Autor: alejandrofrango.com

  • SOMBRAS CHINESCAS

    Sigiloso, contundente, se derramó como una copiosa nevada sobre un glaciar milenario. Imperceptible, artero, poderoso, invasivo, letal. Irrumpió como el Dios implacable de los hebreos. Coronado, como nuestra sien de laureles, me privó del tren Transiberiano, planeado para mayo 2020. Mis libros, mi casa, el río y el muelle de Pacheco, son ahora, el nuevo mapa de mis aventuras. Las singladuras, que van llenando mis bitácoras, dan cuenta de esos avatares que hoy hacen mis días. La bicicleta reemplaza trenes y aviones.

    En primavera y verano salgo a las 6, en otoño e invierno una hora después. Escucho las noticias por radio y nombres de la política nacional y mundial, cifras del Covid, femicidios (uno cada 30 horas), resultados deportivos y temperaturas se cuelgan del manubrio de la bicicleta. Por suerte una huidiza comadreja, la aristocrática elegancia de una garza, el ataque mortal de un gavilán mixto al cogote de una cotorra me distraen de esa fauna de burócratas, influencers, goles, ectopascales.

    Opté por un circuito, siempre el mismo, como para emular al río en el que nunca nos bañamos en las mismas aguas. Hay días que el río parece un mar. Sopla el viento del sur, olas espumosas revientan contra el cemento del muelle alejando por igual, de la orilla, a pájaros y pescadores. Desde el muelle, miro hacia las casas en las barrancas. Techos y balcones semi ocultos por árboles centenarios. Araucarias, robles, tilos, palmeras, jacarandaes, ombúes, palos borrachos, las omnipresentes tipas.

    Han tirado abajo la casa de Orlando Williams, escucho las topadoras limpiar el terreno, anuncian 10 lotes de “Vivienda Unifamiliar Agrupadas”. Demolieron “Los Pájaros” en la bajada de Colón, ladrillos blancos y torreón de pizarra negra, fueron reemplazados por cristal y cemento. Tirar abajo, construir. ¿Cuántas veces ha cambiado mi piel? ¿Cuántas veces ha cambiado el signo monetario nacional en sólo 50 años? Lo que no cambia es el río, impertérrito, se dirige al océano.

    Hoy en cambio, el río es un lago, se percibe que llega el otoño. El río parece decir, “estoy así porque se me canta”. Hay dos garzas ¿Son las mismas de estos días? Parecen signos de interrogación ¿…..? Los abre la blanca, los cierra la garza mora. ¿Qué las inquieta? porque las garzan ven que han caído árboles, no pueden no escuchar las topadoras, perciben cuando el río es mar y cuando es lago, ven a los juncos trabados en su balanceo por bolsas de plástico. Cuando me acerco se alejan. Dos mujeres, charlan en un banco de cemento, frente al río. Me recuerdan a las garzas que veré en pocos minutos ¿estarán mirando la salida del sol? Mientras, el Robot Perseverancia ha llegado a Marte.

    Ya las veo caminar con elegancia. Lo hacen con el cuello erguido, que al rato se interroga como ayer.

    ¿Quién diseña el mundo que habitamos? ¿Silicon Valley? ¿Wuhan? Hay veces cuando voy en la bici, que me veo como si yo fuera un espectador que ve pasar a un hombre en una bicicleta que pedalea aun a oscuras por la calle Rivera Indarte frente a la Quinta de Pueyrredón, pero no soy yo el que va montado, sino la imagen que tengo de un noticiero en canal 7, blanco y negro donde mostraban al Rey de Suecia pedaleando por una calle de Estocolmo; se podía leer Lord Nelson Hotel y el nombre de la calle Gamla Stan, donde muchos años después me hospedaría por el recuerdo de aquella imagen. Las películas en blanco y negro siempre me remiten a pre o post guerra.

    Hay veces, en el diario pedaleo al muelle de Pacheco que me concentro en los árboles. Manchas amarillas de los ginko bilobas, rojos robles canadienses, ombúes verdes; semáforo natural que advierte, prohibe y faculta a continuar. Hoy son las veletas, lo que atrae mi atención. Veo la figura de un gallo, que mudo cacarea a la salida del sol, veo también un pescado, un venado y un ferroso cazador, una cigüeña, luego undragón en una casa estilo Tudor:”weather vane”. En el borde una mansarda giraba un bergantín “giroutte”.

    Otro día el río es una pintura de Joseph Mailord William Turner quien nació en Covent Garden el 23 de abril de 1775 y murió en Cheyne Walk en Chelsea el 19 de diciembre de 1851, estudió con Joshua Reynolds, en Margate, en el estuario del Támesis y que hoy, apoyado en mi bicicleta, que reemplaza al Transiberiano, evoco en un día “blurred” que insinúa a Buenos Aires, allá en el otro extremo del estuario. Covent Garden, Cheyne Walk, mis espacios por dos años, que hoy son parte de mí, que están en mi memoria como “blurred”.

    Hoy es 14 de julio, día de la Revolución libre, igualitaria, fraterna. El río, las aves y la ciudad al fondo son un gigantesco collage con trazos de Grosz, Otto Dix, Max Beckmann, Christian Schad, Carl Grossberg. El río es hoy puro Neue Sachlichkeit, tiene la tensa y expectante calma de la efímera República de Weimar, la que antecede a la pesadilla de la noche hitleriana.

    Hoy es un día calmo, no hay brisa, no hay olas, el río es un espejo, es la carátula del vinilo de Pink Floyd “I Wish you were here”. Hoy hay paz, es como si la sombra chinesca de esta peste fuera un mal sueño.

