Autor: alejandrofrango.com

  • GEA: DE DESIERTOS, DE MARES, DE RÍOS Y DE CICLOS

    Gea es la tierra. Ha sido concebida como elemento primordial. En la “Teogonía” de Hesíodo (800 AC), su importancia es fundamental, pero casi nula en los poemas homéricos donde impera el Océano, personificado como el agua que rodea al mundo. Maravilla, al océano se lo representa como un río que corre alrededor del disco que es Gea. En la “Teogonía” se nombra a los hijos engendrados por Océano y Tetis, suman más de 3000.

    Desierto de Chorriaca, Provincia del Neuquén, dos geólogos nos traen por la ruta 40, asfaltada sólo en parte, hacia Buenos Aires. Venimos de Ushuaia, es 1975. Habíamos llegado por primera vez a la isla en febrero. Nevaba finito.

    -Este desierto, era un mar, nos dice uno de los geólogos y remueve la tierra con una rama y surgen amonites. Hay tal cantidad que parecen el infinito número de escarabajos que intentó salvar, en vano, Witold Gombrowicz en aquella desolada playa del sur de la provincia de Buenos Aires, tratando de darlos vuelta y colocarlos sobre sus patas antes de que murieran calcinados por el sol.

    Armamos una fogata y lentamente asamos medio cordero sobre improvisada parrilla, en el fondo del mar. Vino tinto. Duraznos, tiramos los carozos a las brasas y despiden una leve llama azulada.

    -Aquí abajo hay restos orgánicos, hay petroleo, nos comentan. Hay gas, estamos hablando de 100 millones de años. Es tierra de volcanes. Otra imagen de la felicidad.

    Estoy en Islandia, es 2013, también es verano, también está helado, también hay volcanes, también nieva finito. También acabo de comer cordero en “Lakjarbrekka”, un restaurante elegante que según se detalla en la carta, significa “el arroyo que se desliza por la loma”. Cabernet Sauvignon de Bordeaux. Salgo a caminar, está frío. Camina a mi lado un hedor nauseabundo a alcohol, después veo al hombre. Me aparto, es hediondo: caminamos al mismo ritmo, quiero perderlo: me detengo, él se detiene, apuro la marcha, me alcanza, me pasa, cae muerto, rueda por la loma donde se desliza el arroyo. Fue tan sólo u n instante. Me vino la idea de los 100 millones de años y la muerte súbita, tal vez por las comparaciones entre Tierra del Fuego e Islandia, que había anotado en la bitácora, antes de partir, tal vez porque compré la Volsunga Saga y leí el nombre de Snorri Sturlson, imposible no asociarlo con Borges. Me acordé de cuando narró su experiencia en un almacén de Santa Ana do Livramento donde vio a su primer muerto, resultado de un parroquiano que al ver una calva redonda de otro que apoyado en el estaño se demoraba frente a una ginebra, pensó, que nunca se le presentaría un blanco tan prístino, sacó entonces la pistola y le reventó el craneo por la nimia (Borges debe haber escrito baladí) razón de la oportunidad gratuita, para incrementar su prestigio ante la pasividad de la clientela, que tras un tenso silencio siguió bebiendo y cantando “retruco”.

    Fue en ese año de 1975, cuando después de varios intentos fallidos a lo largo de por lo menos diez años, entendí y me sentí miembro de una cofradía secreta, ya que comprendía el “Ulises” de Joyce; a partir de entonces la literatura fue para mí AJJ/DJJ. Fue ese mágico encuentro que se produce cuando uno en Chapadmalal recoge una botella que alguien arrojó al mar desde el fiordo de Sogne, en Noruega y dentro de la misma hay una nota que dice:Die Welt ist alles, was der Fall ist. Sogne, Fjord. Y esta es aún, una más bella imagen de la felicidad.

    En el capítulo de los “Comedores de Langostas”, cuando Bloom que también camina al ritmo de un paso, una letra, otro paso, una palabra… fue que por fin entendí que es posible caminar por Dublin abrigado por un Macintosh, y ahí, en la nublada jornada cerca del río Liffey, ahí en la Westland Row (por la que caminaré en 2006) Bloom parado frente a la vidriera de la Belfast and Oriental Tea Co., lee la información estampada en los envoltorios plateados: mezcla elegida, más fina selección, té familiar, bien caliente y de súbito surgen las lianas y orquídeas de los jardines de Ceylon (que disfrutaré en 1980), donde la gente en ropas livianas se tira al pasto y se deja arrobar por el calor del sol en un “dolce far niente”… y no paré de leerlo y lo llené de notas, porque así han de leerse los libros, escribiéndolos, invadiéndolos y dejándose invadir por ellos y eso me introdujo en ese tren de gran velocidad del Finnegans Wake que termina-comienza en la página 628 “…a long the…” y se inicia-termina en la primera página y es entonces el río que corre…”riverrun past Eve and Adam’s by a commodious viccus of recirculation y es entonces Gian Batista Vicco (1668-1744) y su Sciencia Nuova, corsi e ricorsi de l’historia, el glorioso siglo XVII y fue el fin del otra vez del velorio y del despertar y entendí por fin y para siempre, que es el lector que hace tren la calesita.

    (NO ES LA HISTORIA LA QUE SE REPITE, SINO LA NATURALEZA. PENSAR LA REPETICIÓN EN FUNCIÓN DE NOSOTROS, ES FANTASÍA DE NIÑO CAPRICHOSO QUE QUIERE SIEMPRE SER EL CENTRO. LO QUE SE REPITE EN MILLONES DE AÑOS SON LOS CATACLISMOS, DE LOS QUE SOBREVIVEN UNOS POCOS QUE COMIENZAN OTRA VEZ, AHORA SÍ LA HISTORIA. VUELVE EL HOMBRE A HABITAR CAVERNAS, SOBREVIVEN BESTIAS DEFORMADAS, QUEDA EL TERROR A LA EXPLOSIÓN O AL AGUA INSCRIPTO EN ESOS POCOS: SE INVENTAN DIOSES PROTECTORES. NOSOTROS NO SEREMOS MÁS QUE RESTOS ORGÁNICOS EN ALGÚN DESIERTO COMO CHORRIACA, CON SUERTE GOTA DE COMBUSTIBLE).

