Autor: alejandrofrango.com

  • LOS OTROS ANIMALES

    El viaje es también el encuentro con otras especies. De pronto cobran presencia, irrumpen. Muchos de ellos están en la tierra antes que nosotros.

    Es 1964. Venimos de Chile, es un camión frigorífico, viene vacío, nos llevan en la caja. Por horas se hace de noche. Vamos a los barquinazos por la Cordillera de los Andes. Después de varias horas, el conductor y su acompañante, deben haber pensado que tal vez necesitábamos orinar. Aliviados, vemos un luminoso atardecer frente a una laguna plena de flamencos. Las pinceladas celestes, los picos nevados y el rosa fuerte del plumaje de las aves, son un cuadro de Seurat donde se ve, sin que esté presente a un esbelto y barbado personaje que parece acariciar las patas rojas de los flamencos.

    Es 1969, es Escuintla, es Guatemala, son las siete de la tarde. Todos los cables, todas las ramas de los árboles, cualquier cornisa, las cúpulas de las iglesias, son el albergue transitorio de miles de golondrinas que descansan en su travesía San Juan de Capistrano- Buenos Aires.

    Caleta Xeljá, Yucatán, nadamos en un crater poblado de peces de todos los colores; estamos nadando en un ramo de flores.

    India, camino por un sendero con Gary. Llegamos a la orilla de un río correntoso, no hay puente, no hay balsa ni bote; hay gente en cuclillas, esperando; no hablan inglés, sonríen; también decidimos esperar, sin saber qué. Del otro lado, un elefante, guiado por su Mahout cruza el río con pasajeros, se bajan, ocupamos sus lugares sobre el lomo gris. Ese gigante sumiso se hundió en el agua hasta el abdomen, sorteó rocas y piedras rodantes y nos depositó en la otra orilla.

    A las afueras de Calcuta, dos yacks, negros, lanudos, pastan en un descampado de un Parque Nacional. De pronto se inquietan. Se acerca un tigre de Bengala: “olor a caramelo y a tigre”.

    Década del 80, campo en el Uruguay, cerca de Arroyo Durazno. Destapamos un pozo ciego; adentro, en una profunda negrura, lagartos, una colonia de lagartos.

    Es 1990, voy en auto desde Candonga a La Cumbre, provincia de Córdoba. En una curva, un cóndor intenta remontar con un corderito entre sus garras. La sorpresa fue triple, la frenada hace derrapar el auto, el cóndor se asusta, afloja las garras, el cordero huye despavorido, el cóndor se eleva; paz en la tierra, ternero con su madre, llego a tiempo a mi almuerzo en Juva. Estimo que si el cóndor hubiese podido hablar, me habría dicho de todo menos gracias.

    Tandil, provincia de Buenos Aires, es julio es 2010; ha nevado; las miles de palomas descansando en los cables, postes y ramas de los árboles de la plaza central me transportan a Escuintla.

    Es 1980, es Sri Lanka, es la Laguna Baticaloa. Alguien informa “aquí hay peces que hablan”, son como loros pero que nadan. “Shit”, grita un inglés, “Shit!, “Shiiitttt”, al rato con un sonido que emula al croar de los sapos, escuchamos desde el agua “iit”, “shiii”, “shii”, la carcajada es total. Un francés grita “merde”, “merde”, “merde”, se hace un largo silencio, “shii”, “shii”, “shii”. Ahora sí, el francés mira con ira al inglés “Merde”.

    Es 2003, es Los Ángeles, es California, verano caliente, 6 de la mañana, nado en la pileta de la casa de un amigo (que dejó de creer en Dios cuando se enteró que también había creado a los mosquitos). Aparece un halcón, impresiona, se acerca a un nido, un conjunto de ramitas y de hojas caen al agua desde el árbol, se lleva en el pico a un polluelo que trina.

    Es 2014, es Abu Dabi, es el Hospital de halcones. Sostengo en mi brazo a un halcón encadenado, está en observación, tengo la mano enguantada con cuero y metal, tengo carne roja, siento mi mano enfundada temblar como tiembla el piso cuando hay un terremoto. Es voraz, no tiene duda alguna.

    Es 2005, es New York, es Central Park. Mi amiga Patricia no puede entender mi deleite ante las ardillas; “they are rats”, me dice con asco.

    Es 2011, es Vancouver, es Canadá, en dos horas vi al menos seis racoons. Daban la sensación de estar paseando.

    Es 2015, son las Islas Galápagos, es Ecuador, nunca me sentí tan en minoría: un paraíso de otras especies.

    Es el estado de Rajastán, es 1980, a 10 kilómetros de Jaipur, es Galta, el templo de los monos, no me extenderé, lo dice mejor Octavio Paz en “El Mono Gramático”.

    Es 1984, es la Pampa de Achala, caminamos perdidos en la bruma helada que baja de las cimas, nos enfrentamoa a perros bravos. Seguimos andando.

    Es Trincomalee, Sri Lanka, es la playa, es 1980. Calor denso, buenos tragos, muchos tragos, la arena infestada de víboras, nos rescata un bañero en un jeep.

    Aeropuerto de Anchorage, Alaska, espero vuelo a Vancouver. Leo a Jack London con inmenso placer. Se sientan frente a mí el padre, la madre, hija, hijo, tía, todos excedidos de peso: grandes vasos de café, muffins, bolsas (3) de Mc Donalds Quarter Pound, bananas (6), pote enorme de jugo de naranja, potes de yogurt descremado (2), bowls de ensalada de frutas, bolsas de Chex Mix (2), estuche doble de M & M, vaso gigante de Coca Cola Light, botella de jugo de frambuesa. Al rato llega otro miembro del grupo familiar, aportó dos bananas más, algo parecido a un alfajor pero del tamaño de un pandereta, otra bolsa de Chex Mix y una botella de Doctor Pepper. Por suerte viajan en business.

    Calle José Hernández, cerca de estación Acassuso, tapa de hierro, estimo que de desagües pluviales, es diciembre, 42 grados, salen a la superficie cientos de cucarachas.

    Bajada de Charbonnier, sierras de Córdoba, contemplo con alegría una horonda perdiz y seis crias que siguen a su madre en el cruce de la senda.

    Es Pinamar, es el verano de 1983, cena en boliche frente al mar, vela, espumante, bella mujer. Cruza la cabriada a sus espaldas, una rata del tamaño de un gato. Miro azorado. ¿Pasa algo?

    Es 2013, es San Martín de los Andes, frente al ventanal se acerca un ciervo. Es marzo, está fresco, la televisión acaba de anunciar “Habemus Papam”. El ciervo huye.

    Es San Isidro, panel de una de las ventanas de mi casa, es el invierno de 2018, hace unos días que un pequeño reptil ¿lagartija?, ¿gueco?, está adherido al vidrio. Es curioso, pero me gusta que esté ahí. ¿Qué hace?, también él se preguntará qué hago inclinado sobre libros frente a la chimenea encendida. Su cola, enorme para su tamaño, está quieta en forma de signo de interrogación. Hoy antes de acostarme, lo busqué y ya no estaba. Tampoco lo encontré en el piso, en el pasillo exterior, ni en paredes adyacentes. No sé por qué se habrá quedado una semana con la ñata contra el vidrio. ¿Habrá dejado huevos? Ojalá se halle correteando por ahí. Ya no hay más signo, permanece la pregunta.