    Esta ubicación geográfica, a mitad camino entre la gran ciudad y el delta ¿es acaso un indicio de mi ubicación en el mundo?, ser un espectador ¿soy ajeno a la avidez por el dinero, la fama, la pareja? ¿Pretendo como Heráclito, Whitman, Nietzsche tan sólo caminar interrogando? ¿Soy sólo un diletante exponente de la clase media, y por tanto sordomudo que no sabe darse a entender por escrito? Cuando esto concluya y todos salgan a emborracharse, a drogarse, a vivir la orgía postergada ¿seré uno de los que se retira escéptico, como Bertrand Russell de Trafalgar Square en 1945? Estas preguntas me hago aquí en el muelle, del que me retiro apenas el golpeteo de las olas contra los pilotes, es tapado por voces que todo lo invaden.

    Mismo día, son las 13 horas, asado en barrio de Nordelta, jardín que termina en laguna. He llegado en auto con torta de chocolate. Somos varios, hay niños, adolescentes y nosotros. Hay una señora de comunión dominical, empresarios, abogados (siempre hay abogados), uno es el Gordo, de risa contagiosa, parlanchín, con casa en Miami, dinero (mucho) en Merryl Lynch, es peronista, abanderado de lo nacional y popular; su porfolio de relaciones abarca todo el arco político, no hay ministro, embajador, senador, gobernador que no nombre en éste y otros ágapes en que me lo suelo encontrar. A todos llama sus amigos sin percatarse que los políticos sólo tienen intereses.

    “Han arruinado el país, hace más de 70 años que quedamos entrampados entre el peronismo a secas, el de Menem y el delos K”, dice, sacada, la comulgante y deja la mesa para tomar sol junto a sus nietas. “No te enojes Amalia, que Bergoglio ahora va a imponer la señal de la cruz como “en el nombre del Padre, del Hijo y del espíritu de Perón”.

    Nos reímos y se produce una discusión entre el Gordo y un empresario que se eleva hasta: “Y no jodas Juan Manuel;le espeta el Gordo; que el golpe de estado a Perón se terminó de gestar en el altillo de la casa de Victoria Ocampo, donde Rojas y otros gorilas como vos, interrumpieron un proceso de desarrollo nacional y la mayor distribucíon de ingresos a los trabajadores de la historia argentina “. Intervino Gastón, un ex embajador: “Es posible que haya sucedido lo que acabás de decir, pero si chicaneamos, hagámoslo con seriedad, valga el oxímoron. Lo que pudo haber sucedido en lo de Victoria Ocampo, fue un retruco a lo acontecido en septiembre de 1930 en Florida al 500, en la casa de Matías Sánchez Sorondo, cuando el día anterior al golpe contra Yrigoyen, se reúnen el General Uriburu y su edecán, el entonces Capitán Perón, para terminar de ajustar detalles. Sánchez Sorondo fue el primer Ministro del Interior de Uriburu. Sánchez Sorondo era fascista, antisemita, padre de Marcelo, apólogo de Franco y de Mussolini y “by the way” (a Gastón le encanta mechar algún giro británico entre tanto populismo expreso), y abuelo de Monseñor Sánchez Sorondo, mano derecha del Papa Francisco”.

    La llegada de la torta de chocolate impuso una tregua. Nos retiramos cuando el sol dejaba un brillo final en el agua, empezaba a refrescar y una suerte de bruma se quedó con la laguna.

    El Covid me ha privado del cine, hace más de un año que no traspongo los límites de la zona entre Tigre y Vicente López, ya no doy clases. El turismo ha desaparecido.

    Tal vez el encierro me incite a dejare de ser ágrafo.