    Calesita, que hasta en la corta literatura argentina, vuelve a transformarse en tren después de la travesía de “El Vestido Rosa” en eso que magistralmente César Aira (una literatura en sí mismo) hace en el cuádruple homenaje a Borges; primero y explícitamente con “Las Ovejas” (1970) a la que llama “novela” y luego con “Moreira” (1972), “Ema , la cautiva” (1978), “El vestido Rosa”(1982) al que denomina “cuento”, homenaje provocativo, irónico. Quintuple si incluímos “La Liebre”(1987) poblado de viajeros ingleses recorriendo la pampa. La “novela”, es un cuento sobre la supervivencia de las ovejas Kitty, Moussy, Rosie, Tabby, Biqui, Peti, Cathy, Reti, Poppy, Dorothy (“rubias de New York”), en la infinitud de la Patagonia que vibra al ritmo de lo que Jaspers Johns (1930) llama arte y que consiste en hacer una cosa, después otra cosa, después otra cosa, después otra cosa, lo que lo iguala al viaje y su corolario: el relato. El homenaje al maestro finaliza con la argumentación a toda orquesta por la re-escritura (Pierre Menard style) de significativos pasajes de “Nueva Refutación del Tiempo”. En la “novela” “Las Ovejas”; esa balada lanuda patagónica; donde Moussy, anciana es George Berkeley (1685-1753), Cathy de lana graciosa y gruesa es el idealista Arthur Schopenhauer (1788-1860), la pequeña Kitty es el inmenso David Hume (1711-1776) y Dorothy plena de níveos vellones es Gustav Spiller (1864-1940). Con agudo criterio Ada Korn editora allá por 1984 publica un volumen con “El Vestido Rosa” “cuento”, eterna y vueltera calesita argentina que fue escrito en 1982 y a continuación “Las Ovejas” “novela” de 1970 en una inquietante inversión no sólo temporal.

    Me comprenden ahora por qué cuando paseo gente por el Mercado de Hacienda de Liniers: mujidos, reseros, campanas, galopes, tranqueras, martillos y voces son “la más maravillosa música que llevo en mis oídos”, LIBERTAD, LIBERTAD, LIBERTAD.

    “.. a long the…riverrun, past Eve and Adam’s” y así con el Liffey, río de vida, uno se mete en ese mar de palabras que es el Finnegans Wake ¿dije mar?, río, río, si hay una novela río, es esta, la última de Joyce, última, primera o única, río que es lenguaje, que es el río por el que el lector navega. La primera parte del Finnegans Wake, “El Libro de los Padres”, comienza queriendo saber todo sobre Anna Livia Plurabelle, que es el río Liffey, que es la vida. Las blondas mechas de la cabellera de ALP, son los ríos y meandros que forman un gigantesco laberíntico delta. En ese capítulo se mencionan docenas de ríos: Pilcomayo, Negro y de la Plata son los que a los lectores de estas tierras, nos llaman la atención. Y, es aquí, en el río que no nombra Hesíodo y que sospechó Heráclito, en el río de la Plata, donde vengo a diario a escribir estas islas, que construyen una oración, un párrafo, un capítulo, un texto, un libro y un libro es un río en el que tampoco nos bañamos dos veces. Leer el capítulo de ALP a orillas del río de la Plata, en el muelle de Pacheco, en San Isidro, en el último mechón del delta del Paraná, es ver reflejado en un espejo de agua, la novela de James Joyce.

    Leer este libro, en este lugar, es volver a unir el andrógino. El río de la Plata es un río de ríos, un río que forman el Uruguay y el Paraná que en el momento de diluirse y conformar el estuario, parece querer despedirse de las orillas que lo vienen custodiando en su cauce; dejando como flecos de tierra que enmarañados, arman este laberinto de más de 20.000 kilómetros cuadrados que es el delta del Paraná. Anna Livia Plurabelle transformada por las letras-islas en telaraña líquida. Es en el ensayo de Juan José Saer, “El Río sin Orillas” donde leí que el delta en su configuración geográfica tiene forma de sexo de mujer, es el sexo de Anna Livia y tal vez, esta espesura en sus meandro, arroyos y Bajos del Temor ¡socorro Sigmund!, sea la representación del pelo púbico rodeando al delta. Es curioso que viniendo de un hombre del interior, de Serodino, provincia de Santa Fé, su visión del río de la Plata coincida con la del europeo llegando al estuario. Mi vida poco tiene que ver con el mar, mi vida es ribereña. El río ha sido mi centro. Somos varios millones asentados en el estuario, donde cabrían los Países Bajos con holgura. La desembocadura es un. final, el problema es que ese final lo han relatado como final del viaje y no como terminación del curso del río. Hay en ello dos visiones de la realidad. El final puede ser presentado como culminación del periplo marino, como un “fait accompli”, “que vinieron las proas a fundarme la patria”. La narración sobre el río es siempre desde el puesto de vigía, desde la escotilla de un barco español, desde el catalejo de algún corsario, desde algún sabio clasificador de especies, desde el ojo de buey de una bodega de tercera clase pringosa de ajo, sudor, ave marías. La narración del río es siempre ultramarina. Volviendo al simil saeriano, el relato siempre se estructura desde el pene y no desde los labios vaginales. Desde el interior, es otra la visión, desde el corazóin de la tierra del cual parte un sistema de venas que irriga la llanura. La visión no desde el Mare Nostrum, sino desde la Mesopotamia.

    Dibujo mapas de los territorios viajados, diseño croquius de territorios literarios. Mi mapamundi es fragmentario, 68 países visitados, no son el planisferio, mis lecturas son incompletas; en mi poblada biblioteca hay algún libro que jamás leeré. Mi mapa ribereño comienza en el puerto de Olivos. De chicos jugábamos en la arena y en la montaña de cantos rodados que las chatas areneras descargaban en el playón del pequeño puerto. Muy cerca de la Martello Tower, en Sandycove, tuve una vivencia similar en la playa de aguas plácidas, de pronto estuve en Olivos. Hasta los toboganes y hamacas con hierros pintados de colores brillantes se les parecían a los de la niñez. Con los amigos del barrio, ir al río era siempre una aventura. Cruzar Libertador y bajar corriendo la barranca de la calle Paraná hasta el andén de la estación Anchorena, era ya estar en territorio propio, sin autos, con personajes que pasaban y se perdían en la espesura de cañas y sauces, en casas de madera precarias; era un mundo sin padres. Saltábamos de tosca en tosca cuando había bajante y en la playa se veían las ondulaciones que había dejado el agua. Buscábamos algún bagre o mojarrita que hubiera quedado atrapado en un charco y jugábamos con él y había una discusión entre salvarlo llevándolo al agua o dejarlo luchar por mantenerse vivo en ese estrecho lago a la espera de la creciente. Apenas terminadas las clases en noviembre, nos metíamos en el río en calzoncillos y nos tirábamos pelotas de barro y nos peleábamos y reíamos y cuando comenzaba a atardecer, volvíamos agotados y colorados a trepar la barranca, al cruzar Libertador ya éramos otra vez los chicos de ciudad, pero sabiendo que nuestro lugar era aquel, el de la orilla, el del horizonte lejano.