    Es 1971, carretera Transamazónica en construcción, vamos en camión de Manaos a Brasilia. De pronto ahí en medio de una calzada de tierra, algo grande obstruye el paso, el camión lo elude y acelera. Es un pavo, nos dicen. Sigo pensando que era la cabeza y parte del torso de un hombre.

    Es Galle, Sri Lanka, me quedo dormido en una hamaca. Algo me despierta, algo que camina sobre mi pecho desnudo. Es una araña del tamaño de mi mano. Parezco una estatua. Se tomó su tiempo. Soy una estatua, la primera que suda.

    Calígula, Emperador de Roma nombró cónsul a Incitato, su caballo. Un Rey de Inglaterra, Ricardo III a los alaridos, ofrecía su reino por un caballo, fue su último día antes de morir en la batalla de Bosworth, el 22 de agosto de 1495.

    Pebete, Enano blanco, Griffe, Jacky, Amelie, Boyi, Enano, Frida, Oliver (así con mayúsculas), perros y gatos que estuvieron cerca. Importantes.

    Medianoche en Benarés, estado de Uttar Pradesh, 49 grados centígrados, me defiendo con un palo, del ataque de tres perros que a los saltos me muestran sus dientes. Al fin se abre una puerta.

    Raras son las especies que escapan de toda vida colectiva: el visón, el leopardo, la marta, el tejón, yo, ha dicho Pascal Quignard. Yo.

    En el momento que escribo estas líneas un pececito cerca de las Islas Galápagos, cruza el umbral del infierno, porque otro pez le devoró la cola; dejó escrito Witold Gombrowicz en “Diario Argentino”.

    Robert Bontine Cunninghame Graham (Londres 1852 – Buenos Aires 1936), para nosotros Don Roberto, dedica su libro “los Caballos de la Conquista” de 1930 al querido caballo que rescató de su trabajo tirando de un tranvía en Glasgow y ofreciéndole el más placentero de pasear su aristocrática figura hasta el Parlamento de Londres. La dedicatoria dice “A Pampa, mi negro argentino, a quien monté por 20 años sin ninguna caída. Quiera la tierra yacer sobre él tan delicadamente, como él supo hacerlo sobre ella”, Y en el monumento erigido en Escocia a la memoria de don Roberto, muy cerca de la propiedad familiar de Ardoch, está la bella cabeza de Pampa esculpida en bronce. Sin conocer estos datos, frené bruscamente el auto, retrocedí y ahí estaba, Pampa, fiel a su amigo. Fue una fría y soleada tarde de mayo de 1978.

    En el Arca de Noé, no hubo pingüinos, claro no se había descubierto América; dicen.

    Por la casa de Saussine, construida en 1826, en el Gard, Provence, Francia, todas las mañanas, a las 6, pasaba el pastor con su rebaño, en dirección al pueblo abandonado de Puech. También solía visitarnos un zorro, matador de nuestras gallinas, y un día me topé con un jabalí, en la terraza donde almorzábamos en verano. Sucedía todos los años, era el circuito que los jabalíes hacían desde los bosques alemanes, hasta España.

    Es el verano europeo de 2016, es Orlen, de 1300 habitantes, a unos 25 kilómetros de Wiesbaden y a 40 de Frankfurt. Paseamos por el bosque cercano a la casa donde me alojo, en tierras que fueron de los Orange-Nassau, por donde pasaron las Cruzadas y los romanos dejaron en los lindes del bosque, sus torres de vigía y su pétreo coliseo, y de pronto, ahí, en un sendero veo las huellas de los jabalíes que veía en Saussine en 1980.

    Caminar por San Isidro a medianoche, en un día laborable, es permitirse ver una realidad diferente a la cotidiana. Los encuentros son de otro tipo: en la Plaza Pueyrredón, una lechuza sale del hueco de uno de los plátanos que la circundan. Su ulular me sorprende. A ella también le debe resultar extraño que un humano ande caminando a una hora donde la noche le pertenece. Muchas veces, más de lo que la gente cree, uno se topa con comadrejas. Abundan, las he visto cruzar Roque Saénz Peña, caminar por Barrio Parque Aguirre, en el Paseo de los Tres Ombúes, en calles de Beccar.

    Todos los días una bandada de gaviotas “cocineras”, cruza de mañana el cielo, y al atardecer vuelven chirriando en dirección al río. También he visto una pareja de flamencos volando muy alto, en una bella tarde de otoño. Eran dos lanzas tajeando la tela celeste del cielo.

    Tarde de invierno, calle 33 Orientales, bajo de San Isidro. En el pequeño pantanal, un pato negro ha pescado un pez; la bella garza blanca lo ve y se lo arrebata: Beaudelaire “gracias Dios mío por no haberme hecho negro, mujer, judío, homosexual”.

    En el playón del aeropuerto de Cape Town, hay un gran elefante de bronce. En la Avenida de los Corrales en Mataderos, hay un toro del mismo material en la vereda; hay otro en Manhattan entre bancos y financieras. El aeropuerto de New Orleans, lo tiene a Louis Armstrong tocando salvajemente la trompeta y de noche, desde cualquier rincón de la ciudad se lo escucha. En la plazoletra exterior del Hotel Four Seasons de Buenos Aires, hay varios caballos de chapa, diseñados en simulado galope. En la rotonda de Márquez y Fondo de la Legua, en San Isidro, también hay caballos. A la entrada de la ciudad de Pajala, en Suecia, hay una enorme lechuza en un pedestal. En Barcelona, hay un pez gigante de Frank Gerhy. Madrid, Moscú y Berlín, tienen al oso como símbolo. Cualquier ciudad o pueblo argentino tiene en la plaza central a un caballo con un general o coronel sobre el corcel montado. En Parque Lezama, una loba de bronce amamanta a Rómulo y Remo. Miles de zuricatas se cruzan en todas direcciones, al atravesar la estepa de Mongolia. Se ven también, tropillas de caballos salvajes; en total hay 40 millones,los ciudadanos son 3 millones.

    Hay fotos de mis viajes a camello en Marruecos, sobre un reno en Mongolia, a caballo en Helsingfords, en Patagonia.

    Aún huelo al zorrino que aparecía todas las noches, bajo una ventana de una casa cerca del mar. En el charco del molino de la misma casa, se juntaban sapos.

    “La que nunca ha querido a los animales, ni les ha tenido compasión”, escribió Fernando Vallejo en “La Puta de Babilonia”

    San Antonio de Areco, un gallo empezó a cantar a las 3.30 de la mañana. Alas 8 aún cantaba.

    De niño parece que una visita al zoológico de Buenos Aires, me hizo pedir “camello, jirafa”, no paré hasta conseguirlos, tenía dos años y nos mudamos a la casa que estaban construyendo. En el jardín vi mi primera lombriz y una caravana interminable de hormigas coloradas con las que soñé muchas noches.

    En el camino a Chaltén se nos cruza un guanaco asustado; tan asustado como el chofer que clavó los frenos.