  • RUA GARRETT, LISBOA

    Es 13 de mayo de 2025, estoy leyendo los diarios de sábado y domingo pasados, plenos de noticias sobre el Vaticano, la elección del nuevo Papa: orden religiosa a la que pertenece Robert Prevost (agustino), trayectoria; el hecho de haber nacido en Estados Unidos y haberse nacionalizado peruano; la elección de su nombre: León XIV; similitudes y diferencias con su antecesor Francisco (jesuita); las miserias del cónclave (recordemos que los que votan son prelados, no ángeles); la curia habitada por conservadores y reformistas; las luchas (por demostrar quien está más cerca de Dios (versión clerical de quien la tiene más larga). Detalles sobre el Estado Vaticano en cuanto a su poder: una de las más eficientes diplomacias: 120 nuncios apostólicos (embajadores) distribuidos por el mundo, relación con 184 países, 5300 obispos, 400.000 sacerdotes, 1.400.000.000 millones de fieles, status de observador permanente en Naciones Unidas, aunque sin derecho a voto. Se preguntarán ustedes ¿qué tendrá que ver esta noticia con el título que le he puesto? Escucho por radio que hoy la iglesia conmemora el 108 aniversario de la aparición de la Virgen en Cova de Iria, pequeña localidad cercana a Fátima, en 1917, tiempo de la Primera Guerra Mundial, ante tres niños cuidando un rebaño de ovejas, conocidos desde entonces como “los pastorcitos de Fátima”(el diminutivo tan horrible en literatura es siempre conveniente en materia religiosa, ya que si se descubre un error (o un casi imposible engaño) será juzgado como pecadillo (ya que estamos, en toda su inmensa obra Borges emplea sólo 2 diminutivos (1 evitable) “cuchillito” y “corredorcito” (sepa el lector encontrarlos y haya paz en el mundo, amén)) eran ellos Lucía dos Santos de 10 años, y sus primos Francisco Marto de 9 años y Jacinta Marto de 7. Pues bien ya nos vamos acercando, nos queda pagar los 13 euros para tomar el tren de Fátima a Lisboa y en poco más de 1 hora y 30 minutos recorreremos los 120 kilómetros que las separan, tomaremos luego el subte y nos alojaremos en el hotel Borges en la Rua Garrett 108/110, lindante con el Café La Brasileira en el 120/122 de la Rua Garrett y vecino de la librería más antigua del mundo Bertrand de 1732 ubicada en el 73/75 de la Rua Garrett, y ahí tomando un café y comiendo un pastel al lado de la estatua de hierro de Fernando Pessoa, me acordé de Manuel Vicent (1936) por lo que les voy a contar y verán que todo cierra. Creo que nunca estuve en una geografía tan literaria como esta: revisemos Borges, Pessoa, Vicent, Rua Garrett ,poeta romántico (1790-1854), librería de casi tres siglos y la historia que hace muchos años nos contó Manuel Vicent en la librería aquí en San Isidro, que es donde estoy, ya que el recorrido lo hice pero en 2006 y el boleto no costaba 13 euros sino 9 según mi bitácora de entonces; y bueno mis bitácoras también son receptáculos literarios. La historia de Vicent, la pueden leer completa en “Los Mejores Relatos de Manuel Vicent” Editorial Santillana. Entonces Vicent nos contó que un día en el mismo café donde ubico este relato, al lado del ferroso Pessoa, pegada a Bertrand y al hotel Borges, todos sobre la Rua Garrett, se encontró con la Virgen de Fátima cuyo nombre no era el de Virgen María de Nazaret sino Mary Wilkin bellísima mujer inglesa de ojos azules y pelo rubio rojizo entonces ya de 87 años, “alta, distinguida, con abrigo de astracán, pañuelo de seda al cuello, botines de terciopelo y gorro de lana”, viuda no de José de Nazaret sino de Roberto Pinheiro, topógrafo de Oporto. Fue Mary Wilkin quien le contó a Vicent que en 1917 después de haber hecho el amor bajo una acacia, plena de vigor y de alegría caminaba por el bosque cercano a la Cova de Iria, mientras su joven marido medía con un teodolito la futura traza del camino que estaba construyendo y de pronto se desató una tormenta con rayos y truenos (pero sin centellas) que la hizo guarecerse bajo un árbol frondoso y entonces Mary Wilkin, bella de 19 años, sin nada de virgen, trepada a una enorme horqueta del árbol vestida de blanco largo, descalza con manto azul que le cubría la cabeza apareció ante la vista de los tres ovejeros, perdón “pastorcitos de Fátima” envuelta en una niebla que parecía una nube celestial y ante la pregunta de los niños ¿quién eres, de dónde vienes? la respuesta espontánea de Mary Wilkin expresada en una lengua entre inglesa y de precario portugués anunció que acababa de caer del cielo y ello fue el inicio de un juego que se repitió durante una semana. Nos contó Vicent que Mary le dijo que partió con su marido a Londres a visitar a la familia y que a su regreso a Portugal quedó entre preocupada y sorprendida por lo que fue el origen del milagro de Fátima, ya que miles llegaban en peregrinaje al recién inaugurado santuario, y su consiguiente marketing de velas, estampitas, pasteles, souvenirs, turismo y un larguísimo etcétera. (El relato lo encontrarán como “La Señora Inglesa de Fátima” y en Google pueden leer la nota de Vicent del 25 de julio de 2010 aparecida en “El País de España”.

    Una reflexión final, sólo los reyes, los papas, loa actores en sus diferentes personajes son los individuos que cambian de nombres según el papel que deban representar, bueno y últimamente nos hemos acostumbrado a inventarnos un alias para el home banking, hecho que hubiera espantado a Thomas De Quincey (1785 – 1859) que “En el Sistema de los Cielos” se pregunta “¿Por qué un mundo decente habría de usar un alias?”, sí, ¿por qué?

  • RAPA NUI

    Es mayo 2003, acabamos de aterrizar en el Aeropuerto Internacional Mataveri, en Hanga Roa, capital de Rapa Nui. La Isla de Pascua tiene 163 kilómetros cuadrados y alrededor de 5000 habitantes. Este es un viaje de trabajo. Llevo gente de universidad norteamericana. Me levanto temprano. Mi habitación da a un parque que termina en pendiente rocosa y cae suavemente al Pacífico. Salgo a caminar; al llegar a la orilla del risco veo a tres Rotwailers deambulando por la orilla del mar. Fieles custodios de nuestra seguridad. Noto que me han olido, miran hacia donde estoy, se bhabrán preguntado ¿turista o intruso?, deben haber optado por la última, avanzan, retrocedo, aumentan la velocidad, llego agitado, cierro la puerta de la habitación. Pido el desayuno en el cuarto.

    Frutas, yogurt, huevos, tostadas, queso y café calman mi ansiedad. La mujer que me ha traído la bandeja juega con Haki, Tongui y Kongo: los tres ahora, parecen corderitos. El guía local nos inicia en el misterio de Rapa Nui a medida que recorremos los pedestales pétreos, los Ahus donde están montados los Moais, que, nos informa fueron emplazados entre los siglos XIII y XVI por los nativos llegados desde la Polinesia alrededor del año 1000. En la zona llamada Poike, se yergue, dándole la espalda al mart Ahu Tongariki, compuesto por los 15 Moais, el más grande de los cuales pesa 86 toneladas, nos dice y agrega el guía, nacido en la isla, que en la zona está el volán Poike, que habría surgido del fondo del mar hace 3.000.000 de años y cuya última erupción se estima que pudo haber sido hace 900.000 años, otros dicen 705.000 y otros 230.000. Miro el paisaje, muy verde, con ondulaciones y grandes vrocas y siento la insignificancia de la biografía ante tales números. ¿Qué significan 3.000.00 de años? Escucho que nos dice que Rapa Nui es Ombligo del Mundo, y yo que pensaba que era el Qosco, y tal vez algún emperador romano, habrá sostenido con la misma convicción que era Roma, y un chino con poder está seguro que es China, así como Margaret a punto de dar a luz, piensa que su panza es el ombligo del mundo. Conversamos. Comemos deliciosos pescados recién llegados a la costa en una barca amarilla y bebemos Pinot Gris. Compro unas postales en un negocio de souvenires y un mínimo libro, casi un folleto, que tiene tres cuentos de Katherine Mansfield “Marriage a la Mode”, “Life of Ma. Parker”, “The Doll’s House”; por la tipografía parece una edición pirata de The Collected Stories de Penguin.

    A la noche le “The Doll’s House”, así se llamaba el jardín de infantes donde inicié mi escolaridad y mi primer acercamiento al mundo inglés de la mano de Mrs. Kember, cuyos ancestros, según me contó muchos años después, venían de Cornwallk. Me ganó el cansancio y debo haber soñado con volcanes que expelían Rotwaillers, los maoríes de New Zeland me sonaron a Moaies e imaginé a Rapa Nui como la isla emergente de una cordillera submarina, uno de cuyos picos puede ser la tierra donde naciera Katherine Mansfield. El

  • SEGOVIA

    Es España, es febrero, es 1981. La función hace al órgano. Haber trabajado de albañil; hacer la mezcla, cortar ladrillos y tejas por más de un año, ver crecer desde la tierra un muro de piedra, me hacen ver el soberbio acueducto romano de una manera diferente: ahora sé lo que duele la piedra en el cuerpo, conozco la emoción al ver la obra terminada.

    Voy por la carretera de Segovia a Soria con Navacerrada cubierta por la nieve, voy pasando por los pueblos de Sotosablos, Matabuena, Matamala, Arcones, Arconcillos. Bajo del taxi y sigo por la carretera a pie; atravieso Rades altos, Rades bajos. Por momentos se confunden los manchones de nieve con los cuerpos lanudos de ovejas y cabras. Subo la loma y entro por un enorme portal de madera gruesa en la amurallada ciudad de Pedraza de la Sierra. Curioso, siento que estoy violando un espacio ajeno, me siento como un invasor. Intramuros, extenso playón. Pronto se disipa esa extraña sensación. Paro por un vino de pellejo, chorizo, queso, pan; es lo de Don Mariano.

    “Es pellejo de cabra, el único que vale”, me aclara Don Mariano. “El pueblo se remonta al siglo X, tiene su castillo, es de los Condestables de Castilla, que luego fue del pintor Zuloaga”. “Nací aquí en 1902”, me señala su casa. “Labré el campo”, lo repite varias veces con orgullo. “Toda mi vida la pasé en Pedraza, que siempre ha sido un pueblo de señoritos, gente de título, péro vaya hombre, había gente pobre también”. Me cuenta que viajó a Madrid, donde vive uno de sus cuatro hijos, también fue a Ávila, Segovia y Salamanca. Cuando le cuento mis viajes, entre curioso y extrañado, se sienta a mi mesa, se acomoda la bufanda y ahí comienza una larga y amena hora y media de charla sobre Latinoamérica, India, Nepal, Inglaterra.

    “Yo noto, que ahora el pobre vive mucho mejor que entonces; la gente no tenía dinero, bueno vaya, los señoritos, pero uno; yo trabajaba con unas especies de sandalias abiertas que llamábamos “abarca” y abrigábamos el pie con unos lienzos, bueno se llamaba “pedal” y luego para el domingo y fiestas calzábamos borceguíes, pero dinero nada, en esa época gentes con un millon de pelas, no había en Segovia más que diez. Yo conocí el automóvil, no sé, unos sesenta años atrás; llegaba uno al pueblo y salíamos todos a verlo, a tocarlo, ahora pues todo el mundo tiene coche. yo nunca monté en avión”.

    Hoy en San Isidro, diciembre de 2025, he copiado lo entrecomillado de una de mis bitácoras que registró el encuentro. Sin duda Don Mariano está muerto, como muertos están Madame Eglantine, Don Nerón, el lechero Smith, el campesino bajo, tosco, hosco de alpargatas raídas, “and in the long term” como decía Keynes, todos estaremos muertos. Mario Vargas Llosa, no recuerdo en que novela dice algo así como “la historia no es lo que pasó, sino lo que recuerdo que pasó”. Estos personajes son “históricos” en tanto los recuerdo. La narración de mis viajes, Europa, India, al igual que el instante que acaba de suceder, corren la misma suerte.

    Al segundo día ya me llaman por mi nombre. En el bar de la Plaza Mayor, me veo jugando a los dados con Don Victoriano, Doña Felisa, Don Feliciano. No me veo, pero la bitácora dice que pasé a tomar un café en la hostería y parador “Pintor Zuloaga” y terminé en una fiesta de bodas campesina en la que si me veo bailando con la novia muy robusta en carnes y muy bella, bebiendo vino, no de pellejo, sino de una estupenda bodega española, comiendo jabugo delicioso, y los novios se fueron en un Mercedes descapotable. Sin dudas los tiempos han cambiado y seguirán cambiando.

  • MUJERES FILÓSOFAS

    Pregunté el otro día en una reunión de amigos, gente muy culta, con buenas bibliotecas, todos universitarios si alguien podía nombrarme al menos tres mujeres filósofas. Se hizo un silencio, alguien (un médico) dijo Hannah Arendt (1906 – 1975), varios asintieron y luego hubo un silencio molesto. Me incomodó tener que agregar a Simone Weil (1909 – 1943) y a Simone de Beauvoir (1908 – 1986) no por ellas sino porque soy el que siempre llego a la tercera y no paso de ese número.

    Era bastante común, durante la década del 70, en grupos de estudios de la carrera de Filosofía en la UBA, sobre todo en épocas de finales o de presentación de trabajos prácticos, después de varias horas, ponernos a cachondear y hacer bromas de tono “machistas” ¿por qué será que no hay filósofas?, no les da el bocho, tienen la cabeza llena de pelos no de ideas y vulgaridades como, piensan con la concha y cogen con la cabeza (ostentosa y groseramente machista). Después estaban las consideraciones serias, estas eran las peligrosas ya que no obedecían a chanzas sino que estaban fundamentadas en Schopenhauer, (en el peor Schopenhauer: el de Sobre Las Mujeres de su Parerga y Paralipómena) que no quiero repetir. Éramos buenos amigos y algunas de las chicas eran novias de algunos de los chicos y todo se decía en un tono de jolgorio compartido, aunque siempre quedaba un tufillo machista. Si bien yo me prendía en la joda, también decía que en la década del 30 mi madre había egresado de la misma Facultad donde estudiábamos y agregaba que teníamos excelentes profesoras que publicaban estupendos trabajos y escribían libros, pero siempre aparecía la pregunta, bueno pero y dónde están las presocráticas, quien fue la Sócrates, la Platón, la Aristóteles, la Spinoza, la Hegel, quien es la Heidegger,:Hannah Arendt.

    Varias veces le pregunté a mi madre que me respondía nombrando a colegas, varias de ellas con carreras en España, Francia y Canadá, pero siempre nos quedaba esa sensación que faltaba un pensamiento femenino de fuste, un sistema que obviamente atribuíamos ambos a la condición de sometimiento que a través de la historia ha tenido la mujer y en muchos lugares aún tiene. Un día mi madre, revolviendo unas cajas de su madre francesa apareció con un deteriorado libro en francés editado a finales del siglo XIX con el título de “Historia Mulierum Philosopharum” de Gilles Ménage (1613 – 1692) que fuera publicado. por primera vez en 1690 en Lyon y en latín. En ese entonces yo no leía el francés y las mujeres me interesaban más como mujeres que por su vocación filosófica.

    Muchos años después como seguía siendo Hannah Arendt la única mujer que todos mencionaban como filósofa, más Simone Weil y Simone de Beauvoir, la mujer de Sartre , encontre el libro de Ménage “Historia de las Mujeres Filósofas ” de editorial Herder y un listado inicial de 65 filósofas clasificadas en 11 escuelas, que luego modificó en la segunda edición de 1692 agregando la escuela académica e incluyendo a Eloísa (1101 – 1164) y Novella (siglo XVI).

    Este Gilles Ménage hijo del abogado del rey estudió derecho y filosofía con él y estudió la carrera eclesiástica pero no se ordenó, parece que fue un excelente gramático y latinista y publicó “Orígenes de la lengua francesa” que es un erudito trabajo sobre la etimología del francés. Fue considerado un brillante pensador y Moliere lo retrata en su obra “Las Mujeres Sabias” de 1672 como el personaje Vadius.

    Siempre rodeado de bellas, millonarias y cultas mujeres como Catherine de Vivonne, marquesa de Rambouillet (1588 – 1665), Madeleine de Souvre, marquesa de Sablé (1598 – 1678), Madmoiselle Madeleine de Scudery (1607 – 1701), la duquesa de Longeville (1619 – 1679), Marie de Rabutin – Chantal Madame de Sévigné (1626 – 1696), Marie – Madeleine Pioche de la Vergne (1634 – 1693) Madame de Lafayette y Anne Lefebvre Dacier (1647 – 1720) a quien dedicará su “Historia de las mujeres Filósofas” y a quien llama la más sabias de las mujeres de hoy y del pasado y a quien Voltaire menciona como uno de los prodigios del siglo de Luis XIV. Todas estas brillantes mujeres se educaron fuera de los canales formales ¡Cómo se les puede ocurrir que una mujer fuera a la Universidad!

    Estrictamente hablando el libro de Gilles Ménage no es lo que hoy se considera una historia de la Filosofía, como tampoco lo es aquel que le sirvió de modelo “Vidas de los más ilustres filósofos griegos” de Diógenes Laercio (Siglo III) de quien Hegel fue su gran denostador “Diógenes Laercio amontonador de opiniones varias y chismorreador superficial y fastidioso”, no nos habla de ideas ni relaciona unas teorías con otras, parece sentenciar Hegel. Vale recordar que Diógenes Laercio le dedica su obra a una filósofa platónica de nombre Arria amante de Platón.

    El Prefacio de Gilles Ménage nos dice es muy grande el número de mujeres escritoras; lo han hecho en tópicos como: retórica, poesía, historia, mitología y correspondencia elegante ; a todos estos escritos los llama “de naturaleza agradable”, agrega luego un “sin embargo algunas se han dedicado a una disciplina más seria: la filosofía”. Señala luego que filósofos como Sóprato, Focio, Apolonio de Calcis, Suda, Filocoro y Juvenal nos han informado de las muchas mujeres dedicadas a filosofar y que le asombra que Dídimo el sabio alejandrino del siglo I AC, gran compilador sólo cite a Temista, una mujer epicúrea del siglo III AC, como la única filósofa y que Lactancio, autor de “Las Instituciones Divinas” del siglo III DC sólo mencione a Teano del siglo VI AC la más famosas de las filósofas pitagóricas, que además fue esposa de Pitágoras, aunque otros dicen que lo fue de Brontino.

    (Este artículo sobre las filósofas continuará y que sirva de homenaje a todas las ex compañeras de la Facultad a las que tal vez hayamos molestado y también de agradecimiento a mi madre, Antonia Sellarés, que me enseñó las primeras nociones filosóficas: amar los estudios y además supo quererme).

  • LIVIANO DE EQUIPAJE

    Nunca tuve mayor sensación de libertad que el día que todas mis pertenencias cabían en un mediano bolso de mano con el que iba caminando por un sinuoso camino de 2 km de extensión, rodeado a ambos lados por las matas espinosas que los habitantes del Gard (Provenza) llaman “la garrigue” desde la gran casa construída en 1826 donde viví dos años hacia la ruta Ales Nimes para llegar a Avignon, a tomar el tren para París, para seguir a Luxemburgo donde abordaría el avión para Colombo (Sri Lanka) con escala en Moscú, para pasar 6 meses en India y Nepal. Caminaba bien temprano en la mañana de marzo de 1980 y esa voz interior que nos habita iba diciendo:”todo lo que tengo va en este bolso; unas pocas prendas, dos libros, un cuaderno, una cámara de fotos y la felicidad de no tener que cerrar con llave ninguna puerta, ni dejar a nadie a cargo de nada, ni preocuparme de nadie, no hay mayor libertad que esto”. Pienso hoy diciembre del 2025 en aquella caminata (que por otra parte tenía como escenario histórico el Pont Du Gard y el circo romano de Nimes) preludio del gran viaje, porque leí algo que dijo Cicerón (106 – 43 AC)que expresa inequívocamente lo sentido por mí en aquel tiempo: “Todas mis pertenencias las llevo conmigo” .

