Autor: alejandrofrango.com

  • SOLEDAD & SOLOIDAD

    Soledad es ESTAR solo, los que hablan de soledad lo dicen con tristeza, con amargura, se sienten abandonados, lo dicen con pesar y están enojados con el mundo, son los que padecen la condición humana; viven en un pasado idealizado o en un futuro esperanzador. Necesitan dioses. Líderes políticos. Un campeonato de cualquier cosa, obtenido por otros. Algo o alguien que los salve. Siguen tomados de la mano de mamá y papá. De ser argentinos, les gusta el tango cargado de nostalgias. La memoria, en ellos, siempre refiere a que todo tiempo pasado fue mejor y en materia de memoria sexual suelen alardear de los “logros” de cuando tenían entre 20 y 35 años, “de su rendimiento”. A los 65 años, como obedeciendo al mandato de la Seguridad Social, SON jubilados, engordan, ven televisión muchas horas, se ponen tristes y se sabe los seres humanos morimos de tristeza que adquiere las formas conocidas como ACV, depresión y un variado menú de cánceres que abarca desde el pelo a las uñas del pie. ESTAN solos y SON jubilados; si ahí se ubican, les deseo suerte pero no toquen el timbre de casa ni me sigan en Instagram.

    Soloidad es SER solo, los que hablamos de soloidad lo decimos con alegría, con entusiasmo, nos sentimos en relación con y estamos encantados de estar en el mundo, somos los que gozamos el “Carpe Diem”, habitamos el presente, gozamos el pasado que ya fue cuando fue presente y soy como soy por lo que fui e hice; el futuro será gozado en tanto se haga presente. Ni ayer, ni mañana: HOY. Si somos argentinos nos desagrada el tango cargado de nostalgias. No somos melancólicos.

    Soloidad, no existe como palabra (la inventé hace un tiempo) Aclaro, no vivo en una nube “flática” (a esta la acabo de inventar). Obviamente que lloro, y que me enojo, angustio y me duele la realidad y muchas veces tengo ganas de “matar” (dogmáticos, predicadores, hipócritas, políticos profesionales, burócratas; sí todos ellos); este tipo de sujetos son los que me hacen estar de acuerdo con Isidoro Ducasse, Conde de Lautremont (1846 – 1870) cuando maldice al ser humano y en especial a Dios por haber generado tal bestia; pero no hago de esa situación mi bagaje existencial; es una carga de la que me desprendo con trabajo intenso, rápido y creativo. Tampoco me ocupo en convencer a nadie, detesto el rebaño, tanto como pastor y más aun como obediente cordero. Mi memoria sexual, es experiencia; es obvio no soy el que fui a los 30 y cuando tenga 99 y medio, pues me faltará medio año para llegar al siglo, y si me equivoco, bueno ¡qué son 10 ó 20 años en la eternidad y en el infinito universo!

    Al concepto aristotélico que se lee en el Libro I de “La Política”:”El hombre es un zoon politikon, el que vive solo es una bestia, o un sabio”; le opongo el pensamiento de Jean de La Bruyere (1645 – 1696): “Todos nuestros males provienen de no poder estar solos” Aristóteles en su “Ética a Eudemo” (de aquí deriva eudemonología, que es el arte de llevar una vida agradable y feliz como sea posible) reconoce, sin embargo, que la felicidad pertenece a los que se bastan a sí mismos. Recordemos que lo que hace al hombre sociable es su pobreza interior. A Arthur Schopenhauer (1788 – 1860) tal vez le hubiera encantado mi neologismo (soloidad), él , gran soltero, nos recuerda que “Cada cual sólo puede ser el mismo plenamente mientras está solo; así pues quien no ama la soledad tampoco ama la libertad: pues únicamente cuando uno está solo es libre”.

    En lo que es su libro menos filosófico, de ahí el nombre “Parerga y Paralipómena” algo así como “apéndice” o “accesorio “(parerga) y “dejado” u “omitido” (paralipómena) donde hay cantidad de aforismos y fragmentos con respecto al desafío personal que implica la vida. Vaya como ejemplo, el epígrafe de Chamfort con que comienza el capítulo “Aforismos sobre la Sabiduría de la Vida”; “La felicidad no es cosa fácil, es muy difícil encontrarla en nosotros e imposible encontrarla en otra parte” (y sí brother, es un trabajo). Me gusta leer a Schopenhauer, también a Petrarca (1304 – 1374) “De la vida Solitaria” y me tienta Johan Georg Ritter von Zimmermann (1728 – 1795) “Consideraciones sobre la Soledad”. Pero sé también que “dejaremos este mundo tan tonto y tan malvado como lo encontramos al llegar” como bien dijo el querido Voltaire (1694 – 1778).

  • MERCADO DE HACIENDA

    Es una fría y destemplada mañana de invierno, es 2018; tomo el tren de las 5.15 am en la estación San Isidro. Al pasar las estaciones, veo como se van encendiendo las luces en los departamentos de los edificios. En una hora cuando este tren esté volviendo hacia Tigre, la gente irá poblando estos coches, ahora casi vacíos; ni siquiera los celulares se atreven a interrumpir el sueño de los pasajeros. La nutrida caravana de mendigos, tullidos reales y ficticios, profesionales de la lástima, vivillos, vendedores ambulantes y raperos saben que a esta hora no hay mercado para sus ofertas. Los rigen las mismas reglas que a Wall Street, ningún agente de bolsa se presentaría a estas horas a las puertas del número 11 de aquella calle del bajo Manhattan.

    Donde si hay mercado es hacia donde me dirijo, el Mercado de Hacienda de Liniers, en Mataderos. Chequeo en el celular: 11366 animales que serán puestos a la venta a partir de las 8 horas. Voy a mostrar el proceso de comercialización a dos turistas belgas a quienes encuentro en un hotel de Recoleta. Es una de mis tareas. Nos esperan un auto y el chofer.

    Ya va amaneciendo al entrar en la avenida General Paz rumbo a los Corrales. Al igual que en Manhattan, aquí hay un toro de bronce, está en una plazoleta frente a una carnicería cercana a la entrada del centenario mercado.

    Más allá de lo laberíntico de las pasarelas en altura donde nos entreveramos con rematadores, carniceros, matarifes juzgando la calidad de estos miles de vacunos guiados por los reseros hasta el pesaje, después de la venta y de ahí hasta los camiones que los llevarán al faenado; me gusta instalar la idea que estamos asistiendo a una ópera, donde tañen campanas anunciando la obertura; irrumpe el coro de mujidos, repiquetea el martillo del rematador sobre la baranda como un invasivo timbal, el chirriar de las puertas de las balanzas suenan a desafinados violines, el tronar de los cascos de los caballos y los cientos de tenores, barítonos y sopranos que incitan a las vacas a marchar forman la escenografía de este teatro salvaje.

    He visto una pintura de Bacle de 1832 “Corrales del Abasto”, donde se ve al fondo la casilla del juez del matadero: son los ojos del estado, los ojos de Don Juan Manuel, cuya esposa Doña Encarnación Ezcurra, es la patrona de los carniceros.