    Como en el inicio de los tiempos. Como cuando Heráclito escribía en sus tablillas, ¿es que hay algo más similar a una Tablet? ¿es que un código QR no es un laberinto? Hoy en 48 caracteres podemos escribir los fragmentos, tal vez superficiales, que podrían ser descubiertos por arqueólogos del futuro que intentarían reconstruir una cultura (la nuestra) en base a insignificancias de la vida cotidiana, donde podrían convivir versos de “Muchacha Ojos de Papel”, con la incompleta receta de un a chocotorta que una señora envía a otra para Navidad, combinados con versos de Philip Larkin dejados en un cuaderno junto a otros de Hölderlin. Imagino la reconstrucción de nuestro mundo, en base a estudios de futuros científicos de aquí a 20 ó 30 mil años y así:”La cultura sanisidrense, en tiempos conocidos como “Feliz Navidad” (#) -se sospecha que para conmemorar el nacimiento de su dios “Puy Reden”, que tenía su templo en la barranca, frente al inmenso estuario (hoy desierto del Plata), llamado así por los utensilios hallados en el santuario, donde se encontró un fragmento de la receta de la chocotorta, que sería acorde con la últimas investigaciones de la prestigiosa Universidad de La Garche, una especie de sopa de pescados o mariscos, según el recetario, hallado in situ, firmado por Philip Larkin, renombrado jefe de banquetes, en colaboración con su ayudante, se cree que mujer, Hölderlin a quien por la blancura de su piel se le dedicó el himno popular “Muchacha ojos de Papel”; quien dejó anotada , en un dialecto hoy desaparecido (se cree que de la cercana Colonia, al otro lado del estuario, conocida también como Köln) la siguiente recomendación: Leif Sind, in Feuer getaucht, gecochet die Frücht und aun Der Erde geprüfet und sin Gesetz ist, cuya traducción aproximada sería ” Maduros están, hundidos en fuego cocidos y en la tierra probados los frutos”, lo cual ha hecho pensar a los académicos que para la chocotorta, los pescados y mariscos debían ser asados y no crudos como han sostenido los tratadistas de otras escuelas”

    (#)No se debe confundir con Xmas, que era una gran venta de productos para celebrar al dios NASDAQ, ni con Natividad de Iesu, un rito ancestral de una esotérica secta conocida como Katolikós.

  • LOCUTOR INTERIOR

    No todos escribimos, pero todos tenemos un “locutor interior”, como llama Marcelo Cohen, a esa voz que nos constituye más que las palabras y las acciones con las cuales nos presentamos y por las que los demás nos juzgan, nos aman nos desprecian, nos llaman o nos ignoran.

    Como en general no hay coincidencia plena entre lo que decimos y lo que callamos, entre lo que sentimos y lo quie expresamos, entre lo que pensamos y lo que argumentamos, no podemos ser más que personas: máscaras.

    ¿Qué va pensando la gente en los aviones, en los trenes, colectivos, cuando va manejando solo por un camino patagónico? ¿Qué piensa un niño de nuestro comportamiento?

    Se acaba de cortar la luz. También se cortaba en 1956, es decir siempre se ha cortado la luz, entonces he decidido que vivo en un tiempo donde es imposible que se corte la luz, he decidido que al salir en bicicleta, la calle ya no está empedrada, es ahora de tierra, el cruce de Libertador, es en cambio, atravesar un arroyo, mi bici es un caballo, mis Nike son botas, mi campera Gap acolchada es un abrigo de piel de oso, mi gorro de lana es un sombrero de fieltro, mis Levis una suerte de amplia bombacha de lana rústica y cuero. Desde la calle Rivera Indarte y Roque Saénz Peña ya se divisa el mar, es junio de 1421, por momentos es Francia y lo que veo es sólo el mar. Por momentos es Irlanda y estoy rodeado por mar; me doy cuenta que aún no se ha descubierto América, entonces desmonto, estoy caminando descalzo, soy un guaraní que certeramente acaba de cazar una liebre. Me toca bocina un amigo desde su Land Rover, bajo de la bici, charlamos, vuelvo a montar, es nuevamente la Edad Media, 1521, voy cabalgando senderos de España, huelo Mediterráneo, veo que zarpan carabelas, ya que el Tratado de Tordesillas del 4 de junio de 1494, ha calmado las tensiones entre los Reyes Católicos y Juan II de Portugal, está saliendo Macri de su casa de José C Paz, los custodios me distraen de mi ensoñación, bajo por la culebra de Vicente López, ya voy en un carruaje, he decidido que es 1621 y cambié de geografía, soy ahora Francisco de Borja y Aragón, décimo segundo Virrey del Perú y acabo de firmar una sentencia de muerte y me estoy yendo a casa de una de mis queridas, apuro la pedaleada porque mi I Phone me ha dicho que el sol sale 7.56 y quiero estar a esa hora en el muelle de Pacheco para darle la bienvenida. Estoy ahora en la senda costera pasando la calle Perú, ya es 1721 es Rosslyn Chapel, soy Sir James Sinclair, quiero instalar vidrieras en la capilla, estoy dando instrucciones a los operarios, es el momento en que Anselmo detiene el carruaje, es 1821, soy Juan Martín de Puyrredón, he llegado desde Buenos Aires a descansar unos dias en mi chacra Bosque Alegre. Entro por fin a caminar el muelle de Pacheco, sale el sol huevo frito, cuyo reflejo en las ventanas de las casas bajas del puerto de Buenos Aires parecen saludar a los inmigrantes que arriban en el Massilia en 1921. Puerto Madero parece teñido de naranja ¿cómo quedará la economía argentina, cuando este virus termine? Pienso en mi economía; se sabe, es un principio básico que el Patrimonio es el Pasado, el Consumo es el Presente y el Ahorro es el Futuro. Fiel al “carpe diem” vivo en un eterno presente, es mi costado inmaduro, hasta infantil de mi personalidad, en este aspecto soy muy argentino, demasiado. ¿De dónde nos viene? ¿De dónde nos viene ser una democracia autoritaria? Batista, Somoza, Stroessner, Perón, Pinochet, Castro, Chávez, Maduro, Ortega, Buquele, Correa, Kirchner, la senda histórica de América Latina, nos viene, no tengo dudas de la única potencia imperial que nos ha dominado y limado el cerebro, de la que se regocija con y bendice a la pobreza, la que despóticamente impuso la verdad, la suya, la del poder, el Imperio de la Iglesia Universal, la Católica. ¿Es que alguno cree que la institución más antigua de Europa hace algo porque si? Acaso la gran usina de las teorías conspirativas desde siempre, eligió un Papa, jesuita, argentino y peronista porque tiene voz de corderito y mirada de gavilán mixto, porque es devoto de los humildes y porque viene del fin del mundo? El poder no se maneja así “Autoritas non veritas facit legem” ha dicho Benedicto XVI.

