Autor: alejandrofrango.com

  • REFLEXIONES SOBRE EL BLOG

    Comencé a escribir en este blog hace hoy un mes, y me siento como un naufrago colocando mensajes dentro de una botella y arrojándolos al mar. ¿Qué envía un naufrago? SOS, estoy aquí en una isla, vengan a rescatarme, esto del blog se le parece bastante; escribo artículos con intención de que me lean, quiero ser leído ¿quiero que alguien me salve? ¿estoy pidiendo socorro? Al blog no lo leen ni mis amigos.

    Conclusión: 1. Escribo notas poco interesantes. 2. La gente está en la suya. Si la situación es la indicada con el 1, debo mejorar, trabajar más. De ser 2. pues ante esto no puedo hacer nada, cada cual tiene sus ocupaciones, deseos, problemas, afectos que atender. Bien, entonces, hoy que acabo de terminar de leer la novela de David Markson (1927-2010) “La Amante de Wittgenstein”, de quien he leído, subrayado, anotado y releído “La Soledad del Lector”, “Esto no es una Novela” y “La Última Novela” que me encantaron y si se me permite (y soy consciente que un consejo no pedido es una invasión) recomiendo (como total nadie lee lo que escribo, no siento que estoy invadiendo a nadie). Bien, intentaré mejorar la escritura, el artículo de hoy se titula “Carta de un Gorila Apasionado a una/o Zurdita/o Hipócrita”. Es obvio que el Gorila Apasionado soy yo. Nunca fui peronista. Cuando Perón fue expulsado del poder, yo tenía 7 años, en junio de ese año mis padres habían comprado un televisor Sylvania importado de Estados Unidos, que fue toda una novedad en el barrio de La Lucila y todos los chicos amigos venían a casa a ver “Cisco Kid” seguido de “La Patrulla del Camino”. El noticiero de la noche (19 horas, me parece recordar) mostraba una caja fuerte violentada y una mano sacando 30 centavos del interior, una voz con cierto patetismo decía “Así han quedado las arcas del Estado, debido al saqueo del hoy tirano prófugo”. Eso fue en septiembre de 1955. Fui a mi cuarto, abrí mi alcancía que tenía tres billetes colorados de 10 pesos con la cara de San Martín, varios color violeta de 1 peso, creo que con la imagen de la justicia y muchas monedas de 50, 10 y 5 centavos. No podía creer que yo fuera más rico que la Argentina. Algo no me parecía correcto en esa ecuación.

    Mi madre, mi padre, mis abuelos y tíos (salvo dos) eran no peronistas y una tía ultra católica Gorila con mayúscula. Frente a casa vivían los Marini, el padre era el “delator de manzana”, dos padres de amigos habían perdido sus puestos en el Banco Nación uno y otro en la Marina Mercante. El día que cayó Perón, algunos vecinos se juntaron en la vereda de los Marini a cantar el himno portando una bandera argentina. Mi madre volvió a contarnos que cuando Evita murió, los empleados públicos fueron obligados a vestir de luto, y ella que era profesora de Filosofía en un colegio del Estado, entró en el aula vestida de colorado y una rosa amarilla en la solapa; los estudiantes la aplaudieron de pie y el rector le llamó la atención, pero nada grave pasó. Mi padre trabajaba en el Banco de Londres y solía nombrar a Perón como “John Sunday Big Pear”. Cuando juró Lonardi yo pregunté si ahora iba a haber “lonardistas”, mi tía ultra católica, se emocionó y aseveró que el nuevo Presidente era muy católico y se persignó. Al poco tiempo cuando asumió Aramburu, la misma tía dijo algo que tenía que ver con las logias; por mi cabecita de siete años y “Cisco Kid” pasó la Logia Lautaro de San Martín. Toda mi niñez, adolescencia, juventud, edad adulta tuvo y tiene todavía como telón de fondo al peronismo: Perón en el balcón de la Casa Rosada, Perón en la cañonera paraguaya, Perón y Stroessner, Perón en el exilioi Perón e Isabelita, Perón en la España de Franco, Perón y el Brujo recibiendo en Puerta de Hierro, si vuelve o no vuelve, Montoneros, lucha armada, Vandor, los militares, la CGT, los curas villeros, si vuelve o no le da el cuero, revolución, la matanza de Ezeiza y llegamos a los 70 y con la muerte de Perón y el gobierno de López Rega e Isabelita, ya había yo pasado de “no peronista” a “anti peronista”. Me gradué en Filosofía en la UBA una semana antes del golpe militar del 76 (cuento eso en este Blog, que nadie lee en el artículo subido el 6 de octubre con el título de Sapere Aude) Lo demás es conocido: Extremismo de derecha y de izquierda, y en el medio la mayoría, cada cual atendiendo su juego como en el Don Pirulero: trabajando, estudiando, amando, casándose, teniendo hijos, educándolos, leyendo, escribiendo, viajando; estas tres últimas actividades han sido y son mi vida y me definen como un liberal estudioso, muy lector y viajador (no me extenderé, lo cuento en todos los artículos de este blog, que como nadie lee sintetizo: de Alaska a Antártida recorrí todo el continente menos Venezuela, viví dos años en Londres, dos en el sur de Francia, recorrí India y Nepal durante seis meses, viajé por Asia y Europa, sólo estuve en Marruecos y República Sudafricana y no conozco Oceanía. Enseñe Filosofía y paralelamente durante 31 años (1989-2020) fui guía de turismo. Festejé el retorno a la racionalidad democrática con Alfonsín, me entusiasmé con Menem, sólo por un rato, me decepcioné con de la Rua, me pareció vergonzoso la manera en que el peronismo se hizo del poder con Duhalde y luego con los Kirchner (zurditos hipócritas) me transformé en Gorila, me volví a entusiasmar con Macri y a desilusionar, con Fernández inútil, corrupto, genocida de 120000 argentinos muertos por covid, golpeador de su mujer y eterno adjunto penalista y su vice (zurdita hipócrita, genocida de 120000 argentinos muertos por covid y ejemplo de GRASA IRREDENTA NAC & POP) ya me convertí en Gorila Apasionado, cosa que hoy estimo está mal porque me ha llevado a un extremo que no me place, pero me superó la eterna calesita argentina del Bartlebyano “I would prefer not to” (preferiría no hacerlo). Vengo votando las cuatro últimas elecciones por La Libertad Avanza y mi iracundia se parecía a veces a la de Milei. Esto ha sido la síntesis, viene ahora la Carta Abierta:

    Zurdita/o Hipócrita y Grasa Irredenta/o,

    Defino, no tengo nada en contra de los ciudadanos de izquierda, gente que respeto y algunos a los que quiero mucho, son de izquierda y hablamos y discutimos civilizadamente; en cambio zurdita/o es indicativo de desprecio. Hipócrita, es obvio (la palabra viene del griego: actor, farsante, intérprete) el que simula ser, el que detrás de la máscara es otra cosa, el que esconde, también despreciable. Grasa Irredento, es indicativo de repulsa total y si estuviéramos en la Grecia Clásica, pasivo a ser desterrado de la polis.

    Todo es opinable en la vida, creo que el liberalismo capitalista ha permitido que todos los que no tuviéramos titulos nobiliarios, (nuestros antepasados del XVIII y XIX)nos convirtiéramos en burgueses que gracias a la educación laica y gratuita o paga, a las constituciones que garantizaron el ejercicio de las profesiones liberales, la industria y el comercio lícitos, la libre expresión y publicación del pensamiento sin censura previa, el libre culto de las religiones, el libre acceso a un pasaporte que permitiera viajar y un largo etcétera de derechos, garantías y obligacioines, Revolución Norteamericana, Revolución Francesa, paulatina descolonización, Revolución Industrial e ingresáramos en un circuito virtuoso generador de riqueza, cultura, bienestar, refinamiento que permitió que surgieran los derechos sociales y la conciencia que cada vez más ciudadanos tengan una vida mejor y digna de ser vivida. A partir de 1930, y por un complejo panorama internacional que estalló en Europa como Segunda Guerra Mundial, entramos en un circuito de golpes de estado, autoritarismo, doctrina social de la iglesia, alianza militarismo, dogmatismo, verticalismo que en nuestro país se llamó y llama Movimiento Peronista y que siempre defino como “la iglesia católica sin sotana”, amante de la Comunidad Organizada y los gremios Combatiendo al Capital; tan intenso y constante ha sido el combate que ya llegamos a 26 millones de poibres, con todo lo que ello implica. A partir de la década del 70 un número grande de adolescentes universitarios, muchos de ellos educados en colegios católicos, lectores de “Cristianismo y Revolución” fundadab y dirigida por el ex seminarista García Elorrio, admiradores del Che Guevara y la Revolución Cubana, adoctrinados por el padre Mujica y curas villeros, no hicieron el Wooidstock orgiástico de amor libre, yerba y rock and roll y se embarcaron en la orgía de sangre de la guerrilla; algunos en la práctica y fueron muertos en combate o encarcelados sin juicio y torturados o arrojados al mar desde aviones militares; los demás, los que no se embarcaron más que en el hueco cacareo revolucionario, progresaron económicamente asistiendo a la universidad pública, se hicieron propietarios, usaron del Estado para enriquecerse, vociferando ser los dueños de los derechos humanos, se instalaron en Recoleta, veranearon en Punta del Este, edificaron en Jose Ignacio o compraron en Miami donde guardan su dinero Combatiendo al Capital. A esos los llamo Zurditas/os y si les gusta /es, hipócritas y si son funcionarios públicos GRASAS IRREDENTOS.

    Mi presente está a la espera de que estos 95 años que van desde el 6 de septiembre de 1930 con el General Uriburu y su edecán el Capitán Juan Perón entrando en la Casa Rosada y los 80 años de peronismo en todas sus variantes, pero en particular el nefasto zurdaje hipócrita grasa kirchnerista queden fuera de toda posibilidad de retorno.

    Es mi deseo que al menos me puteen.

  • ENERO 1979, SCILLY ISLANDS

    El rotar de las paletas del Boeing CH 47 Chinook de British Airways, me hacen pensar en lejanos cañonazos que impactaron en estas costas desde las temibles embarcaciones de la Armada Invencible. Toda la costa de Cornwall y no sólo las Islas Scilly a donde nos dirigimos en este enero frío de 1979 fue amedrentada por las agresivas velas hinchadas con la gran cruz color rojo sangre, mensajeras del castigo, no sólo de Felipe II, fiel custodio de la fe católica, sino también del Gran Inquisidor español, Gaspar de Quiroga, embarcado en una de ellas con sus esbirros y sus fierros con que horadaban cráneos, torniquetes con púas, látigos de siete lenguas con virolas de plomo, muñequeras y tobilleras de cuero para descuartizamientos públicos y ejemplarizadores para que nunca nadie más osara rebelarse contra la única verdad revelada. Eran los tiempos oscuros de 1588, momento acordado con el papado para escarmentar a quien se había insubordinado, desafiante y racional frente a la autoridad de Roma.

    La señora Hobbes, embarazada, angustiada por infidelidades de su marido y por la tensión amenazadora de la escuadra Invencible termina pariendo a su hijo Thomas el 5 de abril, varios días antes de lo previsto.

    La estrategia de Isabel I, las embravecidas olas del mar británico, la suerte, o la lectura de que Dios bendecía su obrar, hicieron que la Armada Invencible fuera derrotada y que miles de marineros españoles llegaran a la costa.

    Con los años Thomas Hobbes dedicará su “Leviatán” a Sir Sidney Godolphin de Godolphin, quien junto a su hermano Francis, pagando un canon anual a la corona, pasarán a tener el usufructo de las islas y la responsabilidad de defenderlas ante un segundo posible intento de invasión católica. Star Castle de 1593 es parte de la respuesta de Isabel I a ese posible futuro.

    Camino por un terreno lomado con pastizales que me llegan hasta la rodilla. A un lado St. Mary, un pequeño poblado, chimeneas humeantes, un mercado de granjeros, productores de flores, activo y colorido; es tiempo de “picking” (los hombres) y “packing” (las mujeres). Hacia el otro lado el Océano Atlántico, casi infinito, brumoso, plagado de naufragios y vida animal submarina, que siento ajena, misteriosa, amenazante, letal.

    Pienso en otras islas lejanas; pero un atisbo de sol, los pastos altos bailando impulsados por una brisa que vino de una escena de “Far from the Madding Crowd”, la novela de Thomas Hardy que Schlesinger hizo película (“Lejos del Mundanal Ruido”), me llevan nuevamente al mar. Me gustan los límites entre la tierra y el agua, por instantes creo ver el muelle de Pacheco frente al río, que parece un mar marrón y a ratos un lago de la Patagonia.

    El viaje, por momentos es como un collage de Basquiat, de pinceladas que se superponen, casi con furia enloquecedora; otras veces es un patchwork de escenas, que unidas generan una colcha que cobija; por instantes se transforma en una trenza de imágenes, sensaciones, fantasías, donde los hechos históricos compiten con la ansiedad cotidiana, los encuentros casuales, o no; los sueños, en un entramado que sin comprenderlo lo intuimos como el mejor de los mundos posibles.

    Nuevamente a bordo del Chinook, rumbo a Penzance. El motor que mueve las paletas, el ascenso y al rato el mar y unos pequeños cargueros, dejando una estela blanca. Ya no es Julie Christie, bella, codiciada por tres hombres y los espectadores la que simula que sufre, desea, padece, llora, hasta convencernos y sufrimos, deseamos, padecemos, lloramos. Ahora es Robert Duval, es el Coronel gritando “kill them all”, “kill all the fucking bastards”, la costa de Cornwall es Vietnam, no hay balas de cañón, es napalm; una mujer vietnamita embarazada parirá antes de tiempo, sangre, sangre. Marlon Brando repetirá las palabras escritas por Joseph Conrad y el Coronel Kurtz con cada golpe sobre la bestia dirá como una letanía Horror! Horror! Horror! y se escuchará a los Rolling cantando Satisfaction.

    Sir…we have landed.

  • INGLATERRA, SIGLO IX; INDIA SIGLO XI

    En 1066 Guillermo, Duque de Normandía (1027-1087), desembarca en Hastings con el objetivo de tomar el poder, ya que su amigo, el Rey Eduardo el Confesor (1022-1066), le había prometido el trono, que luego entregó a su cuñado Haroldo II, Conde de Wessex quien reinó entre enero y octubre de 1066 y que morirá en la batalla de Hastings. Guillermo, el Conquistador, será Rey hasta su muerte y Eduardo el Confesor será consagrado santo por la Iglesia Católica. Uno de los considerandos para tal consagración será que a pesar de haber estado casado con Edith (hermana de Haroldo II) se mantuvo virgen.

    En la provincia de Orissa, al sur de Calcuta, se halla la Pirámide de Konorak, el monumento más festivo que he visto, es la consagración del sexo entre varón y mujer, varón y varón, mujer y mujer y todos entrelazados penetralmente con animales en una suerte de exaltación, no de la cruz, sino de los cuerpos, de la alegría de estar vivos, de armonía con todo lo que nos rodea. Es una carcajada pétrea. Konarak se construye entre 1238 y 1250 en celebración del dios sol. Es el mismo tiempo en que en Europa se erigen las catedrales abarrotadas de vírgenes, querubines, ángeles, la tortura, el látigo, la penitencia, el pecado, la culpa y santos como Eduardo el Confesor, como para que te des cuenta, se den cuenta, nos demos cuenta.

  • LOS ÁNGELES

    Es julio 2005, es el 250 S Grand Av., es Los Ángeles, es el MOCA (Museum of Contemporary Art), es la exposición homenaje a Jean Michel Basquiat (1960-1988), después de haber nacido en Brooklyn, después de haber sido atropellado por un coche siendo un niño, después de haber encontrado en “Same Old Shit”, el nombre SAMO con el cual se enmascararía grafitando las paredes de Manhattan, después de huir de la casa paterna a los 18 años, después de haber formado la banda musical “Baby Crowd”, después de haber escuchado a cuanto rapero poblaba las calles del Bronx, después de haber llevado ese RAP a color y telas y muebles y tapas de heladera y casco de football americano, después de pintar el cuerpo recordando las viñetas del libro de anatomía de Gray que su madre le había llevado al hospital donde convalecía después del accidente de auto, después de prostituirse, después del Mudd Club, después de Andy Wharhol, después de expresar que su obra está compuesta por un 80% de ira, después de morirse de sobredosis en el estudio 57 Great Jones a los 27 años, después de atreverse a hacerlo donde otros “prefer not to”, después de haberle dado una cachetada al mundo del arte, de ofenderlo agresivamente.

    A Basquiat le hubiera gustado el rostro de Kafka. A Kafka le hubiera encantado que Basquiat pintara su retrato como una cucaracha o lo que fuere en lo que se desperó Samsa esa mañana. A SAMO le hubiera gustado SAMSA, o acaso una cucaracha del tamaño de un humano no es lo mismo que SAME OLD SHIT, entonces mientras de traje y corbata, sombrero y dolido SAMSA camina por el petreo puente Carlos del siglo XIV sobre el Moldava; SAMO drogado y borracho y orgiástico camina por el metálico puente colgante de Brooklyn, sobre el East River inaugurado un mes antes del nacimiento de Kafka.

    El paso del hebreo es firme, el del negro trastabillante. Uno es un Juden Rat, se lo hicieron saber de pequeño, sí, la historia, pero sobre todo su padre; el otro un Fucking Nigger. Les han dicho JUDÍO DE MIERDA y NEGRO DE MIERDA, así no se los hayan dicho, porque lo decimos y repetimos. Se los han dicho los padres así no se los hayan dicho se los han dicho, porque se los han dicho Praga y New York.

    En esos dos puentes tan distintos, tan iguales, se cruzan a diario la impotencia ante el poder: SAMSA y SAMO se miran, detienen la vista por un instante eterno que viene repitiéndose, se repite y se repetirá y un coro de arlequines chillones, y un coro de mojas ciegas hacen tronar el espacio y JUDEN RAT rebota en el Castillo y FUCKING NIGGER en el Empire State.

    “Te voy a hacer picadillo”, dirá Hermann Kafka a su hijo, “te voy a aplastar insecto inútil”. “Negro Marica, no te quiero ver más”, le grita su padre Gerard a su hijo Jean Michel.

    Franz Kafka se sienta en Brooklyn High Promenade y mirando a una incomprensible arquitectura escribe: “Tanto te costaba abrazarme Padre”. Jean Michel Basquiat coloca una madera apoyada contra la pared plena de estatuas desconocidas del puente Carlos y comienza a pintar “Portrait of the Artist as a Young Derelict”.

    Y entonces comenzó a llover y el agua lavó lo escrito por Kafka.

    En Praga no llovió.

  • ENTRE PARÉNTESIS

    Es julio, es 2017, es el Waterfront Hotel, Falkinas. El propósito de haber venido a las islas no es otro que el de una puesta entre paréntesis de mi persona. No tengo ningún interés en soberanía nacional, estoy convencido que los estados nacionales dejarán de existir próximamente. Elegí este lugar para resolver ciertos conflictos: nada mejor que venir a un territorio conflictivo; menos por menos da más, con lo cual queda garantizado lo erótico por sobre lo tanático; (hasta en el suicidio debe primar lo erótico por sobre lo tanático, es más, es ahí, al menos para un liberal, donde más se debe expresar, pero esto lo expoindré más adelante). Volvamos a las islas. Están en el medio de la nada, in the middle of nowhere: a miles de kilómetros de Gran Bretaña, en el Atlántico sur, muy próximas a la Antártida, que tal vez, de acuerdo a mi idea, de que la historia no se repite, pero sí lo hace la naturaleza, podría muy bien, después del cataclismo, (que estimo vendrá por fuego esta vez), ser el nuevo territorio donde todo volverá a comenzar, donde nuevamente volveremos a inventar la realidad. Este es un territorio que reúne entonces las condiciones para la desterritorialización.

    Una puesta entre paréntesis. Según el “Esbozo de una Nueva Gramática de la Lengua Española” (1.8.5.i) “El paréntesis se usa cuando, se interrumpe el sentido…”. Este viaje a estas islas es una EPOJÉ, que es un viejo concepto de la filosofía griega. Uno de sus puntales, un tal Pirrón (360-270 AC) habitante de Ellis afirma que “no conocemos nada”, en consecuencia nuestras acciones, nuestra misma vida no puede ser catalogada definitivamente como correcta. Su escepticismo es radical y tan sólo se atenuó un poco en los escritos de su discípulo Sexto Empírico (160-270) quien afirmó que sí, hay cosas, pero sólo podemos decir de ellas cómo nos afectan, no lo que son en sí mismas.