    Asteriones simple, negros y colorados. Lo imagino a Borges, como un Teseo criollo conduciendolos hacia su destino final.

  • DE HÉROE A CHANTA NACIONAL

    “El perro se está haciendo un festín”, le dice un pescador a otro, en el muelle de Pacheco. “¿Qué está comiendo? ¿es un pollo? “.”No , es un pavo del Amazonas”.

    Contemplo desde la biciclerta, apoyada sobre la baranda del muelle, al perro arrastrando algo que efectivamente me parece que es un pavo, pero ¿pavo del Amazonas, aquí en el río de la Plata? Se me ocurrió pensar en una criatura mitológica para “El Libro de los Seres Imaginarios” de Borges.

    Emprendo el regreso a casa. Me detengo en la Plazoleta de Rivera Indarte y Rubén Darío. Quiero saber a quién se honra. Entre clidias, el inmenso roble y el dañado ombú, encuentro una placa. “Plazoleta Tcnel. Obregoso, héroe de la Independencia Argentina y de Perú” ¿Otro más?

    Wikipedia me informa que José de Obregoso vivió entre 1795 y 1877, se lo ve barbado con 21 medallas engalanando su uniforme. Nominado para recibir un premio militar por su trayectoria valiente en varios frente de batalla, se lo premia con 10000 pesos, lo que le sirve para saldar la hipoteca de su humilde casa en Belgrano. Esa gloria repentina lo insta a reclamar sueldos adeudados por el estado. Ahí se descubre que nadie lo recordaba en el Ejército, que jamás había combatido en las batallas donde dijo haberlo hecho, y que no era porteño como solía presentarse, sino que había nacido en Trujillo, Perú. ¿Otro mentiroso?

    En el prólogo al “Libro de los Seres Imaginarios” de Borges y Margarita Guerrero, fechado en Martínez en 1967, se lee:”El nombre de este libro justificaría la inclusión del príncipe Hamlet, del punto, de la línea, de la superficie, del hipercubo, de todas las palabras genéricas y, tal vez de cada uno de nosotros y de la divinidad. En suma del universo” que incluye al Teniente Coronel Obregoso.

    El noble guerrero se inventó una historia heroica. Nosotros la Historia Nacional, o ¿habrá sido el vencedor de Pavón, quien la inventó, con lo cual inventó La La La Nación?

    El pavo del Amazonas, si existe. Descubro que es un ave arbórea, cuyo color es azulado o pardo, amarillento y moteado, con papada rojo brillante que responde al nombre científico de Penélope Jacquacu. Si Obregoso llegó al Panteón Nacional, también es posible que el pavo haya llegado flotando en una isla de camalotes, para que el perro se deleitase con algo más exquisito que los residuos que pueblan la orilla del río.

  • PEDALEANDO CON IRA

    “En las fronteras acecha la barbarie, en el interior la situación es ruinosa, un estado en bancarrota paga su mala gestión, ahogando en impuestos a sus ciudadanos, mientras sanguinarias conspiraciones, enfrentan a los candidatos. Por si ello fuera poco, sucesivos brotes de peste asolan la capital y las provincias” Estoy en un zoom con una amiga argentina que vive en Boston.

    “¿Es esa la situación en el país?” me comenta angustiada.

    “No, lo dijo Plotino hablando de Roma en el año 230”.

    Seguimos hablando de Donald Trump, “No va a haber traspaso de mando, igual que allá”, me dice.

    Salgo con la bici, voy al muelle. Estamos terminando la pandemia.

    A finales de los años 70, asistí a unas clases de Michel Foucault en el College de France inaugurado en 1530. Habló de biología, habló del estado, comenzaba a esbozar lo que completaría en “La Voluntad de Saber”, se acaba el estado territorial y comienza el estado poblacional. Soberanía y nación serán reemplazados por biopolítica, me pareció entender. Pfizer, Sputnik, Oxford Astra Zeneca, Synopharm, Moderna, Covishield, Jansen, Cansino, virus, pandemia, holocausto, me recuerda esa voz que nos constituye.

    Pedaleo con vigor, con ira.

    Son las 6.45 am, tenue llovizna, nadie en las calles. La que informa la temperatura en la radio, cada vez que llueve, adjetiva “día feo en Buenos Aires y alrededores, así seguirá toda la semana, horrible”, la demandaría por discriminación, para mí son los días más bellos, con el horizonte bien negro que exalta el color marrón del agua que ya veo desde la loma de Roque Saénz Peña, giro a la derecha, Quinta Bosque Alegre – Gay Foorest -, me digo, como si fuera la gallega del Waze, a la izquierda en José C. Paz, paso frente a la casa del ex Presidente Macri, curioso, su reiterativo “sí se puede”, siempre me pareció que iba dirigido, más que a los que lo votamos, a su italiano padre. “Sí se puede viejo, sí se puede y espero que vivas para que veas cuando un peronista me coloque la banda presidencial”. Pues no se pudo y la “exitosa abogada” lo vio por TV, izquierda en calle Vicente López y luego todo a la derecha por la senda costera.

    Derecha, izquierda, público, privado, absolutismo, democracia, todo me huele a naftalina.

    Debería haberme quedado en casa, está lloviendo, esto no es llovizna, esto no es que aumentó el dólar, es que el peso hoy vale menos que ayer, pero más que mañana. No, no es lo mismo, pero pedalear con viento en contra y lloviendo al amanecer, un domingo, sólo se me puede ocurrir a mí, lo único que falta es que me resfríe, neumonía bilateral, Covid, hospital, Parque Memorial, sólo asistió al entierro un perro vagabundo, orinó sobre mi tumba, Boris Vian, muerto de risa se ocultaba detrás de un ombú. Hoy en Londres hay dos grados bajo cero, llueve y hay probabilidades de nevadas. De estar viviendo allá, estaría saliendo del 78 de Onslow Gardens en South Kensington en el Mini Cooper verde, tomaría la M4 rumbo a Rye y almorzaría en The Mermaid, viendo crepitar las llamas de la chimenea, pero se me ocurrió volver, ser Ulises y narrar mis aventuras. Llegué al puerto de Buenos Aires desde Génova tres semanas antes de la gloriosa recuperación de las Malvinas, “they were, they are and they will be”, mejor sigo pedaleando, ya está parando, ha salido el sol. Ya sale vapor de los charcos, en minutos dengue, zika, chicungunia, no les digo, la biopolítica otra vez, o ¿me estaré poniendo hipocondríaco?

    Llegué al muelle de Pacheco; ahora un sol que platea el río, sin embargo allá, en la ciudad está oscuro, es el momento en que el perfil de Buenos Aires se pone negro, da la impresión de ser una ciudad de ébano, en vez de cemento, acero, vidrio, hierro. ¿Buenos Aires se pone negro o negra?, ciudad negra, puerto negro ¿Qué sos Buenos Aires negra o negro? ¿Qué carajo quisiste ser Buenos Aires? ¿La reina del Plata, Mi Buenos aires querido, la cuna del tango, la capital de un imperio que nunca fue, la París del Sur, la ciudad más europea de Latinoamérica, la New York hispanoparlante? ¿No te da vergüenza Buenos Aires, en lo que te has convertido? Eras la única ciudad del mundo con una sucursal de Harrods desde 1913, ni New York, ni Toronto, ni Sidney, ni Wellington, ni Cape Town tuvieron ese gusto, y hoy de noche, indigentes sin techo ni trabajo arrancan los marcos de cobre de las vidrieras vacías de lo que en su momento fue la mejor tienda del continente.

    Cuando estudiaba dereccho, lo que hoy es el barrio Padre Mujica, ex Villa 31; a mediados de los 60, era un asentamiento de no más de 10000 personas, hoy es una ciudad de entre 40000 y 50000 habitantes, (San Martín de los andes tiene 45000). Fue la iglesia la que le pidió a Menem que lo frenara al Intendente Dominguez y sus topadoras en el proyecto de erradicación de la villa. Si fuera preocupación por los pobres, hasta los apoyaría; lo terrible, lo hipócrita, lo increíblemente canalla es que es amor por la pobreza.

  • DE TAMAÑOS, DE CIFRAS Y OTROS DATOS

    El segundo estado más pequeño de los Estados Unidos de Norteamérica es Delaware de un poco más de 6400 km2, después de Rhode Island de tan sólo 4002 km2. La capital de Delaware es Dover (que me lleva a “The White Cliffs of Dover”).Para que tengan una idea más precisa, la provincia de Tucumán, la más pequeña del país, tiene 22.525 km2, casi como New Jersey de 22.588 km2.

    En Dover tiene su domicilio Dadax LLC (Limited Liability Co.), lo que en Tucumán sería SRL. Dadax es una empresa de software propietaria de Worldometer que proporciona estadísticas en tiempo real sobre los temas más variados como población mundial, nacimientos, muertes, accidentes de autos, cuántos cigarrillos están siendo fumados, qué cantidad de hectáreas se están deforestando, cuántos celulares se han vendido en el día, búsqueda de Google efectuadas hoy. Es vertiginoso, hay rubros que no paran: nacimientos y muertes es obvio, pero también petróleo bombeado hoy (barriles) 47.229.442 y sigue, e inversamente en el rubro petróleo restante (barriles) 1.380.846.019.653, 2, 1 y sigue bajando. Días hasta que se acabe el petróleo 14.400 es decir 39 años. En el rubro Población Mundial, hoy 9 de enero de 2024 a las 9.52 am, me informan que el número de personas es de 8.084.092.302; pero 3 minutos después ya había aumentado a 8.084.093.398 y ahora a las 15.02 ha llegado a 8.084.136.488 y vuela con vértigo imparable. Entre las mismas horas, en un mundo que promueve el antitabaquismo se han fumado 6.189.525.323 cigarrillos a las 9.52 y 7 minutos más tarde 6.316.901.908 y ahora a las 15.11, 9.599.878.989 y circula tan rápido que ya pasó a 9.600…y más y más. Abortos, cánceres, atropellados por autos, gastos de los estados en educación, en pertrechos de guerra, producción de motos y todo aquello que no se permite publicar, pero que estimo se cuantifica y que hace a las perversiones, secretos, vilezas y cuanta tropelía, fantasía, delirios se nos ocurran. Estas dimensiones de lo casi infinito me provocan sensación de insustancialidad. Hoy a la mañana consulté por la cantidad de humanos nacidos en el día y a las 9.52 am era de 149.327 y pasadas las 15 ya estaba en 236.530 y el reloj no para ni un segundo; en ese tiempo habían muerto 68.199 y a las pocas horas el número había llegado a 107.220 individuos. Es decir en sólo 5 horas más de 129.000 individuos se habían agregado a la población mundial.

    Cuando uno consulta la historia de Dadax, se nos informa que fue creada originalmente por Andrey Alimetov, inmigrante ruso de 20 años que la vendió en 2006, el sitio web se lanzó el 29 de enero de 2008.

    Necesito parar.

    Estoy leyendo a Arthur Rimbaud y a Breece D’J Pancake, en verdad re-leyéndolos, que es verdaderamente cuando uno lee. ¿Qué los une? Además de la escritura y del lector, el hecho de que ambos murieron jóvenes, Rimbaud a los 37, Pancake a los 26. Leo poca poesía, pero a Rimbaud y a Whitman los releo. La secuencia fue más o menos la siguiente: leía a Quignard, al inagotable, al profundo Quignard, al final del capítulo XXXIV de “El Niño de Ingolstadt”, cuyo título es “El Rey de Vernet” y que trata la historia del juego que aquí llamamos El Gallo Ciego y que intervine con un dibujo donde un personaje con un sable y los ojos vendados decapita a un gallo enterrado hasta el cogote y escribí “Sangre y Espanto” con lápiz rojo y agregué “el juego que más nos ha gustado”. La narración transcurre en Vernet, en el cantón de Prades donde coseché duraznos y me acosté con una española virgen. Esa inscripción que hice “Sangre y Espanto”, me recordó a Rimbaud “Mala Sangre” de “Una Temporada en el Infierno”. Lo volví a leer y otra vez me impactó y abrí entonces el Dossier Rimbaud de una vieja revista Quimera de abril de 1984 y cobré conciencia que a los 19 años Rimbaud dijo ‘basta’ y se ‘suicidó’ de la literatura y volví entonces a quien se suicidó no de la literatura, sino de la vida a los 26 años.

    El mundo sigue andando y hoy 10 de enero la población mundial ha llegado al número de 8.084.356.330 a las 17.15, y todos los restantes tópicos han seguido creciendo tanto positiva como negativamente. Volví a leer “Una Temporada en el Infierno” y parte de “Iluminaciones”; pero es de Breece de quien les quiero hablar ahora. Hoy es un día caluroso, de los típicos de Buenos Aires, esos días de sol implacable, donde, al menos yo, trato de evitar el exterioor, es más hoy salí a andar en bicicleta bentre las 6 y las 7 am y tal vez vuelva a salir a la noche para tomar un helado. Después de almorzar, anoté en la bitácora de esta temporada, que extraño esos dos veranos en Londres, cuando solía ir al pub “The King’s Head and the Eight Bells” a tomar gin and tonic. Ese es el tipo de verano tolerable para mí, sin arena, sin mar, sin gritos; el verano civilizado y urbano de Londres en un rincón austero y elegante de la ciudad. Fue precisamente en ese pub, que para festejar mi cumpleaños número 31, al día siguiente, habíamos decidido mi amiga Nelly que aún vive en Londres, mi amigo Andrés que vive en Canarias y Dolores que no sé por dónde está, ir los cuatro de paseo a South Sussex a almorzar en The Mermaid, en Rye; y es entonces cuando me pongo a pensar en Breece, porque ese día que partimos en en el Mini Cooper verde, Breece D’J Pancake empuñaba una pistola, se la metía en la boca, como otros una mamadera,un profiterol de pistacho o una pija. Ninguno de nosotros sabíamos, entonces de su existencia, al igual que gran parte de la humanidad e inclusive gran parte del pequeño poblado de Milton, en el estado de West Virginia donde Breece había nacido el 23 de junio de 1952.

