(David Markson “La Soledad del Lector”)
En Primrose Hill, Camden, Londres hay una calle Fitzroy Road, y en esa calle hay una casa con el número 23 y en su frente uno de los clásicos círculos celestes, donde se homenajea a alguna personalidad que vivió en ella; en este caso el poeta irlandés William Butler Yeats (1865 – 1939), también alquiló esa casa, después de su separación de Ted Hughes, la poeta Sylvia Plath (Boston 1932 – esa casa 1963), pero no hay círculo celeste con su nombre. Sylvia Plath se suicidó, cerrando toda la casa y abriendo la llave de gas, digamos que se gaseó, escuché que dejó el desayuno preparado para sus hijos Frieda y Nicholas (que estimo no estarían en la casa), esto ocurrió el 11 de febrero de 1963, en una helada mañana de un crudo invierno londinense que a ellos nada les gusta y a mi me encanta (nunca estuvo en mi suicidarme, pero de hacerlo sería en un oprobioso verano porteño con sol insolente, humedad, mosquitos, cucarachas y toda esa parafernalia nacional y pegajosa que me harta). Más allá de su depresión, parece ser que el desencadenante de tal acto fue la infidelidad de Ted Hughes con Assia Wevill. Siempre me ha inquietado el suicidio, estimo que la desesperación ha de ser atroz, no se le deba encontrar sentido a nada, la soledad debe tener la extensión del océano.
Sandor Marai (1900 – 1989), el escritor húngaro se suicida a los 89, dijo algo así como “bueno ya es suficiente”; David Hume (1711 – 1776), que jamás pudo haberse suicidado; era un “Bon Vivant”, soltero, gozador de comidas y bebidas, escribió, sin embargo sobre el suicidio, pero sin drama y se desprende de su lectura (al menos es lo que yo concluyo) No me dí la vida, me la dieron, fui parte de un proyecto ajeno, pero me muero el día que yo decido, les queda claro. Otro que hasta me pareció gracioso (si este adjetivo vale en relación a la muerte) es Robert Burton (1577 – 1640) académico de Oxford y autor de “Anatomía de la Melancolía”, que tanto le gustaba a Borges. Parece que Burton sufría de melancolía (era algo así como un tanguero británico) desde pequeño y según se dice había predicho el día de su muerte mediante la astrología, para el 25 de enero de 1640, por eso es que David Markson especula que pudo haberse suicidado ese día. Yo no predije nada sobre mi muerte, porque yo no predigo, yo constato y sé que voy a morir el 21 de septiembre de 2057 a las 10.40 am, ahora si a las 6 am del 22 de septiembre sigo aquí, ni loco me suicido: Dom Perignon, jamón de Jabugo, helado de pistacho y chocolate amargo y a celebrar mi error. Sexo, no creo porque voy a tener 109 años, pero tal vez ya han inventado la “Poronguis Erectis Eterna”. En fin no hay Dios y María es su Madre, todo es posible.
Un tiempo después el 23 de marzo de 1969, se suicida Assia Wevill que había nacido en Berlín en 1927 de la misma manera que Sylvia Plath, gaseándose pero además junto a su hija de 4 años, Shura, que había tenido con Ted Hughes. El hijo de Sylvia y Ted, Nicholas, se ahorca en su casa de Alaska a los 47 años. Para terminar, Ted Hughes (1930 – 1998) se murió de cáncer de colon. El resto de la humanidad sigue viva, por ahora.

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