LAS CUCAS SON DE NOSOTROS, LOS MANJARES SON AJENOS

Hay cosas que no vemos, por más que habiten entre nosotros, porque lo hacen en la oscuridad, en sórdidas cavernas donde ellas se mueven con sigilo, a escondidas coformando una misteriosa red secreta. Mientras dormimos, ellas están vigilando nuestros sueños, enviándose crípticos mensajes, avisando, indicando oportunidades de ataque. Como si fueran una logia de iniciadas, con sus códigos, liturgias, jerarquías. No se las ve, hasta que súbitamente aparecen.

Entro en el baño para ducharme. No bien retiro el tapón del desagüe, una cuca sale de lo más profundo de la tubería y altiva, desafiante se pavonea sobre mi blanca bañera. Tomo un cepillo y le asesto un contundente golpe mortal. Despatarrada, descuartizada, con toda la repugnancia y asco que me generan las cucas, ahí queda inerte yaciendo el oscuro cadaver.

Suena mi celular en el escritorio y me demoro una media hora conversando con una amiga, Otros quince minutos los oicupo escuchando unas noticias que hablan de hechos de corrupción en el estado.

Regreso al baño y una hilera militarizada de hormigas coloradas que me es inexplicable saber de donde salieron se abocan con voracidad al exterminio de los restos de la cuca. Ya le habían despojado las entrañas y supongo que los ojos que según me han dicho, son para las coloradas el equivalente al foie gras para un paladar refinado. Lo cierto es que al poco rato de la otrora petulante, soberbia, arrogante cuca no quedaba más que el esqueleto quebrado de una vieja vaciada de poder por el accionar de las hormigas coloradas que al rato desaparecieron. La cuca nunca más. Abrí entonces la ducha, dejé correr el agua a la que agregué detergente y los colgajos de las alas destrozadas retornaron al agujero que lleva a las tuberías subterráneas – de donde no deberían haber salido jamás-, tuberías que corren por debajo de mi casa, por debajo de la calle, por el barrio, por la ciudad, por todo el país, donde más cucas esperan agazapadas tener otra oportunidad. Esta al menos, no vuelve más.

Vendrán otros veranos y volverán, siempre han vuelto, es importante tomar los recaudos para que no ocurra lo de siempre. Ahora debo ocuparme de las coloradas. ¿Podrían ser aliadas en mi lucha contra las cucas? ¿O son tan sólo carroñeras? Yo me enfrento a las cucas y ellan devoran los despojos.

Pero, ¿qué pasa con ellos? Los cucas, los cucarachos.

Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *