educación; está deseando regresar a Bogotá y separarse de su marido y volver a las cátedras en la Universidad. Reímos. Tengo una comida, me despido, me cambio.

    Estoy en el cuarto del hotel; la comida fue espléndida.

    Pienso en la charla con Cecilia, la colombiana. ¿Se puede resolver la pobreza? Pienso que no, en fin no lo ha resuelto nadie, nunca.

    En 1548, cuando Francia era una de las más ricas y civilizadas sociedades, con 16 millones de habitantes, Etienne de La Boetie (1530-1563), el gran amigo de Montaigne, dice de su país: “Hambre, suciedad, analfabetismo, mortalidad infantil, prostitución, peste, secuestros, asesinatos, estado de guerra civil, policía secreta y torturadora”

    Un siglo después, Jonathan Swift (1667-1745) escribe ese cuento satírico titulado “Una Modesta Proposición”, donde recomienda la cocción de los niños de alrededor de un año de edad, en razón de la ternura de sus carnes, tanto en estofados, asados, al horno, hervidos, fricasse y variedad de guisados con el propósito de eliminar parte de la pobreza que aqueja a su país donde cantidad de mujeres mendigan por el reino llevando a la rastra la caterva de párvulos que han traído al mundo.

    Me han pedido limosna, o change, o ropee, o moneditas en Cuba, Albania, Rusia, Estados Unidos, en todos los países latinoamericanos, en India. No en Dubai ni en China; pero que no me hayan hecho el pedido no indica necesariamente que no haya pobreza.

  • PONT DU GARD

    Leo un pensamiento de Emil Cioran (1911-1995) “Estoy persuadido de no ser nada en el universo y sin embargo siento que mi existencia es la única real”.

    Leo que hay en física una teoría llamada la “conjetura Maldacena”, que es la teoría de las cuerdas, una suerte de puente entre la relatividad general y la mecánica cuántica. Parecería que el objeto que fundamenta la existencia del universo es una cuerda microscópica, aún más diminuta que el quark, que el protón y mucho más aún que el átomo. No sé cómo entre la insignificancia de uno en el universo y la cuerda como un puente, lo cierto es que asocié esto a la experiencia que tuve un día de enero de 1980 que con el Renault 4 llegué al Pont du Gard y el hecho que ese acueducto hubiera sido construido antes de la era cristiana me ‘insignificó’ espacio temporalmente. Sí, fue la insignificancia, ya no la mía , de la que soy consciente desde hace mucho, sino la de la humanidad como entidad.

    ¿Quién es el único que sabe todo de uno mismo, sino uno mismo y nadie más que uno mismo? Esta mismísima mismidad rige para todos y cada uno de nosotros: “mi existencia es la única real” dice Cioran.

    Esto de ser un átomo, es más un protón, aún más un quark y con toda probabilidad una cuerda en el misterioso e infinito universo es lo que nos hace casi con desesperación unirnos, juntarnos, amarnos, crear dioses que nos den sentido.

    ¿Qué hacía yo deslumbrado en enero de 1980 en Remoulins, en el departamento del Gard? Lo mismo que hace el más poderoso y rico monarca y la ascensorista de la estación Covent Garden, el Papa y David Foster Wallace ese día de septiembre de 2008, cuando pateó la silla que lo sostenía a la vida, y otra cuerda lo acabó; buscar desesperadamente una explicación que no se encontrará jamás, porque después de la teoría de las cuerdas habrá algo más, así como para mí siempre habrá otro país y otro libro a descubrir, que tampoco me dejará satisfecho. Entonces, un día, por cualquier motivo y circunstancia cansados de buscar en vano, aceptaremos que las reglas del juego no nos agradan y encontraremos un motivo cualquiera para abrir la puerta y partir.

  • EN LOS BORDES

    Tu tía Sara era mi tía Ana, quiero decir que de alguna manera tu familia era como mi familia. Por alguna razón perdí la confianza muy rápidamente en la resolución de los problemas colectivos, que cuando sucede a una temprana edad, esa falta de confianza significa que los mayores sabían tanto como uno de cuál era la manera de resolverlos. Al principio pensé que era la incapacidad de mis padres, con el tiempo me di cuenta que lo que pasaba en casa, pasaba en la tuya, en la de los primos, en la de los vecinos, en el colegio, en el país, en el mundo. Tu tía Sara, Sammy, era igual a mi tía Ana. Es curioso, ante cualquier iniciativa: ir al campo, ir al club, hacer un asado, salir de vacaciones, mi hermana reaccionaba con entusiasmo y una alegría que a mi me causaban exactamente la reacción opuesta. Me daba la impresión que ella salía a una autopista, yo, en cambio, ante un evento social veía el alambre tendido entre dos torres y en el medio un vacío y ahí me tenía que poner a hacer equilibrio, lo curioso es que ella siempre chocaba, yo cruzaba y llegaba al otro extremo, tenso como la cuerda que me sostenía.

    La tía Sara, tu tía, te provocaba Sammy, lo mismo que a mi, Ana, mi tía. Vos sentiste lo mismo que yo el día que ella me preguntó cuando era mi Bar Mitzva y a vos tía Ana te preguntó ante mi traspiración cuando tendrías tu Primera Comunión.

    Estoy aquí apoyado en la balaustrada del Brooklyn High Promenade mirando la orilla de en frente y pensando en vos y en nuestra infancia, allá en Buenos Aires. Es la primera vez que estoy aquí sin las Torres. Hay un vacío ahí en frente, como el que siento dentro de mí. La primera vez que las ví fue inmediata la asociación con las tablas de la ley, sí, las tablas que Moises recibiera de Dios, con los 10 Mandamientos. Se acabó un mundo, sí ya sé que el mundo se acaba a cada instante, pero la caída de las Torres, es realmente la caída de un paradigma. Se rompió la ley, quedó el vacío, ya no hay ley de Dios, se acabó el recibir un mandato que viene de otra instancia, no porque la instancia fuera creíble para mí, pero era una ficción universal donde robar, matar, desear la mujer del prójimo, mentir tenían un peso social. Desde el cielo hoy se cayó un paradigma y quedó GroundZero.

    Sara hizo un silencio cuando entendió que yo no era judío, similar al suspiro de Ana cuando se enteró que vos nunca harías la comunión y ahí nos hicimos más amigos que nunca si bien no lo hablamos. Porque no hacía falta, uno empieza a hablar para explicar lo inexplicable, uno está en una permanente explicación con aquellos a quien uno no siente.

  • UNDERGROUND

    From the very first moment they open an eye,

    They have to know they belong downstairs.

    Algunos atribuyen esta sentencia a quien en Londres concibió el subterráneo como medio de transporte público. Otros, ateos y mal intencionados a Dios.

    Hay en lo lejano visible un camión rojo enorme, en lo profundo un gesto de dolor y un ¿por qué? no pronunciado porque hay un tiempo en que uno carece de lengua y todo lo que siente lo expresa con el cuerpo. Luego las palabras de los otros nos cuentan esa historia que aparece en sueños y que hoy forma parte de la prehistoria personal.

    En los tweets suena el grito del cavernícola herido por el colmillo del mamut que acaba de matar.

    En lo profundo invisible, más no velado, hay lombrices, hay una caravana de hormigas, hay una carcajada, hay ternura, hay calles, hay trenes, hay camellos y jirafas y palabras que circulan, que te dicen, que te explican, que te envuelven, que te abrigan, que te duelen, hay memoria y memoria de memorias.

    Más abajo el misterio que nos hace tolerarnos y a veces, muy pocas amarnos, otras querer matarnos. En la superficie, hay espacio, camino, sol, un río tan vasto como el deseo insaciable por saber. Pero hay también en la orilla del mar, ahí en la arena de la infancia una lengua que no habla porque alguien la cortó de un cuerpo: una lengua que no habla pero dice.

    A un tiempo somos Goya pintando “Saturno devorando a su hijo”, Saturno, el hijo y Goya comiendo, mirando a “Saturno devorando a su hijo”.

    La familia acaba de llegar a su casa recién construida en los suburbios del norte de Buenos Aires. Pisos de roble, canteros esperando poblarse de colores, chimenea de ladrillos, los dos niños, matrimonio y barrio, todo con olor a nuevo, todo augura un futuro de esperanza.

    Esas dos largas cuadras que separaban la casa del jardín de infantes “The Doll’s House” eran un cuadro descriptivo del país que comenzaba a padecer. El mapa no es el territorio, pero el barrio era un croquis elemental con líneas señalando al progreso sin límites, pero con un pasado laberíntico, quebrado, no del todo comprendido, pleno de misterios. El barrio era un iceberg, bello en la superficie, amenazador en lo invisible. El barrio era un barco navegando por un mar infinito. Ahí estaba el desafío. Y el barrio fue el Titanic que en 1912 se había hundido en las gélidas aguas del mar del Norte. De 1912 data la Ley Saénz Peña, un baño de realismo ante un mapa que se había poblado rápida y desordenadamente, sobre un territorio pleno de icebergs.