    Julia Domna (170-217) casada con el Emperador Severo, gran conversadora al punto que pasaba gran parte de la jornada con los sofistas, al quedar viuda, cayó prendada de su hijastro (aunque todos decían que era su hijo Antonino Caracalla). Un día de intenso calor y perentorias necesidades de sexo, Julia , que era muy bella aparece decididamente semi desnuda en los aposentos de Antonino, quien exclama: -“Querría si fuera lícito” a lo que Julia respondió -“Si te gusta, es lícito; ¿acaso no eres el Emperador que promulgas las leyes, no que las acatas?”

    Vuelvo a 2021, ha vuelto la luz.

  • EN LOS BORDES

    Tu tía Sara era mi tía Ana, quiero decir que de alguna manera tu familia era como mi familia. Por alguna razón perdí la confianza muy rápidamente en la resolución de los problemas colectivos, que cuando sucede a una temprana edad, esa falta de confianza significa que los mayores sabían tanto como uno de cuál era la manera de resolverlos. Al principio pensé que era la incapacidad de mis padres, con el tiempo me di cuenta que lo que pasaba en casa, pasaba en la tuya, en la de los primos, en la de los vecinos, en el colegio, en el país, en el mundo. Tu tía Sara, Sammy, era igual a mi tía Ana. Es curioso, ante cualquier iniciativa: ir al campo, ir al club, hacer un asado, salir de vacaciones, mi hermana reaccionaba con entusiasmo y una alegría que a mi me causaban exactamente la reacción opuesta. Me daba la impresión que ella salía a una autopista, yo, en cambio, ante un evento social veía el alambre tendido entre dos torres y en el medio un vacío y ahí me tenía que poner a hacer equilibrio, lo curioso es que ella siempre chocaba, yo cruzaba y llegaba al otro extremo, tenso como la cuerda que me sostenía.

    La tía Sara, tu tía, te provocaba Sammy, lo mismo que a mi, Ana, mi tía. Vos sentiste lo mismo que yo el día que ella me preguntó cuando era mi Bar Mitzva y a vos tía Ana te preguntó ante mi traspiración cuando tendrías tu Primera Comunión.

    Estoy aquí apoyado en la balaustrada del Brooklyn High Promenade mirando la orilla de en frente y pensando en vos y en nuestra infancia, allá en Buenos Aires. Es la primera vez que estoy aquí sin las Torres. Hay un vacío ahí en frente, como el que siento dentro de mí. La primera vez que las ví fue inmediata la asociación con las tablas de la ley, sí, las tablas que Moises recibiera de Dios, con los 10 Mandamientos. Se acabó un mundo, sí ya sé que el mundo se acaba a cada instante, pero la caída de las Torres, es realmente la caída de un paradigma. Se rompió la ley, quedó el vacío, ya no hay ley de Dios, se acabó el recibir un mandato que viene de otra instancia, no porque la instancia fuera creíble para mí, pero era una ficción universal donde robar, matar, desear la mujer del prójimo, mentir tenían un peso social. Desde el cielo hoy se cayó un paradigma y quedó GroundZero.

    Sara hizo un silencio cuando entendió que yo no era judío, similar al suspiro de Ana cuando se enteró que vos nunca harías la comunión y ahí nos hicimos más amigos que nunca si bien no lo hablamos. Porque no hacía falta, uno empieza a hablar para explicar lo inexplicable, uno está en una permanente explicación con aquellos a quien uno no siente.

  • UNDERGROUND

    From the very first moment they open an eye,

    They have to know they belong downstairs.

    Algunos atribuyen esta sentencia a quien en Londres concibió el subterráneo como medio de transporte público. Otros, ateos y mal intencionados a Dios.

    Hay en lo lejano visible un camión rojo enorme, en lo profundo un gesto de dolor y un ¿por qué? no pronunciado porque hay un tiempo en que uno carece de lengua y todo lo que siente lo expresa con el cuerpo. Luego las palabras de los otros nos cuentan esa historia que aparece en sueños y que hoy forma parte de la prehistoria personal.

    En los tweets suena el grito del cavernícola herido por el colmillo del mamut que acaba de matar.

    En lo profundo invisible, más no velado, hay lombrices, hay una caravana de hormigas, hay una carcajada, hay ternura, hay calles, hay trenes, hay camellos y jirafas y palabras que circulan, que te dicen, que te explican, que te envuelven, que te abrigan, que te duelen, hay memoria y memoria de memorias.

    Más abajo el misterio que nos hace tolerarnos y a veces, muy pocas amarnos, otras querer matarnos. En la superficie, hay espacio, camino, sol, un río tan vasto como el deseo insaciable por saber. Pero hay también en la orilla del mar, ahí en la arena de la infancia una lengua que no habla porque alguien la cortó de un cuerpo: una lengua que no habla pero dice.

    A un tiempo somos Goya pintando “Saturno devorando a su hijo”, Saturno, el hijo y Goya comiendo, mirando a “Saturno devorando a su hijo”.

    La familia acaba de llegar a su casa recién construida en los suburbios del norte de Buenos Aires. Pisos de roble, canteros esperando poblarse de colores, chimenea de ladrillos, los dos niños, matrimonio y barrio, todo con olor a nuevo, todo augura un futuro de esperanza.

    Esas dos largas cuadras que separaban la casa del jardín de infantes “The Doll’s House” eran un cuadro descriptivo del país que comenzaba a padecer. El mapa no es el territorio, pero el barrio era un croquis elemental con líneas señalando al progreso sin límites, pero con un pasado laberíntico, quebrado, no del todo comprendido, pleno de misterios. El barrio era un iceberg, bello en la superficie, amenazador en lo invisible. El barrio era un barco navegando por un mar infinito. Ahí estaba el desafío. Y el barrio fue el Titanic que en 1912 se había hundido en las gélidas aguas del mar del Norte. De 1912 data la Ley Saénz Peña, un baño de realismo ante un mapa que se había poblado rápida y desordenadamente, sobre un territorio pleno de icebergs.

    En esas dos cuadras que eran el mundo, ambas orillas de las calles hacían referencia a barcos que de alguna manera decían que en un tiempo todos habían venido del agua: Alferez Hipolito Bouchard, Comandante Rosales, eran el núcleo central, pero ahí pegadas estaban Moreno (se necesitó tanta agua para apagar tanto fuego) y un poco más allá Paraná, gran divisoria de aguas, límite sobreentendido de la geografía de la niñez. También había otros nombres que mentaban geografías lejanas: españoles, italianos, franceses, alemanes, portugueses,ingleses, árabes, judíos, húngaros, polacos, criollos.

    En lo profundo invisible, en los terrenos baldíos, la orilla del río, el fondo de los cajones, en los placares, en el altillo, en los silencios, en la historia que nos han contado, hay siempre un misterio.