    Mucho después Edmund Husserl (1859-1938) con contundencia dirá, que no sólo las opiniones sobre la realidad son puestas entre paréntesis, sino la realidad misma.

    “La única verdad es la realidad”, y siendo ésta, la más increíble invención humana, le permitió a Perón afirmar sin tapujos: “Ahora yo soy vuestro líder, yo doy las órdenes, vosotros las cumplías, le autorizó y dejamos pasar de manera brutalmente incivil, el autoritario “Vamos por todo”, y al tiempo se escuchó de la misma abogada, “No tengo pruebas, no tengo dudas, el fiscal Nisman se suicidó” y volvimos a mirar para otro lado, cuando durante la cuarentena por el corona virus, un nutrido grupo de burócratas nacionales y populares hacían alarde de sus privilegios para vacunarse para mejor poder servir a la patria; e incrédulamente aceptamos el voluntarista “Sí se puede”, casi como un mantra o como un empecinamiento verbal.

    Vuelvo a los griegos: “La verdad es lo que aparece”, no lo que yo digo que aparece. He venido a las islas a darle un giro a mi vida. He venido a buscar el silencio, para intentar decir y dejar de hablar. He venido al lugar de las batallas a buscar el coraje necesario y retar a duelo a Funes el Memorioso y con la espada Excalibur que sabré manejar con destreza, regreso al río, a mi lugar, lejos del mar.

    Ahora sí, deseo hablar del suicidio, dejando en claro que al igual que Simon Critchley, no tengo el ánimo, ni la predisposición para el mismo. No aspiro a emular a Eduard Levé, que no bien enviado “Suicidio” a su editor y antes de verlo publicado, lo hace, se mata.

    Creo que el suicidio es la actitud lógica de un liberal, cuando ya no hay OFERTA (lugar a donde viajar, libros que digan algo nuevo), cuando las piernas ya no respondan, los ojos se apaguen, cerebro, corazón, pene, esfínteres entren en una anarquía que confunden la DEMANDA, que deja de haber MERCADO. ¡Game over!; entonces, como un guerrero vikingo, como un viejo esquimal, habrá llegado la hora de esperar en la barca, las flechas en llamas; será el momento de dejarse caer en el infinito desierto de hielo.

    David Hume, ese escocés bon vivant, que gozaba de la literatura, el vino, el oporto, las reuniones filosóficas en su espléndida casa donde era el mejor jugador de billar e imbatible en el whist, que escribió el “Tratado sobre el Entendimiento Humano”, cuya “Historia de Inglaterra” fue el libro más leídoi por años en Europa, que gozó de su soltería, que despertó a Kant de su sueño dogmático y que de haber vivido en 2019, seguramente para abrigarse, habría comprado un sweater azul en un shopping en Edimburgo, escribió 29 consideraciones sobre el suicidio entre las que destaco cuatro (quiera el lector leer la totalidad de las mismas):

    1.El superior valor de la filosofía por sobre la superstición religiosa.

    2. Para el universo, la vida del hombre vale tanto como una ostra, (los argentinos podríamos decir, tanto como un bife de chorizo).

    3.En oposición a la idea, que el suicidio es un crimen, afirmo que de no ser criminal desviar el curso del Nilo o del Danubio. ¿Por qué debería serlo desviar unos pocos mililitros de sangre, del curso de las venas?

    4. El hombre que se retira de la vida, no le ha hecho daño a la sociedad. Sólo deja de hacer el bien, que tal vez, pueda ser una afrenta, pero de manera insignificante.

    Creo que es la afirmación (¿triunfo?) del YO sobre el EGO. No somos al final más que polvo y olvido, que suena más musical en inglés “we are just dust and oblivion”, con coro de Never More, Never More, Never More.

    Georg Lichtenberg (1742.-1799) apunta en sus aforismos que hoy casi no se puede hablar de filósofos, ya que la mayoría son maestros de escuela, doctores y profesores de filosofía. Agrega que los antiguos, eran superiores a nosotros porque,

    1. No imitaban sin cesar.
    2. No tenían idea de sistema.
    3. Aprendían más cosas que palabras.
    4. Eran más libres.
    5. No escribían tanto como nosotros, para ganarse la vida.
    6. Veían más naturaleza.

  • BIOGRAFÍAS

    Roland Barthes, expuso la superioridad del lector, sobre la del autor. Es en uno , en tanto lector, que la obra alcanza su posibilidad de interpretación, de crítica, de motivador, de nuevos pensamientos, de reescrituras. Leí por primera vez el ensayo, cuando era estudiante y leí también el artículo de Michel Foucault “¿Qué es un autor?” Pasaron los años, los textos, los viajes, y ahora, septiembre de 2019 acabo de leer una interpretación de aquel artículo de Barthes de 1968 escrita por Michel Onfray que me inquietó. Me dejó pensando en ¿por qué en el fondo hacemos lo que hacemos? ¿es acaso por lo que decimos que lo hacemos, o ello es tan sólo lo visible del iceberg? Onfray afirma que a Barthes no le gustaba el género biográfico y “tenía razón para rechazarlo; es la clave de todas las teorías”; Onfray sostiene que Barthes instaura la idea de la muerte del autor por su imposibilidad de escribir una novela proustiana y que en consecuencia dedicó su vida a desmenuzar las obras de otros; “tenía sus buenas razones para pensar que el lector de una novela (que él era) resultaba ser superior al autor de una novela (que él no lograba ser)”. Me inquietó por varias razones, como por ejemplo ¿son mis bitácoras, la compensación por la frustración de no ser el escritor que deso ser?, ¿Son mis viajes, la representación de la libertad suprema como suelo decir, o una metáfora de la existencia, o hay algo oscuro en ellos?, ¿está ahí la clave de que todo político y cuanto más aferrado está al poder y al dinero, más se expresa en favor de los pobres del tren, de los pastores de Imlil?, ¿está ahií encerrada la respuesta a qué estoy haciendo aquí?