    Camino rural en Escocia, vamos a Inverness, la manada de ovejas nos detiene media hora en el cruce del puente de piedra.

    Calle Paraná, límite entre los partidos de Vicente López y San Isidro, debe haber sido 1957/58, ha muerto un caballo, ha quedado en la línea alquitranada que divide los dos municipios. Después de una semana seguía descomponiéndose. Las autoridades discutían a quien correspondia la remoción del cadaver.

    Algo enorme cruzó frente al barco, es el Pacífico, es 1973.

    En 1592, cuenta Borges, en “Arte de Injuriar”, había reñidero de osos en Londres, han sido reemplazados por la violencia urbana.

    Muy cerca de Torres del Paine, en Chile, hay un gran rebaño de guanacos. A lo lejos, apartado, más bien aislado e ignorado hay otro guanaco. El guardaparques nos explica que es el macho que perdió. Pienso en Kafka.

    En verano mi casa se puebla de insectos, los insoportables mosquitos, unas pequeñas hormigas coloradas y las prehistóricas y desagradables cucarachas. El otro día al entrar en casa, piso a una cucaracha que deseaba acompañarme al interior y ahí quedó el cadaver. Menos de dos horas más tarde un ejército de hormigas coloradas había devorado todo el organismo, dejando tan sólo las alas que quedaron com un chal muy liviano que el viento hizo desaparecer. Me impresionó la velocidad de la ingesta.

    En cuanto al bípedo implume, si bien soy muy crítico de la condición humana, sigo pensando que la mayoría es buena gente. Me arrebataron 100 dólares de la mano en La Habana, entraron ladrones en mi casa en Londres, me hicieron trampa con el cambio en Cartagena de Indias, me robaron un auto en Martínez, me intentaron asaltar en San Telmo, pero le dí tantas trompadas que salió corriendo y se le cayó su celular, yo me rompí una uña. Me roba siempre el Estado.

  • DEJARSE LLEVAR

    Me agrada, cada tanto, dejarme llevar por los pasos que doy. No por el instinto, que es otra situación. Es como cuando en un momento de la escritura, después de varias horas, hay algo que parece que hubiera sido escrito, no por uno, sino por, no sé algunos hablan de las musas. Salgo a caminar por el barrio ya estoy en la calle Lasalle, en el bajo de San Isidro; muy bien hasta ahí estuve escribiendo, pero ¿cómo doblé por la calle Brasil? A los pocos metros se hace de tierra y después de una curva corta, se termina la calle en una casa particular, pero para el otro lado, por detrás del edificio pegado a la estación Las Barrancas llego a un playón y estoy en estación abandonada en la Patagonia; es el escenario perfecto para que Alejandro Fadel filme otra escena para su extraordinario y sutil homenaje a Blaise Cendrars (1887 – 1961), tal vez otra decapitación antes de que el Monstruo le cercene la mano a Cruz.

    Algo similar me ocurrió en Bombay (hoy Mumbai) cuando los pasos que daba por la costanera, giraron y me llevaron a ese decrépito, húmedo, fétido, antro prostibulario de Falkland Road. Jaulas de bambú atestadas de mujeres que pujan por atraer a algún cliente. Sensación de estar en el infierno. Deambulé pensando que estaba en algún film de Fellini. Vi, sin embargo unos brillantes ojos verdes que aún no he olvidado. No la pude imaginar llegando siquiera a los 25 años.

    Otra caminata similar, dejé que me ocurriera en Habana Vieja. Desgastada callejuela llena de óxido marino, salitre, mugre y cables tendidos, donde mujeres-niñas se regalan a rubios europeos, pidiéndoles que las saquen de la isla revolucionaria. En esa noche de tristeza llegué al Hotel Habana Libre, nombre revolucionario del Hilton. En el televisor, Fidel Castro no paró de hablar durante cinco horas: una letanía digna de un hijo de los jesuitas, que chapeaba (mintiendo) haber nacido el mismo día que Ignacio de Loyola (otro soldado de Cristo) ¿Qué dijo? Revolución, Revolución, REVOLUCIÓN, lo que venía diciendo desde 1959.

    El fundador de la Cia. de Jesús, nació un 23 de octubre. El fundador de la Cia. Revolucionaria un 13 de agosto. REVOLUCIÓN: “Nací el mismo día”.

  • LA INAGOTABLE PALABRA DEL RÍO

    Esa constante narración de los acontecimientos. Esa explicación de los hechos, esa necesidad de analizarlos y no sólo de registrarlos, (porque hay un misterio), algo que no puede ser dicho de la misma manera en que uno dice “está lloviendo” cuando llueve.

    Ahora llueve y estuve antes de esta lluvia; en el amanecer de cielo encapotado; como muchas veces; mirando el río, el mismo, cuya identidad consiste siempre en ser distinto.

    Estoy en un punto casi a mitad camino entre la ciudad y las islas. Entre la voracidad humana de Buenos Aires y el laberinto verde y también voraz del Delta del Paraná. Estoy sentado a la orilla del río (ahora que ha parado de llover) con una bitácora, dibujando el perfil de la urbe (que, debido a la negrura que viene desde el fondo de las islas y avanza hacia ella en lucha con el sol invisible que no consigue abrirse camino) y, la distingue (a la ciudad) hoy, más que otros días: amenazante. La negrura de las nubes exacerba el misterio que traspasa no sólo la ciudad, sino todo.

    Hay ciertos atardeceres de noviembre, donde aún el cielo está azul, cuando se pueden ver reflejos de color naranja en las superficies vidriadas de las oficinas, allá en la ciudad. A veces me imagino dentro de alguna de ellas y me veo entrecerrando los ojos (el sol me pega de lleno) para poder mirar la pantalla con los datos financieros, pues imagino que uno está dentro de esas oficinas encargado de alguna tarea relacionada con negocios bursátiles; el precio de la soja en Chicago, el valor del kilo en el Merecado de Hacienda, de cómo impactarán el Nikkei y el Dow Jones sobre el Merval, a cuánto está el dolar, y todas esas cosas, que estando aquí, a distancia casi equidistante entre el verde de las islas y el gris de la ciudad, imagino que podría estar haciendo en una de esas oficinas. Cada tanto giraría la vista hacia el río y vería tal vez a este mismo velero que estoy viendo, virando hacia uno u otro lado hasta encontrar la brisa que requiere para internarse raudo y vigilante en el misterio, y a medida que el cielo se va oscureciendo y la ciudad va encendiendo sus luces, imagino que por algún motivo de crisis global tendría que quedarme más de la cuenta en la oficina y que en esas horas en que (imagino) suelo bajar a la cochera para subir al auto y dirigirme a esta zona donde ese yo imaginario que está allá tiene su casa, (que bien podría ser la mía) y a esa hora inusual de estar ocupando un lugar que normalmente presumo vacío, y que me infunde una sensación de misterio; como era la de pasar por el colegio en verano y verlo igual pero silencioso y ajeno. Irían entrando las personas de la limpieza y vería a la señora boliviana que mientras pasa la aspiradora y vacía los cestos de papeles en una bolsa de color negro; me cuenta que vive en Virreyes y que el domingo va a ir a una isla y entonces me imagino que la señora boliviana a la que percibo ancha de caderas por el recuerdo que tengo de las mujeres que he visto en innumerables viajes por Bolivia, deambulando por La Paz; o sentadas frente a un. puesto de venta de yuyos, fetos de llama y semillas de guairuru; e imagino que mientras pasa la aspiradora está pensando en su madre y sus dos hijos pequeños que ha dejado con ella y ese yo que está allá (que no soy yo) sino que soy una empleada jerárquica que también tiene hijos y que cuando esa señora de la limpieza le dice lo de sus hijos dejados en Bolivia; esa empleada jerárquica piensa cómo sería que ella (que soy yo imaginándome siendo ella) dejase a dos de sus tres hijos en San Isidro (donde estoy) y ella partiera a Hong Kong.

