OJALÁ QUE LLUEVA CAFÉ EN EL CAMPO

Tengo una rutina que comenzó a mediados de la pandemia, esa rutina es una disciplina que cumplo con rigurosidad que consiste en levantarme unos minutos antes de las 6 am, tomar una taza de café y salir en bicicleta bordeando la costa del río entre San Isidro y Olivos (ida y vuelta son 10km y tardo 50 minutos en ejecutarla). Hay veces, con un gran amanecer, que me demoro en el muelle de la calle Pacheco y me quedo mirando el despertar de la ciudad de Buenos Aires y entonces el recorrido dura 90 minutos; hay veces que compito conmigo y el record que tengo es de 44 minutos. Los días de lluvia se suspende la travesía, pero resulta que este verano no admite lluvias. Sólo ha llovido 7 veces en San Isidro, y una de ellas fue tan lastimosamente escueta, que salí a pedalear. Al regresar, ducha, desayuno (café, 2 huevos revueltos, alguna fruta), lectura de diario sábado y domingo. Compu, corrección (por lo general 3 copias y a la cuarta subida al blog del artículo). Tengo el tercer borrador de “LEER FILOSOFÍA III”, pero hoy Llueve Café en el Campo y cuando llueve no salgo a cumplir con la rutina. Como cualquiera que esté despierto a esta hora (son las 8.12 am) puede comprobar que hay un buen sol y un cielo celeste de fondo, pero mi cuerpo, mi mente, mi piel, todo mi yo está necesitando lluvia; adoro la lluvia, me encanta el sonido de la lluvia, los cielos grises, los veranos de Londres son los que amo (no existen); llamo a la lluvia “música líquida”, denunciaría a los pronosticadores radiales o televisivos cuando dictaminan “día horrible en Buenos Aires, lluvias intensas, tormentas y más lluvias para mañana” ¿por qué horribles?, son días para mí bellísimos. Bien hoy llueve tan torrencialmente, que decidí no salir a andar en bicicleta. Me gusta gozar las cosas que hago y hoy quería gozar, quedarme en casa a leer y a escribir, que es lo que estoy haciendo. Ver llover intensamente. Mañana subiré Filosofía III, pero también quería reflexionar sobre esta columna, me encanta escribirla, y protesto porque sólo tengo un fiel lector y agudo observador diario y dos o tres amigos que me siguen sin que yo tenga que recordarles que “lean el artículo de hoy que les puede interesar”. Como me conozco, sé que un día me cansaré y dejaré de escribir, como pasa siempre con las actividades que emprendo, soy hombre de múltiples intereses, a veces demasiados, soy lo opuesto a “quien mucho abarca poco aprieta” y a mí parece que me cuesta apretar o me es imposible no abarcar, bueno uno tiene que hacerse responsable de quien ha querido ser o no a podido dejar de ser. Mi más ferviente lector, ese que sé que me lee todos los días ayer mencionó que en Filosofía II yo escribí hablando de Nietzsche, que “nace en el ceno de una familia protestante” HORROR, eso sí que es Horrible, no que llueva, debo confesar que cometo errores de ortografía, creo que pocos, algunos son más bien de distracciones o de ansiedades más que de ignorancia, cuando tengo dudas voy al Diccionario de Uso del Español de María de Moliner o a Google, en general a los dos, sobre un mismo término, pero hay veces que me encanta hacer alguna trampa para ver como leen los “casi nadie” que me leen y con toda la mala intención escribí “Ceno” cuando debería haber escrito “Seno”. sólo uno lo observó, me lo señaló pero además me dijo “Sé que lo hacés a propósito para ver si tenés lectores” (también sospeché que lo dijo para alagarme y que en verdad creyó que fue un error y no una trampita). Un caballero además de fiel lector. Mañana Walter Benjamin y si da también Ludwig Wittgenstein. Y Hesperemos ke yueva Carajo.

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