  • DE VIKINGOS Y ESQUIMALES

    Formaba parte de la cultura vikinga, que cuando un jefe moría, sus guerreros, lo sentaban en su barca con todos sus trofeos y luego la nave era empujada al mar. Desde la costa lo miraban alejarse morosamente, y ante una indicación del nuevo jefe, le arrojaban flechas en llamas hasta que el barco hecho una hoguera, crepitaba, se quebraba e iba a apagarse en el fondo del mar.

    Los esquimales tienen otro ritual: cuando el hombre mayor, siente que es una carga, le comunica a su familia que está listo para el viaje. Su gente prepara el trineo y lo acompaña. El viejo va montado detrás. En silencio se deja caer, como caen los copos de nieve, hasta que su cuerpo se hace uno con el hielo. El grupo regresa, mirando siempre hacia adelante.

    Converse con esquimales en Alaska donde hay una población de 25000; con otros en Canadá donde viven unos 15000; me entero que alrededor de 1500 recorren la fatigosa e interminable Siberia; sé que 37000 pueblan Groenlandia. Una etnia dividida en tres pueblos, cuyo rastro se remonta a 4000 años, según estudios hechos en la isla de Thule.

    Siempre me fascinó como algunas culturas pudieron preservarse de bandera, himno, burócratas, ceremonias nacionales, el ímpetu arrollador de Roma. Los misioneros. El hielo fue mejor protector que las selvas de Machu Picchu o Tikal.

    Los que vi en Alaska y Canadá vivían alejados de su ámbito natural. Realizaban tareas en el más bajo escalafón de Occidente. Vestían jeans, tomaban demasiado alcohol, barrían calles, dormían en albergues municipales. Aquí el hielo se había derretido.

    Me recordaron a los mongoles de la estepa; similares a los Menets de la tundra siberiana cuyas imágenes vi en el Museo de Ulaam Bathor; son un límite que no me atreví a cruzar, al igual que el de los Hunzas que viven en las altas montañas en territorios cercanos a Sikkim y Bhutan (donde miden el índice de felicidad nacional y no el PBI); fue una mezcla de respeto y cierto grado de sospecha de que tal vez habiten otro nivel de conciencia, como los parias y santones que quedan ciegos por exponerse a la constante visión del sol en Benarés, donde en una tórrida tarde me zambullí en el Ganges y pude comprobar que los cadáveres de las mujeres, al flotar, lo hacen con la cara al cielo como había dicho Joseph. Di unas brazadas y mi mano tocó el rostro entre chamuscado y despellejado de una anciana. Aún veo los dijes de oro colgados del pañuelo rojo que le ceñia la frente.

  • DE MURALLAS, NO SÓLO LA CHINA

    Es Beijin, es 2008, es el Raffles Hotel, es un mes antes de las Olimpíadas. Innumerables topadoras y camiones, deambulan derribando viejos caseríos: los Hutongs; son los barrios de calles angostas, pequeñas casas de adobe y techos de chapas, son el pasado, son lo que hay que ocultar.

    En el año 221 AC, Shih Huang Ti; primero que se proclamó Emperador; hizo cerrar el Imperio. Había comenzado la construcción de la Gran Muralla para defensa de los ataques de los nómades mongoles, había que cerrar, pero hizo también quemar todos los libros anteriores a él.

    En 1950, Borges escribe “La Muralla y los Libros”, que luego se publicará en “Otras Inquisiciones” (1952). Ahí, Borges nos da noticias de infinitas historias, una de ellas es que al hacer quemar los libros anteriores a él, China ya tenía 3000 años de cronología; tenía al Emperador Amarillo que murió en 2597 AC, tenía a Lao Tsé filósofo 600 AC, a Confucio, filósofo, 500 AC y a Chuang Tsé, filósofo , siglo IV AC. Borges también nos dice que Shih Huang Ti había desterrado a su madre por libertina y que tal vez quiso abolir todo el pasado para abolir un solo recuerdo: la infamia de su madre.

    En 1919, Franz Kafka, también se aboca a la Gran Muralla China, y al iugual que Borges, dice muchas cosas; me interesan: a) el orgullo de los albañiles y obreros en participar en la construcción, -era una manera de pertenecer a un proyecto-, b) la comparación que hace Kafka, entre la construcción de la muralla y los juegos con otros niños en el jardín de un maestro. Tenían que construir un pequeño mundo con piedras. El maestro venía, inspeccionaba y destruía todo, sin importarle nada y los reprendía severamente al punto que los niños salían corriendo y llorando buscando a sus padres. Concluye Kafka “un incidente trivial, pero indicativo del espíritu de ese tiempo”.