    El pub de South Ken ya no existe, al igual que la Reina. El Londres en el que tanto me gustó vivir, ya no está en el mundo, Milton dejo de ser para Breece. Worldometer, registra, documenta, contabiliza nuestras miles de millones de insignificancias.

  • APRIL 3rd 1043 – 6th MAY 2023

    Tal vez haya llovido en Winchester el 3 de abril de 1043, como llovió en Londres el 6 de mayo de 2023. En esos 980 años ha caido mucha lluvia sobre tierras británicas. Con lluvia o sin ella en esas fechas fueron respectivamente coronados reyes: San Eduardo el Confesor (1004 – 1066), quien un año antes de morir, inaugura la Abadía de Westminster, donde se acaba de entronizar a Carlos III(1948) con la Corona de San Eduardo. Todo igual y al mismo tiempo todo distinto. Eduardo el Confesor fue santificado, entre otras cosas, porque aun casado, no dejó de ser virgen, Carlos tiene como reina a su ex amante.

    Churchill decía “No hay historia, sólo biografía”.

    La enviada especial a Londres del diario La Nación, Luisa Corradini, concluye la nota sobre la coronación: “A Carlos III, el reinado no le será fácil. No sólo porque lo hace bajo la sombra omnipresente de su madre Isabel II que sigue siendo para sus súbditos un modelo irremplazable; sino porque a los 74 años, aun queriendo hacer ejercicio de modernidad, es, definitivamente el representante de una generación pasada de moda y de un mundo que está en vias de desaparición”.

    Lapidario final, sobre todo, para un lector como yo, que nací el mismo año que el monarca recién coronado. Es como si cada piedra de la imponente Abadía de Westminster, fundada por el Rey San Eduardo, el Confesor en 1065, cayeran una tras otra sobre mí, precisamente en el momento en que después de 14 horas de estar escribiendo, tengo la vista irritada, me duele la espalda y en el instante de levantarme de la silla, un punzante dolor en la pierna izquierda, me ha dejado paralizado. Después del primer estupor tomo mi I Phone, tecleo “nervio ciático”, que parece haber estado esperando por 74 años hacer notar su presencia en mi cuerpo como Carlos de Windsor, la suya en el trono.

    El nervio ciático abarca desde la parte baja de la espalda, pasando por las caderas y los glúteos, hasta llegar a cada pierna. La ciática generalmente ocurre cuando una hernia de disco o el crecimiento excesivo de un hueso ejerce presión sobre una parte del nervio… y así continúa una descripción excata de lo que me sucede y no estando acostumbrado al dolor, protesto,me enfado y me insulto y no termino nunca de aceptar lo que me han dicho todas las mujeres que he conocido que son seres más realistas que los nosotros: “la vida es así”, “hay que aceptar las cosas como son”. Soy de los que creen que nada “es así”, sino que “hasta ahora han sido así y que todo es movimiento”. Pero debo reconocer que a pesar de mis lecturas, viajes y opiniones, mi alegría al caminar por Himalaya, viajar en el techo del tren en Siligury, remar doce días por el Amazonas con el remo corazón, caminar la Pampa de Achala, volar en planeador, helicóptero, aviones cargueros y globos aerostáticos. Bien todo esto y lo que tengo planeado hacer ha sufrido un cachetazo, una trompada contundente y me doy cuenta que no sé aceptar que “la vida es así” y entonces al leer eso de “pasado de moda y a punto de desaparecer”, me provoca tanta indignación como cuando veo a Donald Trump regocijarse mirando a sus partidarios tomar por asalto el Capitolio de la democracia fundadora de la modernidad, o cuando Cristina Kirchner o Jair Bolsonaro no asisten al traspaso de mando a sus respectivos sucesores, o el Papa Bergoglio afirma que “la propiedad es un derecho secundario” por más que el Estado Vaticano que él preside afirma poseer 5250 edificios y ninguno de ellos está situado en el Bronx, La Matanza o Bethnal Greene y entonces el salvaje apasionado (más no violento) que me habita, me transforma en la antítesis del filósofo estoico que pretendo ser sin conseguirlo y en vez de aceptar “que esto también va a pasar” como le dice el botones del hotel a Julia Roberts en “La Boda de mi Mejor Amigo” que la ha dejado desolada, despojada y vacía; me pongo de pie -a pesar del dolor- me calzo los guantes de box, me enfrento a la bolsa de arena y con bronca, rabioso, iracundo, le pego, le pego, le pego y no dejo de pensar, sin embargo, que hace 2500 años un griego muy sabio y muy pobre anotaba en la tablet de su tiempo: “Byos (arco) tiene nombre de vida y efecto de muerte”, y exhausto solicito un turno para una resonancia magnética que parece que es lo que hay que hacer y ya más calmo me siento y me repito que a pesar de los años, aun no sé que estoy haciendo aquí, ni por qué soy argentino, nacido a mitad del siglo XX, por qué nací varón, ni por qué respondo a mi nombre y mucho menos por qué me ha costado siempre tanto aceptar la realidad tal cual es y no como yo quisiera que fuera. Seguiré viajando, leyendo, balbuceando mis opiniones, por más que en mi equipaje, además de pocas prendas, las bitácoras y algún libro, tenga que agregar algún paliativo para la ciática porque me faltan muchos kilómetros y porque la libertad individual no estará en mí pasada de moda y mucho menos en vías de extinción, a pesar de mi conciencia: “Memento Mori”.

    Estamos viviendo otro mundo donde los valores de la democracia liberal se encuentran entre paréntesis, donde autócratas de todo tipo parecen querer imponer su voluntad a sus pueblos, el mundo es más virtual que real, el planeta ha sufrido la plaga global del Covid, Rusia ha entrado en Ucrania con igual salvajismo a como Hitler lo hiciera en el centro de Europa en el siglo XX o como Hernán Cortés en México en el siglo XVI, o como los bárbaros en Roma en el siglo V. Los narcotraficantes se han apoderado de ciudades importantes de América, la omnipresencia de los celulares es equivalente a la del ombligo, las redes invaden todo, el Chat GPT es materia de consulta como lo fuera el oráculo de Delfos en el siglo VIII antes de la cristiandad, la IA es materia de estudio y preocupacióin ya que está modificando el concepto de trabajo, ocio y hasta de humanidad, casi sin saberlo, como sí , en cambio “Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras, la mano que esto escribe renacerá del mismo vientre”, como reiteró Homero que después fue Shakespeare, antes de ser Borges.

  • TRES OMBÚES, LOS OMBÚES, LOS VEINTICINCO OMBÚES, UN OMBÚ

    Estoy volviendo de mirar el río. Veo el borde de la cornisa de la galería de la Quinta Los Ombúes que perteneciera a Mariquita Sánchez bde Thompson y Mandeville. La cornisa se ve manchada; su habitual blancura parece haber sido intervenida por Jackson Pollock, como si estuviera ploteada con lunares, son, sin embargo, las hojas de las tipas del jardín que han quedado adheridas al edificio después de la tormenta de ayer. Pasa una embarazada. ‘Esa mujer abriga una esperanza (inútil)’, es lo que siempre me surge. El día frío de otoño, de cielo celeste, me transporta a otro, casi idéntico en 1978, el primer día que salía de mi casa en el 78 de Onslow Gardens, en el Royal Borough of Chelsea and South Kensington. Ese día al abrir la puerta para recorrer el barrio donde viviría dos años había pensado que las primeras palabras que escuchara marcarían mi estancia en mi nuevo ámbito. Algo similar a lo que pasa por la cabeza de Simon, el personaje del cuento “Kew Gardens” de Virginia Woolf, que recordaba, mientras paseaba por el parque con su esposa Eleanor y los hijos, que 15 años antes, cuando se le declaró a Lily y esperaba su respuesta, había pensado, mirando la hebilla plateada de su zapato donde parecía estar concentrada toda Lily, que si el aguacil que revoloteaba sobre ella se posaba sobre la hoja; esa hoja ancha con la flor roja en el medio, la respuesta de Lily a su amor, a su deseo sería sí; pero el aguacil nunca se posó en ninguna hoja y se perdió en la tarde soleada del parque.

    “I could have been you”, le dijo el hombre a su mujer embarazada, mientras pasaban abrazados y yo trasponía hacia la calle los escalones de marmol de mi casa en Onslow Gardens. Aquella mañana era igual a esta de hoy en San Isidro.

    Asociación de ideas, monólogo interior, tren de pensamiento, John Locke. Sigo caminando hacia la Catedral, paso por el Hito de la Argentinidad número 2 en la Plaza Mitre que hace referencia a las invasiones inglesas, a Liniers, a Pueyrredón, cuya casa está a pocas cuadras, en Rivera Indarte y Roque Saénz Peña. Aquí en Los Ombúes se conservan cartas de Mariquita a Manuela Rosas. San Martín conversó con Pueyrredón en su quinta Bosque Alegre. Aquí a la vuelta residió Luis Vernet, primer gobernador de Malvinas. ¡Qué pequeña es nuestra historia que cabe en pocas manzanas de un suburbio del puerto!

    Paseo de los Tres Ombúes, Quinta Los Ombúes, hablemos del ombú. Leo el ensayo de Gilles Deleuze y Claire Parnet, bajo el título “Diálogos”. En él se compara la literatura francesa con la anglo norteamericana. Se le atribuye a esta última, superioridad sobre la primera. Lo francés sería un árbol, con sus raíces, arborescencia. Lo anglo, una hierba; más simple, más elemental. Es algo parecido a lo que sucedió en los tiempos que ambas sociedades eran monarquías: “…los reyes de Francia se oponen a los de Inglaterra; los primeros con su política de la tierra, de herencias, de matrimonios, de procesos, de astucias y de trampas; los segundos con su movimiento de desterritorialización, sus errancias y sus repudios, sus traiciones meteóricas. Los ingleses desencadenan con ellos el flujo del capitalismo, los franceses inventan el aparato de poder burgués capaz de bloquearlos, de contabilizarlos”. En suma lo francés es rígido, alambicado, burocrático. Lo inglés es estricto, flexible, pragmático. Leía estas páginas y mimetizado con la botánica dije “y nosotros somos ombú”.

    El ombú (Phytolacca dioica) es una hierba gigantesca con apariencia de árbol robusto, que a simple vista podría confundirse con un roble, su tronco arrugado y sus ramas abiertas, como brazos de amigos son quebradizos, inútiles para hacer fuego o para construir con solidez. Su fruto es no comestible, y de noche sus hojas dejan caer unas gotas que pueden provocar irritaciones en la piel. El ombú, que en lengua guaraní (umbu) significa sombra, parece ser lo que no es.

    Volvamos a las letras. William Henry Hudson, nace en 1841 en Los Veinticinco Ombúes. Escribe un cuento titulado “El Ombú”. Ezequiel Martínez Estrada, escribe un poema que lleva por título “El Ombú”, que dice:

    La soledad te ha hecho

    Luchador por el tronco

    Por las ramas artista

    Por la raíz filósofo

    El árbol más potente

    Es el que está más solo.

    Don Roberto Cunningham Graham, recoge un refrán popular del campo argentino: “Nunca prosperará la casa sobre cuyo techo caiga la sombra del ombú”, lo dice en “La Pampa”, uno de sus espléndidos relatos criollos.

  • EL OMBÚ: EL NO CLUB

    Escribir sobre “EL OMBÚ”, es escribir sobre la niñez y la adolescencia y en alguna medida sobre la historia argentina. “EL OMBÚ”, era desde el punto de vista físico, un amplio terreno baldío, remanente de un loteo, poblado por añosos ombúes. Desde el punto de vista institucional, era la anomia total. Era el club de barrio pero sin socios adherentes, sin Presidente, ni comisión directiva, sin estatutos, ni propósito, ni misión alguna. Sin “club house”, sin vestuarios, sin cuota de ingreso, ni mensualidad. Sin instalaciones de ningún tipo.

    Era el NO CLUB.

    Ni nuestras hermanas, ni nuestras madres, ni después nuestras novias pisaron jamás EL OMBÚ, como si hubiera sido un ultraconservador club inglés. Tampoco los mayores, que sólo se atrevían a mirarnos desde el borde del terreno cuando jugábamos al futbol. EL OMBÚ cumplió la función que cumplen las plazas en los pueblos de provincia o en ciertos barrios de la Capital Federal, la espontánea reunión de los chicos vecinos.

    En la niñez (digamos entre los 7 y 11 años), fue trepar a los ombúes, hacer chozas con ramas, hojas, tablas, lonas que podrían haber sido de los tehuelches, eran, sin embargo siempre de los cheyenes, los sioux o los pieles rojas que atacaban el fuerte donde con revólveres y rifles nos defendíamos; era hacer fogatas, ensuciarnos, rasparnos rodillas y codos, volver a casa traspirados, con picaduras de lo que llamábamos bichos colorados, llegar con el cuerpo ampollado por las ortigas, las gatas peludas (orugas verdes), traíamos adheridos a las ropas hormigas, bichos bolitas y tatadioses. Había zonas que eran la ‘tierra incógnita’:eran casas linderas a las que solíamos entrar o porque eran escondites inexpugnables para los indios o porque de pronto habíamos decidido dejar la guerra y jugar a las escondidas. Cuando llegaba diciembre y comenzaba el Gran Premio de Turismo de Carrtera, trazábamos unas inmensas autopistas con puentes y montículos que simulaban sierras, montañas, precipicios peligrosos donde hacíamos correr unos autos de plástico a los que preparábamos con plomo, masilla, ruedas delanteras más grandes que las traseras que sujetábamos con tapitas de frascos de penicilina que íbamos a pedirle al farmaceútico, padre de uno de los chicos habitués del no club EL OMBÚ.

    Cada tanto armábamos una cancha de bolitas y hacíamos un hoyo y nos quedábamos horas revolcados en la tierra donde minutos antes corrían veloces nuestros autos.