    Al tiempo se hizo un largo silencio, acompañado luego por un murmullo al que siguió la voz grave del locutor con música fúnebre:”A las 20,25 la señora Eva Perón, jefa espiritual del movimiento ha entrado en la inmortalidad”. Un tiempo después- la cronología tiene otro ritmo en la niñez; se pudo ver en la novísima pantalla del televisor: aviones, humo, gritos, corridas, heridos, muertos, el murmullo ensordecía y Perón dejó de ser Presidente y hubo una cañonera paraguaya en que Mario Amadeo depositó a Perón y en el negocio de café donde yo iba a comprar caramelos, que se llamaba Morocco atendido por un atildado alemán al que arrestaron que se llamaba Joseph Mengele según algunos y según otros era Martin Bormann y se prohibió nombrarlo, (a Perón) el periodismo se dejó cortar la lengua y apeló a eufemismos: ex dictador, tirano prófugo; esa lengua fue anticipo de la que encontraría en la playa de la infancia, ya de adulto en una fría y soleada mañana de octubre de 1977, poco antes de partir para Londres para proseguir los estudios y ponerme a viajar y viajar y viajar para intentar entender.

  • AVATARES DEL SER Y DEL ESTAR EN RELACIÓN A LA SOLEDAD

    Hay personas que están solas y personas que son solas, así como hay individuos que son jubilados y otros que están jubilados. También hay personas que están ciegas y personas que son ciegas.

    Soy de los que creen que la rotunda afirmación de algo, encubre la negación de esa contundente afirmación. Soy un amante de la soledad, gozo con el silencio, me encanta viajar solo; todos los días salgo a andar en bicicleta por la orilla del río desde San Isidro a Olivos y regreso entre las 6 y las 7 am. Creo que los pájaros ya saben que deben despertarse y comenzar a musicalizar el día cuando me ven pasar. Cada vez que alguien me pregunta por qué soy soltero, respondo como lo hacía Vanessa Redgrave a su interlocutor Ian Holm en esa excelente película de David Hare “El Extraño de Wetherby”: “Porque le tengo terror a la soledad”. Esa esencial solitud que me define, me hace un excelente anfitrión, al punto que además de las compras, la cocina y la preparación de la mesa, siempre dibujo y escribo el menú, que luego los invitados se llevan de recuerdo; gozo de la conversación; hago un culto de la amistad y mis estudiantes antes de que me jubilara a los 70 años tenían la puerta abierta de casa para el estudio y la investigación y seguidamente una agradable comida.

    Acabo de decir que estoy jubilado, pero si alguno me pregunta ¿Usted ES jubilado? pongo mi peor cara, como para que se note y explico que decir que estoy jubilado indica un estado frente a la actividad rentada, pero no un acto de mi esencia, no es algo que me defina. Conozco ,sin embargo, gente que desde muy joven su máxima aspiración era jubilarse, e hicieron trampas como para engañar al sistema previsional: esos individuos SON jubilados y por lo general no se les escapa una idea creativa.

    Hay personas que han perdido la vista, son no videntes, están ciegos, pero han visto y ven con una claridad conceptual que ilumina el escenario completo de su tiempo, en Grecia, Homero ciego, nos invita a pasear y deleitarnos con nuestros antepasados fundadores del Occidente que habitamos. Entre nosotros Jorge Luis Borges (1899-1986), es para mí el escritor que mejor me ha conducido en mis caminatas por Buenos Aires, me ha guiado por la literatura inglesa, me ha emocionado, me ha hecho pensar, suelo agradecerle, lo llamo “nuestro Shakespeare”. Por otra parte, es verdad aquello de que no hay peor ciego que el que no quiere ver; me corrijo, hay uno peor, es aquel que tiene al oro y al poder por un fin y no por un medio y otro aún más ciego el dogmático, aquel que ha elevado una idea opinable a ideología.

    Leía hoy en una entrevista a David Foster Wallace (1962-2008) su respuesta a la pregunta ¿Qué te gustaría que hiciera tu escritura? formulada por Hugh Kennedy para la Whiskey Island Magazine en 1993 “Toda buena escritura de alguna manera se interesa en y actúa como un antídoto contra la soledad. Todos estamos terriblemente solos” Amo a David Foster Wallace y me sentí profundamente conmovido al enterarme que el 12 de septiembre de 2008, a los 46 años se suicida ahorcándose en el garage de su casa. Toda su obra me parece el trabajo de un genio, lo era objetivamente, baste tan sólo recordar que a los 23 años se gradúa summa cum laude en Literatura Inglesa presentando como tésis una novela, su brillante “La Escoba del Sistema”, y summa cum laude en Filosofía con una tesis sobre el Fatalismo en Richard Taylor. Los extremos se tocan y en seres con extrema conciencia chocan; las palabras de Zadie Smith (Londres 1975) comentando el relato de David “El suicidio como una especie de regalo” son su sentido homenaje a su admirado y querido amigo, dice Smith “El relato es un recordatorio de que existen almas desesperadas que sienten que su no existencia, en sentido literal, sería un obsequio para quienes las rodean. Debemos suponer que David era una de ellas”.

    Creo posible que algunos estén terriblemente solos. Sé, en cambio que todos podemos ser maravillosamente solos.

  • TELL THEM I HAVE HAD A WONDERFUL LIFE

    No creo que el savonés León Pancaldo (Savona, Italia) 1482 – Buenos Aires (Río de la Plata, hoy República Argentina 1540) haya podido haber expresado semejante sensación , que sí dijo Wittgenstein en 1951; entre otras cosas porque Pancaldo no hablaba inglés, en consecuencia habrá dicho Di’ loro che ho avuto una vita meravigliosa, pero tampoco lo dijo, porque en el Río de la Plata, ahí no más de que Pedro de Mendoza fundara la Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires y Pancaldo intentara hacer el primer negocio de comercio ultramarino, no le pagaron la mercadería, lo estafaron, el tano quebró y se murió. Tanta Santísima Trinidad y tanta Santa María no pudieron evitar una estafa que terminó con su vida. Por el contrario, yo podría decir lo que dijo Wittgenstein: Deciles que no sólo he tenido una vida maravillosa, sino que la sigo teniendo. Todo esto viene a cuento por la lectura de “La Amante de Wittgenstein”, novela de David Markson (1927-2010) de 1988, que me pareció muy interesante y muy agradable de leer, como todas las que he leído escritas por él. La novela, formalmente es una prolongada trenza de acontecimientos, algo así como la vida misma, entendida ésta wittgenstianamente como: LA CABEZA DE UNO ES EN CIERTO SENTIDO EL MUNDO ENTERO y sin duda como la trenza de acontecimientos que me llevó a su lectura. Vengo releyendo toda la obra de Wittgenstein y también acompañé la por momentos árida lectura con la novela de Thomas Bernhard “El Sobrino de Wittgenstein”, la biografía de Ray Monk “Ludwig Wittgenstein” y la biografía novelada de Bruce Duffy “El Mundo tal como lo Encontré”. La prosa de Wittgenstein me llevó a la poesía y ésta me recordó la escueta prosa, casi un conjunto de maravillosos tweets que son las novelas de Markson “La Soledad del Lector”; “Esto no es una novela” y “La última Novela” y descubrí (no lo sabía)que también había escrito “La Amante de Wittgenstein”, donde en su asociativa trenza aparece la ciudad de Savona que es la capital de la Liguria. Savona es una vieja ciudad que fue aliada de Cartago durante la segunda Guerra Púnica, fue sometida por Roma en el 180 AC, destruida por el Rey longobardo Rotari en el 641, pero recupera su dignidad en tiempos de Carlomagno y se constituye en ciudad libre en 1191 y llega a su máximo esplendor en el siglo XV cuando recibe el nombre de “Ciudad de los dos Papas” ya que de la familia Della Rovere salieron los Papas Sixto IV (1414.1448) y su sobrino Julio II (1443-1513).