    En 20 siglos un filósofo, defensor acérrimo de la República Romana, enfrentado a Julio César, y a Marco Antonio orador de fuste con sus discursos políticos contra Catilina, enemigo de la República (las Catilinarias) que le hicieron perder la cabeza que fue exhibida chorreante de sangre en el foro romano. Y un ignoto argentino trotamundo, perteneciendo al mismo universo cultural: el despojamiento como la mayor posesión, lo único que uno lleva consigo es: La Libertad.

    Varias preguntas ¿Hay progreso en el mundo?

    ¿O es que sólo participo de una visión europea – argentina de la realidad y el mundo Inca, Maya, Hindú, Chino, Mongólico, Árabe, Africano, de Oceanía, de desiertos, campos helados, selva amazónica y senderos del Himalaya son tan sólo un espiar por el ojo de la cerradura y volver a lugar conocido? ¿Qué sé de las ciudades romanas de Lepis Magna y Sabratha, que hoy están en territorio de Libia y que son las ruinas romanas mejor conservadas del planeta, o qué se de la vida cotidiana en Capadocia donde estuve dando vueltas? ¿Qué se de Jartum, capital de Sudán, país con más habitantes que la Argentina y más pirámides que Egipto? ¿Qué se de Etiopía, uno de los estados más antiguos del planeta, cuna del café que tanto bebo y sitio donde se encontraron los restos de Lucy, un Australopithecus de hace más de 3 millones de años y el tal vez, al menos por ahora ,más lejano antecesor humano? ¿Qué se de los marsupiales (entre ellos el canguro) que se originó en América y que a través de lo que hoy es La Antártida llegaron a Australia donde sólo hoy los puedo ver y que cruzaron la pampa cuando aún no era húmeda ni pastaban Aberdeen Angus, ni crecía la soja en ella?

    ¿Es que sé algo, o tan sólo soy un inquieto ignorante argentino, y ya que estamos para finalizar con humor ignorante y argentino son anagramas, con las mismas nueve letras escribimos dos conceptos que no tienen nada que ver uno con otro, ¿o sí ? y esto lo digo sin ironía alguna, el anagrama sólo es aplicable a mí y no a los millones de argentinos que veneran a Perón como estadista y a Eva como jefa espiritual de la Nación y que siguen creyendo que Dios es argentino y que es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja, que entre un rico en el reino de los cielos y otras muchas cosas argentinas.

  • PARÍS, 1979

    Paseamos, Claire y yo por la orilla del Sena. Es invierno y ha comenzado a nevar.

    ¿Nieva en Buenos Aires?

    No, creo que sólo una vez, en 1918. Me gustaría ver nevar desde el muelle de Pacheco y mirar hacia el perfil de Buenos Aires y verla así, gris y con copos abrigándola con esta helada frazada blanca que hoy cubre París, pero no, no nieva.

    Pasamos frente a una casa donde han esculpido los perfiles de Eloísa (1092 – 1164) y de Abelardo (1079 – 1142).

    Es una historia de amor bizarro; me dice Claire. Abelardo era el intelectual codiciado por la clase alta para ser preceptor de sus hijos. Eloísa era hija de un hombre poderoso. Ella era una joven culta, libre, políglota, versada en matemáticas, filosofía y ciencia; una mujer que desafiaba a su tiempo. El padre le encarga a su tío, el canónigo Fulbert, para que contrate a Abelardo como maestro para guiar a su hija.

    Y así fue que entre algoritmos, teorías cosmológicas y lecturas, un buen día, Fulbert los sorprende en el escritorio libándose los sexos en éxtasis celestial.

    ¿Y entonces?

    Se vino el eclipse. Alejaron a los amantes. Abelardo desterrado de París, habita una pobre posada en las afueras de la capital. Una noche, helada como esta, varios esbirros de Fulbert entran en el aposento de Abelardo, lo emasculan. Mientras el pobre grita de dolor y se desangra, los sicarios meten en un morral pene y testículos como prueba de haber cumplido la tarea. Eloísa es confinada a un convento de clausura.

    A la noche comemos en 15 Rue de la Tournelle, civet de canard, bebemos Chateau Cheval Blanc Gran Cru Classe, contemplando Notre Dame desde arriba, como si estuviéramos en el cielo.