    ¿Hace cuánto que está aquí Selva ?

    Cuatro años señora.

    Y a la ejecutiva (que soy yo) le correría un frío helado por la columna vertebral. Pero dejo de imaginarme en la oficina, entre otras cosas porque la luz ha cambiado (aunque sigo estando en el avanzado atardecer de noviembre y no en el tormentoso y gélido amanecer de agosto como realmente estoy) y porque he visto como un avión que viene del norte (tal vez Iguazú o Salta) ha dejado una estela y se dirige con sus luces encendidas hacia su aterrizaje en Aeroparque. Me imagino ahora en su interior (yo que estoy aquí en este punto casi equidistante entre la selva y la ciudad) y miro por la ventanilla y veo por primera vez la ciudad de Buenos Aires llegando desde Puerto Iguazú, donde imagino que vivo después de haber nacido en Apóstoles, y que soy un muchacho de 20 años, hijo de un tendero turco que llega por primera vez a la Capital y está nervioso ya que viene a tratar con un mayorista, tarea que le ha confiado su padre; e imagino que ese muchacho se llama Jorge Salim, y que tiene tatuado en un brazo la lengua de los Rolling Stones y un arito con pluma de tucán en una oreja y de paso viene a un recital de rock y a ver a River, y ahora, que ya ve el estadio acaricia los dos tickets que ha comprado como para asegurarse que están en la campera de jean que ha dejado arrugada en el asiento vacío a su lado. Deslumbrado por la anchura del río, ve la ciudad iluminada, e imagino la emoción que siente por su próximo encuentro con los primos que sabe que lo esperan al bajar; en cuyo departamento va a estar alojado; son los hijos de la hermana de su madre: Oscarcito, pero sobre todo Paula, que tanto le había gustado la última vez que se vieron en las Cataratas; se imagina liando un porro con ella en el recital y después en un boliche y luego durmiendo con ella y no en un sofá como aquella vez.

    El avión ya ha aterrizado, el olor a nafta le invade las narinas, las luces del lobby lo marean, en su mente compara al provinciano aeropuerto de Iguazú con éste; para él inmenso, mientras espera en la cinta ver circular su mochila, ata el cordón de sus All Star, en cuyo borde de goma aún quedan resabios de la tierra roja de Misiones.

    Paula está con Oscarcito y los tíos del otro lado del cristal. Después de los abrazos y besos, (más cercano a piquito que a beso fraterno con su prima), le dan ganas de fumar, y como ha venido con el propósito de sacarse las ganas de todo, se enciende un pucho,(y yo aquí me prendo otro), largo el humo que acabo de aspirar y esa masa eterea y azulada me nubla la vista, cierro los ojos para paliar el ardor y al abrirlos caigo súbitamente en la cuenta que la razón por la que me gusta tanto estar mirando New York desde el Brooklyn High Promenade es porque me recuerda a este lugar en donde estoy y que aquel es también equidistante de Wall Street y del centro de Brooklyn y entonces asocio la llegada de Jorge Salim a Buenos Aires con la de Holden Caulfield a New York y me dan ganas (ahora que vuelve a llover) de subirme al auto e irme a casa a escribir, y como vivo con la convicción de hacer todo lo que tenga ganas de hacer, apago el pucho, me subo al auto, dejo a Jorge Salim, a Oscarcito, Paula, los tíos, la ejecutiva y la señora boliviana y vuelvo a ser yo que acabo de sentarme al escritorio y tecleo:

    “¿Habrá el sistema planetario girado siempre en el mismo sentido? Y, me respondo (sin base científica alguna; sino guiado, por algo que a falta de mejor palabra, acepto llamar “intuicióin”) que por más que ello haya venido sucediendo por 300 millones de años, esa casi infinita cifra no es sinónimo de “siempre”. De ser ésta (mi pregunta) una loca fantasía, (a lo que doy una respuesta afirmativa), imagino, entonces, que por un motivo misterioso la tierra comienza a girar en sentido contrario y que después de leves cataclismos que devienen en tsunamis, terremotos, erupciones y tornados violentos; producto de la abrupta frenada del movimiento planetario la tierra comienza lentamente a girar en sentido contrario y de pronto estoy recién sentándome al escritorioi frente al ordenador, acabo de entrar en mi casa, estacioné el auto, me voy de la orilla del río, apagué el cigarrillo, encenddió el cigarrillo, le dio un pico a Paula, se ató el cordón de las All Star; en el Teatro The Globe un tal Shakespeare acaba de estrenar una obra que no fue bien recibida por el público bajo el título de “Hamlet”; la lava del Vesubio ascendió por la ladera y el muchacho virgen que intentaba dejar de serlo con su amada Cornelia dejó de sentir ese calor abrazador que le quemaba la planta de los pies y parecía darle a su cuerpo la consistencia de una piedra y siguió sin dificultad acabando con con su deseo; Alejandro, después de escuchar a Aristóteles, decide que si todo el mundo quiere venir a Grecia, él invadirá el Oriente y hará del mundo una Grecia Universal. El faraón Menkaura (Micerino), satisfecho, contempla al fin la terminación de la pirámide que lo albergará”.

    Llegado a este punto vuelvo al río, ahora en un helado anochecer de agosto. Ha dejado de llover, pero toda la vegetación se está aún escurriendo, los sauces sacuden su melena y me mojan; los juncos se agitan al compás del ritmo que las cansadas olas les imponen después de un día inestable. Hay una brillante luna pintada en un cielo negro; pasa un avión que ha despegado de Aeroparque, se ven las luces encendidas en el interior donde imagino que alguien que se ha quitado los zapatos, abre el libro “Fortuna” de Hernán Díaz, lee “Llevo más de una década presenciando una lamentable decadencia no sólo de la vida financiera de nuestro país, sino también del espíritu de su gente. Donde antes habitaban la perseverancia y el ingenio, ahora deambulan la apatía y la desesperación. Donde antes reinaba la autosuficiencia, ahora usurpa su lugar un sometimiento mendicante. El trabajador ha quedado reducido a la condición de pordiosero. Un círculo vicioso se ha adueñado de nuestros hombres físicamente capaces: cada vez dependen más del gobierno para mitigar la miseria que crea ese mismo gobierno, sin darse cuenta que esa dependencia sólo perpetúa lo lamentable de su situación”

    Pienso que hace 30 años en Manchester, Sarandí o Nimes la diferencia salarial entre un ejecutivo y un oficial o capataz de una misma empresa era de 14 sueldos, hoy esa diferencia es 60 ó 70 veces superior; aquel salario del operario era bajo, pero le permitía vivir con dignidad, y hasta hacer un mínimo ahorro; hoy ello es imposible y ese operario, está tentado a robar y dadas las circunstancias a vender droga para sostener a su familia al borde del precipicio, como me encuentro yo, sabiendo que nunca nadie leerá un libro escrito por mí.