    A la ciudad se le atribuye el desarrollo y producción del jabón sólido, tal vez para limpiar las acciones de Julio II, conocido como “el Papa Terrible”.

    León Pancaldo, oriundo de Savona, circunnavega el mundo en la expedición de Magallanes y es uno de los sobrevivientes del viaje. En 1537 su espíritu emprendedor hizo que se embarcara en lo que iba a ser el primer intento de comerciar con el Perú navegando por el recién descubierto estrecho que lleva el nombre de su ex capitán, Hernando de Magallanes, pero resultó que el piloto confundió el estrecho y encalló en la ría de Gallegos y León Pancaldo decidió probar fortuna en el Río de la Plata donde encontró la estafa, la ruina, la quiebra, la ira, el desconsuelo y la muerte. Tal vez un anticipo de lo que vendría y de lo que hoy es, o no es acaso una estafa que un ciudadano que durante 30 años y 6 meses haya aportado dinero para jubilarse y hoy cobre 397.000 pesos cuando un servidor público con el cargo de senador cobre 10.000.000 de pesos que salen del bolsillo del jubilado que es quien le paga el sueldo, uno que es el Señor Ciudadano a él que es el Sirviente Público.

    León Pancaldo fue el primero, yo lamentablemente no seré el último. (Este artículo al igual que la estafa continuará).

  • LA CALESITA

    Es Buenos Aires, es digamos 1835, digamos también que ha llovido intensamente, y que las aguas del Río de la Plata han entrado en la ciudad debido a la sudestada. Todo es un barreal, todo está como pegoteado. Las paredes blancas del barrio del Alto quedan maculadas por gotones marrones, una suerte de tela de Jackson Pollock pero de lodo y mierda pintada por carruajes y cabalgaduras. Barro mezclado con sangre en las cercanías del Matadero de la Convalescencia.

    Digamos que es Cuaresma y que “la iglesia ha ordenado vigilia y abstinencia”, ¿por qué?, porque “la iglesia tiene por delegación directa de Dios, el imperio material sobre conciencias y estómagos, que en manera alguna pertenecen al individuo”. Digamos que “las campanas, comienzan a tocar rogativas, por orden del muy católico Restaurador”. Digamos ahora que es una mañana de mayo de 1993, y que me paseo por pasillos atestados de libros que Ricardo Rodriguez con dedicación ejemplar desempolva todos los días, mientras su mujer Etelvina Furt le alcanza unos mates. Estoy en “Los Talas”, entre Luján y Navarro, estancia que fue de Mariano Biaus desde 1824 y que es parte de la primera merced otorgada a Juan de Vergara en 1635 por el Gobernador Pedro Esteban Dávila y donde Esteban Echeverría, esbozó las líneas entrecomilladas, que con el tiempo puliría para escribir “El Matadero” en su exilio en Montevideo en 1840, pero que recién se publicaría en 1871, 20 años después de su muerte por Juan María Gutierrez.

    Echeverría, perseguido por Rosas, se guarece en Los Talas, donde escribe “La insurrección del Sur”, parte de “La Cautiva “y se cree que la “Apología del Matambre”. La dictadura de Rosas, expropia Los Talas y queda bajo administración del estado entre octubre de 1840 y mayo de 1850.

    “Los abastecedores, buenos federales y por lo tanto buenos católicos”. “La casilla donde se ubica el recaudador de impuestos y se asienta el juez del matadero, personaje importante, caudillo de los carniceros y que ejerce la suma del poder en aquella pequeña república por delegación del Restaurador”. “Viva el Restaurador y la heroica Doña Encarnación Ezcurra, patrona muy querida de los carniceros”, escribirá Echeverría y describirá el degüello de un niño con un lazo, una pelea por menudencias, la vejación de un unitario”.

    Dirá David Viñas que la literatura argentina comienza con Rosas y con una violación. Una mazorca anal, o estará más próximo al encuentro de las palabras y las cosas, decir “le metieron un choclo por el culo”; al menos esa fue la intención pero el pobre sujeto reventó antes debido a los apremios ilegales a los que fuera sometido. La violación de derechos no tuvo límites.

    Rosas , el padre fundante gobernó con mano de hierro, con la suma del poder público, como condición para aceptar el cargo de Gobernador. La aprobación de la Legislatura y la permisibilidad de “el pueblo de Buenos Aires (que) atesora una docilidad singular para someterse a toda especie de mandamiento”, nos recuerda Echeverría.

    Errar entre libros (he leído algunos miles), errar por el mundo (he visitado hasta ahora 68 países). El viajero, el gitano, el nómade, el que quiere ver desde la cima el curso del río, pero que bajando al valle quiere trepar a lo más alto de la montaña. No pertenecer a ningún lugar o querer estar en todas partes. Desterritorializarse. El judío errante, el lector insaciable; no tener nada para ser todo; algo de eso hay en el que vaga. ¿Irresponsabilidad? ¿Eternización de la adolescencia? Me han hecho estas observaciones; las escucho atentamente, pero hay algo que repiquetea en mi cerebro, son las palabras de Aristóteles en La Política:”El hombre es un animal social, el que vive solo es una bestia, o un sabio” Tal vez sea una bestia como el visón, el jaguar, la marta, el hurón, Pascal Quignard. Creo, sin embargo que hay algo más profundo en esta errancia que tiene que ver con una respuesta a mi eterna pregunta ¿Qué estoy haciendo aquí? pero ya más enfocado a lo cultural nacional y no a lo filosófico: ¿Qué significa ser argentino? ¿Qué significa ser miembro de una sociedad que intentó crecer como liberal, habiendo copiado nuestra Constitución de la Constitución de los Estados Unidos, de corte liberal y protestante después de interminables guerras civiles y una dictadura de 22 años de un monarca absoluto y despiadado que representó al absolutismo como en los mejores tiempos del mismo, cuando el monarca era el representante terrenal de una jerarquía celestial.