    En 1966 Marco Denevi (1922-1998) publica “Falsificaciones” y en “El nombre del Emperador”, nos cuenta que Shih Huang Ti, que hizo todo lo que Borges nos dijo que hizo, un día, muy a pesar de sí, como todos, se murió en su palacio de A-Fang, pero como su pueblo estaba abocado a la construcción de la muralla, nadie se enteró, salvo el Primer Ministro, Li Ssu, tan ambicioso de poder, gloria y dinero, como el más insignificante político del más pobre municipio del más irrelevante país; ocultó por tanto el cadaver hasta que empezó a oler feo. Mató a un eunuco y lo exhibió como causante del al olor y firmó decretos y órdenes en nombre del Emperador muerto. Siguió matando eunucos y luego funcionarios y dignatarios, Cuando llegó a la víctima 6666, Li Ssu emitió un decreto por el cual se autoproclamaba heredero del Emperador y anunció oficialmente la muerte de su antecesor, pero al tener que mostrar al muerto, éste no era más que un puñado de huesos que se deshizo apenas fue tocado. Los señores del reino matan a Li Ssu y nombran a LiPang, quien funda la dinastía Han.

    Pienso en el libro de Daniel Schwatz, “The Great Wall” (1987-88) quien durante ocho meses camina parte de los 21.196 kilómetros que tiene la muralla. En el prefacio a su libro pleno de bellas fotografías Schwatz dice: “No hay tal cosa como la Gran Muralla, son varias construídas a lo largo de 2000 años por varias dinastías”. Agrega que el muro es esencial a la cultura China y separa “nosotros” de “ellos” y marca quien está “adentro” y quien “afuera”. Afirma que como elemento defensivo, las murallas no fueron efectivas, pero representaron un importante elemento de control social. Recurro a estos autores ya que sólo caminé 3 kilómetros por la muralla.

    En la muralla pienso en muchas cosas, pienso en la época que frente al Río de la Plata, el Uruguay parecía lejano, pienso en el muro de Berlín, pienso en el muro con que muchos países quieren blindar su territorio a la inmigración. Pienso en barrios cerrados, pienso en cuarentenas.

    Comemos en THE COURTYARD, elegante restaurante, frente a la Ciudad Prohibida: Foie Gras Creme Broulé

    Rib Eye (carne argentina)

    Catena zapata Malbec

    Pienso en la apertura comercial, en abrir la cabeza, en soltar las ideas.

    Volvemos caminando al Raffles, pasamos por un mercado callejero.

    Veo en la televisión a dos ancianos que se ataron al cabezal de su cama, son uno de los tantos que serán transportados por la fuerza a 1000 kilómetros de distancia, una vez que su Hutong sea derribado. Abuelos, padres, ellos, sus hijos y nietos vivieron entre esas paredes que tienen algo de barrio porteño alejado del centro, que es preciso erradicar. Las Olimpíadas son una ventana abierta al mundo, todo no se puede mostrar.

    Ciudad prohibida, ciudad sagrada, castillos, palacios,código,clave, QR, privacidad. Esas casitas de los Hutongs, las modestas casas de una planta de ciertos pasajes de Palermo, con sus ventanas pequeñas, cortinas en el interior y persianas y últimamente rejas. Parecía como que el infierno estaba afuera, y uno lo espiaba, desde ese pequeño ojo. La arquitectura de hoy, parece en cambio, como una gigantesca pantalla de TV (te veo, me ves, nos vemos), es una invitación a mirar, es también estar exhibido en una vitrina. No hay diferncia entre interior y exterior. ¿Es todo un infierno? Pienso en Lacan, pienso en su concepto de “Extimidad”; una suerte de intimidad y exterioridad; que se utilizó para localizar al inconsciente de Freud, que no está en un espacio anatómico (como el cerebro o el corazón), sino en el “exterior”,ajeno al sujeto pero constituyente del mismo, digamos como nuestro lenguaje.

    Vuelvo a Kafka y a su brutal maestro, que pateaba su muralla de piedritas. Comparo ese autoritario mundo en el que Franz vivía con el tweet que me envió Linda White, excelente profesora de español de una escuela pública primaria en las afueras de Lincoln, Inglaterra. Uno de sus estudiantes de 12 años al final de la traducción que les dio para trabajar, le escribió: Martín F. I will like to show you my grande pene.

    Vuelvo a The Wall, pero no la de China, ni a la ópera rock de Pink Floyd, sino al 11 de Wall Street, en Manhattan donde desde 1792 funciona NYSE (New York Stock Exchange), creado por un grupo de corredores de bolsa para poner cierto orden al movimiento de acciones que se comerciaban en las veredas de la calle de la Pared.

    Sesenta años más tarde, Hermann Melville (1819-1889) va a publicar “Bartleby, the scrivener: a story of Wall Street”. Siempre me pregunté por qué desde la segunda edición, (1856), eliminó el subtítulo.

    En varias bitácoras anoté mis caminatas por New York; leo en una de ellas: “Es hoy el último primer día del año del siglo XX; está helado. Camino por el Noho; entro en Great Jones Street, me detengo en el 57, la casa estudio de Jean Michel Basquiat (1960-1988), entre Broadway y el Bowery. Siento que las paredes extrañan los grafitis, que él firmaba SAMO (Same Old Shit).