    A partir de nuestros doce años y durante todo el colegio secundario, EL OMBÚ fue futbol, sólo futbol y nada más que futbol. Ahí había algunas reglas. Por lo general, durante la mañana, era el turno de los más chicos, pero después del almuerzo y durante toda la tarde jugaban los de 18 ó 20 años, que eran hermanos mayores y algunos personajes cuyos apodos eran Lenteja, Tito y unos hermanos, Pedro y Matosas, que eran unos correntinos borrachos que aparecieron un día vaya uno a saber de dónde, y cómo, que se quedaron varios años durmiendo a la intemperie, acurrucados en los huecos de los enormes ombúes que a la mañana seguían siendo las chozas de los indios y cowboys que nos continuaron.

    Alguna vez un circo con león jubilado y payaso de geriátrico se instaló en EL OMBÚ por corto tiempo, cosa que por un lado nos fascinaba, pero que también vivimos como una expropiación; hecho corregido rápidamente por algún inspector municipal, que puso las cosas en orden. EL OMBÚ, éramos nosotros.

    Era tal la confianza que se le tenía, que si faltábamos de casa, sabían donde estábamos, era el ámbito que nos contenía, nuestro refugio, nuestra casa en común.

    EL OMBÚ quedaba en La Lucila, la más pequeña localidad del partido de Vicente López, en ese elegante y plácido sector que va desde las vías del Ferrocarril Mitre a la Avenida del Libertador, luego venía el sitio vacío del palacio, la barranca, el río al que le falta una orilla; el Mar Dulce, según Juan Díaz de Solís, Almirante de la flota española quien lo navega por primera y última vez en 1516, ya que fue apaleado y comido crudo por los aborígenes (“en que ayunó Juan Díaz, y los indios comieron”), nos narró Borges.

    La Lucila tiene nombre de estancia, de chacra o de quinta, y fue las tres cosas. ‘Suerte de Estancia’, otorgada en gracia por Juan de Garay, luego chacra en el paraje de Los Olivos, y por último quinta, donde se inaugura el Palacio encargado a Pablo Pater, oriundo de Dijon, llegado al país en 1907, quien trabaja en él entre 1911 y su inauguración oficial en 1916, hasta que desaparece bajo la picota en 1945. En 29 años, se hace escombros, polvo, nace un fantasma. Se sabe, nada tiene mayor presencia que lo que no se ve.

    Sin saberlo, entonces, ese predio de EL OMBÚ, era lo que restaba aún sin edificar de un propiedad, que sintetizaba en gran medida la historia de nuestro país, ya que las tierras habían pertenecido a Lucila Marcelina Anchorena de Urquiza, quien las había recibido como regalo de su hermano Nicolás Paulino Anchorena, fallecido sin herederos; una fracción de 13 hectáreas y 49 centiáreas, lindera con la parcela de Juan Nepomuceno Anchorena y Josefa Aguirre, padres de Lucila Marcelina. Esta parcela había sido herencia de Nicolás Anchorena casado con Estanislada Arana, la abuela que crió a Fabián Gómez y Anchorena Conde de El Castaño, (pero esa es una historia muy larga, los remito a “Cinco Dandys Porteños” de Pilar de Luzarreta, que les va a encantar). Lucila Marcelina se casa con el Coronel Alfredo Froilán de Urquiza, algo así como si una Lancaster se casara con un York; pero claro no siendo nuestra sociedad una monarquía, no dio origen a ningún Tudor; lo que nos privó de un Henry VIII.

    Lancaster, rosa roja; York, rosa blanca. Federales y Unitarios, para nosotros Rosas y Urquiza.

    El Palacio Paz. El Palacio Anchorena. El Palacio Ortiz Basualdo. El Palacio Álzaga Unzué. El Palacio Pereda. El Palacio Errázuriz Alvear. El Palacio Bosch Alvear. El Palacio Alvear Ortiz Basualdo. El Palacio Armstrong Alvear. El Palacio Madero Unzué. El Palacio Peña Unzué. El Palacio Fernández Anchorena. El Palacio Duhau.

    Mucho palacio no hace riqueza. Mucha agua no hace un mar. Mucho tronco rugoso no hace un árbol. Mucho territorio no hace grandeza. Mucha verborragia no hace literatura.

    Vida y muerte ocurren en espacios ínfimos o son provocados por agentes de difícil visualización cuando no invisibles al ojo humano. Vayan como ilustración los siguientes ejemplos:

    En arácnidos, la viuda negra mide 3,8 cm y tiene un diámetro de 0,64 cm. Al terminar el apareamiento, no besa agradecida al macho, sino que lo pica y lo mata. El Corona Virus, que es sólo visible con el microscopio electrónico tiene un tamaño de entre 0,06 a 0,14 micras. El estado soberano más pequeño del mundo es el Vaticano. Su superficie es de 0,44 Km 2, es decir 44 hectáreas. Una gota de agua en el interior de una nube, mide 20 micras, es decir 0,02 mm. Al caer en forma de lluvia ya aumenta su tamaño a 2000 micras, es decir 2 mm. Un espermatozoide mide 0,05 mm y sólo se ve a través del microscopio; en cambio, el óvulo mide 0,14 mm y es visible al ojo humano. La bodega Romanee-Conti, productora entre otros del Romanee Conti Gran Cru, Cotes de Nuit; sin duda el vino más caro del mundo (unos 14.000 dólares), aunque ciertas añadas han alcanzado los 90.000 dólares por botella, genera esa calidad insuperable en la mínima superficie 1 Ha, 80 a, 50 ca.

  • LA VISIBILIDAD DE LO INVISIBLE

    Roland Barthes (1915 – 1980)es quien decretó la ‘invisibilidad del autor’.Murió atropellado por la furgoneta de una tintorería a la salida del College de France, se cree que conducida por Copi (1939 – 1987). Thomas Pynchon (1937) se auto invisibilizó, al punto que de él sólo se conoce una fotografía de cuando estuvo en la Marina y poco más Salinger,J.D. (1919 – 2010) huye de las fotos, al igual que Carlos Castañeda (1925 -1998), Juan Rulfo (1917 – 1986) que a pesar de su entusiasmo por la fotografía escapaba de la prensa, Ambrose Bierce (1842 – ¿1914?) desaparecido en combate sin dejar rastros en fecha incierta, Jorge Luis Borges (1899 – 1986) que quería ser El Hombre Invisible de H.G. Wells (1866 – 1946). De todos ellos y de unos cuantos más, el único que aún está visible, es decir que tiene una casa donde lee y escribe, le hacen pagar impuestos y tal vez haya votado en las elecciones presidenciales de noviembre de 2024 y que el 8 de mayo de 2025 cumplió 88 años, habiendo así llegado a la trilogía infinita que es mi número mágico, y también lo es de los chinos, ya que la pronunciación del 8 es similar a la de la palabra fortuna y un 888 significa prosperidad, fortuna y éxito, es el escritor Thomas Pynchon, autor del inagotable “Gravity’s Rainbow” que vengo leyendo durante años en forma salteada y que tal vez sea la forma en que haya que leer hoy después de “El Susurro del Lenguaje” donde Barthes invisibiliza al autor y entroniza al lector, y desde que Edward Dujardin (1817 – 1889), James Joyce (1882 – 1941), Virginia Woolf (1882 – 1941), el Surrealismo, y más, al escribir como lo hicieron, nos indicaron una nueva manera de hacerlo y por ende de leer. “Gravity’s Rainbow” (1973) cuya primera edición de la Viking Press es la que leo, la de la tapa con el perfil de una ciudad y el resplandor de fuego naranja que es a un tiempo “El Grito” de Edward Munch, y el Rocket V2, con el aullido dantesco de “A screaming comes across the sky. It has happened before” (que leo como otra versión del circular Finnegans Wake), donde el Rainbow del Génesis nos recuerda la alianza entre Dios y Noé que se compensa con Gravity que nos baja a la tierra y luego bajo la misma hasta invisibilizarnos; al igual que nos lleva al inexistente índice y deplorable encuadernación ya que el ejemplar se ha partido debido a que el libro sólo fue encolado y no cosido y nuevamente me obligó a escribir el índice:

    1. BEYOND THE ZERO (Más allá del Cero) pags. 3 a 177.
    2. UN PERM’ AU CASINO HERMANN GÖERING (Un Cesanteado en el Casino H.G:) pags. 181 a 278.
    3. IN THE ZONE (En la Zona) pags. 281 a 616.
    4. THE COUNTERFORCE (La Contraofensiva) pags.619 a 760.

    (Roland Barthes sólo empoderó al lector en relación al autor, no al editor en relación al lector).

    Sorpresivamente, para el lector que soy, en el capítulo 2 de “Gravity’s Raynbow” me veo envuelto en un episodio “Nacional y Popular” con Borges y gauchos y Perón y nazis, con pampa y D’Arienzo, “¿Che no sos argentino vos?” y que el sur comienza en Rivadavia, que le viene a Pynchon de la lectura de “El Sur” y una archiborgeana Graciela Imago Portales que es parte de la huida junto a varios argentinos que escapan del Coronel Perón y sus compañeros, en un submarino robado en Mar del Plata y sólo le faltó una referencia a la “Concha de la Lora” que yo agrego, no como escribiente, sino como amo y señor lector del texto. Curioso por ver como se ha traducido este capítulo al español, voy a la librería de mi barrio, en San Isidro, pero no lo tienen en stock. Al retirarme golpeo levemente una mesa de saldos donde se exhiben libros por el irrisorio precio de 1000 pesos, es decir 75 centavos de dolar, uno de esos cayó al piso, lo levanto y resultó ser “Silas Marner” de George Eliot que es Mary Anne Evans (1819 – 1880) nacida en Warwichshire, en Nuneaton, cerca de Coventry, en la verde, bella y bucólica Inglaterra e invisibilizada en Chelsea después de una enfermedad de los riñones. Compro el libro caído editado por Wordsworth Classics, cuya tapa está ilustrada con la reproducción de “On Grandfather’s Knee” del pintor Edward Thompson Davis (1833 – 1867) . El libro me retrotrajo a la escuela primaria donde leímos pasajes de “The Mill on the Floss” y se mencionó “Silas Marner” que nunca leí y que junto a “Sin Novedad en el Frente” de Erich María Remarque (1898 – 1970) deben ser las dos novelas cuyos títulos más veces he visto escritos formando parte de catálogos editoriales y que jamás leí. Curioso que buscando a Pynchon, en momentos en que leo a Barthes y a Sloterdijk me haya encontrado con una escritura que es la antítesis en forma y contenido de la de estos. Aunque, por un lado no debería llamarme la atencióin ya que la realidad es dialéctica y hace que los extremos estén siempre próximos, y por otro “Sin Novedad en el Frente”, es la crónica autobiográfica de la Primera Guerra y “Gravity’s Rainbow” la de la Segunda, que convirtieron a la bucólica Inglaterra (cabe recordar, ya que mencioné Coventry, que 40 acres de esa ciudad fueron destruidos por bombas alemanas) y al perfil de Europa en un territorio industrializado y que confirma lo que dice Thomas Pynchon, en lo que llamo el episodio “Nac & Pop” :”La guerra ha estado reconfigurando tiempo y espacio dentro de su propia imagen”, nos cuenta Pynchon y agrega que Tyrone Slothrop teniente, trabajando para el servicio de inteligencia, llega a uno de los grandes cafés del mundo, el Odeón de Litmmatquai 2 en Zurich abierto en 1911 -que siempre asocio a Génesis y a Phil Collins, ya que la única vez que estuve en la ciudad fui a uno de sus conciertos y después a comer a ese café – ;Slothrop va a encontrarse con alguien a quien no conoce, pero después de varios minutos de espera, ve sentado a una mesa cercana a un individuo de pelo enrulado y traje verde que sostiene un diario en español donde Slothrop alcanza a leer “La Revolución” y resultó que el revolucionario de verde era el argentino Francisco Squalidozzi. (A mi me pasa que cada vez que en un texto de escritor extranjero leo algo sobre nosotros, no siendo el asunto escrito específicamente sobre tema argentino, tengo una sensación como de consolidación de la existencia, aunque generalmente compruebo que salvo deportes: mayormente futbol, Maradona y Messi en particular, tango, Borges, Marta Argerich, malbec, carne y alguna otra excepcionalidad, lo que se escribe sobre nosotros, me avergüenza).

    El mundo de George Elioit, es el de Jane Austen, el de Charles Dickens, que tuvo su mojón número 0 en Geoiffrey Chaucer (1343 – 1400) que con “The Canterbury Tales” es el inicio de la literatura inglesa con una peregrinación, donde los personajes van contándose historias desde Londres a Canterbury al santuario Thomas – a -Becket (1118 – 1170) y que por alguna razón nunca lo alcanzan ya que se detienen en el cercano poblado de Harbledown y cuya manera de narrar de acuerdo a D.H.Lawrence (1885 – 1930) concluye con Edward Morgan Forster (1879 – 1970) “To me, dear friend you are the last Englishman”, como le dice en una carta en 1910 después de la publicación de “Howards End”, que marca el fin de la Old Green England, la cima del Imperio y la muerte de Edward VII (1841 – 1910), el fin del mundo victoriano y el de la casa Saxe- Cobourg Gotha y el comienzo de la casa Windsor, y este convoy de libros que circula a mil por rieles que se pierden en el infinito donde las paralelas se encuentran, me hace pensar, hoy, en que los dos años que viví en Inglaterra (1978 – 1980) y que fueron años de extrema felicidad, ya que vibro a nivel del ritmo de esa sociedad, para mí, una de las más civilizadas del mundo, me suenan hoy a la prehistoria, ya que sólo las corporaciones, bancos, líneas aéreas y ferrocarriles usaban computadoras y no sonó un solo celular en los cuatro años que viví en Europa, así que soy uno de los muchos que vivió ese mundo que como la escritura de Forster ya no existe.