  • LAS PALABRAS Y LOS AÑOS

    En la niñez, digamos 2 años de edad (y digo niñez y no infancia, ya que ello significa carente de lengua y yo a los 2, como todos, hablaba y tal vez decía menos boludeces que ahora) algo que observo en los políticos, cuanto más viejos y más se reiteran en sus cargos, sus mentiras de siempre se transforman en crímenes y siguen hablando como si nada, desde sus bancas en el Congreso, sus despachos ministeriales , su balcón y ultimamente va por las terrazas. Decía que a los 2 años cada vez que yo escuchaba o repetía “las uñas” para mi eran “lasuñas”, es decir mis extremidades no tenían uñas sino “lasuñas”.

    La primera vez que escuché la palabra pedófilo, la asocié a un compañero del colegio primario de cuyo nombre no quiero acordarme que era un incontinente TIRAPEDOS tanto en su versión sonora, como en la artera versión muda. Cuando comprendí el significado le pedí disculpas. El tampoco tenía idea de qué se trataba.

    Durante años (ya era adulto) solía equivocar “costra” por “crosta”, que es como se dice en italiano, lo curioso es que no hay italianos en mi familia.

    Ya en la facultad dando examen escrito sobre Kant, escribí su frase “Cien táleros en mi cabeza son lo mismo que cien táleros en mi flatiquera”. El trabajo fue calificado con 10, pero el profesor dejó la siguiente nota: “Su trabajo fue excelente pero cuidado con guardar sus dólares en la “flatiquera”, es más seguro ponerlos a resguardo en la “faltiquera”, y es así como se la debe escribir.

    Siempre hablé y escribí con mucha corrección, fui un buen lector desde pequeño, sin embargo nada es perfecto.

    Donde si noto grandes cambios a lo largo de mi vida es en los conceptos, van algunos ejemplos:

    Dios, pasó de “Padre nuestro que estas en los cielos, arrodillado, en pijama y bañadito a “Y flaco a ver cuando te ponés de mi parte, todo me sale mal con las minas” a “Invento de los curas y las monjas para juntar guita”. Desde los veinte : concepto ordenador de la sociedad, si el Rey se arrodilla ante Dios, los súbditos se arrodillarán ante el Rey”.

    “Todos somos iguales ante la ley” desde siempre ficción jurídica, que en tiempos turbulentos se transforma en delirio surrealista lindando con lo payasesco y en estas latitudes en hipocresía criminal.

    “Nacional y Popular”, abyecta mentira que enriquece groseramente a Presidentes y sus Vices, ministros, senadores, diputados, gobernadores, jueces, intendentes a costa de ciudadanos patriotas y trabajadores de clase media baja y baja.

    “Movimiento Nacional Justicialista” de sobrenombre “peronismo”, abanderado vitalicio de lo Nac & Pop, que otros están aprendiendo rápidamente a emular.

    “Casamiento”, siempre lo vi escrito con Z. “Esposa”, el mismo nombre que la policía le da al instrumento con que sujeta las manos del recién apresado; al menos la policía no promueve la monogamia: siempre son las esposas.

    “Matrimonio” lo asocio a Martirio.

    “Y si así no lo hiciereis que Dios y la Patria os lo demanden”. Jamás un concepto actúa como demandante, mucho menos dos.

    “Las Conchas”, antiguo nombre de la actual Municipalidad de Tigre.

    “La Concha de la Lora”, ayer hoy y siempre una de las más excelentes y típicas expresiones de nuestra nacionalidad. Debería haber una Avenida ostentando con orgullo esa expresión autenticamente nacional. ¿Dónde vivís? En la Concha de la Lora 69.

    “Concha Fernández Salduenda”, mi primera amiga íntima en España. Siempre la llamé Fernández, no por falta de intimidad, pero en ese entonces me parecía muy fuerte llamarla por el nombre de pila.

    “Haber niños ponerse a “coger conchas” y no molesteís a los mayores”, escuchado en playa de Alicante de boca de la abuela de los niños. pensé: este reino tiene futuro.

    “Concha”, la cara de Dios, la más amable.

    “EL CUB” Conchas Unidas del Bajo, mi querídisima hermana, mis triqueridísimas sobrinas y mi recontra amada y bienvenida sobrina nieta reunidas en cogreso general destituyente, un gremio femenino de armas tomar. Las adoro.

    “Sexo” ¡UUUUH!

    “SEXO” ¡UUUUUUUUAAAAAAHHHHH!

    “SEXO”, puro y duro, oral, anovaginal, grupal, tricolor, quinteto latino, sexteto tango, orgía, hetero, homo,universal, solitario,”palterga” si no te gusta la palta proba con la…

    “Sexo dentro de poco” :”Allá Lejos y Hace Tiempo” de Guillermo Enrique Hudson.

  • IT HAS TO BE BRITISH TO BE GOOD

    Me veía muy feliz al volante del Aston Martin rojo con la capota abierta y escuchando a todo volumen a los Rolling Stones que parecían,con su música y cantos querer invadirlo todo en la quietud de Aberdeenshire, a punto de llegar a Crathie, vecino al Castillo de Balmoral. Estaba llegando a mi tricentenaria casa de campo y vi a lo lejos la silueta de un ciervo con una machaza cornamenta. Ya en casa saboreaba mi segundo whisky y mi vista se deleitaba entre las llamas de la chimenea y la lluvia que caía generosa sobre los campos. Ya vestido de smoking partía a la recepción. Regresaba a casa pasada la medianoche. Por la mañana llegaba en helicóptero a Londres. Al despertar me costó entender por unos instantes que estaba en casa en San Isidro. No recuerdo haber soñado así, con esa intensidad.

    Mientras me duchaba y ya más tarde en mi ejercicio matinal en bicicleta por la costa del río, me iba preguntando por qué para mí la felicidad, siempre está conectada a lo “British”.¿Por mi viejo que desde chico me leía cuentos en inglés y me enseñó a hacer cuentas con pounds, shillings, pence and farthings? ¿Porque fue mi segunda lengua? ¿Por el five o’clock tea de los domingos? ¿Por las inolvidables maestras Mrs. Kember, Mrs. Gueddes, Mrs. Laffan, Mrs. Kenny, Mrs. Lemoine, Miss Blanco, Miss Bary, Mis Mary, Miss Dolores Solares? ¿Por mis dos años de felicidad en el 78 Onslow Gardens, en South Ken? ¿Por la literatura y el teatro? ¿por Shakespeare, Thomas Hobbes, John Locke, David Hume, Lawrence Sterne, Thomas De Quincey, Virginia Woolf, Katherine Mansfield, Philip Larkin, los Beattles? ¿Por el clima, para mi excelente de Gran Bretaña, amo la lluvia y los cielos grises y el verano allí, es para mi, el único que tolero (casi no existe)? ¿Es por Pam, y esas noches en la casa de The Cotswolds, por los pubs, por Harrods, por Fortnum and Mason, por The Mermaid, en Rye, por Bath, por Oxford, por Cambridge, por St. Andrews, por Edimburgo, por Cornwall, por Elizabeth II? Porque junto con los países nórdicos e Islandia, la británica es la sociedad que más valora la libertad individual. Y sí ,es por todo eso y porque cada vez que llego a Inglaterra desde aquella primera el 1 de mayo de 1978, mi cuerpo, mi mente, yo decimos “We are at home”.

