6. Peter Sloterdijk (1947) hoy voy a hablar de este filósofo que nació y aún vive en Karlsruhe y fue Rector, hasta su jubilación en 2017 de la Escuela Superior de Diseño de la ciudad, donde Karl es Carlitos y Ruhe es descanso, que es la tercera ciudad más grande del estado de Baden Wurtemberg después de Stuttgart y Manheim en el sur de Alemania y está a sólo 15 km de la frontera francesa, que tiene 173,5 km2 de superficie para que vivan con comodidad unos pocos más de 310.000 habitantes y que fue fundada por el margrave que es un conde de frontera, es decir un marqués, Carlos Guillermo de Baden Durlach en 1715 y que con el tiempo llegó a ser capital de Baden, como todo habitante de San Isidro sabe (aunque no tenga por qué) ya que en eso somos parecidos porque tenemos la misma cantidad de habitantes aunque nosotros necesitamos sólo 48 km2 para vivir cómodamente.
Bien, todo este largo introito es para explicar y explicarme por qué me gusta tanto Peter Sloterdijk, del que sólo he leído “Crítica de la razón Cínica” por tercera vez, que es un libro escrito en 1981 en el 200 aniversario de la publicación de la “Crítica de la Razón Pura” de Kant, cuando Sloterdijk aún no se había desprendido del todo de la influencia de Adorno, Horkheimer y el resto de la Escuela de Frankfurt a la que luego tildará de cultores de la “Ciencia Melancólica” y no he leído su tríptico “Burbujas”, “Globos”, “Espumas” que conforman su idea de “Esferología”, ni sus escritos políticos “En el mismo barco”, “Ira y Tiempo”. Y la explicación no es filosófica en primera instancia, sino que tiene que ver con experiencias personales. En primer lugar Sloterdijk y Pascal Quignard ( de quien hablaré mañana), son filósofos excatamente contemporáneos míos nacidos en 1947 y 1948 respectivamente. En segundo lugar porque en 1980, tanto él como yo estuvimos en Poona, India con Rajneesh (Osho) creo que por razones diferentes, él por alguna búsqueda filosófica, yo en cambio no fui por Osho, nada bueno, me pareció podía salir de él; yo ya hacía más de cuatro meses que daba vueltas por India y necesitaba “kuchen” alemanas, hamburguesas y otras delicias occidentales. Participé sin embargo de las fastuosas, fiesteras y superficiales reuniones con Osho que me pareció de entrada un “chanta” como al final demostró serlo. En tercer lugar por lo que Sloterdijk me atrajo es por la siguiente historia. Yo era un niño de 8 ó 10 años y me encantaba, desde muy chico jugar con autos Matchbox y solía hacer interminables filas frente a la chimenea y sobre la alfombra con tonos rosa pálido y una guarda azul, que para mí era una increíble carretera y construía puentes y obstáculos con libros de mi madre que era profesora de Filosofía, así que mi Vialidad Nacional contaba con Aristóteles, Platones, Agustines y Kants. Me llamaban la ateción los libros de éste último, yo no entendía por qué criticaba tanto, me daba la impresión que todo le molestaba y un día le pregunté a mi madre por qué ese tipo era tan criticón y me explicó después de un introito, que cuando fuera más grande me iba a dar cuenta que era más complejo de lo que ella me iba a decir, entonces colocó una naranja sobre la mesa y me dijo: imaginá que la naranja es tu cabecita y que como la tuya, piensa, ¿qué podría pensar la naranja?, me preguntó. Bueno, contesté, que ella es jugosa, que está más amarilla que naranja, que rueda como mis autos. Bien, me dijo ese es un pensamiento de acuerdo a su capacidad naranjil y agregó, pero te parece que a la naranja le podría interesa saber quien es Kant, el criticón o por qué vos sos tan preguntón. Por supuesto contesté que no. ¿Por qué? Porque no puede, no está preparada para eso. Sin embargo, me dijo, en los cuentos que has leído las frutas, las plantas, las mariposas hablan, pero es verdad, fuera de los cuentos esa cabecita naranjil no puede hacer eso, como bien dijiste. Bueno eso dice Kant, nuestra cabecita, y me tocó la frente, tiene sus límites y no puede conocer por ejemplo a Dios. Es más complejo pero este libro y me mostro la tapa de la Crítica de la Razón Pura habla de eso, de la capacidad de conocer de la razón humana, este otro, Crítica de la Razón Práctica, también se pregunta si la manera de actuar de la naranja es correcta o no, por ejemplo si puede hacer jugo de nosotros, es más si de poder hacerlo, está bien que lo haga, y este otro, la Crítica del Juicio se pregunta sobre los gustos, es lo que los grandes llamamos estética y también teología. Al final, mi madre agregó Kant fue un hombre que nos dejó dicho “atrévanse a pensar”, no lo olvides nunca, hay que atreverse, tiene algunos peligros ya que pensar puede molestar a algunos con poder. Creo que algo entendí y me sentí a los 10 años importante. Kant no era criticón, era pensador y me gustó, me interesó y a partir de entonces cada vez que veía un pájaro una voz interior me decía debe ver el mundo pajarilmente, y en el zoo pensé que el elefante me veía de la misma manera extraña que yo lo veía a él. Unos años después cuando ya estaba en segundo año del secundario abrí el libro de mi madre de la Crítica de la Razón Pura y no me gustó lo que leía, tuve la impresión de no haber entendido nada y se lo comenté a mi madre y aquí es donde viene mi gusto por Sloterdijk. Mi madre me dio a leer “Las Tribulaciones del Joven Torless” de Robert Musil y cuando a Torless le pasa con Kant lo mismo que a mi, eso; no sé por qué; pero me hizo sentir cariño por la humanidad, o al menos esas fueron las palabras que usé para expresar lo que sentía.
Cuando por primera vez abrí “Crítica de la Razón Cínica”, me agradó la Introducción, que dice: “Desde hace un siglo, la filosofía se está muriendo y no puede hacerlo porque todavía no ha cumplido su misión. Por esto, su atormentadora agonía tiene que prolongarse indefinidamente. Allí donde no pereció convirtiendose en una mera administración de pensamientos, se arrastra en una agonía brillante en la que se le va ocurriendo todo aquello que olvidó decir a lo largo de su vida. En vista del fin próximo quisiera ser honrada y entregar su último secreto. Lo admite: los grandes temas no fueron sino huidas y verdades a medias. Todos estos vuelos de altura vanamente bellos -Dios, universo, teoría, praxis, sujeto, objeto, cuerpo, espíritu, sentido, la nada – no son nada. Sólo son sustantivos para gente joven, para marginados, clérigos, sociólogos”.
Continúa Sloterdijk preguntándose ¿Por qué una Crítica de la Razón Cínica? ¿por qué escribir un libro tan largo en tiempos en que se los consideran una arrogancia? Nos va a explicar entonces, La Ocasión, La Razón y El Motivo. Y en La Ocasión va a reproducir lo que al joven Torless le sucedió al leer la Crítica de la Razón Pura, que fue similar a lo que a mí me sucedió y no paré de leerlo y releerlo. Pues bien los invito a que se metan en la lectura de las casi 800 páginas, no será en vano. Yo también lo haré y si llego a cambiar de opinión sobre él se los diré.

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