    En esas dos cuadras que eran el mundo, ambas orillas de las calles hacían referencia a barcos que de alguna manera decían que en un tiempo todos habían venido del agua: Alferez Hipolito Bouchard, Comandante Rosales, eran el núcleo central, pero ahí pegadas estaban Moreno (se necesitó tanta agua para apagar tanto fuego) y un poco más allá Paraná, gran divisoria de aguas, límite sobreentendido de la geografía de la niñez. También había otros nombres que mentaban geografías lejanas: españoles, italianos, franceses, alemanes, portugueses,ingleses, árabes, judíos, húngaros, polacos, criollos.

    En lo profundo invisible, en los terrenos baldíos, la orilla del río, el fondo de los cajones, en los placares, en el altillo, en los silencios, en la historia que nos han contado, hay siempre un misterio.

    Al tiempo se hizo un largo silencio, acompañado luego por un murmullo al que siguió la voz grave del locutor con música fúnebre:”A las 20,25 la señora Eva Perón, jefa espiritual del movimiento ha entrado en la inmortalidad”. Un tiempo después- la cronología tiene otro ritmo en la niñez; se pudo ver en la novísima pantalla del televisor: aviones, humo, gritos, corridas, heridos, muertos, el murmullo ensordecía y Perón dejó de ser Presidente y hubo una cañonera paraguaya en que Mario Amadeo depositó a Perón y en el negocio de café donde yo iba a comprar caramelos, que se llamaba Morocco atendido por un atildado alemán al que arrestaron que se llamaba Joseph Mengele según algunos y según otros era Martin Bormann y se prohibió nombrarlo, (a Perón) el periodismo se dejó cortar la lengua y apeló a eufemismos: ex dictador, tirano prófugo; esa lengua fue anticipo de la que encontraría en la playa de la infancia, ya de adulto en una fría y soleada mañana de octubre de 1977, poco antes de partir para Londres para proseguir los estudios y ponerme a viajar y viajar y viajar para intentar entender.

  • AVATARES DEL SER Y DEL ESTAR EN RELACIÓN A LA SOLEDAD

    Hay personas que están solas y personas que son solas, así como hay individuos que son jubilados y otros que están jubilados. También hay personas que están ciegas y personas que son ciegas.

    Soy de los que creen que la rotunda afirmación de algo, encubre la negación de esa contundente afirmación. Soy un amante de la soledad, gozo con el silencio, me encanta viajar solo; todos los días salgo a andar en bicicleta por la orilla del río desde San Isidro a Olivos y regreso entre las 6 y las 7 am. Creo que los pájaros ya saben que deben despertarse y comenzar a musicalizar el día cuando me ven pasar. Cada vez que alguien me pregunta por qué soy soltero, respondo como lo hacía Vanessa Redgrave a su interlocutor Ian Holm en esa excelente película de David Hare “El Extraño de Wetherby”: “Porque le tengo terror a la soledad”. Esa esencial solitud que me define, me hace un excelente anfitrión, al punto que además de las compras, la cocina y la preparación de la mesa, siempre dibujo y escribo el menú, que luego los invitados se llevan de recuerdo; gozo de la conversación; hago un culto de la amistad y mis estudiantes antes de que me jubilara a los 70 años tenían la puerta abierta de casa para el estudio y la investigación y seguidamente una agradable comida.

    Acabo de decir que estoy jubilado, pero si alguno me pregunta ¿Usted ES jubilado? pongo mi peor cara, como para que se note y explico que decir que estoy jubilado indica un estado frente a la actividad rentada, pero no un acto de mi esencia, no es algo que me defina. Conozco ,sin embargo, gente que desde muy joven su máxima aspiración era jubilarse, e hicieron trampas como para engañar al sistema previsional: esos individuos SON jubilados y por lo general no se les escapa una idea creativa.

    Hay personas que han perdido la vista, son no videntes, están ciegos, pero han visto y ven con una claridad conceptual que ilumina el escenario completo de su tiempo, en Grecia, Homero ciego, nos invita a pasear y deleitarnos con nuestros antepasados fundadores del Occidente que habitamos. Entre nosotros Jorge Luis Borges (1899-1986), es para mí el escritor que mejor me ha conducido en mis caminatas por Buenos Aires, me ha guiado por la literatura inglesa, me ha emocionado, me ha hecho pensar, suelo agradecerle, lo llamo “nuestro Shakespeare”. Por otra parte, es verdad aquello de que no hay peor ciego que el que no quiere ver; me corrijo, hay uno peor, es aquel que tiene al oro y al poder por un fin y no por un medio y otro aún más ciego el dogmático, aquel que ha elevado una idea opinable a ideología.