    ¿O será por aquella charla con Joseph en la india en 1980, que después de haber mirado con mucha, para mí demasiada atención, las líneas de mis manos y luego con la misma naturalidad con que uno dice “que bien que te queda el verde” o “me encantó la película”, me dijo “No tengo ninguna duda, vos fuiste inglés y ocupaste un lugar de suma relevancia en la vida inglesa” y siguió charlando de literatura. Para Joseph la re encarnación es una realidad del mismo nivel que un “nacimiento” o “una muerte”. Recuerdo que en ese momento pensé en la película de Lee Thompson de 1975 ,”La Re encarnación de Peter Proud” y recordé el capítulo X de La República de Platón y el mito de ER.

    Quiero aclarar algo para mis conciudadanos, el amor por Gran Bretaña, no opaca, desmerece, ni traiciona al amor por la Argentina, esto lo digo porque para mucha gente Gran Bretaña es sinónimo de “piratas” y otras barbaridades que he escuchado; y también quiero agregar que para mí las Islas Malvinas, son las Islas Falkinas y con ello quiero decir: conversar, asociarse en doble administración, con doble soberanía, con ventajas y obligaciones para ambos, digo: Civilización.

    No creo en la re encarnacióin como Joseph aunque me encantaría haber pasado por diferentes culturas y haber sido esclavo, rey, mujer, varón, actriz, sacerdote, homosexual, ladrón, campesino, embajador, puta, médico, corsario, jinete, albañil, filósofo, haber experimentado la vida desde todos los posibles puntos de vista. Mis viajes, mis aventuras, mis variados trabajos, mis lecturas, mis amores, mis múltiples errores han sido mi manera racional y vivencial de tratar de entender WHAT THE HELL ARE WE ALL FUCKING DOING HERE? CARAJO.

  • VENTANAS

    A las 5.30 am en verano, salir en bicicleta es algo maravilloso, por el silencio, por la casi ausencia de personas, porque se puede cruzar Libertador con los ojos cerrados (cosa que de cualquier manera no hago, ni recomiendo hacer), pero efectivamente en un día hábil a esa hora sólo me topo con el personal de seguridad que deja su garita y le transmite las novedades al que viene a reemplazarlo. Luego ya en la bici senda del vial costero pasa fugazmente algún corredor, una señora que camina, dos o tres que pasean a sus perros. Ya en el río veo a los pescadores. Muchos de ellos han pasado la noche probando suerte. A pesar que ya hace más de cinco años que cumplo con esta rutina, hoy por primera vez me detuve un rato ante el cerco de la Quinta de Juan Martín de Pueyrredón; me llamó la atención el tamaño de las ventanas que dan al frente sobre la calle Rivera Indarte: son pequeñas. no guardan proporción con la sólida pared en las que están instaladas; son como para espiar por los visillos, sin que a uno lo vean; parecen no haber sido hechas para mirar, sino más bien como para echar un vistazo protector; son producto de una concepción de vida que ya no existe. Las ventanas que dan a la barranca y al río, si bien pequeñas en comparación con las actuales, son más amplias que las que dan a la calle; miran al jardín donde habrán jugado niños, al cuidado de la gobernanta; donde alguna pareja se habrá besado por primera vez, sabiendo que detrás de la ventana había alguien controlando deseos; servían para que algún criado estuviera atento a las necesidades del señor: un paraguas o abrigo si fuera necesario, más agua caliente para cebar otra rueda de mate, acercarle alguna novedad al Director Supremo o decirle al invitado que el carruaje ya estaba listo para retornarlo a Buenos Aires ya que le espera un viaje largo y es más seguro viajar con luz. Son ventanas que dicen: la privacidad es un valor, la casa es sagrada y guarda secretos, y en este caso particular ellos pueden ser secretos de Estado. Éstas, las ventanas de atrás permiten también vigilar el movimiento de un comercio fluvial clandestino y nocturno.

    Desde la costa del río miro hacia las nuevas edificaciones: cemento y vidrio; enormes ventanales como haciendo del paisaje exterior un cuadro que cuelga del cielo, cuyo paspartús es el perfil del ventanal y su marco la cornisa que lo sostiene; el exterior es el lienzo que cambia continuamente con los avatares de la luz: por momentos violento van Gogh, por otros neblinoso Turner, a ratos envolvente Bacon, súbitamente amenazador Caravaggio, nocturno y silente Malevich y de vez en cuando juguetón Seguí. Estos ventanales son reflejo de la exhibición que buscamos y que nos ha dejado expuestos, son la pantalla con la que nos presentamos, son la selfie ineludible, son el zoom que nos convoca, son cierto grado de perversa ostentación. Son una tentación al asedio, una invitación a ser violados.

  • DE LETRAS, DE ANALFABETOS Y DE CIFRAS

    Antes de la invención de la imprenta por Johannes Gutemberg (Maguncia 1400 – 1468) en 1445, entre el 95 y 97 % de una población estimada entre 350 y 400 millones era analfabeta.

    Según la UNESCO en 1985, el 28 % de la humanidad era analfabeto y en 2025 ese porcentaje se redujo al 21 %. Felicitaciones, Champagne y aumento de honorarios para los sabios de la UNESCO, que se olvidaron de decir que en 1985 la población mundial era de 4.870.000.000 habitantes y el 28 % de esa cantidad es 1.363.600.000 de seres humanos, que no podrían haber leído este artículo. Según Worldometer (estadísticas al instante) la población mundial asciende en este momento en que escribo a 8.264.680.000.000 y el 21 % de esa vastedad humana es de 1.735.582.800 hombres, mujeres, niñas y niños, es decir hay hoy 371.982.800 millones más de analbabetos que hace 40 años, algo así como la población de los Estados Unidos, u ocho veces la población de la Argentina. Entonces nada de champagne, agua de la canilla, del grifo, del pozo o del río. Claro con tantos analfabetos cómo voy a tener lectores para mi blog. También es posible que lo que escribo no le interese a nadie, pero seguiré intentandolo.

    Los que sí escriben bien son Irene Vallejo,”El Infinito en un Junco” (La invención de los libros en el Mundo Antiguo). Filippo Ronconi, “Los Orígenes del Libro” (Metamorfosis de un objeto desde la Antigüedad hasta la Edad Media). Alberto Mangel, “Historia de la Lectura”. Bard Borch Michalsen, “Cómo la puntuación cambió la Historia”, que se refieren al tema en cuestion, como ejemplo les dejo esta perlita mencionada por Mangel, en “La línea temporal del Lector” que en mi edición (Penguin Books) está entre las páginas 180/181, dice allí “Año 1333 el pintor Simone Martini coloca un libro en las manos de la Virgen en su pintura “Anunciación”. La Iglesia Católica, no muy convencida de la capacidad intelectual de las mujeres, debatió si la Madre de Dios debería ser reconocida como lectora”. Qué maravilla que haya instituciones que velen por nosotros.

