Leo los capítulos de “Leer Filosofía”, y si bien hoy quería hablarles de Pascal Quignard (1948), Verneuil- sur -Avre, Normandía, 31,9 km2, habitado entonces por alrededor de 4000 habitantes (hoy son alrededor de 7000). Amante de la música, eximio violonchelista, fundador y Director del Festival de Ópera y Teatro Barroco de Versalles por encargo del Presidente Mitterrand. Escritor de la novela “Todas las mañanas del Mundo”, filmada por Alan Corneau, con guión de Quignard. Lector de Gallimard entre 1976 y 1994, año en que abandonó todo, se fue a la montaña, se aisló, se dedicó a escribir. Fue la culminación de anteriores despojamientos. En mayo del 68 era estudiante de Filosofía en Nanterre, tenía como profesores a Levinas, Lyotard y Ricoeur y estaba trabajando en una tesis sobre el lenguaje en Bergson, pero se hartó de todo, abandona la Filosofía, quema o destruye sus pinturas, toca música y no para de leer. Mucho antes, a los 16 años tuvo una crisis autista, y “ese silencio me hizo decidirme a escribir; pude hacer el siguiente trato: estar en el lenguaje, callándome”. Pero mucho antes, en su prehistoria personal a los 18 meses de edad había tenido su primer brote de autismo tal como lo narra en el volumen II de su saga “Último Reino”, cuando la institutriz que lo cuidaba lo abandona. Así lo cuenta “La mujer que había desaparecido era una joven alemana de Bergheim que trataba de apreder francés.” Lo que perdió Quignard, fue la lengua alemana.
Finaliza la “Retórica Especulativa”: “Vine y me fui. Me volví a ir. Me fui de nuevo. Fundé una nueva ermita sobre un páramo amarillo”.
Tengo enmarcado en un rectángulo rojo el siguiente pensamiento de Quignard “Raras son las especies que escapan de toda vida colectiva: el visón, el leopardo, la marta, el tejón, yo”. No pude no agregarle ” y yo” y dibujé la cima de una gran montaña. Veo imágenes en los pensamientos de los filósofos escogidos. Elijo el camino que escogieron como forma de vida.
Heráclito, imaginó el tiempo, con la metáfora del río siempre en movimiento, cambiante. Explicó la dialéctica con el arco (bios) que es palabra de vida pero tiene efectos letales. Dejó todo y partió a la montaña.
Schopenhauer, el mundo es nuestra representación; se representó de una manera en la polis griega, fuera de ella no existías, fue otra la manera durante la Edad Media, si no temías a Dios, si te le oponías, te aguardaba la hoguera. Sin celular, no tenés ombligo. Soltero empedernido, huía de la turbamulta y amaba a su gata.
Nietzsche, “Ecce Homo” es la versión filosófica del “Caminante, en la cima en un mar de nubes” de Caspar Friedrich, Zaratustra es el alma de Nietzsche.
Benjamin, sus “Denkbilder”, pensamiento en imágenes, imágenes pensantes, cartelerías expresan mejor que nada su pensamiento de solitario incorregible.
Wittgenstein, usó diagramas, flechas, dibujos para afirmar su pensar e hizo abandono de todo, posición social,dinero, Viena, Cambridge y buscó la soledad del fiordo noruego,y luego la de la pobre granja de Irlanda.
Sloterdijk, si hay un libro pleno de imágenes es “Crítica de la Razón Cínica”, fue Rector de la Universidad de Arte y Diseño de Karlsruhe, él no se fue a la montaña: se jubiló.
Quignard, sigue solitario, en la montaña.
Hace años que lo vengo pensando, tal vez la elección de estos filósofos, tal vez la elección de la filosofía tenga una sola dirección, tal vez sea hora de caminar ese camino.

Deja un comentario