    Basquiat, es un RAP de pintura. En su caso no es Rhythm And Poetry, ni Revolution, Attitude,Poetry, ni siquiera Respect And Poetry,; en él la sigla es RAGE, ATTACK, PAINTING.

    Llego a Wall Street; se mezclan en mí el Just Do It, con el I Would Prefer not To, el No Limits, con el I Would Prefer not To, el Impossible is Nothing, con la reiterada negativa de Bartleby. Estoy frente al edificio que es el mayor Mercado de Valores del mundo, desde el final de la Primera Guerra Mundial, cuando desplaza a Londres. El NASDAQ (National Association of Securities Dealers Automated Quotation), es el segundo Mercado, también aquí en New York, en Times Square. Fue creado por el Congreso en 1971 con el objeto de regular la seguridad de los mercados; pero el MERCADO dijo I WOULD PREFER NOT TO (BE REGULATED) y a partir del 2000 se convirtió en institución con fines de lucro y al igual que Martin F. nos shows su grande pene.

  • HISTORIA DE LAS HISTORIAS

    Me gustan las historias, contarlas, que me las cuenten, que me las hayan contado. Paso gran parte del día leyendo. Siempre había algo de mágico cuando mi madre o mi padre, y a veces mi abuela, cuando ellos viajaban, nos leían cuentos antes de dormir. Lo mágico estaba en que al abrir el libro, les salía una voz, que era diferente a las voces que tenían para pedir, alegrar, ordenar, invitar, reprender, educar; les salía una voz que despedía personajes y aventuras y el cuarto, entonces se poblaba de castillos, caballos,a veces dragones, príncipes, pájaros de plumajes increíbles y al cruzar el río para salvar a la doncella, ya se nos caían los párpados y comenzaba el sueño y a la mañana, veía el libro cerrado sobre la silla, pero sabía que la espada y el caballo estaban escondidos bajo la cama. Que las incomprensibles letras de los libros se hicieran personajes que salían de sus gargantas, era misterioso y abrigaba más que las frazadas.

    Estoy mirando un pequeño dibujo, (11.7 x 11.1) en tinta sepia sobre papel, con trazos en carbonilla, cuyo original está en la biblioteca del Castillo de Windsor, es del año 1498 y lleva firma de Leonardo da Vinci, se titula “Lluvia de utensilios caídos del cielo a la tierra”. En la parte superior dice “de este lado Adán, de este otro Eva”; por detrás de unos rasgos de lluvia, han quedado en el suelo infinidad de objetos: clavos, escuadras, platos, sifones, peines, tijeras, rastrillos, cucharas. Debajo se lee “¡Oh!, miseria humana, cómo se han esclavizado por tener tantas cosas”.

    Viajo, camino, asocio, anoto este sinnúmero de sensaciones que me invade. Camino anotando hechos en las bitácoras, y un buen día caigo en la cuenta que “geografía” es la grafía de la tierra. Camino una geografía que me lanza historias. Pienso en aquello de “En la historia manda la geografía” de Napoleón, que luego repetirá Bismark: “De todos los datos de la historia, la geografía es la única que no cambia nunca”.

    Sí cambian los mapas: la política los dibuja. Montañas, ríos, ciudades cambian de nombre.

    Estas bitácoras son un mapa de mis circuitos que también tienen para mí algo de mágico. Camino o viajo en tren y es la mente la que se sale del férreo circuito y así una señora que pasa me recuerda a una tejedora de Londres, Catamarca, que se parecía a mi abuela que me leía de un libro historias maravillosas..

  • 100 AÑOS

    Es el mes de abril, es 2018, es el sagrado valle de Vilcabamba, es Ecuador.

    El lugar es de una tranquilidad y una belleza de otros tiempos que me reconcilia con ciertos enojos que muchas veces me provoca la condición humana, es decir mi condición, es decir mi EGO al que le cuesta dar el salto al YO.

    Es una maravilla ver correr las aguas “sagradas”, que según los lugareños, además de nutrir la selva, hacen que los humanos superemos ampliamente la edad de 100 años con tan sólo beber sus aguas, caminar al menos 25 km por día, formar una pareja, no fumar, no consumir drogas, no beber alcohol, no comer grasas, ni carne vacuna, ni mariscos, no habitar urbes modernas, no usar telefonía celular, no ir al cine, no exaltarse con partidos de football, no tomar aviones, no saltar de Reykjiavic a Haparanda y de ahí a New York, en fin no viajar, ya que es indispensable vivir. Toda una filosofía muy digna de respeto.He llegado a los 77 años infringiendo todas esas recomendaciones y espero encontrarme en Chaltén con la señora sueca con quien converse en Estocolmo sobre el tiempo cuando yo tenga 100 años, decirle que no los siento y que espero verla en los próximos veranos con mucho gusto.

    Los senderos de este valle andino recuerdan mucho a los de valles atravesados por el río Beas, allá en la India. No es sólo la geografía, sino el color del cielo, los caminantes, el sonido, el manto verde que se derrama por las laderas. Una sensación como de espejo parece cubrirlo todo, donde se reiteran escenas aunque invertidas. Me distrae una música de quenas y flautas que acompañan a un cortejo fúnebre; larga vida no es inmortalidad, como para que lo tenga presente.