    A las 7.25 am la población mundial ha crecido en 112.085 y sigue.

  • LA SOLEDAD DEL LECTOR

    En 1996 David Markson (NYC 1927 – NYC 2010), estudiante y luego gran amigo de Malcolm Lowry (1909 – 1957), compañero de aventuras de Conrad Aiken (1889 – 1973), Jack Kerouac (1922 – 1969) y Dylan Thomas (1914 – 1953) publica “Reader’s Block”, traducido al castellano por Laura Wittner (Bs. As. 1967), autora ella misma de “Se vive y se Traduce”, “Traducción de la Ruta”, y cantidad de libros para niños, traducido genialmente por “La Soledad del Lector”, título que me jacto de haberle robado para este artículo porque me ha venido como forro al pene (basta de ‘anillo al dedo’) publicado por La Bestia Equiátera , tapa ilustrada por “Sun in an Empty Room” de Edward Hopper (1882 – 1967), diseñada la tapa por Juan Pablo Cambariere y con “Blurbs” (thank you Louise Willder) bien interesantes y seductores. Y digo que me ha calzado tan bien porque los que escriben vienen anunciando la muerte del autor, la del arte, la de la novela y hasta el fin de la historia y yo quiero contribuir, con que tendrá que morir el personaje, situación que provocó en mi la lectura, también de David Markson de “This is not a Novel”, también traducido con brillantez por Laura Wittner y con diseño de tapa también de Cambariere y aún mejores “Blurbs”, también por editorial La Bestia Equilátera, que si hubiera sido Escalena ni les cuento y de haberse atrevido a ser Isósceles estaríamos al borde del orgasmo, razón fundamental para haber cambiado anillo por profiláctico.

    Recuerdan que les conté (en este blog que nadie lee) que fui a Falkinas y que mi personaje llamado Alejo Santos fue a buscar y se vino con la espada Excalibur del Rey Arturo para acabar con el Memorioso Funes, obsesivo de la cronología pero incapaz de pensar. Bien ha llegadoi el momento (dice Alejo Santos) de que se olviden de mí, yo ya no existo, pero sigan el informe de los acontecimientos según consta en actas de la Prefectura Naval Argentina y de la Policía de la Provincia de Buenos Aires que documenta con precisión la declaración de los testigos y la grabación fiel hecha por uno de los pescadores.

    “En el muelle de Pacheco, sobre aguas del Río de la Plata, cito en la ciudad de Martínez del Partido de San Isidro, varios pescadores afirman haber visto a un masculino, portando una amenazante espada dirigirse a la cabecera del citado muelle, balbuceando algo que les resultó un tanto incomprensible y que gracias a la grabación de otro pescador presente paso seguidamente a transcribir: “Ireneo Funes, vine a concluir una historia de repetición insensata, no es nada personal; te pido que gires, quiero ver tu rostro” le espeta mi personaje Alejo Santos. Los pescadores aseveran no haber visto a quien dirigía sus palabras el masculino y temiendo por su propia seguridad se retiraron hacia la costa asi mismo aseguran que el masculino se cubrió la cara como protegiéndose de un resplandor extraño al que embistió y asestó una estocada y que escucharon un ruido a espejo que se quebraba y el cuerpo del masculino comenzó a sangrar profusamente de un tajo en su vientre, que lo hizo trastabillar y caer al río que se llevó el cuerpo con la espada clavada. Los pescadores lo vieron flotar mirando al cielo.” El cadaver fue luego recogido por personal de la Prefectura Naval Argentina en la bahía de Samborombón, donde se lo identificó como Alejo Santos y la espada mostraba en su empuñadura el nombre de Excalibur. Nadie se presentó a reclamar el cuerpo que fue llevado a la morgue municipal, sin embargo la Embajada del Reino Unido de la Gran Bretaña ha solicitado la restitución de la espada Excalibur, que el Gobierno argentino ha condicioinado a la pronta restitución de las islas Malvinas a la soberanía de la República Argentina.

  • LAS FELICES “FELICES FIESTAS”

    Sí, no me volví loco, las celebraciones de fin de año: Navidad y Año Nuevo no son fiestas, como la del cumpleaños, el casamiento, la graduación y cualquier otro acontecimiento. Navidad (que estrictamente es un cumpleaños, el de Jesús que parece ser que cumple 2025 años, ¿imaginaron alguna vez una torta con 2025 velitas?) son las “Felices Fiestas”. A mi no me gustan para nada, es más me molestan, con la única excepción de ver a los niños que me encanta cómo se abalanzan sobre los regalos, aprobando su primera lección de cosumismo explícito. ¿Por qué no me gustan nada? :

    Por 1. Son obligatorias y si no querés ir también te sentís un pelotudo.

    2. Cuando todo el planeta se pone de acuerdo en algo, yo sospecho algo non sancto.

    3. Detesto todos los finales: el final de una película que me encanta, el final de una novela, cuento o ensayo, el final del viaje, el final de una fiesta (salvo el de las “FF”), el final de un ciclo, el final de un amor, el final de una amistad, el final de la soltería (por eso no me casé nunca), el final de un coito (es decir “acabar,” en la India me aseguró una suerte de gurú que podía detener el “acabar” 12 horas, es decir podía hacer un 2×24, algo aprendí aunque mi ansiedad jamás me permitió más de una hora lo cual me satisfiso) pero esto ya no es así, porque ésta es mi septuagésima séptima “FF”., el final de las vacaciones, el final de un ciclo, el día domingo, el mes de diciembre., que además no me gusta por el calor, los mosquitos, las cucarachas, el protector solar, la humedad, ¡ah! me olvidaba la pirotecnia que invita a la meditación.

    4. EL FINAL FINAL, el hecho absolutamente democrático sin excepción, el final que no discrimna entre Rey y mendigo, Caín y Abel, San Francisco y Bergoglio, Alberto Nisman y Alberto Fernández, la universal muerte, que no es miedo lo que me provoca, sino VERGÜENZA : que Shakespeare sea enterrado o cremado que las bacterias, la podredumbre y el polvo lo desintegren al igual que a una serpiente, hiena, murciélago o mariposa y sea polvo me avergüenza. Por supuesto que así es la realidad, pues a veces la realidad también me da vergüenza. Que no tengo solución y eso también me avergüenza, que los humanos de todos los tiempos no encontramos una solución, vuelve a avergonzarme. Que lo más lógico es aceptar las cosas como son, y que todos los demás tienen razón, es totalmente cierto y esto no me da vergüenza, pero tener que darle la razón al mundo entero me da soberanamente por el duodécimo forro de las pelotas pero igual les deseo “FF”.

    El Final :FELICES FIESTAS = FINAL FINAL.