    El cónsul inglés en Buenos Aires, Woodbine Parish dice de Rosas, que no hay monarca en Europa que tenga semejante poder soibre vida y propiedades de sus ciudadanos. Nos recuerda Shumway que Nicolás Anchorena, el poder detrás del trono, sostenía que había que volver a la instauración del Pontífice Católico, como un rey universal. Bien eso fue Rosas a nivel local y gobernó con la suma del poder público durante los años fundantes del país. Tan así fue que ese absolutismo marcó a fuego a sus sucesores, para quienes parlamentar ha sido siempre sinónimo de debilidad. Su vencedor en Caseros, fue descripto por Borges “Llegó a Palermo con galera y poncho colorado, Urquiza, el otro Rosas”. Alberdi describe a Mitre como a un Rosas con Frac. La calesita como metáfora de la historia del país, del mío, del tuyo, del nuestro.

    Es agosto de 2019, 31 de agosto, acabo de dejar a un matrimonio de norteamericanos en un hotel de Recoleta. Pasamos el día en un campo en San Antonio de Areco. Acaban de suceder unas elecciones, llamadas Paso, que han dejado en una suerte de limbo al gobierno que las perdió ampliamente y al potencial futuro Presidente del principal partido opositor “Frente por todos”, que es básicamente la unidad del partido peronista.

    Tomo el tren en Retiro.

    El público del tren del sábado al atardecer, no es el mismo al de cualquier día hábil en ese horario. El del sábado a la tarde es un conjunto heterogéneo de gente que viene de trabajos informales (changas) o free lance, como es mi caso, estudiantes universitarios, parejas de jubilados que vienen de alguna recreación dde la tercera edad, guardias de seguridad que vuelven a sus casas y otros que van a ocupar sus lugares, parejas de jóvenes de clase media baja, algún venezolano exiliado que trata de hacerse de algún peso tocando la guitarra, gente mayor, muchos solos. Sube en Nuñez una pareja y sus dos hijas, estimo de 2 y de 4 años. La más pequeña va dormida en un cochecito, la otra mira los dibujos de un libro que le alcanzó su padre. Bellos, muy sonrientes, se los nota muy bien, con ropas gastadas, y en el caso del padre , andrajosa. Ambos chequean sus celulares y, ella comenta un mensaje recién recibido que les provoca una carcajada. Se los ve muy pobres, me da la impresión que habitan una villa o barrio carenciado de Virreyes. Son exponentes de un conglomerado suburbano que subsiste desde hace años como puede, son parte de los que han votado al candidato de la oposición ganadora que, curiosamente también fue votada por gente de clase media alta de Palermo y Recoleta. Con todo esto en mi cabeza, llego a casa y voy a mi bitácora del año 2017 que registra mi viaje a Marruecos, algo de ese bello, aparentemente feliz grupo familiar me remonta a una imagen en la Kasbah de Imlil al pie de las montañas Atlas a unos 1800 metros de altura, al inicio del desierto a unos 100kilómetros de Marrakesh, donde me alojé unos días. Anoté entonces:”Es Imlil, es Marruecos, es marzo 2017; desde la ventana de mi cuarto veo a un grupo de mujeres, rodeadas de niños que juegan y gritan. Las mujeres acaban de venir del río donde han lavado la ropa, la tienden, sale humo por la chimenea de la casa pobre en la que viven. Al atardecer las mujeres recogen la ropa que se ha secado, llegan los hombres, son pastores. Se hace silencio, la luna resalta el perfil de la casa con la chimenea humeante. Años haciendo lo mismo. La vida campesina de los súbditos de un monarca que cuando viaja por el mundo es recibido por reyes, presidentes y primeros ministros. Planos, visiones, concepciones dispares de la vida: pastores, niños, reyes, turistas”. Tengo anotado en la bitácora un pensamiento de Virginia Woolf, “Estoy sola en un mundo hostil. El rostro humano es atroz”.

    El rostro de aquellos pastores, los rostros de la familia del tren, no tenían nada de atroz, eran rostros bellos, es gente que no trasunta angustia. Sin embargo lo de la atrocidad del rostro humano me queda grabado en algun lugar de mi cerebro. Cuando pienso en los 73 millones de seres humanos que se tragaron las dos guerras mundiales, para tan sólo citar dos eventos entre los miles que documenta la historia, las palabras de Virginia Woolf cobran contundencia.

    Es curioso, ya que mencioné las elecciones en el país, que ayer estaban en las columnas de los diarios: los rostros de los políticos, las palabras de los mismos son atroces, plenas de huecas promesas para lois pastores de Imlil, para la familia del tren.

  • MONEDITAS

    Es 1998, estoy en La Habana; es 1999, estoy en New York; es 1980, estoy en cualquier ciudad de la India. El común denominador de las tres caminatas, es el dinero, la omnipresente plata y como si fueran las dos carátulas, la pobreza y la riqueza; aquello por lo que se ha movido, se mueve y se moverá este maravilloso e incomprensible planeta que forma parte de la Vía Láctea, que es una galaxia espiralada que contiene al sistema solar, donde la Tierra ni siquiera ocupa el centro de la misma, sino un brazo menor llamado Orión.

    Malecón de La Habana; Raquelita y Luisito (así se llaman entre ellos), son hermanos y están atareados en desenmarañar un nudo gordiano en el hilo de nylon marrón, enrrollado a una lata de Tropicola (versión revolucionaria de la norteamericana Cola), con la que intentan pescar. La línea tiene anzuelo, tiene plomada pero no tiene pescado. Ellos tampoco tienen comida suficiente. Nos abordan sonrientes, se los ve muy alegres y maduros. Hablan como si tuvieran una edad mayor a la que aparentan. Al rato, casi cuando nos estamos yendo, viene el pedido de un dolar.

    Habana Vieja, me siento a la mesa de un bar en la galería, pido un mojito. “Regálame esos tenis “(por mis zapatillas), me dice un muchacho de alrededor de 20 años. “Amigo, los tenis”, insiste ante mi indeferencia. “Monedita”, me pide un mendigo. Se acerca un hombre empujando a otro en silla de ruedas. Me extiende una caricatiura (supuestamente de mí), está firmada “René”. El que empuja la silla insiste imperativo: “Monedita, para René”.

    Es marzo, es 1980, es cualquier lugar en la India: los mendigos, lisiados, ciegos, amputados son legión. Las manos extendidas ante un occidental son lo primero que uno ve al salir del hotel, de un restaurante, al bajar de un taxi, de un tren o tan sólo al caminar. El primer día doy moneditas a casi todos -son de una denodada insistencia. A la noche, me doy cuenta que he dado en limosna, un importe equivalente a lo que cuesta un dia en donde me hospedo. Me digo: detesto la pobreza el asistencialismo, la menesterosidad y ahí se acabó; aunque seis meses en India hace 45 años no han borrado de mi memoria, ni de las calles de Madurai, Bangalore o Delhi el persistente “Rupee!, Rupee!, Rupee Baba!