    Pensá, Alejo, que hasta el siglo XIX las iglesias eran los edificios más altos de la ciudad; la arquitectura también marcaba la jerarquía. El mundo no es un paraíso, es la historia que siempre es humana y a pesar de tantas cosas sigo sosteniendo que vivimos en el mejor de los mundos posibles y ello es así por abrir puertas y no por cerrarlas, por la libertad de prensa, la libertad de comercio, la libertad de elección y expresión sexual, la libertad de enseñanza, la libertad de trasladarse, la libertad de peticionar, la libertad a ser juzgados por tribunales probos e independientes del poder político, en fin La Libertad y ello se debe al liberalismo que siempre fue denostado por la representación de la única monarquía absoluta que aún queda en Europa, cuyo monarca es elegido por 128 cardenales en conciliábulos secretos, donde a la mujer no se le permite siquiera celebrar misa, donde la mujer consagrada es virgen y ha concebido sin mácula alguna porque parece que el amor que une dos cuerpos para engendrar un hijo o gozar es maculado, que significa: sucio, sudoroso, oloroso, húmedo y sobre todo placentero y saludable. Por si mi responsabilidad por esta opción no ha quedado clara, anoto aquí lo que Nicolas Shumway en su “Historia de una Pasión Argentina” dice al respecto en el capítulo III titulado “De cómo el liberalismo se volvió una mala palabra”. Transcribe allí Shumway unos pasajes del libro “El Liberalismo es Pecado: cuestiones candentes”, publicado en 1884 por el padre Félix Sardá y Salvay y que fue reeditado y algo modificado para el público argentino en 1885 por un cura argentino, Antonio Fernández Moya, con el título “El Liberalismo es pecado de Herejía: explicado con preguntas y respuestas” (como para que nos demos cuenta). Sigue diciendo Shumway, “el padre Félix comienza su libro con esta definición del liberalismo”: “Principio liberales son: la absoluta soberanía del individuo con entera independencia de Dios y de su autoridad; soberanía de la sociedad con absoluta independencia de lo que nazca de ella misma, soberanía nacional, es decir, el derecho del pueblo para legislar y gobernarse con absoluta independencia de todo criterio que no sea el de su propia voluntad expresada por el sufragio primero y por la mayoría parlamentaria después, libertad de pensamiento sin limitación alguna en política, en moral o en Religión; libertad de imprenta así mismo absoluta, libertad de asociación con iguales anchuras. Estos son los llamados principios liberales en su más crudo radicalismo… El fondo común de ellos es el racionalismo individual, el racionalismo político y el raccionalismo social. Derívanse de ellos la libertad de cultos más o menos restringida, la supremacía del Estado en sus relaciones con la Iglesia, la enseñanza laica o independiente sin ningún lazo con la Religión. El matrimonio legalizado y sancionado por la intervención única del Estado, su última palabra, la que todo lo abarca y sintetiza, es la palabra secularización, es decir, la no intervención de la Religión en acto alguno de la vida pública, verdadero ateísmo social, que es la última consecuencia del liberalismo”.

    Es que de eso se trata. Eso establece nuestra Constitución Nacional. Es el individuo el valor supremo, sin sujeción a corporación religiosa, militar o sindical alguna, esos resabios medievales con tufo a Comunidad Organizada que definen al peronismo como la Iglesia Católica sin sotana.

    No hace tanto (1966), un tal Caggiano, a la sazón cardenal primado, fue invitado a firmar el Acta de Asunción del gobierno de la Revolución Argentina; pomposo nombre para un incivil y salvaje golpe de estado. Mucho más cerca aún, el Presidente Alfonsín denuncia un pactomilitar sindical.

  • LA CHIQUITANÍA

    Cada vez que reecorro América Latina, me pregunto si no sería más correcto llamarla América Católica. El número de catedrales, iglesias, conventos, monasterios, es tal, que por momentos abruma. En lo que va del siglo XXI he vuelto al sur de Brasil en 2002: Curitiba, Ilha Belha, en 2003 estuve en Río, San Pablo, Belho Horizonte y Ouro Preto. También ese año anduve por Chile, un gran viaje desde Santiago a Punta Arenas, Puerto Natales, Puerto Montt, Puerto Varas, Valdivia, Temuco, Isla de Pascua. En 2007 viajé a Bolivia, estuve en Santa Cruz y desde ahí recorrí la Chiquitanía. En 2013, estuve en La Paz, Cusco, Lima, Quito, Guayaquil y las islas Galápagos. Volví a Chile en 2017 y 2018: Santiago, Valparaiso y también en 2018 viajé a Guayaquil, Loja y Vilcabamba.

    En la Chiquitanía ese poder omnipresente, abrumador, barroco sólo comparable con la invasión de los celulares en la vida privada de los últimos 25 años. La Chiquitanía es el Imperio Jesuítico. La Compañía de Jesús fundada por Iñaki de Loyola en 1534 fue aprobada en 1540 por el Papa Paulo III y confirmada en 1550 por Julio III (se adelantaron muchos años a otras compañías imperiales como la Compañía Británica de Indias Orientales de 1600). La fórmula institucional de la Compañía de Jesús reza: “Militar para Dios bajo la bandera de la cruz y servir sólo al Señor y a la Iglesia, su esposa, bajo el Romano Pontífice Vicario de Cristo en la tierra”. Opinó Napoleón de la militancia de los “compañeros jesuítas”: “Son una organización militar, no una orden religiosa. Su jefe es el general de un ejército, no el mero abad de un monasterio. El objetivo de esta organización es el Poder absoluto, universal. Poder para controlar el mundo. El jesuitismo es el más absoluto de los despotismos y a la vez el más grandioso y enorme de los abusos”.

    Cusco y Quito evidencian la puja entre jesuitas y otras órdenes religiosas. Impacta la Plaza Central del Cusco (Qosco, ombligo del mundo), donde se descuartizó a Tupac Amaru, la visible puja de dos inmensas iglesias tratando de ocupar la centralidad: por un lado la Catedral terminada en 1660 después de 100 años de trabajos, construida sobre el antiguo palacio del Inca (Huiracocha) y el palacio de armas del Inca (Sunturhuasi) y la iglesia de la Compañía de Jesús de 1668, edificada sobre Amarucancha. Siempre leí esto como dos casas bancarias compitiendo por la centralidad del mercado.

    Es la tercera vez que visito Cusco, en épocas muy diferentes. Aquel primer viaje iniciático a los 15 años y nuevamente a los 18, diría que fueron el mismo viaje, o yo, con seguridad era el mismo. En 2013, ha pasado medio siglo, ni el lugar y mucho menos yo somos los mismos, Starbucks, Mc Donald’s, Burger King no estaban en esta ciudad. Tampoco había entonces un Papa jesuita y además argentino. Que una sociedad como la nuestra haya engendrado semejante hecho en tan sólo 197 años de vida como nacióin es un tópico que bate todos los records. Que en menos de dos siglos hayamos creado las condiciones para que un individuo porteño conduzca la institución más antigua de Europoa y que además sea peronista, eso nos describe a la perfección como una sociedad estructurada verticalmente, con deficiencias democráticas e inclinaciones autoritarias. Es bueno recordar que el ser humano es el único animal simbólico y si uno presta la debida atención, los 32 rayos del Sol de Mayo, copian a los 32 rayos del emblema jesuita (16 de ellos rectos, 16 flamígeros).

