Seguramente que miles, tal vez millones de ciudadanos tienen quejas totalmente válidas y probablemente acertadas en muchos -si quieren muchísimos casos- para quejarse de su situación personal con respecto a la sociedad de la que todos los ciudadanos argentinos formamos parte. Noto, eso sí, un asignar a la imprecisa entidad “este país” un grado máximo de responsabilidad y otro casi nulo a la responsabilidad personal. Voy a ser muy concreto, voy a hablar de “mi” como ciudadano, no como un yo, aún en lucha para dejar mi egocentrismo. Me jubilé a los 70 años y percibo la jubilación mínima de 409.000 pesos mensuales que equivalen a unos 272 U$S, es decir 9U$S diarios, con 30 años de aportes. A todas luces es evidente que nadie en Argentina puede vivir ni siquiera indignamente con esa magra suma. Obviamente todos los meses tengo que hacer uso de mis ahorros, que disminuyen drásticamente mes a mes. Para solventar mi tren de vida he generado un emprendimiento, el Museo Virtual de la Jarra de Pingúino (MVJP) al que todos pueden acceder gratuitamente entrando en jarradepingüino. com, o comprando el libro “Jarras de Pingüino” en nuestra tienda on-line, libro de mi autoría y fotografías de Joaquín Martínez Herrera, también encontrarán nuestras jarras en venta. Seguirnos en Instagram y en Tik Tok. Hay trabajo, hay esfuerzo, hay creatividad, hay ganas, hay equipo, aún no alcanza. ¿Cómo he llegado a esta situación? ¿Es por este país? o ¿es por ser quién soy? Adelanto mi respuesta, 95 % por ser quién soy, 5% por “este país”. Explico.
Estudié y me gradué en Filosofía en la UBA, fui a vivir a Gran Bretaña dos años, otros dos años viví en Francia; recorrí Sri Lanka, India y Nepal durante 6 meses. Tuve una vida de aventuras, de exploración, de lecturas, trabajé como guía de turismo, emprendí varias actividades artesanales y comerciales, me jacto de haber visitado 68 países y de conocer todo nuestro continente desde Alaska a Antártida (excepto Venezuela) inclusive todo “este país” incluyendo las Islas Malvinas a las que suelo referirme como “Islas Falkinas”, porque creo que Gran Bretaña no es nuestro enemigo y podría ser nuestro socio. Cabalgué la estepa mongólica durante 15 días, remé el Amazonas durante 12 días, caminé el Himalaya hasta los 3900 metros de altura, me paso el día leyendo, escribiendo este blog (alejandrofrango.com) y dirigiendo con mi socio Joaquín y otros colaboradores el MVJP. Fui titular de cuatro cátedras en un prestigioso College de Acassusoi durante 17 años. Así soy, mi compromiso con el sistema de valores, con los mandatos culturales no ha tenido la constancia que han tenido mis amigos que con esfuerzo trabajaron, formaron parejas con las que se casaron, tuvieron hijos y ahora nietos durante 40 años. Quiero decir fui más “cigarra” que “hormiguita”, mi compromiso ha sido intermitente; he elegido ser soltero, no invité a nadie a “este mundo”, sería muy hipócrita de mi parte subirme al tren de la denostación nacional por mis magros 9 U$S diarios.
¿Hacia dónde voy con esto? Creo que es nocivo (tóxico, le dicen) es decir nos hace daño, atribuir las consecuencias de nuestras decisiones a “este país”. El éxito o el fracaso es personal y puede ser resultado de condiciones favorables o desfavorables de la sociedad que construimos que colaboren o pongan trabas a nuestras decisiones. Hacerse cargo de quien uno es como país depende en primere lugar del acto democrático de votar, de a quienes hayamos elegido, pero también de callar o haber callado, de fingir demencia, de no tener memoria, de dejarse llevar por corrientes de moda, militancia acrítica, influencers agresivos o actitudes dogmáticas más propias de religiones o movimientos por más nacionales y populares que se declaren. “Este país” somos todos nosotros.

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