    Leía hoy en una entrevista a David Foster Wallace (1962-2008) su respuesta a la pregunta ¿Qué te gustaría que hiciera tu escritura? formulada por Hugh Kennedy para la Whiskey Island Magazine en 1993 “Toda buena escritura de alguna manera se interesa en y actúa como un antídoto contra la soledad. Todos estamos terriblemente solos” Amo a David Foster Wallace y me sentí profundamente conmovido al enterarme que el 12 de septiembre de 2008, a los 46 años se suicida ahorcándose en el garage de su casa. Toda su obra me parece el trabajo de un genio, lo era objetivamente, baste tan sólo recordar que a los 23 años se gradúa summa cum laude en Literatura Inglesa presentando como tésis una novela, su brillante “La Escoba del Sistema”, y summa cum laude en Filosofía con una tesis sobre el Fatalismo en Richard Taylor. Los extremos se tocan y en seres con extrema conciencia chocan; las palabras de Zadie Smith (Londres 1975) comentando el relato de David “El suicidio como una especie de regalo” son su sentido homenaje a su admirado y querido amigo, dice Smith “El relato es un recordatorio de que existen almas desesperadas que sienten que su no existencia, en sentido literal, sería un obsequio para quienes las rodean. Debemos suponer que David era una de ellas”.

    Creo posible que algunos estén terriblemente solos. Sé, en cambio que todos podemos ser maravillosamente solos.

  • TELL THEM I HAVE HAD A WONDERFUL LIFE

    No creo que el savonés León Pancaldo (Savona, Italia) 1482 – Buenos Aires (Río de la Plata, hoy República Argentina 1540) haya podido haber expresado semejante sensación , que sí dijo Wittgenstein en 1951; entre otras cosas porque Pancaldo no hablaba inglés, en consecuencia habrá dicho Di’ loro che ho avuto una vita meravigliosa, pero tampoco lo dijo, porque en el Río de la Plata, ahí no más de que Pedro de Mendoza fundara la Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires y Pancaldo intentara hacer el primer negocio de comercio ultramarino, no le pagaron la mercadería, lo estafaron, el tano quebró y se murió. Tanta Santísima Trinidad y tanta Santa María no pudieron evitar una estafa que terminó con su vida. Por el contrario, yo podría decir lo que dijo Wittgenstein: Deciles que no sólo he tenido una vida maravillosa, sino que la sigo teniendo. Todo esto viene a cuento por la lectura de “La Amante de Wittgenstein”, novela de David Markson (1927-2010) de 1988, que me pareció muy interesante y muy agradable de leer, como todas las que he leído escritas por él. La novela, formalmente es una prolongada trenza de acontecimientos, algo así como la vida misma, entendida ésta wittgenstianamente como: LA CABEZA DE UNO ES EN CIERTO SENTIDO EL MUNDO ENTERO y sin duda como la trenza de acontecimientos que me llevó a su lectura. Vengo releyendo toda la obra de Wittgenstein y también acompañé la por momentos árida lectura con la novela de Thomas Bernhard “El Sobrino de Wittgenstein”, la biografía de Ray Monk “Ludwig Wittgenstein” y la biografía novelada de Bruce Duffy “El Mundo tal como lo Encontré”. La prosa de Wittgenstein me llevó a la poesía y ésta me recordó la escueta prosa, casi un conjunto de maravillosos tweets que son las novelas de Markson “La Soledad del Lector”; “Esto no es una novela” y “La última Novela” y descubrí (no lo sabía)que también había escrito “La Amante de Wittgenstein”, donde en su asociativa trenza aparece la ciudad de Savona que es la capital de la Liguria. Savona es una vieja ciudad que fue aliada de Cartago durante la segunda Guerra Púnica, fue sometida por Roma en el 180 AC, destruida por el Rey longobardo Rotari en el 641, pero recupera su dignidad en tiempos de Carlomagno y se constituye en ciudad libre en 1191 y llega a su máximo esplendor en el siglo XV cuando recibe el nombre de “Ciudad de los dos Papas” ya que de la familia Della Rovere salieron los Papas Sixto IV (1414.1448) y su sobrino Julio II (1443-1513).

    A la ciudad se le atribuye el desarrollo y producción del jabón sólido, tal vez para limpiar las acciones de Julio II, conocido como “el Papa Terrible”.