    Es el mes de julio, es 2007, estoy en Santa Cruz de la Sierra. Anterior vez en esta ciudad, fue en 1973, llegamos entonces en los buses de Morales Moralitos, desde La Paz, con el objeto de tomar el tren hasta Corumbá, Brasil y de ahí a San Pablo. Otros tiempos, sin embargo, son las mismas voces de los vendedores ambulantes: “arrocito con pollo”, “chicha morada”. En ese entonces gritos de esquina a esquina, ahora amortiguados por el ineludible celular: idéntico timbre en Manchester, Capadocia y Santa Cuz de la Sierra. Siempre lo universal, ayer las campanas y la cruz, hoy I Phone y Samsung.

    Recorro la Chiquitanía: San Javier, Concepción, San Miguel, San Rafael, San Ignacio de Velazco, San José de Chiquitos. La belleza de los templos abandonados por más de 200 años, muestra hoy el resultado del trabajo de restauración arquitectónica y artesanal de suizos y bolivianos. Durante 25 años Hans Roth dedicó su tiempo a esta tarea hasta que murió en Suiza en 1999, aún soñando con sus iglesias. Me llamó la atención esta relación tan estrecha entre dos culturas, que al menos en la superficie, no parecen tener mucho en común; uno de los países con mayor renta per cápita (86.600 U$S), y el otro con un PBI muy alejado (3.143 U$S); sí comparten, en cambio la mediterraneidad, dos grandes lagos Titicaca y Lehmann, montañas muy bellas Andes y Alpes.

    También llamó mi atención, la adaptación de las estaciones del vía crucis a la actuaslidad; una de ellas muestra la muerte de Jesús y su enterramiento en una fosa, boca abajo y con las piernas sobresaliendo en forma de V; en otra se observa a los esbirros romanos, representados como soldados de uniforme camuflado color verde oliva portando pistolas y metralletas; en otra aparecen topadoras, tractores y camiones. La representación del poder no cambia: fe y armas, en el siglo I y hoy.

  • CUATRO REFLEXIONES SOBRE LA MEMORIA

    Marcel Proust, (1871 – 1922) le dedicó siete tomos a buscar el tiempo perdido. Su afán fue, es obvio, temporal.

    Samuel Beckett, (1906 – 1989), con el pesimismo, pero también con el particular humor del que sólo los irlandeses son capaces, intentó infructuosamente ubicar a la memoria en lo espacial.

    Jorge Luis Borges, (1899 – 1986) ejercita una memoria enciclopédica, intenta plasmar en la búsqueda de los libros de los libros, que para él no fue la Biblia, sino la decimo primera edición de la Enciclopedia Británica el misterio del tiempo evanescente.

    Yo, Alejo Santos, (ciudadano argentino) busco en la recreación de los recorridos (mis bitácoras), también sin conseguirlo, imitar el fluir del río que no deja de cambiar, para ser uno y el mismo. Intento al desterritorializarme, ser, no siendo, pero siempre regreso. Tampoco puedo salirme de la eterna calesita argentina que me transforma en un Sísifo de la llanura infinita.

    Marcel Proust, ha hablado de la “memoria involuntaria”, que es aquella que es incitada a volver al tiempo engañosamente perdido a partir de un sabor, de un olor. Su famosa magdalena, es el desencadenate del recuerdo que inutilmente intenta asir.

    Samuel Beckett, fragmenta ¿divorcia? a la conciencia, de los objetos, “res cogitans” y “res extensa” se baten en un duelo eterno y sin sentido, que a la larga no puede terminar más que en el absurdo de esperando a God-ot. Por momentos parece estar persiguiendo a un Joyce que se le escabulle por el laberinto de Dublin.

    Jorge Luis Borges, se busca en un espejo que hace años que le devuelve una imagen invisible. Intenta construir una torre de razón, sabiendo “que todas las empresas del hombre son igualmente vanas”.

    yo, Alejo Santos, espero ver mi rostro dibujado con los surcos de los itinerarios recorridos, asestar el golpe mortal en el memorioso Funes y saltar de la eterna calesita al Río que fatalmente me llevará al mar que vanamente vengo eludiendo.

  • MEMORIA

    Pero también es cierto que por las calles de New York donde me vino la idea del iceberg, yo no era un rompehielos sino otro inmenso bloque helado, flotando a la deriva, que guardaba bajo la superficie mi secreto y que mi memoria era el tronco al que me aferraba para no hundirme en el mar y que en la necesidad de viajar también hay algo de “I would prefer not to”. Es mi soporte para intentar eludir el inevitable “naufragué, venía navegando bien”, que Nietzsche toma prestado de Schopenhauer y que representa lo que para otros el dinero, la fama, el sexo.

    Caminar New York, Londres, India, ir a Alaska, Mongolia, Falkinas es ser consciente que camino por futuras Machu Picchus, Babilonias, Capadocias, Troyas, Bizancios. Saber de alguna misteriosa manera que la humanidad y toda nuestra historia somos como Petit haciendo equilibrio en el cable tendido entre las Torres Gemelas, pero 10 minutos antes que el primer avión se estrellara contra una de ellas. La memoria que soy, es a un tiempo la asociación entre Wakefield y Bartleby, una lucha constante entre Heráclito y Parménides, un río al que entro que eternamente no es el mismo; aunque Walter Benjamin me dice que “el recuerdo puede hacer de lo incumplido (la felicidad), algo cumplido, y de lo cumplido (el dolor) algo incumplido”.

    Quien sea que esté narrando “Funes el Memorioso”, señala que ” tal vez todos sabemos profundamente que somos inmortales y que tarde o temprano, todo hombre hará todas las cosas y sabrá todo”.