  • VERBA VOLANT, SCRIPTA MANENT

    Imaginemos las suaves ondulaciones de las sierras de Éfesos que se zambullen sin estrépito en el Egeo, imaginemos que es invierno y que en la humilde choza, que desde la orilla se parece a un lugar destinado más a los dioses que al hombre que la habita en soledad,está el fuego encendido donde en un caldero que cuelga de un gancho, bulle una sopa de cordero y aromáticas hierbas salvajes que están por alimentar a Heráclito que no sabe que en 2500 años, lo que deje escrito ese día, será citado en otros escritos que se llamarán tesis doctorales en ámbitos de estudios serios en ciudades que llevan inimaginables nombres como Oxford, Buenos Aires, Lovaina.

    Imaginemos que Heráclito se ha servido en un cuenco de arcilla la sopa; que humeante; comparte la mesa de trabajo con unas delgadas tablillas de buena madera y con varios estilos (punzones)con los que dejará escrito de la manera mas sencilla posible ese concepto que el llamará “dialegestai” y que implica algo así como que en la parte está el todo que a su vez es nada y que en ese ir y venir de opuestos se encuentra la clave de lo que es el fundamento de lo que nos acontece, pero quiere hacerlo de una manera clara para que la puedan entender los pastores de cabras, así como le entendieron el concepto de “relatividad” cuando les demostró que el sol tiene el tamaño del dedo gordo de un pie humano cuando uno cierra un ojo y eleva el pie hacia el sol y entonces graba en la tablilla, después de meditar un buen rato:

    “El arco (byos), tiene nombre de vida pero efecto de muerte”, concepto que le permitirá con el tiempo a Prótagoras, complejizarlo un tanto, al sostener: “El hombre es la medida de todas las cosas”.

    Imaginemos ahora que han pasado varios siglos y vemos llegar a Atenas, con gesto de cansancio, no sólo por el viaje, a un hombre que porta un nombre de tinte aristocrático, como corresponde a quien será preceptor del emperador Alejandro de Macedonia. Estoy diciendo Aristóteles, quien en un momento de zozobra espiritual desenrrolla un pergamino y escribe con un filo estilete embebido en la nueva tinta recién llegada de Egipto, que contiene una resina que fija mejor las letras que el típico hollin de las tintas locales. Con cierta molestia, no exenta de dolor escribe: “Pero queridos amigos, ¿es que en verdad hay amigos?”

    Pues sigamos caminando en el tiempo, digamos que hemos llegado a Ravena en el momento en que el poeta Dante (1265 – 1321) inmóvil, se deja retratar por Giotto; inmovilidad aparente ya que su mente inquieta no puede parar de pensar en la oración con que quiere iniciar el Infierno de su Comedia y en la enmarañada selva oscura lo acechan león, leopardo y loba y no puede, no sabe, lo intenta, retrocede, se enfada y entonces estornuda y es Virgilio quien lo guía y Dante hace a un lado al Giotto y escribe en un delicado papiro oriental provisto por un comerciante florentino, mojando su pluma en una burda tinta oscura de extraño nombre ‘atramentum’ algo así como “frente a la puerta con la terrible inscripción “¡Perded toda esperanza los que entrais!”, vuelve a estornudar, se sienta y le dice al Giotto ” Avanti maestro.

    Prosigamos, acabamos de dejar los blancos acantilados de Dover después de una tranquila travesía desde Calais, y luego en un chirriante carruaje hemos llegado a Londres, es 1595 y vemos que un tal William Shakespeare apura sus pasos por la Strand porque no quiere que se le escapen los versos que acaba de soñar y que serán con el tiempo uno de sus sonetos que recitarán millones de individuos en todas las lenguas y con desesperación embebe la pluma de ganso en una pringosa tinta que le manchará su ropa y el texto y apunta, veloz:

    “Cuando cuarenta inviernos pongan sitio a tu frente

    y excaven hondos surcos en tu bella pradera

    tu estampa vanidosa, admirada al presente

    será una vestimenta andrajosa y grosera…

    y de pronto una nube traidora que acecha constantemente al poeta, como la muerte a todos, le impide seguir escribiendo porque a ensayar lo llaman, pues la reina Isabel se aburre y la Corte le exige al cortesano Shakespeare, como al caballerizo, o al valet estar no donde quieren sino donde deben.

    Pues dejemos a Shakespeare entretener a su Majestad y volvamos al continente, a andar los polvorientos caminos hispanos y entremos en una sórdida, oscura, ruinosa celda donde paga con la prisión,el no haber pagado en tiempo y forma sus deudas un huesudo y fino hidalgo a quien vemos hundir en el tintero que ha pedido su improvisada pluma de gallina batarasa para que la humanidad lo escuche y anota para la eternidad estas palabras “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…” que darán origen a las andanzas en busca de algo que le de sentido a su aburrida vida carcelaria que poblará de aventuras en compañia de su fiel servidor, porque hidalgo sin siervo y caballero sin caballo son lo mismo que esperanza sin tiempo por delante o cóndor sin los Andes donde anidar.

    Y pasó entonces el tiempo infatigable y de pronto lo manual se hizo mecánico con la invención de la imprenta que llenó de letras el mundo y la gente se puso a leer y quien lee no puede no escribir y lo hizo en máquinas, obviamente de escribir que evolucionaron a la máquina electrónica que un buen día se hizo computadora y permitió que hoy mientras viajaba en el tren dejara grabado en el celular, lo que ahora estoy volcando en la pantalla y entonces parodiando a Beaudelaire agradezco a Dios por no haberme hecho vivir en Éfesos en el 600 AC, ni en Atenas en el 300 AC, ni en los Estados Pointificios del siglo XII, ni en la Inglaterra ni la España del siglo XVI y me pone muy contento gozar de este hecho de tan sólo tener que acariciar el teclado suavemente y con limpieza y velozmente mis ideas quedan dibujadas en una pantalla que reproduce lo que intento decir y que cuando me equivoco con tan sólo volver a teclear transformo esta intrometida mayúscula acentuada (É) en la deseada (é) que erróneamente había eludido; o este error de escribir hepigrafía en vez del correcto epigrafía, o corregir el equivocado (¨) por el necesitado (´).

    Lo que si envidio a los que me precedieron es la sencillez con que podían explicar que las ideas aparecían plasmadas en una superficie por el hecho de haber tan solo dibujado las letras correctas; yo, en cambio, y muy a mi pesar no sé explicar el proceso por el cual la presión sobre una tecla da la “A” y pone la “Z”, ni por qué ante mi ansiedad alguien me dice seriamente “pará un poco que la máquina está pensando” y “si seguis siendo ignorante y queres saciar tu curiosidad no dudes y preguntale al Chat GPT por qué ocurren las cosas”. Y es aquí cuando me pregunto si cuando un griego le consultaba al oráculo de Delfos cuál sería el resultado de la batalla, o un florentino del siglo XII arrodillado frente a un altar hacía promesas si tal gracia le fuera concedida, o un inglés del XVI sintetizaba el balance entre dicha y pesares en “The question is to be or not to be”, o un español enloquecido arremetía convencido que la rueda del molino que giraba sin parar era fiero enemigo a derrotar.

    La pregunta que me hago es bien sencilla ¿avanzamos o tan sólo modificamos algunos elementos técnicos con los cuales queremos dejar por escrito para que a la idea no se la lleve el viento, la sempiterna y nunca respondida pregunta: What the hell are we all doing here?