    Cambia, todo cambia, fue en 1983 que la venta de ordenadores pasó de 20.000 a 500-000 unidades anuales cuando la revista Time colocó en su tapa donde suele honrar a la personalidad del año a una PC y 10 años después, se escribe en el New York Times “El lugar de encuentro de moda en el mundo, es internet” y nuevamente Time, enfatiza “Internert es donde hay que estar”, como lo cita Mark Dery (1959) en su “Velocidad de Escape: la cibercultura en el final del Siglo” (1996). Siento que cualquier persona que hubiera nacido alrededor de la década del 50 del siglo XX, ha experimentado en estos 25 años del siglo XXI tantos o más cambios, como si un individuo nacido en Europa en el 1500, pudiera estar vivo en Buenos Aires en 1900; creo que en estos 25 años aconteció otro mundo; aunque es importante recordar el inicio de “Gravity’s Rainbow”: “A screaming comes across the sky. It has happened before, but there is nothing to compare to it now”.

  • TERROR POR LAS PERRAS NEGRAS

    Cada vez que en una película, aparece un personaje, generalmente solitario, que escribe, y cuyo comportamiento roza la locura o directamente es un loco de remate, siento una suerte de terror, es como si me viera haciendo equilibrio como Philipe Petite, por el cable tendido entre las Torres Gemelas. El personaje de Sean Penn, en “Entre la Razóin y la Locura”, la película de Sherman, en la que la obsesión por las palabras conduce a la autoflagelación. El personaje encarnado por Joaquim Phoenix cuya escritura es el reflejo de una vida de dolor, abuso, abandono en la película “Joker” de Todd Phillips, donde Happy, apunta a diario en un ajado cuaderno, su desordenada y atribulada existencia. Y aún, en la menos violenta “The Swan” de Asa Helga Hjorleisfsdottir, en la bucólica Islandia, donde Jon escribe su diario y éste resulta un delirio inconexo, o en la exquisita “Paterson” de Jim Jarmush, en la que el chofer de ómnibus, interpretado por Adam Driver, cuyo nombre es Paterson y que vive en Paterson, y que también escribe y el perro le come el cuaderno con sus notas, donde había copiado el poema de William Carlos Williams (1883 – 1963):

    Era un día helado

    Enterramos a la gata

    Después agarramos la caja

    Y le prendimos fuego

    En el patio de atrás.

    A esas pulgas que escaparon

    De la tierra y el fuego

    Las mató el frío.

    Y cuya mujer (la de Paterson) sueña con tener gemelos y todo es una duplicación especular; y mucho peor aún, cuando veo personas de aspecto normal, escribiendo como posesos, como el individuo en el tren a Retiro, que sentado a mi lado, garabateaba obedeciendo a un impulso, guardaba la libreta en una bolsa de hacer compras, la volvía a sacar, se soplaba los dedos y reiteraba la acción cada dos o tres minutos. O la señora que ofrece sus poemas e historias en un cuadernillo de elaboración propia, acercándose y explicando que como es jubilada, trata de incrementar sus ingresos “de esta manera noble, que es la poesía”. Cuando delirio y frustración superan al esfuerzo, la corrección, la autocrítica. Cuando el deseo de ser escritor se ve superado por la necesidad de mostrarse sin filtro, es cuando me pregunto por mis bitácoras y, sí, tengo el pánico, la vergüenza, el pudor, el miedo, el terror de estar siendo un impostor buscando distinción y no haber sido un artesano, un trabajador de las palabras. No quiero conocer a los escritores a los que leo. Encuentro placer; me interesan sus escrituras, su río de palabras, no me interesa un autógrafo ni lo que hablan ante un auditorio sordo que quiere una selfie y una firma. No me interesa el show literario, ni las entrevistas, ni los talleres, ni los coloquios, ni las ferias de libros, donde se acumulan textos como si fueran verduras, cortes de carne, variedad de yogures o nuevos modelos de consoladores. Toda esa obligación contractual de tener que tomar un avión para ser exhibido como el productor responsable de lo expuesto en las góndolas que tanto malestar le provoca a Vila Matas. Me atraen los escritores que huyen, lo que ha hecho que Quignard, o Lowry, o Bolaño, o Cossery, o Rimbaud, o Walser, o Quiroga, o Sandor Marai, o Mishima , o Salinger, o Pynchon huyan a la montaña, la botella, la playa de estacionamiento, la habitación del hotel La Luisianne, el tráfico de armas, la locura, el suicidio, el ocultamiento.

    Siento terrorr, el mismo que sentiría estando de noche en el mar después del naufragio.

    En el capítulo 5 de “Rayuela”, en el que Cortázar describe una noche en que Oliveira y La Maga se aman (“la hizo beber el semen que corre por la boca como el desafío al logos”). Semen y logos, la materia de la que estamos hechos.

    Hubo un tiempo en que decidí escribir desnudo para sentir con mayor intensidad que cuerpo y mente estaban unidos. Llegué inclusive a imaginar que cada vez que tecleaba punto, era el ombligo el que quedaba en la pantalla, una coma era el dedo más pequeño del pie, punto y coma era el apéndice. Los paréntesis eran las uñas. Las mayúsculas eran el pene, con lo cual después del ombligo siempre había una erección. Los guiones eran los ojos. En cuanto a las palabras: los verbos eran la lengua, los adverbios de modo el intestino grueso, las preposiciones y conjunciones los dientes, los adjetivos un dolor de estómago, los sustantivos eran a veces las orejas, otras los testículos, otras los pezones. Eso duró un tiempo hasta que me aburrió. Además me resfrié algunas veces. Cuerpo y letras se encontraron por fin, en un paso una letra, un trecho una palabra,una caminata un párrafo, un recorrido un texto, un viaje un libro.

    Sin embargo hay momentos que el oficio de escribir se parece a una internación, uno se guarda e interrumpe la cotidianeidad y la vida social por ocuparse en teclear una idea que se dibuja en palabra en una pantalla, pero uno sabe que afuera, la gente sigue tomando trenes y aviones, que un virus acecha en cualquier ámbito, que funcionarios públicos siguen hablando sin decir, que Rusia invade Ucrania, que los narcos “encarcelados” manejan las policías, que las autoridades miran para otro lado por el temor que les causa el ejercicio del poder que buscaron con voracidad ejercer.El oficio de escribir (voy descubriendo), es también una puesta entre paréntesis, (una epojé), una cancelación de siete años de doce horas de trabajo diario y borrar y romper hojas y de dudas y de cierto grado de locura. La tarea de escribir se parece a la del agricultor que siembra sin saber si la sequía, los incendios, las inundaciones, las políticas impositivas, la invasión militar de un territorio, los avatares del mercado, le permitirán recoger y gozar el fruto de su trabajo.

    La escritura (a medida que avanza) exige la exposición pública, quiere ser mostrada, transformarse en libro y es entonces donde uno (que se ha guardado) sabe que tendrá que entrar en territorioi desconocido donde lo esperan discusiones, acechanzas, controversias, rechazos, indiferencias, juegos de poder entre el EGO personal y el EGO editorial.

    Sí, escribir es morir un poico (lo viene siendo para mí durante estos siete añios) en que afuera apareció el Covid, las criptomonedas, los incendios forestales, el derretimiento de glaciares, el resurgir de controles de estados conducidos por bárbaros, y (también) la aparición de estrellas para que las descubran dos que se besan por primera vez en el muelle de Pacheco.