    León Pancaldo, oriundo de Savona, circunnavega el mundo en la expedición de Magallanes y es uno de los sobrevivientes del viaje. En 1537 su espíritu emprendedor hizo que se embarcara en lo que iba a ser el primer intento de comerciar con el Perú navegando por el recién descubierto estrecho que lleva el nombre de su ex capitán, Hernando de Magallanes, pero resultó que el piloto confundió el estrecho y encalló en la ría de Gallegos y León Pancaldo decidió probar fortuna en el Río de la Plata donde encontró la estafa, la ruina, la quiebra, la ira, el desconsuelo y la muerte. Tal vez un anticipo de lo que vendría y de lo que hoy es, o no es acaso una estafa que un ciudadano que durante 30 años y 6 meses haya aportado dinero para jubilarse y hoy cobre 397.000 pesos cuando un servidor público con el cargo de senador cobre 10.000.000 de pesos que salen del bolsillo del jubilado que es quien le paga el sueldo, uno que es el Señor Ciudadano a él que es el Sirviente Público.

    León Pancaldo fue el primero, yo lamentablemente no seré el último. (Este artículo al igual que la estafa continuará).

  • ALEJO SANTOS Y EL RÍO

    Alejo Santos es filósofo, pero le gusta definirse como viajador que es algo distinto a ser viajero, viajante y mucho más distinto aun a ser turista. Según me los definió un día; no recuerdo si fue cuando nos encontramos en la isla de Creta, o en un pub frecuentado por Joyce en Dublin; anyhow, fue en una isla. Alejo Santos me dijo que un viajero es un individuo que necesita cada tanto romper la rutina y salir a recorrer el mundo por un tiempo prolongado pero que regresa a sus tareas cotidianas después de algunos meses; un viajante en cambio es aquel que viaja con un propósito determinado que tiene al viaje como un elemento necesario pero que no se agota en él, el mejor ejemplo es el de un topógrafo, o el de un viajante de comercio. El turista es un individuo que se toma vacaciones en un lugar diferente al que suele ir, generalmente durante el verano. Aquí, recuerdo que Alejo Santos hizo una pausa, terminó de un trago el Middleton (si fue en Dublin) que estabamos bebiendo y me dijo: los griegos solían decir que viajar es indispensable y que vivir no lo es; un viajador es aquel que recorre el mundo para responder la única pregunta filosófica que existe ¿Qué estoy haciendo aquí? What the hell are we doing here?

    Seguimos charlando y bebiendo durante algún tiempo, nos despedimos en la entrada del pub, nos dimos un abrazo, el partía de regreso a Buenos Aires y yo después de visitar Cork, me iría a Islandia.

    Al rato mientras comía en un restaurante me llegó el siguiente mensaje: FLUIR

    “Fluyo, indiferente a mi origen; sé sin embargo, que soy la unión de dos que por accidente se encontraron. Pudieron haber sido otras mis fuentes, más ese afortunado y húmedo encuentro, me generó. En una época, ese fluir ocasionado por otros; ignorantes de lo que estaban engendrando; me molestó, era a un tiempo violatorio y desafiante.

    Ellos, a su vez, recorrían sus propios cursos, hasta encontrarse fortuitamente. Tal vez fuera un obstáculo, un desnivel o un abismo lo que los hizo andar juntos. Confundieron sus destinos, y de ahí en más fueron otros. Soy el resultado de esa confluencia, sin haberlo deseado, pero sin ellos, no sería el más grande.

    Luego, mojé mi lecho; y al igual que ellos, me enlodé y tomé mi forma peculiar; única y tratándose de mí: soberbia. No hay en la tierra, quien supere mi anchura, no tengo parangón con ningún otro; como Dios, no dejo descendencia. En mi impulso civilizatorio no me detengo ante nada, nadie me frena, pero si intentan contenerme, me desdordo, a veces con daños colaterales que ocasionan víctimas.

    Así soy:indómito, imparable, libérrimo, eterno. Me es indiferente lo que se diga de mí, tan sólo me dejo ser. No me distrae lo que sucede a mi orilla, a pesar de haber visto invasiones, batallas, crímenes, corrupción, piratería, contrabando, revoluciones, exilios, naufragios. Estoico, jamás explico, más no me quejo a pesar que me basureen a diario.

    También he sido indiferente a los nombres que me han adjudicado; todos falsos, producto de fantasías o egocentrismos. No soy dulce, carezco de plata, me niego a ser un oxímoron y nunca permitiré que me asocien a quien me hizo conocido en Europa.

    No admito más límite que mi impetuoso carácter.

    Así como soy pródigo con los que me rodean, al igual que el tiempo devoro, aniquilo, me encrespo, no me caso con nadie; las posesiones y los avatares políticos me parecen nimiedades de niños tontos.

    Impertérrito me dirijo al Océano.

    Frente a mí, Buenos Aires, estática, me contempla.