    New York City, Lexington Ave., nieva, es enero es 1999; acabo de salir de tienda elegante con bolsa cde compras. Un rubio, alto, blanco, joven Wasp, en ojotas, sin medias, agita un vaso de aluminio con las moneditas dentro bailando ruidosamente y acompaña con Change!, Change!, Change!

    Leo en “La Hoguera de las Vanidades” de Tom Wolfe: “Soy tan sólo una pequeña niña de Carolina del Sur, pero mi marido tiene 100 millones de dólares y un departamento en la Quinta Avenida”

    ……………

    ……………

    “Dijo que lo llamaste y le vendiste 3 millones de bonos a 102. También dijo que le dijiste que los compremos rápidamente porque estaban subiendo. Esta mañana estaban a 100”.

    Moneditas.

    Desde el primer día que la leí, la leyenda me sonó a imperativa obediencia IN GOD WE TRUST, aunque me pareció una mejor ficción que el sonsonete “es más facil que pase un camello por el ojo de una aguja, que entre un rico en el reino de los cielos”. Nací en la cultura del camello; Tom Wolfe debe haber leído la ficción del dolar apenas guardó su primer billete en la alcancía de su niñez.

    Camino hasta el subte; tren número 3 hacia Brooklyn. Bajo en Clark Station, camino por Pierpont hasta Brooklyn High Promenade. En frente Manhattan, me siento a contemplar la ciudad, desde la quietud de este barrio que contrasta con el hormigueo nervioso de allá abajo. Abro el libro de cuentos de James Salter; leo “American Express”: “Tal como había dicho, la ciudad estaba dividida entre los que iban hacia arriba y los que iban hacia abajo, entre los que abarrotaban los restaurantes y los que andan por la calle, entre los que esperaban y los que no necesitaban hacerlo, entre los que tenían tres candados en la puerta y los que subían en ascensor desde el vestíbulo con espejos de plata y revestimiento de nogal”

    Pienso en Heráclito:”El camino hacia arriba y hacia abajo, es uno y el mismo”.

    Por todas partes moneditas, rupees, dolar.

    En todo sistema, en todas las épocas históricas el mismo espanto, por ese espanto aún hay dioses o tal vez porque la galaxia más próxima a nosotros es Andrómeda que en noche cerrada se puede ver sin necesidad de telescopio. Llegar al centro de Andrómeda nos llevaría 2.500 millones de años luz.

  • PRAGA

    Es Praga, es julio, es 2016: desde el centro de la plaza, al lado de Juan Hus (1369-1415), a mi espalda la iglesia de Tyn, miro hacia el Castillo, pienso en Kafka saliendo del palacio Kinsky. Se me ocurre que tal vez un día de 1911 estaba lloviendo, como está lloviendo ahora, torrencialmente. Me imagino a Kafka, viendo lo que entonces eran las bases del monumento a Juan Hus que se termina de construir en 1915, con la mirada desafiante a la imponente iglesia de Tyn; al igual que Giordano Bruno, mirando de la misma manera hacia el Vaticano desde Campo di Fiore.

    Pienso en Kafka mirando hacia el Castillo y lo pienso Gregorio Samsa ante la majestuosidad de su ciudad, lo pienso sintiéndose una frágil figura caminando hacia el barrio judío en dirección al río. La lluvia cesa súbitamente así como había comenzado. Lluvia de verano.

    Estoy en un café con “La Carta al Padre”, en una edición española de tipografía color sepia e ilustrado con fotos familiares; así aparece un Kafka niño, uno en el colegio secundario, la universidad, aparece su madre, obviamente el poderoso y amenazante destinatario de la carta, sus novias eternas, sus tres hermanas: Elli, Vali y su adorada Ottla, las tres asesinadas por los nazis. Cierro el libro y camino hacia la sinagoga Staronová, del siglo XIII, la más antigua de Europa, después camino hasta el cementerio, voy pensando en el Golem de Borges y en el Golem de Meyrink y visito la tumba de Judá León, que era rabino en Praga y mi “locutor interior”, como suele decir Marcelo Cohen, cita a Baudelaire “Gracias Dios mío por no haberme hecho mujer, homosexual, judío, negro”. En silencio camino lentamente: es mi homenaje a Franz.

  • DEL OTRO LADO

    Es la Banda Oriental, es Montevideo, es 2010, cada tanto me gusta vernos desde la otra orilla. Es como el lado de acá y el lado de allá, pero no tan lejos. Es como Esteban Echeverría y Florencio Varela pero sin Rosas, es como Onetti pero al revés. Es como Alicia pero por agua. Es como mudarte frente a tu casa donde viviste 25 años. Es otra vez como Wakefield.

    Esta calesita viene rotando sobre si misma y girando alrededor del sol. ¿Estamos hablando del mismo cielo, el Faraón que le pide a sus sabios que le dibujen las estrellas y yo recostado en el tejado, escuchando pasar las barcas areneras por este río? ¿Verían la misma luna Shakespeare y Cervantes?

    Estoy en Atlántida, llueve torrencialmente. Me refugio en un café cuyo dueño es un alemán, que dice estar harto de Alemania y que detesta a Angela Merkel. “Aquí hay paz”, dice.

    Estoy viajando a Colonia, mirando pasar el campo. Tomo un ómnibus hasta la entrada a Conchillas, una ex factoría inglesa (así la presenta el folleto de la oficina de turismo). En un minibús entro en Conchillas donde la compañía británica C.H. Walker explotó del lado de acá la cantera para obtener los materiales necesarios para construir del lado de allá el puerto que se llamará Madero.

    En 1910, Conchillas era un poblado inglés donde muchos empleados de la compañía se hicieron hombres de campo. Es cuando se produce el naufragio del Sophia del que se salva David Evans (1861-1938), el cocinero, emprendedor exitoso al punto que hace acuñar su propia moneda en la casa A. N. Bares.

    Llego a la orilla cercana del río, converso con Jean René, un francés de alrededor de 70 años, navegante solitario, que hace dos meses amarró su barco, para desde acá contemplar el lado de allá, que par él es Normandía. “Je cherche la paix”, me dice. Los que descansan en paz en el cementerio, al que me acerco, son Kent, Salisbury, Mc Cullock, Pyrke, Meyer, Hellsruch, según anuncian las lápídas. Me siento en la orilla del río y veo con total nitidez los edificios que están frente a mi casa del lado de allá, en San Isidro. La costa del lado de acá se eleva a 35 y hasta 40 metros; la del lado de allá, tan sólo a 8 metros.

    Duermo en Carmelo, en el hotel Los Muelles, en la habitación 301, en el bello ático con vista panorámica, sobre el Arroyo Las Vacas, el campo.

    Cruzo en lancha al lado de allá, a casa.

    Viajar es permitirse ser “otro”, ponerse entre paréntesis, es despojarse del EGO, ser nadie, tal vez encontrarse. Leo en “El Hacedor”: “Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años, puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara”

    Aún sigo poblando mis bitácoras.